Dean R. Koontz
Fuego fro
    
    Ttulo de la edicin original: Cold Fire
    Traduccin del ingls: Carmen Palmer Villalonga
    
    A Nick y a Vicky Page,
     que sabran ser
    buenos vecinos y amigos
    si se lo propusieran.
    
    
    A Dick y Pat Parlan,
     que se hallan entre los pocos
    de Hollywood
    que poseen su propia alma,
     y siempre la poseern.
    
    
    Mi vida es mejor por
    haberos conocido.
    Ms extraa, pero mejor!
    
    
    
    PRIMERA PARTE
    
    El hroe, el amigo
    
    
    En el mundo real
    como en los sueos,
     nada es totalmente
    lo que parece.
    
    El libro de los dolores contados
    
    
    
    La vida sin un significado
    no se puede soportar.
    Encontramos una misin
    a la que nos comprometemos,
     o respondemos a la llamada
    del oscuro cuerno de la Muerte.
    Sin la bsqueda
    de un objetivo en la vida,
     carecemos de visin,
     vivimos en conflicto,
     o dejamos que la sangre se derrame
    sobre un cuchillo suicida.
    
    El libro de los dolores contados
    
    
    
    
    
    12 de agosto
    
    
    1
    
    Incluso antes del incidente del supermercado, Jim Ironheart debera haber 
sabido que los problemas se avecinaban. Por la noche so que una bandada de 
grandes mirlos le persegua a travs de un campo, graznando alrededor de l en 
un agitado batir de alas, desgarrndole con sus curvados picos, tan afiladamente 
precisos como escalpelos quirrgicos. Cuando despert, sinti que le faltaba la 
respiracin y se dirigi arrastrando los pies y en pantaln de pijama hacia el balcn 
para tomar aire fresco. Pero a las nueve y media de la maana la temperatura, que 
ya haba alcanzado los 33C, acentu an ms la sensacin de ahogo con que 
haba despertado.
    Una larga ducha y un afeitado le refrescaron.
    En la nevera slo quedaba parte de un desmoronado pastel Sara Lee. Pareca 
un cultivo de laboratorio de alguna nueva y exquisitamente virulenta variedad de 
botulinus. Poda desfallecer de hambre o aventurarse a salir con aquel calor 
achicharrante.
    Aquel da de agosto era tan trrido que los pjaros preferan el follaje de los 
rboles a los abrasadores espacios abiertos de aquel cielo del sur de California; 
estaban posados en silencio en sus frondosos refugios, gorjeando 
espordicamente sin entusiasmo. Los perros caminaban con un rpido paso felino 
a lo largo de las aceras, tan calientes como las planchas de un asador. Ningn 
hombre, mujer o nio se hubiera detenido a comprobar si un huevo se freira en el 
asfalto, dndolo por supuesto.
    Despus de tomar un ligero desayuno en una mesa resguardada bajo una 
sombrilla, en el patio de un caf al lado del mar en Laguna Beach, se sinti 
deprimido y con el cuerpo perlado de sudor. Era una de aquellas raras ocasiones 
en que ni siquiera poda esperarse una ligera brisa desde el Pacfico.
    Desde all se dirigi al supermercado, que a primera vista pareca un santuario. 
Slo llevaba un pantaln de algodn blanco y una camiseta azul, de forma que el 
aire acondicionado y las heladas corrientes que desprendan los estantes re-
frigerados le resultaron refrescantes.
    Se hallaba en la seccin de dulces, comparando los ingredientes de unos 
bollos azucarados con los de unas barras de almendra, coco y pia, tratando de 
decidir cul constituira el menor pecado diettico, cuando le sobrevino el ataque. 
En realidad no se poda considerar un ataque; no presentaba ninguna convulsin, 
ninguna contraccin muscular violenta, ninguna sbita sudoracin, ninguna 
patologa del habla. Simplemente se volvi hacia una mujer que estaba comprando 
a su lado y le dijo:
    Lnea de vida.
    La mujer tena alrededor de treinta aos, llevaba pantaln corto y una blusa sin 
espalda. Era lo bastante atractiva para haber experimentado fastidiosas y 
reiteradas insinuaciones por parte de los hombres, de modo que quiz crey que 
estaba intentando seducirla. Le dirigi una mirada cautelosa.
    Perdn?
    Adelante se dijo Jim a s mismo, no temas.
    Empez a tiritar, no a causa del aire acondicionado, sino debido a una serie de 
escalofros interiores que le atravesaban como un serpenteante banco de anguilas. 
Las manos perdieron su fuerza por completo y los paquetes de dulces cayeron al 
suelo.
    Avergonzado, pero incapaz de controlarse a s mismo, repiti:
    Lnea de vida.
    No entiendo dijo la mujer.
    Aunque aquello le haba ocurrido nueve veces con anterioridad, respondi:
    Ni yo tampoco.
    La mujer cogi una caja de barquillos de vainilla, como si fuera a arrojrsela a 
la cara y echar a correr en caso de que decidiera que se hallaba frente a un titular 
andante (PERTURBADO MENTAL MATA A TIROS A SEIS PERSONAS EN UN 
SUPERMERCADO). No obstante, era lo suficientemente buena samaritana como 
para mantener otro intercambio:
     Se encuentra bien?
    Sin duda estaba plido. Senta como si toda la sangre se hubiera escurrido de 
su rostro. Trat de adoptar una tranquilizadora sonrisa, sabiendo que resultaba una 
horrible mueca, y dijo:
    Debo irme.
    Dejando atrs el carrito de la compra, Jim sali del supermercado para 
internarse en el calor abrasador del mes de agosto. El cambio a 40 C de 
temperatura paraliz momentneamente la respiracin de sus pulmones. En 
algunos lugares, el asfalto del aparcamiento estaba pegajoso. El sol tea de plata 
los parabrisas de los coches y pareca quebrarse en deslumbrantes astillas contra 
los parachoques de cromo y las rejillas de metal.
    Se dirigi hacia su Ford. Tena aire acondicionado, pero incluso despus de 
cruzar el aparcamiento y girar hacia Crown Valley Park, la corriente de los 
conductos de ventilacin slo era refrescante en comparacin con la atmsfera de 
horno encendido que reinaba en el interior del coche. Baj la ventanilla.
    Al principio no saba hacia dnde iba. Entonces tuvo la vaga sensacin de que 
deba volver a casa. Aquella sensacin se convirti rpidamente en un fuerte 
presentimiento, el presentimiento en una conviccin, y la conviccin finalmente en 
necesidad. Tena que regresar a su casa sin demora.
    Conduca demasiado deprisa, zigzagueando a travs del trfico, arriesgndose, 
lo cual no era caracterstico en l. Si lo hubiese parado un polica, habra sido 
incapaz de explicar su desesperada urgencia, porque ni l mismo comprenda lo 
que le estaba ocurriendo.
    Era como si cada movimiento estuviera orquestado por alguien invisible, 
controlndole de la misma forma que l controlaba su coche.
    De nuevo se dijo a s mismo, Adelante, lo que era fcil, ya  que  no  tena 
otra  opcin. Tambin se  dijo  a s mismo que no haba nada que temer, pero el 
miedo era su inquebrantable compaero.
    Cuando lleg al camino de entrada de su casa en Laguna Niguel, las erizadas 
sombras negras de las frondas de las palmeras semejaban grietas en el blanco 
resplandeciente de las paredes de estuco de su pequea vivienda, como si la 
estructura se hubiera secado y resquebrajado por el calor. Las tejas rojas parecan 
ondularse como olas de fuego superpuestas.
    La luz del sol adquira un tono cobrizo al filtrarse a travs del cristal tornasolado 
de las ventanas de su habitacin. Formaba un resplandor coralino, que cruzaba a 
rayas la cama y la alfombra de tono blancuzco, alternado con franjas sombreadas 
de las contraventanas medio abiertas.
    Jim encendi la lmpara que haba junto a su cama.
    No supo que iba a hacer el equipaje para salir de viaje hasta que se encontr a 
s mismo sacando la maleta de su armario. En primer lugar recogi sus artculos de 
aseo personal y su estuche de afeitar. No saba a dnde iba ni cunto tiempo per-
manecera fuera, pero incluy dos mudas de ropa. Aquellos trabajos aventuras, 
misiones, o como quisiera llamarles no requeran que estuviera fuera ms de dos 
o tres das.
    Vacil, preocupado ante la idea de no llevar suficiente equipaje. No obstante, 
aquellos viajes eran peligrosos, cada uno de ellos poda ser el ltimo, por lo que en 
ese caso no importaba si se exceda en el equipaje o llevaba demasiado poco.
    Cerr la maleta y la mir fijamente, sin saber qu hacer a continuacin. De 
pronto dijo en voz alta:
    Tengo que coger un vuelo.
    Y lo supo.
    El trayecto al aeropuerto John Wayne, en la parte sudeste de las afueras de 
Santa Ana, no le llev ms de media hora. A lo largo del camino vio las sutiles 
reminiscencias que evocaban el desierto que haba sido el sur de California antes 
de que el agua llegara a travs de acueductos. Un cartel exhortaba a que no se 
desperdiciara. Unos jardineros estaban instalando una planta de hielo y cactos de 
bajo mantenimiento frente a un edificio de apartamentos de nuevo estilo sudoeste. 
Entre las zonas verdes y los vecindarios de casas con jardines exuberantes, la 
vegetacin de las colinas y los campos sin urbanizar estaba reseca y tena un color 
pardo; aguardaba el beso de una cerilla en la mano temblorosa de alguno de los 
pirmanos que contribuan a la temporada de incendios devastadores que cada 
ao tena lugar.
    En la terminal principal del aeropuerto, los pasajeros entraban y salan en tropel 
por las puertas de embarque. La multitud, formada por gente de diversas razas, 
contradeca el persistente mito de que el Estado de las Naranjas era 
culturalmente montono y estaba nicamente habitado por blancos protestantes y 
anglosajones. Al dirigirse hacia los monitores que mostraban en sus pantallas la 
relacin de salidas y llegadas de los vuelos de la PSA, Jim escuch cuatro idiomas 
distintos, aparte del ingls.
    Ley de arriba abajo los destinos que figuraban en la pantalla del monitor. La 
penltima ciudad  Portland, Oregn encendi en l una chispa de inspiracin y 
se dirigi directamente al mostrador de billetes.
    El encargado que le atendi era un joven de aspecto saludable, a primera vista 
tan intachable como un empleado de Disneylandia.
    Hay plaza en el vuelo a Portland que sale dentro de veinte minutos? 
pregunt Jim.
    El empleado lo consult en el ordenador.
    Est de suerte, seor. Quedan tres asientos libres.
    Mientras el empleado procesaba la tarjeta de crdito y expenda el billete, Jim 
advirti que aquel tipo tena las orejas perforadas. En el trabajo no llevaba 
pendientes, pero las perforaciones de los lbulos eran lo bastante visibles como 
para indicar que los llevaba cuando estaba fuera de servicio, y que tena 
preferencia por las alhajas pesadas. Al devolver a Jim su tarjeta de crdito, la 
manga de su camisa subi por encima de su mueca derecha lo justo para revelar 
las fauces abiertas de lo que pareca ser el tatuaje, profusamente detallado, de un 
llamativo dragn que se extenda por todo su brazo. Tena los nudillos cubiertos de 
postillas, como si se hubieran despellejado en el transcurso de una pelea.
    Mientras se diriga a la puerta de embarque, Jim se pregunt en qu clase de 
subcultura se hallara inmerso aquel empleado tras quitarse el uniforme al final de 
la jornada de trabajo y ponerse sus ropas de calle. Intua que aquel tipo era algo 
ms extrao que un vulgar punk motorizado.
    El avin despeg hacia el Sur, con la despiadada luz del sol en las ventanillas 
del lado de Jim. Luego se desvi hacia el Oeste y gir hacia el Norte, encima del 
ocano, de forma que Jim slo poda ver el sol reflejado en el mar, donde su 
imagen llameante pareca transformar el agua en una vasta y agitada masa de 
magma arrojada desde el interior de la corteza terrestre.
    Jim se dio cuenta de que tena los dientes apretados. Baj la mirada a los 
brazos de su asiento a los que sus manos se aferraban con fuerza, como las garras 
de un guila a la roca de un cobijo precario.
    Trat de relajarse.
    No le daba miedo volar. Lo que tema era Portland... y cualquier forma de 
muerte que all aguardara.
    
    
    2
    
    
    Holly Thorne se hallaba en una escuela privada de enseanza primaria, con el 
fin de entrevistar a una profesora, Louise Tarvohl, la cual haba vendido un libro de 
poemas a un importante editor de Nueva York. No era una proeza fcil en una 
poca en la que los conocimientos sobre poesa de la mayora de la gente se 
limitaban a las letras de canciones modernas y a ocasionales anuncios televisivos 
rimados de comida para perros, desodorantes o neumticos radiales bordeados de 
acero. Slo se impartan unas pocas clases de verano. Otro instructor haba 
asumido la responsabilidad de cuidar a los nios de Louise, para que ella y Holly 
tuvieran ocasin de hablar.
    Ambas se sentaron junto a una mesa de secoya para picnics, en el patio de 
recreo, despus de que Holly se asegurara de que el banco no estaba sucio y 
pudiera manchar su vestido de algodn blanco. A su izquierda haba una estructura 
de barras metlicas para que los nios hicieran ejercicio, y a su derecha unos 
columpios. Haca un da agradablemente clido, y la brisa llevaba consigo la 
deliciosa fragancia de algunos abetos cercanos.
     Huela el aire! Louise aspir una intensa y profunda bocanada. Sin duda 
puede afirmar que estamos junto a dos mil hectreas de parque, no le parece? 
Una atmsfera apenas contaminada por los seres humanos.
    A Holly le haban adelantado una copia del libro El ciprs susurrante y otros 
poemas, cuando Tom Covey, el redactor de la seccin de ocio del Press, le asign 
el artculo. Holly se haba sentido predispuesta a que el libro le gustara. Le compla-
ca ver triunfar a la gente, tal vez porque ella no haba llevado a cabo muchos 
logros en su propia carrera como periodista, y de vez en cuando necesitaba que le 
recordaran que el xito era algo accesible. Por desgracia, los poemas carecan de 
inters; eran deprimentes alabanzas sentimentales de la naturaleza que sonaban 
como algo escrito por un Roben Frost venido a menos, para ser posteriormente 
filtradas por la sensiblera de un redactor jefe de Hallmark, encargado de la 
produccin de empalagosas postales de cumpleaos para abuelas.
    No obstante, Holly tena la intencin de escribir un artculo que no fuera crtico. 
A lo largo de los aos, haba conocido a demasiados periodistas que, a causa de la 
envidia, la amargura o un equivocado sentido de superioridad moral, se deleitaban 
manipulando o desvirtuando un artculo con el fin de ridiculizar a sus protagonistas. 
Excepto en los casos relacionados con criminales o polticos sumamente abyectos, 
nunca haba sido capaz de almacenar suficiente odio como para escribir de aquel 
modo, lo cual era una de las razones por las que su carrera haba descendido a 
travs de tres destacados peridicos de tres grandes ciudades, hasta llegar a su 
actual puesto de trabajo en las oficinas ms modestas del Portland Press. El 
periodismo tendencioso a menudo era ms llamativo que una informacin 
equilibrada; venda ms peridicos y era comentado y admirado mucho ms 
ampliamente. A pesar de que enseguida empez a desagradarle Louise Tarvohl, 
incluso ms que sus malos poemas, no consegua entusiasmarse para hacer una 
dura crtica.
    Slo en medio de los espacios salvajes me siento viva, lejos de los sonidos y 
las vistas de la civilizacin, ah donde puedo or las voces de la naturaleza en los 
rboles, en los arbustos, en las lagunas solitarias, en la suciedad.
    En la suciedad?, pens Holly, casi echndose a rer.
    Le gustaba la apariencia de Louise: robusta, vigorosa, enrgica, vital. Tena 
treinta y cinco aos, dos ms que Holly, aunque aparentaba ser diez aos mayor. 
Las patas de gallo alrededor de los ojos, las arrugas de su boca, las marcadas 
lneas de la risa y su curtida piel bronceada indicaban que era una mujer que viva 
al aire libre. Su pelo decolorado por el sol estaba recogido en una coleta. Iba 
vestida con unos vaqueros y una camisa azul a cuadros.
     Hay una pureza en el barro del bosque insisti Louise que no puede 
igualarse ni con el ms concienzudamente limpio y esterilizado quirfano de un 
hospital. Ech la cabeza hacia atrs, dejndose acariciar por los clidos rayos 
del sol. La pureza de la naturaleza limpia el alma. De esta renovada pureza del 
alma proviene el sublime vapor de la gran poesa.
    Sublime vapor? repiti Holly, como si quisiera cerciorarse de que el 
magnetfono grabara correctamente cada una de aquellas frases excelsas.
    Sublime vapor reiter Louise, y sonri.
    Era la Louise interior la que molestaba a Holly. Haba desarrollado un 
desapego hacia el mundo, una proyeccin espectral, ms superficial que 
sustancial. Sus opiniones y actitudes eran tambin insustanciales, basadas ms en 
el capricho que en los hechos y las ideas frreos caprichos, pero caprichos al fin 
y al cabo y ella los expresaba en un lenguaje rimbombante, pero impreciso; 
ampuloso, pero vaco.
    Holly era, en cierto modo, una defensora y amante del medio ambiente, y le 
consternaba descubrir que ella y Louise mantenan los mismos puntos de vista al 
respecto de una serie de cuestiones. Era desalentador tener por aliado a alguien a 
quien consideras un necio; haca que sus propias opiniones resultaran 
sospechosas.
    Louise se inclin hacia delante en el banco en que estaba sentada y extendi 
sus brazos sobre la mesa de secoya.
    La tierra es algo vivo. Podra hablarnos si realmente furamos dignos de que 
lo hiciera, podra abrir una boca en una piedra, una planta o una laguna, y 
hablarnos tan fcilmente como yo lo hago ahora con usted.
    Qu idea ms apasionante dijo Holly.
    Los seres humanos no son ms que piojos.
     Piojos?
    Piojos deslizndose sobre la tierra viva aadi Louise con una expresin 
soadora.
    Nunca me lo haba planteado desde ese punto de vista dijo Holly.
    Dios no est slo en cada mariposa. Dios es cada mariposa, cada pjaro, 
cada conejo, cada criatura de la naturaleza. Yo sacrificara un milln de vidas 
humanas, diez millones, o incluso ms!, si con ello lograra salvar una inocente 
familia de comadrejas, porque Dios es cada una de esas comadrejas.
    Como si la retrica de Louise la hubiera conmovido, y no creyera que aquello 
era ecologismo fascista, Holly dijo:
    Cada ao doy todo el dinero que puedo a la Conservacin de la Naturaleza, 
y me considero a m misma ecologista, pero admito que mi concienciacin no ha 
llegado tan lejos como la suya.
    La poetisa no advirti el sarcasmo y, alargando la mano por encima de la 
mesa, estrech la de Holly.
    No se preocupe, querida. Llegar hasta all. Siento que la envuelve un aura 
de gran potencial espiritual.
    Aydeme a comprenderlo... Las mariposas, conejos y cualquier otra criatura 
viva son Dios; las rocas, la suciedad, el agua son Dios, pero, nosotros no somos 
Dios?
    No. Y eso es debido a nuestra cualidad antinatural.
     A qu se refiere? A la inteligencia..
    Holly parpade sorprendida.
     La inteligencia es antinatural?
    Un alto grado de inteligencia, s. No existe en otra criatura de la naturaleza. A 
eso se debe que la naturaleza nos rehya, y la razn de que subconscientemente 
la odiemos e intentemos eliminarla. Un alto grado de inteligencia conduce a la idea 
de progreso. El progreso conduce a las armas nucleares, a la bioingeniera, al 
caos, y, por ltimo, a la aniquilacin.
     Dios... o la evolucin natural, no nos proporcion nuestra inteligencia?
    Fue una mutacin imprevista. Somos mutantes, eso es todo. Monstruos.
     Entonces, cuanta menos inteligencia demuestra una criatura...  dijo Holly.
    ... ms natural es aadi Louise, finalizando as la frase.
    Holly asinti pensativamente, como si en realidad considerara la extraa 
propuesta de que un mundo ms estpido sera mejor, aunque, despus de todo, lo 
que verdaderamente pensaba era que no iba a poder escribir el artculo. Louise 
Tarvohl le resultaba tan grotesca que era incapaz de redactar un artculo favorable 
y al mismo tiempo mantener su integridad. Y, al margen de eso, no tena el valor de 
ridiculizar a aquella mujer en letra impresa. El problema de Holly no era su pro-
fundo e inquebrantable cinismo, sino su buen corazn; ninguna criatura sobre la 
tierra est ms expuesta a ser vctima de las frustraciones y la insatisfaccin que 
un cnico implacable cuya esencia se halla envuelta por una hmeda capa de com-
pasin.
    Dej a un lado el bolgrafo, ya que no iba a anotar nada ms. Lo nico que 
quera era alejarse de Louise, de aquel patio de recreo, y regresar al mundo real, a 
pesar de que este mundo siempre le haba resultado tan absurdo como aquel 
encuentro. Pero lo menos que se mereca Tom Corvey era una entrevista grabada 
de sesenta a noventa minutos, que proporcionara el material suficiente para que 
otro periodista escribiera el artculo.
    Louise le dijo, teniendo en cuenta lo que me ha contado hasta ahora, 
creo que es la persona ms natural que he conocido en mi vida.
    Louise no capt el autntico significado de sus palabras. Considerando como 
un cumplido lo que en realidad era un desaire, le dirigi a Holly una radiante 
sonrisa.
    Los rboles son nuestros hermanos prosigui Louise, ansiosa de revelar 
otra nueva faceta de su filosofa, y, evidentemente, olvidando que los seres 
humanos eran piojos y no rboles  . Cortara los miembros de su hermano, 
seccionara cruelmente su carne y construira su casa con los pedazos de su 
cuerpo?
    No, no lo hara respondi Holly con sinceridad. Adems, el Ayuntamiento 
probablemente denegara el permiso de construccin para una vivienda tan poco 
convencional.
    Holly estaba a salvo; Louise careca del ms mnimo sentido del humor, por lo 
que le faltaba capacidad para sentirse ofendida por su ocurrencia.
    Mientras Louise segua parloteando, Holly se apoy en la mesa para picnics 
simulando inters, e hizo un rpido resumen retrospectivo de toda su vida, desde 
que era una adulta. Lleg a la conclusin de que haba pasado todo aquel precioso 
tiempo en compaa de chalados, necios y estafadores, escuchando sus 
disparatados o sociopticos planes y sueos, buscando en vano destellos de 
sabidura e inters en sus historias neurticas o estpidas.
    Sintindose cada vez ms desgraciada, empez a reflexionar sobre su vida 
personal. No haba hecho ningn esfuerzo para procurarse buenas amigas en 
Portland, quiz debido a que en su interior senta que Portland era tan slo una 
parada ms en su errante periplo periodstico. Sus experiencias con los hombres 
eran, para explicarlo de algn modo, incluso ms desalentadoras que sus 
experiencias profesionales con los entrevistados de ambos sexos. Aunque segua 
esperando encontrar al hombre adecuado, casarse, tener hijos y disfrutar de una 
vida domstica satisfactoria, se preguntaba si alguien amable, sensato, inteligente 
y genuinamente interesante se cruzara alguna vez en su vida.
    Probablemente no.
    Y si alguien as se cruzara algn da milagrosamente en su camino, su solcito 
comportamiento resultara sin duda una mscara bajo la cual se ocultara un 
asesino psicpata y lascivo, obsesionado por las sierras elctricas.
    
    
    
    3
    
    
    Fuera de la terminal del Aeropuerto Internacional de Portland, Jim Ironheart 
cogi un taxi de una empresa llamada Compaa Local de Taxis de la Nueva Rosa, 
lo que sonaba como un hijastro corporativo de la ya olvidada era hippy, nacido en 
la poca del poder de las flores y los collares del amor. Pero el taxista Frazier 
Tooley, segn poda leerse en su licencia le explic que Portland era la Ciudad 
de las Rosas, ya que all crecan en gran abundancia y eran consideradas como 
smbolos de renovacin y crecimiento.
    De la misma forma le dijo a Jim que los mendigos callejeros simbolizan 
la ruina y decadencia de Nueva York.
    Revelando con ello una curiosa y encantadora suficiencia que, segn intua 
Jim, deban de compartir muchos habitantes de Portland.
    Tooley, que pareca un tenor italiano cortado con el mismo patrn que Luciano 
Pavarotti, no estaba seguro de haber entendido bien las instrucciones de Jim.
     Slo quiere que conduzca por ah durante un rato?
    S. Me gustara ver algo de la ciudad antes de registrarme en el hotel. Nunca 
haba estado aqu antes.
    Lo cierto era que desconoca en qu hotel iba a alojarse, o si el trabajo deba 
hacerse en breve, aquella noche o, tal vez, al da siguiente. Confiaba en que sabra 
lo que se esperaba de l si se limitaba a relajarse y aguardaba una aclaracin.
    Tooley pareca sentirse feliz de ofrecerle no una aclaracin, sino una vuelta por 
los alrededores de Portland, ya que el taxmetro marcara una buena tarifa, y, 
tambin, porque era evidente que le complaca mostrar su ciudad. De hecho, era 
una ciudad excepcionalmente atractiva. Histricas construcciones de ladrillo y 
edificios del siglo XIX con fachadas de hierro forjado, se hallaban cuidadosamente 
protegidos entre las elevadas estructuras modernas de cristal. Los parques, llenos 
de fuentes y rboles, eran tan numerosos que, en ocasiones, daba la sensacin de 
que la ciudad se encontraba en un bosque; se vean rosas por doquier, no haba 
tantas como a principios de verano, pero resplandecan llenas de color.
    Apenas haba transcurrido media hora, cuando Jim, de pronto, se sinti 
sobrecogido por la sensacin de que el tiempo se agotaba. Se incorpor en el 
asiento trasero del taxi y se escuch decir a s mismo:
     Conoce McAlbury School? Claro respondi Tooley.
     Qu es?
    Por la forma en que me lo pregunt cre que lo sabra. Es un colegio privado 
de enseanza primaria que hay en el lado oeste de la ciudad.
    El corazn de Jim lata deprisa y con fuerza.
    Llveme all.
    Tooley le mir a travs del retrovisor con el ceo fruncido y le pregunt:
     Algo va mal? Debo ir all.
    Tooley se detuvo en un semforo en rojo. Le mir por encima del hombro.
     Qu le ocurre?
     Que tengo que ir all replic Jim bruscamente.
     Claro, tranquilo.
    El miedo ondulaba en su interior desde que en el supermercado, haca ya ms 
de cuatro horas, se dirigiera a aquella mujer pronunciando las palabras lnea de 
vida. Ahora aquellas ondulaciones se haban transformado en oscuras olas que le 
llevaban hacia McAlbury School. Con una inexplicable sensacin de agobio dijo:
     Debo estar all dentro de quince minutos!
     Por qu no lo dijo antes?
    Jim quera decirle: antes no lo saba. En lugar de eso le dijo:
     Puede llevarme a tiempo hasta all? Lo veo difcil.
    Le pagar el triple.
    El triple?
    Si llegamos a tiempo dijo sacando la cartera de su bolsillo. Extrajo un 
billete de cien dlares y se lo dio a Tooley. Tenga esto como adelanto.
     Tan importante es?
     Es cuestin de vida o muerte.
    Tooley le dirigi una mirada que quera decir: Est chiflado o qu?.
    Ya est verde dijo Jim. Vmonos!
    Aunque el escepticismo hizo que el ceo de Tooley se frunciera an ms, ste 
sigui hacia delante, gir a la izquierda en un cruce y apret el acelerador.
    Jim no dej de mirar su reloj durante todo el trayecto, y al llegar a la escuela 
an faltaban tres minutos. Le arroj otro billete a Tooley, pagndole ms del triple 
de lo que marcaba el taxmetro, abri la puerta y sali a gatas con su maleta.
    Tooley se asom por la ventanilla abierta.
     Quiere que le espere? Cerrando la puerta, Jim le respondi: No. No, 
gracias. Puede irse.
    Se dio la vuelta y oy cmo el taxi se alejaba mientras estudiaba con ansiedad 
la fachada de McAlbury School. El edificio era en realidad una casa colonial de 
color blanco, de distribucin irregular y con un gran porche frontal, a la que se le 
haban aadido dos alas de un solo piso, con el fin de proporcionar ms espacio 
para las aulas. La casa se hallaba resguardada por la sombra de unos abetos y 
unos viejos y enormes sicmoros; junto con el csped y el patio de recreo, ocupaba 
toda la extensin de aquella manzana de baja altura.
    Por la parte del edificio que se hallaba frente a l, los nios iban saliendo por 
las dobles puertas que daban al porche y bajaban los peldaos. Rean y charlaban; 
llevaban libros, grandes blocs de dibujo y cajas de almuerzo decoradas con 
personajes de dibujos animados. Se acercaron hasta l por la avenida del colegio, 
cruzaron la puerta abierta de la verja de hierro, terminada en punta de lanza, y 
mientras unos giraron subiendo la cuesta, otros bajaron la pendiente, alejndose de 
Jim en ambas direcciones.
    Quedaban dos minutos. No haca falta que mirara el reloj. Su corazn lata dos 
veces por segundo, y saba qu hora era de forma tan precisa como si fuera un 
reloj.
    Los rayos del sol, filtrndose a travs de los intersticios de los  rboles  
arqueados,  formaban  delicados  dibujos  sobre aquel escenario y la gente que lo 
ocupaba, como si todo hubiera sido envuelto por una enorme gasa adornada de 
encajes cosidos con hilo dorado. Aquel tejido ornamental de luz pareca brillar, al 
mismo tiempo que suba y bajaba la msica de los gritos y las risas infantiles, y el 
momento debera haber sido idlico, tranquilo.
    Pero la muerte se acercaba.
    De pronto, supo que la Muerte se cerna sobre uno de los nios, no sobre los 
tres profesores que estaban de pie en el porche, sino solamente sobre un nio. No 
sobrevendra una gran catstrofe, una explosin, un incendio o la cada de un avin 
que terminara con la vida de una docena de nios. Slo uno, una pequea 
tragedia. Pero, cul?
    Jim traslad su atencin a los protagonistas de la escena, examinando a los 
nios a medida que se aproximaban, buscando en alguno de sus rostros frescos y 
jvenes la marca de una muerte inminente. Pero pareca como si todos fueran a 
vivir para siempre.
     Cul de ellos? dijo en voz alta, sin dirigirse a l mismo ni a los nios, sino 
a... Bueno, supuso que se estaba dirigiendo a Dios  . Cul de ellos?
    Algunos crios subieron la cuesta hacia el paso de peatones situado en el cruce, 
y otros bajaron la calle hacia el final opuesto de la manzana. En ambas direcciones 
algunas guardias urbanas ataviadas con chalecos de seguridad de un brillante 
color naranja, portando grandes seales rojas de stop, comenzaban a guiar a sus 
inocentes rebaos en pequeos grupos a travs de la calle. No se divisaba ningn 
coche ni camin en marcha, de forma que, incluso sin las guardias urbanas, no 
pareca desprenderse una gran amenaza por parte del trfico.
    Un minuto y medio.
    Jim observ dos pequeos autobuses amarillos que estaban aparcados junto al 
bordillo, un poco ms abajo de donde l se encontraba. Para la mayor parte de los 
nios, McAlbury pareca ser una escuela de barrio a la que acudan andando desde 
sus hogares, a excepcin de unos pocos que en aquel momento suban a los 
autobuses. Los dos conductores se hallaban de pie junto a las puertas, sonriendo y 
bromeando con sus energticos y entusiastas pasajeros. Ninguno de los nios que 
suba al autobs pareca condenado, y aquellos alegres vehculos amarillos no 
suscitaron en Jim la idea de que pudieran convertirse en furgones del depsito de 
cadveres engalanados de colores vivos.
    Pero la muerte estaba ms cerca.
    Ya casi estaba entre ellos.
    Un cambio siniestro se cerna sobre aquel lugar, no en la realidad, sino en la 
percepcin que Jim tena de sta. Ahora era menos consciente de los encajes de 
luz dorados, que de las sombras existentes dentro de aquella brillante filigrana: pe-
queas sombras en forma de hojas o de erizados haces de agujas de pino; 
sombras ms grandes en forma de tronco o de ramas; sombras de barras 
geomtricas proyectadas por los barrotes frreos de la verja, acabados en punta de 
lanza. Cada mancha de oscuridad pareca ser una entrada potencial por la que la 
muerte poda llegar.
    Un minuto...
    Con desesperacin, dio unos cuantos pasos presurosos cuesta abajo, entre los 
nios, despertando miradas de desconcierto, mientras sus ojos se posaban en un 
nio, luego en otro, sin saber qu tipo de seal estaba buscando, con su pequea 
maleta golpendole la pierna.
    Cincuenta segundos...
    Las sombras parecan crecer, extendindose, y fundindose unas con otras 
alrededor de Jim.
    Se detuvo de pronto, dio la vuelta y mir fijamente cuesta arriba, al final de la 
manzana, en el cruce donde se hallaba una de las guardias urbanas que en aquel 
momento sostena en lo alto una seal roja de stop, mientras con la otra mano 
haca indicaciones a los nios para que cruzaran. En la calzada haba cinco nios. 
Otros seis se aproximaban a la esquina, dispuestos a cruzar la calle en poco 
tiempo.
    Uno de los conductores que haba junto a los autobuses del colegio dijo:
     Le ocurre algo, seor?
    Cuarenta segundos...
    Jim dej caer la maleta y corri cuesta arriba hacia el cruce, sin saber an lo 
que iba a ocurrir ni cul era el nio que se hallaba en peligro. La misma mano 
invisible que le haba movido a hacer el equipaje y le haba llevado hasta Portland 
le empujaba ahora en aquella direccin. Asustados, los nios se apartaron de su 
camino.
    Todo lo que abarcaba la zona perifrica de su visin se volvi completamente 
negro. Slo era consciente de lo que haba frente a l. De uno a otro bordillo de la 
acera, el cruce pareca iluminado por un proyector en medio de un escenario que, 
contrariamente, era oscuro como la noche.
    Medio minuto...
    Dos mujeres le miraron sorprendidas, sin apartarse a tiempo de su camino. 
Intent sortearlas, pero roz a una mujer rubia que llevaba un vestido veraniego de 
color blanco, casi tirndola al suelo. Sigui hacia delante, porque poda sentir la 
muerte entre ellos como una fra presencia.
    Lleg al cruce, baj de la acera y se detuvo. Haba cuatro nios en medio de la 
calzada. Uno de ellos iba a ser la vctima. Pero, cul? Y vctima de qu?
    Veinte segundos...
    La guardia urbana le estaba mirando fijamente.
    Todos los nios, excepto uno, se estaban acercando al bordillo y Jim sinti que 
las aceras eran un lugar seguro. La muerte iba a tener lugar en medio de la 
calzada.
    Se dirigi hacia una nia pelirroja que andaba rezagada. La nia se volvi 
hacia l y le mir parpadeando con expresin de asombro.
    Quince segundos...
    No era la nia. Mir sus ojos color verde jade y supo que estaba a salvo. De 
algn modo saba que as era.
    Los dems nios ya haban alcanzado la acera.
    Catorce segundos...
    Jim se dio la vuelta y mir hacia atrs, hacia el bordillo opuesto. Tras l venan 
cuatro nios ms que estaban cruzando la calle.
    Trece segundos...
    Los cuatro nios pasaron junto a l y le dirigieron cautelosas miradas de reojo. 
Saba que a sus ojos deba de resultarles una persona algo perturbada; all, en 
medio de la calle, mirndoles aturdido con los ojos muy abiertos y el rostro desfigu-
rado por el miedo.
    Once segundos...
    Ningn coche a la vista. La cima de la colina no estaba a ms de cien metros 
del cruce, y, quizs en aquellos instantes, un estpido imprudente estaba subiendo 
a toda velocidad por el otro lado pisando a fondo el acelerador. Cuando aquella 
imagen cruz por su mente, Jim supo que era una visin proftica del instrumento 
del que iba a valerse la muerte: un conductor ebrio.
    Ocho segundos...
    Quera gritar, decirles que corrieran, pero aquello slo provocara en ellos el 
pnico, haciendo que el nio marcado se precipitara hacia el peligro en lugar de 
alejarse de l.
    Siete segundos...
    Oy el gruido apagado de un motor, que de inmediato se transform en un 
potente rugido, para dar paso a un chirrido ensordecedor de pistones. Un camin 
de reparto se precipit sobre la cima de la colina. En realidad, durante un instante 
vol; los rayos solares del atardecer destellaron en el parabrisas refulgiendo sobre 
las piezas de cromo, como si se tratara de un carro gneo descendiendo del cielo el 
da del Juicio Final. Con el ruido estridente del caucho sobre el asfalto, las ruedas 
delanteras cayeron de nuevo en la calzada, y la parte posterior del camin se 
desplom con un golpe estruendoso.
    Cinco segundos...
    Los pequeos que haba en la calle se dispersaron, a excepcin de un nio 
rubio con ojos de color violeta que tenan el matiz de ptalos de rosa marchitos. Se 
qued inmvil, sosteniendo su caja del almuerzo cubierta de dibujos animados ale-
gremente coloreados, con una bamba desatada, observando cmo el camin se 
diriga hacia l, incapaz de moverse, como si sintiera que aquello no era 
simplemente un camin que se precipitaba sobre l, sino su destino, ineludible. Era 
un nio de unos ocho o nueve aos, sin ningn lugar al que ir, excepto a la tumba.
    Dos segundos...
    Jim salt directamente frente al camin que se acercaba y asi al nio. Con la 
sensacin de arrojarse lentamente desde un elevado acantilado con los brazos 
extendidos, como en un sueo, arrastr al nio consigo hasta la acera, dibujando 
en el aire un terso arco y rodando hasta la cuneta cubierta de hojas, sin sentir 
siquiera el impacto contra el suelo, con los nervios tan entumecidos por el terror y 
la adrenalina, que muy bien podra haber estado cayendo sobre un verde campo de 
hierba y tierra blanda.
    En toda su vida, jams haba odo un estrpito tan fuerte como el ruido de 
aquel camin. Era como si un trueno hubiera estallado en su interior; sinti que 
algo le haba golpeado el pie izquierdo con la fuerza de un martillazo. En aquel 
mismo instante, una fuerza desgarradora y terrible pareca retorcer su tobillo como 
si fuera un trapo. Una corriente incandescente de dolor crepit a travs de su 
pierna, chisporroteando en la articulacin de la cadera y estallando en la cavidad 
de aquel hueso como un cohete de fuegos artificiales en la noche de un Cuatro de 
Julio.
    
    
    Holly se dirigi enfadada hacia el hombre que haba chocado contra ella, con la 
intencin de exigirle una disculpa. Pero antes de que pudiera llegar al cruce, un 
camin de reparto rojo y gris surgi de pronto en la cima de la colina, como si 
hubiera sido lanzado por una honda gigante. Se detuvo en el bordillo de la acera.
    El rugido del motor obraba como un conjuro mgico que disminua el fluir del 
tiempo, alargando cada segundo hasta que casi pareca un minuto. Desde la acera, 
vio cmo aquel desconocido arrastraba al nio consigo, apartndolo de la 
trayectoria del camin. Llev a cabo el rescate con una agilidad tan singular que 
casi pareca estar representando un enloquecido ballet a cmara lenta en medio de 
la calle. Holly vio cmo el parachoques del camin le golpeaba el pie izquierdo y 
contempl con horror cmo arrancaba el zapato, lanzndolo por los aires, haciendo 
que girara dando vueltas de un extremo a otro de la calle. En un segundo trmino 
era consciente del nio y el hombre rodando hacia la cuneta, del camin 
desvindose bruscamente hacia la derecha, de la desconcertada guardia urbana 
dejando caer la seal de stop en forma de paleta, del camin rebotando contra un 
coche aparcado en la calle, del hombre y el nio detenindose en el bordillo, del 
camin volcado deslizndose cuesta abajo entre cascadas de chispas amarillas y 
azules; pero, en todo momento, su atencin permaneci esencialmente fija en 
aquel zapato que giraba hacia arriba, hacia arriba, en el aire, recortndose contra el 
cielo azul, quedando suspendido en la cspide de su vuelo por un espacio de 
tiempo que le pareci una hora, para luego bajar lentamente, muy lentamente. No 
poda apartar la vista de aquel zapato, estaba hipnotizada, porque tena el macabro 
presentimiento de que el pie se hallaba en su interior, arrancado del tobillo, erizado 
de astillas seas, con las cercenadas cintas de venas y arterias colgando. Iba 
descendiendo, descendiendo, directo hacia ella. Sinti que un grito creca en el 
fondo de su garganta.
    Descendiendo... descendiendo...
    El maltrecho zapato un Reebok cay con un chapoteo en la cuneta que 
haba frente a ella; baj los ojos para mirarlo, de la misma forma en que mirara el 
rostro de un monstruo en una pesadilla, sin querer verlo, pero incapaz de 
apartarse, impulsada al mismo tiempo por la atraccin y repulsin que provoca lo 
inimaginable. El zapato estaba vaco. Ningn pie amputado. Ni siquiera haba 
sangre.
    Holly trag el grito que no haba proferido. Sinti el sabor del vmito en el fondo 
de su garganta, y tambin lo trag.
    Cuando el camin se detuvo media manzana ms abajo, volcado sobre uno de 
sus lados, Holly ech a correr, en direccin opuesta, hacia donde se hallaban el 
hombre y el nio. Fue la primera en llegar a su lado, mientras se incorporaban en el 
asfalto.
    A excepcin de una magulladura en la palma de la mano y una pequea 
abrasin en la barbilla, el nio pareca estar ileso. Ni siquiera estaba llorando.
    Holly se arrodill frente a l.
     Te encuentras bien, cario?
    Aunque aturdido, el nio la comprendi e hizo una seal de asentimiento.
    S. Me duele un poco la mano, pero eso es todo.
    El hombre, vestido con un pantaln blanco y una camiseta azul, se estaba 
incorporando. Se haba bajado el calcetn hasta medio pie, y con cuidado se 
frotaba el tobillo izquierdo; aunque lo tena hinchado y enrojecido, Holly todava 
segua sorprendida por la ausencia de sangre.
    La guardia urbana, una pareja de profesores y otros nios se apiaron 
alrededor, y un murmullo de voces agitadas se alz desde todas partes. Ayudaron 
al nio a ponerse en pie y un profesor le acogi en sus brazos.
    Con una mueca de dolor mientras segua tocndose el tobillo, el hombre que 
haba resultado lastimado levant la cabeza y se encontr con la mirada de Holly. 
Sus ojos eran de un azul profundo y, por un instante, parecieron tan fros como si 
no fueran en absoluto humanos, sino los receptores visuales de una mquina.
    Entonces l sonri. En un momento, la impresin inicial de frialdad pas a ser 
sustituida por otra de calidez. De hecho, Holly se sinti abrumada por la claridad, el 
color azul de un cielo matinal y la belleza de sus ojos; tena la sensacin de estar 
contemplando a travs de ellos un alma llena de bondad. Era una cnica que, en un 
primer momento, desconfiaba igualmente de una monja que de un jefe de la mafia, 
de forma que su atraccin instantnea hacia aquel hombre le caus una profunda 
conmocin.
    Aunque las palabras eran su primer amor y su oficio, no encontraba ninguna 
con que expresarse.
    Ha estado cerca dijo el hombre, y su sonrisa hizo que ella tambin 
sonriera.
    
    
    
    4
    
    
    Holly esperaba a Jim Ironheart en el vestbulo del colegio, fuera de los aseos 
de chicos. Todos los nios y profesores se haban ido por fin a casa. El edificio 
estaba en silencio, excepto por el zumbido regular y amortiguado de la pulidora 
elctrica del hombre de la limpieza, que en aquellos momentos estaba encerando 
las baldosas de vinilo en el segundo piso. Un perfume de polvo de tiza, cola de 
trabajos manuales y cera desinfectante con aroma a pino, se entremezclaban en el 
aire.
    En la calle, la polica probablemente supervisara an el trabajo de los dos 
empleados de la compaa de gras, que estaban levantando el camin volcado 
para llevrselo de all. El conductor haba sido hallado en estado de embriaguez. 
En aquellos momentos se encontraba en el hospital, donde los mdicos le estaban 
curando su pierna fracturada, as como las laceraciones, abrasiones y contusiones 
sufridas.
    Holly tena casi todo lo que se requera para escribir un artculo: los datos 
personales del nio  Billy Jenkins , que haba estado a punto de perecer, los 
hechos del incidente, las reacciones de los testigos, las manifestaciones de la 
polica, y las confusas expresiones de arrepentimiento entremezcladas con la 
lstima de s mismo por parte del conductor ebrio del camin. Slo le faltaba un 
elemento, el ms importante: informacin acerca de Jim Ironheart, el hroe de todo 
lo sucedido. Los lectores del peridico querran saber todo lo referente a l. Pero, 
por el momento, lo nico que habra podido decirles era el nombre y que aquel tipo 
proceda del sur de California.
    Holly no apartaba la vista de la maleta marrn que estaba a su lado, cerca de la 
pared. Senta un acuciante deseo de abrir los cierres y examinar su contenido, 
aunque en un primer momento no supo por qu. Luego se dio cuenta de que era 
algo fuera de lo normal el que un hombre se paseara con equipaje por un barrio 
residencial; un periodista estaba entrenado, o genticamente obligado, para sentir 
curiosidad acerca de todo lo que se saliera de lo corriente.
    Cuando Jim Ironheart sali del aseo, Holly todava segua con la mirada fija en 
su maleta. Hizo un gesto crispado de culpabilidad, como si la hubiera cogido 
manoseando el contenido de la maleta.
    Cmo se encuentra? le pregunt Holly.
    Bien. Estaba cojeando. Pero ya se lo he dicho antes, prefiero que no me 
entreviste.
    Se haba peinado el tupido pelo de color castao, y se haba quitado la mayor 
parte de la suciedad de los pantalones de algodn blancos. Llevaba de nuevo 
calzados los dos zapatos, aunque el izquierdo estaba desgarrado y deteriorado por 
un lado.
    No le voy a robar mucho tiempo dijo Holly.
    Seguramente afirm l con una sonrisa.
    Oh, vamos, sea bueno.
    Lo siento. Adems, creo que soy alguien irrelevante para salir en un 
peridico.
     Pero si acaba de salvar a un nio! Aparte de eso, soy una persona 
aburrida.
    Haba algo en l que contradeca su pretendida insignificancia, aunque, en un 
principio, Holly no poda descubrir en qu radicaba su poderoso atractivo. Tena 
alrededor de treinta y cinco aos, deban de faltarle unos quince centmetros para 
alcanzar los dos metros de altura y, aunque era delgado, tena una fuerte 
musculatura. A pesar de ser bastante atractivo, no posea una apariencia que a 
Holly le recordara a los artistas de cine. Tena unos ojos hermosos, s, pero Holly 
nunca se haba sentido atrada hacia un hombre meramente por su fsico y menos 
an por un rasgo que fuera excepcional.
    Jim cogi la maleta y empez a andar cojeando a lo largo del pasillo.
    Debera ver a un mdico le dijo Holly ponindose a su lado.
    Lo peor que puedo tener es un esguince.
    Aun as, debera verle alguien.
     Bueno, me comprar algunas vendas en el aeropuerto, o cuando llegue a 
casa.
    Quizs eran sus modales lo que Holly encontraba tan atrayente. Hablaba en 
voz baja y sonrea con facilidad, como un caballero del Sur, aunque no tena 
acento. Tambin posea una elegancia inusual al moverse, incluso ahora que 
cojeaba. Record cmo le haba venido a la memoria la imagen de un ballet 
cuando, con la agilidad de un bailarn, apart al pequeo de delante del camin que 
se precipitaba sobre l. Una elegancia fsica excepcional y una amabilidad natural 
era algo que resultaba atractivo en un hombre. Pero no era ninguna de esas dos 
cualidades lo que le fascinaba. Era algo ms. Algo difcil de explicar.
    Cuando llegaron a la puerta principal, Holly le dijo:
    Si realmente tiene intencin de volver a su casa, le puedo llevar hasta el 
aeropuerto.
    Gracias. Es muy amable por su parte, pero no necesito que nadie me lleve 
hasta all.
    Holly le sigui hasta el porche.
    Tendr que dar un buen paseo.
    Jim se detuvo y frunci el ceo.
     Oh. S. En ese caso... debe de haber algn telfono por aqu. Llamar a un 
taxi.
    Vamos, no tiene nada que temer de m. No soy una psicpata asesina. No 
tengo guardada ninguna sierra elctrica en mi coche.
    La mir un instante y luego le sonri abiertamente, de un modo que la 
desarm.
     En realidad, usted parece ser ms del tipo que prefiere utilizar un 
instrumento contundente.
     Soy periodista. Usamos navajas. Sin embargo, esta semana no he matado a 
nadie.
     Y la semana pasada?
    Dos. Pero eran vendedores a domicilio.
     Sigue siendo un homicidio. Justificado de todas formas.
    De acuerdo, acepto su ofrecimiento.
    Holly tena el Toyota azul estacionado junto al bordillo de la acera opuesta, tras 
dos vehculos que se hallaban detrs del coche contra el cual haba colisionado el 
conductor ebrio. Ms abajo de la cuesta, la gra se estaba llevando el camin de 
reparto y los ltimos policas que quedaban estaban subiendo a sus coches 
patrulla. Unos cuantos trozos de cristal que haban quedado sin recoger, 
procedentes de las ventanillas rotas del camin, brillaban en el asfalto bajo la luz 
del atardecer.
    Permanecieron en silencio mientras recorran en coche una o dos manzanas, 
hasta que Holly le pregunt:
     Tiene amigos en Portland?
    S. De los tiempos de la universidad. Es con la gente con quien ha 
estado?   S.
     No podan llevarle hasta el aeropuerto?
    Habran podido hacerlo si el vuelo hubiese salido por la maana, pero esta 
tarde los dos estaban trabajando.
    Ah dijo Holly, e hizo un comentario sobre unas brillantes rosas amarillas 
que colgaban de unas enredaderas entrelazadas a la verja de una casa ante la que 
pasaron, preguntndole luego si saba que Portland era conocida como la Ciudad 
de las Rosas, a lo que Jim respondi afirmativamente.
    Tras otro silencio, Holly volvi a la conversacin real:
    Su telfono no funcionaba, verdad?
     Perdn?
    Sus amigos dijo Holly encogindose de hombros  . Me preguntaba por 
qu no llam a un taxi desde su casa. Tena la intencin de dar un paseo.
     Hasta el aeropuerto?
    Mi tobillo estaba bien en aquel momento. De todos modos, es un paseo 
muy largo.
     Oh, pero yo soy un fantico del deporte.
    Un paseo muy largo, especialmente si uno lleva una maleta.
    No pesa mucho. Cuando hago ejercicio normalmente llevo pesas de mano 
para desarrollar la parte superior del cuerpo.
    Yo tambin paseo para hacer ejercicio dijo Holly, detenindose en un 
semforo en rojo. Sola correr cada maana, pero las rodillas empezaron a 
dolerme.
    A m tambin me ocurri lo mismo, as que empec a pasear. Si mantienes 
un buen ritmo proporciona el mismo ejercicio al corazn.
    Durante unos tres kilmetros, mientras Holly conduca lo ms despacio posible 
con el fin de alargar el tiempo que le quedaba para estar con l, hablaron acerca de 
los alimentos sin grasas y la buena forma fsica. Finalmente, Jim dijo algo que le 
permiti a Holly preguntar, con toda naturalidad, el nombre de sus amigos que 
vivan en Portland.
    No respondi Jim.
    No qu?
    No, no voy a darle sus nombres. Son gente que tiene su vida privada, buena 
gente, y no quiero que les fastidien.
    Hasta ahora, nadie me haba llamado fastidiosa.
    No se ofenda, seorita Thorne, pero no quiero que se vean obligados a salir 
en el peridico ni nada parecido, sus vidas se veran turbadas.
    A muchos les gusta ver sus nombres en los peridicos.
    Y a otros muchos, no.
    Quiz les plazca hablar de su amigo, el gran hroe.
    Lo siento dijo afablemente, y sonri.
    Holly empez a comprender por qu lo encontraba tan atractivo. Su aplomo 
inquebrantable era irresistible. Tras haber trabajado en Los Angeles durante dos 
aos, Holly haba conocido a muchos hombres que adoptaban la pose de indo-
lentes californianos; cada uno de ellos asuma el papel de ser el eptome de la 
serenidad, el seor experimentado: Confa en m, mueca, y el mundo nunca va a 
hacernos ningn dao; estamos ms all del alcance del destino. Pero ni uno solo 
de ellos posea realmente la sangre fra y el temperamento imperturbable que 
pretendan. Ropa al estilo Bruce Willis, un perfecto bronceado y una estudiada 
despreocupacin no hacan un Bruce Willis. La seguridad en uno mismo poda ad-
quirirse a travs de la experiencia, pero el aplomo autntico era algo con lo que se 
naca o se aprenda a imitar, y la imitacin nunca era convincente para un buen 
observador. Sin embargo, Jim Ironheart haba nacido con el aplomo suficiente. Y 
de haberlo repartido por igual entre todos los hombres de Rhode Island, habra 
creado todo un estado de tipos serenos e imperturbables. Afrontaba camiones que 
se precipitaban a toda velocidad o las preguntas de una periodista con el mismo 
grado de ecuanimidad. El solo hecho de estar en su compaa era algo relajante y 
tranquilizador.
    Tiene un nombre interesante.
     Jim?
    Estaba bromeando a su costa.
     Ironheart dijo Holly. Parece un nombre de indio norteamericano.
    No me importara tener un poco de sangre apache o chippewa, resultara 
menos aburrido, algo ms extico, misterioso. Pero, en realidad, no es ms que la 
versin anglosajona del nombre original alemn de mi familia: Eisenherz.
    Cuando llegaron a la autopista, aproximndose rpidamente a la salida de 
Killingsworth Street, Holly se sinti consternada ante la idea de dejar a Jim en la 
terminal del aeropuerto. Como periodista, todava le quedaban por hacer muchas 
preguntas. Y lo que era an ms importante, como mujer, Jim Ironheart le intrigaba 
ms de lo que ningn hombre lo haba hecho en mucho tiempo. Por un momento 
consider la posibilidad de tomar un camino ms largo hacia el aeropuerto, la falta 
de familiaridad de Jim con la ciudad quizs evitara que descubriera su 
estratagema. Luego, se dio cuenta de que las indicaciones de la autopista ya 
anunciaban la prxima salida en direccin al Aeropuerto Internacional de Portland; 
aunque Jim no las hubiera ledo, forzosamente tena que advertir el constante 
trfico areo en la parte oriental de aquel cielo azul oscuro que tena frente a ellos.
     Qu hace en California? Disfruto de la vida.
     Quiero decir, qu hace para ganarse la vida?
     Qu cree usted?
    Bueno..., una cosa es segura, no es usted bibliotecario.
     Por qu lo dice?
     Hay algo misterioso en usted.
     Acaso un bibliotecario no puede ser misterioso? Jams he conocido a 
uno que lo fuera. De mala gana Holly se desvi hacia el aeropuerto por la rampa 
de salida. Quiz sea un polica.
     Qu le hace pensar eso?
    Los policas realmente buenos suelen ser imperturbables, fros.
    Vaya, me considero a m mismo como un tipo afable, abierto y accesible. 
Cree que soy fro?
    El trfico se hizo ms denso al acercarse a la salida que llevaba al aeropuerto. 
Holly redujo an ms la velocidad.
    Lo que quiero decir es que parece poseer un gran aplomo dijo Holly.
     Cunto hace que es periodista? Doce aos.
     Siempre ha trabajado en Portland? No. Hace un ao que estoy aqu.
     Dnde trabaj antes? Chicago... Los Angeles... Seattle. Le gusta su 
trabajo?
    Advirtiendo que haba perdido el control de la conversacin, Holly replic:
    Esto no es el juego de las veinte preguntas.
    Oh respondi Jim visiblemente divertido  , eso es exactamente lo que yo 
crea.
    Holly se senta frustrada por el muro impenetrable que Jim haba erigido a su 
alrededor. No estaba acostumbrada a que alguien obstaculizara su voluntad. No 
obstante, Jim no pareca albergar en l ningn tipo de mezquindad y, por lo que in-
tua, tampoco posea un gran talento para el engao; nicamente estaba decidido a 
preservar su intimidad. Como una reportera que cada vez experimentaba ms 
dudas acerca de la legitimidad del periodista a inmiscuirse en la vida de los dems, 
Holly simpatizaba con su reticencia. Al mirar a Jim, no pudo evitar rerse 
suavemente.
    No lo hace usted del todo mal.
    Ni usted tampoco.
    Al detener el coche junto al bordillo de la acera que haba frente a la terminal, 
Holly respondi:
    No, si lo hiciera bien, ya habra averiguado por lo menos a qu se dedica 
para ganarse la vida.
    Tena una sonrisa encantadora. Y aquellos ojos.
    No dije que lo hiciera tan bien como yo, tan slo dije que no lo haca mal. 
Sali del coche y cogi la maleta que haba en el asiento trasero, para luego volver 
a la puerta abierta de la parte delantera. Escuche aadi, tan slo estaba en 
el lugar adecuado y en el momento adecuado. Fue pura casualidad el que me 
encontrara all para salvar al nio. No sera justo que los medios de comunicacin 
cambiaran mi vida de arriba abajo por el mero hecho de haber realizado una buena 
actuacin.
    No, no lo sera admiti Holly.
     Gracias respondi Jim con una mirada de alivio. Pero debo decirle que 
su modestia resulta reconfortante. Jim le dirigi una prolongada mirada, fijando en 
ella sus excepcionales ojos azules.
     Usted tambin lo es, seorita Thorne.
    Jim cerr la puerta, dio media vuelta y entr en la terminal del aeropuerto.
    A la mente de Holly regresaron las ltimas palabras que haban intercambiado: 
Su modestia resulta reconfortante. Usted tambin lo es, seorita Thorne.
    Holly se qued mirando la puerta de la terminal por la que Jim se haba 
marchado y le pareci que era demasiado bueno para ser cierto, como si hubiera 
llevado en su coche a un espritu que la haba detenido haciendo autoestop. Una 
fina neblina filtraba las partculas de luz del atardecer, de forma que el aire tena un 
vago matiz dorado, semejante al que algunas veces se mantiene en una de esas 
pelculas antiguas de fantasmas instantes despus de que se desvanezca el 
espectro.
    Un fuerte ruido, seco y ahuecado, la sobresalt.
    Gir la cabeza de golpe y vio que uno de los guardias de seguridad del 
aeropuerto estaba golpeando el cap del coche con sus nudillos. Cuando el 
guardia comprob que Holly se haba percatado de su presencia, le indic una 
seal que pona: ZONA DE CARGA Y DESCARGA.
    Preguntndose cunto tiempo habra permanecido all sentada, absorta en sus 
pensamientos acerca de Jim Ironheart, Holly baj el freno de mano y puso el coche 
en marcha, alejndose de la terminal del aeropuerto. Su modestia resulta 
reconfortante. Usted tambin lo es, seorita Thorne.
    Durante todo el trayecto de regreso a Portland, se sinti envuelta por una 
sensacin de misterio, por la percepcin de que alguien sobrenatural se haba 
cruzado en su vida. Le turb descubrir que un hombre pudiera influir en ella de 
aquel modo, y experiment un sentimiento inquietante que la haca sentirse como 
una nia, incluso algo estpida. Al mismo tiempo, le complaca aquel extrao y 
agradable estado de nimo, y no quera que se desvaneciera. Usted tambin lo 
es, seorita Thorne.
    
    
    
    5
    
    
    Aquella noche, en su apartamento situado en la tercera planta de un edificio 
que daba a Council Crest Park, mientras preparaba una pasta de cabello de ngel 
con salsa al pesto, nueces, ajo fresco y tomates troceados, Holly se pregunt cmo 
Jim Ironheart haba sabido que el joven Billy Jenkins estaba en peligro, antes, 
incluso, de que el camin de reparto apareciera en lo alto de la colina.
    Se detuvo cuando iba a trocear la mitad de un tomate y mir por la ventana de 
la cocina. La luz roja prpura del crepsculo se extenda sobre el csped. Entre los 
rboles, las farolas del parque proyectaban claros de luz sobre los paseos 
flanqueados de hierba.
    Cuando Jim Ironheart se precipit cuesta arriba, corriendo por la acera que 
haba frente a McAlbury School, y choc contra ella violentamente, Holly se dirigi 
hacia l para pedirle una explicacin. Al llegar al cruce, l ya se hallaba en medio 
de la calzada; gir a derecha e izquierda; pareca agitado... trastornado. De hecho, 
su aspecto era tan extrao que los nios pasaron junto a l describiendo un amplio 
arco. Holly advirti la expresin de pnico presente en su rostro y la reaccin de los 
nios hacia l, un par de segundos antes de que el camin apareciera en la cima 
de la colina como si fuera el coche de un piloto acrobtico lanzndose desde lo alto 
de una rampa. En aquel instante Ironheart repar en Billy Jenkins, alejndole de la 
trayectoria del camin.
    Quizs haba odo el potente ruido del motor, se dio cuenta de que algo se 
acercaba al cruce a toda velocidad y actu movido por una instintiva percepcin de 
peligro. Holly trat de recordar si haba advertido el ruido del motor al tropezar con 
Ironheart, pero no poda acordarse. Tal vez lo haba odo, pero no se sinti 
alarmada como el propio Ironheart. O quiz no lo oy, dado que en aquel momento 
trataba de quitarse de encima a la infatigable Louise Tarvohl, quien haba insistido 
en acompaarla hasta su coche; Holly crey que enloquecera si se vea obligada a 
escuchar un minuto ms el parloteo de la poetisa. Por esa razn, estaba distrada 
en su desesperada necesidad de huir.
    En la cocina, nicamente era consciente de un sonido: el del agua hirviendo en 
un gran cazo sobre el fuego. Deba bajar el gas, echar la pasta y poner el 
cronmetro... Pero permaneci inmvil junto a la tabla de madera para cortar, con 
el tomate en una mano y el cuchillo en la otra, mirando fijamente al parque, aunque 
segua viendo el fatdico cruce al lado de McAlbury School.
    Aunque Jim Ironheart hubiera odo el ruido del motor en mitad de la calle, 
cmo pudo averiguar tan rpidamente la direccin por la que vena el camin, as 
como que el conductor haba perdido el control y, por lo tanto, que el nio estaba 
en peligro? La guardia urbana, que se encontraba en una posicin mucho ms 
cercana que Ironheart para advertir el ruido, se qued tan perpleja como los nios.
    De acuerdo, algunas personas tenan los sentidos ms desarrollados que otras, 
por eso los compositores eran capaces de captar armonas y ritmos ms complejos 
de lo que podan hacerlo la mayora de simples aficionados a la msica; por esa 
misma razn, algunos jugadores de bisbol distinguan en un cielo resplandeciente 
el vuelo de una mosca antes que los dems, y un experimentado vinicultor poda 
apreciar las ms sutiles cualidades de una rara cosecha, mientras pasaban inad-
vertidas a un vulgar bebedor de vino preocupado tan slo por sus efectos. Del 
mismo modo, algunos individuos tenan una rapidez de reflejos notablemente 
superior a la del resto, como Wayne Gretzky, a quien pagaron varios millones al 
ao por formar parte de un equipo profesional de hockey sobre hielo. Holly haba 
advertido que Ironheart tena la agilidad propia de un atleta. Sin duda, tambin 
tena el don de poseer un odo especialmente fino. La mayor parte de la gente 
provista de destacadas ventajas fsicas presentaba otras aptitudes: era una 
cuestin de genes. sa era la explicacin. As de simple, nada extraordinario, nada 
misterioso. Ciertamente, nada sobrenatural. Tan slo una cuestin de genes.
    En el parque, las sombras iban extendindose. Excepto en los lugares 
alumbrados por la luz de las farolas, el sendero iba desapareciendo en la creciente 
oscuridad. Los rboles parecan apiarse unos junto a otros.
    Holly dej a un lado el cuchillo y se dirigi a la cocina. Baj la llama del gas y el 
fuerte borboteo del agua se transform en una lenta ebullicin. Luego, puso la 
pasta en el cazo.
    Volvi junto a la tabla de madera y, mientras coga el cuchillo, mir de nuevo a 
travs de la ventana. Las estrellas empezaban a aparecer en el firmamento. En el 
paseo del parque predominaban las sombras sobre la luz de las farolas. De pronto, 
le invadi la extraa conviccin de que Jim iba a surgir de la oscuridad y de que, 
levantando la cabeza fijara directamente la mirada en su ventana, como si de 
algn modo supiera dnde viva y viniera a buscarla. Era una idea ridcula. Sin 
embargo, un escalofro recorri su espina dorsal pasando por cada una de sus 
vrtebras.
    
    
    Ms tarde, alrededor de la medianoche, Holly se sent en el borde de su cama 
y apag la lmpara que haba junto a la cabecera. Mir por la ventana de su 
habitacin, por la que tambin poda verse el parque, y volvi a sentir un escalofro 
que le recorra la espalda. Se dispona a echarse en la cama; vacil, y se puso en 
pie. En bragas y camiseta, la ropa que usaba para dormir, se desliz por la oscura 
habitacin hasta la ventana y corri la persiana que haba entre las cortinas.
    l no estaba all. Esper un par de minutos. No apareci. Sintindose estpida 
y confundida, volvi a la cama.
    
    
    Se despert temblando a altas horas de la noche. Todo lo que recordaba del 
sueo era unos ojos azules, intensamente azules, con una mirada que la penetraba 
tan profundamente como un cuchillo afilado al cortar un trozo de mantequilla.
    Se levant y se dirigi al cuarto de bao, guiada nicamente por el dbil 
resplandor de la luna que se filtraba por la persiana. Al entrar no encendi la luz. 
Despus de orinar se lav las manos y permaneci durante un rato frente al espejo, 
que se hallaba envuelto en una plateada oscuridad, contemplando en l su propio 
reflejo borroso y amorfo. Bebi un sorbo de agua fra. Se percat de que se resista 
a volver a la habitacin porque tena miedo de verse atrada de nuevo hacia la 
ventana. Esto es ridculo se dijo a s misma. Qu te est pasando?
    Volvi a entrar en la habitacin y se dirigi hacia la ventana... l no estaba all.
    Holly se sinti aliviada y decepcionada al mismo tiempo. Mientras contemplaba 
el Council Crest Park envuelto en la oscuridad, otro escalofro sacudi su cuerpo, y 
se dio cuenta de que parte del mismo lo haba provocado un miedo inexplicable. 
Asimismo, senta que la invada una rara agitacin, una grata anticipacin de... De 
qu?
    No lo saba.
    La huella que haba dejado en ella Jim Ironheart era profunda y persistente. 
Nunca haba experimentado nada parecido. Aunque luchaba por entender lo que le 
estaba ocurriendo, no hallaba ninguna explicacin. La mera atraccin sexual no era 
la causa. Haca tiempo que haba abandonado la pubertad, y ni el efervescente 
mpetu de las hormonas, ni las ansias adolescentes de un romance podan 
afectarla de aquel modo.
    Finalmente, volvi a la cama. Estaba segura de que seguira despierta el resto 
de la noche. Sin embargo, no tard en conciliar el sueo. Mientras se debata al filo 
de la consciencia, murmur:
    Aquellos ojos...
    
    
    Jim se despert poco antes del alba en su propia cama de Laguna Niguel. Su 
corazn lata con fuerza. Aunque en la habitacin no haca calor, estaba empapado 
de sudor. Acababa de sufrir una de sus frecuentes pesadillas, pero todo lo que 
poda recordar era la presencia de algo despiadado, poderoso y corrompido que le 
persegua.
    La sensacin de una muerte inevitable era tan intensa que tuvo que encender 
la luz para asegurarse de que nada inhumano y homicida se hallaba realmente en 
la habitacin junto a l. Estaba solo.
    Pero no por mucho tiempo dijo en voz alta.
    Se pregunt qu significado podan tener aquellas palabras.
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    Del 20 al 22 de agosto
    
    
    1

    Jim Ironheart mir ansiosamente a travs del sucio parabrisas del Camaro 
robado. El sol pareca una esfera, y la luz que desprenda era tan blanca y amarga 
como el polvo de cal. Incluso con las gafas de sol se vea obligado a entrecerrar los 
ojos. Desde el asfalto ardiente ascendan corrientes de aire recalentadas que 
formaban espejismos de gente, coches y lagos llenos de agua.
    Se senta cansado y con la vista extenuada. Las ilusiones pticas, junto a 
ocasionales tormentas de polvo, entorpecan su visibilidad. La interminable 
perspectiva del desierto de Mojave le impeda mantener una idea precisa de la 
velocidad que llevaba; no era consciente de que el coche fuera a ms de 150 km/h. 
En las condiciones en que se encontraba tendra que haber ido ms despacio.
    Pero la creciente conviccin de que llegaba demasiado tarde, de que no iba a 
llegar a tiempo, le invada por momentos. Alguien iba a morir porque l no haba 
sido lo suficientemente rpido.
    Ech un vistazo a la escopeta cargada que yaca inclinada frente al asiento 
contiguo, con la culata apoyada en el suelo y el can apuntando en direccin 
opuesta a Jim. Sobre el asiento haba una caja entera de municiones.
    Medio aterrorizado, pis a fondo el acelerador. La aguja del velocmetro oscil 
notablemente al sobrepasar los 160 km/h del indicador.
    Lleg a lo alto de una larga y progresiva pendiente. Abajo se extenda un valle 
en forma de cuenco de varios kilmetros de dimetro, blanquecino y desprovisto de 
vegetacin, a excepcin de unos cuantos hierbajos y unos matorrales del desierto. 
La formacin del valle poda deberse al impacto de un asteroide que, milenios 
atrs, cay sobre la Tierra; su contorno estaba considerablemente suavizado por el 
paso del tiempo, pero, por otro lado, era tan primitivo como cualquier otro lugar de 
la Tierra.
    Una negra autopista, sobre la que brillaban espejismos de agua, atravesaba el 
valle. A lo largo de sus arcenes, los fantasmas pticos producidos por el calor 
resplandecan y se retorcan lnguidamente.
    Lo primero que Jim vio fue la furgoneta. Estaba parada a la derecha de la 
carretera, a unos dos kilmetros de distancia, cerca de un conducto de desage 
por el que casi nunca flua el agua, excepto en las raras ocasiones en que tena 
lugar alguna tormenta o desbordamiento.
    Su corazn empez a latir apresuradamente y, a pesar de la corriente de aire 
fro que provena de la ventilacin del coche, comenz a sudar. Aqul era el lugar.
    Luego divis el vehculo tipo caravana, a un kilmetro de donde se hallaba la 
furgoneta, emergiendo a la superficie de uno de los espejismos de agua ms 
profundos. Se alejaba pesadamente, hacia la distante cordillera del valle, all donde 
la autopista formaba una pendiente que ascenda entre ridas montaas rocosas 
de color rojizo.
    Jim aminor la marcha al acercarse al vehculo sin estar seguro de que se 
requiriera su ayuda. Su atencin se centraba por igual en la furgoneta y en la 
caravana que se alejaba.
    Mientras la aguja del velocmetro descenda, Jim aguard una seal que le 
indicara de un modo ms preciso sus objetivos. No ocurri nada. Normalmente, se 
vea obligado a actuar movido por la voz interior de su subconsciente, o a veces se 
comportaba como una mquina programada. En esta ocasin todo era distinto. No 
suceda nada.
    Con creciente desesperacin, fren de golpe y el coche cole antes de parar 
en seco junto al Chevy. No se molest en dejar su vehculo en el arcn. Mir un 
momento la escopeta que haba junto a l, aunque, de algn modo, saba que no 
iba a necesitarla. Por el momento...
    Sali del Camaro y se acerc corriendo hasta la furgoneta. Las maletas se 
apilaban en el portaequipajes situado en la parte posterior del vehculo. Y al mirar 
por una de las ventanillas laterales vio a un hombre desplomado sobre el asiento 
delantero. Abri la portezuela de la furgoneta y retrocedi. Haba mucha sangre.
    Aunque agonizaba, todava no estaba muerto. Le haban disparado dos tiros en 
el pecho. Tena la cabeza inclinada hacia la puerta del asiento contiguo al del 
conductor. A Jim le record la cabeza de Jesucristo, ladeada hacia un lado, cuando 
colgaba de la cruz. Sus ojos parecieron recobrar la visin por unos instantes, 
mientras se esforzaba en distinguir a Jim.
     Lisa... Susie... Mi mujer, mi hija... dijo en un tono de voz tan dbil como 
desesperado.
    Luego, sus torturados ojos se enturbiaron. Emiti un apagado jadeo y su 
cabeza se desplom hacia un lado. Haba muerto.
    Afligido por un sentimiento de culpabilidad paralizante que le haca sentirse 
responsable de la muerte de aquel desconocido, Jim dio un paso atrs alejndose 
de la puerta abierta y se qued inmvil durante unos momentos, en medio de la ne-
gra calzada, bajo aquel sol abrasador. Si hubiera ido ms deprisa, a ms 
velocidad, podra haber llegado unos minutos antes para evitar lo sucedido.
    Un sonido angustioso, profundo y primitivo, surgi del interior de Jim. Al 
principio era casi un susurro, que se transform en un dbil y creciente lamento. 
Pero cuando apart la mirada del muerto y contempl la autopista por la que se 
alejaba la caravana, su lamento se convirti de pronto en un grito de rabia, porque 
supo lo que haba ocurrido. Y saba lo que deba hacer...
    De vuelta al Camaro, llen de municiones los amplios bolsillos de su pantaln 
de algodn azul. La escopeta de caones cortos del calibre doce con accin 
automtica, previamente cargada, estaba al alcance de Jim.
    Mir por el retrovisor. Aquel lunes por la maana la autopista del desierto 
estaba vaca. Ninguna ayuda a la vista. Todo dependa exclusivamente de l.
    A lo lejos, la caravana se desvaneci entre las refulgentes corrientes trmicas 
que parecan cortinas cristalinas.
    Jim puso el Camaro en marcha. Los neumticos cambiaron de posicin en un 
instante, luego se deslizaron sobre el pegajoso asfalto ablandado por el sol, 
emitiendo un chirrido que reson de un modo estremecedor en medio de la 
inmensidad del desierto. Pens en los gritos que aquel desconocido y su familia 
haban proferido cuando le dispararon a quemarropa. Sbitamente, el Camaro 
venci toda resistencia y sali hacia delante a gran velocidad.
    Pisando el acelerador hasta el fondo, Jim entrecerr los ojos para poder divisar 
mejor a su presa. En unos segundos, las cortinas de calor se separaron, y aquel 
vehculo de gran tamao surgi de repente ante l, como si fuera un barco de vela 
tratando de abrirse paso en aquel mar seco.
    La caravana no poda competir con el Camaro, y Jim no tard en alcanzarla. 
Era una vieja Roadking de tres metros, que haba recorrido muchos kilmetros. Los 
bordes de aluminio blanco estaban cubiertos de suciedad, abollados y oxidados. 
Las ventanas estaban tapadas por unas cortinas amarillas que en su da fueron 
blancas. No pareca ms que el hogar de una pareja de jubilados aficionados a 
viajar, que vivan de los menguados ingresos proporcionados por la seguridad 
social, e incapaces ya de mantener la caravana con el orgullo del que gozaron 
antao... Salvo por la motocicleta. En la parte posterior del vehculo, haba una 
Harley encadenada a un soporte de hierro situado a la izquierda de la escalera que 
acceda al techo de la caravana. No era una de las motocicletas ms grandes que 
podan encontrarse en el mercado, pero era potente, y no era algo en lo que 
normalmente suele pasearse una pareja de jubilados.
    Aparte de la moto, no haba nada sospechoso en la Roadking. No obstante, al 
seguirla, Jim Ironheart se sinti abatido por un sentimiento de maldad tan poderoso 
que le pareci como si una marea negra cayera sobre l con todo el mpetu del 
mar. Sinti nuseas, tuvo la sensacin de percibir el olor ptrido que envolva a los 
dueos de aquella motocicleta.
    Al principio vacil, temeroso de que cualquier accin que emprendiera pudiera 
poner en peligro a la mujer y a la nia que, obviamente, se hallaban cautivas. Pero 
lo ms arriesgado que poda hacer era demorarse. Cuanto ms tiempo 
permanecieran madre e hija en manos de aquella gente, menos posibilidades 
tendran de salir con vida.
    Gir hacia el carril de adelantamiento. Tena la intencin de avanzar unos 
cuantos kilmetros por delante de ellos para luego bloquear con su coche la 
carretera.
    A travs del retrovisor de la Roadking, el conductor deba de haber observado 
cmo Jim se detena junto a la furgoneta y sala de su propio vehculo para 
inspeccionarla. Dej que el Camaro le adelantara y gir de pronto hacia la 
izquierda, golpeando el lateral del coche.
    Se oy el chirrido del metal y el coche sufri una sacudida.
    El volante gir entre las manos de Jim, y ste luch por mantener el control, 
hasta conseguir dominar el vehculo.
    La Roadking sigui hacia delante, luego volvi a girar y golpe de nuevo el 
coche, sacndolo de la calzada hacia el arcn sin pavimentar. A lo largo de varios 
cientos de metros se mantuvieron pegados a gran velocidad: la Roadking en el ca-
rril prohibido, exponindose a colisionar frontalmente contra cualquier vehculo que 
se aproximara, oculto por las cortinas del calor y el resplandor del sol; el Camaro 
levantando tras de s grandes nubes de polvo, avanzando con dificultad por el 
desnivel que separaba la superficie de la carretera del desierto que se extenda 
bajo ella.
    El ms ligero frenazo poda desviar el coche hacia la izquierda y hacer que 
volcara. Jim dej de apretar el acelerador y la velocidad disminuy gradualmente. 
El conductor de la Roadking reaccion reduciendo tambin la velocidad y man-
tenindose a la misma altura que Jim. Luego, la caravana se movi 
inexorablemente hacia la izquierda, metro a metro, desplazndose 
implacablemente hacia el arcn polvoriento.
    El Camaro, mucho ms pequeo y menos pesado que el otro vehculo, no pudo 
resistir la acometida. Fue empujado hacia la izquierda, a pesar de los esfuerzos de 
Jim por mantener la estabilidad del coche. La rueda delantera fue la primera en 
traspasar el borde, y ese lado del coche sali de la carretera. Jim apret el freno, 
en aquellos momentos ya no importaba. Aunque pis a fondo el pedal, la rueda 
trasera sigui la trayectoria del extremo frontal del vehculo, precipitndose en el 
vaco. El Camaro volc y cay rodando hacia la izquierda.
    Jim acostumbraba llevar siempre el cinturn de seguridad, de modo que, a 
pesar de sufrir una fuerte sacudida y de que sus gafas de sol salieran despedidas, 
su rostro no choc contra la barra de la ventanilla ni se fractur el pecho contra el 
volante. Un tejido de resquebrajaduras, como si fuera la labor de una araa bajo los 
efectos de la bencedrina, recorri el parabrisas de parte a parte. Jim cerr los ojos 
con fuerza, y los pedazos pegajosos de cristal templado cayeron sobre l. El coche 
dio otra vuelta de campana, empez a girar por tercera vez, y finalmente se detuvo 
volcado sobre el techo.
    Jim qued colgado boca abajo, sujeto por el cinturn de seguridad. Estaba 
ileso, a pesar de la violenta sacudida. Las nubes de polvo que entraban por el 
parabrisas hecho pedazos le provocaron un acceso de tos. Vendrn a por m, 
pens Jim.
    Frenticamente, busc a tientas el dispositivo para liberarse del cinturn de 
seguridad; lo encontr y cay sobre el techo del coche volcado. Qued acurrucado 
sobre el can de la escopeta. Haba tenido mucha suerte de que el arma no se 
hubiera disparado en el interior del zarandeado Camaro.
    Aturdido, tard un momento en encontrar la manilla de la puerta situada encima 
de su cabeza. La alcanz e intent abrirla. Al principio la puerta no cedi. 
Finalmente, se abri de golpe emitiendo un chasquido metlico.
    Gateando por el techo del coche sali al desierto, con la sensacin de estar 
atrapado en un mundo surrealista y daliniano de extraas perspectivas. Extendi la 
mano hacia atrs para alcanzar la escopeta.
    Aunque el polvo fino como la ceniza empezaba a disiparse, Jim todava tosa 
expulsndolo de sus pulmones. Apret los dientes, tratando de contener los 
accesos de tos. Deba permanecer en silencio si quera sobrevivir.
    Sin la ligereza ni discrecin de una pequea lagartija que se cruz en su 
camino, Jim se arrastr con rapidez hasta un arroyo cercano. Cuando lleg al 
borde del canal, descubri que slo tena unos centmetros de profundidad. Al 
deslizarse al interior del arroyo, sus pies hicieron un sonido seco y suave al golpear 
el fondo endurecido. Levant lentamente la cabeza y mir a travs del desierto, 
hacia el lugar en que se encontraba el Camaro volcado, envuelto en una neblina de 
polvo alcalino que todava no se haba disipado. En la autopista, la Roadking dio 
marcha atrs sobre la calzada y se detuvo junto al coche accidentado.
    La puerta se abri, y un hombre baj del vehculo. Otro hombre, que sali por 
la otra, pas con rapidez frente a la parte delantera de la caravana para reunirse 
con su compaero. Ninguno de ellos era el bondadoso jubilado de escasos 
ingresos que uno imaginaba tras el volante de aquella vieja caravana. Tenan poco 
ms de treinta aos y parecan tan duros como las rocas del desierto calentadas al 
sol. Uno de ellos llevaba el cabello recogido en una coleta pasada de moda que los 
chicos llamaban dork knob. El otro tena el cabello corto y erizado, rasurado a 
ambos lados de la cabeza, como si hubiera salido de una vieja pelcula de Mad 
Max. Los dos iban vestidos con camisetas, tejanos y botas vaqueras; cada uno de 
ellos llevaba una pistola. Se dirigieron con cautela hacia el Camaro, separndose a 
fin de abordar el vehculo por ambos lados.
    Jim se agach en el arroyo, girando hacia la derecha en direccin este y 
deslizndose en cuclillas con rapidez a lo largo del canal. Se volvi para comprobar 
si dejaba algn rastro, pero el cieno, reseco tras meses de sol abrasador desde la 
ltima lluvia, no delataba sus huellas. Transcurridos unos metros, el arroyo se 
desviaba bruscamente a la izquierda. Veinte metros ms adelante, se transformaba 
en un conducto que pasaba por debajo de la autopista.
    Un destello de esperanza se apoder de Jim, aunque no disip los temblores 
producidos por el miedo, que le haban sacudido sin interrupcin desde que 
encontr a aquel hombre agonizante en el interior de la furgoneta. Tuvo la 
sensacin de que iba a vomitar. Pero, al no haber desayunado, no tena nada en el 
estmago para devolver. A pesar de la opinin de los expertos en alimentacin, a 
veces vala la pena saltarse una comida.
    Inmerso en una profunda sombra, el conducto de cemento era aparentemente 
fresco. Jim tuvo la tentacin de detenerse y ocultarse all, con la esperanza de que 
abandonaran su bsqueda y se iran.
    Naturalmente, no poda hacerlo. No era un cobarde. Aunque su conciencia le 
impulsara por un momento a la cobarda, la fuerza misteriosa que le guiaba no 
permitira que lo abandonara todo y huyera. Hasta cierto punto, era una marioneta 
movida por cuerdas invisibles, a merced de un titiritero oculto, en una obra de 
guiol cuyo argumento y finalidad escapaba a su entendimiento.
    Algunas zarzas se adentraban hasta el interior del conducto, y sus quebradizas 
espinas araaron a Jim al abrirse paso a travs de la barrera que formaban. 
Apareci al otro lado de la autopista, y trep por la pared del canal reseco.
    Se arrastr por la arena del desierto hasta el borde de la carretera que se 
elevaba sobre l. Se levant lentamente para mirar a travs de la calzada hacia 
donde se encontraba la caravana. Ms all de la Roadking vio el Camaro volcado 
como una cucaracha muerta. Los dos hombres, de nuevo reunidos, estaban al lado 
del vehculo. Evidentemente, haban inspeccionado el coche y comprobado que 
Jim no se encontraba all.
    Hablaban animadamente, aunque estaban demasiado lejos para que Jim 
pudiera orles. Lleg hasta l el sonido de un par de palabras que se desvanecieron 
en la distancia, distorsionadas por el aire seco y abrasador.
    Las gotas de sudor seguan cayendo sobre sus ojos, emborronando su visin. 
Se sec el rostro con la manga y observ a aquellos dos hombres con los ojos 
entrecerrados.
    En aquel momento se alejaban del Camaro adentrndose en el desierto. Uno 
de ellos se mantena expectante, girando la cabeza a derecha e izquierda, mientras 
el otro estudiaba el terreno a medida que avanzaban. Sin duda, estaba buscando 
algn rastro que Jim hubiera dejado a su paso. Jim pens que con la suerte que 
tena, uno de ellos haba crecido entre exploradores indios y le atraparan con ms 
rapidez que una iguana a un escarabajo del desierto.
    Desde el Oeste se oy el sonido apagado de un motor que fue creciendo por 
momentos al tiempo que Jim volva la cabeza para mirar en aquella direccin. De 
un espejismo en forma de cascada emergi un Peterbilt. Desde el lugar que Jim 
ocupaba el camin resultaba tan gigantesco que ni siquiera pareca un camin, 
sino una mquina blica del futuro que, viajando hacia atrs en el tiempo, haba 
llegado procedente del siglo XXII.
    El conductor del camin vera el Camaro volcado. Con el tradicional espritu 
samaritano que caracterizaba a los camioneros cuando estaban en la carretera, se 
detendra para ofrecer ayuda. Su llegada sorprendera a los asesinos, y Jim 
aprovechara su distraccin para capturarles.
    Lo tena todo planeado, excepto que no ocurri lo que esperaba. El Peterbilt no 
aminor su marcha al acercarse, y Jim se dio cuenta de que tendra que llamar su 
atencin para que se detuviera. Sin embargo, antes de que pudiera ponerse en pie, 
el enorme camin pas a toda velocidad emitiendo un rugido de dragn y 
despidiendo una rfaga de aire caliente. Sobrepasando la marca de velocidad 
establecida en el Guinness, el camin pas frente a l como si fuera un carro del 
Juicio Final atestado de almas que el diablo reclamaba en el infierno al instante.
    Jim luch contra el deseo incontenible de levantarse y gritar: Dnde est tu 
tradicional espritu samaritano, cerebro de mierda?.
    El silencio volvi a imponerse en aquel da abrasador.
    Al otro lado de la carretera, los dos asesinos se quedaron un momento 
contemplando el Peterbilt, y luego prosiguieron la bsqueda de Jim.
    Furioso y asustado, Jim se apart del arcn de la autopista, se tendi otra vez 
en el suelo y, llevando consigo la escopeta, se arrastr en direccin este hacia 
donde se encontraba la caravana. La carretera que sobresala por encima del 
desierto le separaba de aquellos hombres: no haba posibilidad de que le vieran; no 
obstante, tema que de un momento a otro cruzaran a toda velocidad el asfalto y le 
pegaran media docena de tiros.
    Cuando se atrevi a mirar de nuevo, se hall directamente frente a la 
Roadking, que le impeda ver a los dos hombres. Si l no poda verles, ellos 
tampoco podran verle. Se puso en pie y cruz la calzada hacia el lado de la 
caravana opuesto al del conductor.
    La portezuela derecha ocupaba una tercera parte de la distancia que exista 
entre el parachoques y la parte posterior del vehculo, de modo que no se hallaba a 
la misma altura que la del conductor. Estaba entreabierta.
    Cogi la manilla de la portezuela. Entonces se dio cuenta de que en el interior 
poda haber un tercer hombre con la mujer y la nia. No deba correr el riesgo de 
entrar en la caravana sin ocuparse antes de los hombres que haba fuera, ya que, 
de lo contrario, poda verse atrapado en medio de un tiroteo.
    Se dirigi a la parte delantera de la Roadking y, justo cuando la rodeaba, oy 
voces que se aproximaban. Se qued paralizado, esperando que el tipo con aquel 
extrao corte de pelo apareciera por delante del parachoques. Pero se detuvieron 
en el otro lado del vehculo.
    A quin le importa una mierda...
    Pero puede que haya visto nuestro nmero de matrcula...
     Seguramente est malherido... No haba sangre en el coche...
    Jim se agach y mir por debajo del vehculo. Estaban al otro lado, cerca de la 
portezuela del conductor. Tomaremos el prximo desvo hacia el Sur...
     Con la polica pisndonos los talones...
    Para cuando se haya puesto en contacto con la polica, nosotros ya 
estaremos en Arizona. Eso es lo que t crees.
     S que ser as!
    Ponindose en pie, Jim se movi con cautela y alcanz la parte delantera de la 
Roadking.
    Cruzaremos Arizona hacia Nuevo Mxico... All tambin hay policas...
     Hacia Tejas, poniendo algunos estados de por medio, conduciremos toda la 
noche si es necesario.
    Jim se senta afortunado de que el arcn fuera de polvo y no de gravilla. Se 
desliz en silencio delante de los faros situados en el lado del conductor, sin dejar 
de agacharse.
    Ya sabes la mierda de organizacin que hay entre los estados...
     Est ah, en algn lugar, maldita sea...
    S, como lo estn los escorpiones y las serpientes de cascabel.
    Jim apareci a su lado y apuntndoles con la escopeta dijo:
    Alto. No se muevan.
    Durante un instante, los dos hombres le miraron con el mismo asombro con 
que hubieran contemplado a un marciano con tres ojos y una boca en la frente. Se 
hallaban a tres metros de distancia, lo bastante cerca para escupirles, algo que 
parecan merecer. De lejos parecan tan peligrosos como serpientes con piernas, y 
de cerca seguan pareciendo ms mortales que cualquier bicho que se deslizara 
por el desierto.
    Ambos llevaban revlveres que apuntaban hacia el suelo. Jim, empuando el 
arma con firmeza, grit:
     Tiren las pistolas, maldita sea!
    O eran los tipos ms duros que existan o estaban locos probablemente las 
dos cosas porque no se detuvieron al ver la escopeta. El tipo que llevaba la 
coleta de caballo doblada hacia dentro se arroj al suelo y empez a girar sobre s 
mismo. Al mismo tiempo, el refugiado de Road Warrior sac su pistola, y Jim le 
dispar a quemarropa contra el pecho, derribndole hacia atrs y mandndolo 
directo al infierno.
    Los pies del superviviente se desvanecieron cuando l se desliz debajo de la 
Roadking.
    Para evitar que le disparara en el pie, Jim abri la portezuela y salt sobre el 
soporte que haba junto al asiento del conductor. Justo al levantar los pies del 
suelo, se dispararon dos tiros desde debajo de la caravana, uno de los cuales 
atraves la rueda junto a la que se haba encontrado Jim.
    En lugar de meterse en la Roadking, Jim se arroj al suelo de bruces e 
introdujo su arma bajo el vehculo, esperando coger desprevenido a su adversario. 
Pero aquel tipo ya estaba al otro lado de la caravana. Jim slo poda ver sus botas 
tejanas de color negro que corran hacia la parte posterior de la caravana. Luego la 
rode y se escondi.
    La escalera... Junto a la motocicleta encadenada.
    Aquel bastardo iba a subir al techo de la caravana.
    Jim se introdujo completamente debajo de la Roadking antes de que el asesino 
se asomara por el techo, le descubriera y le disparara. La temperatura no era 
inferior debajo del vehculo, ya que el arcn de tierra irradiaba todo el calor almace-
nado desde el alba.
    Dos coches pasaron a toda velocidad por la autopista. Jim no los oy 
aproximarse, quiz porque su corazn lata tan fuerte como si se hallara dentro de 
un timbal. Maldijo interiormente a los conductores y luego se dio cuenta de que no 
poda esperar que alguien se detuviera al ver a un tipo como Dork Knob 
merodeando sobre el techo de la caravana con un revlver.
    Jim tena ms posibilidades de xito si segua actuando de forma sorprendente, 
as que, de inmediato, se arrastr hacia la parte trasera de la Roadking con la 
rapidez de un marine bajo el fuego enemigo. Luego se dio la vuelta, asom la 
cabeza lentamente por debajo del parachoques y mir hacia los peldaos de la 
escalera que parecan menguarse bajo aquel sol blanco y abrasador.
    La escalera estaba vaca. El asesino ya haba alcanzado el techo. Deba de 
creer que, momentneamente, haba engaado a su perseguidor al desvanecerse 
de aquel modo y, en ningn caso, esperara que le estuvieran siguiendo con la 
temeridad de Jim.
    Jim sali de debajo de la caravana y subi por la escalera. Con una mano se 
cogi al caliente pasamanos, llevando en la otra la escopeta, y trat de ascender 
de la forma ms silenciosa posible. Su adversario permaneca sorprendentemente 
inmvil sobre la superficie de aluminio, haciendo apenas algn ruido que ocultaba 
un ocasional chasquido que surga de los viejos peldaos bajo la presin de los 
pies de Jim.
    Jim asom con cautela la cabeza por encima de la caravana, mirando con los 
ojos entrecerrados. El asesino estaba a un tercio de distancia de la parte frontal de 
la Roadking, a la derecha, mirando hacia abajo. Se mova apoyndose sobre las 
manos y las rodillas, lo que deba de ser doloroso; aunque la vieja pintura blanca 
brillaba bajo el sol, haba almacenado el calor suficiente para quemar unas manos 
bien encallecidas y penetrar a travs del tejido de los vaqueros. Pero si aquel 
sujeto experimentaba algn dolor, no lo demostraba; evidentemente, era el 
prototipo del criminal suicida, como lo haba sido su difunto compaero.
    Jim subi lentamente otro peldao.
    El asesino se tumb sobre su estmago, a pesar de que el techo debi de 
quemarle al instante a travs de su fina camiseta. Trataba de mantener el mayor 
sigilo posible, aguardando a que Jim apareciera debajo.
    Jim subi otro peldao. El techo le llegaba a la mitad del torso. Se inclin hacia 
un lado y meti la rodilla en el montante exterior de la escalera, sujetndose de 
forma que tuviera libres ambas manos para manejar la escopeta y evitar que pu-
diera caer al suelo por el retroceso del disparo.
    Si el tipo que haba sobre la caravana no posea un sexto sentido, Jim tendra 
la suerte de su lado. No haba hecho el menor ruido, pero aquel desgraciado mir, 
de pronto, por encima de su hombro y le descubri.
    Maldiciendo, Jim le apunt con el arma.
    El asesino se arroj desde el techo del vehculo. Jim sac la rodilla del 
montante y salt de la escalera. Golpe el suelo con dureza, pero pudo mantener el 
equilibrio, luego rode la caravana y dispar una rfaga.
    Pero aquel malnacido ya se haba metido en la caravana por la puerta lateral. 
En el peor de los casos, algn perdign le habra alcanzado la pierna. 
Probablemente, ni siquiera eso.
    Iba por la mujer y por la nia.
    Rehenes...
    O, tal vez, lo nico que quera era matarlas antes de que acabaran con l. Las 
dos ltimas dcadas haban presenciado el ascenso del vagabundo psicpata que 
recorra el pas en busca de presas fciles, atormentando a un gran nmero de 
vctimas, y obteniendo la satisfaccin sexual mediante un brutal asesinato o una 
violacin.
    En su mente, Jim oy la angustiada voz del hombre que agonizaba en la 
furgoneta: Lisa... Susie... Mi mujer, mi hija....
    Sin tiempo para tomar alguna precaucin, con ms ira que temor, Jim entr en 
la cabina de la Roadking corriendo tras el asesino. Con los ojos deslumbrados por 
el sol, no distingua bien el interior de la caravana, inmerso en una relativa 
penumbra, pero pudo ver cmo aquel bastardo psicpata se diriga a la parte 
posterior a travs del saln en direccin a la cocina.
    El asesino, una vaga silueta con un oscuro valo por rostro, se volvi hacia l y 
dispar. La bala arranc un trozo de un pequeo armario situado a la izquierda de 
Jim, cubrindole de astillas de frmica y fragmentos de madera humeante.
    Jim no saba dnde estaban la mujer y la nia. Tema causarles algn dao. 
Una escopeta no era un arma muy precisa.
    El asesino volvi a disparar. La segunda bala pas tan cerca de su rostro que 
dej tras de s una estela de aire caliente y punzante, como si un beso de fuego le 
hubiera quemado la mejilla derecha.
    Jim dispar y la rfaga hizo temblar las paredes de hojalata. El asesino grit y 
sali despedido hacia el fregadero de la cocina. Jim volvi a disparar, 
reflexivamente, medio ensordecido por la doble explosin. El tipo salt prctica-
mente hacia arriba, cay hacia atrs y golpe una pared que haba a su espalda, 
junto a una puerta cerrada que separaba el cuarto de estar de la habitacin. Luego 
se desplom.
    Jim cogi un par de cartuchos que llevaba en los bolsillos de su pantaln y 
volvi a cargar la recmara de la escopeta. Penetr en el interior de la Roadking, 
pasando frente a un sof desvencijado y hundido.
    Saba que aquel hombre deba de estar muerto, pero no vea lo suficiente como 
para estar totalmente seguro. Los fuertes rayos del sol de Mojave se filtraban a 
travs del parabrisas, y las puertas abiertas, como candentes hierros de marcar 
aunque las ventanas laterales estaban completamente tapadas, hacan que la parte 
posterior de la Roadking estuviera sumida en las sombras, y una fina y acre neblina 
flotaba en el ambiente a causa de los disparos.
    Cuando lleg al final de la estrecha estancia y mir al suelo, no tuvo la menor 
duda de que el hombre que yaca desplomado estaba muerto. Una asquerosa 
basura humana, basura muerta.
    Al contemplar aquel cadver golpeado y maltrecho, un jbilo salvaje se 
apoder de l, una violenta sensacin de haber hecho justicia que le resultaba al 
mismo tiempo aterradora y emocionante. Deseaba sentir rechazo hacia lo que 
haba hecho, a pesar de que aquel hombre mereca morir; pero, aunque la matanza 
le repugnaba, no experimentaba repulsa moral alguna. Se haba enfrentado con la 
maldad en forma humana. Aquellos bastardos merecan algo peor de lo que les 
haba hecho, merecan una muerte lenta y larga, llena de sufrimiento, ms terrible. 
Se senta como un ngel vengador, llegado para hacer justicia, posedo por la 
clera divina. Saba que oscilaba al borde de la locura, que slo los perturbados se 
hallaban absolutamente seguros de la virtud de sus actos ms ultrajantes, pero Jim 
no consegua albergar ninguna duda en su interior. De hecho, su clera creci 
como si l fuera una manifestacin divina hacia quien flua una corriente directa de 
la ira apocalptica del Todopoderoso.
    Se volvi hacia la puerta cerrada.
    La habitacin se hallaba tras ella.
    La madre y la hija deban de encontrarse all.
    Lisa... Susie...
    Pero quin ms?
    Los asesinos psicpatas suelen actuar solos, aunque algunas veces se 
emparejan, tal como haban hecho aquellos dos. Alianzas ms numerosas eran, sin 
embargo, poco corrientes. Charles Manson y su familia, eran una excepcin. Haba 
otros ejemplos. No poda descartar ninguna posibilidad, no en un mundo en el que 
los ms modernos profesores de filosofa enseaban que la tica siempre era algo 
circunstancial y que el punto de vista subjetivo era igualmente correcto y vlido, con 
independencia de cualquier argumento lgico u odio visceral. Era un mundo que 
alimentaba monstruos, y la bestia a la que se enfrentaba poda tener las cabezas 
de una hidra.
    Saba que deba actuar con cautela, pero la regocijante y justa clera que 
experimentaba le haca sentirse invulnerable.
    Se dirigi a la puerta de la habitacin, la abri de una patada y la empuj con el 
hombro, sabiendo que podan matarle a tiros sin que ello le importara lo ms 
mnimo; empu la escopeta, dispuesto a matar o a que le mataran.
    La mujer y la nia estaban solas, tendidas sobre una sucia cama. Tenan las 
muecas y tobillos atados con fuertes tiras de esparadrapo. Sus bocas tambin 
estaban tapadas con esparadrapo.
    Lisa, la mujer, tena alrededor de treinta aos. Era esbelta, rubia, de un 
atractivo inusual. Pero su hija, Susie, era notablemente ms bella, etreamente 
bella; tendra unos diez aos, ojos luminosos de color verde, rasgos delicados, y la 
piel tan perfecta como la superficie interior de una cscara de huevo. A Jim le 
pareci la personificacin de la inocencia, la bondad y la pureza, un ngel arrojado 
a un pozo negro. Su rabia se revitaliz al verla atada y amordazada en la mugre 
de aquella habitacin.
    Las lgrimas resbalaban por el rostro de la nia, y los ahogados sollozos de 
terror la sofocaban tras el esparadrapo que sellaba sus labios. La madre no lloraba, 
aunque el miedo y el dolor se traslucan en sus ojos. El sentido de la responsabili-
dad hacia su hija y una visible rabia muy parecida a la de Jim parecan evitar 
que cayera al borde del histerismo.
    Jim se dio cuenta de que tenan miedo de l. Ellas creeran que estaba de 
parte de los secuestradores.
    Al apoyar la escopeta contra un estante empotrado, Jim les dijo:
    Todo est bien. Ya se acab. Los he matado. Los he matado a los dos.
    La madre le mir desconcertada, con una expresin de incredulidad.
    No las culpaba por sospechar de l. Su voz sonaba extraa: llena de furia, 
trmula, yendo de un murmullo a un tono fuerte y spero, para convertirse de 
nuevo en un murmullo.
    Busc a su alrededor algo con que cortar las ataduras. Sobre el estante, junto 
al rollo de esparadrapo, haba unas tijeras.
    Al coger las tijeras se percat de que el estante estaba abarrotado de cintas de 
vdeo calificadas X. De pronto se dio cuenta de que las paredes y el techo de la 
pequea habitacin estaban cubiertas de fotografas obscenas, arrancadas de las 
pginas de revistas pornogrficas. Con un sobresalto advirti que aquella basura 
posea una peculiar diferencia: era pornografa infantil. En las fotografas salan 
hombres adultos con el rostro oculto, pero no haba mujeres, slo nios y nias. La 
mayora de ellos tenan la misma edad que Susie, muchos eran incluso ms 
jvenes, y aparecan sometidos a todas las vejaciones imaginables.
    Los hombres a quienes Jim haba matado, habran usado a la madre durante 
un rato, la habran violado, torturado y destrozado para dar ejemplo a la nia. 
Luego la habran degollado o le habran saltado la tapa de los sesos en alguna 
sucia y desolada carretera en medio del desierto, abandonando su cuerpo para 
deleite de las lagartijas, las hormigas y los buitres. Era a la nia a quien realmente 
queran, gracias a la cual habran sacado lo suficiente para vivir cmodamente 
durante meses o aos.
    Su clera se transform en algo superior a la rabia, a la propia ira. Una 
oscuridad terrible creci en su interior, como el petrleo negro al brotar de un 
manantial.
    Se senta furioso de que la nia hubiera visto las fotografas, de que la hubieran 
obligado a yacer en aquellas sbanas sucias y malolientes, rodeada por todas 
partes de una obscenidad inenarrable. Tena unos deseos locos de coger la 
escopeta y descargar unas cuantas rfagas contra los dos hombres que haba 
matado.
    No la haban tocado, gracias a Dios. No haban tenido tiempo de tocarla.
    Pero la habitacin... Oh, Jess, haba sido ultrajada por el solo hecho de 
encontrarse en aquella habitacin.
    Jim estaba temblando.
    Vio que la madre tambin temblaba.
    Tras unos momentos se dio cuenta de que los temblores de la madre no eran 
fruto de la rabia, sino del miedo. Miedo hacia l. Estaba aterrorizada a causa de 
Jim, incluso mucho ms al verle entrar en la habitacin.
    Se alegr de que no hubiera ningn espejo. No habra deseado contemplar la 
locura reflejada en su propio rostro.
    Jim se esforz por dominarse.
    Ya ha pasado todo repiti. He venido para ayudarles.
    Impaciente por liberarlas, ansioso de disipar el terror que sentan, Jim se 
arrodill junto a la cama y cort la cinta de esparadrapo enrollada alrededor de los 
tobillos de la mujer, para luego arrancarla. Despus dio un tijeretazo a la cinta que 
sujetaba sus muecas y dej que ella misma terminara de liberarse.
    Al cortar las ataduras de las muecas de Susie, ella se encogi 
mecnicamente, y cuando desat sus tobillos le propin una patada y se retorci 
por encima de las grisceas y manchadas sbanas. Jim no intent cogerla, sino 
que se apart de ella.
    Lisa se quit la cinta adhesiva que tapaba sus labios y sac un trapo de su 
boca. Jadeando, habl con un tono de voz que era al mismo tiempo desesperado y 
resignado:
     Mi marido...! En el coche... mi marido.
    Jim la mir en silencio, incapaz de transmitirle, en presencia de la nia, la 
desoladora noticia.
    La mujer supo la verdad a travs de sus ojos y, por un instante, su hermoso 
rostro se contrajo en una mueca de dolor y agona. Pero, por el bien de la nia, 
contuvo un sollozo, disimulndolo en su interior junto con la angustia.
    Oh, Dios mo dijo nicamente.
    Y cada palabra expresaba la prdida que haba sufrido.
     Puede llevar a Susie? pregunt Jim.
    La mujer tena el pensamiento absorto en la muerte del marido.
     Puede llevar a Susie? Ella parpade confundida.
     Cmo sabe su nombre? Su marido me lo dijo. Pero...
    Antes dijo Jim bruscamente, dando a entender antes de que muriera, 
evitando as que albergara falsas esperanzas. Puede sacar a la nia de aqu?
    S, creo que s.
    Jim podra haber llevado a la nia, pero crea que era mejor no tocarla. A pesar 
de que era algo irracional, senta que lo que aquellos dos hombres le haban hecho 
a la nia y lo que le habran hecho de haber tenido ocasin era, de alguna 
forma, responsabilidad de todos los hombres, y que al menos una pequea 
mancha de culpabilidad tambin le mancillaba a l.
    En aquellos instantes, el nico hombre que debera haber tocado a la nia era 
su propio padre, pero estaba muerto.
    Jim se puso en pie y se alej de la cama. Al retroceder empuj una estrecha 
puerta, que daba a un armario, y la abri de golpe, al tiempo que se apartaba de 
ella.
    Sobre la cama, la sollozante pequea se apart de su madre, tan traumatizada 
que, al principio, ni siquiera reconoci la benigna intencin de aquellas manos 
cariosas y familiares. Luego, sbitamente, rompi las cadenas de terror que la 
atenazaban y se ech en sus brazos. Lisa le habl en un tono de voz suave y 
tranquilizador, acariciando su cabello, al tiempo que la abrazaba con fuerza.
    El aire acondicionado haba dejado de funcionar desde el momento en que los 
asesinos se detuvieron para inspeccionar el Camaro accidentado. El calor que 
reinaba en el interior de la habitacin aumentaba por momentos, y apestaba. Jim 
percibi el hedor a cerveza rancia, a sudor, y lo que quizs era un persistente olor a 
sangre seca que provena de unas manchas marrones que haba sobre la 
alfombra, aparte de otros olores que no se atreva a identificar.
    Vamos, salgamos de aqu.
    Aunque Lisa no pareca ser una mujer fuerte, levant a su hija con la misma 
ligereza con que hubiera levantado una almohada. Con la nia entre sus brazos se 
dirigi hacia la puerta.
    No deje que mire hacia la izquierda cuando salga le aconsej Jim  . Uno 
de ellos est tendido junto a la puerta. No es un espectculo agradable.
    Lisa asinti con la cabeza, con evidente gratitud por la advertencia.
    Cuando Jim se dispona a seguirla e iba a cruzar el umbral, vio lo que contena 
aquel pequeo armario que haba abierto al apoyarse en l: estantes con cintas de 
vdeo domsticas. En el dorso de stas, sobre una etiqueta adhesiva de color 
blanco, estaban escritos a mano los ttulos de las cintas. Nombres... Todos los 
ttulos estaban compuestos de nombres. Cindy. Tiffany. Joey. Cissy. Tommy. 
Kevin. Dos de las cintas llevaban el nombre de Sally. Tres de ellas llevaban el 
nombre de Wendy. Haba otros muchos, tal vez treinta nombres en total. Saba lo 
que estaba contemplando, pero se negaba a creerlo. Testimonios de crueldad. 
Recuerdos de perversin. Vctimas inocentes.
    La amarga oscuridad brot con fuerza en su interior.
    Sigui a Lisa a travs de la caravana, hacia la puerta, hacia el sol abrasador 
del desierto.
    
    
    
    2
    
    
    Lisa estaba en el arcn de la autopista, detrs de la caravana, bajo el sol 
blanco y dorado. Su hija se encontraba al lado suyo, cogida a ella. La luz les 
confera cierta afinidad: resbalaba en brillantes corrientes a lo largo de su cabello 
rubio, acentuando el color de sus ojos, del mismo modo que la luz de una vitrina en 
una joyera realza la belleza de las esmeraldas sobre el terciopelo. Todo ello 
otorgaba a su piel una luminosidad casi mstica. Al mirarlas, era difcil creer que la 
luz que las rodeaba no se hallaba tambin en su interior, y que la oscuridad hubiera 
penetrado en sus vidas de la misma forma que la noche envuelve al mundo cuando 
llega el crepsculo.
    Jim apenas poda soportar su presencia. Cada vez que las miraba pensaba en 
el hombre muerto que haba en la furgoneta, y un sufrimiento de conmiseracin, tan 
doloroso como cualquier enfermedad fsica conocida, se retorca en su interior.
    Jim abri el soporte de hierro que sujetaba la Harley Davidson, manipulando 
una llave que encontr en un llavero, con la de contacto de la caravana. La 
motocicleta era un modelo FXRSSP de un solo carburador de 1.340 ce, con dos 
vlvulas, doble cilindrada y una transmisin de cinco velocidades que accionaba la 
rueda trasera mediante una correa dentada en lugar de una grasienta cadena. Jim 
haba conducido motos ms potentes y lujosas. Aqulla era una de las Harley ms 
sencillas que podan encontrarse en el mercado. Pero lo nico que Jim quera de 
ella era velocidad y un manejo fcil; y si se hallaba en buen estado, la SP poda 
proporcionarle ambas cosas.
    Lisa se dirigi a l con un tono de preocupacin al ver cmo desataba e 
inspeccionaba la Harley.
    No podemos ir los tres en esto.
    No respondi Jim. Slo yo.
     Por favor, no nos deje aqu solas. Alguien se detendr antes de que me 
vaya.
    Un coche se aproximaba. Los tres ocupantes les miraron sorprendidos y el 
conductor aceler.
    Nadie se detendr dijo ella con tristeza.
    Alguien lo har. Esperar hasta que lo hagan.
    Lisa permaneci en silencio durante un momento. Luego dijo:
    No quiero meterme en el coche de unos desconocidos.
    Veremos quin para.
    Ella hizo un enrgico gesto de negacin con la cabeza.
    Yo sabr si son de confianza le asegur Jim.
    Yo no... Su voz se quebr. Vacil unos instantes y volvi a recuperar el 
control. Yo no confo en nadie.
    Hay gente buena en el mundo. De hecho, la mayor parte de la gente lo es. 
No obstante, cuando se detengan, yo sabr si son las personas adecuadas.
     Cmo? En nombre de Dios, cmo podr usted saberlo?
    Lo sabr.
    Pero Jim no poda explicarle el cmo, del mismo modo que era incapaz de 
explicarle cmo haba sabido que ella y su hija necesitaban su ayuda en aquel 
yermo marchito y abrasador.
    Jim subi a la Harley y puls el botn de arranque. La moto se puso en marcha 
al instante. La aceler un poco y luego volvi a apagarla.
     Quin es usted? le pregunt la mujer. No puedo decrselo.
     Por qu no?
     Lo que ha ocurrido es demasiado impresionante. Saldra en los titulares de 
todo el pas.
    No le entiendo.
    Mi fotografa saldra en todas partes. Quiero seguir conservando mi 
intimidad.
    Sujeto a la parte posterior de la Harley haba un pequeo soporte. Jim utiliz su 
cinturn para atar a l su escopeta.
    Con un temblor de vulnerabilidad en su voz que le parti el corazn a Jim, Lisa 
dijo:
    Le debemos tanto...
    Jim la mir fijamente, luego a Susie. La nia rodeaba con su fino brazo a la 
madre, cogindose a ella con fuerza. No escuchaba lo que estaba diciendo. Sus 
ojos miraban al vaco, faltos de expresin, y su mente pareca estar muy lejos. 
Tena la otra mano en la boca y se morda los nudillos; de hecho, se haba 
desgarrado la piel hacindose sangrar.
    Jim apart de ella sus ojos y volvi a mirar la motocicleta.
    No me deben nada respondi.
     Pero usted salv...
    No a todos contest Jim con rapidez. No a todos los que debera haber 
salvado.
    El sonido lejano de un coche que se acercaba atrajo su atencin hacia el Este. 
Observaron cmo un desvencijado Trans Am negro surga de los espejismos de 
agua. Con un chirrido de frenos se detuvo frente a ellos. En el alern de la rueda 
delantera llevaba pintadas unas llamas rojas, y el borde de los guardabarros de 
ambas ruedas estaban protegidos por un elegante adorno de cromo. El grueso y 
cromado tubo de escape refulga como el mercurio lquido bajo el sol abrasador del 
desierto.
    El conductor baj del coche. Tena unos treinta aos. Llevaba su espeso 
cabello negro recogido hacia atrs en una coleta, abundante a los lados. Iba 
vestido con unos vaqueros y una camiseta de color blanco, con las mangas 
arremangadas dejando ver los tatuajes de sus bceps.
     Ocurre algo? pregunt por encima del coche. Jim le mir un instante.
    Esta gente necesita que la lleven hasta la ciudad ms cercana respondi 
Jim.
    Cuando el hombre pas frente al Trans Am dirigindose hacia ellos, la 
portezuela de pasajeros se abri y una mujer sali del coche. Tena un par de aos 
menos que su compaero, llevaba unos shorts holgados de color marrn, una 
blusa sin espalda de color blanco y un pauelo en la cabeza del mismo color. El 
cabello teido de rubio y despeinado, sobresala por debajo de aquel tocado 
perfilando un rostro tan exageradamente maquillado que pareca una superficie de 
pruebas de Max Factor. Tambin llevaba gran cantidad de aparatosa bisutera: 
grandes pendientes colgantes de color plateado; tres sartas de cuentas de vidrio en 
diferentes tonalidades rojas; dos pulseras en cada mueca, un reloj y cuatro anillos. 
En el declive superior de su pecho izquierdo tena tatuada una mariposa azul y 
rosa.
    Han tenido alguna avera? pregunt la mujer.
    Se nos ha pinchado una rueda respondi Jim.
    Me llamo Frank dijo el hombre mascando un chicle  . Ella es Verna. Les 
ayudar a arreglarla.
    Jim mene la cabeza.
     De todas formas, no podemos utilizar la caravana. Dentro hay un hombre 
muerto.
     Un hombre muerto?
    Y otro all dijo Jim, y seal un poco ms lejos de la caravana.
    Verna le mir con los ojos muy abiertos.
    Frank dej de mascar chicle por un instante y observ la escopeta atada a la 
parte posterior de la Harley para luego posar su mirada en Jim.
    Les mat usted?
    S. Haban raptado a esta mujer y a su hija.
    Frank le examin con detenimiento unos momentos, luego mir a Lisa.
     Es cierto?
    Ella asinti con la cabeza.
    Vlgame Dios dijo Verna.
    Jim mir a Susie. Estaba en otro mundo e iba a necesitar ayuda profesional 
para regresar al que haba dejado. Estaba seguro de que no poda or una sola 
palabra de lo que decan.
    Curiosamente, l tambin se senta tan distante como la nia. Segua 
hundindose en aquella oscuridad interior que no tardara en envolverle por 
completo.
    Esos tipos a los que mat... acabaron con su marido... el padre. Su cuerpo 
est en una furgoneta, unos tres kilmetros hacia el Oeste.
    Mierda dijo Frank, eso s que es fuerte.
    Verna, temblorosa, se apret contra Frank.
    Quiero que las lleven a la ciudad ms cercana tan rpido como puedan. 
Llvenlas a un mdico y luego pnganse en contacto con la polica, squenlas de 
aqu.
    Por supuesto dijo Frank.
    Esperar aadi Lisa, no... No puedo. Jim se acerc a ella y Lisa le 
susurr al odo. Parecen como... No puedo... Tengo miedo.
    Jim apoy una mano en su hombro y la mir fijamente a los ojos.
    Las cosas no son siempre lo que parecen. Frank y Verna son buena gente. 
Confa en m?
    S. Desde luego.
    Entonces crame. Puede confiar en ellos.
    Pero, cmo puede usted saberlo? pregunt, con la voz quebrada.
    Lo s respondi Jim con firmeza.
    Ella le mir a los ojos por unos segundos y luego asinti.
    De acuerdo.
    El resto fue fcil. Con la misma docilidad que si se hallara bajo los efectos de 
una droga, Susie dej que la metieran en la parte posterior del coche. Su madre se 
sent junto a ella y la rode con los brazos. Cuando Frank se puso de nuevo al 
volante, con Verna al lado suyo, Jim acept con agradecimiento una lata de 
cerveza de races de su nevera porttil. Luego cerr la portezuela de Verna y se 
inclin hacia la ventanilla abierta, dndole las gracias a ella y a Frank.
    No va a quedarse a esperar a la polica, verdad? le pregunt Frank.
    No.
    No tiene nada que temer, sabe? Aqu usted es el hroe.
    Lo s. Pero no voy a esperarles.
    Frank asinti.
    Tendr sus razones, imagino. Quiere que les digamos que era un tipo calvo 
de ojos oscuros que par un camin que se diriga hacia el Este?
    No. No mientan. No mientan por m.
    Como usted quiera dijo Frank.
    No se preocupe por ellas aadi Verna. Las cuidaremos bien.
    S que lo harn respondi Jim.
    Bebi la cerveza y se qued mirando el Trans Am hasta que desapareci de su 
vista.
    Subi a la Harley, puls el botn de arranque, manipul la larga y pesada 
palanca de cambios, aceler un poco, solt el embrague y cruz la autopista. Sali 
del arcn y descendiendo por una ligera inclinacin se intern en el desierto, rumbo 
al Sur, a travs de aquel inmenso e inhspito Mojave.
    Durante un tiempo condujo a unos 100 km por hora, a pesar de que careca de 
proteccin contra el viento, ya que la SP no tena estructura aerodinmica. Sufra 
fuertes sacudidas y los ojos, una y otra vez, se le llenaban de lgrimas que trataba 
de achacar al aire spero y caliente que se abata contra l.
    Curiosamente, no le importaba el calor. De hecho, ni siquiera lo senta. Aunque 
sudaba, tena fro.
    Perdi la nocin del tiempo. Quiz ya haba transcurrido una hora cuando se 
dio cuenta de que haba dejado atrs el terreno llano y se mova a travs de ridas 
colinas del color de la herrumbre. La ruta se haba llenado de curvas y 
sinuosidades entre conjuntos rocosos, pero la SP era una motocicleta adecuada 
para ello. Tena mucha ms suspensin que la FXRS normal, con muelle 
compatible y amortiguador de choque, adems del doble freno de disco en la parte 
delantera, lo que significaba que poda tomar las curvas como un piloto acrobtico 
si en el terreno surga alguna sorpresa.
    Transcurrido cierto tiempo ya no senta fro, estaba fro.
    El sol pareca desvanecerse, aunque Jim saba que tan slo empezaba a 
atardecer. La oscuridad le atrapaba desde su interior.
    Al final, se detuvo a la sombra de un monolito rocoso, de 400 m de longitud por 
9 de altura. El largo paso del viento y el sol, y las poco frecuentes aunque 
torrenciales lluvias que baaban el Mojave, haban esculpido su extrao contorno; 
la formacin surga en medio del desierto como las ruinas de un viejo templo 
abandonado, ahora medio enterrado en la arena.
    Jim apoy la motocicleta sobre su soporte. Se sent en la tierra resguardada 
por la sombra. Tras unos momentos se tendi en el suelo de lado. Encogi las 
rodillas y cruz los brazos.
    Se haba detenido en el momento preciso. La oscuridad le llen por completo, 
sumindole en un abismo de desesperacin.
    
    
    
    3
    
    
    Ms tarde, cuando faltaba poco para el anochecer, se volvi a encontrar a s 
mismo montado en la Harley, conduciendo a travs de llanuras grisceas con 
malezas erizadas. Zarzas secas y ennegrecidas por el sol quedaban atrs, 
empujadas por la brisa que ola a sal y a hierro pulverizado.
    Recordaba vagamente haber abierto un cacto para chupar la humedad densa y 
acuosa del corazn de la planta, pero volva a tener sed. Una sed desesperada.
    Al subir una suave pendiente, disminuy la velocidad y vio una pequea ciudad 
a tres kilmetros de distancia, con edificios apiados a lo largo de una autopista. 
Unos cuantos rboles dispersos le parecieron asombrosamente exuberantes tras la 
desolacin fsica y espiritual en la que se haba visto inmerso durante las 
ltimas horas del viaje. A pesar del convencimiento de que la ciudad era tan slo 
un espejismo, se dirigi hacia ella.
    De pronto, recortada contra un cielo que adquira un color prpura y rojizo con 
la cada del crepsculo, surgi la aguja de una iglesia coronada por una cruz en su 
pinculo. Aunque se percataba de que hasta cierto punto deliraba, y de que su 
delirio se deba en parte a una fuerte deshidratacin, Jim se dirigi enseguida hacia 
la iglesia. Necesitaba ms del consuelo de sus espacios interiores que del agua.
    A un kilmetro de la ciudad, llev la Harley hasta un arroyo y la tumb en el 
suelo. Las arenosas y blandas paredes del canal cedieron con facilidad bajo sus 
manos y en seguida pudo cubrir la motocicleta.
    Supuso que podra recorrer el kilmetro que le quedaba con relativa presteza. 
Pero fue peor de lo que haba imaginado. Su visin se enturbiaba por momentos. 
Tena los labios quemados, la lengua pegada al paladar de su boca reseca y le 
dola la garganta, como si de pronto tuviese fiebre alta. Senta punzadas y 
calambres en los msculos de las piernas, y cada pie pareca estar encajonado en 
una bota de cemento.
    Mientras caminaba debi de perder por completo la nocin de todo lo que le 
rodeaba, porque lo siguiente que vio frente a l fueron los peldaos de ladrillo de la 
iglesia revestida con tablillas blancas, sin recordar en absoluto los ltimos cientos 
de metros recorridos. Las palabras NUESTRA SEORA DEL DESIERTO estaban 
inscritas en una placa de cobre, junto a la puerta.
    En el pasado haba sido catlico. Y una parte de su corazn segua sindolo. A 
lo largo de su vida haba sido muchas cosas: metodista, judo, budista, baptista, 
musulmn, hind, taosta y muchas otras, y, aunque en realidad ya no practicaba 
ninguna de ellas, todava formaban parte de l en el recuerdo.
    A pesar de que la puerta pareca pesar ms que la losa que cubri la tumba de 
Cristo, Jim consigui abrirla. Penetr en el interior.
    La iglesia era mucho ms fra que el abrasador Mojave, aunque no era 
realmente fra. Ola a mirra y a nardos, y al aroma ligeramente dulzn de las velas 
votivas que ardan, lo que le recordaba los das de su antiguo catolicismo, haciendo 
que se sintiera envuelto en una atmsfera familiar.
    En el umbral situado entre la nave y el nrtex, sumergi dos dedos en la pila de 
agua bendita y se santigu. Ahuec las manos en el fro lquido, las llev a la boca 
y bebi. El agua saba a sangre. Horrorizado mir el recipiente de mrmol blanco, 
convencido de que la sangre lo llenaba hasta el borde, pero lo nico que vio fue 
agua y el reflejo trmulo y borroso de su propio rostro.
    Se dio cuenta de que sus labios resecos y agrietados se haban cortado. Pas 
la lengua por encima. Era su propia sangre.
    Luego se encontr a s mismo arrodillado al frente de la nave, reclinado contra 
la barandilla del santuario, rezando, sin saber cmo haba llegado hasta all. De 
nuevo haba perdido la consciencia.
    Los ltimos vestigios del da se haban disipado como si fueran una plida capa 
de polvo, y un viento caliente azotaba los ventanales de la iglesia. La nica luz 
provena de una bombilla situada en el nrtex, las llamas vacilantes de media 
docena de velas votivas en unos recipientes de cristal rojo y el pequeo foco que 
iluminaba el crucifijo.
    Jim vio la imagen de su propio rostro reflejada en la figura de Cristo. Con los 
ojos quemados por el sol, parpade y contempl otra vez la figura. Entonces lo que 
vio fue el. rostro del hombre muerto en la furgoneta. La faz sagrada se 
metamorfose en el rostro de su madre, de su padre, de aquella nia llamada 
Susie, de Lisa... y el semblante perdi todos sus rasgos para convertirse tan slo 
en un valo oscuro, como el rostro del asesino cuando, en el interior sombro de la 
Roadking, se volvi hacia l para dispararle.
    De hecho, Cristo ya no estaba en la cruz, era el asesino quien estaba en ella. 
Abri los ojos, mir a Jim y sonri. De un tirn, liber los pies del soporte vertical, 
uno de ellos todava llevaba un clavo atravesado, y en el otro haba un agujero 
negro. Tambin liber sus manos arrancndolas de la cruz, cada palma estaba 
perforada por un clavo, y, lentamente, se pos en el suelo, como si controlara el 
efecto de la gravedad. Cruz el altar y se dirigi hacia Jim.
    El corazn de Jim lata aceleradamente, pero se tranquiliz a s mismo diciendo 
que aquello que vea no era ms que una alucinacin, el producto de una mente 
febril. Slo eso.
    El asesino lleg hasta l. Toc su cara. La mano era tan blanda como la carne 
en descomposicin, tan fra como un gas lquido.
    Como un autntico creyente en una asamblea evangelista que se desplomara 
bajo la mano autorizada de un curandero mesinico, Jim se hundi 
estremecindose en la oscuridad.
    
    
    
    4
    
    
    Una habitacin de paredes blancas.
    Una cama estrecha.
    Muebles humildes y sencillos.
    Oscuridad en las ventanas.
    Sala de una pesadilla para sumirse en otra. Cada vez que recobraba el 
conocimiento, lo que no sola durar ms de un par de minutos, Jim vea al mismo 
hombre inclinado sobre l: de unos cincuenta aos, poco cabello, ligeramente 
rollizo, con gruesas cejas y una nariz aplastada.
    De vez en cuando, aquel desconocido frotaba suavemente su rostro con un 
ungento, y otras veces le aplicaba compresas empapadas en agua helada. 
Incorpor la cabeza de Jim sobre los almohadones y le anim a que bebiera un 
poco de agua fra con una pajita. Debido a que los ojos de aquel hombre 
transmitan gentileza y preocupacin, Jim no protest.
    Adems, careca de la voz y la energa suficientes para quejarse. Tena la 
garganta como si hubiera tragado queroseno y despus una cerilla. Se senta tan 
dbil que ni siquiera poda levantar la mano unos centmetros por encima de las 
sbanas.
    Limtese a descansar dijo el desconocido. Ha sufrido una insolacin y 
fuertes quemaduras.
    Las quemaduras del viento. Aquello era lo peor, pens Jim, recordando que la 
Harley SP no haba sido equipada con una pantalla de plexigls que le resguardara 
de las inclemencias del tiempo.
    
    
    Luz en las ventanas. Un nuevo da.
    Los ojos le dolan. Senta que su rostro estaba peor que nunca. Hinchado.
    El desconocido iba vestido con cuello de clrigo.
    Padre dijo Jim con una voz ronca y susurrante que no reconoci como la 
suya.
    Le encontr en la iglesia, inconsciente.
    Nuestra Seora del Desierto...
    As es dijo, levantando de nuevo la cabeza de Jim sobre los 
almohadones. Soy el padre Geary, Leo Geary.
    Esta vez Jim consigui hacer un pequeo esfuerzo para incorporarse. El agua 
tena un sabor dulce.
     Qu estaba haciendo en medio del desierto? pregunt el padre Geary.
    Deambulaba.
     Por qu? Jim no contest. De dnde viene? Jim no contest.
     Cmo se llama? Jim.
     No lleva ningn documento de identidad? No, esta vez no.
     Qu quiere decir con ello? Jim permaneci en silencio.
     Haba tres mil dlares en sus bolsillos dijo el sacerdote.
     Coja lo que necesite.
    El sacerdote le mir fijamente y luego sonri. Ten cuidado con lo que 
ofreces, hijo. sta es una iglesia pobre. Necesitamos todo lo que podamos 
conseguir.
    
    
    Algo ms tarde, Jim volvi a despertar. El sacerdote no estaba all. De vez en 
cuando, cruja una madera del techo y una ventana tabaleaba suavemente, 
mientras fuera se agitaba a rachas el viento del desierto.
    Cuando el sacerdote regres, Jim dijo:
    Una pregunta, padre.
    Su voz era an spera, pero ya sonaba un poco ms a la suya.
    Dgame.
     Si hay un Dios, por qu permite el sufrimiento?
    Alarmado, el padre Geary le pregunt:
     Se encuentra peor?
    No, no. Mejor. No estoy hablando de mi sufrimiento. Slo de... Por qu 
permite el sufrimiento en general? Para probarnos respondi el sacerdote.
     Por qu debemos someternos a una prueba? Para determinar si somos 
dignos.
     Dignos de qu?
    Del cielo, naturalmente. La salvacin. La vida eterna.
     Por qu no nos hizo Dios dignos de ello?
    S, nos hizo perfectos, sin pecado. Pero luego nosotros pecamos y perdimos 
nuestro estado de gracia.
     Cmo podamos pecar si ramos perfectos?
     Porque tenamos voluntad propia. No comprendo.
    El padre Geary frunci el ceo.
    No soy un telogo experto. Simplemente, un vulgar sacerdote. Lo nico que 
puedo decir es que todo ello forma parte del misterio divino. Perdimos nuestro 
estado de gracia, y ahora debemos ganarnos el cielo.
    Necesito orinar.
     Est bien, hijo.
    Esta vez no me hace falta la bacinilla. Creo que con su ayuda podr llegar al 
lavabo.
    Yo tambin lo creo. Se est recuperando admirablemente, gracias a Dios.
    Voluntad propia dijo Jim.
    El sacerdote frunci el ceo.
    
    
    Avanzada la tarde, aproximadamente veinticuatro horas despus de que Jim 
penetrara en la iglesia, el termmetro slo marcaba tres dcimas de fiebre. Sus 
msculos ya no sufran espasmos, las articulaciones haban dejado de dolerle, no 
se senta mareado y poda respirar profundamente sin que el pecho le hiciera dao. 
El dolor, de vez en cuando, recorra su rostro. Cuando hablaba, mova los 
msculos faciales slo lo imprescindible, porque las grietas de sus labios y las 
comisuras de la boca se volvan a abrir con facilidad, a pesar de la pomada de 
cortisona que el padre Geary le aplicaba cada cierto tiempo.
    Se incorporaba en la cama por s solo y se mova por la habitacin con la 
mnima ayuda. Asimismo, cuando recobr el apetito, el padre Geary le dio sopa de 
pollo y helado de vainilla. Jim coma con cuidado, atento a sus labios cortados, 
tratando de evitar que el sabor de la comida se echara a perder al mezclarse con 
su sangre.
    Todava tengo hambre dijo Jim cuando termin de comer.
    Veamos si puede digerir esto primero.
    Me encuentro bien. No he tenido ms que una insolacin, una 
deshidratacin.
     Uno puede morir por una insolacin, hijo. Necesita ms descanso.
    Algo ms tarde, el sacerdote cedi a sus deseos y le trajo un poco de helado. 
Jim habl con los dientes entrecerrados y los labios fros:
     Por qu hay gente que mata? No me refiero a los policas. Ni a los 
soldados. Ni a aquellos que lo hacen en defensa propia. Hablo de los de otra clase: 
los asesinos. Por qu lo hacen?
    Instalado en una mecedora de respaldo erguido, junto a la cama, el sacerdote 
le mir levantando una ceja. sa es una pregunta muy peculiar.
     S? Quiz. Tiene usted alguna respuesta? La ms simple es que hay 
maldad en ellos. Permanecieron en silencio unos minutos. Jim tomaba el helado y 
el robusto sacerdote se balanceaba en su mecedora. El crepsculo caa sobre el 
cielo, ms all de las ventanas.
    Al final, Jim dijo:
    Asesinatos, accidentes, enfermedades, vejez... Por qu Dios nos hizo 
mortales?  Por qu tenemos que morir?
    La muerte no es el fin. O al menos eso creo. La muerte es tan slo nuestro 
medio de dar el paso, el vehculo que conduce a nuestra recompensa.
    Se refiere al cielo.
    El sacerdote vacil.
    O a lo contrario.
    Jim durmi un par de horas. Cuando despert, vio que el sacerdote se hallaba 
al pie de la cama, y que le miraba con atencin.
     Hablaba en sueos.
    Jim se incorpor en la cama.
     De verdad? Qu deca?
     Que hay un enemigo.
     Eso fue todo?
    Luego dijo: Est aproximndose. Nos matar a todos.
    Un estremecimiento de horror sacudi a Jim, no porque las palabras tuvieran 
poder en s mismas, sino porque, a un nivel subconsciente, saba perfectamente lo 
que haba querido decir.
    Me imagino dijo Jim que tuve un mal sueo. Una pesadilla. Eso es todo.
    Sin embargo, pasadas las tres de la madrugada, durante la segunda noche en 
la rectora, se despert sobresaltado; se incorpor en la cama y oy cmo aquellas 
palabras volvan a escaparse de sus labios:
    Nos matar a todos.
    La habitacin estaba a oscuras. Busc a tientas la lmpara y encendi la luz. 
Se encontraba solo. Mir las ventanas. Ms all, la oscuridad.
    Tuvo la extraa pero firme sensacin de que algo horrible y despiadado haba 
estado rondando cerca, algo ms salvaje y extrao de lo que cualquier ser humano 
haba contemplado, soado o imaginado. Temblando, salt de la cama. Llevaba un 
pijama del sacerdote que le iba grande. Durante unos momentos se qued de pie, 
sin saber qu hacer.
    Luego apag la luz y, descalzo, se dirigi a una ventana, despus a otra. 
Estaba en un segundo piso. La noche era silenciosa, profunda, tranquila. Si haba 
habido algo all fuera, ya se haba ido.
    
    
    
    5
    
    
    A la maana siguiente, Jim se puso la ropa que el padre Geary le haba 
llevado. Pas la mayor parte del da en el saln, sentado en un silln confortable, 
con los pies apoyados en un cojn, y leyendo revistas o dormitando mientras el 
sacerdote despachaba los asuntos de la parroquia.
    El rostro de Jim, quemado y daado por el sol y el viento, empezaba a 
endurecerse como una mscara de arcilla.
    Por la noche prepararon la cena juntos. El padre Geary limpiaba una lechuga, 
apio y tomates en el fregadero de la cocina, para hacer una ensalada. Jim puso la 
mesa y abri una botella de Chianti barato para que respirara. Luego empez a 
trocear championes sobre un cazo con salsa de espagueti. Sumido en un silencio 
mutuo y confortable, Jim pens en la extraa relacin que haba surgido entre ellos. 
Le pareca que en los dos ltimos das transcurridos haba vivido en una especie 
de ensueo, como si no hubiera encontrado meramente refugio en una pequea 
ciudad del desierto, sino en un lugar ajeno al mundo real, lleno de paz, una ciudad 
perteneciente a una dimensin desconocida. El sacerdote haba dejado de formular 
preguntas. A Jim le pareca que el padre Geary no haba sido todo lo inquisitivo e 
insistente que las circunstancias requeran. Tena la sospecha de que su 
hospitalidad cristiana no consista normalmente en dar cobijo a extraos 
malheridos. La razn de que recibiera una consideracin especial por parte del 
padre Geary era para l un misterio, pero estaba agradecido.
    Cuando termin de cortar la mitad de los championes enlatados, Jim dijo:
    Lnea de vida.
    El padre Geary se volvi hacia l con un tallo de apio en la mano.
     Cmo dice?
    Jim sinti un escalofro y casi dej caer el cuchillo en la salsa. Lo puso sobre la 
mesa.
    Jim?
    Tembloroso, se volvi hacia el sacerdote y aadi:
    Tengo que ir a un aeropuerto.
     A un aeropuerto? Ahora mismo, padre.
    En el rostro rechoncho del sacerdote se dibujaron unos hoyuelos de 
desconcierto, y su frente bronceada se arrug ms all de la lnea que marcaba el 
nacimiento del cabello, perdido haca aos.
    Pero aqu no hay aeropuerto.
     A qu distancia se encuentra el ms cercano? inquiri Jim.
    Bueno... a dos horas de coche. Hasta llegar a Las Vegas. Tiene que 
llevarme hasta all.
     Cmo? Ahora? Ahora mismo dijo Jim. Pero...
    Tengo que ir a Boston.
     Pero ha estado enfermo. Ya me encuentro mejor. Su cara...
     Duele y tiene un aspecto horrible, pero no es nada serio. Padre, tengo que ir 
a Boston.
     Por qu?
    Jim vacil, luego decidi hacerle una pequea revelacin:
     Si no voy a Boston, alguien ser asesinado. Alguien que no debe morir.
     Quin? Quin va a morir?
    No lo s dijo Jim pasndose la lengua por los labios despellejados.
    No lo sabe?
    Lo sabr en cuanto llegue all.
    El padre Geary le mir fijamente durante largo rato. Finalmente, dijo:
    Jim, es usted el hombre ms extrao que he conocido.
    Jim asinti.
	Soy el hombre ms extrao que yo he conocido.


    Cuando salieron en el viejo Toyota del sacerdote, todava quedaba una hora de 
luz en aquel largo da de agosto, aunque el sol se haba ocultado tras unas nubes 
que tenan el color de un cardenal reciente.
    Haca slo media hora que estaban en la carretera, cuando los relmpagos 
empezaron a quebrantar el cielo desapacible, danzando sobre sus dentadas 
piernas en el horizonte sombro del desierto. Los destellos se sucedieron uno tras 
otro, ms ntidos y brillantes en el aire puro del Mojave que en ningn otro lugar 
que Jim hubiera visto. Diez minutos ms tarde, el cielo se oscureci amenazante, y 
la lluvia empez a caer en cascadas plateadas como las que No presenci 
mientras se apresuraba en llenar su arca.
    Aqu no son frecuentes las tormentas de verano dijo el padre Geary, 
poniendo en funcionamiento los limpiaparabrisas.
    No debemos permitir que esto nos demore dijo Jim con preocupacin.
     Le llevar hasta all asegur el sacerdote.
    Probablemente desde Las Vegas no hay muchos vuelos nocturnos. Casi 
todos deben de salir durante el da. No puedo perder el avin y esperar hasta que 
amanezca. Tengo que estar en Boston maana.
    La arena absorba la lluvia torrencial. Pero en algunas reas rocosas 
endurecidas por el sol abrasador que haban soportado durante meses, el agua 
corra en forma de riachuelos por declives poco profundos. Los riachuelos se 
convertan en torrentes, y los torrentes en ros, hasta que cada arroyo que cruzaba 
a travs de los puentes no tard en llenarse de impetuosos y agitados caudales de 
agua que arrastraban matojos arrancados, fragmentos de zarzas marchitas, 
maderos y una sucia espuma blanca.
    El padre Geary guardaba en el coche sus dos cintas favoritas de msica: una 
recopilacin de los xitos dorados del rock and roll y las mejores canciones de 
Elton John. Puso la cinta de Elton. Pasaron de un da abatido por la tormenta a una 
noche envuelta en la lluvia con las melodas de Funeral for a friend, Daniel, y 
Benny and tbe jets.
    El asfalto brillaba tenuemente con los charcos que haba a uno y otro lado. A 
Jim le resultaba extrao que los espejismos de agua de unos das atrs en la 
autopista se hubieran hecho realidad.
    La tensin creca en su interior por momentos. Boston le llamaba, pero haba 
pocas cosas ms traicioneras y amenazadoras que circular de noche por una 
autopista a travs de una borrascosa tormenta del desierto. Excepto, tal vez, el 
corazn humano.
    El sacerdote se inclinaba sobre el volante mientras conduca. Observaba la 
autopista con atencin al tiempo que entonaba suavemente las canciones de Elton.
    Al cabo de un rato, Jim le pregunt:
    Padre, no hay un doctor en el pueblo?
    S, hay uno.
     Por qu no lo llam?
    Fue l quien me dio la receta de cortisona.
    Vi el envase. Era una receta para usted de hace tres meses.
    Bueno... Ya haba visto antes una insolacin. Saba cmo deba curarle.
    Pero, al principio, pareca muy preocupado.
    El sacerdote guard silencio a lo largo de unos cuantos kilmetros. Luego dijo:
    No s quin es, de dnde viene, o por qu necesita ir hasta Boston. Pero s, 
sin embargo, que est en apuros, en graves apuros, tal vez. Y s..., al menos eso 
creo, que en el fondo es usted un hombre bueno. De todas formas, me parece que 
cuando un hombre se encuentra en apuros prefiere pasar inadvertido.
    Gracias. As es, lo prefiero.
    Unos cuantos kilmetros ms adelante, la lluvia empez a caer con tanta 
fuerza que dificultaba el funcionamiento de los limpiaparabrisas, e hizo que Geary 
redujera la velocidad.
    Usted fue el que salv a la mujer y a la nia dijo el sacerdote.
    Jim se puso tenso pero no respondi.
    Rene las caractersticas descritas en la televisin.
    Permanecieron en silencio unos cuantos kilmetros ms.
    No soy muy dado a creer en milagros dijo el padre Geary.
    Jim se qued perplejo ante aquella declaracin.
    El padre Geary apag la cinta de Elton John. Slo se oa el chasqueante 
zumbido de las ruedas sobre el asfalto y el acompasado rumor de los 
limpiaparabrisas.
    Creo que los milagros relatados en la Biblia ocurrieron, s. Y los acepto como 
parte real de la historia dijo el sacerdote sin apartar los ojos de la carretera. 
Pero me cuesta creer que una estatua de nuestra Santa Madre derramara lgrimas 
autnticas en una iglesia de Cincinnati, Peora y Teaneck, el mircoles de la 
semana pasada en presencia de dos adolescentes y la seora de la limpieza de la 
parroquia. Y no estoy dispuesto a creer que una sombra que se parece a Jess, 
proyectada en la pared de un aparcamiento por una luz amarillenta, sea presagio 
de un apocalipsis inminente. Dios obra de forma misteriosa, pero no con luces 
amarillas y paredes de aparcamiento.
    El sacerdote volvi a sumirse en el silencio, y Jim aguard, preguntndose a 
dnde llevaba todo aquello.
    Cuando le encontr en la iglesia, junto a la barandilla del santuario dijo 
Geary con una voz que denotaba preocupacin, tena las marcas de los estigmas 
de Cristo. En cada una de sus manos haba el agujero de un clavo...
    Jim mir sus manos y no vio ninguna herida.
    ... y su frente estaba rasguada y pinchada por lo que poda haber sido una 
corona de espinas.
    Su rostro todava se hallaba en tan mal estado a causa del tormento sufrido por 
el sol y el viento, que no tena objeto mirarse en el espejo del retrovisor para buscar 
las pequeas lesiones que el sacerdote haba descrito.
    Me imagino dijo Geary que estaba... asustado, pero tambin fascinado.
    Llegaron a un puente de cemento que cruzaba un arroyo, cuyo cauce se haba 
desbordado por encima de los mrgenes. Como consecuencia de ello, se haba 
formado un oscuro lago que cubra la superficie de la carretera. Geary sigui hacia 
delante. Penachos de agua, en los que se reflejaban las luces del coche, se 
desplegaban a ambos lados  como grandes alas blancas.
    Nunca haba visto estigmas prosigui Geary cuando se hallaron fuera del 
rea inundada, aunque haba odo hablar de este fenmeno. Le sub la camisa... 
mir su costado... y encontr una cicatriz inflamada que podra haber sido la herida 
de una lanza.
    Durante los ltimos meses se haban presentado tantas sorpresas y 
sobresaltos que la capacidad de asombro de Jim se haba incrementado en 
repetidas ocasiones. Pero la historia del sacerdote trascenda todo lo ocurrido, 
sobrecogindole con un escalofro de temor por la espina dorsal.
    La voz de Geary se transform en poco ms que un susurro.
    Cuando le llev a la rectora y le puse en la cama, aquellas seales haban 
desaparecido. Sin embargo, yo saba que no eran imaginaciones. Las vi, eran 
reales, y supe que haba algo especial en usted.
    Haca rato que los relmpagos se haban desvanecido; el cielo oscuro ya no 
estaba adornado con collares brillantes y dentados de electricidad. La lluvia 
tambin empezaba a amainar, y el padre Geary pudo reducir la velocidad de los 
limpiaparabrisas al tiempo que aumentaba la del viejo Toyota.
    Durante un rato, ninguno de los dos supo qu decir. Finalmente, el padre Geary 
se aclar la garganta y dijo:
     Le haba ocurrido esto antes?... Esos estigmas.
    No. No que yo sepa. Aunque, desde luego, en esta ocasin no me habra 
dado cuenta si usted no me lo hubiera dicho.
     No se percat de las marcas de sus manos antes de desmayarse junto a la 
barandilla del santuario?
    No.
    Pero eso no es lo nico extrao que le ha ocurrido ltimamente.
    La suave risa que Jim emiti, estaba provocada ms por un sentido de oscura 
irona que por el carcter jocoso de aquellas palabras.
    Sin duda, no es lo nico extrao que me ha ocurrido.
    Quiere hablar de ello?
    Jim lo pens un momento antes de responder.
    S, pero no puedo.
    Soy un sacerdote y respeto todas las confidencias. Ni siquiera la polica tiene 
poder sobre m.
    Confo en usted, padre. Y no estoy particularmente preocupado por la polica.
     Entonces?
     Si le hablo de ello... el enemigo vendr dijo Jim, y frunci el ceo al orse 
pronunciar estas palabras.
    Aquella declaracin pareca provenir a travs de l, ms que de l.
     Qu enemigo?
    Jim clav su mirada en el vasto y oscuro desierto. No lo s.
     El  enemigo  del  que  habl   en  su  sueo  la  noche pasada?
    Quiz.
     Dijo que nos matara a todos.
    Y lo har prosigui Jim, ms interesado en lo que l mismo deca que el 
propio sacerdote, porque aquellas palabras se le revelaban al tiempo de 
pronunciarlas. Si averigua algo de m, si descubre que estoy salvando vidas, 
vidas especiales, entonces vendr a detenerme.
    El sacerdote le mir un instante.
    Vidas especiales?  Qu quiere decir exactamente?
    No lo s.
    Si me habla acerca de usted, nunca repetir ante nadie una sola palabra. As 
que, quienquiera que sea ese enemigo, cmo podra saber algo referente a lo que 
me confe?
    No lo s.
    Que no lo sabe?
    As es.
    El sacerdote emiti un suspiro de frustracin.
    Padre, no estoy burlndome de usted ni pretendo ser intencionadamente 
misterioso. Jim se removi en el asiento y ajust el cinturn de seguridad, 
tratando de adoptar una postura ms confortable; no obstante, su malestar era ms 
espiritual que fsico, y no tena fcil remedio. Ha odo hablar alguna vez de la 
escritura automtica?
    Mirando con furia la carretera que se extenda frente a l, Geary dijo:
    La gente dotada de poderes paranormales y los mdiums hablan de ello. 
Charlatanera supersticiosa. Se supone que un espritu controla la mano del 
mdium y, mientras l est en trance, el espritu enva mensajes desde el ms all. 
Emiti un ininteligible sonido de disgusto  . La misma gente que se burla de la 
idea de hablar con Dios, o incluso de la mera idea de su existencia, aceptan 
infantilmente cualquier pretensin de un estafador que se proclame capaz de 
transmitir los mensajes de los muertos.
    De todos modos, lo que a m me ocurre es que parece que algo o alguien 
hablara a travs de m, algo as como una forma oral de la escritura automtica. 
Soy consciente de mis palabras porque me escucho al decirlas.
    Entra en trance?
    No.
    Cree que tiene poderes paranormales, que es un mdium?
    No. Estoy seguro de que" no.
     Cree   que   los   muertos   se   manifiestan  a   travs   de usted?
    No. No son ellos.
     Entonces, quines? No lo s. Dios?
    Podra ser.
    Pero no lo sabe!  dijo Geary exasperado. No lo s.
    Es usted el hombre ms extrao que he conocido, Jim. Y tambin el ms 
frustrante.
    
    
    A las diez de la noche llegaron al Aeropuerto Internacional de McCarran, en 
Las Vegas. Slo circulaban un par de taxis por la carretera que llevaba al 
aeropuerto. Haba dejado de llover. Una suave brisa agitaba las palmeras y todo 
pareca haber sido purificado.
    Jim abri la puerta del Toyota mientras el padre Geary se detena frente a la 
terminal. Sali del coche, dio media vuelta y se inclin para intercambiar las ltimas 
palabras con el sacerdote.
     Gracias, padre. Probablemente, me salv la vida. No fue tan dramtico.
    Me gustara donar parte de los tres mil dlares a Nuestra Seora del 
Desierto, pero tal vez necesite todo lo que llevo. No s lo que va a ocurrir en 
Boston, ni si surgir algn imprevisto.
    El sacerdote mene la cabeza y dijo:
    No espero nada.
     Cuando llegue a casa, le mandar algo de dinero. Se lo enviar en efectivo 
dentro de un sobre, sin remite, sin que ello signifique que no es dinero honrado. 
Puede aceptarlo con la conciencia tranquila.
    No es necesario, Jim. Haberle conocido ha sido suficiente. Tal vez debera 
saber que... ha devuelto un sentido mstico a la vida de un sacerdote cansado que, 
en ocasiones, empezaba a dudar de su vocacin, pero que nunca volver a 
hacerlo.
    Se miraron con un afecto mutuo que les sorprendi. Jim se inclin hacia el 
interior del coche, y Geary extendi la mano por encima del asiento para 
estrechrsela. El sacerdote tena un apretn firme y seco.
    Vaya con Dios dijo Geary.
    As lo espero.
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    Del 24 al 26 de agosto
    
    
    1
    
    Sentada frente a su mesa en la sala de redaccin del Press, pasada la 
medianoche de un viernes, Holly miraba fijamente la pantalla en blanco del 
ordenador. Haba cado en un estado anmico tan depresivo que loo nico que 
deseaba era volver a casa, meterse en la cama y permanecer con la cabeza bajo la 
colcha durante varios das. Despreciaba a la gente que se compadeca 
continuamente de s misma. Trat de avergonzarse de su apocamiento, pero 
empez a apiadarse por haber sucumbido a la autocompasin. Por supuesto, era 
imposible no advertir el lado humorstico de ;aquella situacin, aunque se sinti 
incapaz de esbozar una sonrisa; en su lugar, se compadeci de s misma por 
encarnar un personaje tan cmico y estpido.
    Se alegraba de que las noticias del da siguiente ya estuvieran listas y de que 
la sala de redaccin se hallara casi desierta, de forma que ninguno de sus 
compaeros pudiese contemplarla en semejante estado de degradacin. La nica 
persona a la vista era Tommy Weeks el desgarbado encargado de la limpieza 
que barra y vaciaba papeleras y George Fintel.
    George Fintel, que se ocupaba de las noticias relacionadas con la 
administracin local, estaba frente a su mesa, al otro extremo de la gran habitacin, 
inclinado hacia delante, dormido y con la cabeza apoyada en sus brazos cruzados. 
De vez en cuando, emita unos ronquidos lo bastante fuertes para que llegaran a 
odos de Hollly. Cuando los bares cerraban, George a veces regresaba a la sala de 
redaccin, en lugar de dirigirse a. su apartamento, como un viejo caballo de tiro 
arrastrando el carro por una ruta conocida hacia el lugar considerado como su 
hogar. George sola despertar durante la noche y, percatndose de dnde se 
encontraba, optaba por irse a casa dando tumbos con aspecto fatigado. Los 
polticos deca a menudo son la forma de vida ms baja que existe, al haber 
experimentado una degeneracin paulatina desde aquella primera criatura babosa 
que se desliz fuera del mar. A sus cincuenta y siete aos se hallaba demasiado 
agotado para empezar de nuevo, as que segua dedicndose a escribir sobre los 
funcionarios pblicos, que en el fondo despreciaba. En aquel proceso haba 
terminado por odiarse a s mismo, buscando consuelo en la prodigiosa cantidad de 
martinis con vodka que diariamente consuma.
    Si Holly hubiera soportado mnimamente el alcohol, se habra preocupado por 
la posibilidad de acabar como George Fintel. Pero una copa le proporcionaba una 
sensacin agradable, dos la achispaban, y a la tercera caa dormida.
    Odio mi vida pens Holly. S, la odio. Todo resulta tan insoportable...
    Pobre desgraciada que se compadece de s misma dijo en voz alta. 
Nauseabunda basura desesperada agreg por lo bajo, con genuina repugnancia.
     Deca usted algo? pregunt Tommy Weeks, pasando una escoba de 
cepillo por el pasillo.
    No, Tommy. Hablaba conmigo misma.
     Usted? Vaya, qu motivos tiene para estar triste? Mi vida.
    Tommy se detuvo y se apoy en la escoba, cruzando una pierna por delante de 
la otra. Su ancho rostro cubierto de pecas, sus orejas en forma de jarra y su mata 
de cabello color zanahoria le conferan un aspecto dulce, inocente y amable.
     Las cosas no han salido como usted esperaba? Holly cogi una bolsa 
medio vaca de caramelos M&Ms y se llev unos cuantos de chocolate a la boca, 
recostndose en su silla.
     Cuando dej la Universidad de Missouri con mi ttulo de periodista, iba a 
conmocionar al mundo, a escribir grandes artculos, a coleccionar Pulitzers a 
montones, y mrame ahora. Sabes lo que he hecho esta tarde?
    Sea lo que sea, se ve que no lo ha pasado muy bien.
     Fui al Hilton, al banquete anual de la Gran Asociacin de Productos 
Madereros de Portland y estuve entrevistando a fabricantes de pullmans 
prefabricados, a vendedores de madera contrachapada, y a distribuidores de 
tableros de secoya. Otorgaron el Trofeo de Madera de Construccin, lo llaman as, 
al hombre del ao de los productos madereros, a quien tuve que entrevistar. Luego 
volv aqu en seguida para tenerlo todo listo para la edicin de maana. Noticias 
sensacionales como sas... Uno no puede permitir que los bastardos del New York 
Times te roben la exclusiva.
    Cre que estaba en la seccin de artes y ocio.
    Me hart de ello. Te dir algo, Tommy: un mal poeta puede hacer que te 
apartes de las artes durante una dcada.
    Se llev otro puado de caramelos a la boca. Normalmente no coma dulces 
porque estaba decidida a evitar los problemas de peso que siempre haban 
incordiado a su madre, y el nico motivo por el que engulla M&Ms era su intencin 
de sentirse ms desgraciada e intil. Se suma en una progresiva y nociva espiral 
descendente.
    En las pelculas y en la televisin dijo Holly hacen que el periodismo 
resulte muy emocionante y atractivo. Todo eso es mentira.
    Yo tampoco he tenido la vida que esperaba dijo Tommy. Cree acaso 
que imagin que terminara siendo el jefe de mantenimiento de limpieza del Press, 
que en realidad no es ms que un portero ensalzado?
    Me imagino que no dijo Holly, sintindose egosta y mezquina por 
lloriquear ante un hombre cuya vida era mucho peor que la suya.
    No, maldita sea. De pequeo saba que de mayor conducira uno de esos 
condenados camiones de saneamiento, all arriba en la cabina, pulsando los 
botones que accionan el compresor del ariete hidrulico. Su voz se volvi 
melanclica. En la cima del mundo, con toda esa poderosa maquinaria a mis 
rdenes. Era mi sueo, y lo intent, pero no pas el examen mdico del 
ayuntamiento. Tengo ese problema del rin, sabe? Nada serio, pero lo suficiente 
como para que los encargados de sanidad del ayuntamiento me descalificaran.
    Se apoy en la escoba, con la mirada perdida en la distancia, sonriendo un 
poco e imaginndose cmodamente instalado en el asiento del conductor de un 
camin de basura.
    Mirndole con incredulidad, Holly decidi que, despus de todo, su ancho 
rostro no pareca dulce, inocente y amable. Haba malinterpretado sus lneas y 
facciones. Era un rostro estpido. Sinti ganas de decirle: Idiota! Yo soaba con 
ganar Pulitzers y ahora no soy ms que una escritorzuela que redacta artculos de 
publicidad industrial acerca del maldito Trofeo de Madera de Construccin. Eso es 
una desgracia. Crees que ser portero en lugar de recogedor de basura es 
comparable con mi situacin?. Pero se abstuvo porque se dio cuenta de que s 
era comparable. Un sueo no realizado, sin tener en cuenta si era humilde o 
elevado, segua siendo una tragedia para el soador que abandonaba toda 
esperanza. Pulitzers que no se haban ganado y camiones de basura que no se 
haban conducido eran igualmente capaces de llevar a la desesperacin y al 
insomnio. Y se era el pensamiento ms deprimente que haba tenido nunca.
    La mirada de Tommy dej de vagar en la distancia, para volver a fijarse en ella.
    No debe darle ms vueltas, seorita Thorne. La vida... es como cuando en 
una cafetera te dan un bollo de arndano mientras t habas pedido uno de nuez y 
albaricoque. No hay nueces ni albaricoques en ella, y uno puede verse envuelto en 
la confusin con slo pensar en lo que se est perdiendo. Lo mejor que puede 
hacerse en estos casos es suponer que los arndanos tambin tienen un sabor 
agradable.
    Al otro extremo de la habitacin, George Fintel se tir un pedo mientras dorma. 
Fue un autntico estallido. Si el Press hubiera sido un gran peridico, con 
corresponsales recin llegados de Beirut o alguna zona en guerra, todos se 
hubieran tirado al suelo para ponerse a cubierto.
    Dios mo pens Holly, mi vida no es ms que una mala imitacin de un 
relato de Damon Runyon. Srdidas salas de redaccin pasada la medianoche. 
Porteros seudo filsofos. Periodistas borrachos que se quedaban dormidos en su 
mesa de trabajo. Pero era un relato de Runyon modificado por un escritor de lo 
absurdo, con la colaboracin de un atormentado existencialista.
    Me encuentro mejor despus de haber hablado contigo minti Holly. Te 
lo agradezco, Tommy.
    Estoy a su disposicin, seorita Thorne.
    Cuando Tommy se dispuso a continuar su trabajo pasando la escoba a lo largo 
del pasillo, Holly se llev unos cuantos caramelos ms a la boca, preguntndose si 
sera apta para pasar el examen mdico requerido para ser conductor de camiones 
de basura. Desde un punto de vista optimista, el trabajo sera todo lo contrario del 
de periodista recogera basura en lugar de dispersarla y, adems, tendra la 
satisfaccin de saber que al menos haba una persona en Portland que la 
envidiaba con toda el alma.
    Mir el reloj que haba en la pared. La una y media de la madrugada. No tena 
sueo. No quera irse a casa y yacer despierta, con la mirada fija en el techo, sin 
nada ms que hacer que dar rienda suelta a su autocompasin y examen de con-
ciencia. Bueno, en realidad, eso era lo que quera, porque, aunque no era lo ms 
aconsejable, su estado anmico la impulsaba a dejarse llevar por las emociones. 
Por desgracia, no tena alternativa: en un da laborable, la nica vida nocturna que 
haba en Portland era una tienda de repostera que permaneca abierta da y 
noche.
    Le quedaba menos de un da para iniciar sus vacaciones, y las necesitaba 
desesperadamente. No haba hecho planes. Tan slo se dedicara a descansar, sin 
hacer absolutamente nada, evitando leer un solo peridico. Quizs ira a ver alguna 
pelcula, tal vez leera unos cuantos libros. O a lo mejor ira al Centro Betty Ford, 
para someterse al tratamiento de desintoxicacin para personas autocompasivas.
    Haba alcanzado la peligrosa fase en que empezaba a dar vueltas a su 
nombre. Holly Thorne. Mono. Realmente mono. Qu demonios tendran en la 
cabeza sus padres cuando le pusieron aquel nombre? Acaso era posible imaginar 
a los miembros del comit del Pulitzer otorgando el premio a alguien con un 
apelativo que era ms propio de un personaje de dibujos animados? Algunas veces 
siempre en medio del silencio de la noche senta la tentacin de llamar a sus 
padres para que le explicaran si esa historia del nombre se deba nicamente al 
mal gusto o, por el contrario, era una broma pesada o producto de una crueldad 
consciente.
    Pero sus padres eran gente humilde, de lo ms bondadoso que exista en la 
Tierra, que se haban privado de muchos placeres para poder proporcionarle una 
educacin de primera clase, y slo deseaban para ella lo mejor del mundo. Les ha-
bra destrozado saber que Holly odiaba su nombre, cuando ellos, sin duda, 
creyeron que era sutil e incluso sofisticado. Los quera con toda el alma, y tena 
que estar sumida en la peor de las depresiones para tener el descaro de culparles 
de sus propias faltas.
    Temiendo la posibilidad de coger el telfono y llamarles, Holly se volvi 
rpidamente hacia el ordenador y accedi al fichero que contena la ltima edicin 
del peridico. La base de datos del Press posibilitaba que cualquier reportero que 
trabajara en l pudiera seguir el proceso de un artculo a travs de su montaje, 
composicin y produccin. Como la edicin del da siguiente estaba conformada, 
ajustada y lista para imprimir, Holly ya poda contemplar cada una de las pginas 
en la pantalla de su ordenador. Slo los titulares eran lo bastante grandes para 
poder leerlos, pero cualquier parte de la imagen poda ser aumentada hasta ocupar 
toda la pantalla. A veces, se animaba un poco al leer un artculo que iba a ser 
noticia antes de que el peridico saliera a la calle; la sensacin de ser parte de todo 
aquello, al menos encenda en ella una pequea chispa, y era uno de los aspectos 
de su trabajo que atraa a cualquier joven soador con vocacin de periodista.
    No obstante, mientras escudriaba los titulares de las primeras pginas en 
busca de algn artculo interesante que ampliar, su pesadumbre se agudiz. Un 
gran incendio en St. Louis, nueve muertos. Presagios de guerra en Oriente Medio. 
Una mancha de petrleo frente a las costas de Japn. Inundaciones y grandes 
tormentas en la India, decenas de miles de personas sin hogar. El gobierno prepara 
una nueva subida de impuestos... Holly siempre haba sabido que el sustento del 
periodismo se basaba en tristezas, desastres, escndalos, violencia absurda y 
discordias. Pero, de pronto, le pareci una profesin singularmente macabra, y se 
dio cuenta de que ya no deseaba formar parte de todo aquello, de que ya no quera 
ser una de las primeras en enterarse de aquellas cosas espantosas.
    De repente, justo cuando se dispona a cerrar el fichero y desconectar el 
ordenador, un titular atrajo su atencin: NIO SALVADO POR MISTERIOSO 
DESCONOCIDO. Apenas haban transcurrido doce das desde el incidente que 
tuvo lugar en McAlbury School, y aquellas cinco palabras tenan para ella un 
significado especial. Impulsada por la curiosidad, dio instrucciones al ordenador de 
que ampliara el recuadro donde se iniciaba el artculo.
    Estaba fechado en Boston, e iba acompaado de una fotografa. La imagen era 
an oscura y borrosa, pero la escala de la ampliacin era lo bastante grande como 
para poder leer el texto, aunque no con comodidad. Manipul el ordenador para 
que aumentara uno de los recuadros ya ampliados, resaltando la primera columna 
del artculo a fin de leerla sin trabas.
    La primera lnea hizo que Holly se irguiera derecha en el respaldo de su silla: 
Un valeroso transente, que nicamente dijo llamarse Jim, salv la vida de 
Nicholas O'Conner, de seis aos, cuando una instalacin de la Compaa de 
Electricidad de Nueva Inglaterra estall bajo la acera de una zona residencial de 
Boston el jueves por la tarde.
     Qu demonios...? exclam Holly en voz baja.
    Puls las teclas para que el ordenador desplazara el campo de muestra hacia 
la derecha de la pgina donde se encontraba la fotografa, repetidamente ampliada, 
que acompaaba al artculo. Aplic una escala mayor, y llev a cabo otra vez la 
misma operacin, hasta que el rostro ocup toda la pantalla.
    Jim Ironheart.
    Durante unos instantes permaneci sentada sin salir de su asombro, inmvil. 
Entonces se apoder de ella la necesidad de saber ms. No era tan slo una 
necesidad intelectual, sino genuinamente fsica, que no distaba mucho de la 
punzada sbita e intensa que ocasiona el hambre.
    Volvi al texto del artculo y lo ley, luego hizo lo mismo por segunda vez. 
Aquel nio llamado O'Conner estaba sentado en la acera frente a su casa, justo 
encima de la tapa de cemento de un metro cuadrado que cubra la instalacin 
subterrnea de la Compaa de Electricidad, lo bastante espaciosa para que en sus 
confines pudieran trabajar a la vez cuatro hombres. El nio estaba jugando con 
camiones de juguete. Sus padres lo vigilaban desde el porche frontal de su casa, 
cuando un desconocido apareci en la calle corriendo a toda prisa. Se dirigi 
directamente hacia Nicky declar el padre del nio y lo agarr, as que di por 
seguro que se trataba de un chiflado que se dedicaba a molestar a los nios y que 
iba a llevarse a mi hijo. Cogiendo al nio, que empez a gritar, el desconocido 
salt por encima de la valla que daba al csped de los O'Conner, justo en el 
momento en que un cable de 17.000 voltios provocaba una explosin a sus 
espaldas bajo la acera. El estallido lanz por los aires la tapa de cemento, como si 
fuera una moneda, y luego arroj una refulgente llamarada de fuego. Abrumado por 
las efusivas alabanzas con que le colmaron los padres de Nicky y los vecinos que 
haban presenciado su herosmo, el desconocido declar que haba percibido un 
olor a cable quemado, oy un silbido procedente de la instalacin subterrnea, y 
supo lo que estaba a punto de ocurrir porque l haba trabajado en el pasado para 
una compaa elctrica. Sintindose molesto porque uno de los presentes le tom 
una fotografa, insisti en abandonar el lugar antes de que llegara la prensa debido 
a que, segn dijo, valoro en gran medida mi vida privada.
    Este rescate por los pelos tuvo lugar en Boston a las 7.40 de la tarde del jueves 
4.40 de la tarde, horario de Portland . Holly mir el reloj de pared. En aquel 
momento eran las 2.20 de la madrugada del viernes. Haban transcurrido escasa-
mente nueve horas y media desde que a Nicky O'Conner le apartaron bruscamente 
de encima de la cubierta de la instalacin subterrnea.
    El rastro todava estaba fresco.
    Tena algunas preguntas que formular al periodista del Globe que haba escrito 
el artculo. Pero en Boston deban de ser poco ms de las cinco de la madrugada. 
An no habra llegado al trabajo.
    Dio por terminado el fichero de datos de la edicin del da del Press. En la 
pantalla del ordenador, el men estndar reemplaz el texto ampliado del 
peridico.
    Mediante un modem accedi a la vasta red de servicios de datos a la que el 
Press estaba suscrito. Dio instrucciones al servicio Newsweb de que examinara 
todos los artculos transmitidos mediante los servicios por cable y que haban sido 
publicados en los peridicos ms importantes de Estados Unidos durante los 
ltimos tres meses, recabando casos en los que el nombre Jim hubiera sido 
utilizado entre diez palabras que contuvieran el vocablo rescate o la frase salv 
la vida. Pidi que cada artculo de aquellas caractersticas fuera impreso, salvo las 
variaciones de un mismo incidente.
    Mientras Newsweb cumpla su peticin, Holly cogi el telfono de su mesa y 
llam a informacin utilizando los prefijos correspondientes a los condados de Los 
ngeles, Orange, Riverside, San Bernardo y San Diego, con el fin de averiguar si el 
nombre de Jim Ironheart figuraba en el listn telefnico. Ninguno de los operadores 
pudo ayudarla. Si realmente viva en el sur de California, tal como l le haba dicho, 
su telfono no estaba inscrito en la gua.
    La impresora lser que Holly comparta con otras tres secciones de la oficina 
zumbaba suavemente. El primer hallazgo del servicio Newsweb se deslizaba en la 
bandeja contenedora.
    Sinti deseos de correr hacia la impresora y coger la informacin para leerla de 
inmediato; pero se contuvo, concentrando su atencin en el telfono, tratando de 
hallar otro modo de localizar a Jim Ironheart en aquella parte de California que los 
lugareos llamaban el Sur.
    Unos aos atrs, se habra limitado a acceder al ordenador del Departamento 
de Trfico y, por una pequea cantidad, habra obtenido la direccin de cualquier 
persona del estado que se hallara en posesin de un permiso de conducir en regla. 
Pero despus de que la actriz Rebeca Schaeffer hubiera sido asesinada por un 
admirador perturbado que consigui encontrarla por ese mtodo, una nueva ley 
haba impuesto restricciones a la informacin proporcionada por el Departamento 
de Trfico.
    Si hubiera sido una fantica experta en ordenadores, inmersa en su arcano 
conocimiento, sin duda habra accedido a los ficheros del departamento, a pesar de 
sus nuevos dispositivos de seguridad, o se habra introducido en los bancos de 
datos de las agencias de crdito para hallar la ficha de Jim Ironheart. Haba 
conocido a reporteros que afilaban sus habilidades informticas con ese nico 
propsito. Holly, sin embargo, siempre haba conseguido sus fuentes de informa-
cin a travs de un modo estrictamente legtimo, sin engaos. En ello radicaba la 
razn de que escribiera material tan apasionante como el del Trofeo de Madera de 
Construccin, pens amargamente.
    Mientras se devanaba los sesos tratando de hallar una solucin al problema, se 
dirigi presurosamente a la sala en donde estaba la mquina de bebidas y, tras 
introducir una moneda, obtuvo una taza de caf. Saba a bilis de perro. De todas 
formas, se lo bebi porque iba a necesitar la cafena a lo largo de la noche. Sac 
una segunda taza y volvi a la sala de redaccin.
    La impresora lser permaneca en silencio. Recogi las pginas de la bandeja 
y se sent a su mesa.
    El servicio Newsweb haba descubierto un grueso montn de artculos en la 
prensa nacional en los que el nombre Jim se haba incluido entre diez palabras 
que contenan el vocablo rescate y la frase salv la vida. Los cont rpida-
mente, haba veintinueve.
    El primero de ellos era de inters humano y provena del Chicago Suntimes; 
Holly ley la frase inicial en voz alta: Jim Foster, de Oak Park, ha rescatado ms 
de cien gatos abandonados....
    Holly tir la hoja impresa a la papelera y mir la siguiente. Era del Philadelphia 
Inquirer: Jim Pilsbury, lanzador de los Phillies, salv a su club de una humillante 
derrota....
    Dejndola tambin de lado, ley la tercera hoja. Era una crtica 
cinematogrfica, as que ni siquiera se molest en buscar el nombre de Jim. La 
cuarta haca referencia al escritor Jim Harrison. La quima hablaba sobre un poltico 
que, utilizando la tcnica Heimlich, salv la vida a un jefe de la mafia con el que 
estaba tomando un par de cervezas en un bar, cuando el padrone se atragant de 
pronto con una salchicha picante Slim Jim.
    Holly empez a temer que acabara con las manos vacas al terminar todos los 
artculos, pero el sexto, del Houston Chronicle, hizo que sus ojos se abrieran ms 
que con aquel nauseabundo caf. MUJER SALVADA DE MARIDO VENGATIVO. El 
14 de julio, Amanda Cutter, tras ganar la custodia de su hijo en un encarnizado 
pleito de divorcio, haba estado a punto de perecer a causa de los disparos de su 
furioso marido, Cosmo, frente a su casa situada en la rica zona residencial de River 
Oaks. Despus de que Cosmo fallara los dos primeros tiros, un hombre que 
apareci de la nada la salv, derribando a su enloquecido marido y 
desarmndolo. Su salvador tan slo se haba identificado como Jim, y se 
desvaneci en el hmedo atardecer de Houston antes de que llegara la polica. La 
divorciada, de treinta aos de edad, se qued obviamente deslumbrada por aquel 
hombre, ya que le describi como apuesto, algo musculoso, igual que un 
superhroe salido de una pelcula, y con unos ojos azules de ensueo.
    Holly an recordaba el azul intenso de los ojos de Jim Ironheart. No era el tipo 
de mujer que los hubiera descrito como algo de ensueo, aunque ciertamente 
eran los ojos ms claros y arrebatadores que en toda su vida... Qu demonios, s, 
eran de ensueo. Se resista a admitir la reaccin adolescente que Jim le haba 
causado, pero era tan incapaz de engaar a los dems como a s misma. Record 
la extraa impresin de frialdad inhumana, cuando su mirada se cruz con la de 
Jim por primera vez, pero aquella impresin se desvaneci para siempre desde el 
momento en que l le sonri.
    El sptimo artculo versaba sobre otro Jim modesto que se march sin 
aceptar las gracias y alabanzas evitando a los medios de comunicacin tras 
rescatar a Carmen Daz, de treinta aos, de un apartamento en llamas de Miami, el 
5 de julio. Tena los ojos azules...
    Despus de estudiar detenidamente los veintids artculos restantes, Holly 
encontr dos ms que hablaban de Ironheart, aunque slo se mencionaba su 
nombre de pila. El 21 de junio Thaddeus Johnson, de doce aos, estuvo a punto de 
ser arrojado desde un octavo piso de Harlem por cuatro jvenes delincuentes que 
no aceptaron de buen grado su desdeosa negativa a participar en la venta 
ambulante de drogas. Fue rescatado por un hombre de ojos azules que redujo a los 
cuatro desaprensivos a base de patadas, golpes, empujones y ataques de 
taekwondo. Era como Batman sin sus divertidas ropas, declar Thaddeus al 
periodista del Daily News. Dos semanas atrs, el 7 de junio, otro Jim de ojos azules 
pareci materializarse de pronto en la propiedad de Louis Andretti, de veintiocho 
aos, de Corona, California, justo a tiempo de advertir que no entrara en el stano 
de su casa para arreglar el escape de una tubera. Me dijo que una familia de 
serpientes de cascabel haban anidado all, manifest Andretti al reportero. Luego, 
cuando los agentes del Control de Sanidad del condado inspeccionaron el lugar, no 
slo encontraron un nido, sino algo salido de una pesadilla, extrayendo final-
mente cuarenta y una serpientes del stano. Lo que no entiendo  dijo Andretti
, es cmo aquel tipo saba que las serpientes estaban all, mientras que yo, 
viviendo en la casa, no tena ni idea.
    Holly tena cuatro incidentes ligados entre s, adems del rescate de Nicky 
O'Conner en Boston y el de Billy Jenkins en Portland, ocurridos a partir del 1 de 
junio. Tecle nuevas instrucciones al Newsweb, pidiendo que llevara a cabo la 
misma investigacin sobre los meses de marzo, abril y mayo.
    Necesitaba ms caf, y cuando se levant para ir a la mquina de bebidas, vio 
que George Fintel haba despertado y se haba ido tambaleando a casa. No le 
haba odo marcharse. Tommy tambin se haba ido. Estaba sola.
    Tom otra taza de caf y le pareci algo mejor que el de antes. Aunque el 
brebaje era el mismo, su sentido del gusto estaba atrofiado por las dos primeras 
tazas.
    Finalmente, Newsweb hall once artculos redactados entre marzo y mayo que 
se cean a los parmetros dispuestos por Holly. Tras examinar las hojas impresas, 
slo encontr uno de inters.
    El 15 de mayo, en Atlanta, Georgia, un tal Jim, de ojos azules, entr en una 
tienda en la que se estaba produciendo un atraco. Mat a disparos al delincuente, 
Norman Rink, quien en aquel momento estaba a punto de asesinar a dos clientes 
Sam Newsome, de veinticinco aos, y su hija de cinco, Emily. Completamente 
volado por el cctel de cocana, crack y anfetaminas que haba ingerido, Rink ya 
haba liquidado al dependiente y a otros dos clientes por pura diversin. Tras matar 
a Rink, y despus de asegurarse de que los Newsome estaban ilesos, Jim se haba 
marchado antes de que llegara la polica.
    La cmara de seguridad de la tienda haba tomado una borrosa fotografa del 
heroico intruso. Era la segunda fotografa en todos los artculos revisados hasta el 
momento. La imagen no era buena. Pero reconoci de inmediato a Jim Ironheart.
    Algunos detalles del incidente la dejaron perpleja. Si Ironheart posea una 
asombrosa aptitud poder psquico, o lo que fuera para prever desenlaces 
fatales en las vidas ajenas y llegar a tiempo de cambiar su destino, por qu no 
haba entrado en aquella tienda unos minutos antes, lo suficiente como para evitar 
la muerte del dependiente y los dos clientes? Por qu haba salvado a los 
Newsome y haba dejado morir a los otros?
    Se sinti ms alterada por la descripcin de su ataque contra Rink. Armado con 
una pistola del calibre doce dispar cuatro veces contra aquel perturbado. Luego, 
aunque Rink estaba indudablemente muerto, Jim volvi a cargar la pistola y le 
dispar cuatro tiros ms. Se hallaba en tal estado de excitacin  dijo Sam 
Newsome que podan verse las arterias palpitando en sus sienes, a travs de su 
frente. Tambin lloraba un poco, pero las lgrimas... no hacan que pareciese 
menos colrico. Despus de que todo hubiera terminado, Jim expres su 
arrepentimiento por haber liquidado a Rink de forma tan violenta en presencia de la 
pequea Emily. Les explic que la gente como Rink, asesino de personas 
inocentes, provocaba cierta locura en m. Nos salv la vida dijo Newsome al 
reportero, s, pero debo admitir que el tipo daba miedo, casi tanto como Rink.
    Percatndose de que Ironheart ni siquiera haba revelado su nombre de pila, 
Holly dio instrucciones a Newsweb de que buscara artculos publicados durante los 
ltimos seis meses en los que rescate y salv la vida se hallaran entre diez 
palabras en las que tambin apareciera azul. Se haba dado cuenta de la 
vaguedad descriptiva de algunos testigos, si bien la mayora pareca recordar sus 
singulares ojos azules.
    Fue al lavabo, tom ms caf, y luego permaneci junto a la impresora. Cada 
vez que un hallazgo era transferido por escrito a una hoja, Holly la coga, la 
examinaba, y la tiraba a la papelera si careca de inters, o, por el contrario, la lea 
con emocin si se trataba de otro rescate de ltima hora. Newsweb hall cuatro 
casos ms pertenecientes a la ficha de Ironheart, a pesar de que su nombre y 
apellido no eran utilizados.
    De nuevo en su mesa, orden al Newsweb que buscara el nombre de Ironheart 
en los medios de informacin nacionales durante los ltimos seis meses.
    Mientras esperaba una respuesta, orden las pginas impresas y elabor una 
lista cronolgica de las personas a las que Jim Ironheart haba salvado la vida, 
incorporando asimismo los cuatro nuevos casos. Incluy sus nombres, edades, el 
lugar de cada incidente, y el tipo de muerte del que cada persona se haba librado.
    Estudi aquella compilacin, siguiendo con inters algunas pautas. No 
obstante, la dej a un lado cuando el servicio Newsweb complet su ltimo trabajo.
    Al levantarse de la silla, se qued paralizada al descubrir que ya no estaba sola 
en la sala de redaccin. Tres periodistas y un redactor jefe se hallaban frente a sus 
mesas. Todos tenan fama de madrugadores, incluido Hank Hawkins, redactor jefe 
de la seccin de economa, al que le gustaba empezar a trabajar al mismo tiempo 
que se abran los mercados financieros de la Costa Este. Holly no se haba 
percatado de su presencia hasta aquel momento. Dos de ellos parecan compartir 
un chiste, riendo en alto, y Hawkins hablaba por telfono. No obstante, Holly no les 
oy hasta despus de haberlos visto. Mir el reloj: las 6.10. La luz opalescente del 
amanecer surga tras las ventanas, sin que ella notara cmo retroceda la marea de 
la noche. Ech un vistazo a su mesa y observ que haba dos tazas ms que 
haban contenido caf y que no recordaba haber sacado de la mquina.
    Se dio cuenta de que ya no estaba sumida en la desesperacin. Se senta 
mejor de lo que se haba sentido durante los ltimos das, semanas e incluso aos. 
Volva a ser una autntica periodista.
    Se dirigi a la impresora lser, vaci la bandeja contenedora y volvi a la mesa 
con las pginas. Los Ironheart no eran precisamente pasto de noticias. Tan slo 
haba cinco artculos, en los ltimos seis meses, relacionados con gente que llevara 
ese apellido.
    Kevin Ironheart. Buffalo, Nueva York. Senador del estado. Anunciaba su 
intencin de presentarse a gobernador.
    Anna Denise Ironheart. Boca Ratn, Florida. Encontr un cocodrilo vivo en el 
comedor de su casa.
    Lori Ironheart. Los Angeles, California. Cantautora. Nominada para el scar a 
la mejor cancin del ao.
    Valerie Ironheart. Cedar Rapids, Iowa. Dio a luz cuatrillizos en perfecto estado 
de salud.
    El quinto y ltimo era Jim Ironheart.
    Ley el encabezamiento. El artculo provena del Register de Orange County, 
10 de abril, y era uno de los que se haban publicado sobre el mismo incidente a 
nivel nacional. A causa de las instrucciones de Holly, el ordenador slo haba im-
preso aquel caso, suprimiendo artculos similares sobre el mismo suceso.
    Comprob la fecha. Laguna Niguel. California. Sur de California. El sur...
    Aunque el artculo no inclua una fotografa, la descripcin del reportero haca 
referencia a un hombre con ojos azules y denso cabello castao. Holly estaba 
segura de que se trataba de su James Ironheart.
    No se sorprendi de encontrarle. Saba que con un voluntarioso esfuerzo tarde 
o temprano le localizara. Lo que le resultaba sorprendente era el tema del artculo 
en el que por fin apareca su nombre completo. Esperaba ms bien una historia 
acerca de alguien que haba sido rescatado de la muerte en el ltimo momento, y 
no estaba preparada para aquel titular:
    HOMBRE DE LAGUNA NIGUEL  GANA  SEIS  MILLONES EN EL PREMIO 
GORDO DE LA LOTERA.
    
    
    
    
    
    
    2
    
    
    Tras rescatar a Nicholas O'Conner, Jim pudo dormir sin sobresaltos por vez 
primera en cuatro das. El viernes 24 de agosto, por la tarde, parti de Boston. 
Ganando tres horas en el viaje de un estado a otro, lleg al aeropuerto John Wayne 
a las 3.10 de la tarde y, media hora despus, ya se encontraba en casa.
    Se dirigi directamente a su estudio y levant el borde de la alfombra, dejando 
al descubierto la caja fuerte construida en el suelo de su gabinete. Marc la 
combinacin, abri la tapa y sac cinco mil dlares, el diez por ciento del dinero en 
metlico que guardaba all.
    En su escritorio, introdujo los billetes de cien dlares en el interior de un sobre 
acolchado y lo cerr con grapas. Mecanografi una etiqueta con el nombre del 
padre Leo Geary, en Nuestra Seora del Desierto, y peg los sellos necesarios. Lo 
mandara por correo a primera hora de la maana.
    Fue a la sala de estar y conect la televisin. Ninguna de las pelculas en 
antena atrajo su atencin. Mir las noticias durante un rato, pero su mente estaba 
en otra parte. Despus de calentar una pizza en el microondas y abrir una cerveza, 
se acomod en el sof con un buen libro que no tard en aburrirle. Oje las 
pginas de un montn de revistas que an no haba ledo, pero ninguno de los 
artculos atrajo su atencin.
    Antes de anochecer, sali al patio con otra cerveza y se sent. Las hojas de las 
palmeras se agitaban movidas por una ligera brisa. Los jazmines situados a lo largo 
de la valla despedan una dulce fragancia. Plantas de color rojo, prpura y rosado 
brillaban con un resplandor divino bajo la luz menguante que, con los ltimos rayos 
de sol se desvanecan como pequeas bombillas en un restato. La noche cay 
flotando como si fuera una capa de seda negra, ingrvida.
    Aunque aquel lugar estaba lleno de paz, Jim se senta inquieto. Da tras da, 
semana tras semana, desde que les salvase la vida a Sam Newsome y a su hija 
Emily, el 15 de mayo, le pareca cada vez ms difcil implicarse en la rutina 
cotidiana y los placeres de la vida. No poda relajarse. Pensaba en todo el bien que 
poda hacer, en todas las vidas que poda salvar, en todos los destinos que poda 
cambiar, con slo or aquella llamada conocida: Lnea de vida. As pues, 
cualquier otro empeo resultaba frvolo e intrascendente. Al haber sido el 
instrumento de una fuerza poderosa, le costaba aceptar que volva a ser alguien sin 
importancia.
    
    
    Tras pasar el da recabando cuanta informacin pudo acerca de James 
Madison Ironheart, Holly inici sus largamente anunciadas vacaciones tomando un 
vuelo hacia Orange County. Al llegar, alquil un coche y se dirigi desde el 
aeropuerto hacia el Sur en direccin a Laguna Hills Motor Inn, donde haba 
reservado una habitacin.
    Laguna Hills era una ciudad del interior, no un centro martimo para turistas. En 
Laguna Beach, Laguna Niguel y otras ciudades costeras, las habitaciones ya 
haban sido reservadas con antelacin para el verano. De cualquier forma, no tena 
intencin de nadar o tomar el sol. Como todo el mundo, era una entusiasta 
perseguidora del cncer de piel, pero aquello se haba convertido en unas 
vacaciones de trabajo.
    Cuando lleg al motel tena la sensacin de que sus ojos estaban llenos de 
arena. Mientras llevaba su equipaje a la habitacin, la gravedad le gast una broma 
cruel, atrayndola hacia el suelo con una fuerza muy superior a la usual.
    La habitacin era sencilla y limpia, con el aire acondicionado suficiente para 
recrear la temperatura de Alaska, por si algn da la ocupaba un esquimal 
nostlgico.
    En las mquinas automticas situadas en el pasaje que comunicaba dos 
edificios, Holly compr un paquete de galletas de queso y mantequilla y una lata sin 
azcar de Dr. Pepper, saciando su hambre mientras permaneca sentada en la 
cama. Estaba tan exhausta que todos sus sentidos, incluido el del gusto, estaban 
adormecidos. Podra haber tomado comida para perros, sin enterarse.
    Como si el contacto de la cabeza con la almohada hubiera apagado un 
interruptor, qued dormida de inmediato.
    Durante la noche, empez a soar. Era un sueo extrao, ya que se 
desarrollaba en medio de una oscuridad absoluta, sin imgenes, tan slo con 
sonidos, olores y sensaciones tctiles, quizs era la forma en que soaban los 
ciegos de nacimiento. Se encontraba en un lugar hmedo y fro que ola vagamente 
a cal. Al principio no estaba asustada, slo confusa, tanteando con cuidado las 
paredes de la estancia a medida que avanzaba. Estaban construidas con bloques 
de piedra unidos con cemento. Tras una pequea exploracin se percat de que, 
en realidad, tan slo haba una pared en una habitacin redonda. Slo se oan sus 
propios pasos y el ruido de fondo acompasado y siseante de la lluvia tabaleando 
sobre su cabeza contra el techo de pizarra.
    En el sueo, se alejaba de la pared, caminando por un suelo compacto de 
madera, con las manos extendidas hacia delante. Aunque no encontraba nada, su 
curiosidad se transformaba en miedo. De pronto se detena, permaneciendo ab-
solutamente inmvil, con la certeza de haber odo algo siniestro. Un sonido sutil, 
enmascarado por el suave pero insistente repiqueteo de la lluvia. Volvi a orlo. Un 
chirrido.
    Por un instante pens en una rata, gorda y repugnante, pero el sonido era 
demasiado prolongado y extrao para ser provocado por una rata. Pareca ms un 
crujido que un chirrido, aunque tampoco era como el crujido de una tabla de 
madera al ser pisada. Se desvaneca para volver unos segundos ms tarde... se 
desvaneca y volva rtmicamente.
    Cuando Holly se percat de que lo que oa era el quejido de algn mecanismo 
desengrasado, debera haberse tranquilizado. En lugar de eso, de pie en medio de 
la tenebrosa habitacin, tratando de imaginar qu tipo de mquina podra ser, sinti 
que se aceleraban los latidos de su corazn. El crujido se hizo ligeramente ms 
audible, aunque su frecuencia rtmica haba aumentado considerablemente; en 
lugar de un crujido cada cinco o seis segundos, el sonido resurga cada tres o 
cuatro, luego cada dos o tres, y al final una vez por segundo.
    De pronto, se inici tambin un inslito y rtmico ziiip, ziiip, ziiip, sincronizado 
con el crujido. Era el sonido de un objeto plano que cortaba el aire.
    Ziiip.
    Estaba cerca. No obstante, Holly no sinti ninguna corriente de aire.
    Ziiip.
    Le sobrevino la loca idea de que se trataba de una cuchilla. Una gran cuchilla. 
Afilada. Cortando el aire. Enorme...
    Ziiip.
    Intuy que algo terrible se acercaba, una entidad tan extraa que ni siquiera la 
luz ni la visin completa de lo que fuera podra proporcionar comprensin 
alguna. Aunque se daba cuenta de que soaba, saba que deba salir rpidamente 
de aquel lugar fro y ptreo, o morir. No se puede escapar de una pesadilla 
echndose a correr, as que Holly tena que despertar, pero no poda, estaba 
demasiado cansada, era incapaz de romper las ligaduras del sueo. Entonces la 
oscura habitacin empez a dar vueltas. Senta que una gran estructura estaba 
dando vueltas y ms vueltas crujido, ziiip, penetrando en la lluviosa noche 
crujido, ziiip, y girando crujido, ziiip, cortando el aire... crujido, ziiip. Holly 
trataba de gritar crujido, ziiip, pero no poda emitir ningn sonido, no poda 
despertar ni gritar para pedir ayuda. ZIIIP!
    
    
    No!
    Jim se incorpor en la cama al emitir aquella exclamacin. Estaba cubierto con 
un sudor fro y temblaba violentamente.
    Se haba quedado dormido con la lmpara encendida, algo que le ocurra con 
frecuencia, aunque casi siempre de forma intencionada y no accidental. Durante 
ms de un ao, su sueo se haba visto turbado por numerosas pesadillas plaga-
das de espectros malignos que slo recordaba en parte al despertar. La criatura 
amorfa y desconocida que l llamaba el enemigo, y con la que so mientras se 
recuperaba en la rectora de Nuestra Seora del Desierto, era la figura ms terro-
rfica de sus pesadillas, aunque no era el nico monstruo.
    Sin embargo, en esta ocasin el origen del terror no era una persona o una 
criatura. Era un lugar: un molino.
    Mir el reloj que haba junto a la cama. Eran las cuatro menos cuarto de la 
madrugada.
    Llevando tan slo la parte inferior del pijama, se levant de la cama y entr en 
la cocina. La luz del fluorescente le lastim los ojos. Bien. Quera que se esfumara 
cualquier residuo de sueo persistente.
    El maldito molino...
    Enchuf la mquina del caf y prepar una fuerte mezcla colombiana. Sorbi la 
mitad de la taza mientras estaba de pie junto a la repisa de la cocina, luego volvi a 
llenar la taza y se sent a la mesa del desayuno. Estaba dispuesto a beber todo el 
caf porque no poda correr el riesgo de volver a la cama y dormirse otra vez.
    Toda pesadilla alteraba su reposo, pero la del molino le infliga autntico dolor 
fsico. Siempre que despertaba tras haberla sufrido, le dola el pecho, como si el 
corazn se hubiera magullado al martillear con fuerza el esternn. A veces los 
temblores tardaban horas en desaparecer por completo, y a menudo tena dolores 
de cabeza que recorran la parte superior de su crneo, palpitando con tal mpetu 
que pareca como si un ente desconocido quisiera salir fuera de l. Saba que si se 
miraba en un espejo, su rostro aparecera extremadamente plido y exhausto, con 
crculos oscuros alrededor de los ojos, como si fuera el de un enfermo terminal de 
cncer a quien la enfermedad ha absorbido el jugo de la vida.
    La pesadilla del molino no era de las ms frecuentes que le atormentaban, y de 
hecho slo turbaba su sueo una o dos noches al mes. Pero era, con diferencia, la 
peor.
    En realidad, no ocurra casi nada. Volva a ser un nio de diez aos; estaba 
sentado en el suelo de madera polvoriento del piso de arriba, sobre la estancia 
principal donde se guardaban las antiguas piedras de molino, con la nica luz 
vacilante de una gruesa vela. La noche se cerna tras las estrechas ventanas, que 
eran casi como las angostas aberturas de un castillo en sus paredes de piedra 
caliza. La lluvia repicaba contra los cristales. De pronto, emitiendo un crujido 
parecido al de una mquina desengrasada y oxidada, las cuatro grandes aspas de 
madera empezaban a girar fuera, ms y ms rpido, cortando el aire hmedo como 
guadaas gigantes. El eje vertical, que surga del techo y desapareca por un 
taladro situado en el centro del suelo, tambin empezaba a girar, creando el espe-
jismo de que el mismo suelo comenzaba a dar vueltas como un tiovivo. En el piso 
de abajo, las antiguas piedras de molino empezaban a rodar, produciendo un 
suave retumbar que recordaba a un trueno lejano.
    Eso era todo. Nada ms. No obstante, aquello le produca un miedo 
indescriptible.
    Tom un largo sorbo de caf.
    Lo ms sorprendente era que fuera del mundo de los sueos, el molino haba 
sido un lugar acogedor, nunca un escenario de dolor o terror. Se hallaba situado 
entre un estanque y un campo de trigo en la granja de sus abuelos. Para un nio 
nacido y educado en la ciudad, el gran molino era una estructura extica y 
misteriosa, un lugar perfecto para jugar y dejarse llevar por la fantasa, un refugio 
confortable para huir de los problemas. No entenda por qu tena pesadillas 
acerca de un lugar del que slo guardaba buenos recuerdos.
    
    
    Despus de que aquel sueo espantoso finalizase sin despertarle, Holly Thorne 
durmi tranquilamente el resto de la noche, tan inmvil como una piedra en el 
fondo del mar.
    
    
    
    3
    
    
    Sbado por la maana. Holly tomaba el desayuno en un reservado de la 
cafetera del motel. La mayor parte de los otros clientes eran obviamente 
veraneantes: familias ataviadas como si llevaran uniforme compuesto de shorts, 
pantalones blancos y lustrosas camisas de colores. Algunos de los nios llevaban 
gorras y camisetas que anunciaban Disneylandia, el Mundo Marino o la Granja de 
bayas de Knott. Mientras coman, los padres se apiaban sobre mapas y folletos, 
planeando las rutas que les llevaran a una de las muchas atracciones tursticas 
que California ofreca. Haba tal colorido de camisas en el restaurante, que un 
extraterrestre habra supuesto que Ralph Lauren era el lder de una importante 
religin o el dictador del mundo. Mientras coma tortitas de arndano, Holly estudi 
la lista de personas que haban escapado de la muerte gracias a la oportuna 
intervencin de Jim Ironheart:
    
    
    15 de mayo
    Sam y Emily Newsome. Atlanta, Georgia. Asesinato.
    
    7  de junio
    Louis Andretti. Corona, California. Mordedura de serpiente.
    
    21 de junio
    Thaddeus Johnson. Nueva York, Nueva York. Asesinato.
    
    30 de junio
    Rachael Steinberg. San Francisco, California. Asesinato.
    
    5 de julio
    Carmen Daz. Miami, Florida. Incendio.
    
    14 de julio
    Amanda Cutter. Houston, Tejas. Asesinato.
    
    20 de julio
    Steven Aimes. Birmingham, Alabama. Asesinato.
    
    1 de agosto
    Laura Lenaskian. Seattle, Washington. Ahogada.
    
    8 de agosto
    Doogie Burkette. Peoria, Illinois. Ahogada.
    
    12 de agosto
    Billy Jenkins. Portland, Oregn. Accidente de trfico.
    
    20 de agosto
    Lisa y Susan Jawolski, Desierto Mojave. Asesinato.
    
    23 de agosto
    Nicholas O'Conner. Boston, Massachusetts. Explosin.
    
    
    Algunos ejemplos eran obvios. De las catorce personas rescatadas, seis eran 
nios. La edad de otras siete iba de los veintitrs a los treinta aos. Slo una de 
ellas era mayor: Steven Aimes, que tena cincuenta y siete. Ironheart favoreca a 
los jvenes. Era evidente que sus actuaciones aumentaban progresivamente: un 
episodio en mayo; tres en junio; tres en julio; y cinco en agosto, y an quedaba una 
semana para que acabara el mes.
    Holly se senta especialmente intrigada por el nmero de personas que habran 
sido asesinadas sin la intervencin de Ironheart. Cada ao mora mucha ms gente 
a causa de accidentes que de asesinatos. Tan slo los de trfico ya eran ms 
numerosos que los crmenes. No obstante, Jim Ironheart intervena en un nmero 
considerablemente mayor de homicidios que de accidentes: ocho de las catorce 
personas de la lista se haban salvado de las mortferas intenciones de sus agreso-
res, ms de un sesenta por ciento.
    Quiz sus premoniciones guardaban mayor relacin con el asesinato que con 
otras formas de muerte, ya que la violencia humana generaba unas vibraciones 
psquicas ms fuertes que los accidentes...
    Holly dej de masticar y su mano, sosteniendo el tenedor del que colgaba un 
pedazo de tortita, se detuvo antes de llegar a la boca, como si se hubiese 
apercibido de lo extraa que era aquella historia. Haba actuado a un ritmo 
desenfrenado, movida por una ambicin y curiosidad periodstica. Su excitacin, 
seguida del agotamiento, le haban impedido considerar objetivamente las 
implicaciones y consecuencias de las acciones llevadas a cabo por Jim Ironheart. 
Dej a un lado el tenedor y mir fijamente el plato, buscando respuestas a partir de 
los restos de comida, del mismo modo que los gitanos leen en las hojas de t y la 
palma de las manos.
    Quin demonios era Jim Ironheart? Alguien con poderes sobrenaturales?
    Nunca haba tenido mucho inters en los poderes mentales y las percepciones 
extrasensoriales. Saba que existan ciertas personas que aseguraban ser capaces 
de ver a un asesino con slo tocar las ropas que llevaba su vctima; que a veces 
ayudaban a la polica a hallar los cuerpos desaparecidos de hombres y mujeres; 
que estaban bien remunerados por el National Enquirer para predecir 
acontecimientos mundiales y futuros desenlaces en las vidas de las celebridades, y 
que afirmaban canalizar las voces de los muertos hacia los vivos. Pero su inters 
en lo sobrenatural era tan exiguo que nunca se haba formado una opinin acerca 
de la validez de aquellas afirmaciones. No crea que toda esa gente fuera un 
fraude, pero aquel asunto la aburra demasiado para molestarse lo ms mnimo.
    Holly imaginaba que su obstinada racionalidad y cinismo podan ceder lo 
suficiente para aceptar la posibilidad de que hubiera algn mdium poseedor de 
autnticos poderes, aunque no estaba segura de que mdium fuera una descrip-
cin adecuada a Jim Ironheart. Aquel tipo no se hallaba en una situacin precaria 
prediciendo en cualquier rincn que dentro de un ao Steven Spielberg dirigira otra 
pelcula de xito vaya sorpresa!, o que Schwarzenegger seguira hablando 
ingls con acento, o que Tom Cruise iba a dejar a su novia actual, o que Eddie 
Murphy continuara siendo negro en un futuro previsible. Aquel tipo conoca los 
hechos precisos de cada una de aquellas muertes inminentes quin, cundo, 
dnde, cmo con suficiente antelacin para cambiar el destino. No doblaba 
cucharillas con el poder de su mente, ni hablaba con la voz grave de un antiguo 
espritu llamado RamaLamaDindong, ni lea el futuro en las entraas, las 
gotas de cera o las cartas del Tarot. Por el amor de Dios!, salvaba vidas, alterando 
destinos y causando una profunda impresin, no slo en los  que haba librado de 
la muerte, sino tambin en los amigos y familias que habran quedado destrozados. 
El alcance de su poder se extenda a lo largo de cinco mil kilmetros, desde 
Laguna Niguel hasta Boston.
    De hecho, sus heroicidades quiz trascendan las fronteras de los Estados 
Unidos. No haba investigado las noticias de la prensa internacional durante los 
ltimos seis meses, pero tal vez haba salvado vidas en Italia, Francia, Alemania, 
Japn, Suecia o Pago Pago.
    La palabra mdium era definitivamente inadecuada. Holly ni siquiera poda 
imaginar un trmino apropiado que describiera sus poderes.
    De pronto, una sensacin maravillosa se apoder de ella, una sensacin que 
no haba experimentado desde que era pequea. Al mismo tiempo un sentimiento 
de temor hizo que se estremeciera.
    Quin era aquel hombre? Qu era?
    Unas horas atrs, al leer el artculo acerca de Nicholas O'Conner en Boston, 
Holly haba sabido que persegua una gran noticia. Cuando examin el material 
proporcionado por Newsweb, sinti que podra ser el hallazgo ms grande de su 
carrera. Empezaba a sospechar que aquello poda convertirse en la noticia ms 
importante de la dcada.
     Est todo bien?
    Todo esto es muy extrao dijo Holly antes de apercibirse de que alguien la 
observaba.
    La camarera Bernice, segn el nombre que estaba bordado en la blusa de su 
uniforme se hallaba junto a su mesa con una expresin de inquietud. Holly se 
percat de que haba estado mirando atentamente el plato mientras pensaba en 
Jim Ironheart, y de que no haba tomado un solo bocado durante un buen rato. 
Bernice lo advirti y pens que algo iba mal.
    Extrao? pregunt Bernice frunciendo el ceo.
    Ah, s... Es extrao que haya entrado en lo que parece una cafetera normal 
y que est comiendo las mejores tortitas de arndano que he probado en mi vida.
    Bernice vacil en decidir si Holly le estaba tomando el pelo.
     A usted... a usted le gustan realmente?
    Me encantan respondi Holly, cogiendo un bocado con el tenedor y 
masticando las fras y mal cocidas tortitas con entusiasmo.
     Estupendo! Quiere algo ms? Slo la cuenta dijo Holly.
    Se senta hambrienta, por eso sigui comiendo las tortitas despus de que 
Bernice se hubiera ido.
    Mientras coma, Holly recorri el restaurante con la mirada, observando a los 
turistas que comentaban las mltiples experiencias vividas y especulaban sobre las 
que todava estaban por venir. Por primera vez en muchos aos, senta la emocin 
de saber lo que los otros ignoraban. Era una periodista con un secreto celosamente 
guardado. Despus de investigar el caso en profundidad, y de redactarlo con una 
prosa cristalina y directa, al mejor estilo periodstico de Hemingway al menos lo 
intentara el artculo se publicara en primera pgina de los peridicos ms 
importantes del pas, del mundo entero. Y lo mejor de todo, lo ms emocionante, 
era que su secreto no tena nada que ver con un escndalo poltico, trfico de 
drogas o alguna de las innumerables formas de terror y tragedia que sustentaban 
los modernos medios de comunicacin. Su artculo tratara sobre la admiracin y el 
asombro, el valor y la esperanza, sobre la tragedia evitada, muertes frustradas.
    La vida es tan hermosa, pens Holly, incapaz de dejar de sonrer a sus 
compaeros de mesa.
    
    
    Lo primero que hizo Holly despus de desayunar, con la ayuda de un contacto 
en la calle llamado Thomas Guide, fue localizar la casa de Ironheart en Laguna 
Niguel. Haba conseguido la direccin a travs del ordenador desde Portland, 
comprobando los datos de las transacciones inmobiliarias llevadas a cabo en 
Orange County desde principios de ao. Supuso que cualquier afortunado ganador 
de seis millones de dlares en la lotera, se gastara algo en la compra de una 
nueva casa, y lo supuso correctamente. Ironheart haba sacado el premio gordo a 
principios de enero, presumiblemente gracias a su clarividencia. El tres de mayo 
adquiri una casa en Bougainvillea Way. Ya que en los datos no figuraba que hu-
biera vendido propiedad alguna, habra estado viviendo en algn piso alquilado 
antes del golpe de suerte.
    Se sorprendi de comprobar que viva en una casa bastante modesta. El barrio 
era nuevo, situado a la altura de Crown Valley Parkway, y posea la pulcritud y 
precisin planificada propios del sur de Orange County. Las calles eran anchas, 
graciosamente dispuestas, bordeadas de jvenes palmeras y mirtceas, y las 
casas imitaban distintos estilos mediterrneos, con tejados en diferentes 
tonalidades rojas, o tejas color arena o melocotn. No obstante, incluso en una 
ciudad del sur del condado tan deseable como Laguna Niguel, donde el coste del 
metro cuadrado rivalizaba con el de un tico en Manhattan, Ironheart poda 
permitirse algo mejor. Su casa no pareca tener ms de ciento ochenta metros 
cuadrados, el modelo ms pequeo del vecindario; estuco de color crema; grandes 
ventanales sin ningn alarde esttico; un csped exuberante, aunque pequeo, con 
azaleas, plantas, y un par de esbeltas palmeras que, bajo el templado sol matinal 
proyectaban un encaje de sombras en las paredes.
    Conduca despacio, observando la casa con detenimiento. No haba ningn 
coche en el camino que conduca a ella. Las cortinas de las ventanas estaban 
echadas. Holly no tena ningn medio a su alcance para averiguar si Ironheart es-
taba en casa, a menos que se dirigiera a la puerta principal y pulsara el timbre. 
Pero todava no haba llegado el momento.
    Al final de la manzana, dio la vuelta y volvi a pasar por delante de la casa. El 
lugar era atractivo, agradable, y a la vez tan corriente... Era impensable creer que 
tras aquellas paredes viva un hombre excepcional, con secretos asombrosos.
    
    
    La casa de Viola Moreno, en Irvine, se hallaba situada en uno de esos 
vecindarios rodeados de zona verde que la Compaa Irvine construy durante los 
aos sesenta y setenta, en el que los setos haban entrado en una leosa madurez 
y los eucaliptos de resina, as como los laureles indios, se elevaban lo suficiente 
para proporcionar abundante sombra, incluso en los das ms radiantes y 
despejados de verano. Estaba amueblada pensando ms en el confort que en el 
estilo: un sof bien acolchado, cmodos sillones y taburetes, todo ello en tonos ma-
rrones, con cuadros paisajsticos destinados al sosiego de la vista y de la mente. 
Montones de revistas y estanteras llenas de libros se hallaban por doquier. Holly 
se sinti como si estuviera en casa desde el mismo momento en que cruz el 
umbral.
    Viola era una persona tan afable y encantadora como su propia casa. Tena 
alrededor de cincuenta aos, mexicanoestadounidense, con una piel perfecta de un 
tono cobrizo ligeramente bronceado y unos ojos alegres, a pesar de ser tan negros 
como la tinta de un calamar. Aunque era algo bajita y se haba hecho ms 
corpulenta con el paso de los aos, no era difcil adivinar que en el pasado habra 
provocado en los hombres miradas de admiracin y deseo al verla, girando la 
cabeza con desespero hasta romperse una vrtebra; segua siendo una mujer 
encantadora. Estrech la mano de Holly en la puerta y, cogindola del brazo, la 
condujo a travs de su pequea casa hasta llegar al patio, como si fueran viejas 
amigas y no dos desconocidas que se haban presentado por telfono el da an-
terior.
    En el patio, que daba a un terreno cuadrangular sembrado de csped, haba 
una mesa con una jarra de limonada y dos vasos. Las sillas de junco estaban 
acolchadas con gruesos cojines amarillos.
    Paso aqu la mayor parte del verano dijo Viola, mientras se acomodaban 
en las sillas. El da no era demasiado caluroso, haca un aire seco y limpio. Es un 
bonito rincn del mundo, no le parece?
    El ancho pero poco profundo valle separaba una fila de casas de la siguiente. 
Estaban protegidas por la sombra de altos rboles y decoradas con grandes tiestos 
llenos de flores violetas y rojas. Dos ardillas bajaron correteando por una suave 
cuesta y atravesaron un sendero serpenteante.
    Muy bonito asegur Holly, mientras Viola serva la limonada en los vasos.
    Mi marido y yo compramos la casa cuando los rboles no eran ms que 
palos y la zona verde todava no estaba hecha. Pero imaginbamos lo que llegara 
a ser algn da, y, a pesar de ser jvenes, tenamos paciencia. Suspir. A 
veces paso malos ratos, me amarga pensar que muriera tan joven y no tuviera la 
oportunidad de ver en o que se ha convertido todo esto. Pero la mayor parte del 
tiempo disfruto de lo que me rodea, sabiendo que Joe se halla en algn lugar mejor 
que este mundo y que, de algn modo, le complace mi dicha.
    Lo siento dijo Holly, no saba que fuera viuda.
    Claro que no lo saba, querida. Cmo iba a saberlo? De todas formas, 
sucedi hace mucho tiempo, en 1969, cuando yo no tena ms de treinta aos y l 
treinta y dos. Mi marido era marine, y estaba orgulloso de serlo, al igual que yo. 
Aunque muri en Vietnam, sigo orgullosa de ello.
    Holly se sorprendi al pensar en que muchas de las primeras vctimas del 
conflicto habran pasado ahora la mediana edad. Las viudas que haban dejado 
atrs haban vivido ms aos sin ellos que con ellos. Cunto tiempo tendra que 
transcurrir hasta que Vietnam pareciera tan antigua como las cruzadas de Ricardo 
Corazn de Len o las guerras del Peloponeso?
    Fue una prdida tan grande... dijo Viola con un tono de amargura en la 
voz. Pero la amargura desapareci al cabo de un instante, cuando aadi: Hace 
ya tanto tiempo...
    Holly imaginaba que la vida de aquella mujer un tranquilo y pacfico viaje de 
pequeos y confortables placeres  se reduca a una sola parte de su historia. El 
tono firme y amoroso que usaba Viola cuando se refera a Joe como mi marido, 
evidenciaba que por mucho tiempo que pasara, su recuerdo no se borrara de su 
mente, y que no haba existido otro hombre despus de l. Su vida haba cambiado 
profundamente vindose limitada a causa de su muerte. Aunque era una persona 
optimista y sociable por naturaleza, haba una sombra trgica en su corazn.
    Una leccin bsica que cualquier buen periodista aprenda al iniciar su carrera 
era que la gente pocas veces se limitaba a ser tan slo lo que aparentaba, sino que 
era tan complicada como el misterio de la vida misma. Viola dio un sorbo a la 
limonada.
     Demasiado dulce. Siempre pongo demasiado azcar. Lo siento. Dej el 
vaso sobre la mesa. Ahora hbleme de ese hermano que est buscando. Me 
tiene bastante intrigada.
     Como le dije cuando la telefone desde Portland, yo fui una nia adoptada. 
Las personas que me adoptaron fueron unos padres maravillosos, les quise tanto 
como hubiese querido a mis autnticos padres, pero... En fin...
    Naturalmente, desea conocer a sus verdaderos padres.
    Es como si... hubiera un vaco en mi interior, un lugar oscuro en mi corazn 
dijo Holly, tratando de no exagerar demasiado.
    No se sorprenda de la facilidad con que menta, sino por lo bien que lo haca. 
El engao era un mecanismo necesario para obtener informacin de una fuente 
que, de otra forma, habra sido reacia a hablar. Periodistas sumamente elogiados 
como Joe McGinnis, Joseph Wambaugh, Bob Woodward y Carl Berstein, alguna 
que otra vez haban abogado en favor de esta artimaa con tal de conseguir la 
verdad. Sin embargo, Holly nunca haba posedo la habilidad demostrada en aquel 
momento. Al menos tena la delicadeza de sentirse avergonzada de sus mentiras, 
algo que evitaba manifestar a Viola Moreno.
    Aunque los datos de la agencia de adopcin eran insuficientes supe que mis 
verdaderos padres, mis padres biolgicos, murieron hace veinticinco aos, cuando 
yo slo tena ocho. As que nunca tendr la oportunidad de conocerlos.
    En realidad, eran los padres de Jim Ironheart los que haban muerto veinticinco 
aos atrs, cuando l slo tena diez, hecho que Holly haba descubierto en los 
artculos que hablaban del ganador del premio gordo.
    Oh, lo siento. Es terrible. Ahora soy yo la que debe sentirse apenada por 
usted dijo Viola, con autntico dolor en su suave voz.
    Holly se sinti como una sinvergenza. Al urdir aquella falsa tragedia personal 
pareca burlarse de la autntica prdida de Viola. No obstante, sigui adelante:
    Podra haber sido mucho ms triste porque, como le dije por telfono, he 
descubierto que tengo un hermano.
    Inclinndose hacia delante, con los brazos sobre la mesa, Viola estaba ansiosa 
por or los detalles y saber cmo podra ayudarla.
     Hay algo que pueda hacer para ayudarle a encontrar a su hermano?
    No exactamente. Mire, en realidad ya le he encontrado.
     Fantstico!
    Pero... tengo miedo de conocerle.
    Miedo? Por qu?
    Holly dirigi la mirada hacia el jardn y trag saliva dos veces, como si se 
ahogara por la emocin y tratara de mantener el control de s misma. Lo estaba 
haciendo muy bien. Una actuacin digna de un scar. Se odiaba por ello. Cuando 
habl, consigui dar a su voz un sutil y convincente temblor:
    Por lo que s, es el nico pariente sanguneo que tengo en el mundo, y mi 
nico vnculo, los padres que nunca conocer. Es mi hermano, seora Moreno, y le 
quiero. A pesar de que nunca le he visto, le quiero. Pero si de pronto aparezco y le 
abro mi corazn, probablemente... desear no haberme conocido, o algo parecido. 
Me voy a pudrir en el infierno por esto, pens Holly con desdicha. Quiz mi 
presencia le disguste.
    Por amor de Dios, por supuesto que le gustar! Por qu no iba a gustarle 
una agradable y simptica muchacha como usted? Por qu no iba a estar 
encantado de tener a alguien tan adorable por hermana?
    Bueno dijo Holly, puede que a usted le parezca una tontera, pero es 
algo que me preocupa. No suelo causar una buena primera impresin en la gente...
    A m me ha causado una excelente impresin, querida.
    Pisoteme la cara pens Holly, por qu no lo hace?
    No quiero precipitarme dijo Holly. Deseo saber todo lo posible acerca de 
l antes de llamar a su puerta. Quiero saber lo que le gusta, lo que no le gusta, lo 
que piensa acerca de... oh, acerca de todo tipo de cosas. Dios mo, seora Moreno, 
no quiero estropear nada de todo esto. Viola asinti.
     Imagino que habr venido a m porque conozco a su hermano. Quiz lo tuve 
como alumno en alguna de mis clases aos atrs.
     Usted da clases de historia en un centro de enseanza secundaria en Irvine, 
verdad?
    As es. He trabajado all desde que Joe muri.
     Bien, mi hermano no era uno de sus estudiantes. Era profesor de ingls en 
el mismo centro. Averig que l trabaj all, y que usted imparti sus clases en el 
aula contigua durante diez aos, le conoca muy bien.
    El rostro de Viola resplandeci sonriente.
     Se refiere a Jim Ironheart! As es. Mi hermano.
     Esto es fantstico, maravilloso, es perfecto! exclam Viola entusiasmada.
    La reaccin de la mujer era tan excesiva que Holly parpade sorprendida sin 
saber qu decir.
    Es un buen hombre afirm Viola con autntico afecto. Nada me hubiese 
complacido ms que tener un hijo como l. De vez en cuando viene por aqu a 
cenar, y yo cocino para l y le cuido como una madre, aunque antes vena ms a 
menudo. No puedo expresar el placer que ello me proporciona. Una expresin de 
melancola se apoder de ella y permaneci en silencio unos momentos  . De 
cualquier modo... no podra haber encontrado un hermano mejor, querida. Es una 
de las personas ms amables que he conocido, un profesor lleno de vocacin, tan 
bondadoso, tan carioso y paciente...
    Holly pens en Norman Rink, el psicpata que haba matado a un dependiente 
y dos clientes en aquella tienda de Atlanta el pasado mes de mayo, y que a su vez 
haba sido liquidado por el amable y bondadoso Jim Ironheart. Ocho tiros a 
quemarropa. Cuatro de los cuales fueron disparados cuando Rink ya estaba 
muerto. Puede que Viola Moreno conociera bien a aquel hombre, pero era evidente 
que no tena idea de la rabia que poda surgir de l en situaciones extremas.
     He conocido a buenos profesores a lo largo de los aos, pero ninguno se 
preocupaba tanto de sus alumnos como lo haca Jim Ironheart. Realmente cuidaba 
de ellos como si fueran sus propios hijos. Se recost en la silla y sacudi la ca-
beza, recordando. Les daba tanto de s... Quera a toda costa que sus vidas 
progresaran y todos, excepto algunos casos perdidos, le respondan. Tena una 
relacin con sus alumnos que otros profesores hubieran deseado a toda costa. No 
obstante, no se someta a la tpica relacin entre profesor y alumno. Muchos tratan 
de convertirse en camaradas de sus estudiantes, sabe?, y eso nunca funciona.
     Por qu abandon la enseanza?
    Viola vacil, y su sonrisa se fue desvaneciendo. En parte, debido a la lotera.
     Qu lotera?
     No lo sabe?
    Holly frunci el ceo e hizo un gesto de negacin. En enero gan seis 
millones de dlares.
     Increble!
     El primer boleto que compr en su vida.
    Mientras su sorpresa inicial se transformaba en una mueca de preocupacin, 
Holly dijo:
    Oh, Dios mo, ahora pensar que slo acudo a l porque se ha hecho rico de 
pronto.
    No, no se apresur a asegurar Viola  . Jim nunca pensara eso.
    Las cosas no me van tan mal, sabe? minti Holly. No necesito su 
dinero, y no lo aceptara si tratara de drmelo. Mis padres adoptivos no son ricos 
pero es gente acomodada, son mdicos, y yo soy abogada y tengo una buena 
clientela.
    De acuerdo, de acuerdo, no quieres para nada su dinero pens Holly, 
aborrecindose a s misma de forma tan custica como un cido, pero sigues 
siendo una despreciable zorra mentirosa con un desmedido talento para inventar 
pormenores, y pasars el resto de la eternidad hundida en el fondo del estircol, 
lustrando las botas de Satn.
    De pronto, Viola empuj su silla hacia atrs y se apart de la mesa, se puso en 
pie, y se dirigi al borde del patio. Arranc un hierbajo de un gran tiesto de 
terracota que estaba lleno de begonias, maravillas de color amarillo y 
pensamientos. Con expresin ausente retorci la fina hierba entre los dedos de su 
mano derecha, mirando fijamente los jardines que imitaban un parque.
    La mujer permaneci en silencio durante largo rato.
    Holly se inquiet al pensar que haba dicho algo malo, revelando 
involuntariamente su farsa. A cada instante que pasaba se senta ms nerviosa, 
hasta que se encontr en la necesidad de prorrumpir en excusas por todas las 
mentiras que haba dicho.
    Las ardillas correteaban por la hierba. Una mariposa se pos por un instante en 
el borde de la jarra de limonada para luego alejarse volando.
    Al final, con una voz genuinamente temblorosa, Holly inquiri:
     Seora Moreno, ocurre algo?
    Viola lanz la pequea bola de hierba al csped. Es que me cuesta decidir 
cmo explicar lo que tengo que decirle.
     Decirme qu?
    Volvindose de nuevo hacia ella, y acercndose a la mesa, Viola dijo:
    Me pregunt por qu Jim... por qu su hermano abandon la enseanza. Le 
he dicho que era porque gan la lotera, pero no es del todo cierto. Si le gustara 
ensear tanto como le gustaba unos aos atrs, o incluso hace un ao, seguira 
hacindolo aunque hubiera ganado cien millones de dlares.
    Holly estuvo a punto de dejar escapar un suspiro de alivio al comprobar que su 
engao no haba sido descubierto.
     Qu es lo que le aflige? Perdi a un estudiante. Perdi?
    S. Un alumno de octavo grado llamado Larry Kakonis. Un chico muy brillante 
con un gran corazn, pero trastornado a causa de problemas familiares. Su padre 
propinaba palizas a su madre, le pegaba desde que Larry tena uso de razn y l 
pensaba que deba ser capaz de acabar con todo aquello, pero no poda. Se senta 
responsable, aunque no haba motivo para ello. Era esa clase de chico con fuerte 
sentido de la responsabilidad.
    Viola cogi el vaso de limonada, volvi al borde del patio y de nuevo fij su 
mirada en el csped. Despus, guard silencio.
    Holly esper.
    Finalmente, la mujer dijo:
    La madre era muy dependiente, una vctima del padre, y colaboraba en su 
propio padecimiento. En realidad, estaba tan perturbada como su marido. Larry no 
poda reconciliar el amor hacia su madre con el respeto que le deba, porque pronto 
comprendi que, en cierta forma, a ella le gustaba y necesitaba que le pegaran.
    De sbito, Holly supo adnde ira a parar el asunto y prefera no or el resto. No 
obstante, no tena ms eleccin que seguir escuchando.
    Jim trabaj muy duro con el muchacho. No me refiero tan slo a las clases 
de ingls. Larry confiaba en l como no lo haca en nadie, y Jim le asesoraba con la 
ayuda del doctor Lansing, un psiclogo que trabajaba a media jornada en el distrito 
del colegio. Larry pareca mejorar, luchar para entender a su madre y a s mismo y, 
hasta ciento punto, progresaba. Entonces, una noche, el 15 de mayo del ao 
pasado, hace unos quince meses, aunque es difcil creer que haya pasado tanto 
tiempo, Larry Kakonis cogi una pistola de la coleccin de su padre, la carg, 
introdujo el gatillo en su boca... y se vol la cabeza.
    Holly se ech hacia atrs como si hubiera recibido un golpe. De hecho, haba 
sido golpeada, aunque no fsicamente. Se senta turbada, especialmente por la 
idea de que un muchacho de trece aos se suicidara cuando tena por delante lo 
mejor de la vida. A esa edad, un pequeo problema puede adquirir grandes 
dimensiones y un problema realmente serio puede parecer catastrfico y 
desesperado. Holly sinti una punzada de dolor por Larry Kakonis, y una rabia 
indefinida porque el chico no haba tenido el tiempo suficiente de aprender que 
todos los horrores se pueden afrontar y que, en realidad, la vida ofrece ms 
alegras que desgracias. Pero se hallaba perpleja ante la fecha del suicidio: 15 de 
mayo.
    Un ao ms tarde, el mismo da, Jim Ironheart haba llevado a cabo su primer 
rescate milagroso: Sam y Emily Newsome, en Atlanta, Georgia, fueron salvados de 
morir a manos de un psicpata atracador llamado Norman Rink.
    Holly no pudo permanecer sentada por ms tiempo. Se levant y se reuni con 
Viola al borde del patio. Observaron las ardillas.
    Jim se culp a s mismo dijo Viola.
     Por Larry Kakonis? Pero l no era responsable.
     Se culp a s mismo de todas formas. Es su manera de ser. Sin embargo, su 
reaccin pareci excesiva, incluso para Jim. Despus de la muerte de Larry, perdi 
todo inters en la enseanza. Dej de creer que poda hacer algo. Haba tenido 
tantos xitos... Ms que cualquier otro profesor que yo haya conocido. Pero ese 
fracaso fue demasiado para l.
    Holly record la valenta con que Jim Ironheart apart a Billy Jenkins de delante 
del camin que se precipitaba sobre l. Aquello, ciertamente, no haba sido un 
fracaso.
    Fue sucumbiendo en una espiral de tristeza de la que no poda recobrarse 
dijo Viola.
    El hombre que Holly conoci en Portland no pareca deprimido. Misterioso, s, y 
reservado. Pero tena sentido del humor y sonrea con facilidad.
    Viola tom un sorbo de limonada.
     Es curioso que ahora tenga un sabor tan amargo. Dej el vaso en el 
suelo, junto a sus pies, y se sec la mano hmeda en el pantaln. Se dispuso a 
hablar, vacil, y finalmente dijo: Luego... se volvi algo extrao.
     Extrao? En qu sentido?
    Introvertido. Callado. Empez a practicar artes marciales. Taekwondo. 
Imagino que mucha gente est interesada en este tipo de cosas, pero no encaja 
con el carcter de Jim.
    A Holly no le pareci que fuera algo tan ajeno al carcter del Jim Ironheart que 
ella conoca.
    Y no se trataba de algo intrascendente para l. Cada da despus de clase 
se iba a un lugar de Newport Beach en donde reciba lecciones. Se lleg a 
obsesionar. Estaba preocupada por l. As que en enero, cuando gan la lotera, 
me alegr mucho. Seis millones de dlares! Es algo estupendo, una suerte 
enorme, pareca que aquello iba a cambiar su vida, a sacarle de su depresin.
     Pero no fue as?
    No. No pareca especialmente sorprendido o alegre. Dej la enseanza y se 
mud del apartamento para irse a una casa y... se alej todava ms de sus 
amigos. Se volvi hacia Holly y sonri. Era la primera sonrisa que esbozaba en 
un buen rato  . sa es la razn de mi entusiasmo al saber que usted era su 
hermana, una hermana cuya existencia l desconoce. Porque, a lo mejor, usted 
sea capaz de hacer por l lo que no han podido hacer seis millones de dlares.
    El sentimiento de culpabilidad volvi a apoderarse de Holly, haciendo que se 
ruborizara. Esper que Viola lo interpretara como un rubor provocado por la alegra 
o la emocin.
    Sera maravilloso que yo pudiera hacer algo.
    Usted puede, estoy segura. Se encuentra solo, o siente que lo est. Eso 
forma parte de su problema. Con una hermana, nunca ms volver a estar solo. 
Vaya a verlo hoy, ahora mismo.
    Holly sacudi la cabeza.
    Ir lo antes posible, pero, todava no. Necesito... adquirir confianza. No le 
dir nada acerca de m, verdad?
    Desde luego que no, querida. Le corresponde a usted tener la alegra de 
decrselo, y se ser un momento maravilloso.
    La sonrisa de Holly pareca esbozada por unos labios plsticos y rgidos 
pegados a la cara, resultando tan falsa como parte de un disfraz de la vspera de 
Todos los Santos.
    Unos minutos ms tarde, en la puerta principal, cuando Holly se dispona a 
marcharse, Viola apoy la mano en su brazo y dijo:
    No quiero que me malinterprete. No ser fcil levantarle el nimo, hacer que 
vuelva a ser el de antes. Por lo que conozco de Jim, siento que hay una profunda 
tristeza en su interior, como una mancha perenne, y comprensible si se tiene en 
cuenta lo que pas con sus padres, el quedarse hurfano a los diez aos, en fin... 
todo eso.
    Holly asinti.
    Gracias. Me ha sido de gran ayuda.
    Viola la abraz impulsivamente, le plant un beso en la mejilla y dijo:
    Quiero que usted y Jim vengan a cenar en cuanto sea posible. Empanadas 
caseras de maz, frijoles negros, y arroz jalapeo tan picante que os va a derretir 
los empastes.
    Holly se senta aturdida y complacida a la vez: complacida de haber conocido a 
aquella mujer, que rpidamente pareca convertirse en la ta preferida a la que se 
conoce desde siempre; aturdida porque la haba conocido y haba sido aceptada 
por ella a travs de mentiras.
    Mientras se diriga a su coche alquilado, Holly se recrimin sin piedad a s 
misma por lo bajo. Su conocimiento de palabras desagradables y frases 
irrecusables era ms que amplio. Tras doce aos en salas de redaccin, en 
compaa de reporteros, haba adquirido tal familiaridad con el lenguaje obsceno 
que le asegurara el trofeo en un concurso hipottico de juramentos, aunque el peor 
rival estuviera aquejado por el sndrome de Tourette.
    
    
    En las pginas amarillas slo figuraba una escuela de taekwondo en Newport 
Beach. Se hallaba en un centro comercial de Newport Boulevard, entre una tienda 
de cortinas y una pastelera.
    El lugar se llamaba Dojo, que en japons significa entrenamiento de artes 
marciales, lo que equivala a que un restaurante fuera llamado Restaurante o 
una boutique Boutique. A Holly le sorprendi aquel nombre genrico, porque los 
empresarios asiticos a menudo manifestaban una sensibilidad potica en lo 
concerniente a los nombres de sus empresas.
    En la acera, frente a la gran ventana de Dojo, haba tres personas comiendo 
clairs de chocolate envueltas en los deliciosos aromas que llegaban desde la 
pastelera de al lado; estaban observando una clase de seis alumnos que 
realizaban sus ejercicios rutinarios con un rechoncho, aunque extraordinariamente 
gil, instructor coreano vestido con un pijama negro. Cada vez que el profesor 
lanzaba a un alumno contra la estera, el cristal de la ventana vibrada.
    Al entrar, Holly pas del aroma a chocolate, canela, azcar y levadura, a una 
atmsfera cargada de incienso rancio con un vago olor a sudor. Gracias a un 
artculo que escribi acerca de un adolescente de Portland que haba ganado una 
medalla en una competicin nacional, saba que el taekwondo era una variante del 
krate de origen coreano, en la que se combinaban fuertes puetazos, golpes 
cortantes con la mano, apretones asfixiantes y patadas devastadoras. Aunque el 
profesor moderaba sus golpes, podan orse bastantes gruidos, jadeos, ex-
clamaciones guturales y ruidos discordantes cuando los alumnos caan sobre la 
estera.
    En el lado derecho de la habitacin haba una morena sentada en un taburete 
detrs de un mostrador, ocupada con unos papeles. Hasta el ms mnimo detalle 
de su indumentaria supona un anuncio de su sexualidad. Una ceida camiseta roja 
destacaba su amplio busto y marcaba sus pezones grandes como cerezas. Con su 
melena despeinada color caoba, a la que daban brillo unas mechas rubias 
hbilmente combinadas, sus ojos sombreados de forma sutil, aunque extica, su 
boca pintada de un modo excesivo con pintalabios de color coral oscuro, y 
suficiente bisutera plateada para llenar una vitrina, la convertan en el anuncio 
perfecto para un negocio de mujeres en venta.
    Estn as todo el da, gruendo y jadeando? le pregunt Holly.
    La mayor parte del da, s.
     No le pone nerviosa?
     Oh, s dijo la morena con un guio lascivo, ya s a lo que se refiere. Son 
como una manada de toros embistindose unos a otros. Al cabo de unas horas de 
estar aqu me siento tan excitada que no puedo soportarlo.
    Aquello no era a lo que Holly se refera. Lo que en realidad sugera era que 
hacan el ruido suficiente para provocar una jaqueca, no una excitacin sexual. 
Pero le devolvi el guio y le pregunt: Est el jefe?
     Eddie? Est subiendo un par de cientos de peldaos respondi la mujer 
enigmticamente. Qu desea?
    Holly le explic que era periodista y que estaba realizando un trabajo 
relacionado con el Dojo.
    La recepcionista, si eso es lo que era, resplandeci al escuchar aquellas 
palabras en lugar de lanzarle una mirada furiosa, como sola ocurrir. Eddie, le 
explic, siempre estaba buscando publicidad para su negocio. Se levant del 
taburete y se dirigi a una puerta que haba detrs del mostrador, dejando ver sus 
sandalias de tacn alto y unos apretados shorts blancos que se cean a su 
trasero, tan ajustados como una capa de pintura.
    Holly empez a sentirse como un hombre.
    Como la morena ya le haba indicado, Eddie estaba encantado de or que 
Dojo iba a ser mencionado en el artculo de un peridico, aunque slo fuera de 
modo testimonial. Quera que le entrevistara mientras realizaba su ejercicio de 
peldaos. No era asitico, lo que tal vez explicaba la falta de imaginacin en el 
nombre genrico de su negocio. Alto, rubio, peludo, de ojos azules, y plagado de 
msculos. Llevaba unos shorts negros de ciclista. En aquel momento realizaba 
unos ejercicios en una mquina llamada seor de las escaleras, subiendo 
enrgicamente hacia ningn sitio.
     Es fantstico dijo moviendo de arriba abajo sus piernas extremadamente 
desarrolladas  . Seis tramos ms y estar en la cima del monumento a 
Washington.
    Respiraba agitadamente, pero no tanto como lo hubiera hecho Holly de haber 
subido corriendo los seis tramos de escalera hasta el tercer piso de su apartamento 
en Portland.
    Se sent en la silla que l le indic, quedando el seor de las escaleras 
directamente frente a ella, de forma que Holly vea a Eddie de perfil. Su piel 
bronceada brillaba por el sudor, y oscureca el cabello de la nuca en su grueso 
cuello. Los shorts se cean a su cuerpo tan ntimamente como los de la 
recepcionista. Pareca como si se hubiera anticipado a la visita de Holly y hubiera 
dispuesto con cuidado todos los elementos necesarios para exhibirse a s mismo 
de la mejor manera.
    Aunque de nuevo se dispona a recurrir al engao, Holly no se senta tan mal 
mintindole a Eddie como a Viola Moreno. Por alguna razn, la historia que 
utilizaba esta vez como tapadera era menos fantasiosa: estaba redactando un 
artculo completo y en profundidad acerca de Jim Ironheart lo cual era cierto, 
centrado en las consecuencias que haba tenido en su vida el hecho de ganar la 
lotera lo cual no era cierto, y todo ello con su aprobacin otra mentira. Un 
porcentaje de veracidad cercano al treinta y tres por ciento era suficiente para 
evitar que se sintiera culpable, lo que no deca mucho en favor de su conciencia, 
supona Holly.
     Ha pronunciado Dojo correctamente dijo Eddie. Mirando su pierna 
derecha aadi orgulloso  : Mire esta pantorrilla, dura como una roca.
    En realidad, ella no le haba quitado el ojo de encima.
    La capa de grasa que hay entre mi piel y el msculo apenas existe, se ha 
quemado por completo.
    Otra razn por la que no le importaba mentir a Eddie se deba a que era un 
autntico idiota presuntuoso y egocntrico.
    Tres tramos ms y ya estar en la cima del monumento dijo l.
    El ritmo de su conversacin estaba ligado al de su respiracin, cada palabra 
suba o bajaba de tono con cada inspiracin y espiracin.
     Slo tres? Entonces esperar.
    No, no. Formule las preguntas que quiera. No voy a parar en la cima. Voy a 
ver hasta dnde puedo escalar el Empire State.
     Ironheart era uno de sus alumnos, verdad?
     S. Yo mismo le di clases.
    Vino mucho antes de que ganara la lotera. S. Hace ms de un ao.
     En mayo del ao pasado, creo. Ms o menos.
     Le dijo por qu quera aprender taekwondo?
    No. Pero le apasionaba. Las siguientes palabras las pronunci gritando, 
como si triunfalmente hubiera llevado a cabo una autntica escalada. La cima 
del monumento!
    Aument su ritmo en lugar de aminorarlo.
     Le pareci extrao?
     Por qu?
    Quiero decir... al ser un profesor.
    Aqu tenemos profesores. Todo tipo de gente. Todos quieren propinar alguna 
que otra paliza a alguien. Aspir una profunda bocanada de aire, la expuls y 
dijo: Ya estoy en el Empire State, ahora hacia arriba.
     Era bueno Ironheart?
     Excelente! Podra haber participado en competiciones.
     Podra haber...? Quiere decir que lo dej? Respirando ms intensamente, 
las palabras surgieron con un ritmo ms rpido, aunque similar:
     Estuvo aqu unos siete u ocho meses. Cada da. Era un autntico insaciable 
del castigo. Haca msculos, aerobic, adems de artes marciales. Consegua lo 
que se propona mediante un esfuerzo infatigable. El tipo se hizo lo bastante fuerte 
para follarse una roca. Lo siento, pero es as. Luego lo dej. Dos semanas despus 
gan la pasta.
    Ah, ya entiendo.
    No me malinterprete. No fue el dinero lo que hizo que abandonara.
     Entonces, qu?
    Me dijo que le haba dado todo lo que necesitaba, que ya no quera nada 
ms.
     Qu necesitaba?
     El suficiente taekwondo para hacer lo que quera.
     Le dijo qu quera hacer?
    No. Darle una paliza a alguien, supongo.
    Ahora Eddie se empleaba a fondo, apretando con fuerza sus pies contra el 
seor de las escaleras, movindose de arriba abajo sin parar. El sudor le cubra el 
cuerpo de tal forma que pareca estar envuelto en una capa de aceite. Cuando 
sacuda la cabeza se desprendan pequeas gotas de su cabello. Y los msculos 
de sus brazos y su ancha espalda sobresalan con la misma intensidad que los de 
los muslos y las pantorrillas.
    Sentada en la silla, a dos metros del hombre, Holly tuvo la sensacin de estar 
en la primera fila de un srdido club de striptease masculino. Se puso en pie.
    Eddie tena la mirada fija en la pared de enfrente. Su rostro estaba contrado 
por el esfuerzo, pero en sus ojos haba una mirada distante y soadora. Tal vez, en 
lugar de la pared, vea el interminable hueco de la escalera del Empire State.
     Dijo algo ms que a usted le pareciera... interesante, inusual? le 
pregunt Holly.
    Eddie no respondi. Estaba concentrado en la escalada. Las arterias del cuello 
estaban hinchadas y latan como si a travs de su sangre circularan pequeos y 
gruesos peces, separados unos de otros por intervalos regulares.
    Cuando Holly lleg a la puerta, Eddie le dijo:
    Tres cosas.
    S?
    Holly se volvi hacia l.
    Con la mirada todava distante, y sin aminorar su ritmo ni por un momento, le 
habl desde la escalera de aquel rascacielos del lejano Manhattan.
     Ironheart es el nico tipo que he conocido en mi vida que se puede 
obsesionar ms que yo.
    Holly frunci el ceo pensando en lo que acababa de escuchar.
    Qu ms? inquiri.
    Slo falt a las clases durante dos semanas en el mes de septiembre. Se fue 
al Norte, a algn lugar de Marin County, para realizar un curso de conduccin 
agresiva.
     Qu es eso?
    All ensean principalmente a chferes de polticos, diplomticos y hombres 
de negocios a conducir un coche al estilo James Bond, a escapar de trampas 
terroristas, secuestradores, toda esa mierda...
     Dijo por qu necesitaba ese tipo de entrenamiento?
     Slo coment que aquello pareca divertido. Con eso ya son dos cosas.
    Eddie sacudi la cabeza salpicando la alfombra y los muebles que le rodeaban. 
Holly estaba fuera de su radio. l segua sin mirarla.
    Nmero tres: despus de aprender taekwondo, se interes por el manejo de 
las pistolas.
     Pistolas?
    Me pregunt si yo saba de alguien que pudiera ensearle a disparar con 
puntera, y todo lo relacionado con las armas. Revlveres, pistolas, rifles, 
escopetas...
     A quin le envi usted?
    Eddie jadeaba, pero todava poda hablar con claridad entre cada bocanada de 
aire.
    A Andie. Las armas no son mi especialidad. Pero sabe lo que pienso? Creo 
que era uno de esos tipos que leen Soldados de fortuna, se ve atrapado por toda 
esa fantasa y quiere convertirse en un mercenario. Seguro que estaba 
preparndose para la guerra.
     No le preocupaba el hecho de ayudar a una persona as? No, mientras 
pague las lecciones.
    Holly abri la puerta, vacil, y observ a Eddie.
     Tiene contador este aparato? S.
     En qu piso est ahora?
     En el dcimo respondi Eddie, pronunciando la palabra distorsionada en 
medio de una profunda espiracin. Cuando termin, emiti un grito de placer al 
expulsar el aire  : Jess, tengo las piernas de piedra, de jodido granito, creo que 
si atenazara a un hombre entre ellas lo partira en dos. Pondr eso en su artculo, 
de acuerdo? Podra partir a un tipo en dos.
    Holly abandon la habitacin, cerrando suavemente la puerta tras de s.
    En el aula principal, la clase de artes marciales era incluso ms activa que 
cuando haba entrado. En aquel momento, el ejercicio consista en que un grupo de 
alumnos atacara al mismo tiempo al instructor coreano, pero ste les interceptaba y 
les derribaba con la misma rapidez con que ellos le atacaban.
    La morena se haba quitado toda su bisutera plateada. Se haba puesto unas 
Reebok, unos shorts menos ajustados, una camiseta distinta y un sujetador. Haca 
ejercicios de estiramiento frente al mostrador de recepcin.
    La una dijo a Holly. La hora del almuerzo. Siempre corro siete u ocho 
kilmetros en lugar de comer. Adis.
    Se dirigi hacia la puerta lentamente, traspas el umbral, internndose en 
aquel clido da de agosto, y se esfum a toda prisa a lo largo del pasillo del centro 
comercial.
    Holly tambin sali y permaneci unos instantes bajo los deliciosos rayos de 
sol, percatndose de la buena forma fsica en que se encontraban la mayor parte 
de las personas que estaban comprando: entraban y salan de sus coches 
frenticamente. Despus de un ao y medio en el Noroeste, haba olvidado la 
sensibilidad de los californianos del Sur por la salud y la apariencia. El porcentaje 
de papadas, michelines, barrigones y traseros en forma de pera era 
considerablemente inferior en Orange County que en Portland.
    Sentirse bien y tener buena presencia eran imperativos vitales en el sur de 
California. Era una de las cosas que le gustaban de aquel lugar y, paradjicamente, 
tambin era una de las que no soportaba.
    Se dirigi a la pastelera de al lado para almorzar. De las vitrinas del mostrador 
eligi un clair de chocolate, una tarta de crema cubierta de kiwi, un trozo de pastel 
de queso con chocolate blanco, nueces y una capa de migas de Oreo, una rueda 
de canela y un rollito de naranja.
    Y una CocaCola sin azcar le dijo a la dependienta.
    Llev su bandeja a una mesa, situada junto a una ventana, desde la que 
observar el desfile de cuerpos tersos y bronceados ataviados con indumentaria 
veraniega. Los pasteles eran deliciosos. Comi un poco de cada cosa, saboreando 
cada bocado, sin desperdiciar una sola miga.
    Al cabo de un rato se dio cuenta de que alguien la miraba. A dos mesas de 
distancia, una mujer rechoncha, de unos treinta y cinco aos, la miraba fijamente 
con una mezcla de incredulidad y envidia; ella tan slo tena una miserable y di-
minuta tarta de frutas, lo que para un adicto a las pasteleras era el equivalente a 
una galleta nutritiva compuesta por diferentes cereales.
    Movida por la necesidad de dar una explicacin y por cierta simpata, Holly le 
dijo:
    Deseara no hacer esto, pero no puedo evitarlo. Si no puedo hacer otra cosa, 
cuando estoy de mal humor me permito el lujo de comer hasta hartarme.
    Yo tambin respondi la mujer rechoncha.
    
    
    Holly se dirigi en coche hacia Bougainvillea Way, donde viva Ironheart. Saba 
lo bastante de l para correr el riesgo de abordarlo, y eso era lo que tena intencin 
de hacer. No obstante, en lugar de subir por el camino que llevaba a su casa, pas 
lentamente frente a ella.
    El instinto le deca que no era el momento oportuno. La imagen que se haba 
hecho de Jim era inexacta. Haba un agujero negro en alguna parte. Intuy que era 
peligroso seguir adelante sin que ese agujero no hubiera sido descubierto.
    Volvi al motel y pas el resto de la tarde, y parte de la noche, sentada junto a 
la ventana de su habitacin, bebiendo AlkaSeltzer y Sevenup sin azcar; 
contemplaba la piscina azul en medio del exuberante jardn, y pensaba, pensaba...
    De acuerdo dijo para s, hasta aqu hemos llegado. Ironheart es un 
hombre embargado por una profunda tristeza, probablemente porque se qued 
hurfano cuando slo tena diez aos. Se puede decir que ha pasado la mayor 
parte de su vida dndole vueltas al tema de la muerte, especialmente la muerte 
prematura. Dedica su vida a la enseanza y a los muchachos, quiz porque no 
hubo nadie a su lado cuando era pequeo y tuvo que enfrentarse solo a la muerte 
de sus padres. Un buen da, Larry Kakonis se suicida. Ironheart queda destrozado, 
y cree que tendra que haberlo evitado. La muerte del chico hace resurgir en 
Ironheart toda la rabia almacenada en su interior: rabia contra el azar, el destino, la 
fragilidad biolgica de la especie humana... rabia contra Dios. En un grave estado 
de agotamiento mental, cercano al autntico desequilibrio, decide convertirse en 
una especie de Rambo para combatir el destino, lo que, obviamente, supone una 
reaccin extraa, e incluso absolutamente chiflada segn como se interprete. 
Mediante el levantamiento de pesas, el fondo de resistencia aerbico y el 
taekwondo se convierte en una mquina de combate. Aprende a conducir como un 
piloto acrobtico. Adquiere conocimientos en el uso de todo tipo de armas y... ya 
est listo. Slo una cosa ms. Aprende por s mismo a ser clarividente, pudiendo 
as dedicarse plenamente a su cruzada y al mismo tiempo saber cundo va a 
producirse una muerte prematura.
    En este punto todo se desmoronaba. Se puede acudir a un lugar como Dojo 
para aprender artes marciales, pero en las pginas amarillas no hay escuelas para 
clarividentes. De dnde demonios haba sacado aquel poder psquico?
    Consider la cuestin desde todos los puntos de vista posibles. No trataba de 
devanarse los sesos en busca de una respuesta, sino slo el modo de investigar 
posibles explicaciones. No obstante, la magia era magia. No haba forma de 
investigacin posible.
    Empez a sentirse como si trabajara en un srdido empleo, no como periodista, 
sino como los que se dedican a la invencin de artculos sobre extraterrestres que 
viven en Cleveland, bebs medio humanos y medio gorilas fruto de amorales 
guardianas de zoos e inexplicables lluvias de sapos y pollos en Tadjikistn. Pero, 
maldita sea!, la cruda realidad era que Jim Ironheart, provisto de una milagrosa 
intuicin, haba salvado a catorce personas de la muerte en el penltimo momento, 
a lo largo de todo el pas.
    Alrededor de las ocho de la tarde, Holly sinti grandes deseos de golpear su 
cabeza contra la mesa, la pared, el suelo de cemento que rodeaba la piscina, o 
cualquier otra cosa lo bastante dura para liberar su bloqueo mental y posibilitar la 
comprensin de todo aquello. Decidi que ya era hora de dejar de pensar e ir a 
cenar. Comi de nuevo en la cafetera del motel, un poco de pollo a la parrilla y 
ensalada, a fin de compensar el almuerzo de la pastelera. Trat de interesarse en 
el resto de los clientes, dedicarse a observar a la gente. Pero no poda dejar de 
pensar en Jim Ironheart y su brujera.
    Ms tarde, cuando estaba en la cama tratando de dormir, Ironheart sigui 
ocupando sus pensamientos. Con la mirada fija en las sombras del techo, 
proyectadas por la luz del exterior que se filtraba por las persianas entreabiertas, 
fue lo bastante sincera consigo misma para reconocer que Ironheart la fascinaba 
por motivos ajenos a los estrictamente profesionales. Era el artculo ms importante 
de su carrera, s, cierto. Y, s, era tan misterioso como para intrigar a cualquiera, 
fuese o no reportero. Pero tal vez se senta atrada porque haca mucho tiempo que 
estaba sola, y la soledad haba provocado en ella un gran vaco. En efecto, haca 
mucho tiempo que no conoca a nadie tan fascinante como Jim Ironheart. Lo cual 
era una locura, porque, tal vez, l estaba loco.
    Holly no era una de esas mujeres que corren tras el hombre inadecuado, 
buscando inconscientemente ser usadas, heridas y abandonadas. Era exigente en 
lo que haca referencia a los hombres. Por amor de Dios!, sa era la razn por la 
que estaba sola: pocos hombres estaban a la altura de su ideal.
    As es. Demasiado exigente pens Holly sarcsticamente. se es el 
motivo por el que deseas a ese tipo que se cree Superman sin medias ni capa. S 
realista, Thorne. Por Dios!
    Albergar fantasas romnticas acerca de James Ironheart era un error, una 
irresponsabilidad algo ftil, aparte de ser totalmente estpido.
    Pero aquellos ojos...
    Holly se durmi con la imagen de su rostro penetrando en su mente, como si la 
observara desde una bandera gigante, ondulando con suavidad en un cielo 
despejado. Sus ojos eran an ms azules que aquel fondo celestial.
    Al poco rato volvi a tener el sueo de la ceguera. La habitacin circular. El 
suelo de madera. El olor a hmeda piedra caliza. La lluvia tabaleando sobre el 
tejado. El rtmico crujido: ziiip. Algo la toc. Un hilo hmedo y helado. En la base 
del cuello. Un tentculo fino como un lpiz. Grit y la cosa le taladr el cuello, 
perforando la base de su crneo.
    Ziiip.
    Se despert emitiendo un dbil grito de terror. No haba confusin posible.
    De inmediato supo dnde estaba: el motel, en Laguna Hills.
    Ziiip.
    An poda or el ruido del sueo. Una gran cuchilla cortando el aire. Pero aquel 
sonido no perteneca a un sueo. Era real. La habitacin estaba tan fra como el 
lugar oscuro de su pesadilla. Como apresada por el terror que desbordaba su co-
razn, trat de moverse sin xito. Perciba un olor a hmeda piedra caliza. De 
debajo del motel, como si hubieran vastas dependencias, lleg un dbil y sordo 
ruido que Holly asoci con ruedas de piedra, crujiendo unas contra otras.
    Ziiip.
    Algo indescriptible se retorca en la parte posterior de su cuello, enroscndose 
sinuosamente hacia el interior de su crneo, un repugnante parsito que la haba 
elegido para albergarlo, deslizndose en su interior, dispuesto a desovar en su 
cerebro. Pero ella era incapaz de moverse.
    Ziiip.
    Holly no poda ver nada, excepto las franjas de luz plida contra el techo 
oscuro, donde la luz del suave resplandor lunar proyectaba las ranuras de la 
persiana. Holly necesitaba la presencia de ms luz.
    Ziiip.
    Profera patticos quejidos de terror, y se despreci de tal forma por su 
debilidad que, finalmente, consigui interrumpir su parlisis. Se incorpor con el 
aliento jadeante. Se ara la parte posterior del cuello tratando de desprender 
aquella sonda aceitosa, frgida, que pareca un gusano. No tena nada en el cuello. 
Nada! Desliz sus piernas hasta el borde de la cama. Tante en la oscuridad 
buscando la lmpara. Estuvo a punto de tirarla al suelo. Encontr el interruptor. 
Luz, al fin!
    Ziiip.
    Salt de la cama. Volvi a sentir algo en la parte posterior de la cabeza, en el 
cuello, entre los omoplatos... Nada. All no haba nada. No obstante, lo senta.
    Ziiip.
    Estaba al borde de la histeria e, incapaz de reaccionar, emita extraos y 
pequeos ruidos grotescos de miedo y desesperacin. De reojo vio que algo se 
mova. Se dio la vuelta. La pared que haba tras la cama transpiraba. Brillaba. La 
pared entera se retorca ante Holly, como si fuera una membrana sometida a una 
fuerte presin. Lata de un modo repulsivo, como un enorme rgano en las 
entraas humeantes de un monstruo prehistrico.
    Ziiip Retrocedi alejndose de la pared hmeda y malignamente animada. Dio 
la vuelta... Corri. Tena que salir de all lo antes posible. El Enemigo se acercaba. 
La haba seguido ms all del sueo. La puerta... Cerrada. La cadena estaba 
echada. Las manos le temblaban. Cada vez estaba ms cerca... Era una cadena 
de seguridad de cobre. Hizo un ruido metlico al quitarla. Abri la puerta de un 
tirn. Haba algo en el umbral, acechando, ms grande que ella, algo que iba ms 
all de la experiencia humana, algo que era a la vez insecto, reptil y arcnido, 
retorcindose y palpitando, una masa enmaraada de patas, antenas, mandbulas, 
ojos multiformes, colmillos de serpiente venenosa, pinzas, mil pesadillas fundidas 
en una sola, pero... ella estaba despierta. Aquello irrumpi por la puerta, la atrap y 
le caus un dolor insoportable en sus costados, all donde la desgarraban las 
zarpas. Holly grit en medio de la brisa nocturna.
    Eso era lo nico que se oa a travs de la puerta abierta. Una suave y 
veraniega brisa nocturna.
    Holly permaneci en el umbral, temblando y jadeante, contemplando con 
asombro el paseo de cemento del motel. Finas palmas reales y arbreos helechos 
australianos, se balanceaban sensualmente bajo la caricia del viento tropical. La 
superficie de la piscina ondulaba con suavidad, creando incontables y cambiantes 
matices, refractando las luces del fondo, de forma que no pareca una masa 
acutica en medio del jardn, sino un agujero lleno de zafiros brillantes perte-
necientes al tesoro de un pirata.
    La criatura que la atac ya no estaba all, como si nunca hubiera existido. No 
se haba escabullido o deslizado por alguna telaraa; simplemente se haba 
evaporado.
    Holly ya no senta el tentculo helado y retorcido en la parte posterior del cuello 
y en el interior de su crneo.
    Un par de personas que tambin se alojaban en el motel haban salido de sus 
habitaciones y se hallaban en el paseo, evidentemente alarmadas por su grito.
    Holly se apart del umbral. No quera atraer su atencin. Mir por encima de su 
hombro. La pared que haba tras la cama volva a ser tan slo una pared. El reloj 
indicaba las 5.08 de la madrugada. Cerr la puerta sin hacer ruido, y, de pronto, 
tuvo que apoyarse en ella porque las piernas no la sostenan.
    En lugar de sentirse aliviada de que aquel extrao sufrimiento hubiera 
terminado, estaba destrozada. Se abraz a s misma, temblando de tal forma que 
sus dientes castaeteaban. Empez a llorar desconsoladamente, no por el miedo 
ante aquella experiencia, ni porque la inquietara su seguridad o cordura, sino 
porque se senta como si hubiera sido violada. Por un momento, aparentemente 
eterno, se haba sentido desamparada, perseguida y atrapada por el terror, 
controlada por una entidad que iba ms all de su entendimiento. Haba sido 
violada psicolgicamente. Algo se haba apoderado de ella, forzando su entrada, 
negndole su propia libertad; aunque se haba ido, haba dejado sus huellas en su 
interior, un residuo que mancillaba su mente y su alma.
    Slo fue un sueo, se dijo a s misma para darse nimos.
    Pero dej de ser un sueo cuando se incorpor en la cama y encendi la 
lmpara. La pesadilla la haba seguido hasta el mundo real.
    Slo un sueo, no hagas una montaa de esto, contrlate pens Holly, 
luchando por recobrar su objetividad  . Soaste que te hallabas en aquel lugar 
oscuro, luego soaste que te incorporabas en la cama y que encendas la luz, 
despus, en tu sueo, viste cmo la pared se abultaba y corriste hacia la puerta. 
Pero caminabas sonmbula, y todava estabas dormida cuando abriste la puerta. 
S, todava estabas dormida cuando viste aquella criatura y gritaste, que fue 
cuando en realidad despertaste entre tus propios gritos.
    Quera creer en aquella explicacin, pero era demasiado ingenua para ser 
plausible. Jams haba tenido una pesadilla como aqulla, tan detallada y exacta. 
Adems, nunca haba padecido de sonambulismo.
    Algo real haba tratado de alcanzarla. Quiz no se trataba de un ser medio 
arcnido o reptil. Tal vez era slo la imagen en que otra entidad se encubra para 
atemorizarla. Pero algo haba tratado de adentrarse en este mundo desde... 
Desde dnde?
    No importaba de dnde. Desde fuera. Desde el ms all. Y casi la haba 
atrapado.
    No. Aquello era ridculo. Material de psicpata. Ni siquiera el National Enquirer 
publicaba ya ese tipo de basura: VIOLADA PSICOLGICAMENTE POR UNA 
BESTIA DEL MS ALL. Una porquera como aqulla estaba tres peldaos por 
debajo de CHER ADMITE SER UN ALIENGENA DEL ESPACIO, dos peldaos por 
debajo de JESS HABLA A UNA MONJA DESDE EL INTERIOR DE UN 
MICROONDAS, e incluso un peldao entero por debajo de ELVIS TUVO UN 
TRASPLANTE DE CEREBRO, AHORA VIVE BAJO LA IDENTIDAD DE RO
SEANNE BARR.
    Cuanto ms estpida se senta por albergar tales pensamientos, ms alejada 
se encontraba. Afrontar aquella experiencia resultara ms fcil si crea que todo se 
deba a su imaginacin hiperactiva, especialmente estimulada de forma irracional a 
causa del fantstico caso de Ironheart. No quedaba ms remedio que admitirlo.
    Finalmente, Holly consigui mantenerse en pie por s misma, sin apoyarse en 
la puerta. Volvi a echar el cerrojo y puso la cadena de seguridad.
    Al alejarse de la puerta, not un dolor punzante y caliente en el costado 
izquierdo. No era serio, pero hizo que su rostro se contrajera en una mueca de 
dolor, y advirti que un dolor similar, aunque algo ms leve, tambin atenazaba su 
costado derecho.
    Al levantar la camiseta, Holly descubri que el tejido estaba rasgado por tres 
partes en el lado izquierdo y dos en el derecho. Tena manchas de sangre.
    Con renovado temor, se dirigi al lavabo y encendi la luz del fluorescente. 
Permaneci de pie frente al espejo, vacil, luego se quit la camiseta desgarrada.
    Un fino flujo de sangre manaba de tres heridas superficiales en su costado 
izquierdo. La primera laceracin se hallaba justo bajo el pecho, y las otras estaban 
separadas por un espacio de seis centmetros. Dos araazos destacaban en su 
costado derecho, aunque eran menos profundos que los del izquierdo y no 
sangraban.
    Las zarpas...
    
    
    Jim vomit en la taza del retrete, tir de la cadena, y luego se enjuag la boca 
dos veces con Listerine mentolado.
    El rostro que contempl en el espejo era el ms preocupado que haba visto en 
su vida. Tuvo que apartar la mirada del reflejo de sus propios ojos.
    Se apoy en el lavabo. Por milsima vez en lo que iba de ao, se pregunt en 
nombre de Dios lo que le estaba ocurriendo.
    En su sueo haba regresado al molino. Hasta entonces no haba tenido la 
misma pesadilla dos noches seguidas. Normalmente transcurran semanas antes 
de que volvieran a repetirse.
    Adems, en ella apareci un nuevo elemento an ms inquietante que la lluvia 
contra las estrechas ventanas, la llama vacilante de la vela y sus danzantes 
sombras, el sonido de las aspas girando fuera o el extrao ruido de las piedras del 
molino. En efecto, se haba percatado de una presencia malvola que aunque no 
poda ver, se acercaba por segundos, algo tan diablico y extrao que ni siquiera 
poda imaginar su forma e intenciones. Imagin que estallara atravesando la pared 
de piedra caliza, que irrumpira a travs del suelo entarimado o caera sobre l 
desde la puerta de madera recia situada al final de la escalera del molino. No poda 
decidir en qu direccin correr. Finalmente, haba abierto la puerta de golpe y des-
pert con un grito. Si algo haba estado all, no recordaba su apariencia.
    Dejando a un lado la forma que pudiera tener, Jim saba cmo llamarlo: el 
enemigo, con la particularidad de que pensaba en l con dos e maysculas: El 
Enemigo. La bestia amorfa que surga en otras pesadillas haba alcanzado al 
sueo del molino, en el que nunca ames le haba aterrorizado. Aunque resultara 
absurdo, tena la sensacin de que aquella criatura no era nicamente una fantasa 
de su subconsciente. Era tan real como l mismo. Tarde o temprano cruzara la ba-
rrera que separaba el mundo de los sueos del mundo real, con la misma facilidad 
con que haba cruzado la barrera existente entre diferentes pesadillas.
    
    
    
    4
    
    
    Holly no consider ni por un momento la posibilidad de volver a la cama. Saba 
que, a pesar del caf solo que haba tomado, pasaran muchas horas hasta que 
pudiera conciliar el sueo, hasta que estuviera tan exhausta que fuera incapaz de 
mantener los ojos abiertos. El sueo haba dejado de ser un refugio. En lugar de 
eso era una fuente de peligro, un camino hacia el infierno, o algn lugar peor, a lo 
largo del cual poda encontrarse con un viajero que no perteneca a la especie 
humana.
    Aquello la enfureci. Todo el mundo necesitaba el refugio del sueo.
    Al amanecer, Holly se dio una larga ducha, frotando cuidadosamente, pero con 
esmero, las laceraciones de sus costados, a pesar de que el jabn y el agua 
caliente le escocan las heridas. Tema desarrollar una infeccin tan extraa como 
la monstruosidad que le haba causado las heridas.
    Aquello acentu su rabia.
    Por naturaleza, era una buena girlscout, siempre preparada para cualquier 
eventualidad. Cuando viajaba, llevaba consigo un botiqun en el estuche de su 
maquinilla de depilar Lady Remington: yoduro, gasas, esparadrapo, tiritas, un 
pequeo aerosol de Bactine, y un tubo de ungento para las quemaduras leves. 
Despus de secarse con una toalla, Holly se sent desnuda en el borde de la 
cama, se roci las heridas con Bactine, y luego las unt con yoduro.
    Holly se hizo reportera, en parte porque cuando era ms joven crey que el 
periodismo tena la facultad de narrar el mundo, de dar sentido a los 
acontecimientos que parecan ser caticos y carentes de significado. Ms de una 
dcada trabajando en un peridico haba alterado su conviccin de que la 
experiencia humana poda ser explicada totalmente con el paso del tiempo. No 
obstante, mantena ordenada su mesa de trabajo, con fichas meticulosamente 
dispuestas, y pulcras notas de artculos. En los armarios de su casa, la ropa estaba 
ordenada segn las estaciones del ao, luego segn la ocasin formal o 
semiformal, y, finalmente, segn el color. Si la vida insista en ser catica, y el 
periodismo le haba fallado como instrumento ordenador del mundo, al menos 
poda apoyarse en la rutina y la costumbre para crear un universo personal estable, 
por frgil que fuera, que mantuviese a raya el desorden y el tumulto de la vida.
    El yoduro escoca.
    Se sinti ms enfurecida. Colrica.
    La ducha removi los cogulos de sangre de los rasguos ms profundos de 
su costado izquierdo. Volva a sangrar ligeramente. Durante un rato permaneci 
sentada en el borde de la cama, inmvil, apretando un clnex contra las heridas, 
hasta que dejaron de sangrar.
    Cuando Holly se visti con unos vaqueros de color marrn y una blusa 
esmeralda, ya eran las siete y media.
    Saba cmo iniciar el da, y nada le apartara de sus planes. No tena el ms 
mnimo apetito para desayunar. Al salir a la calle descubri que la maana era 
despejada y extraordinariamente templada, incluso para Orange County. Sin 
embargo, aquel clima sublime no caus en Holly ninguna influencia tranquilizadora, 
y ni siquiera pens en detenerse un instante para disfrutar de los primeros rayos 
diurnos en su rostro. Condujo el coche a lo largo del aparcamiento, hacia la calle, y 
luego se dirigi a Laguna Niguel. Llamara a la puerta de Jim Ironheart y le exigira 
numerosas respuestas.
    Quera la historia completa, la explicacin de cmo poda saber cundo la 
gente estaba a punto de morir y por qu se arriesgaba hasta aquel extremo con tal 
de salvar a perfectos desconocidos. Pero tambin quera saber por qu la pesadilla 
de la noche anterior se haba hecho realidad, cmo y por qu la pared de su 
habitacin haba empezado a brillar y palpitar como algo vivo, y qu tipo de criatura 
haba surgido de su pesadilla asindola con unas garras que eran algo ms 
sustancial que el producto de un sueo.
    Estaba segura de que l tena las respuestas. La noche anterior, por segunda 
vez en sus treinta y tres aos, se haba encontrado con lo desconocido, haba 
topado con lo sobrenatural. La primera vez tuvo lugar el 12 de agosto, cuando 
Ironheart salv milagrosamente a Billy Jenkins de ser arrollado por un camin 
frente a McAlbury School, aunque slo ms tarde Holly se dio cuenta de que 
Ironheart provena directamente de una Dimensin Desconocida. A pesar de que 
Holly reconoca sus numerosos defectos, la estupidez no era uno de ellos. Slo un 
imbcil sera incapaz de advertir que sus dos contactos paranormales, Ironheart y 
la pesadilla hecha realidad, se hallaban vinculados.
    Estaba ms que enfadada. Estaba furiosa.
    Mientras circulaba lentamente a lo largo de Crown Valley Parkway, se dio 
cuenta de que su rabia provena, en parte, del hecho evidente de que el gran 
artculo que iba a encumbrarla profesionalmente era fruto de algo que trascenda el 
asombro, la maravilla, el coraje, la esperanza y el triunfo, como ella haba previsto. 
Al igual que la mayora de artculos publicados en las primeras pginas de los 
peridicos desde la invencin de la prensa, aquella historia tena su lado oscuro.
    
    
    Jim se visti para ir a la iglesia. Ya no acuda regularmente a la misa del 
domingo, ni a los actos que celebraban las distintas religiones con las que en el 
pasado se haba comprometido espordicamente. Pero al hallarse bajo el control 
de un poder superior desde el pasado mes de mayo, cuando vol hacia Florida 
para salvar las vidas de Sam y Emily Newsome, se senta predispuesto a pensar 
en Dios ms de lo normal. Desde que el padre Geary le habl de los estigmas que 
haban marcado su cuerpo mientras yaca inconsciente en el suelo de Nuestra Se-
ora del Desierto, sinti una renovada atraccin por el catolicismo por primera vez 
en un par de aos. En realidad, no esperaba que el misterio de los acontecimientos 
recientes se desvelara a travs de las respuestas halladas en la iglesia.
    Al coger las llaves del coche que colgaban del tablero de la cocina, junto a la 
puerta del aparcamiento, se escuch a s mismo decir: Lnea de vida. De 
inmediato, sus planes cambiaron. Se qued inmvil, sin saber muy bien lo que 
deba hacer. Entonces se apoder de l la conocida sensacin de marioneta, y 
volvi a colgar las llaves en el tablero.
    Regres a la habitacin y se quit los mocasines, el pantaln de color gris, la 
cazadora y la camisa blanca. Se puso unos vaqueros y una camisa hawaiana por 
encima del pantaln, a fin de que la ropa le molestara lo menos posible.
    Necesitaba ir holgado, sentirse flexible. No tena idea de por qu la flexibilidad 
y la holgura eran necesarias para lo que se avecinaba, pero Jim intua que as era.
    Sentado en el suelo frente al armario, seleccion un par de zapatos 
confortables, un par de Rockport gastadas. Se at los cordones con firmeza, pero 
sin apretarlos demasiado. Se levant para comprobar qu tal le iban.
    Cogi la maleta del estante superior, y de pronto dud. No estaba seguro de 
necesitar equipaje. Unos segundos ms tarde supo que deba viajar con poco 
equipaje. Cerr la puerta del armario sin coger la maleta.
    El hecho de que no tuviera que llevar equipaje significaba que su destino se 
hallaba a una distancia asequible para el coche y que el viaje, incluyendo el tiempo 
necesario para llevar a cabo cualquiera que fuese la misin, no durara ms de 
veinticuatro horas. Pero al alejarse del armario, se sorprendi a s mismo al 
pronunciar la palabra aeropuerto. Desde luego, haba muchos lugares a los que 
se poda ir y volver en avin en un solo da.
    Cogi la cartera del interior del cajn, y esper una seal indicativa de que 
volviera a dejarla, hasta que finalmente la introdujo en el bolsillo de su pantaln. 
Por supuesto, no slo iba a necesitar algo de dinero, sino tambin su carn de 
identidad para evitar cualquier contratiempo.
    Cuando regres a la cocina y cogi las llaves del coche, sinti que el miedo se 
apoderaba de l, aunque no con la misma intensidad que la ltima vez que parti 
de su casa para llevar a cabo una misin. En aquella ocasin se le dijo que 
robara un coche para que no pudieran seguirle la pista, y que se internara en el 
desierto de Mojave. Tal vez encontrara adversarios ms temibles que los dos 
hombres de la Roadking, pero no estaba tan preocupado como entonces. Saba 
que poda morir. Ser el instrumento de una fuerza superior no implicaba garanta 
alguna de inmortalidad; segua siendo un hombre, cuya carne poda ser 
desgarrada, cuyos huesos podan ser fracturados y cuyo corazn poda detenerse 
instantneamente por una bala en el lugar preciso. Su moderado temor tan slo se 
justificaba por su anterior viaje, en cierto modo mstico: la Harley, los dos das que 
pas junto al padre Geary, el conocimiento de los estigmas aparecidos en su 
cuerpo, y la absoluta conviccin de que una mano divina se hallaba detrs de todo.
    
    
    Holly estaba en Bougainvillea Way, en el bloque contiguo al de la casa de 
Ironheart, cuando un Ford verde oscuro hizo marcha atrs saliendo del 
aparcamiento. Holly no saba qu tipo de coche tena, pero ya que viva solo dedujo 
que el Ford deba de ser suyo.
    Holly aceler. Estaba decidida a interceptar el coche de Ironheart, obligndole 
a detenerse y hacerle frente en medio de la calle. Luego aminor la marcha, 
comprendiendo que la discrecin no sola desembocar en un error fatal. Tal vez de 
ese modo podra ver hacia dnde se diriga, lo que tramaba.
    Cuando Holly pas frente a su casa, la puerta automtica del aparcamiento 
estaba bajando. Justo antes de que se cerrara vio que no haba ms coches 
dentro. El hombre del Ford no poda ser otro que Ironheart.
    Debido a que jams se le haba asignado una noticia relacionada con lores 
drogadictos, polticos deshonestos o empresarios corruptos, Holly no era una 
experta en seguir la pista a un sujeto por carretera. Las tcnicas y habilidades 
requeridas para realizar operaciones  clandestinas  no eran necesarias cuando uno 
escriba exclusivamente artculos acerca de Trofeos de Madera de Construccin, 
malabaristas con trajes de nen que actuaban con ratones vivos en las escaleras 
del ayuntamiento, o concursos de tartas. Holly recordaba que Ironheart haba 
hecho un curso de dos semanas de conduccin agresiva en una escuela especial 
de Martin County; si saba conducir lo bastante para despistar a terroristas persecu-
tores, poda dejarla atrs en menos de treinta segundos si se percataba de que ella 
le segua.
    Se mantena tan alejada de l como le era posible. Afortunadamente, el trfico 
matutino dominical era lo suficiente denso para ocultarla detrs de otros coches. Y 
era lo suficientemente fluido para que Holly no se preocupara por la posibilidad de 
que los carriles quedaran colapsados, separndola de l hasta perderle de vista.
    Ironheart condujo por Crown Valley Park en direccin este, hacia la carretera 
interestatal nmero 5, luego se dirigi al Norte, tomando la 405 hacia Los Angeles.
    Cuando dejaron atrs las apiadas y elevadas construcciones en torno al South 
Coast Plaza, el principal centro comercial y de oficinas para los dos millones de 
personas que habitaban Orange County, el estado anmico de Holly haba 
mejorado. Demostraba ser toda una experta en la vigilancia mvil, mantenindose 
detrs de Ironheart e intercalando entre dos y seis coches, pero siempre lo 
bastante cerca para seguirle en caso de que se desviara bruscamente por alguna 
salida. Su rabia se vio atenuada por el placer de la hbil persecucin. De vez en 
cuando incluso admiraba la claridad del cielo azul, las adelfas blancas y las rosas 
florecientes que flanqueaban la autopista en algunos tramos.
    Sin embargo, al dejar atrs Long Beach, empez a temer que perdera el da 
entero en la carretera, slo para acabar descubriendo que el lugar al que se diriga 
Ironheart no tena nada que ver con el enigma que a ella le interesaba. Incluso un 
superhroe autoproclamado, con poderes clarividentes, poda pasar el da yendo a 
la funcin de tarde de una obra teatral, sin otro peligro que comer szechuan chino 
sazonado con la mostaza ms picante del chef.
    Asimismo, empez a preguntarse si Ironheart poda percatarse de su presencia 
mediante sus poderes psquicos. Percibirla unos coches ms atrs pareca mucho 
ms fcil que prever la muerte inminente de un nio en Boston. Por otro lado, quiz 
la clarividencia era un poder espordico, algo que l no poda conectar o 
desconectar a su antojo, y, tal vez, slo funcionaba con acontecimientos futuros 
verdaderamente importantes, de forma que en su mente irrumpan visiones de 
peligro, destruccin y muerte, no simplemente ninguna visin en absoluto. Tena 
cierta lgica. Probablemente uno terminara por enloquecer si tuviera visiones 
parapsicolgicas que le anunciaran de antemano si iba a gustarle una pelcula 
determinada, a disfrutar de una buena cena o, por el contrario, padecera de 
flatulencias producidas por aquella pasta de cabello de ngel aliada de ajo que 
haba degustado con sumo placer. No obstante, Holly se distanci un poco ms, 
dejando que se situara otro coche entre ambos.
    Cuando Ironheart abandon la autopista, tomando la salida que llevaba al 
Aeropuerto Internacional de Los ngeles, Holly se alter. Tal vez slo iba al 
aeropuerto en busca de alguien. Sin embargo, era ms probable que fuera a coger 
un vuelo, embarcndose en una de sus oportunas misiones de rescate, tal como 
haba volado hasta Portland dos semanas atrs. Holly no estaba preparada para 
viajar; ni siquiera llevaba una muda de ropa. No obstante, tena dinero en efectivo y 
tarjetas de crdito para afrontar los posibles gastos, y poda comprar una blusa en 
cualquier parte. La idea de seguir a Ironheart hasta el mismo lugar de la accin la 
seduca. A fin de cuentas, cuando escribiera sobre l, podra hacerlo con ms 
autoridad si haba sido testigo presencial de dos de sus rescates.
    Estuvo a punto de perder la calma cuando Ironheart dobl la curva que suba 
en espiral hasta el aparcamiento del aeropuerto, porque ya no haba ningn coche 
que pudiera camuflar su presencia. La nica alternativa que tena era seguir 
adelante, estacionar el coche en otro aparcamiento, y perderle de vista. Se 
mantuvo detrs hasta donde le fue posible y cogi el tique de la mquina 
automtica unos segundos ms tarde que l.
    Ironheart encontr aparcamiento en mitad de una fila de coches estacionados 
en la tercera planta, Holly se detuvo diez plazas ms lejos. Se desliz en su asiento 
hacia abajo y permaneci en el interior del coche, concedindole cierto tiempo de 
ventaja a fin de evitar la posibilidad de que Ironheart se girara hacia atrs y la viera.
    Casi esper demasiado. Cuando sali del coche, apenas tuvo oportunidad de 
ver cmo giraba hacia la izquierda y desapareca tras una pared situada al fondo 
de la rampa.
    Se apresur a seguirle. El apagado y dbil sonido de sus pisadas reson contra 
el bajo techo de cemento. En la base de la rampa, al doblar la esquina, vio que 
Ironheart entraba en el hueco de la escalera. Cuando cruz la puerta tras l, le oy 
descender el ltimo tramo y abrir la puerta de abajo.
    Gracias a la vistosa camisa hawaiana de Ironheart, Holly pudo mantenerse a 
considerable distancia, mientras l cruzaba la va de acceso y entraba en la 
terminal de las Aerolneas Unidas. Holly dese que aquellos pasajeros no tuvieran 
por destino Hawai. Llevar a cabo una investigacin sin el apoyo econmico del 
peridico ya era bastante caro de por s. Si aquel da Ironheart iba a salvar la vida 
de alguien, esperaba que fuera en San Diego y no en Honolul.
    Una vez en la terminal, Holly se ocult tras un grupo de suecos de elevada 
estatura, mientras Ironheart permaneca de pie durante un rato frente a unos 
monitores, estudiando el horario de las prximas salidas. A juzgar por la forma en 
que frunca el ceo, no pareca encontrar el vuelo que deseaba. O, tal vez, an no 
saba qu vuelo quera. Quiz sus premoniciones no acudan a l de forma 
inmediata y total; puede que tuviera que elaborarlas, desarrollarlas, sin saber hacia 
dnde o a quin iba a salvar hasta encontrarse en el lugar indicado.
    Tras unos minutos, se dio la vuelta y cruz el vestbulo hacia el mostrador de 
billetes. Holly sigui mantenindose a una distancia razonable, observndole de 
lejos, hasta que cay en la cuenta de que no conocera su destino a menos que 
estuviera lo bastante cerca como para escuchar a Ironheart comunicrselo al 
empleado. De mala gana acort la distancia que les separaba.
    Desde luego poda esperar a que comprara el billete, seguirle para averiguar a 
qu puerta de embarque se diriga, y luego hacer una reserva en el mismo vuelo. 
Pero, y si el avin despegaba mientras ella recorra a toda prisa los pasillos inaca-
bables de la terminal? Tambin caba la posibilidad de engatusar al empleado para 
que le dijera qu vuelo iba a tomar Ironheart, argumentando que tena una tarjeta 
de crdito que se le haba cado. Pero la compaa poda encargarse de devolvr-
sela; o, si su historia les pareca sospechosa, podan incluso llamar a los guardias 
de seguridad.
    Una vez en la cola formada frente al mostrador de billetes, Holly se atrevi a 
acercarse hasta que slo se interpuso una persona entre los dos. Era un hombre 
fornido, de barriga prominente, que pareca un miembro de la Liga Nacional de Ft-
bol deteriorado; desprenda un olor corporal desagradable, pero le proporcionaba 
una considerable cobertura, por lo cual le estaba agradecida.
    La pequea cola avanz con rapidez. Cuando Ironheart lleg al mostrador, 
Holly se asom con cuidado por detrs del gordo y se inclin hacia delante para 
escuchar sus palabras.
    De pronto, por los altavoces surgi la voz suave y sensual de una mujer 
anunciando que haban encontrado a un nio extraviado. Al mismo tiempo, pas un 
grupo de bulliciosos neoyorquinos quejndose de la ostensible falta de tica de los 
empleados de California, al parecer echando de menos cierta hostilidad. Las 
palabras de Ironheart se hicieron inaudibles.
    Holly se acerc an ms.
    El hombre gordo la mir con el ceo fruncido, sospechando evidentemente que 
quera colarse. Holly le sonri tratando de garantizar que no albergaba ninguna 
mala intencin y dando a entender que era perfectamente consciente de que poda 
aplastarla como a un insecto.
    Si Ironheart hubiera mirado hacia atrs la habra descubierto sin dificultad 
alguna. Holly contuvo el aliento, oy que el empleado deca: ...el Aeropuerto 
O'Hare, de Chicago, sale dentro de veinte minutos..., y volvi a escudarse tras el 
hombre gordo, que la mir de nuevo por encima del hombro con el ceo fruncido.
    Se pregunt por qu haba ido al aeropuerto de Los ngeles para coger un 
vuelo hacia Chicago. Estaba segura de que haba numerosas conexiones con 
O'Hara desde el Aeropuerto John Wayne en Orange County. En fin... Aunque 
Chicago estaba ms lejos que San Diego, era preferible  y ms barato que 
Hawai.
    Ironheart pag el billete y se alej presurosamente en busca de la puerta de 
embarque.
    Estaba satisfecha de s misma.
    Cuando lleg al mostrador entreg una tarjeta de crdito y pidi un asiento en 
el mismo vuelo hacia Chicago. Por un instante, tuvo el terrible presentimiento de 
que el empleado le dira que el avin estaba completo. Pero quedaban plazas, y 
consigui su billete.
    La sala de embarque estaba casi vaca. La mayora de pasajeros ya se 
encontraban en el avin. No haba ni rastro de Ironheart.
    Mientras avanzaba a lo largo de la puerta de embarque, semejante a un tnel, 
Holly empez a inquietarse ante la idea de que l la viera dirigirse a su asiento por 
el pasillo del avin. Poda fingir que no le haba visto, o que no le reconoca si se 
acercaba hasta ella. Pero dudaba de que Ironheart creyera que su presencia en el 
avin se deba a una coincidencia. Una hora y media antes se habra enfrentado a 
l. Ahora lo nico que quera era evitar un enfrentamiento. Si la vea, cancelara su 
viaje; quiz nunca ms volvera a tener la oportunidad de presenciar uno de sus 
rescates milagrosos.
    El avin era un amplio DC-10  con dos pasillos. Cada fila de nueve asientos 
estaba dividida en tres secciones: dos asientos junto a las ventanillas del lado 
izquierdo, cinco en el centro, y dos ms junto a las del lado derecho. Holly tena 
asignada la fila nmero veintitrs, el asiento H, situado en el lado derecho, y 
separado por otro asiento de la ventanilla. Mientras avanzaba por el pasillo, 
observ los rostros de los pasajeros en espera de cruzar su mirada con la de 
Ironheart. De hecho, prefera perderle de vista hasta que llegaran al Aeropuerto de 
O'Hare. El DC-10  era un aeroplano inmenso. Aunque haba algunos asientos 
vacos, se hallaban a bordo ms de doscientas cincuenta personas. Ella e Ironheart 
podan dar la vuelta al mundo en aquel aparato sin tropezar el uno con el otro; en 
realidad, estaba segura de que as ocurrira en las pocas horas de viaje hasta 
Chicago.
    De pronto le vio. Estaba sentado en la fila nmero diecisis del centro, en el 
asiento que daba al pasillo izquierdo. Justo al otro lado del avin, ojeaba una 
revista de la compaa area. Holly rog que no levantara la vista hasta que ella 
hubiera pasado de largo. Aunque tuvo que apartarse para dejar paso a un 
empleado de la compaa que escoltaba a un nio que viajaba solo, sus deseos se 
cumplieron. Ironheart mantuvo la cabeza inclinada sobre la revista hasta que Holly 
pas de largo. Lleg al siento 23H y se sent. Suspir aliviada. Incluso en el caso 
de que se levantara para ir al servicio, o para estirar las piernas, no habra razn 
alguna por la que dirigirse al pasillo derecho. Perfecto.
    Holly mir al hombre que tena a su lado, junto a la ventanilla. Tena poco ms 
de treinta aos, bronceado y en aparente buena forma fsica. Llevaba un traje de 
ejecutivo de color azul marino, una camisa blanca, y una corbata. Su ceo estaba 
tan fruncido como planchado su traje, y estaba manejando un ordenador porttil. A 
fin de desalentar cualquier intento de conversacin, tena puestos unos auriculares; 
le dirigi una fra sonrisa con el mismo fin.
    A Holly no le import. Al igual que otros muchos reporteros no era una persona 
locuaz por naturaleza. Su trabajo requera escuchar, no necesariamente conversar. 
Se alegr de pasar el viaje en compaa de una revista y de sus complejos 
pensamientos.
    
    
    Haban transcurrido dos horas y Jim todava no tena la menor idea de cul 
sera su destino una vez que el avin hubiera aterrizado en el Aeropuerto O'Hare. 
De todos modos, no estaba preocupado al respecto, porque haba aprendido a ser 
paciente. La revelacin, tarde o temprano, acababa producindose.
    No haba nada interesante en la revista, y la pelcula que proyectaban pareca 
tan divertida como unas vacaciones en una prisin sovitica. Los dos asientos 
contiguos a su derecha estaban vacos, as que no se vea en la obligacin de 
conversar con un extrao. Reclin su asiento ligeramente hacia atrs, cruz las 
manos sobre su estmago y cerr los ojos. Dej que pasara el tiempo entre las 
preguntas de las azafatas sobre su apetito y confort reflexionando sobre el sueo 
del molino, y tratando de hallar su significado, en caso de que tuviera alguno.
    Sin embargo, aunque trataba de reflexionar al respecto, por alguna curiosa 
razn, su mente vagaba hacia la reportera Holly Thorne.
    Diablos, no estaba siendo sincero, porque conoca perfectamente la razn por 
la que ella estaba siempre en sus pensamientos desde que la haba conocido. Era 
un verdadero regalo para la vista, y adems inteligente; con un solo vistazo uno 
saba que un milln de engranajes perfectamente engrasados, silenciosos y 
productivos, giraban en su cabeza.
    Tambin tena sentido del humor. Hubiera dado lo que fuera por compartir sus 
das y sus largas noches de pesadillas con una mujer as. La risa sola ser una 
funcin compartida; una observacin, una broma, un instante. No acostumbraba a 
rer en su soledad habitual, y si lo haca, probablemente significaba que deba 
empezar a plantearse la necesidad de pasar una larga temporada en un centro con 
paredes acolchadas.
    Nunca haba sido afable con las mujeres, as que a menudo haba estado sin 
ellas. Incluso antes de aquellos sucesos extraos, tena que admitir que era una 
persona con la que resultaba difcil convivir. Aunque no era depresivo, saba que la 
muerte acompaaba siempre a la vida. A menudo divagaba sobre la futura 
oscuridad. Por otro lado, se reconoca demasiado torpe para atrapar el momento 
oportuno y sucumbir al placer. Si...
    Abri los ojos y se incorpor en el asiento, porque de pronto recibi la 
revelacin que haba esperado. O, al menos, parte de ella. Todava no saba lo que 
iba a ocurrir en Chicago, pero s los nombres de las personas cuyas vidas 
esperaba salvar: Christine y Casey Dubrovek.
    Para su sorpresa se dio cuenta de que se hallaban en el avin, lo que le llev a 
sospechar que los problemas surgiran en el aeropuerto de O'Hare o, por lo menos, 
poco despus de aterrizar. De lo contrario no se habran cruzado en su camino tan 
pronto. Lo normal era encontrar a la gente unos minutos antes de que su vida se 
viera amenazada.
    Impulsado por las mismas fuerzas que le haban guiado peridicamente desde 
el pasado mes de mayo, se levant y se dirigi a la parte delantera del avin, luego 
al pasillo derecho. No supo lo que estaba haciendo hasta que se detuvo en la fila 
veintids y pos su mirada en una mujer y su hija, sentadas en los asientos I y H. 
La mujer tendra algo menos de treinta aos; tena un rostro agraciado, no era bello 
pero era agradable. La nia tendra alrededor de unos cinco o seis aos.
    La mujer levant la vista hacia l con extraeza, y Jim dijo:
    Seora Dubrovek?
    Ella parpade sorprendida.
    Perdone... Le conozco de algo?
    No, pero Ed me dijo que iba a coger este vuelo y me encarg que cuidase de 
usted.
    Cuando pronunci este nombre, supo que Ed era su marido, aunque por 
supuesto desconoca cmo haba llegado a saberlo. Se agach junto a su asiento y 
le brind la mejor de sus sonrisas.
     Soy Steve Harkman. Ed est en ventas, y yo en publicidad, as que nos 
volvemos locos mutuamente en la docena de reuniones semanales a las que 
asistimos.
    El rostro virginal de Christine Dubrovek se ilumin.
    Oh, s, me ha hablado de usted. Ha entrado en la compaa hace cosa de un 
mes, verdad?
    Va a hacer seis semanas respondi Jim sin ningn complejo, seguro de 
que las respuestas surgiran aunque ni siquiera supiera de qu estaba hablando. 
Y sta debe de ser Casey.
    La nia estaba sentada junto a la ventanilla. Levant la cabeza, distrayendo su 
atencin de un libro con dibujos en relieve.
    Maana voy a cumplir seis aos, es mi cumpleaos, y vamos a visitar a mis 
abuelos. Son muy viejos, pero muy simpticos.
    Ironheart se ech a rer.
    Estoy seguro de que estn orgullosos de tener una nieta tan lista como t.
    
    
    Cuando Holly vio aproximarse a Ironheart por el pasillo derecho, se sorprendi 
de tal forma que estuvo a punto de saltar de su asiento. Al principio crey que la 
miraba directamente. Tuvo el impulso de iniciar una confesin incluso antes de que 
llegara: S, de acuerdo, he estado siguindole, indagando acerca de usted, 
invadiendo su vida privada sin ninguna consideracin. Conoca a muy pocos 
periodistas que se hubiesen sentido culpables por entrometerse en sus propias 
vidas, pero Holly pareca incapaz de eliminar aquel sentimiento de decencia que se 
haba interpuesto en el avance de su profesin desde que termin la carrera de 
periodista. Estuvo a punto de echarlo todo a perder, pero se dio cuenta de que 
estaba mirando a la mujer morena que se hallaba sentada frente a ella. Holly trag 
saliva y se desliz unos centmetros en su asiento en lugar de precipitarse en una 
impetuosa confesin. Cogi la revista. Lenta y deliberadamente, la abri para 
ocultarse tras ella, temiendo que un movimiento imprevisto atrajera su atencin 
antes de que tuviera tiempo de esconderse tras sus pginas.
    La revista le impeda verle, pero poda or cada una de sus palabras y la mayor 
parte de las respuestas que daba la mujer. Escuch cmo Ironheart se haca pasar 
por Steve Harkman, un ejecutivo de una compaa publicitaria, y se pregunt qu 
sentido tena todo aquello.
    Se atrevi a girar la cabeza lo suficiente para mirar de reojo. Ironheart estaba 
agachado junto al asiento de la mujer, tan cerca que Holly podra haberle escupido, 
aunque su prctica al respecto era la misma que tena en la vigilancia clandestina.
    Se dio cuenta de que sus manos temblaban y de que agitaba la revista 
levemente. Irgui la cabeza, mir las pginas que tena enfrente, y se concentr en 
no perder la calma.
    
    
    Cmo  demonios  ha podido  reconocerme?   pregunt Christine 
Dubrovek.
     Bueno, Ed casi tiene empapelado su despacho con las fotografas de usted 
y su hija.
     Oh, claro.
    Escuche, seora Dubrovek...
    Llmeme Christine.
    Gracias. Christine... Tengo un segundo motivo por el que estar aqu dndote 
la lata. Segn Ed, tienes una habilidad especial para emparejar a la gente.
    Ironheart haba pronunciado las palabras apropiadas: el dulce y radiante rostro 
de Christine se ilumin an ms.
    Bueno, me gusta ver a dos personas juntas si considero que se compenetran 
mutuamente, y debo admitir que he tenido algn que otro xito.
     Haces cerillas, mam?1 pregunt su hija. Curiosamente sincronizada 
con la psicologa de una nia de seis aos, Christine respondi:
    No de las que se usan para los cigarrillos, tesoro.
    Oh, bien dijo Casey regresando a su libro de dibujos en relieve.
    El asunto es dijo Jim que acabo de llegar a Los ngeles, slo llevo all 
ocho semanas, y soy el clsico y original solitario. No me gustan los bares de 
solteros, ni quiero hacerme socio de un club de gimnasia para conocer a una mujer, 
e imagino que cualquier persona con la que conectar a travs de un servicio 
computerizado estar tan desesperada y confundida como yo.
    Christine se ech a rer.
    A m no me parece que ests confundido o desesperado..
    Perdone, seor dijo una azafata con amable firmeza, tocando el hombro de 
Jim, pero no puedo permitirle que bloquee el pasillo.
    Oh, claro dijo Jim ponindose en pie. Concdame slo un minuto. 
Luego se dirigi a Christine: Escucha, esto es embarazoso, pero realmente me 
gustara hablar contigo, hablarte de m, de lo que busco en una mujer, y quiz si t 
conocieras a alguien...
    Desde luego, me encantara respondi Christine.
    A juzgar por el entusiasmo de sus palabras, Christine deba de ser la 
reencarnacin de una aldeana que haba sido una solicitada casamentera o una 
hbil schatchen de Brooklyn.
    
    
    1. Emparejar, matchmaking. Match significa cerilla y making, hacer.
    
    Mira, hay dos asientos vacos junto al mo dijo Jim. Tal vez podais pasar 
conmigo el resto del viaje...
    Jim temi que se mostrara reacia a abandonar los asientos del lado de la 
ventanilla, y una ansiedad inexplicable atenaz su estmago mientras esperaba la 
respuesta.
    Sin embargo, Christine slo vacil un par de segundos.
    S, por qu no?
    La azafata, que an permaneca a su lado, asinti con aprobacin.
    Cre que a Casey le gustara contemplar la vista desde aqu arriba dijo 
Christine dirigindose a Jim, pero no parece prestarle mucha atencin. Adems, 
estamos en la parte posterior del ala y apenas podemos ver el paisaje.
    Jim no entendi por qu se sinti aliviado cuando ella accedi a cambiar de 
sitio, aunque en aquellos das haba muchas otras cosas que le dejaban perplejo.
    Bien, fantstico. Gracias, Christine.
    Al echarse hacia atrs para permitir que Christine Dubrovek se levantara de su 
asiento, advirti a la pasajera que haba detrs. Era evidente que a la pobre mujer 
le aterrorizaba ir en avin. Tena ante su rostro un ejemplar de la revista Vis a Vis, 
tratando de disipar su miedo a travs de la lectura; no obstante, sus manos 
temblaban de forma tan exagerada que la revista no dejaba de agitarse un solo 
momento.
     Dnde ests sentado? pregunt Christine.
    En el otro pasillo, en la fila diecisis. Ven, te ensear dnde est.
    Jim levant el nico bulto de equipaje de Christine mientras ella y Casey cogan 
el resto de sus escasas pertenencias, luego las gui a la parte delantera del avin. 
Casey se meti en la fila diecisis, seguida por su madre.
    Antes de que Jim se acomodara en el asiento, algo le impuls a girar la mirada 
en direccin a la mujer que padeca aerofobia y que se hallaba sentada en la fila 
veintitrs. Haba dejado a un lado la revista. Estaba mirando a Jim. La conoca. Era 
Holly Thorne.
    Jim se qued estupefacto.
    Steve? dijo Christine Dubrovek.
    Al otro lado del avin, la periodista se dio cuenta de que Jim la haba visto. 
Holly le mir con los ojos muy abiertos, paralizada como un ciervo ante los faros de 
un coche.
    Steve?
    Jim mir a Christine y le dijo:
     Oh, disclpame un minuto, Christine. Tan slo un minuto. Ahora mismo 
vuelvo. Esprame aqu, de acuerdo? Esprame aqu mismo.
    Jim se dirigi a la parte delantera del avin y al pasillo de la derecha.
    Su corazn lata aceleradamente. Tena un nudo de miedo en la garganta. Sin 
embargo, no saba por qu. No estaba asustado a causa de Holly Thorne. Supo de 
inmediato que su presencia all no se deba a una mera coincidencia, saba que 
haba descubierto su secreto y que le haba seguido. Pero en aquel momento le 
traa sin cuidado. El que le descubrieran, que le desenmascararan no era lo que 
provocaba su temor. No tena la menor idea de cul era la causa de su creciente 
ansiedad, pero aumentaba por momentos hasta lmites insospechados.
    Mientras Jim se diriga hacia la periodista, ella empez a levantarse. Una 
mirada de resignacin cruz su rostro y volvi a sentarse. Segua siendo tan 
atractiva como la recordaba, aunque unas evidentes ojeras denotaban que no 
haba dormido lo suficiente.
    Cuando lleg a la fila veintitrs le tendi la mano y dijo:
    Acompeme.
    Holly no le dio la mano.
    Tenemos que hablar dijo Jim.
    Podemos hablar aqu.
    No, no podemos.
    La azafata que le haba advertido que no bloqueara el pasillo se estaba 
acercando de nuevo.
    Al ver que Holly no coga su mano, Jim la asi por el brazo y la conmin a que 
se levantara, esperando no verse obligado a tirar de ella para que abandonara su 
asiento. La azafata probablemente estara pensando que era algn pervertido 
Svengali que estaba reuniendo a las mujeres ms atractivas del avin para 
rodearse de un harn en el otro pasillo. Afortunadamente, la periodista se levant 
sin emitir protesta alguna.
    Jim la condujo a travs del avin hasta el lavabo. No estaba ocupado, as que 
la empuj dentro. Mir hacia atrs, esperando encontrar a la azafata observndole, 
pero estaba atendiendo a otro pasajero. Sigui a Holly, entr en aquel diminuto 
cubculo y cerr la puerta.
    Holly se encogi en la esquina, tratando de separarse de l, pero seguan 
virtualmente pegados.
    No le tengo miedo dijo Holly.
     Perfecto. No hay razn para ello.
    Las paredes pulidas del lavabo absorban las vibraciones. El profundo zumbido 
de los motores era algo ms fuerte all que en la cabina principal.
     Qu quiere de m? inquiri Holly. Tiene que hacer exactamente lo que 
yo le diga. Holly frunci el ceo.
    Escuche, yo...
     Exactamente lo que yo le diga, y sin discusiones, no hay tiempo para ello 
dijo Jim bruscamente, preguntndose al mismo tiempo de qu demonios estaba 
hablando.
    Lo s todo sobre su...
    No me importa lo que sepa. Eso ahora no importa.
    Est temblando como una hoja dijo Holly frunciendo el ceo.
    No slo estaba temblando, tambin sudaba. En el lavabo no haca calor, pero 
Jim poda sentir cmo las gotas de sudor iban perlando su frente. Un fino hilillo 
resbal por su sien derecha y se desliz junto al rabillo del ojo.
    Hablando apresuradamente, dijo:
     Quiero que vaya a la parte delantera del avin, y que ocupe un asiento libre 
que hay en esa zona.
    Pero yo...
     No puede quedarse donde est! No puede quedarse en la fila veintitrs de 
ningn modo!
    Holly no era una mujer dcil. Saba lo que quera y no estaba acostumbrada a 
que le dijeran cmo deba actuar.
     Es mi asiento, 23H. No puede intimidarme...
    Si se queda all morir dijo Jim con un tono de impaciencia.
    Holly pareci sorprenderse tanto como Jim, que se hallaba realmente 
desconcertado.
     Morir? Qu quiere decir?
    No lo s. De pronto, una revelacin terrible se le manifest. Oh, Dios 
mo. Vamos a estrellarnos.
     De qu habla?
    El avin... Su corazn lata ms rpido que las turbinas de los grandes 
motores que les mantenan en el aire  . Desciende. Est cayendo.
    Jim vio cmo la incomprensin de Holly daba paso a un terrible entendimiento.
     Cmo? Un accidente?
     S respondi Jim. Cundo?
    No lo s. Muy pronto. Ms all de la fila veinte casi nadie va a sobrevivir. 
No saba qu iba a decir a continuacin hasta que habl, y a medida que 
escuchaba sus propias palabras se sinti horrorizado. Hay ms posibilidades de 
sobrevivir en las primeras nueve filas, pero pocas, realmente muy pocas. Tiene que 
venir a mi seccin.
    El avin sufri una sacudida.
    Holly se qued rgida y mir a su alrededor asustada, como si esperara que las 
paredes del lavabo fueran a desmoronarse sobre ellos.
    Una turbulencia dijo Jim. Slo una turbulencia. Todava tenemos algunos 
minutos.
    Evidentemente, Holly saba lo suficiente acerca de l para tener fe en su 
prediccin. No se mostr indecisa.
     No quiero morir!
    Tembloroso y alterado, Jim la cogi por los hombros.
    sa es la razn por la que debe venir delante y sentarse a mi lado. Ninguno 
de los que estn sentados entre las filas diez y veinte va a morir. Habr algunos 
heridos graves, pero nadie morir en esta seccin, y muchos saldrn ilesos por su 
propio pie. Ahora, por el amor de Dios, acompeme.
    Jim asi el pomo de la puerta.
    Espere. Tiene que decrselo al piloto.
    l mene la cabeza.
    No servir de nada.
     Pero quiz pueda hacer algo, impedir que ocurra.
    No me creera, y aunque lo hiciera... no sabra qu decirle. Vamos a 
estrellarnos, s, pero no s por qu. Quiz tengamos una colisin en el aire, tal vez 
sea debido a un fallo de estructura, puede que haya una bomba a bordo... puede 
ser cualquier cosa.
    Pero usted tiene poderes paranormales, tiene que ser capaz de ver los 
detalles si lo intenta.
     Si usted piensa eso, sabe menos acerca de m de lo que cree.
     Tiene que intentarlo!
     Oh, crame que lo intentara, lo intentara como un maldito hijo de puta si 
sirviera de algo. Pero sera intil.
    En el rostro de Holly surgi una expresin en la que se debatan el terror y la 
curiosidad.
     Si no tiene poderes, entonces, quin es usted? Una herramienta.
     Una herramienta? Algo o alguien me utiliza.
    El DC-10  volvi a sacudirse. Ambos se quedaron inmviles, pero el avin no 
experiment una sbita cada. Sigui hacia delante con normalidad, con sus tres 
motores zumbando. De nuevo se trataba de una turbulencia.
    Holly asi a Jim por el brazo.
     No puede dejar morir a toda esta gente!
    Una soga de culpabilidad oprimi el pecho de Jim y anud su estmago al 
sentirse responsable de todas las muertes que se avecinaban.
    Estoy aqu para salvar a la mujer y a la nia, a nadie ms dijo Jim.
    Es horrible!
    La idea me desespera tanto como a usted dijo al abrir la puerta del 
lavabo, pero las cosas son as.
    Holly no solt su brazo, sino que tir de l con enfado. Sus ojos verdes 
expresaban todo el tormento de una visin terrible, la de cientos de cuerpos 
destrozados sobre la tierra entre humeantes restos de fuselaje. Con un fiero 
susurro, Holly repiti:
    No puede dejar morir a toda esta gente!
    Venga conmigo o muera con el resto respondi Jim con desespero.
    Jim sali del lavabo y Holly le sigui, pero l no saba si le acompaara a su 
seccin. Rog a Dios que lo hiciera. En realidad no era responsable de lo que iba a 
ocurrir porque, aun sin l a bordo, habran muerto igualmente; no haba sido en-
viado para cambiar el destino de los dems, su propio sino era otro. No poda 
salvar al mundo entero, y tena que confiar en la sabidura de aquel misterioso 
poder que le guiaba. Pero, sin duda, sera responsable de la muerte de Holly 
Thorne, porque ella nunca habra cogido aquel vuelo si l, inconscientemente, no la 
hubiera llevado hasta all.
    Al avanzar por el pasillo izquierdo, Jim dirigi su mirada hacia las ventanillas 
del avin y al cielo azul claro que haba tras ellas. Tuvo una vivida sensacin de 
vaco bajo sus pies y sinti un vuelco en el estmago.
    Jim le indic a Holly dos asientos vacos que se hallaban detrs del suyo y el 
de Christine.
    Holly hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.
    Me sentar si se sienta conmigo. Tenemos que hablar.
    Jim mir a Christine, luego a Holly. Era plenamente consciente de la rapidez 
inquebrantable con que transcurra el tiempo, como el agua que desaparece 
arremolinndose en torno al desage. El terrible momento de la colisin se hallaba 
cada vez ms cerca. Quera coger a la reportera, dejarla en el asiento, abrochar su 
cinturn de seguridad e inmovilizarla bajo llave. Pero los cinturones de seguridad 
no tenan cerradura.
    Incapaz de ocultar su extrema frustracin le susurr:
    Mi lugar est junto a ellas dijo Jim refirindose a Christine y Casey 
Dubrovek.
    Habl calmadamente, como lo haba hecho Holly, pero otros pasajeros 
empezaron a observarles.
    Christine mir a Jim con el ceo fruncido y estir el cuello por encima del 
respaldo observando a Holly.
     Ocurre algo, Steve?
    No, todo va bien minti Jim.
    Jim mir de nuevo hacia las ventanillas. Cielo azul... Vasto, vaco. Cuntos 
metros de altura les separaban de la tierra?
    No pareces encontrarte bien.
    Jim se percat de que su rostro todava estaba baado por una grasienta capa 
de sudor.
    Tengo un poco de calor, eso es todo. Ah, mira, me he encontrado con una 
vieja amiga. Me disculpas cinco minutos?
    Christine sonri.
    Claro, claro. Sigo repasando una lista mental de las ms adecuadas.
    Por un instante, Jim no supo de qu demonios estaba hablando. Entonces 
record que le haba pedido que hiciera de casamentera para l.
    Bien respondi. Estupendo. Vuelvo ahora mismo y hablamos.
    Acomod a Holly en la fila diecisiete y l se sent junto a ella en el asiento que 
daba al pasillo.
    Al otro lado de Holly se hallaba sentada una mujer rechoncha de edad 
avanzada con un vestido estampado de flores; los apretados rizos que formaban su 
pelo gris tenan un tinte azulado. Estaba profundamente dormida y roncaba suave-
mente. Sobre su pecho de matrona, colgando de su cuello por una cadena, 
descansaban unas gafas con montura de oro que se elevaban y descendan con su 
regulada respiracin.
    Holly se inclin hacia Jim y habl en un tono tan bajo que no poda orse ms 
all del estrecho pasillo, aunque mantena la conviccin de un apasionado orador 
poltico.
    No puede dejar morir a toda esa gente.
    Ya hemos hablado de esto dijo Jim con impaciencia en el mismo tono 
inaudible de Holly.
    Es su responsabilidad.
    Slo soy un hombre!
    Pero un hombre muy especial.
    No soy Dios respondi quejumbroso.
    Hable con el piloto.
    Jess, es usted implacable.
    Avise al piloto susurr Holly.
    No me creer.
    Entonces avise a los pasajeros.
    No hay suficientes asientos vacos en esta seccin para todos.
    Holly estaba tan furiosa que Jim no poda apartar la mirada de ella ni descartar 
lo que deca. Holly puso una mano sobre su brazo y lo asi tan fuerte que a Jim le 
doli.
     Maldita sea, quiz puedan hacer algo!
    Lo nico que conseguira sera provocar el pnico.
    Si puede salvar a ms gente y la deja morir es un asesinato susurr Holly 
insistente, mientras la rabia destellaba en sus ojos.
    Aquella acusacin golpe a Jim con la fuerza de un martillazo en el pecho. Por 
un instante se qued sin aliento. Cuando recobr el habla su voz se quebr 
repetidamente:
     Odio la muerte, odio que la gente muera. Quiero salvar a la gente, impedir 
todo sufrimiento, estar al lado de la vida, pero slo puedo hacer lo que est en mi 
mano, nada ms.
     Asesinato! repiti Holly.
    Lo que ella le estaba haciendo era ultrajante. l no poda asumir la carga que 
Holly quera poner sobre sus hombros. Si lograba salvar a las Dubrovek llevara a 
cabo dos milagros: salvar a la madre y a la hija del final prematuro que el destino 
les haba deparado. Pero Holly Thorne, ignorando sus aptitudes, no se senta 
satisfecha con dos milagros; quera tres, cuatro, cinco, diez, cien. Jim tena la 
sensacin de que un peso enorme se abata sobre l, el peso de todo aquel maldito 
avin aplastndole contra la tierra. Holly no tena derecho a culparle; no era justo. 
Si quera culpar a alguien deba lanzar sus acusaciones contra el mismsimo Dios, 
que con su forma misteriosa de actuar ordenaba la necesidad de que el avin se 
estrellase.
     Asesinato!
    Holly apret con ms fuerza su brazo.
    Jim poda sentir la rabia que irradiaba de ella como el calor del sol en una 
superficie metlica. De pronto se percat de que aquella imagen slo poda tener 
un trasfondo freudiano. La ira que senta Holly ante su negativa de salvar a todos 
los ocupantes del avin no era mayor de la que l mismo senta por su incapacidad 
de poder hacerlo. Su rabia era reflejo de la suya propia.
    Asesinato! repiti Holly, plenamente consciente del profundo efecto que 
aquella acusacin tena sobre l.
    Jim mir sus bellos ojos y sinti deseos de pegarle, de darle un puetazo en la 
cara, de aplastarla con todas sus fuerzas, de golpearla hasta dejarla inconsciente, 
dese que dejara de expresar sus propios pensamientos en palabras. Era 
demasiado intuitiva. Jim la odi por estar en lo cierto.
    En lugar de golpearla se levant.
    Adnde va? pregunt Holly.
    A hablar con uno de los auxiliares de vuelo.
     Sobre qu?
    Usted gana, de acuerdo?
    Al dirigirse a la parte trasera del avin, Jim observ a la gente, y sinti un 
escalofro ante lo que todos ignoraban. Su desesperacin creca al mismo ritmo 
que sus fantasas; vio calaveras bajo su piel, el resplandor de los huesos 
filtrndose a travs de la carne... Eran muertos vivientes. Le invadan nuseas a 
causa del miedo, no por l, sino por ellos.
    El avin dio una sacudida y se balance como si hubieran pasado por un bache 
de aire. Jim se asi al respaldo de un asiento para no perder el equilibrio. No 
obstante, todava no haba llegado el momento.
    Los auxiliares de vuelo estaban reunidos al fondo del avin en el rea 
reservada al personal, preparando las bandejas del almuerzo que acababan de 
llegar de la cocina. Era un grupo mixto de hombres y mujeres, un par de ellos no 
tendran ms de treinta aos, y entre los dems los mayores tendran unos 
cincuenta y tantos.
    Jim se acerc a la azafata de mayor edad. Segn la placa que llevaba, su 
nombre era Evelyn.
    Tengo que hablar con el piloto dijo Jim hablando en voz baja, a pesar de 
que los pasajeros ms cercanos se hallaban a considerable distancia.
    Si Evelyn se sinti sorprendida por su peticin, no lo demostr. Sonri como si 
la hubieran entrenado para ello.
    Lo siento, seor, pero eso no es posible. Cualquiera que sea el problema 
estoy segura de que podr ayudarle a...
     Escuche, estaba en el servicio de caballeros y o algo extrao, un ruido que 
no pareca ser el sonido apropiado de un motor minti Jim.
    La sonrisa de Evelyn se hizo ms amplia pero menos sincera, y adopt el 
habitual tono reservado para tranquilizar al pasajero nervioso.
    Bueno, durante el vuelo es perfectamente normal que el ruido de los motores 
cambie cuando los pilotos modifican la velocidad y...
    Eso ya lo s. Trat de parecer un hombre razonable al que ella debera 
escuchar. He volado muchas veces y ese ruido era distinto. Jim volvi a 
mentir. Conozco los motores del avin, trabajo para la McDonnell Douglas. 
Nosotros diseamos y construimos el DC-10 . Conozco este avin y lo que o no 
era correcto.
    La sonrisa de Evelyn se desvaneci, probablemente no porque estuviera 
tomando en serio la advertencia de Jim, sino porque le consideraba ms inventivo 
que el resto de la gente que se vea presa del pnico en medio de un vuelo.
    El resto de los auxiliares de vuelo interrumpieron la labor que llevaban a cabo y 
se lo quedaron mirando. Sin duda alguna, se preguntaban si Jim iba a constituir un 
problema. Mire dijo Evelyn con cautela. Todo funciona bien. Aparte de 
alguna turbulencia...
     Es el motor de cola dijo Jim. Aquello no era mentira. Estaba recibiendo 
una revelacin y dejaba que se manifestara a travs de l. El montaje de 
ventilacin se est rompiendo. Si las paletas se desprenden, las piezas pueden se-
guir sujetas, ahora bien, si todo el montaje del ventilador se hace pedazos, Dios 
sabe lo que puede ocurrir.
    Tanta concrecin y exactitud parecan alejarle del tpico pasajero aquejado de 
aerofobia. Todos los auxiliares de vuelo le miraban fijamente, si no con respeto al 
menos con una atenta reserva.
    Todo va bien dijo Evelyn instintivamente. Adems, en el caso de que 
perdiramos un motor, podramos seguir volando con los dos restantes.
    Jim se sinti presa del nerviosismo por el hecho de que la fuerza superior que 
le guiaba haba decidido proporcionarle lo que necesitaba para convencer a aquella 
gente. Quiz poda hacerse algo por aquella gente.
    Jim luch por conservar la calma y tratar de convencerles.
     Este motor se oy decir a s mismo tiene 18.000 kg de  empuje,  es  un 
autntico  monstruo,  y si  estalla ser como una bomba. Los compresores pueden 
invertir su movimiento, y las treinta y ocho paletas de titanio, el montaje de 
ventilacin, e incluso las piezas del rotor pueden estallar hacia fuera como si fueran 
metralla. Como resultado la cola sera perforada, los timones y los elevadores 
quedaran averiados... Toda la cola del avin podra desintegrarse.
    Tal vez alguien debera hablar de eso con el capitn Delbaugh dijo uno de 
los auxiliares de vuelo.
     Conozco estos motores dijo Jim  . Yo mismo se lo puedo explicar al 
capitn. No tienen que llevarme a la cabina de vuelo, basta con que me dejen 
hablar con l a travs del interfono.
     McDonnell Douglas?  dijo Evelyn.
    S. He trabajado en esa compaa como ingeniero durante doce aos 
minti Jim.
    Evelyn pareca dudar de la eficiencia de las respuestas estndar que le haban 
enseado en la academia. Jim pareca estar a punto de convencerla.
    Su capitn dijo Jim esperanzado tiene que desconectar el motor nmero 
dos. Si lo desconecta y utiliza los motores uno y tres, conseguiremos salir todos 
con vida.
    Evelyn mir al resto de los auxiliares de vuelo y dos de ellos asintieron.
    Me imagino que no perdemos nada si...
     Vamos, rpido! Quiz no nos quede mucho tiempo sentenci Jim.
    Jim sigui a Evelyn fuera del rea reservada al personal y ambos recorrieron el 
pasillo derecho dirigindose hacia delante.
    Una explosin zarande el avin...
    Evelyn sali despedida hacia el suelo bruscamente. Jim tambin fue lanzado 
hacia delante y se agarr a un asiento para evitar caer encima de ella, pero no 
pudo evitar perder el equilibrio y caer sobre un pasajero. Luego cay al suelo 
cuando el avin empez a oscilar. Oy a su espalda el estruendo de las bandejas 
del almuerzo al estrellarse contra el suelo; la gente profera exclamaciones de 
sorpresa y alarma, y alguien solt un chillido breve y fino. Mientras Jim trataba de 
ponerse en pie, el avin empez a perder altura... Caan en picado.
    
    
    Holly avanz hasta la fila diecisiete, se sent junto a Christine Dubrovek y se 
present ante ella como una amiga de Steve Harkman. Algo parecido a un bache 
estuvo a punto de arrojar a Holly fuera de su asiento. Una fraccin de segundo ms 
tarde sintieron una fuerte sacudida, como si algo les hubiera golpeado.
    Mam!
    Casey llevaba el cinturn de seguridad abrochado, a pesar de que la seal 
indicadora de que se abrocharan los cinturones estaba apagada. No fue despedida 
hacia delante, pero los libros que haba en su regazo cayeron al suelo. Sus ojos se 
abrieron llenos de miedo.
    El avin empez a perder altura.
     Mam?
    No pasa nada dijo Christine, luchando por ocultar ante su hija el miedo que 
senta. No es ms que una turbulencia, un bache.
    Descendan con rapidez.
    No les ocurrir nada dijo Holly, inclinndose por encima de Christine para 
asegurarse de que la pequea tambin oa sus palabras tranquilizadoras. No les 
ocurrir nada a ninguna de las dos si siguen aqu, no se muevan, permanezcan en 
sus asientos.
    Seguan cayendo vertiginosamente... quinientos metros... seiscientos... mil 
metros...
    Holly se abroch el cinturn frenticamente.
    Una ola de horror y pnico se abati sobre los pasajeros. Despus, rein un 
intenso silencio, al tiempo que todos se aferraban a los brazos de sus asientos 
esperando que el avin ascendiera de nuevo o, por el contrario, se inclinase 
definitivamente.
    Para sorpresa de Holly, la parte delantera del avin se elev lentamente, y el 
aparato volvi a adquirir una posicin horizontal.
    Un suspiro de alivio y un ligero aplauso recorri el interior del avin.
    Holly se volvi hacia Casey y Christine sonriendo.
    No nos va a ocurrir nada. Lo conseguiremos!  El capitn habl por los 
altavoces y explic que haban perdido uno de los motores. Les asegur que 
podan seguir volando con los dos que quedaban, aunque sugiri que tal vez se 
veran obligados a desviarse hacia un aerdromo que se hallara ms cerca que 
O'Hare, por motivos de seguridad. Su tono de voz pareca tranquilo y seguro de s 
mismo. Agradeci la paciencia de los pasajeros y dio a entender que lo peor que 
iban a soportar sera una serie de inconveniencias.
    Un momento ms tarde Jim Ironheart apareci en el pasillo y se agach junto a 
Holly. Tena un poco de sangre en la comisura de los labios; era evidente que 
haba sufrido las consecuencias de la sacudida.
    Holly se puso tan contenta que dese besarle, pero nicamente dijo:
    Lo hizo, lo consigui, de algn modo ha logrado cambiar el curso de los 
acontecimientos.
    Jim pareca sombro.
    No. Se inclin hacia ella, casi hasta tocarla con el rostro, para poder seguir 
hablando en voz baja, aunque Holly pens que Christine Dubrovek deba de estar 
oyendo parte de lo que decan. Es demasiado tarde...
    Holly sinti como si le propinaran un puetazo en el estmago.
    Pero el avin se ha estabilizado.
    Cuando explot el motor algunos fragmentos perforaron la cola. Las lneas 
hidrulicas estn seriamente daadas, algunas de ellas destrozadas. Pronto sern 
incapaces de controlar el avin.
    El temor que Holly senta la dominaba por entero, extendindose en su persona 
como el hielo sobre la superficie de una charca en invierno.
    Iban descendiendo.
    Usted sabe exactamente lo que ocurri, debera estar junto al capitn, no 
aqu.
    Se acab. Actu demasiado tarde, como siempre...
    No. Nunca...
    Ya no puedo hacer nada.
    Pero...
    Un auxiliar de vuelo apareci de pronto, pareca agitado, pero su tono de voz 
son apacible.
     Seor, por favor, vuelva a su asiento.
    De acuerdo dijo Jim. Antes cogi la mano de Holly y se la apret. No 
tenga miedo. Apart su mirada de Holly y la pos en Christine y luego en 
Casey. No va a ocurriros nada.
    Se traslad a la fila diecisiete, en el asiento situado detrs de Holly. Holly odi 
la idea de perderle de vista, el solo hecho de verle le inspiraba confianza.
    Durante veintisis aos, el capitn Sleighton Delbaugh se haba ganado la vida 
en las lneas areas comerciales, los ltimos dieciocho como piloto. Durante ese 
tiempo se haba encontrado con una considerable variedad de problemas y los 
haba resuelto de forma efectiva, algunos de ellos lo bastante serios para 
calificarlos de crticos. Haba sacado provecho del programa de instruccin 
continua y reciclaje que llevaba a cabo United y pensaba que se hallaba preparado 
para afrontar cualquier eventualidad que se presentara en un avin moderno; sin 
embargo, le costaba creer lo que haba sucedido en el vuelo 246.
    Despus de que el motor nmero dos fallase, el aparato sufri un descenso 
imprevisto y los controles se anquilosaron. No obstante, consiguieron corregir la 
direccin y equilibrar el avin. Sin embargo, el hecho de perder tres mil metros de 
altura era el problema menos importante de los que tenan.
    Estamos virando hacia la derecha dijo Bob Anilov. Era el primer oficial de 
Delbaugh, tena cuarenta y tres aos y era un excelente piloto. Segumos virando 
hacia la derecha. Se est bloqueando, Slay.
    Tenemos un fallo hidrulico parcial dijo Chris Lodden, el ingeniero de 
vuelo. Era el ms joven de los tres y el favorito de casi todas las auxiliares de 
vuelo, en parte debido a su atractivo rostro que recordaba al de un chico de campo, 
pero tambin porque era algo tmido, lo cual constitua una novedad entre la 
presuncin generalizada de la mayora de tripulaciones. Chris estaba sentado 
detrs de Anilov y se haca cargo del sistema mecnico.
    Nos estamos desviando an ms hacia la derecha dijo Anilov.
    Delbaugh haba empezado a mover la palanca hacia atrs.
     Maldita sea! exclam.
    No responde dijo Anilov.
    Es algo peor que una prdida parcial. Cmo es posible? dijo Chris 
Lodden, al tiempo que ajustaba y golpeaba ligeramente sus instrumentos, como si 
le costara creer en lo que estaban indicando.
    El DC-10 tena tres sistemas hidrulicos y un sistema de reserva bien 
diseado. No podan haber fallado todos. Sin embargo, eso era lo que haba 
ocurrido.
    Pete Yankowski instructor de vuelo que trabajaba en las instalaciones de 
entrenamiento que la compaa posea en Denver se hallaba con el resto de la 
tripulacin de camino a Chicago para visitar a su hermano. Como corresponda a 
un MOT miembro de observacin de la tripulacin estaba sentado en el asiento 
plegable que se hallaba justo detrs de Delbaugh, asomndose virtualmente por 
encima del hombro del capitn para observar con atencin todo lo que ocurra.
     Ir a echar un vistazo a la cola y evaluar los daos dijo Pete.
    El nico control que tenemos es el empuje del motor dijo Lodden cuando 
Yankowski sali de la cabina.
    El capitn Delbaugh ya haba empezado a utilizarlo, reduciendo la potencia del 
motor derecho e incrementndola en el motor de babor con el fin de virar a la 
izquierda e interrumpir el giro no deseado. Cuando empezaran a girar demasiado 
hacia la izquierda, tendra que repetir la operacin a la inversa para equilibrar el 
aparato.
    Con la ayuda del ingeniero de vuelo, Delbaugh lleg a la conclusin de que los 
elevadores interiores y exteriores de cola estaban averiados, inutilizados. Los 
alerones interiores de las alas tambin estaban fuera de servicio, as como los ale-
rones exteriores. Lo mismo ocurra con los estabilizadores y los expoliadores.
    El DC-10  tena una envergadura de unos cincuenta metros. Su fuselaje meda 
cincuenta y dos metros de largo. Era algo ms que un avin. Realmente, era un 
barco que surcaba el cielo, la definicin misma de un jumbo jet. El nico modo que 
virtualmente tenan de gobernarlo era a travs de los dos motores General Electric 
y Pratt & Whitney, lo que equivala a conducir un automvil inclinando el cuerpo 
hacia uno y otro lado para modificar la trayectoria del vehculo.
    
    
    Haban pasado algunos minutos desde la explosin del motor de cola y todava 
seguan en el aire.
    Holly era creyente, no a causa de alguna experiencia que hubiera alterado su 
vida, sino simplemente porque la alternativa era demasiado lgubre. Aunque haba 
sido educada en el metodismo y durante algn tiempo haba especulado con la 
idea de convertirse al catolicismo, nunca haba llegado a decidir qu tipo de dios 
prefera, si uno de las fras variedades protestantes o la divinidad ms apasionada 
de los catlicos. En la vida cotidiana no recurra a Dios para que la ayudara en sus 
problemas, y nicamente bendeca la mesa cuando iba a casa de sus padres en 
Filadelfia. Se habra sentido hipcrita si se hubiera puesto a rezar en aquel 
momento. No obstante, esperaba que Dios se hallara de un humor compasivo y 
velara por el DC-10 , sin tener en cuenta sus preferencias por las distintas 
creencias.
    Christine lea con Casey uno de los libros con dibujos en relieve, y aada 
divertidos comentarios a las aventuras de los personajes en forma de animales. 
Trataba de distraer a su hija para que no pensara en lo que haba ocurrido. La 
intensa atencin que le dispensaba constitua una evasin para sus verdaderos 
sentimientos: estaba asustada, y saba que lo peor an no haba llegado.
    Minuto a minuto, Holly se adentr en un creciente estado depresivo, negndose 
a aceptar lo que Jim Ironheart le haba dicho. No era su propia supervivencia, o la 
de Jim, o la de las Dubrovek las que pona en duda, pues Jim haba demostrado 
ser singularmente efectivo cuando entraba en combate con el destino; Holly se 
senta bastante segura de que sus vidas no corran peligro en la seccin delantera 
de clase turstica, como l haba prometido. Lo que quera rechazar, lo que tena 
que rechazar, era que tantas personas murieran en el mismo suceso, estrellndose 
contra algn rocoso declive o contra una colina de flores silvestres convertida en 
pasto de las llamas. No poda aceptar que no hubiese misericordia alguna para los 
que se haban conducido a lo largo de su vida con dignidad y respeto hacia los 
dems.
    
    

    Al sobrevolar Iowa, el vuelo 246 haba dejado atrs el Minneapolis Center, la 
oficina de control areo despus de Denver Center, y slo mantena contacto con 
Chicago Cerner. Incapaz de poner en funcionamiento el sistema hidrulico, el capi-
tn Delbaugh solicit permiso del controlador de United y de Chicago para 
desviarse de O'Hare hacia el aeropuerto principal ms cercano, que era el de 
Dubuque, Iowa. Delbaugh releg el mando del avin a Anilov, de forma que l y 
Chris Lodden pudieran concentrarse en encontrar una solucin al problema.
    Como primera medida, Delbaugh mand un mensaje por radio al Sistema 
Aeronutico de Mantenimiento (SAM) en el Aeropuerto Internacional de San 
Francisco. SAM era la base de mantenimiento central, un enorme complejo de 
arquitectura moderna con un personal de ms de diez mil trabajadores.
    Estamos en un apuro dijo Delbaugh con tranquilidad. Fallo hidrulico 
total. Podemos mantenernos en el aire durante algn tiempo, pero no podemos 
maniobrar.
    En SAM, adems de los propios empleados de United, los expertos de los 
proveedores de cada modelo de avin que operaba en la lnea area estaban de 
servicio las veinticuatro horas del da incluyendo a un hombre de General 
Electric, la fbrica de los motores CF6, y otro de McDonnell Douglas, la empresa 
que haba diseado y manufacturado los DC-10 . Manuales, libros y una enorme 
base de datos computerizada sobre cada tipo de aeronave se hallaban al servicio 
del personal, aparte de un historial de mantenimiento exhaustivo y detallado de 
cada avin de United. Podan informar a la tripulacin del vuelo 246 de cada uno de 
los problemas mecnicos que haba sufrido el avin a lo largo de su funciona-
miento, de qu reparaciones se haban hecho exactamente durante la ltima 
revisin de mantenimiento, e incluso cundo haba sido restaurada la tapicera; en 
realidad les podan proporcionar cualquier tipo de informacin menos cul era la 
cantidad de dinero suelto y monedas que haban perdido los pasajeros en los 
asientos durante los ltimos doce meses.
    Delbaugh tambin esperaba que pudieran decirle cmo demonios se supona 
que deba mantener en el aire una nave del tamao de un edificio de apartamentos 
sin la ayuda de elevadores, timones, alerones y otro tipo de equipamiento que le 
permitiera maniobrar. Incluso los mejores programas de entrenamiento de vuelo se 
estructuraban bajo la suposicin de que un piloto poda conservar algn tipo de 
control en un incidente catastrfico, gracias a los sistemas de reserva diseados. 
Inicialmente, a la gente de SAM le result difcil aceptar que haba perdido todos 
los sistemas hidrulicos, asumiendo que se refera a una prdida parcial. 
Finalmente, Delbaugh se vio obligado a adoptar un tono de voz agresivo para que 
lo comprendieran. Delbaugh lament su reaccin profundamente, no slo por faltar 
a la tradicional calma profesional que los dems pilotos haban exhibido en 
circunstancias semejantes, sino tambin porque se sinti asustado por el sonido de 
su propia voz alterada, recordndole que en realidad no poda engaarse a s 
mismo al pretender aparentar tranquilidad.
    Pete Yankowski, el instructor de vuelo de Denver, volvi de su incursin a la 
parte posterior del avin y les comunic que a travs de una ventanilla haba 
localizado en la parte horizontal de la cola un agujero de 45 cm.
    Probablemente no he visto todo el dao que ha sufrido el avin. Imagino que 
los trozos de metal despedidos por la explosin han arrancado parte del fuselaje 
posterior por el que pasan todos los sistemas hidrulicos. Al menos no ha habido 
descompresin.
    Consternado por la sensacin que recorri sus intestinos y plenamente 
consciente de que los doscientos cincuenta y tres pasajeros y los diez miembros de 
la tripulacin dependan de l para volver a casa con vida, Delbaugh comunic la 
informacin de Yankowski a SAM. Luego les pidi ayuda para que hallaran el modo 
en que poda ser pilotado aquel avin casi inservible. No se sorprendi cuando, tras 
una urgente consulta, los expertos de San Francisco se vieron incapaces de dar 
orientacin alguna. Delbaugh les estaba pidiendo lo imposible: que le dijeran cmo 
manejar aquella monstruosidad sin ms control que el de los aceleradores; en 
realidad, la misma peticin injusta que Dios le haca a l.
    Sigui en contacto con la oficina del controlador de United, la cual segua el 
progreso de sus aparatos en el aire. Aparte de eso, ambos canales el del 
controlador y el de SAM se mantenan en comunicacin con el cuartel general de 
United situado cerca del Aeropuerto Internacional de O'Hare, en Chicago. Mucha 
gente interesada y ansiosa segua en contacto con Delbaugh a travs de la radio, 
pero se mostraban tan impotentes como los expertos de San Francisco.
    Di a Evelyn que encuentre al tipo de McDonnell Douglas del que nos habl. 
Trele aqu en seguida.
    Al tiempo que Pete abandonaba la cabina y Anilov luchaba en un intento 
decidido, e intil, por conseguir alguna respuesta en el funcionamiento de la 
aeronave, Delbaugh comunic al mando de SAM que un ingeniero de MacDonnell 
se hallaba a bordo.
    Nos advirti que algo iba mal en el motor de cola antes de que ste 
explotara. Lo dedujo por el ruido del motor, supongo. Vamos a traerle aqu por si 
puede sernos de ayuda.
    En SAM, el experto en motores turbopropulsores CF6 de General Electric 
respondi:
    Qu quiere decir con que lo dedujo por el ruido del motor? Cmo pudo 
saberlo? Qu ruido haca?
    No lo s replic Delbaugh. Nosotros no notamos nada inusual, ni 
tampoco los auxiliares de vuelo.
    A travs de los auriculares de Delbaugh, la voz respondi:
    Eso no tiene sentido!
    El especialista en los DC-10  de McDonnell Douglas pareci igualmente 
sorprendido.
    Cmo se llama ese tipo?
    Lo averiguaremos. Lo nico que sabemos por ahora es su nombre de pila 
dijo Delbaugh. Se llama Jim.
    
    
    Mientras el capitn anunciaba a los pasajeros que iban a aterrizar en Dubuque 
debido a una serie de problemas mecnicos, Jim vio que Evelyn se acercaba hacia 
l a lo largo del pasillo  izquierdo.   El  avin  haba  dejado   de  mantener  su 
estabilidad y Evelyn se aproxim tambalendose. Jim dese que no le pidiera lo 
que saba que iba a pedirle.
    ... y puede que suframos algn movimiento brusco  concluy el capitn.
    Cuando disminuan la potencia de un motor y aumentaban la del otro, las alas 
vibraban y el avin se balanceaba como un barco en medio de un mar agitado. 
Cada vez que aquello ocurra recobraban la estabilidad rpidamente, pero entre 
cada correccin de rumbo, si tenan la mala suerte de topar con una turbulencia, el 
DC-10  no la atravesaba con la misma seguridad con que lo haba hecho hasta 
aquel momento desde que abandonaran Los Angeles.
     El capitn Delbaugh me ha pedido que se rena con l si no tiene 
inconveniente dijo Evelyn al llegar junto a l.
    Le habl en voz baja, acompaando sus palabras con una sonrisa, como si le 
estuviera invitando a un agradable refrigerio compuesto de t y sndwiches.
    Jim quera negarse. No estaba completamente seguro de que Christine y 
Casey o incluso Holly fueran a sobrevivir al impacto, especialmente si l no 
estaba a su lado. Saba que una parte del fuselaje de popa, situado en la primera 
clase y abarcando diez filas se desprendera del resto del avin, y que los daos 
que iba a sufrir esa seccin seran menores que los de las secciones delantera y 
trasera. Antes de que l interviniera en la suerte del vuelo 246, todos los pasajeros 
que ocupaban aquellos asientos privilegiados estaban destinados a salir del 
accidente con heridas menores o absolutamente ilesos. Jim estaba seguro de que 
todos aquellos que llevaban la marca de la vida sobreviviran, pero no se hallaba 
convencido de que el mero hecho de instalar a las Dubrovek en la zona segura 
fuera suficiente para alterar su destino y asegurar su supervivencia. Quiz, tras el 
impacto, tendra que permanecer junto a ellas para ayudarlas a escapar del fuego y 
de entre los restos del avin, lo que le sera imposible si se hallaba con la 
tripulacin.
    Por otro lado, ignoraba si la tripulacin sobrevivira. Si l segua con ellos en la 
cabina cuando sobreviniera el impacto...
    No obstante, acompa a Evelyn. No tena eleccin; al menos no ante la 
insistencia de Holly en que intentara hacer algo ms que salvar tan slo a una 
mujer y a su hija. Todava guardaba un recuerdo demasiado ntido de aquel 
hombre agonizante en el desierto de Mojave y de los tres inocentes asesinados en 
la tienda de Atlanta, gente que podra haberse salvado si a Jim le hubiera sido 
posible llegar a tiempo para impedir su muerte.
    Cuando pas ante la fila diecisis, Jim comprob que las Dubrovek estaban 
bien; acurrucadas una junto a otra, lean un libro de cuentos, luego sus ojos se 
encontraron con los de Holly. La ansiedad que sta senta era palpable.
    Mientras segua a Evelyn, Jim se percat de que los pasajeros le dirigan 
miradas inquisitivas. l era uno de tantos, pero elevado de pronto a un estatus 
especial debido al apuro en que se hallaban, y cuya autntica gravedad 
empezaban a sospechar. Evidentemente se preguntaban cules seran sus conoci-
mientos para que su presencia fuera requerida en la cabina.
    El avin se zarande de nuevo.
    Jim imit la tctica de Evelyn: en lugar de dejarse llevar por el movimiento 
oscilante del suelo, trataba de anticiparse a ste inclinndose en sentido contrario 
para no perder el equilibrio.
    Un par de pasajeros estaban vomitando discretamente en bolsas para el 
mareo. Muchos otros, aunque capaces de controlar la nusea, tenan el rostro de 
color grisceo.
    Cuando Jim entr en la concurrida cabina atestada de instrumentos, se sinti 
horrorizado por lo que vio. El ingeniero de vuelo hojeaba un manual con expresin 
de desesperacin en el rostro. Los dos pilotos Delbaugh y el primer oficial Anilov, 
segn le haba informado la auxiliar de vuelo que no haba entrado en la cabina 
luchaban con los controles, tratando de enderezar el jumbo jet que se desviaba de 
su trayectoria hacia la derecha. A fin de permitirles concentrarse en aquella tarea, 
un hombre pelirrojo de calva incipiente Yankowski estaba arrodillado entre los 
dos pilotos manejando los aceleradores, utilizando el empuje de los dos motores 
que quedaban para conseguir el mximo control.
    Volvemos a perder altura dijo Anilov.
    No es grave respondi Delbaugh.
    Consciente de que alguien haba entrado, Delbaugh se volvi hacia Jim. Si 
hubiera estado en la misma situacin en que se hallaba el capitn, Jim habra 
sudado como un caballo de carreras, pero en el rostro de Delbaugh tan slo 
brillaba una fina capa de sudoracin, como si alguien le hubiera rociado la cara con 
un atomizador.
    Es usted la persona de quien nos ha hablado Evelyn? Su voz era calmada. 
S respondi Jim. Delbaugh volvi a mirar hacia delante.  Estamos virando 
le dijo a Anilov, y el copiloto asinti. Delbaugh orden que hiciera un cambio de 
aceleracin, y el hombre que estaba en el suelo obedeci. Luego, sin mirar a Jim, 
pero dirigindose a l, dijo: Usted saba que todo esto iba a ocurrir, verdad? 
S.
    Qu ms puede decirme?
    Jim se asi a un tabique cuando el avin empez a vibrar y zarandearse.
    Fallo hidrulico total dijo Jim.
    Me refera a algo que yo no sepa respondi el capitn con fro sarcasmo. 
Podra haber replicado con un gruido de enfado, pero conservaba un admirable 
control de s mismo. Luego habl con la torre de control y obtuvo nuevas instruc-
ciones.
    Al escuchar, Jim se dio cuenta de que la torre de control de Dubuque iba a 
tratar de que el avin aterrizara mediante una serie de giros de 360 grados, en un 
intento de alinear la nave con una de las pistas de aterrizaje. Para los pilotos no 
sera fcil realizar un acercamiento habitual, en lnea recta, ya que realmente no 
controlaban el avin. La exasperante tendencia del aparato a virar constantemente 
hacia la derecha iba a ser ahora incorporada a un audaz plan que le permitiera 
encontrar el camino de vuelta al establo, como un toro testarudo que, resistindose 
a seguir al pastor, escoge su propia ruta de vuelta a casa. Si el radio de cada giro 
se calculaba cuidadosamente y se ajustaba a un ritmo de descenso igualmente 
preciso, tal vez podran lograr que el vuelo 246 fuera conducido a una de las pistas 
y aterrizara en ella.
    Impacto en cinco minutos. Jim, sobresaltado, hizo un gesto de crispacin y 
casi pronunci en voz alta aquellas cuatro palabras que acudieron a su mente.
    En lugar de eso, cuando el capitn termin de hablar con la torre de control, 
Jim dijo:
     Funciona el tren de aterrizaje?
    Lo hemos sacado y est en posicin confirm Delbaugh.
     Entonces quiz lo logremos.
     Lo lograremos! dijo Delbaugh. A menos que nos est reservada otra 
sorpresa.
    Nos aguarda otra sorpresa respondi Jim.
    El capitn le dirigi una mirada de preocupacin.
    Cul es?
    Impacto en cuatro minutos, pens Jim.
    Por un lado, habr una racha de viento cuando se aproxime a la pista, ser 
oblicuo a la nave, de modo que no le har caer. No obstante, la corriente de aire 
hacia arriba le har pasar un mal rato. Ser como si volara encima de una tabla de 
lavar.
     De qu est hablando? inquiri Anilov. Cuando haga la aproximacin 
final, a unos metros de la pista, el avin se seguir inclinando dijo Jim, 
permitiendo una vez ms que un poder superior omnisciente se expresara a travs 
de l  , pero tendr que seguir adelante de todos modos, no tendr otra opcin.
     Cmo puede saber esto?  pregunt el ingeniero de vuelo.
    Ignorando la pregunta, Jim continu hablando. Sus palabras fluan como un 
torrente.
    El avin se inclinar de pronto hacia la derecha, el ala golpear la tierra, e 
iremos dando vuelcos de un lado a otro de la pista hasta salir de ella y 
encontrarnos en medio del campo. Todo el maldito aparato se partir en pedazos y 
arder.
    El hombre pelirrojo que manejaba los aceleradores mir a Jim con incredulidad.
     De qu mierda est hablando, quin demonios se cree que es?
    Saba lo que iba a ocurrir con el motor nmero dos antes de que explotara 
dijo Delbaugh framente.
    Consciente de que iban a llevar a cabo el segundo de los tres giros de 360 
grados que planeaban realizar y de que el tiempo era escaso, Jim dijo:
      Ninguno de los que se hallan en la cabina va a morir, capitn, pero perder 
a ciento cuarenta y siete pasajeros y a cuatro auxiliares de vuelo.
     Oh, Dios mo exclam Delbaugh en voz baja. No puede saber esto 
objet Anilov. Impacto en tres minutos, intuy Jim.
    Delbaugh dio instrucciones adicionales a Yankowski. El ruido de uno de los 
motores se increment, mientras que en el otro descendi, y el enorme avin inici 
su segundo giro, perdiendo cierta altura.
    Una advertencia antes de que el avin se incline hacia la derecha dijo Jim.
     Cul? pregunt Delbaugh, sin volver la vista hacia Jim, ocupado en 
conseguir una respuesta de los mandos.
     Usted no sabr lo que significa, pero oir un sonido extrao, nada parecido a 
lo que pueda haber odo antes, porque ser un fallo estructural en el acoplamiento 
de las alas, en el lugar en que estn unidas al fuselaje. Oir un sonido vibrante y 
agudo, como una cuerda gigante de guitarra. Cuando lo oiga, si aumenta la 
potencia del motor de babor inmediatamente, compensando el avin hacia la 
izquierda, evitar que el avin vuelque.
    Anilov perdi la paciencia.
     Esto es de locos! Slay, no puedo pensar con ese tipo aqu al lado.
    Jim saba que Anilov tena razn. El Sistema Aeronutico de Mantenimiento en 
San Francisco y el controlador haca ya rato que permanecan en silencio, 
temiendo interrumpir la concentracin de la tripulacin. Si l se quedaba all, 
incluso sin pronunciar una sola palabra, podra distraerles involuntariamente en el 
momento crucial. Adems, tena la intuicin de que no le sera revelado ningn otro 
aspecto que pudiera servir de ayuda.
    Sali de la cabina y se dirigi todo lo rpido que pudo a la fila diecisis. 
Impacto en dos minutos.
    
    
    Holly segua pendiente de Jim Ironheart, esperando que se reunira de nuevo 
con ellas. Quera que l estuviera cerca cuando pasara lo peor. No haba olvidado 
el extrao sueo de la noche anterior, la monstruosa criatura que pareca surgir de 
su pesadilla materializndose en la habitacin del motel; ni haba olvidado a cunta 
gente haba matado Jim Ironheart en su afn por proteger las vidas de inocentes, o 
de cmo haba aniquilado a Norman Rink en aquella tienda de Atlanta. No 
obstante, el lado luminoso de Jim pesaba ms que su parte oscura. A pesar de 
encontrarse siempre cerca del peligro, Holly se senta a salvo en su compaa, 
como si se hallara envuelta por el nimbo protector de un ngel guardin.
    A travs de los altavoces, uno de los auxiliares de vuelo les daba instrucciones 
de cmo deban actuar en caso de emergencia. Otros auxiliares ocupaban distintas 
posiciones a lo largo del avin, asegurndose de que los pasajeros seguan las 
indicaciones.
    El DC-10  empez a tambalearse y a zarandearse, y a pesar de que su 
estructura no era de madera, cruja como un barco en un mar tormentoso. Tras las 
ventanillas se vea un cielo azul, pero, en realidad, el aire era violento, tumultuoso.
    Ninguno de los pasajeros guardaba ya esperanza alguna. Saban que iban a 
aterrizar en las condiciones ms adversas, y que el aterrizaje sera accidentado, tal 
vez fatal. En el interior del enorme avin la gente se hallaba sorprendentemente en 
silencio, como si estuvieran en una catedral asistiendo a un oficio solemne. Quizs 
imaginaban su propio funeral.
    Jim apareci de pronto en la seccin de primera clase y avanz a lo largo del 
pasillo izquierdo. Al verle, Holly sinti gran alivio. Jim se detuvo un instante para 
dirigir a las Dubrovek una sonrisa de aliento y posar su mano en el hombro de 
Holly, dndole un suave apretn tranquilizador. Luego se sent en el asiento 
situado detrs del de Holly.
    El avin atraves una turbulencia mucho peor que las anteriores. Holly estaba 
casi convencida de que ya no volaban, sino que se deslizaban por una superficie 
de acero ondulado.
    Christine cogi la mano de Holly y la retuvo por un instante, como si fueran 
viejas amigas. Curiosamente, el presentimiento de una muerte inminente creaba un 
efecto vinculante.
    Buena suerte, Holly.
     Buena suerte respondi a su vez Holly.
    Tras su madre, la joven Casey pareca tan pequea...
    En aquel momento, incluso los auxiliares de vuelo permanecan sentados en la 
posicin que haban indicado a los pasajeros. Finalmente, Holly sigui su ejemplo y 
asumi la postura que brindaba mayores posibilidades de sobrevivir en caso de 
una colisin area: el cinturn de seguridad abrochado, inclinada hacia delante, la 
cabeza entre las rodillas y asindose los tobillos con las manos.
    El avin emergi de la turbulencia y se desliz suavemente por unos instantes. 
Pero antes de que Holly tuviera tiempo de tranquilizarse, el cielo entero se agit de 
pronto como si unos duendes se hubieran apostado en cada esquina sacudindolo 
del mismo modo que si fuera una sbana.
    Los compartimentos del equipaje situados encima de los pasajeros se abrieron 
de golpe. Neceseres, maletas, chaquetas y objetos personales salieron despedidos 
desparramndose sobre los asientos. Holly sinti el golpe de un objeto en el centro 
de su espalda encorvada, rebotando sobre ella. No era pesado y apenas le doli, 
pero de pronto temi que el neceser de alguna mujer, atestado de tarros de crema 
facial y maquillaje, pudiera caer sobre su espina dorsal en el ngulo adecuado para 
quebrarla.
    
    
    El capitn Delbaugh daba instrucciones a Yankowski, el cual segua arrodillado, 
manipulando los aceleradores mientras los pilotos se esforzaban en mantener el 
poco control que les quedaba. Aunque Yankowski se hallaba bien sujeto, un aterri-
zaje forzoso no iba a ser precisamente agradable para l.
    Estaban finalizando el tercer y ltimo giro de 360 grados. La pista de aterrizaje 
se hallaba ame ellos, pero el avin no estaba alineado, tal como Jim cuyo maldito 
apellido no recordaban haba vaticinado.
    Ajustndose a las predicciones del desconocido, descendan en medio de una 
excepcional turbulencia, sufriendo sacudidas y zarandeos como si se hallaran en el 
interior de un viejo autobs que tuviera los ejes torcidos y bajara ruidosamente por 
una abrupta carretera de montaa. Delbaugh nunca haba visto nada parecido; 
incluso si el avin no hubiera estado averiado, se habra sentido preocupado por el 
hecho de tener que aterrizar entre aquellos traicioneros vientos laterales e intensas 
subidas trmicas.
    Sin embargo, no poda ascender y seguir volando en espera de encontrar otro 
aeropuerto en el que se dieran otras condiciones meteorolgicas o dejar pasar el 
tiempo hasta poder aterrizar all mismo. Haca treinta y tres minutos que mantenan 
el jumbo en el aire desde la explosin en el motor de cola. sa era una proeza de 
la que deban sentirse orgullosos, desde luego, pero la inteligencia, habilidad y 
sangre fra no eran suficientes para llevarlos mucho ms lejos. A cada minuto que 
pasaba, a cada segundo, la situacin del DC-10  empeoraba: era como intentar 
pilotar una enorme y pesada roca.
    Se hallaban a unos dos mil metros del final de la pista y se acercaban a ella 
con rapidez.
    Delbaugh pens en su mujer y en su hijo de diecisiete aos, que en aquellos 
momentos se encontraban en su hogar de Westlake Village, al norte de Los 
Angeles. Tambin pens en su otro hijo, Tom, que ya estaba de camino hacia 
Willamette preparndose para el penltimo curso de enseanza secundaria. Anhel 
tocar sus rostros y abrazarlos con fuerza.
    No tena miedo por l... no demasiado. Su relativa despreocupacin al respecto 
no se deba a la prediccin de aquel desconocido sobre la seguridad de la 
tripulacin, puesto que Delbaugh desconfiaba de aquel tipo de premoniciones; en 
cierta medida, se deba a que no tena tiempo de preocuparse por s mismo.
    Mil quinientos metros...
    Principalmente tema por la vida de los pasajeros y la tripulacin que le 
otorgaban su confianza ponindose en sus manos. Si el choque se deba a una 
falta de resolucin, serenidad o rapidez, todo lo bueno que haba hecho o tratado 
de hacer a lo largo de su vida no compensara el fracaso de aquella catstrofe. 
Quizs aquella actitud probaba que era demasiado duro consigo mismo, como 
algunos de sus amigos insinuaban, pero Delbaugh saba que muchos pilotos 
trabajaban bajo el peso que su sentido de la responsabilidad les impona.
    Record las palabras del desconocido: ...va a perder ciento cuarenta y siete 
pasajeros.... Senta punzadas de dolor en las manos mientras sujetaba con fuerza 
la palanca de mando que vibraba violentamente, ...ms cuatro auxiliares de 
vuelo....
    Mil doscientos metros...
    Se va hacia la derecha dijo Delbaugh.
    Mmenlo recto! exclam Anilov, que, ante la proximidad de la pista, 
entreg toda la responsabilidad a Delbaugh.
    Ciento cincuenta y un muertos, otras tantas familias desoladas, un incontable 
nmero de vidas alteradas por una sola tragedia.
    Mil cien metros...
    Pero cmo demonios poda saber aquel tipo cunta gente iba a morir? Era 
imposible. Trataba de dar a entender que era clarividente? Todo era una farsa, 
como Yankowski haba dicho. S, pero saba lo del motor antes de que explotara, y 
tambin saba lo de la fuerte turbulencia. Slo un idiota poda pasar por alto todo 
aquello.
    Mil metros...
    All vamos se oy decir a s mismo Delbaugh.
    
    
    Inclinado hacia delante en su asiento, con la cabeza entre las rodillas y 
asindose los tobillos, Jim pens en el final de un viejo chiste: Despdete de tu 
trasero.
    Rog por que sus propias acciones no hubieran modificado el curso del destino 
hasta el extremo de que perecieran no slo l y las Dubrovek, sino tambin otra 
gente del vuelo 246 que en ningn momento haba estado sentenciada a morir en 
el accidente. Debido a su intervencin, haba alterado potencialmente el futuro, y lo 
que iba a ocurrir quiz sera peor de lo que la providencia les haba deparado en un 
principio.
    El poder superior que operaba a travs de l, pareca aprobar su intento de 
salvar ms vidas. Por otro lado, la naturaleza e identidad de aquel poder era tan 
enigmtico que slo un necio se atrevera a jactarse de entender sus motivos e 
intenciones.
    El avin vibr y se zarande. El ruido estridente de los motores se hizo an 
ms agudo.
    Jim mir fijamente el suelo bajo sus pies, esperando que estallara en su rostro 
de un momento a otro.
    Por quien ms temor senta era por Holly Thorne. Su presencia en el avin era 
una desviacin profunda del guin inicialmente escrito por el destino. Estaba 
impresionado ante la posibilidad de poder salvar a un nmero mayor de gente de lo 
que en principio haba supuesto, pero tema que Holly fuese partida por la mitad en 
el impacto.
    
    
    Mientras el DC-10 se agitaba a medida que prosegua su descenso, Holly se 
encogi todo lo que pudo, como si fuera un bulto de equipaje, y cerr los ojos. En 
su ntima oscuridad, una serie de rostros cruzaron por su mente: su madre y su 
padre, lo que era de esperar; Lenny Callaway, el primer muchacho de quien estuvo 
enamorada, algo que no era de esperar, porque no le haba vuelto a ver desde que 
ambos tenan diecisis aos; la seora Rooney, una profesora de enseanza 
secundaria que haba puesto en ella un inters especial; Lori Clugar, su mejor 
amiga en el instituto y la mitad de los aos transcurridos en la universidad, antes de 
que la vida las llevara a diferentes lugares del pas y las separara para siempre; y, 
adems de ellos, ms de una docena de rostros a los que Holly haba querido y 
todava segua queriendo. Ninguna de aquellas personas pudo ocupar sus 
pensamientos durante ms de una fraccin de segundo. Sin embargo, la 
proximidad de la muerte pareca distorsionar el tiempo hasta convertir los segundos 
en horas. Lo que transcurra a toda velocidad ante ella no era su propia vida, sino 
la gente que haba tenido un significado especial para ella, aunque, en cierto modo, 
significaba lo mismo.
    Incluso por encima del estruendo, los chirridos y los gritos que reinaban en el 
interior del avin, y a pesar de hallarse concentrada en los rostros que desfilaban 
ante su mente, oy que Christine Dubrovek se diriga a su hija en los ltimos mo-
mentos del agitado descenso:
    Te quiero, Casey.
    Holly empez a llorar.
    
    
    Trescientos metros...
    Delbaugh enderez la parte delantera del avin.
    Todo pareca ir bien. Tan bien como poda ir en aquellas circunstancias.
    Estaban ligeramente inclinados con respecto a la pista de aterrizaje, pero quiz 
podra enderezar el avin una vez que hubieran tomado tierra. Si no consegua 
equilibrar el aparato a tiempo rodaran 900 m, tal vez 1.000 m, antes de que el n-
gulo de aproximacin les condujera ms all del borde de la pista hasta un campo 
cuya cosecha pareca haber sido segada recientemente. Aquello no era el punto 
final deseable, pero al menos habran perdido bastante velocidad; el avin poda 
partirse, segn fuera el tipo de superficie con que se encontraran las ruedas, pero 
haba pocas posibilidades de que se desintegrara catastrficamente.
    Doscientos metros...
    La turbulencia ces.
    Flotaban en el aire como una pluma.
    De acuerdo dijo Anilov.
    No ser tan difcil deca Delbaugh al mismo tiempo.
    Y los dos queran dar a entender lo mismo: las cosas no parecan ir mal, lo 
conseguiran.
    Cien metros...
    El morro del avin segua hacia arriba. La maniobra era perfecta, casi 
perfecta...
    Al tocar la superficie de la pista las ruedas emitieron un estampido al tiempo 
que se produca un ruido extrao. Delbaugh record la advertencia del 
desconocido, as que exclam: Conectad el motor nmero uno!. Tir con fuerza 
hacia la izquierda. Yankowski tambin recordaba la advertencia, y a pesar de que 
dijera que todo era una farsa, obedeci la orden de Delbaugh incluso antes de que 
terminara de darla. El ala derecha se inclin, tal como se les dijo que ocurrira, pero 
su rpida forma de reaccionar hizo que el avin se desviara hacia la izquierda y el 
ala derecha volvi a subir. Exista el peligro de que se produjera un contrapeso 
excesivo, de modo que Delbaugh dio de nuevo la orden de que aceleraran al 
tiempo que trataba de mantener el avin hacia la izquierda. El avin avanzaba a 
toda velocidad, vibrando, y Delbaugh orden que invirtieran la marcha de los 
motores porque no podan, bajo ningn concepto, seguir acelerando. Corran un 
peligro mortal yendo a tanta velocidad, avanzando inexorablemente hacia un lado 
de la pista. Redujeron la velocidad, pero seguan hacia delante. El ala derecha 
volva a inclinarse, acompaada de unos infernales ruidos metlicos chirriantes, al 
tiempo que el acero fatigado por el uso problemas en la juntura del ala y el 
fuselaje, haba dicho Jim sucumba a la presin de aquellos vientos laterales 
que tenan lugar una vez cada cien aos. Seguan y seguan hacia delante, pero 
Delbaugh no poda hacer nada en lo que concerna a un fallo de estructura, no 
poda salir del avin para soldar las juntas o poner en su sitio los malditos 
remaches. Seguan avanzando, y aunque la velocidad haba disminuido, el ala 
derecha se inclinaba cada vez ms. A partir de aquel momento, cualquier decisin 
que pudiera tomar sera intil, el ala descenda y descenda inevitablemente...
    
    
    Holly not que el avin se inclinaba ms a la derecha que antes. Contuvo el 
aliento, o as lo crea, aunque se oy a s misma jadear frenticamente.
    Los chirridos y crujidos del torturado metal, que resonaron horriblemente a 
travs del fuselaje durante un par de minutos, de pronto se hicieron mucho ms 
estrepitosos. El avin se inclin an ms hacia la derecha. Un ruido similar a la 
explosin de un can retumb en el compartimento de pasajeros, y el avin cay 
bruscamente. El tren de aterrizaje qued aplastado.
    Se deslizaron a lo largo de la pista entre sacudidas y balanceos. El avin 
empez a girar como si patinara, haciendo que el corazn de Holly se encogiera y 
que sintiera un nudo en el estmago. Era como si se hallaran en la atraccin de 
feria ms grande del mundo, salvo que no tena nada de divertido; el cinturn era 
como un cuchillo contra su diafragma, cortndola por la mitad. Si hubiera habido 
alguien recogiendo las entradas en aquella feria imaginaria, Holly saba que habra 
reconocido en ella el cadavrico rostro de un cuerpo en descomposicin.
    El ruido era insoportable, aunque los gritos de los pasajeros no eran lo peor de 
todo. Sus voces se vean apagadas por los chirridos metlicos del avin, cuyo 
vientre se parta en el pavimento desprendiendo un sinfn de piezas. Tal vez los di-
nosaurios, al hundirse en los mesozoicos abismos de alquitrn, igualaron la 
potencia de aquel grito agonizante, pero desde aquella era, nada en la faz de la 
Tierra haba lamentado su propio fin con tal penetrante tono y estruendoso 
volumen. No era tan slo el sonido de una mquina, pareca un ser vivo, y 
resultaba tan escalofriante y terrible como millones de almas gimiendo desde el 
fondo del infierno. Holly estaba convencida de que los tmpanos le iban a estallar.
    Contradiciendo las instrucciones que le haban dado, Holly levant la cabeza y 
mir a su alrededor. Cascadas de chispas turquesas, blancas y amarillas 
destellaban tras las ventanillas, como si el avin atravesara una extravagante 
exhibicin de fuegos artificiales. Seis o siete filas ms adelante el fuselaje del avin 
se abri como la cscara de un huevo al golpear el borde de un recipiente de 
cermica.
    Ya haba visto suficiente, e incluso demasiado. Volvi a meter la cabeza entre 
las rodillas.
    Se oy a s misma rogando en voz baja, pero se hallaba envuelta en tal 
vorgine de terror que el nico modo de descubrir lo que deca era esforzndose 
en escuchar sus propias palabras por encima del estruendo: Basta! Basta! 
Basta!.
    Tal vez se desmay durante unos segundos, o quiz sus sentidos se 
bloquearon debido a la sobrecarga emocional, pero en un instante todo qued 
inmvil. El aire estaba infestado de olores acres que sus recobrados sentidos no 
podan identificar. El sufrimiento haba cesado, pero Holly no poda recordar el 
momento en que se detuvo el avin. Estaba viva!
    Sinti una intensa oleada de alegra recorriendo su cuerpo. Levant la cabeza, 
se incorpor, dispuesta a gritar, movida por la emocin de haber sobrevivido y... vio 
el fuego.
    
    
    El DC-10 no haba volcado. La advertencia al capitn Delbaugh haba merecido 
la pena.
    Pero como Jim temi, las caticas consecuencias del choque implicaban tantos 
peligros como el impacto mismo.
    En el lado derecho del avin, donde se haba derramado el combustible, unas 
llamas anaranjadas se agitaban en las ventanillas. Era como viajar a bordo de un 
submarino en un mar de fuego. Algunas ventanillas se haban hecho aicos a 
causa del impacto y las llamas penetraban en el interior, as como por la brecha 
que se haba abierto en el fuselaje y que divida el avin en dos partes.
    Al tiempo que se desabrochaba el cinturn y se pona en pie vacilante, Jim vio 
cmo las llamas prendan en los asientos del lado derecho. Los pasajeros que se 
encontraban all se agachaban o andaban a gatas tratando de escapar de las 
crecientes llamas.
    Jim sali al pasillo, asi a Holly y la abraz mientras ella luchaba por 
mantenerse en pie. Luego dirigi su mirada a las Dubrovek. Madre e hija se 
hallaban ilesas, aunque Casey estaba llorando.
    Jim cogi a Holly de la mano, buscando la va de salida ms rpida, se volvi 
hacia la parte posterior del avin y por un momento no pudo comprender lo que 
estaba viendo. Como una mancha viscosa y voraz salida de una vieja pelcula de 
terror, una masa informe avanzaba agitndose hacia ellos desde la parte trasera 
del avin, que se hallaba terriblemente aplastada y retorcida. Aquella masa negra y 
ondulante devoraba todo lo que hallaba a su paso. Tard unos segundos en per-
catarse de que era humo, un humo denso y slido como una pared.
    La muerte por asfixia se hallaba tras ellos. Tendran que seguir hacia delante a 
pesar del fuego. Las llamas devoraban el fuselaje del lado derecho, alcanzando la 
cabina y extendindose ms all del avin partido. No obstante, podan dirigirse al 
lado izquierdo de la aeronave, donde el fuego an no era visible.
     Rpido! dijo Jim, volvindose hacia Christine y Casey, mientras stas 
salan de la fila diecisis  . Hacia delante lo ms aprisa que podis, vamos, 
vamos!
    Sin embargo, otros pasajeros de las seis primeras filas de la seccin turista se 
hallaban en el pasillo delante de ellos. Todos intentaban salir presurosamente. Una 
joven y valiente auxiliar de vuelo haca lo que poda para ayudar, pero el avance no 
era fcil. El pasillo estaba cubierto de equipaje de mano, bolsas, libros de bolsillo, y 
otros objetos que haban cado de los compartimentos superiores; tras arrastrar los 
pies unos cuantos pasos, los pies de Jim se vieron atrapados por los restos 
esparcidos.
    El humo les alcanz. Era tan intenso que sus ojos empezaron a llorar de 
inmediato. Jim no slo se atragant con la primera bocanada de humo, sino que 
sinti unas repulsivas arcadas; no quera pensar en lo que poda estar 
quemndose tras l, aparte de la tapicera, los cojines de espuma de los asientos, 
la alfombra, y otros elementos de la decoracin interior del avin.
    Cuando la gruesa nube pas por encima de l y envolvi la seccin delantera, 
los pasajeros que haba delante se desvanecieron. Pareca como si hubieran 
traspasado los pliegues de una cortina de terciopelo negro.
    Antes de que la visibilidad se redujera a unos centmetros, Jim solt la mano de 
Holly y toc el hombro de Christine.
    Deje que la lleve yo dijo Jim cogiendo a Casey en brazos.
    Una bolsa con publicidad de una tienda de Los Angeles yaca rota junto a los 
pies de Jim. Al lado vio una camiseta blanca con la inscripcin: I LOVE LOS 
NGELES.
    Jim recogi la camiseta del suelo y la puso en las pequeas manos de Casey. 
Sin dejar de toser, al igual que el resto de pasajeros le dijo a Casey:
    Cbrete la cara con ella, cario! Respira a travs de la camiseta!
    En aquel instante perdi totalmente la visibilidad. La pestilente nube que le 
envolva era tan oscura que ni siquiera poda ver a la nia que llevaba en brazos. 
De hecho, ni siquiera poda percibir las ondulantes corrientes de la misma nube. La 
oscuridad era ms profunda que cuando cerraba los ojos, porque tras los prpados, 
estallidos de color formados por diminutos puntos creaban espectrales dibujos que 
iluminaban su mundo interior.
    Estaban a unos seis metros de la parte del fuselaje partida por el impacto. No 
corran peligro de perderse, ya que el pasillo era la nica ruta que podan seguir.
    Jim trat de no respirar. Poda contener la respiracin durante un minuto el 
tiempo suficiente para escapar. El autntico problema era que el humo inhalado, 
custico y corrosivo, le quemaba la garganta como si hubiera tragado cido. Sus 
pulmones ascendan y descendan pesadamente y su esfago sufra espasmos, 
provocndole accesos de tos que acababan en una inevitable inhalacin de humo.
    Probablemente quedaban menos de cinco metros para salir de all. Jim tena 
ganas de gritar a la gente que haba frente a l: Moveos, maldita sea, moveos!. 
Saba que avanzaban todo lo aprisa que podan, que estaban tan ansiosos como l 
por salir de all, pero aun as quera advertirles que se apresuraran. Jim senta 
cmo creca en su interior un rugido de rabia, y se dio cuenta de que se hallaba al 
borde de la histeria.
    Pis varios objetos pequeos y cilndricos, y se tambale como si caminara 
sobre bolas de cristal. Pero logr mantener el equilibrio.
    Casey fue presa de unos violentos ataques de tos. Jim no poda orla, pero al 
sostenerla contra su pecho poda sentir cada una de las convulsiones, 
contracciones y espasmos de su pequeo cuerpo mientras luchaba 
desesperadamente por dar bocanadas de aire a travs de la camiseta con la 
inscripcin I LOVE LOS NGELES.
    Haba pasado menos de un minuto desde que Jim empezara a avanzar hacia 
delante con la nia en brazos. Sin embargo, tena la impresin de estar 
atravesando un tnel interminable.
    Aunque el miedo y la furia le provocaron cierta confusin mental, su 
pensamiento segua lo bastante claro como para recordar haber ledo que cuando 
una habitacin arda en llamas el humo ascenda mantenindose cerca del techo. 
Si no lograban ponerse a salvo en pocos segundos, se vera obligado a tirarse al 
suelo y arrastrarse con la esperanza de escapar de los gases txicos hasta 
encontrar aire puro.
    Una sbita oleada de calor se cerni sobre l.
    Imagin que entraba en un horno, que su piel se consuma al momento, y que 
todo el cuerpo se le llenaba de ampollas. Su corazn lata como el de una criatura 
salvaje abalanzndose contra los barrotes de una jaula, pero empez a latir con 
ms fuerza, ms rpido...
    Jim estaba convencido de que se hallaban a pocos pasos del boquete abierto 
en el fuselaje. Abri sus ojos irritados. La oscuridad absoluta dio paso a un 
remolino de humos grisceos a travs de los cuales refulgan dbiles destellos de 
una luz roja como la sangre. Los destellos eran llamas envueltas por el humo, 
vistas tan slo como reflejos que emitan millones de partculas de ceniza formando 
espirales. En cualquier momento, el fuego poda surgir del humo y abrasarle hasta 
los huesos.
    No iba a lograrlo... El aire era irrespirable y estaba rodeado por el fuego. Iba a 
perecer calcinado. Ardera como una vela de sebo viviente. En una visin originada 
por el terror y no por un poder superior, se vio a s mismo arrodillado y abatido por 
la derrota. Llevaba la nia en sus brazos, y ambos se fundan en un infierno que 
derreta el acero...
    Se sinti atrado por una sbita corriente de aire. El humo fue aspirado hacia su 
izquierda.
    Vio la luz del da, fra y gris, fcilmente diferenciable del resplandor mortal que 
originaba el combustible del avin.
    Movido por la espantosa visin de morir abrasados, Jim se arroj hacia la luz 
griscea y cay fuera del avin. No haba ninguna escalera mvil, desde luego, ni 
tampoco una rampa de emergencia, tan slo la tierra. Afortunadamente, la cosecha 
haba sido segada haca poco, y el campo estaba cubierto por una capa de 
rastrojo. Aquella tierra recin arada era lo bastante dura para cortarle la respiracin 
a causa del impacto pero demasiado blanda para que se rompiera algn hueso.
    Jim asi con fuerza a Casey al tiempo que daba bocanadas de aire. Se puso 
de rodillas, se levant, y con la nia todava en sus brazos se alej tambaleante del 
radio de calor que el avin en llamas despeda.
    Algunos de los supervivientes huan corriendo, como si el DC-10  estuviera 
cargado de dinamita y dispuesto a destruir en cualquier momento la mitad del 
estado de Iowa. Algunos pasajeros deambulaban sin rumbo bajo un estado de 
shock. Otros yacan en la tierra, demasiado aturdidos para dar un solo paso; otros 
estaban heridos y quizs algunos de ellos muertos.
    Respirando con fuerza aire puro, Jim tosi expulsando el txico de sus 
congestionados pulmones. Busc a Christine con la mirada entre la gente que se 
hallaba en el campo. Se volvi a uno y otro lado llamndola por su nombre, pero no 
la vio. Empez a pensar que haba perecido, que tal vez no eran tan slo 
pertenencias de los pasajeros lo que haba pisado al recorrer el pasillo izquierdo, 
sino tambin los cuerpos de un par de ellos.
    Intuyendo lo que Jim pensaba, Casey dej caer la camiseta. Agarrada a Jim, 
en medio de un acceso de tos que expuls los restos del humo que haba aspirado, 
empez a preguntar por su madre en un tono temeroso que indicaba que esperaba 
lo peor.
    Se haba sentido invadido por un creciente triunfalismo. Pero de pronto, surga 
en su interior un nuevo miedo. Sbitamente, el clido sol de agosto que se elevaba 
sobre aquel campo de Iowa y las oleadas de calor que despeda el DC-10  dejaron 
de afectarle. Se sinti como si estuviera en medio del rtico.
     Steve?
    En un primer momento no reaccion al or aquel nombre.
    Steve?
    Entonces record que para ella era Steve Harkman algo que probablemente 
desconcertara a Christine, a su marido, y al autntico Steve Harkman para el resto 
de sus vidas.
    Y se volvi hacia el lugar de donde provena la voz. All estaba Christine, 
tambalendose sobre la tierra recin segada, con el rostro y las ropas manchados 
por el humo aceitoso, descalza, con los brazos extendidos para coger a su 
pequea hija.
    Jim le entreg la nia.
    Madre e hija se fundieron en un fuerte abrazo.
    Gracias dijo Christine entre lgrimas mirando a Jim por encima del hombro 
de Casey, gracias por haberla sacado de all. Dios mo, Steve, jams podr 
agradecrtelo lo suficiente.
    Jim no quera muestras de agradecimiento. Todo lo que quera era a Holly 
Thorne, viva e ilesa.
     Has visto a Holly? inquiri preocupado.
     S. Oy un grito infantil pidiendo ayuda y pens que poda ser Casey.   
Christine  temblaba y pareca trastornada, como si sospechara que el sufrimiento 
no haba terminado, como si pensara que la tierra iba a resquebrajarse en cualquier 
instante y a arrojar lava de su interior, para empezar as otro captulo de pesadillas 
 . Cmo nos separamos? bamos uno tras otro, luego nos encontramos fuera, y 
en medio del tumulto, no s cmo, vosotros ya no estabais all.
     Holly...! grit Jim impaciente  . Adnde ha ido? Quera entrar de 
nuevo para buscar a Casey, luego se dio cuenta de que los gritos provenan de la 
seccin delantera. Christine levant un bolso y sigui parloteando. Sac su 
bolso sin darse cuenta, as que me lo dio a m y volvi atrs, saba que no poda 
ser Casey, pero volvi de todas formas. Christine le indic el lugar, y por primera 
vez Jim vio que la parte frontal del DC-10 , incluyendo la seccin de primera clase, 
haba quedado arrancada de la parte del avin en que haban volado ellos. Se 
hallaba a unos sesenta metros de distancia en medio del campo. Aunque arda con 
menos fuerza que la seccin central de mayor tamao, estaba considerablemente 
ms deteriorada que el resto del aparato.
    Se sinti horrorizado al or que Holly haba entrado de nuevo en alguno de 
aquellos humeantes restos. La cabina y la parte delantera del avin yacan en 
aquel campo de Iowa como un monolito en el cementerio de un mundo lejano y 
desconocido. El conjunto resultaba totalmente fuera de lugar, infinitamente extrao, 
enorme y distante, absolutamente siniestro.
    Jim ech a correr hacia all, llamando a Holly.
    
    
    Aunque Holly saba que aqul era el mismo aparato en el que haba 
abandonado Los Angeles unas horas antes, apenas poda creer que la parte 
delantera del DC-10  hubiera pertenecido alguna vez a un avin en funcionamiento. 
Pareca la versin de un DC-10  a cargo de un escultor trastornado, una mezcla de 
piezas soldadas tomadas a partir de un avin autntico y de entre la chatarra de 
todo tipo; moldes para tartas y pasteles, cubos de basura, trozos de tuberas viejas, 
guardabarros de coches, alambres, accesorios de aluminio, piezas de verjas de 
hierro forjado. Los remaches haban saltado; el cristal se haba disuelto; los 
asientos estaban arrancados y se hallaban amontonados como sillones 
desechados en la esquina de un cobertizo; el metal haba quedado retorcido y 
doblado, en algunas partes estaba hecho aicos como si se tratara de cristal roto a 
martillazos. Los paneles del fuselaje interior se haban desprendido y las pesadas 
vigas que conformaban la estructura haban reventado hacia dentro. En algunos 
sitios el suelo se haba levantado a causa del impacto o debido a la explosin 
sufrida.
    Era como un depsito de chatarra de viejas mquinas por el que hubiera 
pasado un tornado.
    Holly, mientras trataba de hallar la procedencia de lo que sonaba como los 
gritos de un nio asustado, no siempre poda mantenerse erguida. Tena que 
agacharse o retorcerse a travs de espacios cortantes, empujando cosas a un lado 
siempre que poda y si el obstculo resultaba ser inamovible tena que pasar por 
encima, alrededor o por debajo. Las ordenadas filas y pasillos haban sido 
arrancados y conformaban un laberinto.
    Holly se alter al descubrir el vacilante resplandor amarillo rojizo de unas 
llamas a lo largo del permetro del suelo y en la esquina derecha, junto al tabique 
que separaba el compartimento de pasajeros de la cabina de la tripulacin. Pero el 
fuego era irregular, a diferencia del violento incendio del que haba huido 
momentos antes. Poda avivarse de pronto, desde luego, y consumir lo que se 
interpusiera en su camino, aunque por el momento pareca poco probable que 
hallara suficiente material combustible u oxgeno para hacer algo ms que 
mantenerse como estaba.
    El humo se elev en espiral a su alrededor, formando sinuosas volutas, lo cual 
era ms fastidioso que amenazante. Haba una buena reserva de aire respirable y 
Holly apenas tosi.
    Lo que ms la turbaba eran los cadveres. Aunque el accidente fue 
aparentemente menos grave de lo que hubiera sido sin la intervencin de Jim, no 
todo el mundo sobrevivi, y en la seccin de primera clase perecieron varias 
personas. Holly descubri a un hombre clavado en su asiento, un tubo de acero de 
tres centmetros de dimetro y treinta centmetros de longitud le haba perforado la 
garganta; sus ojos abiertos miraban al vaco en una expresin final de sorpresa. Al 
lado de Holly, haba una mujer medio decapitada, todava llevaba el cinturn de 
seguridad que la sujetaba a su asiento, el cual se haba desprendido violentamente 
de las placas del suelo al que estaba atornillado. All donde se apilaban los 
asientos arrancados, Holly vio amontonados unos sobre otros cadveres y pa-
sajeros heridos, y la nica forma de distinguir a los vivos de los muertos era 
aproximarse a ellos para determinar cules eran los que se quejaban.
    Se sobrepuso a aquel horror. Era consciente de la sangre, pero la mirada de 
Holly no se detena en ella, sino que pasaba a travs de ella. Sus ojos se apartaron 
de las heridas ms graves, rechazando hundirse en aquellas imgenes de pesadilla 
a las que no cesaba de enfrentarse al contemplar los cuerpos mutilados de los 
pasajeros. Aquellos cuerpos se convirtieron en formas abstractas para Holly, como 
si no fueran reales sino slo bloques de forma y color plasmados en una tela por un 
cubista que imitara a Picasso. Si por un instante se permita pensar en lo que 
estaba viendo, tendra que volver atrs y salir, o acurrucarse en una posicin fetal y 
llorar. Se encontr con una docena de personas que necesitaban ayuda para ser 
extradas de entre los restos del avin, as como inmediata asistencia mdica, pero, 
o eran demasiado grandes o se hallaban aprisionadas de tal forma entre aquel 
amasijo de hierros que para Holly resultaba imposible poder brindarles cualquier 
tipo de auxilio. Adems, los obsesionantes gritos infantiles la arrastraban hacia 
delante, empujada por la lgica instintiva de que los nios siempre deban ser los 
primeros en ponerse a salvo: una de las principales clusulas de la poltica de 
supervivencia genticamente programada por la naturaleza.
    El sonido de las sirenas se elev en la distancia. Hasta aquel momento no se 
haba detenido a pensar en ningn instante qu equipos profesionales de rescate 
estaban en camino. No importaba. No poda volverse atrs y esperar a que llegaran 
para hacerse cargo de la situacin. Y si llegar hasta donde se encontraba el nio 
con una diferencia de un par de minutos supona hallarlo muerto o con vida?
    Mientras Holly segua hacia delante, atisbando de vez en cuando a travs de 
los resquicios de aquella malla de destruccin y dbiles, aunque inquietantes 
llamas, oy de pronto tras ella la voz de Jim que la llamaba desde la abertura de la 
parte delantera del avin que haba quedado amputada del resto. En el caos que 
sigui despus de caer a tierra desde la seccin central del DC-10 , Jim y Holly 
aparentemente emergieron del humo en diferentes sitios, dirigindose cada uno en 
direccin opuesta, ya que ella no le encontr a pesar de que se supona que l se 
hallaba justo detrs. Holly estaba convencida de que Jim y Casey haban 
sobrevivido, aunque slo fuera por el hecho del innegable talento que l posea 
para la supervivencia; no obstante, era agradable or su voz.
     Aqu! exclam Holly, aunque aquella maraa de devastacin le impeda 
verle.
     Qu est haciendo?
     Busco a un nio pequeo grit Holly en respuesta. Puedo orle, cada 
vez estoy ms cerca, pero todava no le veo.
     Salga de aqu! grit Jim por encima del creciente ruido de los vehculos 
de emergencia que se acercaban. Un equipo mdico est en camino, ellos estn 
entrenados para esto.
    Vamos dijo Holly siguiendo hacia delante  . Aqu hay gente que necesita 
ayuda ahora!
    Holly se aproximaba a la parte frontal de la seccin de primera clase, donde las 
costillas de acero del fuselaje se haban quebrado tambin hacia dentro, pero no 
con la misma profusin que en el rea situada detrs de Holly. No obstante, los 
asientos arrancados, el equipaje de mano, y otros despojos que salieron 
despedidos hacia delante a causa del impacto se apilaban all en ms profusidad 
que en cualquier otro lado. Asimismo, tambin se encontraba un mayor nmero de 
gente hacinada en aquel montn, vivos y muertos.
    Al apartar un asiento roto y vaco que se interpona en su camino y hacer una 
pausa para tomar aliento, Holly oy cmo Jim se abra paso a travs de los restos 
del avin.
    Tumbada de lado, Holly se introdujo por un estrecho pasadizo que daba a un 
pequeo espacio despejado, encontrndose cara a cara con el nio cuyos gritos 
haba seguido hasta llegar all. Tena unos cinco aos y enormes ojos negros. Par-
pade con asombro al verla y contuvo un sollozo, como si en ningn momento 
hubiera esperado realmente que alguien llegara hasta l.
    Se hallaba bajo un banco tumbado de cinco asientos, como una tienda de 
campaa. Yaca sobre su vientre, con la cabeza asomada hacia fuera, y no pareca 
haber ningn obstculo que le impidiera salir de all deslizndose.
    Algo tiene cogido mi pie dijo el nio. Todava estaba asustado, pero 
controlaba su miedo. La mayor parte del terror que senta se esfum al ver a Holly. 
Tanto si se tienen cinco aos como cincuenta, lo peor siempre es estar solo. Lo 
tiene cogido, no lo suelta.
    Te sacar de aqu, tesoro dijo Holly tosiendo. No te ocurrir nada.
    Holly levant la mirada y vio otra fila de asientos amontonada sobre el banco 
que se hallaba debajo. Estaban encajados uno contra otro por una masa de aceros 
retorcidos que hacan presin desde el techo derrumbado, y se pregunt si la 
seccin delantera habra dado un vuelco antes de posarse de nuevo en la posicin 
correcta.
    Con la yema de los dedos Holly sec las lgrimas que baaban las mejillas del 
nio.
     Cmo te llamas, cario?
    Norwood. Los nios me llaman Norby. No me duele. El pie, quiero decir.
    Holly se alegr al or aquello.
    Pero entonces, mientras ella estudiaba los restos que rodeaban al nio 
tratando de imaginar lo que deba hacer, l dijo:
    No lo siento.
     El qu, Norby?
    Mi pie. Es extrao, parece como si algo lo retuviera porque no puedo 
moverlo, pero no puedo sentir mi pie, sabes?, como si no estuviera all...
    El estmago de Holly dio un vuelco ante la imagen que las palabras del nio 
haban conjurado en su mente. Quiz no fuera tan serio. Tal vez su pie tan slo se 
hallaba atenazado entre dos hierros, entumecido, pero tena que pensar y actuar 
rpidamente, ya que caba la posibilidad de que estuviera perdiendo sangre a un 
ritmo alarmante.
    El espacio en el que el nio yaca estaba demasiado atestado como para que 
Holly se pudiera introducir en l, encontrar su pie y liberarlo. En lugar de eso, Holly 
se tumb de espalda, dobl las piernas, y apoy las suelas de sus zapatos contra 
los asientos que se elevaban sobre l.
    De acuerdo, Norby, voy a estirar las piernas, a tratar de empujar esto hacia 
arriba, tan slo un par de centmetros. Cuando empiece a levantarse intenta sacar 
el pie de all.
    Una espiral serpenteante de humo gris se desliz desde la parte oscura que 
haba tras Norby y se enrosc frente a su rostro, el nio estornud y dijo:
     Hay gente muerta aqu conmigo.
    No pasa nada, cario le tranquiliz Holly al tiempo que tensaba las piernas, 
flexionndolas ligeramente para calcular el peso que trataba de quitarle de 
encima. No vas a estar aqu mucho tiempo, ya queda poco.
    Aqu est mi asiento, luego hay un asiento vaco, y luego gente muerta dijo 
Norby con voz temblorosa.
    Holly se pregunt durante cunto tiempo el trauma de aquella experiencia iba a 
motivar sus pesadillas y desviar el curso de su vida.
    All va dijo Holly.
    Empuj hacia arriba con ambos pies. El montn de asientos, despojos y 
cuerpos era pesado de por s, pero la seccin medio derrumbada del techo, que 
presionaba sobre todo lo dems, no pareca ceder lo ms mnimo. Holly estir las 
piernas an ms, hasta que el suelo de acero, cubierto tan slo por una fina 
alfombra, ejerci una dolorosa presin sobre su espalda. Dej escapar un 
involuntario sollozo de agona. Entonces, estir las piernas con ms y ms fuerza, 
encolerizada de no poder moverlo, furiosa y... cedi. Cedi menos de un cen-
tmetro, pero se movi.
    Holly se afan an ms, encontr reservas que desconoca poseer, presion 
los pies hacia arriba hasta que las punzadas de dolor en las piernas se hicieron 
ms intensas que las que senta en la espalda. Las placas del techo y los 
montantes que sobresalan crujieron y se inclinaron hacia atrs un par de 
centmetros; los asientos se elevaron justo aquel margen.
    Todava lo tengo cogido dijo el nio.
    Del oscuro espacio que le rodeaba sala ms humo. No era gris plido sino 
ms oscuro que antes, ms mugriento y aceitoso, con un nuevo hedor 
desagradable. Holly rog a Dios que las aisladas llamas no hubieran prendido 
finalmente en la tapicera y el relleno de espuma que conformaban el capullo del 
que el nio luchaba por emerger.
    A Holly le temblaban los msculos de las piernas. El dolor de la espalda le 
traspas hasta el pecho; cada latido del corazn era un lacerante ruido sordo, cada 
inhalacin un tormento.
    No crea poder seguir aguantando aquel peso por mucho ms tiempo, y an 
menos levantarlo algo ms. Pero con una sacudida brusca se elev otro 
centmetro, luego otro, y luego un poco ms.
    Norby emiti un grito de dolor y excitacin. Se movi serpenteando hacia 
delante.
     Lo ha soltado, lo ha dejado libre! Holly afloj las piernas y dej caer el peso 
con cuidado. Se dio cuenta de cules haban sido los pensamientos del nio y lo 
que ella habra pensado tambin de haber tenido cinco aos y haberse encontrado 
en aquella horrible situacin: que la mano frrea y fra de uno de los cadveres que 
se hallaban junto a l haba agarrado su tobillo.
    Holly se apart a un lado, dejando espacio suficiente a Norby para salir del 
hueco de debajo de los asientos. El nio se reuni con ella en aquel pequeo 
espacio despejado entre los restos y se apret contra Holly en busca de consuelo. 
Desde ms atrs del avin, Jim grit: Holly! Lo encontr!
    Tengo a una mujer aqu, la estoy sacando. Fantstico! grit Holly.
    Fuera, el ulular de las sirenas descendi hasta sumirse en el silencio al llegar 
los equipos de rescate.
    Aunque del oscuro espacio del que Norby haba escapado emerga un humo 
negruzco, Holly se demor para examinar el pie del nio. Caa pesadamente a un 
lado, colgando de un modo desagradable, como el pie de una vieja mueca de 
trapo. Tena fracturado el tobillo, Holly le quit el zapato deportivo del pie que se 
hinchaba por momentos. La sangre tea su calcetn blanco, pero cuando Holly 
observ la piel que haba debajo descubri que tan slo estaba erosionada y con 
algunos cortes superficiales. No iba a desangrarse, pero no tardara en ser 
consciente del intolerable dolor del tobillo roto. Vamos, salgamos de aqu dijo 
Holly. Tena la intencin de regresar con el nio por el mismo camino, pero al mirar 
a su izquierda vio otra brecha en el fuselaje. sta se hallaba justo a la derecha del 
tabique de la cabina, a unos pocos metros de distancia. Se extenda hacia arriba si-
guiendo la curvada pared del avin, pero no continuaba hasta el techo. Una parte 
del revestimiento interior, el material aislante que haba debajo, el sistema de 
soporte estructural y la capa metlica exterior haban estallado hacia dentro entre 
los otros restos del avin o haban salido despedidos hacia el campo del exterior. El 
agujero resultante no era grande, pero posea espacio suficiente como para que 
ella y el nio pasaran a travs de l.
    Mientras ambos mantenan el equilibrio al borde del destrozado casco del 
avin, uno de los trabajadores del equipo de rescate apareci en el campo arado. 
Les separaba una altura de cuatro metros. El hombre extendi los brazos hacia el 
nio.
    Norby salt. El hombre lo cogi y se ech hacia atrs por el impacto.
    Holly salt tambin y aterriz sobre sus pies. Es usted su madre? 
pregunt el hombre.
    No. Le o gritar y entr a buscarle. Tiene un tobillo roto.
    Yo estaba con mi to Frank dijo Norby.
    De acuerdo dijo el del equipo de rescate, tratando de adoptar un tono 
animado, entonces vamos a buscar al to Frank.
     El to Frank est muerto dijo Norby con voz neutra.
    El hombre mir a Holly, como si tal vez ella supiera qu decir. Holly guard 
silencio, desconcertada, llena de desesperacin ante la idea de que un nio de 
cinco aos tuviera que experimentar tal sufrimiento. Quera abrazarlo, acunarlo en-
tre sus brazos y decirle que en la vida todo acaba bien.
    Pero nada acaba bien en la vida, pens Holly, porque la muerte forma parte de 
ella. Adn desobedeci y se comi la manzana, ingiri la fruta del saber, as que 
Dios decidi permitirle conocer todo tipo de cosas, buenas y malas. Los hijos de 
Adn aprendieron a cazar, a cultivar la tierra, a afrontar el invierno y a cocinar los 
alimentos con fuego, fabricar herramientas, construir refugios. Y Dios, con el 
propsito de darles una educacin bien completa, dej que aprendieran, oh, tal vez 
un milln de modos distintos de sufrir y morir. l les anim a aprender un lenguaje, 
a escribir y leer, a adquirir conocimientos sobre biologa, qumica, fsica, los 
secretos del cdigo gentico. Y l les ense los exquisitos horrores de los tumores 
cerebrales, de la distrofia muscular, de la plaga bubnica, del cncer infestando sus 
cuerpos sin dejar atrs los accidentes areos  . Queran adquirir el saber, y 
Dios se sinti feliz de complacerles. l era un profesor entusiasta, un demonio del 
saber, lo acumulaba sobre ellos con tal profusin y extraordinario detalle que uno 
senta a veces que iba a ser aplastado.
    Para cuando el hombre del equipo de rescate se alejaba llevando a Norby en 
brazos hacia una ambulancia blanca aparcada al borde de la pista de aterrizaje, 
Holly haba pasado de la desesperacin a la rabia. Era una rabia intil, ya que no 
haba nadie excepto Dios contra quien pudiera dirigirla, y la manifestacin de sta 
no cambiara nada. Dios no iba a librar a la raza humana de la maldicin de la 
muerte por el solo hecho de que Holly lo encontrara una enorme injusticia.
    Se dio cuenta de que la furia se apoderaba de ella, una furia que no distaba 
mucho de la que pareca mover a Jim Ironheart. Record lo que l le haba dicho 
durante su susurrante conversacin en la fila diecisiete, cuando ella trataba de 
obligarle a salvar no slo a las Dubrovek, sino a todos los que se hallaban a bordo 
del vuelo 246: Odio la muerte, que la gente muera, lo odio!. Algunas de las 
personas a las que Jim haba salvado pusieron de relieve observaciones similares, 
y Holly record lo que Viola Moreno dijo acerca de la profunda y reservada tristeza 
que haba en Jim, motivada tal vez por el hecho de haberse quedado hurfano a la 
edad de diez aos. Dej la enseanza, abandon su carrera, porque el suicidio de 
Larry Kakonis hizo que todo su esfuerzo y preocupacin parecieran carentes de 
significado. En un principio, Holly juzg aquello como una reaccin extrema, pero 
ahora la entenda perfectamente. Ella tambin senta un vivo deseo de dejar a un 
lado la vida mundana y hacer algo ms significativo para quebrar las reglas del 
destino, para amoldar el mismo tejido del universo en una forma distinta a la que 
Dios pareca preferir.
    Durante un breve instante en medio de aquel campo de Iowa con el hedor de la 
muerte que el viento haca llegar hasta ella, observando al hombre alejarse con el 
nio que haba estado al borde de la muerte, Holly se sinti ms cerca de Jim 
Ironheart de lo que nunca lo haba estado de un ser humano.
    Parti en su busca.
    La escena en torno al destrozado DC-10  se haba vuelto ms catica que los 
momentos inmediatos que siguieron al accidente. Camiones contra incendios 
haban llegado hasta el campo arado. Chorros de densa espuma se arqueaban por 
encima de los restos del avin, cubriendo el fuselaje de glbulos que parecan 
crema batida y extinguan las llamas de la tierra circundante empapada de 
combustible. El humo segua saliendo en abundancia de la seccin central, se 
deslizaba a travs de cada hendidura y ventana hecha aicos; movido al antojo del 
viento, un manto negro se extenda sobre ellos, proyectando extraas, y siempre 
cambiantes, sombras al filtrar la luz solar de la tarde. A la mente de Holly acudi la 
imagen de un siniestro calidoscopio de espejos grises o negros. Los miembros del 
equipo de rescate pululaban alrededor de los restos del avin en busca de 
supervivientes, y el nmero de ellos era tan descompensado en comparacin a la 
impresionante tarea que deban llevar a cabo, que algunos de los pasajeros ms 
afortunados se prestaron a brindar su ayuda. Otros pasajeros algunos tan poco 
afectados, fsicamente, por aquella experiencia que daban la impresin de estar 
recin duchados y vestidos, otros despeinados y mugrientos permanecan solos 
o en pequeos grupos, a la espera de los minibuses que los llevaran a la terminal 
de Dubuque, parloteando nerviosamente o guardando un silencio motivado por el 
aturdimiento. Los nicos elementos que enlazaban la escena del accidente y le 
otorgaban cierta coherencia eran las voces saturadas de interferencias que 
crepitaban en las radios de onda corta.
    Aunque Holly iba en busca de Jim Ironheart, encontr en su lugar a una mujer 
joven que llevaba un vestido amarillo. La desconocida tena poco ms de veinte 
aos, esbelta, de cabello castao, con un rostro de porcelana; y a pesar de hallarse 
ilesa necesitaba realmente ayuda. Se alejaba de la parte posterior del avin de la 
que todava sala humo, pronunciando a gritos una y otra vez el mismo nombre: 
Kenny! Kenny! Kenny!.
    Haba gritado de un modo tan incesante que tena la voz ronca.
    Holly pos una mano en su hombro y le pregunt:
     A quin est llamando?
    Los ojos de la desconocida eran del mismo azul que las glicinias y los tena 
vidriosos.
     Ha visto a Kenny?
     Quin es l, querida? Mi marido.
     Qu aspecto tiene?
     Estbamos en luna de miel dijo aturdida.
     La ayudar a encontrarle. No.
    Vamos, cielo, todo ir bien.
    No quiero buscarle dijo la mujer, dejando que Holly la alejara del avin y la 
condujera hacia las ambulancias. No quiero verle. No tal como estar ahora. 
Completamente muerto. Completamente destrozado, quemado y muerto.
    Caminaron juntas por la tierra arada y blanda, donde volvera a sembrarse una 
nueva cosecha al final del invierno, que brotara verde y tierna en primavera. Para 
entonces todos los vestigios de la muerte habran desaparecido y la ilusin de vida 
eterna creada por la naturaleza habra sido una vez ms restituida.
    
    
    A Holly le ocurra algo. Un cambio fundamental se gestaba en su interior. No 
comprenda su naturaleza, ni sus repercusiones, ni hasta qu punto la afectara 
una vez que se hubiera completado, pero era consciente de una profunda agitacin 
en el fondo de su corazn y de su mente.
    Debido a la confusin en que su mundo interior se hallaba sumido, careca de 
energa para hacer frente al mundo que la rodeaba, as que plcidamente sigui el 
programa habitual para los casos posaccidente junto al resto de los otros pasa-
jeros.
    Estaba impresionada por el apoyo emocional, psicolgico, y prctico brindado a 
los supervivientes del vuelo 246. La comunidad de defensa civil y mdica que 
obviamente estaba organizada para tal emergencia respondi rpida y efectiva-
mente. Aparte de ello, psiclogos, consejeros, ministros eclesisticos, curas y un 
rabino se pusieron a disposicin de los pasajeros a los pocos minutos de su llegada 
a la terminal. Un gran saln reservado para los VIP con mesas de caoba y 
confortables sillas tapizadas de azul haba sido habilitado para su uso, 
incluyendo diez o doce lneas telefnicas y enfermeras dispuestas a ayudarles en 
caso de manifestar indicios de shock.
    Los empleados de United fueron especialmente solcitos, ayudndoles a 
encontrar hospedaje para pasar la noche y llevar a cabo los preparativos para 
desplazarse. Tan rpido como les fue posible llevaron a los pasajeros que se 
hallaban ilesos junto a los amigos y parientes que haban sido hospitalizados en 
diferentes centros, y les transmitieron con tristeza las muertes de los seres 
queridos. El horror y el dolor que sentan pareca tan profundo como el de los 
mismos pasajeros, y se mostraban aturdidos y sumidos en el remordimiento por el 
hecho de que una cosa as pudiera sucederle a uno de sus aviones. Holly vio cmo 
una mujer joven, con una americana de United, se daba la vuelta sbitamente y 
abandonaba la habitacin llorando, y todos los dems, hombres y mujeres sin 
distincin, estaban plidos y temblorosos. Holly sinti deseos de consolarles, de 
rodearles con el brazo y decirles que incluso los aparatos mejor construidos y 
mantenidos estaban destinados a fallar algn da, porque el conocimiento humano 
era imperfecto y la maldad se mova libremente por el mundo.
    El coraje, la dignidad y la compasin que se ponan de manifiesto en aquellas 
penosas circunstancias era tal que Holly se qued consternada por la masiva 
llegada de los medios de comunicacin. Saba que la dignidad, por lo menos, sera 
una de las primeras vctimas de su asalto. En realidad, slo cumplan con su 
trabajo, cuyos problemas y presiones ella conoca muy bien. Pero el porcentaje de 
periodistas que llevaban a cabo su trabajo correctamente no era mayor que el 
porcentaje de fontaneros competentes o el de carpinteros capaces de fijar a la 
perfeccin el marco de una puerta. La diferencia radicaba en que los periodistas 
insensibles, ineptos o totalmente hostiles podan provocar en los entrevistados una 
considerable turbacin y, en algunos casos, mancillar para siempre su reputacin, 
lo cual era mucho peor que una tubera bloqueada o una moldura de madera con 
las piezas mal encajadas.
    Todo el espectro de periodistas de prensa, radio y televisin invadi el 
aeropuerto y en poco tiempo penetr en aquellas reas en las que su presencia 
estaba oficialmente restringida. Algunos de ellos se mostraban respetuosos por la 
condicin emocional y mental en la que se hallaban los supervivientes, pero la 
mayora acosaba a los empleados de United con temas como la responsabilidad 
y la obligacin moral, o perseguan a los supervivientes para que manifestaran 
sus temores ms ntimos y revivieran el reciente horror para deleite de los 
consumidores de noticias. Aunque Holly conoca sus mtodos y era experta en 
quitrselos de encima, cuatro reporteros distintos le hicieron la misma pregunta 
media docena de veces en quince minutos: Cmo se sinti cuando oy que 
poda estrellarse al aterrizar? Cmo se sinti cuando crey que iba a morir? 
Cmo se sinti cuando vio que algunos de los que se hallaban alrededor haban 
muerto?.
    Finalmente, acorralada junto a una gran ventana desde la que se poda ver la 
llegada y salida de los aviones, Holly estall en clera contra un ansioso reportero 
que trabajaba para la CNN llamado Anlock, el cual no pareca comprender que 
Holly no se sintiera halagada por sus atenciones.
    Pregnteme lo que vi, o lo que pienso le dijo. Pregnteme quin, qu, 
dnde y por qu, pero por amor de Dios, no me pregunte cmo me siento. Si tiene 
alguna comprensin por la condicin humana, usted debera saberlo.
    Anlock y el cmara que le acompaaba trataron de alejarse en busca de otra 
presa. Holly se percat de que la mayora de la gente que se hallaba en la 
habitacin atestada se haba dado la vuelta para ver cul era la causa del alboroto, 
pero no le import. No iba a permitir que Anlock se marchara tan fcilmente. Se 
qued junto a l.
    Usted no quiere hechos! Slo quiere algo dramtico, quiere sangre y gritos! 
Quiere que la gente desnude sus almas ante usted! Luego redacta lo que han 
dicho, tergiversando y confundiendo las palabras maliciosamente; es como una 
violacin, maldita sea!
    Se dio cuenta de que se hallaba poseda por la misma rabia que haba 
experimentado en el lugar del accidente, y de que no estaba la mitad de furiosa 
contra Anlock de lo que lo estaba contra Dios. El reportero era un objetivo ms 
asequible que el Todopoderoso, oculto en algn oscuro rincn de Su firmamento. 
Holly se sinti confusa al descubrir de nuevo aquella furia en su interior.
    Holly haba perdido el control de s misma, y no le importaba hasta que se 
percat de que los de la CNN grababan en directo. Un destello depredador en la 
mirada de Anlock y un atisbo de irona en su expresin la alertaron de que no se 
hallaba consternado por el arrebato de Holly. Ella le estaba proporcionando 
autntico patetismo, y no poda resistirse a usarlo incluso siendo l el objeto de sus 
insultos. Ms tarde l disculpara magnnimamente su comportamiento frente a los 
telespectadores, mostrndose hipcritamente compasivo con el trauma emocional 
de Holly, convirtindose as en un temerario reportero y un tipo humanitario.
    Furiosa consigo misma por haber mordido el anzuelo, Holly le dio la espalda a 
la cmara. Nada ms alejarse, oy que Anlock deca:
    Bastante comprensible, desde luego, teniendo en cuenta lo que ha tenido 
que pasar...
    Quera volver atrs y romperle la cara, justo lo que habra deseado aquel 
malnacido.
    Qu te pasa, Thorne? se pregunt a s misma, nunca pierdes el control. 
No de esta forma. Nunca lo pierdes, pero ahora lo ests perdiendo definitiva y 
absolutamente.
    Trat de ignorar a los reporteros y suprimir su sbito inters en el autoanlisis. 
Sigui buscando a Jim Ironheart intilmente. No se hallaba entre el ltimo grupo 
que haba llegado desde el lugar del accidente. Ninguno de los empleados de 
United pudo encontrar su nombre en la lista de pasajeros,  lo  cual  no  sorprendi  
excesivamente a  Holly.
    Imagin que todava estara en el campo, ayudando al equipo de bsqueda y 
rescate del modo que pudiera. Estaba ansiosa por hablar con l, pero tendra que 
ser paciente.
    Aunque algunos reporteros se mostraban cautelosos con ella tras el modo en 
que atac verbalmente a Anlock, saba cmo manipular a los de su gremio. 
Sorbiendo un amargo caf solo en una taza de plstico, se pase por la habitacin 
y sali al vestbulo, hacindoles preguntas sin revelar que era uno de ellos, para 
obtener alguna informacin interesante. Entre otras cosas, descubri que haban 
sobrevivido doscientas personas, y que las vctimas no llegaban a cincuenta, un 
nmero milagrosamente bajo de muertos si se tena en cuenta la forma en que el 
avin se haba partido e incendiado. Holly tendra que haberse alegrado, porque 
significaba que la intervencin de Jim haba permitido al capitn salvar ms vidas 
de las que el destino tena previsto; en lugar de ello, sus pensamientos no se 
apartaban de los que, a pesar de todo, haban perecido.
    Tambin supo que los miembros de la tripulacin haban sobrevivido, y que 
buscaban un pasajero que les haba sido de gran ayuda, un hombre descrito como 
Jim Algo, una especie de Kevin Costner con ojos muy azules. Debido a que los 
primeros funcionarios federales en llegar se hallaban ansiosos por hablar con aquel 
Jim Algo, los medios de comunicacin tambin empezaron a buscarle.
    Holly se dio cuenta de que Jim no iba a hacer acto de presencia. Se 
desvanecera, como siempre haca tras una de sus hazaas, alejndose del 
alcance de reporteros y funcionarios. Jim iba a ser el nico nombre al que tendran 
acceso.
    Holly era la primera persona, en el escenario de uno de sus rescates, a quien l 
haba dado su nombre completo.
    Frunci el ceo, preguntndose por qu haba decidido revelarle cosas que no 
haba revelado a nadie.
    Frente a la puerta de los servicios de mujeres se encontr con Christine 
Dubrovek, que le devolvi su bolso y le pregunt por Steve Harkman, sin darse 
cuenta de que l era el misterioso Jim acerca del cual todos se interrogaban.
    Tena que estar en Chicago esta noche sin falta, as que ha alquilado un 
coche y se ha marchado minti Holly.
    Quera darle las gracias dijo Christine. Pero imagino que tendr que 
esperar hasta que nos encontremos en Los Angeles. Trabaja en la misma 
compaa que mi marido, sabe?
    Casey, pegada al lado de su madre, se haba limpiado el holln de la cara y 
cepillado el pelo. Estaba comiendo una barrita de chocolate sin demasiado 
entusiasmo.
    Holly se disculp lo antes posible y volvi al centro de ayudas de emergencia 
que United haba establecido en una esquina del saln VIP. Trat de conseguir un 
vuelo que, sin importar el nmero de escalas, la llevara aquella misma noche a Los 
Angeles. Pero Dubuque no era precisamente el centro del universo, y todos los 
asientos a cualquier lugar del sur de California ya estaban reservados. Lo mejor 
que poda hacer era tomar un vuelo hacia Denver por la maana, seguido de otro al 
medioda desde Denver a Los Angeles.
    United le proporcion alojamiento para aquella noche. A las seis de la tarde, 
Holly se instal en una limpia y triste habitacin en el motel Best Western Midway 
Motor. En realidad, en su estado de nimo habra sido incapaz de apreciar una 
suite en el Ritz.
    Por si la haban visto en la CNN o descubran su nombre en la lista de 
pasajeros en los diarios de la maana, llam a sus padres en Filadelfia para 
comunicarles que estaba a salvo. Eran felizmente ignorantes de lo cerca que haba 
estado de perecer, no obstante no pudieron evitar alarmarse por todo lo ocurrido, 
como si todava estuviera sucediendo. Holly tuvo que consolarles, en lugar de que 
fueran ellos los que lo hicieran, lo cual era conmovedor, ya que confirmaba lo mu-
cho que la queran. Me da igual lo importante que sea este artculo en el que 
ests trabajando le dijo su madre, puedes coger un autobs que te lleve hasta 
casa.
    La conversacin no mejor el humor de Holly.
    Aunque llevaba el cabello enmaraado y ola a humo, se dirigi a un centro 
comercial y adquiri una muda de ropa: calcetines, ropa interior, vaqueros, una 
blusa blanca y una chaqueta tejana. Tambin compr un par de Reeboks porque 
no poda evitar sospechar que las marcas desteidas de su viejo par eran manchas 
de sangre.
    Cuando estuvo de nuevo en la habitacin tom la ducha ms larga de su vida, 
enjabonndose una y otra vez hasta que la pastilla de jabn, obsequio del motel, 
qued reducida a unos diminutos trozos. Se senta sucia, pero finalmente cerr el 
grifo cuando se dio cuenta de que trataba de limpiar algo que estaba en su interior.
    Pidi al servicio de habitaciones que le trajeran un bocadillo, una ensalada y 
fruta. Cuando tuvo la comida frente a ella fue incapaz de dar un bocado.
    No se atreva a encender el televisor. No quera arriesgarse a ver en la pantalla 
las noticias acerca del trgico accidente del vuelo 246.
    Si hubiera podido llamar a Jim Ironheart lo hubiera hecho en seguida. Le habra 
llamado cada diez minutos, hora tras hora, hasta que l hubiera llegado a casa y 
hubiera cogido el telfono. Pero Holly ya saba que su nmero no figuraba en el 
listn de telfonos.
    Finalmente baj al saln del motel, se sent en el bar y pidi una cerveza. 
Dada su escasa resistencia al alcohol, una botella de Beck, sin acompaarla de 
algo de comer, probablemente sera suficiente para dejarla inconsciente el resto de 
la noche.
    Un viajante de comercio de Omaha trat de entablar conversacin con ella. 
Tena unos cuarenta y cinco aos, no careca de atractivo y pareca agradable, 
pero no quera que la malinterpretara. Le dijo de la forma ms amable posible que 
no estaba buscando ningn plan.
    Ni yo tampoco respondi l con una sonrisa. Todo lo que quiero es 
alguien con quien poder hablar.
    Holly le crey, y su instinto demostr que no se haba equivocado. 
Permanecieron sentados en el bar un par de horas, charlando acerca de pelculas, 
programas de televisin, humoristas y cantantes, sobre el tiempo y la comida, sin 
tocar para nada la poltica, accidentes de avin, o los problemas que acuciaban al 
mundo. Para su sorpresa se bebi tres cervezas y no sinti ms que un ligero 
mareo.
    Howie le dijo ella sinceramente al despedirse, te estar agradecida el 
resto de mi vida.
    Volvi sola a su habitacin, se desvisti y se desliz bajo las sbanas, 
sintiendo que el sueo se apoderaba de ella nada ms tocar la almohada. 
Tapndose con la colcha para evitar el fro del aire acondicionado, dijo con una voz 
confusa provocada por el cansancio:
    Acurrcate en mi capullo, apresrate a ser una mariposa. Preguntndose de 
dnde vendra aquello y lo que significaba, Holly se qued dormida. Ziiip, ziiip, ziiip.
    Aunque se encontraba en la habitacin de paredes de piedra, el sueo era 
claramente distinto en muchos aspectos. En primer lugar, ahora poda ver. Sobre 
un plato azul haba una gruesa vela amarilla; su oscilante llama anaranjada 
revelaba paredes de piedra, ventanas tan estrechas como las aberturas de una 
fortificacin, un suelo de madera, un eje que giraba, surgiendo del techo y 
desapareciendo por un agujero que daba a la habitacin de abajo, y una pesada 
puerta con barras de hierro. De algn modo, saba que se hallaba en la cmara 
superior de un viejo molino de viento, que el sonido ziiip, ziiip, ziiip era 
producido por las gigantescas aspas al cortar el turbulento viento de la noche, y 
que tras la puerta se hallaban unos curvados peldaos de piedra caliza que 
conducan a la estancia en que se mola. Aunque estaba de pie cuando el sueo 
empez, las circunstancias cambiaron, y de pronto se encontr sentada, aunque no 
en una silla corriente. Estaba en un asiento de avin, con el cinturn de seguridad 
abrochado, y cuando volvi la cabeza hacia la izquierda vio que Jim Ironheart 
estaba sentado junto a ella. Este viejo molino no llegar hasta Chicago, dijo l 
solemnemente. E incluso pareca lgico que pudieran estar volando en aquella 
estructura de piedra impulsados por las cuatro aspas de madera como si fueran las 
hlices de un avin. Sobreviviremos, no es as?, pregunt ella. Ante sus ojos, 
Jim se desvaneci y en su lugar apareci un nio de diez aos. Holly se maravill 
de aquel hechizo. Luego lleg a la conclusin de que aquel nio de espeso cabello 
castao y ojos azul elctrico era Jim de pequeo. Segn las liberales reglas de los 
sueos, aquello hizo su transformacin menos mgica y, de hecho, lgica. Sobre-
viviremos si no viene, dijo el nio. Si no viene qu?, pregunt Holly. Y l 
respondi: El Enemigo. En torno a ellos, el molino pareci responder a sus 
palabras, doblndose y palpitando como un corazn, como la pared de su 
habitacin en el motel de Laguna Hills la noche anterior. Holly crey vislumbrar un 
rostro y una forma monstruosa que tomaba la sustancia de la misma piedra caliza. 
Moriremos aqu dijo el nio, todos moriremos aqu, y casi pareca dar la 
bienvenida a aquella criatura que trataba de emerger de la pared. Ziiip!
    Holly se despert sobresaltada. Afortunadamente, esta vez ningn elemento 
del sueo la sigui hasta el mundo real, y aunque asustada, no estaba aterrorizada 
como en la ocasin anterior. En efecto, estaba ligeramente asustada, ms bien in-
quieta, y muy lejos de la histeria.
    Holly despert del sueo con un optimista sentido de la liberacin. Despejada y 
lcida, se incorpor en la cama y apoy la espalda contra la cabecera, cruzando los 
brazos frente a su pecho desnudo. Temblaba, no de miedo ni de fro, sino de ex-
citacin.
    Unas horas atrs, con la boca pastosa por la cerveza, haba dicho al sumirse 
en el abismo del sueo: Acurrcate en mi capullo, apresrate a ser una 
mariposa. Ahora saba lo que quera decir, y entenda los cambios por los que 
haba pasado desde que descubriera el secreto de Jim Ironheart, cambios de los 
que tan slo haba empezado a percatarse tras el accidente, cuando se hallaba en 
el saln VIP del aeropuerto.
    Nunca volvera al Portland Press. Nunca ms volvera a trabajar en un 
peridico. Estaba acabada como reportera.
    Por esa razn se haba dejado llevar por un arrebato delante de Anlock, el 
reportero de la CNN en el aeropuerto. Aunque lo despreciaba, Holly se sinti 
consumida por un sentimiento de culpabilidad, porque Anlock persegua una noticia 
a la que ella no daba importancia, a pesar de ser parte de la historia. Si hubiera 
sido una reportera, debera haber entrevistado a los supervivientes y escribir el 
artculo para el Press. Sin embargo, ni por un instante se sinti tentada por aquel 
deseo, as que haba disfrazado su descontento personal con un traje de rabia con 
enormes hombreras y anchas solapas; luego se lo haba puesto colricamente ante 
la cmara de la CNN, en un frentico intento de demostrar que haba dejado para 
siempre el periodismo, que haba abandonado una carrera y un compromiso que 
crey que iba a durar toda la vida. Salt de la cama y pase por la habitacin, 
demasiado excitada para seguir sentada.
    Estaba acabada como reportera... Acabada.
    Era libre. Como una nia de clase trabajadora proveniente de una familia 
humilde, Holly siempre haba estado obsesionada por la necesidad de sentirse 
importante. Cuando de ser una nia brillante pas a ser una mujer ms brillante 
an, se sinti desconcertada por el aparente desorden de la vida, y pretendi 
explicarlo lo mejor que pudo con las herramientas inadecuadas del periodismo. 
Irnicamente, la doble bsqueda de una aceptacin y explicaciones que la 
haban llevado a trabajar y estudiar setenta y ochenta horas a la semana la 
haban dejado desarraigada, sin ningn amante digno de tenerse en cuenta, sin 
hijos, sin autnticos amigos y sin ms respuestas a las difciles preguntas acerca 
de la vida que las que tena desde el principio. De pronto, se senta libre de 
aquellas necesidades y obsesiones, sin que le importara pertenecer a un club de 
lite o explicar el comportamiento humano.
    Crey odiar el periodismo. En realidad lo que odiaba era su propio fracaso al 
respecto; y haba fracasado porque el periodismo nunca haba sido apropiado para 
ella.
    Para comprenderse a s misma y romper con los vnculos de la costumbre, lo 
nico que necesit fue encontrar un hombre que obraba milagros y sobrevivir a 
un devastador accidente areo.
    Qu mujer tan sutil, Thorne dijo en voz alta, burlndose de s misma. 
Tan perspicaz...
    Por Dios, si el hecho de encontrarse con Jim Ironheart y salir ilesa de un 
accidente areo no era suficiente para aclararle las cosas, entonces slo caba 
esperar que Pepito Grillo llamara a su puerta entonando una aleccionadora cancin 
acerca de las diferencias entre una eleccin estpida o inteligente en la vida.
    Se ech a rer. Tir de la manta que haba sobre la cama y envolvi con ella su 
cuerpo desnudo, se sent en uno de los dos sillones, encogiendo las piernas 
debajo de ella, y ri como no lo haba hecho desde los tiempos en que era una 
atolondrada adolescente.
    No, aqu fue donde empez el problema: ella nunca haba sido atolondrada. 
Haba sido una adolescente seria, obsesionada por los acontecimientos actuales, 
preocupada por la Tercera Guerra Mundial, porque le dijeron que probablemente 
morira en un holocausto nuclear antes de que se graduara en el instituto; 
preocupada por la superpoblacin, porque le dijeron que el hambre segara dos mil 
quinientos millones de vidas en 1990, reduciendo a la mitad la poblacin mundial y 
la tasa de habitantes de Estados Unidos; preocupada por la polucin, que iba a 
provocar una drstica bajada de las temperaturas en el planeta, dando paso a otro 
perodo glacial que acabara con la civilizacin, un tema que ocup las primeras 
pginas de los peridicos a finales de la dcada de los setenta, antes de que se 
hablara del efecto invernadero y de los problemas originados a causa del 
recalentamiento del planeta. Haba pasado su adolescencia y los inicios de su 
madurez preocupndose demasiado, sin tiempo para divertirse.
    La ausencia de alegra le haba hecho perder la perspectiva de las cosas y le 
haba permitido que cada noticia sensacionalista algunas basadas en autnticos 
problemas, otras absolutamente fraudulentas la consumieran.
    Y all estaba, riendo como una nia pequea. Hasta alcanzar la pubertad y ser 
arrojados a una nueva existencia por una marea de hormonas, los nios saban 
que la vida era aterradora, s, oscura y extraa, pero tambin saban que era ab-
surda, que estaba destinada a ser algo divertido, que era un viaje lleno de 
aventuras a lo largo de una carretera del tiempo que conduca a un lugar 
desconocido en un mundo distante y maravilloso.
    Holly Thorne, que de pronto se sinti satisfecha de su nombre, saba hacia 
dnde iba y por qu.
    Saba lo que esperaba obtener de Jim Ironheart y no era un buen artculo, o 
el reconocimiento a su labor periodstica, ni un Pulitzer. Quera de l algo mejor 
que aquello, ms gratificante y duradero, y se senta ansiosa de hallarse ante l 
para pedrselo.
    Lo divertido era que, si l aceptaba, tal vez se vera embarcada en algo ms 
que emocin, alegra y una existencia llena de significado. Si ella obtena lo que 
quera de l, quizs estuviera muerta en el plazo de un ao, de un mes o de una 
semana. Pero momentneamente se concentraba en la perspectiva de la alegra 
que aquello supondra, y no la desanimaba la posibilidad de una muerte prematura.
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    SEGUNDA PARTE
    
    El molino
    
    
    
    En ningn lugar se guarda un secreto
    siempre secreto, oculto y profundo,
    tan bien como en el pasado,
    profundamente enterrado para permanecer, permanecer.
    
    
    Gurdalo en tu oculto corazn,
    de otro modo los rumores dan comienzo.
    
    
    Tras muchos aos de haber enterrado
    secretos que te preocupaban,
    ningn confidente puede entonces traicionar
    las palabras que no dijiste.
    
    
    Slo t puedes entonces exhumar
    secretos a salvo en la tumba
    de la memoria, de la memoria,
    en la tumba de la memoria.
    
    El libro de los dolores contados
    
    
    
    
    En el mundo real
    como en los sueos,
    nada es realmente
    lo que parece.
    
    El libro de los dolores contados
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    Del 27 al 29 de agosto
    
    
    1
    
    Holly cambi de vuelo en Denver, ganando tiempo, al atravesar dos husos 
horarios a medida que viajaba hacia el Oeste, y lleg al Aeropuerto Internacional de 
Los Angeles el lunes por la maana a las once. Sin trabas de equipaje, recogi el 
coche alquilado y condujo a lo largo de la costa hacia Laguna Niguel. Lleg a la 
casa de Jim Ironheart alrededor de las doce y media.
    Dej el coche frente a su aparcamiento, sigui el camino adornado con 
azulejos hasta la puerta principal y toc el timbre. Jim no contest. Toc de nuevo. 
Segua sin contestar. Toc repetidamente hasta que en el pulgar derecho le qued 
la marca rojiza del botn.
    Dando un paso atrs, observ las ventanas del primer y segundo piso. Todas 
tenan echadas las persianas.
     S que est ah dentro dijo tranquilamente.
    Regres al coche, baj las ventanillas y se sent tras el volante esperando que 
saliera. Tarde o temprano necesitara comida, detergente, atencin mdica, papel 
higinico, algo, y entonces le atrapara.
    Desgraciadamente el tiempo no era propicio para una larga vigilancia. Aunque 
das atrs haba hecho una temperatura templada, el calor de agosto haba vuelto 
como un malvado dragn, chamuscando la tierra con su llameante aliento. Las 
palmeras se inclinaron y las flores empezaron a marchitarse bajo el sol abrasador. 
Tras los elaborados sistemas de riego que mantenan el exuberante paisaje, el 
desierto aguardaba el momento de reafirmarse.
    Holly se estaba cociendo tan rpida y uniformemente como un panecillo en un 
horno, hasta que finalmente levant las ventanillas, puso el coche en marcha y 
encendi el aire acondicionado.
    La fra corriente era deliciosa, pero al poco tiempo el coche empez a 
recalentarse; la aguja se elev rpidamente hacia la seccin roja del indicador de 
temperatura.
    A la una y cuarto, justo tres cuartos de hora despus de su llegada, Holly puso 
la marcha atrs y retrocedi a lo largo del camino, volviendo al motel de Laguna 
Hills. All se puso un pantaln corto y una blusa caribea de color amarillo que 
dejaba al descubierto su vientre; tambin se calz sus nuevas zapatillas deportivas. 
En una tienda cercana compr una tumbona plegable, una toalla playera, un tubo 
de crema bronceadora, una nevera porttil, una bolsa de cubitos de hielo, seis 
latas de soda baja en caloras y un libro de bolsillo de John D. MacDonald, cuya 
protagonista era Travis McGee; ya tena un par de gafas de sol.
    Antes de las dos y media se encontr de nuevo en la casa de Ironheart en 
Bougainvillea Way. Volvi a tocar el timbre. Jim se neg a contestar.
    Holly saba de algn modo que Jim estaba en casa. Tal vez ella tambin era 
clarividente.
    Transport la nevera porttil, la tumbona plegable y otros artculos hasta el 
jardn situado en la parte posterior de la casa. Instal la silla en la hierba, justo 
detrs del patio cubierto por una secoya. A los pocos minutos se acomod con-
fortablemente.
    En la novela de MacDonald, Travis McGee sudaba a mares en Fort 
Lauderdale, donde sufran una ola de calor capaz de ahuyentar a las bronceadas 
bellezas playeras. Holly ya haba ledo el libro, pero quiso releerlo porque record 
que la trama se desarrollaba en un escenario de calor y humedad tropical. La 
sofocante Florida, descrita por la vivida prosa de MacDonald, haca que el aire seco 
de Laguna Niguel pareciera menos trrido, a pesar de que seguramente estaban a 
ms de treinta grados.
    Transcurrida media hora, Holly ech un vistazo a la casa y vislumbr a Jim 
Ironheart tras la gran ventana de la cocina. La estaba observando.
    Holly le salud con un gesto. l no se lo devolvi. Jim se alej de la ventana, 
pero no sali fuera.
    Holly abri una lata de soda baja en caloras, se enfrasc de nuevo en la 
novela y disfrut con la sensacin del sol en sus piernas desnudas. Las 
quemaduras no le preocupaban porque, a pesar de ser rubia y de piel plida, tena 
un ligero tono bronceado que la protega de las quemaduras en tanto que no se 
dedicara a tomar maratonianos baos de sol.
    Al cabo de un rato se levant y reajust la tumbona para echarse sobre su 
estmago. Entonces vio a Jim Ironheart de pie en el patio, justo frente a las 
cristalinas puertas corredizas del saln. Llevaba el pantaln y la camiseta 
arrugados, e iba sin afeitar. Tena el cabello lacio y grasiento. No presentaba un 
buen aspecto.
    Se hallaba a cinco metros de distancia, de forma que su voz lleg hasta ella sin 
dificultad.
     Qu cree que est haciendo?
    Broncendome un poco.
    Por favor, vyase, seorita Thorne.
    Tengo que hablar con usted.
    No tenemos nada de que hablar.
    Ja! exclam Holly.
    Jim entr de nuevo y cerr la ventana. Holly oy el ruido del pestillo.
    Tras yacer sobre su estmago casi una hora, dormitando en lugar de leer, 
decidi que ya tena suficiente sol. Adems, a las tres y media de la tarde los rayos 
no bronceaban con la misma eficacia.
    Traslad la tumbona, la nevera porttil y el resto de objetos al patio 
resguardado por la sombra. Abri otra lata de soda y reinici la lectura.
    A las cuatro Jim volvi a abrir la puerta corrediza. Se acerc hasta detenerse a 
su espalda. Permaneci all un rato, evidentemente con la mirada posada en ella. 
Ninguno de los dos habl y Holly simul que segua leyendo.
    Su prolongado silencio era extrao. Holly empez a pensar en la parte 
oscura de Jim los ocho tiros con que acribill a Norman Rink en Atlanta, entre 
otras cosas y su inquietud fue creciendo hasta que decidi que lo que l se 
propona era asustarla.
    Holly cogi la lata de soda de encima de la nevera porttil, tom un sorbo, 
suspir con satisfaccin y puso de nuevo la lata en su sitio sin dejar que el pulso de 
su mano temblara lo ms mnimo. Finalmente Ironheart pas junto a su silla y se 
situ en un lugar en el que ella pudiera verle. Segua sin afeitar y tena un aspecto 
desaliado. Unos crculos oscuros rodeaban sus ojos. Tena una palidez enfermiza.
     Qu quiere de m? pregunt Jim. Llevar un rato explicrselo.
    No dispongo de un rato.
     De cunto tiempo dispone?
     Un minuto.
    Holly vacil y sacudi la cabeza.
     No puedo hacerlo en un minuto! Esperar hasta que tenga ms tiempo.
    l le dirigi una mirada amenazadora.
    Holly continu leyendo en el punto en que lo haba dejado.
     Puedo llamar a la polica, puedo hacer que la saquen de mi propiedad dijo 
Jim.
    Por qu no lo hace? pregunt Holly.
    Permaneci all unos cuantos segundos ms, impaciente y vacilante, luego 
volvi a entrar en la casa. Corri la puerta, la cerr.
    No tarde demasiado murmur Holly. Dentro de una hora tendr que usar 
su cuarto de bao.
    Al poco rato las sombras se alargaron y las burbujas hacan un sonido metlico 
en la lata de soda.
    Haba desayunado en el aeropuerto de Dubuque, sorprendida de que su 
apetito no hubiera desaparecido para siempre por las macabras imgenes 
grabadas en su mente. Su estmago le record que, debido a la vigilancia, no 
haba comido; se mora de hambre.
    Quince minutos antes de que la necesidad de ir al servicio se hiciera 
inaplazable, Jim regres. Se haba duchado y afeitado. Llevaba una camisa azul de 
cuello ancho, pantaln blanco de algodn y zapatos deportivos de lona.
    Se sinti halagada por el deseo de Jim de mejorar su aspecto.
    De acuerdo dijo Jim. Qu quiere?
    Primero necesito usar el lavabo.
    Una expresin de fastidio apareci en su rostro.
    Muy bien, de acuerdo, pero luego hablamos, lo aclaramos todo y se larga.
    Holly le sigui hasta la sala de estar situada junto a la espaciosa cocina. El 
mobiliario, que no haca juego, pareca haber sido adquirido a bajo precio en 
alguna oferta, probablemente despus de que Jim se graduara en la universidad y 
consiguiera su primer trabajo como profesor. Estaba limpio, pero pareca 
desgastado. Cientos de libros de bolsillo se amontonaban en cajas dispersadas sin 
orden por la habitacin. En las paredes no haba ningn tipo de ornamentacin 
artstica, ni tampoco objetos decorativos tales como jarrones, cuencos, esculturas o 
macetas con plantas que proporcionaran calidez a la habitacin.
    Le indic dnde estaba el cuarto de bao, situado a un lado del vestbulo. Nada 
de paredes empapeladas, ni pintura blanca; ningn jabn en forma de capullo, slo 
una pastilla de Ivory; ninguna toalla de colores o bordada, slo un rollo de Bounty 
sobre el estante.
    Al cerrar la puerta, Holly se volvi hacia l y dijo:
     Quiz podramos hablar mientras cenamos. Me muero de hambre.
    Cuando sali del lavabo ech un vistazo al saln. Estaba decorado para usar 
el trmino con la mayor flexibilidad lingstica posible en un estilo calificado como 
subasta de aparcamiento matutina, aunque era ms espartano que la sala de 
estar. Su casa era sorprendentemente modesta para un hombre que, como l, 
haba ganado seis millones de dlares en la lotera, aunque el mobiliario de aquella 
estancia haca que, en comparacin, resultara rockefelleriana.
    Fue a la cocina y le encontr esperndola sentado a la mesa del desayuno.
     Cre que estara cocinando algo le dijo Holly, al tiempo que coga una silla 
y se sentaba frente a l.
    No pareca de buen humor.
     Qu quiere?
    Djeme empezar dicindole lo que no quiero respondi Holly. No quiero 
escribir acerca de usted, he abandonado mi carrera de reportera, he terminado 
para siempre con el periodismo. Lo crea o no, es cierto. Todo lo bueno que est 
haciendo slo puede ser obstaculizado por los medios de comunicacin y se 
perderan vidas que de otra forma podra haber salvado. Ahora me doy cuenta de 
ello.
    Muy bien.
    Y no quiero hacerle chantaje. De todos modos, a juzgar por el lujo de su 
estilo de vida, dudo que le queden algo ms de dieciocho dlares.
    Jim no sonri. La mir fijamente con aquellos ojos de un azul intenso.
    No quiero impedir que lleve a cabo su trabajo o comprometerlo del modo que 
sea. No quiero venerarle como si fuera el segundo advenimiento, casarme con 
usted, darle hijos o extraer de usted el sentido de la vida. De todos modos, slo 
Elvis Presley conoce el sentido de la vida y se halla en estado de animacin 
suspendida en el interior de una cmara extraterrestre de Marte.
    Su rostro permaneci inmvil como una roca.
     Lo que quiero prosigui Holly es satisfacer mi curiosidad, aprender 
cmo hace lo que hace y por qu lo hace. Holly vacil. Tom una profunda 
bocanada de aire. Ahora vena lo ms importante: Y quiero ser parte de todo 
esto.
     Qu quiere decir?
    Holly habl rpidamente, agolpando una frase tras otra, temerosa de que Jim la 
interrumpiera antes de que pudiera expresar todo lo que tena que decir y nunca 
volviera a darle la oportunidad de explicarse.
     Quiero trabajar con usted, ayudarle, contribuir en su misin, o como quiera 
que lo llame, no me importa lo que piense, quiero salvar gente, al menos ayudarle a 
usted a salvarla.
    No hay nada que pueda hacer. Debe de haber algo insisti ella.
     Slo sera un estorbo. Escuche, soy inteligente...
     Y qu?
    Culta...
    Como yo.
    Valiente...
    S, pero no la necesito.
    Competente, eficiente...
    Lo siento mucho.
    Maldita sea! exclam Holly ms frustrada que furiosa. Deje que sea su 
secretaria, aunque no necesita ninguna. Deje que sea su chica de fin de semana, 
su mano derecha, o al menos su amiga.
    Pareca insensible a su splica. La mir fijamente tanto rato que Holly empez 
a sentirse incmoda, pero no iba a apartar sus ojos de l. Senta que Jim haca uso 
de su mirada singularmente penetrante como un instrumento de control e intimi-
dacin, pero ella no era fcil de manipular. Estaba decidida a no permitir que l 
encauzara aquel encuentro antes de que hubiera empezado.
    As que desea convertirse en mi Louis Lae dijo Jim finalmente.
    Por un instante, Holly no tuvo idea de lo que hablaba. Entonces record: 
Metrpolis, el Daily Planet, Jimmy Olsen, Perry White, Louis Lae, Clark Kent, 
Superman.
    Holly intuy cules eran sus intenciones: trataba de que se enfadara para 
manipularla, porque si ella perda los estribos le proporcionara una excusa para 
echarla. Estaba decidida a permanecer en calma y razonablemente agradable para 
mantener la puerta abierta entre ellos.
    Pero se vea incapaz de permanecer sentada tranquilamente y controlar su 
temperamento al mismo tiempo. Necesitaba liberar parte de la energa que le 
causaba la ira. Empuj su silla hacia atrs, se levant y empez a ir de un lado a 
otro de la habitacin al tiempo que le responda.
     No!, eso es exactamente lo que no quiero. No quiero ser su cronista, la 
intrpida chica reportera. Estoy harta del periodismo. Conscientemente le explic 
por qu. No quiero ser tampoco su rendida admiradora, o la bienintencionada 
aunque torpe muchacha que se mete en los continuamente y tiene que confiar en 
usted para que la salve de las diablicas garras de Lex Luthor. Aqu est 
ocurriendo algo sorprendente y quiero ser parte de ello, porque lo que est ha-
ciendo es tan... tan relevante. Quiero contribuir del modo que pueda, hacer algo en 
mi vida que valga autnticamente la pena.
    Los bienhechores, por lo general, son gente engreda, arrogante, y causan 
ms dao que otra cosa dijo Jim.
    No soy una bienhechora. No me interesa en absoluto ser elogiada por mi 
generosidad y sacrificio. No necesito sentirme moralmente superior, sino tan slo 
til.
    El mundo est lleno de bienhechores respondi Jim, negndose a ceder. 
Si necesitara un ayudante, que no es el caso, por qu tendra que elegirla a usted 
entre todos los bienhechores del mundo?
    Era un hombre imposible. Holly sinti deseos de darle una bofetada. En lugar 
de eso sigui paseando de un lado a otro de la habitacin y dijo:
    Ayer, cuando volv al avin en busca de aquel nio, de Norby, yo... bueno, 
me sorprend a m misma. No saba que tuviera algo as en mi interior. No era 
valiente, estaba muerta de miedo, pero cuando logr sacarle de all nunca me 
haba sentido mejor.
    Le gusta la forma en que le mira la gente cuando saben que es una herona 
dijo Jim categricamente.
    Holly sacudi la cabeza.
    No, no es eso. Aparte de uno de los miembros del equipo de rescate, nadie 
ms supo que haba sacado a Norby de all. Me gust la forma en que actu, eso 
es todo.
    As que est fascinada por el riesgo, por el herosmo, es una adicta a las 
hazaas.
    Esta vez Holly sinti deseos de darle dos bofetadas en plena cara, lo bastante 
contundentes para hacer que sus ojos giraran en las rbitas. Aquello la hubiera 
hecho sentirse tan bien... Pero se contuvo.
    De acuerdo, bien, si quiere verlo as, soy una adicta a las hazaas.
    Jim no se disculp. Tan slo la mir fijamente.
    Pero eso es mejor que inhalar cien gramos de cocana al da, no cree?
    No respondi.
    Sintiendo que su desesperacin aumentaba, pero tratando de ocultarlo, Holly 
dijo:
    Ayer, una vez que todo termin, despus de dejar a Norby en manos de 
aquel hombre del equipo de rescate, sabe lo que sent por encima de todo? No 
slo sent alegra por haberle salvado; no me sent orgullosa de haber derrotado a 
la muerte; lo que ms sent fue rabia, lo cual me sorprendi, incluso me asust. 
Estaba furiosa al pensar que un nio haba estado a punto de morir, de que su to 
muriera junto a l, de que se hubiera visto atrapado bajo los asientos con aquellos 
cadveres, de que su inocencia se hubiera hecho pedazos y nunca ms pudiera 
disfrutar de la vida tal como un nio. Quera golpear a alguien, quera que alguien 
se disculpara ante l por todo el sufrimiento por el que haba pasado. Pero el des-
tino no es un tipo srdido vestido con un traje barato, no puedes agarrar al destino 
y obligarlo a disculparse, todo lo que uno puede hacer es ahogarse en su propia 
rabia.
    La voz de Holly no haba subido de tono, pero se iba haciendo ms intensa. 
Sus pasos se hicieron ms rpidos, ms agitados. La pasin, en lugar del enfado, 
se apoderaba de ella, lo que seguramente revelara el grado de desesperacin. 
Pero no poda detenerse.
    Ahogarse en la rabia... prosigui . A menos que seas Jim Ironheart. 
Usted puede hacer algo; usted puede hacer que las cosas sean distintas de un 
modo que nunca nadie antes ha logrado. Y ahora que soy consciente de ello, no 
puedo seguir adelante, no puedo encogerme de hombros y alejarme, porque usted 
me ha dado la oportunidad de encontrar una fuerza desconocida en m misma, me 
ha dado esperanza cuando yo ni siquiera me daba cuenta de que la anhelaba, me 
ha mostrado un camino para satisfacer una necesidad que, hasta ayer, no saba 
que tena, una necesidad de luchar, de escupir contra el rostro de la muerte. 
Maldita sea, ahora no puede cerrarme la puerta y abandonarme en medio del fro!
    El la mir fijamente.
    Enhorabuena, Thorne se dijo a s misma desdeosamente, fuiste un 
monumento a la compostura y moderacin, un sobresaliente ejemplo de 
autocontrol.
    Jim se limit a mirarla fijamente.
    Holly haba salido al encuentro de su frialdad con pasin, haba respondido a 
sus efectivos silencios con una cascada de palabras cada vez mayor. Una 
oportunidad, eso era todo lo que tena, y la haba echado a perder.
    Desdichada, sbitamente inanimada, volvi a sentarse. Puso los codos en la 
mesa y apoy la cara en sus manos, sin saber si iba a gritar o a llorar. No hizo 
ninguna de las dos cosas. Tan slo suspir cansadamente.
     Quiere una cerveza?
     S, por Dios.
    
    
    Como un arbusto en llamas, el sol de poniente se filtr a travs de las 
persianas sobre la mesa del desayuno. Holly se acurruc en su silla y Jim se inclin 
hacia delante en la suya. Holly le mir mientras l contemplaba su botella medio 
vaca de Corona.
     Como le dije en el avin, no soy clarividente insisti Jim  . No puedo 
predecir cosas slo porque as lo quiera. No tengo visiones. Es un poder superior el 
que acta a travs de m.
    Puede ser ms explcito?
    Jim encogi los hombros.
    Se trata de Dios.
    Dios le habla?
    No, no me habla. No oigo ninguna voz, ni la Suya ni la de nadie. De vez en 
cuando me veo obligado a estar en un determinado lugar en un momento 
determinado... Eso es todo.
    Jim trat de explicarle lo mejor que pudo cmo haba acabado en McAlbury 
School, en Portland y en otros lugares en que haba llevado a cabo alguno de sus 
milagrosos rescates. Tambin le habl del padre Geary, de cmo le encontr en el 
suelo de la iglesia, junto al altar, con los estigmas de Cristo marcados en su frente, 
en sus manos y en su costado.
    Todo aquello era extraordinario, algo as como una rara trama de misticismo 
urdida por un hereje catlico y un hechicero indio posedo por el peyote, asociados 
con un polica al estilo Clint Eastwood que no se andaba con tonteras. Holly se 
senta fascinada. No obstante le dijo:
     Honestamente, no puedo decir que vea la gran mano de Dios en todo esto.
    Yo s respondi Jim con calma, dejando claro que su conviccin era slida 
y no necesitaba de su aprobacin.
     En algunas ocasiones le hizo notar Holly, se ha visto obligado a ser 
realmente violento, como cuando aquellos tipos raptaron a Susie y a su madre en 
el desierto.
    Tuvieron lo que se merecan dijo l con firmeza. En algunos tipos hay 
tanta maldad, tanta corrupcin, que ni en cinco vidas de rehabilitacin conseguiran 
purgarlas. La maldad es real, camina sobre la tierra. A veces el demonio acta a 
travs de la persuasin. A veces se limita a dejar sueltos a esos psicpatas que 
ignoran el significado de la compasin o la comprensin.
    No quiero decir que no deba ser violento en algunas de esas situaciones. Al 
parecer no le queda otra opcin. Lo que intento decir es que es difcil imaginar a 
Dios impulsando a su enviado a coger una pistola.
    Jim bebi algo de cerveza.
     Ha ledo alguna vez la Biblia?
     Claro.
     Dice que Dios aniquil a los malvados habitantes de Sodoma y Gomorra con 
volcanes, terremotos y lluvias de fuego. En cierta ocasin inund el mundo entero, 
no es as? Hizo que el mar Rojo arrastrara consigo a los soldados del faran, 
ahogndolos a todos. No creo que se muestre aprensivo por un pequeo y viejo 
revlver.
     Imagino que yo estaba pensando en el Dios del Nuevo Testamento. Quizs 
haya odo hablar de l, de su comprensin y misericordia.
    De nuevo fij en ella aquellos ojos, que podan ser lo suficientemente atractivos 
como para debilitar sus rodillas, o tan fros como para hacerla temblar. Un 
momento antes eran clidos; ahora eran glidos. Si Holly albergaba alguna duda, 
ahora saba por su fra respuesta que todava no poda aceptar que Jim entrara en 
su vida.
    Me he encontrado con gente que era verdadera escoria, tanto que sera un 
insulto para los animales si usara ese trmino para ellos. Si creyera que Dios 
siempre acta misericordiosamente con esa clase de gente, no querra tener nada 
que ver con Dios.
    
    
    Holly estaba de pie junto al fregadero limpiando championes y cortando 
tomates en rodajas, mientras Jim separaba las claras y las yemas de unos huevos 
para hacer una tortilla baja en caloras.
    La gente muere en todas partes, cerca de aqu, justo detrs de su propio 
patio trasero. Sin embargo, usted se ve obligado a salir corriendo hacia el otro lado 
del pas para salvar a otras personas.
    S, as es. Una vez tuve que ir a Francia dijo Jim, confirmando las 
sospechas de Holly de que se habra aventurado fuera del pas en alguna de sus 
misiones. Otra vez fui a Alemania, dos veces tuve que ir a Japn y en una 
ocasin a Inglaterra.
     Por qu ese poder superior no se limita a darle trabajo en lugares ms 
cercanos?
    No lo s.
     Se ha preguntado alguna vez qu tiene de especial esa gente a la que 
usted salva? Quiero decir, por qu ellos y no otros?
    S, claro. Me lo he preguntado. Cada semana leo artculos en el peridico 
acerca de gente inocente que es asesinada o que muere en accidentes en el sur de 
California y me pregunto por qu l no los elige a ellos en lugar de un nio de 
Boston. Supongo que en el caso del nio de Boston el diablo conspiraba para 
llevrselo antes de tiempo y Dios me utiliz para evitarlo.
    Muchos de ellos son jvenes...
    Ya me he dado cuenta.
    Pero, no sabe por qu? La verdad es que no.
    
    
    La cocina estaba impregnada por el aroma de los huevos, cebollas, 
championes y pimientos verdes al frerse. Jim haca una gran tortilla en una sola 
sartn, con el propsito de partirla por la mitad una vez estuviera lista.
    Mientras vigilaba el proceso del pan integral en la tostadora, Holly dijo:
     Por qu quiso Dios que salvara a Susie y a su madre en el desierto, y no al 
padre de la nia?
    Tampoco lo s.
    El padre no era un mal hombre, verdad?
    No. No pareca serlo.
    En ese caso, por qu no salvarlos a todos?
     Si l quiere que lo sepa, me lo dir.
    La certeza de Jim de hallarse bajo la gracia y el mandato divino, su fcil 
aceptacin de que Dios quera que algunas personas murieran y otras no, hizo que 
Holly se sintiera incmoda. Por otro lado, cmo reaccionar de otro modo ante su 
extraordinaria experiencia? No caba posibilidad alguna de discutir aquello con 
Dios.
    Holly se acord de un viejo dicho, una autntica mxima para la gente de la 
poca psicodlica y pop: Dios me concedi el valor de cambiar aquellas cosas que 
no puedo aceptar, de aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar y la sabidura 
de distinguir la diferencia. Mxima o no, aqulla era una actitud eminentemente 
sensata.
    Holly cogi las dos rebanadas de pan cuando saltaron del tostador. Mientras 
tostaba otras dos dijo:
     Si Dios quera evitar que Nicholas O'Conner muriera electrocutado cuando la 
bveda de la compaa elctrica explot, por qu no impidi en primer lugar que 
aquello ocurriera?
    No tengo respuesta para ello.
     No le parece extrao que Dios tenga que utilizarle, que le haga ir al otro 
lado del pas, que le arroje hacia el nio O'Conner un instante antes de que el cable 
de 17.000 voltios estalle? Por qu l no...? O, no s..., por qu no se limit a 
escupir en el cable o algo as, a arreglarlo con un poco de saliva divina justo antes 
de que explotara? O, en lugar de enviarle hasta Atlanta para matar a Norman Rink 
en aquella tienda, por qu Dios no retorci un poco el cerebro de Norman, 
ocasionndole una oportuna apopleja?
    Jim inclin la sartn con destreza para darle la vuelta a la tortilla.
     Por qu Dios cre ratones para fastidiar a la gente y gatos para matar a los 
ratones? Por qu cre parsitos que matan a las plantas y luego mariquitas para 
que se comieran a los parsitos? Y por qu no nos puso ojos en el cogote cuando 
nos dio tantas razones para necesitarlos?
    Holly termin de untar las dos primeras rebanadas con mantequilla.
    Comprendo lo que quiere decir. Dios acta de forma misteriosa.
    As es, desde luego.
    
    
    Comieron en la mesa de la cocina. Aparte de las tostadas, las tortillas iban 
acompaadas de unas rodajas de tomate y unas botellas fras de Corona.
    El teln prpura del crepsculo se desliz en el exterior y la noche empez a 
revelarse.
     Usted no es totalmente una marioneta en estas situaciones.
    S, lo soy.
    Tiene cierto poder para decidir el desenlace.
     Est equivocada, no tengo ningn poder.
    Bueno, Dios le puso en el vuelo 246 para salvar a las Dubrovek.
    As es.
    Pero entonces decidi actuar por su cuenta y salv a otras muchas 
personas. Cunta gente se supona que iba a morir?
    Ciento cincuenta y un pasajeros.
     Y cuntos murieron?
    Cuarenta y siete.
    De acuerdo, as que salv ciento dos vidas ms de las que l le envi a 
salvar.
     Ciento tres, contndola a usted, pero nicamente porque l me permiti 
hacerlo, porque me ayud.
    Qu, est sugiriendo que Dios quera que usted salvara  tan slo a las 
Dubrovek y luego cambi de parecer? Supongo que s.
     Cree que Dios no est seguro de lo que quiere, que es un indeciso?
    No lo s, Holly. Buena tortilla, Jim.
     Gracias.
    Me cuesta entender por qu Dios podra cambiar de parecer respecto a 
cualquier cosa. Despus de todo, se supone que es infalible, verdad? Por lo tanto 
no puede tomar una decisin equivocada.
     En realidad no me interesa, me limito a no pensar en ello.
     S, es obvio.
    Jim le lanz una mirada colrica, y Holly sinti el efecto glacial de sus ojos. 
Luego l concentr su atencin en la cerveza y la comida, rechazando los intentos 
de Holly por entablar de nuevo conversacin.
    Holly se dio cuenta de que se hallaba tan cerca de ganar su confianza como lo 
haba estado al principio, cuando, en el patio, l la invit de mala gana a entrar a su 
casa. Todava la juzgaba, y probablemente estaba perdiendo puntos. Holly nece-
sitaba un golpe de efecto, pero no quera utilizarlo hasta que llegara el momento 
adecuado.
    Cuando Jim termin de comer, levant la mirada del plato y dijo:
    De acuerdo, he odo lo que tena que decir, le he dado de comer y ahora 
quiero que se vaya.
    No, no quiere.
    Jim parpade.
    Seorita Thorne...
    Antes me llam Holly.
    Seorita Thorne, por favor, no me obligue a echarla.
     No quiere que me vaya dijo Holly, tratando de aparentar ms seguridad de 
la que senta  . En todos los sitios en que han tenido lugar sus rescates 
nicamente ha dado su nombre de pila. Nadie sabe nada ms de usted. Excepto 
yo. Usted me dijo que viva en el sur de California. Me dijo que su apellido era 
Ironheart.
     S, pero nunca dije que fuera una mala reportera. Se le da muy bien eso de 
sacar informacin a la gente.
     No le saqu nada. Usted mismo me dio la informacin. Y si no hubiera 
querido drmela, ni un oso pardo licenciado en ingeniera armado con una palanca 
de hierro se la habra sacado. Quiero otra cerveza.
     Le ped que se fuera.
    No se moleste. Ya s dnde guarda las cervezas.
    Holly se levant, se dirigi hacia la nevera y sac otra botella de Corona. Se 
deslizaba por un terreno peligroso, al menos para ella, pero una tercera cerveza le 
dio la excusa aunque dbil para quedarse y discutir con l. La noche anterior 
se bebi tres cervezas en el bar del motel de Dubuque. Pero en aquellos 
momentos se encontraba saturada de adrenalina, la cual anulaba el alcohol tan 
pronto como entraba en su sangre. Aun as, cay en la cama con la pesadez de un 
leador que se hubiera tomado doce whiskis y otras tantas cervezas. Si se dorma 
mientras estaba con Ironheart, sin duda despertara en su coche, en la calle, y 
nunca ms volvera a entrar en la casa. Abri la cerveza y volvi a la mesa.
     Usted quera que le encontrara dijo al sentarse. Jim la observ con la 
calidez de un pingino congelado. Ah, s?
     Desde luego. Esa es la razn por la que me dio su apellido y me dijo dnde 
poda encontrarle.
    Jim permaneci en silencio.
    Y recuerda las ltimas palabras que me dijo en el aeropuerto de Portland?
    No.
    Es la frase ms insinuante que me ha dirigido un hombre en toda mi vida.
    l esper.
    Holly le hizo esperar un poco ms mientras tomaba otro sorbo de cerveza.
    Justo antes de cerrar la puerta del coche y dirigirse a la terminal, me dijo: 
Usted tambin lo es, seorita Thorne.
     A m no me parece muy insinuante.
     Era absolutamente romntica.
    Usted tambin lo es, seorita Thorne. Y qu me dijo usted antes? Usted 
es un imbcil, seor Ironheart.
     Oh, vamos dijo Holly  . Trate de estropearlo, adelante, pero no podr. Le 
dije que su modestia era refrescante, y usted contest: Usted tambin lo es, 
seorita Thorne. Mi corazn late con fuerza al recordarlo. Oh, usted saba lo que 
haca, realmente halagador. Me dijo su nombre, dnde viva, me dirigi una de sus 
miradas, con esos malditos ojos, jug a hacerse el tmido y luego me deslumbre 
con su Usted tambin lo es, seorita Thorne, y se alej igual que Bogan.
    Creo que no debera tomar ms cerveza.
    S? Bueno, en realidad creo que estar aqu sentada toda la noche 
bebiendo una tras otra.
    Jim suspir.
     En ese caso, ser mejor que yo tambin tome una. Cogi otra cerveza y se 
sent de nuevo.
    Holly supuso que estaba haciendo progresos. Aunque tal vez le estaba 
tendiendo una trampa. l era inteligente, de acuerdo. Quiz trataba de 
emborracharla hasta que terminara bajo la mesa. Bueno, en tal caso fracasara, 
porque l estara bajo la mesa mucho antes!
     Quera que le encontrara, estoy segura. l no dijo nada.
     Sabe por qu quera que le encontrara? Quera que le encontrara porque 
realmente cree que soy refrescante, y usted es el hombre ms triste y solitario que 
puede encontrarse desde aqu hasta Hardrock, Missouri.
    l tampoco dijo nada. No le resultaba difcil. Era el mejor tipo del mundo para 
no decir nada en el momento adecuado.
     Me dan ganas de golpearle dijo Holly. l, por supuesto, no dijo nada.
    Cualquiera que fuera la confianza que le haba dado la cerveza, de pronto 
empezaba a desvanecerse. Sinti que de nuevo estaba perdiendo el combate. Por 
un par de asaltos que haba ganado por puntos, ahora retroceda ante su silencio.
     Por qu me vienen a la mente todas esas metforas de boxeo? pregunt 
Holly. Odio el boxeo.
    Jim bebi un poco de su Corona y, moviendo la cabeza, seal la botella de 
Holly, de la que slo haba bebido una tercera parte. Realmente insiste en 
acabarse eso?
    S, maldita sea. Se dio cuenta de que la bebida empezaba a afectarle, 
quiz peligrosamente, pero estaba lo bastante sobria para saber que haba llegado 
el momento adecuado para asestar su golpe de efecto. Si no me habla de ese 
lugar, voy a seguir bebiendo hasta convertirme en una vieja arpa gorda y 
alcohlica. Voy a morir aqu a la edad de ochenta y dos aos con un hgado del 
tamao de Vermont.
     Lugar? Qu lugar?
    Jim pareca sorprendido. Era el momento esperado. Holly eligi un suave pero 
ntido susurro para pronunciar sus palabras:
    El molino...
    Jim no se cay al suelo, ni empezaron a revolotear estrellas, como las de los 
dibujos animados, pero Holly poda ver que estaba perplejo.
     Ha estado en el molino? pregunt. No. Insina que es un lugar real?
     Si no sabe eso, cmo puede saber que existe?
     Sueos... Sueos en los que sale un molino. Cada noche de estos tres 
ltimos das.
    Jim palideci. La luz del techo no estaba encendida. Estaban sentados en la 
oscuridad, iluminados tan slo por el resplandor que les llegaba de las luces del 
fregadero de la cocina y por la lmpara de mesa que se hallaba en la sala de estar 
contigua. No obstante, Holly advirti su palidez reciente. El rostro de Jim pareca 
revolotear ante ella en medio de la penumbra, como una gran polilla blanca con 
forma de rostro humano.
    La extraordinaria intensidad y extraa naturaleza de la pesadilla y el hecho 
de que los efectos del sueo prosiguieran tras haber despertado en la habitacin 
del motel la haban empujado a creer que aquello estaba relacionado de algn 
modo con Jim Ironheart. Dos encuentros con lo paranormal en tan poco tiempo 
tenan que estar vinculados. Holly sinti una sensacin de alivio cuando la 
perplejidad de Jim vino a confirmar sus sospechas.
    Paredes de piedra caliza dijo Holly. Suelo de madera. Una pesada 
puerta tambin de madera que da a unos peldaos de piedra. Una vela amarilla 
sobre un plato azul...
    He soado eso durante aos dijo Jim en voz baja. Una o dos veces cada 
mes. Nunca con ms frecuencia..., hasta estas tres ltimas noches. Pero, cmo 
es posible que tengamos el mismo sueo?
     Dnde est el molino autntico?
    En la granja de mis abuelos. Al norte de Santa Brbara. En el valle de Santa 
Ynez.
     Acaso le sucedi algo terrible all? Jim mene la cabeza.
    No. En absoluto. Me encantaba ese lugar. Era un... santuario.
     Entonces, por qu palideci cuando lo mencion?
     Quin, yo?
     S, como un gato albino que tropezara con un doberman al perseguir un 
ratn.
    Bueno, soar con el molino siempre es terrorfico... Lo s muy bien. Pero, 
si era un lugar agradable, un santuario como usted dice, por qu aparece como 
una pesadilla? No lo s. Ya empezamos...
     Le aseguro que no lo s insisti Jim  . Por qu suea con ese lugar, si 
nunca ha estado all?
    Holly bebi ms cerveza, lo que no la ayud a aclarar sus ideas.
    Tal vez se deba a que proyecta en m su sueo, como un modo de 
establecer una conexin entre nosotros, de atraerme hacia usted.
     Por qu tendra que querer atraerla?
     Magnfico!, muchsimas gracias...
    De todos modos, como le dije antes, no tengo poderes paranormales, no 
tengo esas aptitudes. Tan slo soy un instrumento.
     Entonces  es ese poder superior que lo utiliza  dijo Holly . Est haciendo 
que tengamos el mismo sueo porque nos quiere vincular.
    Jim se frot el rostro con una mano.
     Esto es excesivo para m. Estoy absolutamente agotado. Yo tambin. 
Pero slo son las nueve y media, y todava tenemos muchas cosas de que hablar.
    Ayer noche slo dorm una hora.
    Realmente pareca exhausto. Una ducha y el afeitado le haban dado un 
aspecto presentable, pero las ojeras de un color amoratado se iban haciendo ms 
oscuras; por otro lado, su tez no haba recobrado el color despus de que Holly 
mencionara sus sueos acerca del molino.
     Podemos seguir maana. Holly frunci el ceo.
     Ni pensarlo! Si vuelvo maana por la maana no me dejar entrar.
     Se equivoca! La dejar entrar.
     Eso lo dice ahora.
     Si tiene ese sueo, entonces forma parte de todo esto, tanto si me gusta 
como si no.
    Su tono de voz volvi a ser glido, evidenciando que hubiera preferido decir, 
aunque no me gusta.
    Era un eterno solitario. Viola Moreno, que senta un gran afecto hacia l, afirm 
que era tan apreciado por sus colegas como por sus alumnos. No obstante, Viola 
habl de una tristeza inherente en l, que le distanciaba del resto de la gente, y 
desde que dej su trabajo apenas haba visto a Viola o a otros amigos. A pesar de 
sentirse intrigado por el hecho de que l y Holly compartan el mismo sueo, de 
que haba dicho de ella que era una persona refrescante, y de que, hasta cierto 
punto, se senta atrado hacia ella, era obvio que le contrariaba la intrusin de Holly 
en su soledad.
    Ni hablar! Se habr marchado cuando regrese por la maana. No sabr 
adnde ha ido, quiz nunca vuelva.
    Jim se hallaba sin energa para oponer resistencia.
    Entonces qudese aqu a pasar la noche.
    Tiene habitacin de invitados?
    S. Pero no hay cama. Puede dormir en el sof de la sala de estar, pero es 
muy viejo y bastante incmodo.
    Holly llev consigo la cerveza medio vaca hasta la sala de estar, y prob el 
hundido sof de color marrn.
    No se preocupe, me las arreglar.
     Como quiera.
    Pareca indiferente, pero Holly tuvo la sensacin de que estaba fingiendo.
    Le sobra algn pijama? Oh, cielos.
     Bien, lo siento, no traje ninguno.
     El mo le estar demasiado grande.
    Mejor, ser confortable. Tambin me gustara tomar una ducha. Estoy 
pegajosa por la locin bronceadora.
    Con el fastidio de un hombre que se encuentra por sorpresa en el umbral de su 
casa con un pariente lejano, la llev arriba, le mostr dnde estaba el lavabo de los 
invitados, y cogi un pijama y un juego de toallas para ella.
    Trate de no hacer ruido dijo Jim. Tengo la intencin de quedarme 
dormido dentro de cinco minutos.
    
    
    Deleitndose con el chorro de agua caliente y las nubes de vapor, Holly se 
alegr de que la ducha no eliminara el ligero mareo provocado por la cerveza. A 
pesar de que la noche anterior haba dormido mejor de lo que Ironheart aseguraba 
haber dormido, en los ltimos das no haba conseguido gozar de un descanso 
ininterrumpido de ocho horas, y esperaba conciliar el sueo inducida por el alcohol, 
aunque fuera en aquel sof desgastado y lleno de bultos.
    Al mismo tiempo, se senta preocupada por la continua confusin en que se 
hallaba su mente. Necesitaba mantener en guardia sus sentidos. Despus de todo, 
se hallaba en la casa de un hombre innegablemente extrao, enigmtico, un autn-
tico misterio viviente. Apenas saba lo que guardaba en su corazn, que bombeaba 
secretos y sombras en mayor medida que sangre. A pesar de toda la frialdad de 
Jim, pareca un buen hombre con benvolas intenciones, y era difcil creer que pu-
diera constituir una amenaza para ella. Por otra parte, era frecuente ver en los 
peridicos noticias acerca de gente masacrada por un perturbado, quien tras 
asesinar brutalmente a sus amigos, familiares y compaeros de trabajo era 
descrito por sus atnitos vecinos como un tipo realmente agradable. Por lo que 
ella saba, a pesar de que Jim afirmara ser el enviado de Dios, durante el da l 
arriesgaba heroicamente su vida para salvar a desconocidos, y por la noche, tal 
vez torturaba gatitos con diablico regocijo.
    Sin embargo, despus de secarse con las esponjosas toallas, tom otro largo 
sorbo de Corona y decidi que vala la pena correr el riesgo de ser asesinada en la 
cama a cambio de una noche de profundo sueo sin pesadillas.
    Se puso el pijama, y se arremang las mangas de la chaqueta y el pantaln.
    Con la botella de Corona, que todava contena uno o dos tragos, abri la 
puerta del cuarto de bao silenciosamente y sali al pasillo del segundo piso. La 
casa se hallaba inmersa en una extraa calma.
    Dirigindose hacia las escaleras, pas por delante del dormitorio principal y 
ech una rpida mirada en su interior. A ambos lados de la cama haba dos 
lmparas articuladas para leer, una de las cuales proyectaba una estrecha franja 
de luz mbar sobre las arrugadas sbanas. Jim estaba tumbado de espalda, con 
los brazos cruzados bajo su cabeza que apoyaba sobre dos almohadas. Pareca 
estar despierto.
    Holly vacil, luego cruz el umbral.
    Gracias dijo en voz baja por si l estaba dormido, me encuentro mucho 
mejor.
    Me alegro por usted.
    Holly entr en la habitacin y avanz hasta la cama, lo suficiente para ver sus 
ojos azules brillando bajo la luz de la lmpara. Las sbanas le cubran por encima 
del ombligo, pero no llevaba la parte superior del pijama. Su pecho y sus brazos 
eran delgados aunque musculosos.
    Cre que estara durmiendo dijo Holly.
     Quiero dormir, necesito dormir, pero no puedo desconectar mi mente.
    Posando en l su mirada, Holly dijo:
    Viola Moreno dice que hay una profunda tristeza en usted.
    No ha estado perdiendo el tiempo, verdad?
    Holly tom un pequeo sorbo de Corona y se sent en el borde de la cama.
     Todava tienen sus abuelos la granja en la que se halla el molino?
    Estn muertos.
    Lo siento mucho.
    Mi abuela muri hace cinco aos, y mi abuelo ocho meses despus, como s 
realmente no quisiera seguir adelante sin ella. Ambos tuvieron una vida tranquila y 
agradable. Los echo de menos.
     Tiene otros parientes?
    Dos primos en Akron respondi Jim.
     Se mantiene en contacto con ellos? Hace veinte aos que no los veo.
    Holly bebi lo que quedaba de Corona y dej la botella sobre la mesita de 
noche.
    Durante unos minutos ninguno de los dos habl. El silencio no era incmodo. 
De hecho, era confortable.
    Holly se levant y se dirigi al otro lado de la cama. Retir la sbana, se ech 
junto a l, y apoy la cabeza en las otras dos almohadas.
    Aparentemente, Jim no pareci sorprenderse. Ni ella tampoco.
    Tras unos momentos, ambos se cogieron la mano, echados uno junto al otro, 
con la mirada clavada en el techo.
    Debi de ser duro perder a tus padres con slo diez aos.
    S, muy duro.
     Qu les ocurri? Jim vacil.
    Un accidente de trfico...
     Fuiste a vivir con tus abuelos?
    S. El primer ao fue el peor. Me encontraba muy mal.
    Pasaba gran parte del tiempo en el molino. Era mi lugar preferido donde ir a 
jugar para... estar solo. Ojal hubiramos crecido juntos.
     Por qu?
    Holly pens en Norby, el nio que haba rescatado del sarcfago formado por 
los asientos volcados del DC-10.
    As podra haberte conocido antes de que tus padres murieran, saber cmo 
eras entonces... inocente.
    Entre ellos transcurri otro intervalo de tiempo en silencio.
    Cuando Jim volvi a hablar, su tono de voz era tan bajo que Holly apenas 
poda percibir las palabras por encima de los latidos de su corazn.
    Tambin hay tristeza en Viola. Parece la mujer ms feliz del mundo, pero 
perdi a su marido en Vietnam y nunca consigui sobreponerse. El padre Geary, el 
sacerdote de quien te habl, parece el tpico rector de parroquia sacado de una 
pelcula sentimental de los aos treinta; sin embargo, cuando le conoc, se senta 
fatigado e inseguro de su fe. Y t..., bueno, eres guapa y simptica, con aspecto de 
ser eficiente, pero jams habra credo que pudieras ser tan implacable. Das la im-
presin de ser una mujer que se mueve por la vida con soltura, interesada en su 
trabajo y en lo que la rodea, pero que nunca va contracorriente, siempre dejndose 
llevar, relajada. Sin embargo, cuando te interesas por algo eres como un perro de 
presa.
    Con la mirada fija en el juego de luces y sombras proyectadas en el techo, 
asiendo la mano de Jim, Holly consider sus palabras por unos momentos. 
Finalmente pregunt:
     Adnde quieres ir a parar?
    La gente siempre es... ms complicada de lo que imaginas.
     Es tan slo una observacin o una advertencia? Jim pareci sorprenderse 
ante su pregunta.
     Una advertencia?
    Quiz me ests advirtiendo de que realmente no eres lo que pareces.
    Tras otra larga pausa, l respondi: Tal vez, tal vez.
    Holly secund su silencio. Luego dijo:
    Me imagino que no importa.
    Jim se volvi hacia ella. Holly se acerc con una timidez que no senta desde 
haca muchos aos. El primer beso de Jim fue suave, y ms embriagador que tres 
botellas de Corona.
    Holly se dio cuenta de que se haba estado engaando a s misma. No 
necesitaba la cerveza para templar sus nervios, ni para asegurarse una noche de 
sueo ininterrumpido, sino para obtener el coraje suficiente para seducir a Jim, o 
para ser seducida por l. Holly haba percibido la tremenda soledad de Jim. Ahora 
comprenda que su propia soledad sobrepasaba la de l, y que tan slo una 
pequea parte de aquella desolacin se deba a su desencanto con el periodismo; 
fundamentalmente era el resultado de haber pasado la mayor parte de su vida sola.
    Los pantalones y la parte superior del pijama parecieron disolverse entre ellos 
como la ropa se evapora en los sueos erticos. Ella recorri con sus manos el 
cuerpo de Jim con creciente excitacin, maravillada de que el sentido del tacto 
pudiera transmitir tales complejidades de forma y textura, o provocar unos deseos 
tan exquisitos.
    Tena una idea ridiculamente romntica de lo que sera hacer el amor con l; 
responda a la fantasa de una muchacha soadora en la que la pasin 
desbordante, la dulce ternura, y el sexo se combinaban a la perfeccin: cada 
msculo contrayndose y flexionndose en sublime armona, cada penetracin era 
testimonio de su mutua rendicin dos convertidos en uno, el mundo de los 
sentidos imponindose sobre el de la razn, ningn suspiro a destiempo..., cuerpos 
unidos por los ritmos misteriosos de las fuerzas universales fluyendo y menguando, 
elevando el acto por encima de la simple biologa y haciendo de l una experiencia 
mstica. Las expectativas de Holly resultaron obviamente ridculas. En realidad, fue 
ms suave, ms apasionado y mucho mejor que su fantasa.
    
    
    Se quedaron dormidos como troncos, el vientre de Holly contra la espalda de 
Jim, sus muslos contra su clido trasero.
    Horas ms tarde, se despertaron movidos por la silenciosa llamada del deseo 
resurgido. Jim se volvi hacia ella y Holly le acogi en sus brazos. Sus movimientos 
eran ms apremiantes, como si la primera vez no hubieran satisfecho sus deseos, 
como si fueran drogadictos necesitados de otra dosis.
    Al principio, al contemplar los bellos ojos de Jim, Holly crey ver el fuego de su 
alma. Luego l la cogi por las caderas, levantndola ligeramente del colchn 
mientras la penetraba, y ella sinti en los costados el escozor de las heridas, 
record las garras de aquella cosa que haba surgido de la pesadilla. Por un 
instante, sintiendo un dolor intermitente, su percepcin cambi, y crey contemplar 
un fuego azulado y fro, ardiendo sin calor, en los ojos de Jim. Era tan slo una 
reaccin a las punzadas de dolor y al recuerdo de aquella pesadilla. Cuando Jim 
desliz sus manos bajo ella, apartndolas de sus costados, levantndola, Holly se 
incorpor para unirse a l. Juntos generaban el calor suficiente para derretir la 
imagen fugaz de un alma congelada.
    
    
    El resplandor de la Luna escondida se trasluca a travs de un grupo de nubes 
negruzcas que avanzaban en el cielo. A diferencia de otros sueos recientes, Holly 
se hallaba en un sendero cubierto de gravilla, entre una charca y un campo de 
maz, que conduca a la puerta de un viejo molino. La estructura de piedra caliza se 
elevaba por encima de ella. Evidentemente era un molino; no obstante, resultaba 
un lugar extrao y sobrenatural.
    Las aspas del molino, gastadas y viejas, se recortaban contra el cielo 
amenazante y parecan una cruz inclinada. Aunque el fuerte viento formaba 
ondulaciones en las aguas oscuras de la charca y agitaba los tallos de maz, las 
aspas estaban inmviles. Era evidente que el molino no funcionaba desde haca 
muchos aos, y era muy probable que los mecanismos estuvieran demasiado 
oxidados para permitir que las aspas giraran.
    Una amarillenta luz espectral titilaba tras las estrechas ventanas de la 
habitacin superior, proyectando extraas sombras en las paredes interiores de 
piedra caliza de aquella cmara superior.
    Holly no quera acercarse al molino, jams haba sentido tanto miedo en toda 
su vida, pero era incapaz de detenerse. Se vea atrada hacia delante como si se 
hallara bajo el hechizo de un poderoso brujo.
    En la charca que haba a su izquierda ocurra algo extrao con el reflejo del 
molino bajo la luz de la Luna. Holly se volvi para observarlo. La sombra del molino 
no pareca una oscura figura geomtrica dibujada sobre el agua, sino que su 
imagen brillaba intensamente en la superficie de la charca. El molino pareca 
haberse convertido en el objeto ms brillante y luminoso de la noche... De pronto, 
sus piedras se elevaban formando una impresionante estructura grantica. Las 
ventanas del molino real, iluminadas por una luz vacilante, se vieron sustituidas por 
rectngulos negros, como las cuencas vacas de una calavera.
    Un ruido seco inund el paraje. Holly levant la mirada.
    Las enormes aspas temblaron bajo el viento y empezaron a moverse, forzando 
el corrodo mecanismo que mova el eje y las piedras de moler el trigo, situadas en 
la base del molino.
    Holly tan slo deseaba despertar o, al menos, huir por el sendero de gravilla 
por el que haba venido. Sin embargo, segua avanzando inexorablemente hacia 
delante. Las gigantescas aspas empezaron a girar en el sentido de las agujas de 
un reloj, ganando velocidad, emitiendo menos crujidos a medida que el mecanismo 
iba cediendo. A Holly le parecieron los dedos de una mano monstruosa, y el 
mellado borde de cada aspa una garra.
    Lleg a la puerta.
    Holly no quera entrar. Saba que en el interior encontrara una especie de 
infierno, tan horrible como los abismos de tortura descritos por un predicador 
fantico en el viejo Salem. Si se meta all dentro, nunca saldra con vida.
    Las aspas bajaron vertiginosamente hacia ella, a tan slo medio metro por 
encima de su cabeza, la madera astillada estuvo a punto de rozarla: ziiip, ziiip, ziiip.
    Bajo un poderoso trance, Holly abri la puerta. Cruz el umbral. Con la 
malvola animacin que los objetos poseen en el mundo de los sueos, la puerta 
se apart de su mano y se cerr de golpe tras ella.
    Frente a ella se encontraba la cmara inferior del molino inmersa en la 
oscuridad, con las desgastadas ruedas de piedra girando una contra otra.
    A su izquierda, apenas visible en la penumbra, haba una escalera. Un sinfn de 
gritos estremecedores llegaban desde la parte de arriba, como un concierto 
nocturno de animales salvajes, mezclndose con sonidos elctricos, con chillidos 
quebradizos de insectos aumentados por un amplificador. Bajo aquel ruido 
ensordecedor subyaca un estribillo palpitante y montono de tres notas graves 
penetrando en las paredes del hueco de la escalera y, antes de que Holly llegara al 
piso superior, tambin en sus propios huesos.
    Holly pas junto a una estrecha ventana situada a su izquierda. Una 
prolongada sucesin de relmpagos agrietaron la bveda de la noche, y al pie del 
molino, al igual que un espejo encantado de feria, la oscura charca se volvi 
transparente. Por un momento sus profundidades se hicieron cristalinas y Holly vio 
una forma infinitamente extraa en el fondo. Holly entrecerr los ojos tratando de 
percibir aquel objeto, pero los relmpagos cesaron.
    Sin embargo, la fugaz visin de aquella cosa hizo que una corriente fra 
recorriera sus huesos.
    Holly aguard, esperando otro relmpago, pero la noche permaneci oscura 
como el alquitrn, y una lluvia negra empez a salpicar la ventana. A medio camino 
del segundo piso, la luz amarillenta se hizo ms intensa que al pie de la escalera. 
Tras el cristal de la ventana se extenda una absoluta oscuridad, y la luz que se 
reflejaba en l era suficiente para que Holly pudiera contemplar su propia imagen.
    Pero aquel rostro no era el suyo. Perteneca a una mujer veinte aos mayor 
que ella, con la que Holly no guardaba semejanza alguna.
    Nunca hasta entonces haba tenido un sueo en el que ocupase el cuerpo de 
otra persona. En aquel momento comprendi por qu haba sido incapaz de 
alejarse del molino cuando an no se hallaba en su interior, y por qu era incapaz 
de evitar seguir subiendo hacia la habitacin de arriba. Su falta de control no se 
deba a la impotencia que transformaba los sueos en pesadillas, sino al hecho de 
compartir el cuerpo de una extraa.
    La mujer se apart de la ventana y continu subiendo hacia arriba, hacia los 
chillidos, gritos y susurros que llegaban hasta ella junto a la fluctuante luz. 
Alrededor de l, las paredes de piedra caliza palpitaban con un latido grave y 
tripartito, como si el molino estuviera vivo y tuviera un enorme corazn de tres 
cmaras.
     Detente, vuelve atrs, vas a morir all arriba! grit Holly.
    Pero la mujer no poda orla. Holly se haba convertido en una simple 
observadora de su propio sueo, sin participar en l activamente, y mostrndose 
incapaz de tener influencia alguna en los acontecimientos.
    Sigui adelante paso a paso. Cada vez ms arriba...
    La puerta de madera se abri. Holly cruz el umbral y entr en la habitacin 
superior.
    Lo primero que vio fue a un nio. Se hallaba en medio de la habitacin, 
aterrorizado. Sobre un plato azul situado a sus pies haba una vela decorativa de 
diez centmetros de dimetro. Un libro de tapa dura descansaba junto al plato. Holly 
vislumbr en la colorida cubierta la palabra molino.
    Volviendo la mirada hacia ella, con sus hermosos ojos azules oscurecidos por 
el terror, el nio dijo:
    Estoy asustado; aydame, por favor! Las paredes, las paredes...!
    Holly advirti que la vela no produca todo el peculiar resplandor que alumbraba 
la habitacin. Otra luz brillaba tenuemente en las paredes, como si stas no 
estuvieran hechas de slida piedra caliza, sino de un cuarzo semitransparente y 
mgicamente radiante con tonos mbar. En seguida se percat de que haba algo 
vivo dentro de la piedra, algo luminoso que se mova a travs de la materia slida 
con la facilidad con que se mueve un nadador en el agua.
    La pared se hinch y palpit.
    Ya viene dijo el nio aterrorizado con aparente perversidad, y nadie 
puede detenerlo.
    De pronto surgi de la pared. La pared de piedra se abri como la esponjosa 
membrana del huevo de un insecto y empez a tomar la forma de un sucio ncleo 
pestilente en lugar de la piedra caliza.
    No! No! No!
    Con un grito ahogado, Holly despert. Se sent en la cama, algo la roz y Holly 
se apart sobresaltada. La habitacin se hallaba inmersa en la luz de la maana y 
Holly vio en seguida que se trataba de Jim. Un sueo. Slo haba sido un sueo.
    No obstante, como ocurri dos noches atrs en el motel de Laguna Hills, la 
criatura de aquella pesadilla trataba de irrumpir en el mundo real. Esta vez no se 
abra paso a travs de la pared, sino del techo, directamente sobre la cama. El 
techo estaba cubierto con manchas de color mbar y marrn, desprendiendo una 
luminosidad semitransparente como las piedras del sueo, rezumando una 
mucosidad nociva y dilatndose como si algn siniestro ente luchara por penetrar 
en la habitacin a travs de l.
    El ensordecedor latido de aquella cosa proveniente de la pesadilla estremeci 
la casa.
    Jim salt de la cama y se puso en pie. Durante la noche se haba puesto el 
pantaln del pijama, al igual que Holly la parte superior que le llegaba hasta las 
rodillas. Holly gate por encima de la cama hasta el lado de Jim. Elevaron 
horrorizados la mirada hacia el techo y contemplaron la palpitante bolsa en la que 
ste se haba convertido, la oscura forma que se retorca luchando por romper la 
membrana que lo envolva.
    Lo ms terrorfico de todo era que aquella aparicin tena lugar en plena luz del 
da. Las persianas de las ventanas no estaban totalmente cerradas y algunas 
franjas de sol iluminaban la habitacin. Cuando algo del ms all surge de pronto 
en medio de la noche, uno casi se lo espera. Pero se supona que la luz del sol 
haca que se desvanecieran todos los monstruos. Jim puso una mano en la 
espalda de Holly y la empuj hacia la puerta abierta que daba al pasillo.
    Vete, sal de aqu!
    Holly slo tuvo tiempo de dar dos pasos antes de que la puerta se cerrara de 
golpe. Como si actuara una poderosa fuerza sobrenatural, la cmoda de caoba que 
haba en el dormitorio, tan vieja y desgastada como el resto del mobiliario, se 
desliz a toda velocidad por la habitacin y estuvo a punto de derribar a Holly. La 
cmoda acab impactando contra la puerta y, tras ella, un tocador y una silla 
siguieron su trayectoria, obstruyendo de forma efectiva la nica salida.
    Las ventanas de la pared opuesta presentaban una posible va de escape, pero 
Holly y Jim tendran que agacharse para pasar por debajo del techo cada vez ms 
distendido. Tras haber aceptado el hecho ilgico de que una pesadilla se hiciera 
realidad, Holly odiaba la idea de tener que deslizarse y rozar aquella bolsa 
grasienta y obscenamente palpitante, por temor a que se abriera con ella debajo, y 
que la criatura que haba dentro la atrapara.
    Jim la empuj hacia el cuarto de bao contiguo. Con una patada abri la 
puerta.
    Holly mir a su alrededor, buscando una salida. La nica ventana estaba 
demasiado alta y era demasiado pequea para que pudiera escapar por ella.
    Las paredes del lavabo se hallaban intactas ya que la transformacin orgnica 
que se haba apoderado del dormitorio no haba llegado all. Pero todava se 
estremecan por el ruido sordo de aquellos latidos inhumanos.
    Qu demonios es esto? pregunt Jim.
    El enemigo respondi Holly de inmediato, sorprendida de que l no lo 
supiera  . El enemigo del sueo.
    Por encima de ellos, all donde empezaba la separacin entre el cuarto de bao 
y el dormitorio, el techo blanco cambi de color como si se hallara salpicado de 
sangre y bilis. La pared entera se metamorfose en una superficie biolgica, em-
pezando a vibrar con cada uno de aquellos ensordecedores latidos.
    Jim la empuj contra una esquina, al lado de un tocador, y Holly se acurruc 
impotente contra l. Tras el latido amenazante del abombado techo, Holly vio unos 
movimientos repulsivos, como el frentico retorcimiento de un milln de gusanos.
    El latido ensordecedor aument su volumen, retumbando alrededor de Holly y 
Jim.
    Holly oy un sonido desgarrador y hmedo. No era posible que todo aquello 
estuviera ocurriendo y, sin embargo, as era. Aquel ruido hizo que las cosas que 
estaba viendo con sus propios ojos cobraran mayor realismo, porque era un ruido 
tan asqueroso, tan repugnantemente ntimo que era demasiado real para 
pertenecer a un sueo o a una alucinacin.
    La puerta fue derribada, y el techo estall sobre ellos, cubrindoles de 
escombros.
    Sin embargo, tras la explosin, el poder de aquella persistente pesadilla 
pareci esfumarse, y la realidad, finalmente, se reafirm por completo. Nada 
monstruoso surgi a travs de la puerta, slo la habitacin iluminada por la luz del 
da. El techo volva a ser simplemente un techo; no haba rastros de ninguna 
sustancia orgnica por el suelo. La lluvia de escombros inclua trozos de panel, 
fragmentos de la pared, astillas de madera, rellenos de poroso aislante Fiberglas..., 
pero nada vivo.
    Pero haba un agujero, lo cual era suficientemente sorprendente para Holly.
    Dos noches atrs, en el motel, la pared haba vuelto a su posicin normal sin 
agrietarse. No qued evidencia alguna de la criatura, a excepcin de los araazos 
que Holly tena en sus costados, y que para un psiclogo habran sido causados 
por la propia Holly. Cuando el polvo se esfum, todo podra haber sido una simple y 
detallada alucinacin.
    Pero el caos en medio del que se hallaban no era ninguna alucinacin.
    Bajo un estado de shock, Jim cogi la mano de Holly y la condujo fuera del 
cuarto de bao. El techo de la habitacin no se haba derrumbado. Estaba igual 
que la noche anterior: liso, blanco. Pero los muebles estaban apilados contra la 
puerta como si los hubiera arrastrado una inundacin.
    La oscuridad propiciaba la locura, pero la luz era el reino de la razn. Si el 
mundo real no ofreca ningn santuario que los resguardara de las pesadillas, si la 
luz del da no constitua un refugio contra lo irracional, entonces en ningn lugar 
hallaran un santuario, ni nunca nadie lo hallara.
    
    
    
    2
    
    
    La luz del desvn, una bombilla de sesenta vatios que penda de una viga, no 
iluminaba todos los rincones de aquel lugar polvoriento y diminuto. Jim examin 
cada resquicio con una linterna, recorri los conductos de la calefaccin, mir aten-
tamente detrs de las dos chimeneas, buscando lo que haba hecho pedazos el 
techo del lavabo. No tena idea de con qu se encontrara. Aparte de la linterna 
llevaba un revlver cargado. La cosa que haba destrozado el techo no haba 
descendido al cuarto de bao, as que tena que permanecer en el desvn de 
arriba. Sin embargo, ya que viva con un mnimo nmero de pertenencias, Jim no 
tena nada que almacenar en el desvn, lo que dejaba pocos lugares para 
ocultarse. Jim no tard en comprobar que la parte superior de su casa slo estaba 
habitada por araas y una pequea colonia de avispas que haban construido su 
panal en la juntura de unas vigas.
    Nada poda escapar de aquellos confines. Aparte de la trampilla por la que 
haba entrado, las nicas salidas existentes eran los orificios de ventilacin. Cada 
orificio tena unos sesenta centmetros de largo por treinta de altura, y estaban 
cubiertos con pantallas perfectamente ajustadas que slo podan quitarse con un 
destornillador.
    Parte de aquel espacio estaba recubierto de madera, aunque en algunos 
lugares la madera se vea sustituida por yeso. Agachndose cautelosamente, Jim 
se acerc al agujero que haba sobre el cuarto de bao principal. Al asomarse 
contempl el suelo cubierto de escombros en el que l y Holly haban estado. Qu 
demonios haba ocurrido?
    Finalmente, admitiendo que no iba a encontrar ninguna respuesta en el desvn, 
Jim se dirigi a la trampilla y baj al armario del segundo piso. Luego pleg la 
escalera contra el techo del armario, cerrando as la entrada del desvn.
    Holly le aguardaba en el pasillo.
    Y bien?
    Nada respondi Jim.
    Saba que no encontraras nada.
     Qu ha pasado aqu? Es como en el sueo.
     Qu sueo? pregunt l.
    T dijiste que tambin tenas sueos acerca del molino. As es.
     Entonces tenas que saber lo de los latidos en la pared, el modo en que se 
transforma.
    No, nada de todo eso, por el amor de Dios! En mi sueo, estoy en la 
habitacin superior del molino, hay una vela, lluvia contra las ventanas...
    Holly record la sorpresa de Jim al ver cmo el techo se distenda en el 
dormitorio y cambiaba de forma.
    En el sueo dijo Jim, tengo la intuicin de que algo se acerca, algo 
terrorfico y terrible.
     El enemigo respondi Holly.
     S!, o lo que quiera que sea. Pero nunca llega, no en mis sueos. Siempre 
me despierto antes de que aparezca.
    Jim recorri precipitadamente el pasillo y entr en el dormitorio principal, 
seguido de Holly. Junto a los muebles que l haba apartado de la puerta, Jim mir 
con consternacin el techo intacto.
     Lo vi ah arriba dijo Jim, como si ella lo hubiera tachado de mentiroso.
    Ya s que lo viste. Yo tambin lo vi.
    Jim se volvi lentamente hacia ella; pareca ms desesperado de lo que lo 
haba estado cuando se hallaba a bordo del condenado DC-10 .
     Hblame de tus sueos, quiero saberlo todo sobre ellos, cada detalle.
    Ms tarde te lo contar todo. Primero vamos a ducharnos y a vestirnos. 
Quiero salir de aqu.
     S, de acuerdo, yo tambin.
     Imagino que sabes adonde tenemos que ir. Jim vacil.
    Al molino... dijo Holly respondiendo por l.
    Jim mene la cabeza.
    Se ducharon juntos en el bao de invitados, nicamente para ahorrar tiempo 
y porque en aquellos momentos ambos estaban demasiado nerviosos para estar 
solos  . Holly supuso que, en otro estado de nimo, habra encontrado aquella 
experiencia placenteramente ertica, pero fue sorprendentemente platnica, si se 
tena en cuenta la fogosa pasin de la noche anterior.
    Jim slo la toc al salir de la ducha y cuando se estaban secando 
apresuradamente con unas toallas. Se inclin hacia ella, la bes en la comisura de 
los labios, y dijo:
     En qu aventura te he metido, Holly Thorne?
    
    
    Ms tarde, mientras Jim haca la maleta a toda prisa, Holly deambul por la 
casa y se acerc hasta el estudio situado en la planta superior, que se hallaba junto 
al dormitorio. El estudio tena aspecto de no haber sido utilizado en mucho tiempo. 
Una fina capa de polvo cubra la tapa del escritorio.
    Como el resto de la casa, aquella habitacin era humilde. El escritorio 
probablemente haba sido adquirido en alguna oferta de una tienda especializada 
en la venta de muebles de oficina. El resto del mobiliario inclua dos lmparas, un 
silln con ruedas y base giratoria, dos estanteras llenas de volmenes 
desgastados y una mesa de trabajo.
    Los ms de doscientos libros que ocupaban las estanteras trataban 
exclusivamente sobre temas religiosos: historias acerca del Islam, el judasmo, 
budismo, budismo zen, cristianismo, hinduismo, taosmo, sintosmo, y otras 
similares; las obras completas de santo Toms de Aquino, Martn Lutero; la Biblia 
en diversas versiones  Douay, Rey Jaime, American Standard  ; el Corn; la 
Tora, incluyendo el Antiguo Testamento y el Talmud; la Tripitaka del budismo, la 
Agama del hinduismo, el ZendAvesta del zoroastrismo, y la Veda del 
brahmanismo.
    A pesar de lo curiosamente completa que era aquella parte de la biblioteca 
personal de Jim, lo ms interesante que haba en la habitacin era la serie de 
fotografas que ocupaban dos paredes. De las ms de treinta fotografas de 8 por 
10, slo unas cuantas eran en color, el resto eran en blanco y negro. En todas 
aparecan las mismas personas: una mujer morena de notable atractivo, un hombre 
bien parecido de rasgos fuertes y escaso cabello, y un nio que no poda ser otro 
que Jim Ironheart. Aquellos ojos... Una fotografa mostraba a Jim con la pareja 
sus padres obviamente cuando tan slo era un beb envuelto en paales, pero 
en el resto de fotografas no pareca tener menos de cuatro aos y nunca 
sobrepasaba los diez: a esa edad sus padres haban muerto.
    Algunas mostraban al joven Jim con su padre, otras con su madre, y Holly 
dedujo que el pariente que faltaba era el que sostena la cmara. Un puado de 
fotografas incluan a los tres Ironheart. Con los aos, la madre no haca ms que 
aumentar su notable atractivo; el cabello del padre segua cayendo, pero pareca 
ser ms feliz a medida que pasaba el tiempo; y Jim, siguiendo el ejemplo de su 
madre, se iba volviendo cada vez ms apuesto.
    A menudo, el escenario de las fotografas era un sitio famoso o un cartel que lo 
anunciaba: Jim y sus padres frente al Radio City Music Hall cuando l tena seis 
aos; Jim y su padre en el paseo de Atlantic City cuando tena cuatro o cinco aos; 
Jim y su madre junto a un cartel que anunciaba el Parque Nacional del Gran 
Can, con una vista panormica tras ellos; los tres Ironheart frente al Castillo de la 
Bella Durmiente en el corazn de Disneylandia, cuando Jim tena siete u ocho 
aos; Beale Street en Memphis; el hotel Fontainebleau baado de sol en Miami 
Beach; un mirador desde el que se observaban los rostros esculpidos en el Mount 
Rushmore; el palacio de Buckingham en Londres; la torre Eiffel; el hotel Tropicana, 
Las Vegas; las cataratas del Nigara... Pareca que haban estado en todo el 
mundo.
    En cada caso, no importaba quin sostuviera la cmara o dnde se 
encontraran, los que aparecan daban la inequvoca impresin de ser realmente 
felices. Ni una sola expresin de sus rostros estaba congelada en una falsa 
sonrisa, o apareca con uno de aquellos gestos de compromiso que tan a menudo 
pueden encontrarse en los lbumes familiares. Casi siempre rean en lugar de 
limitarse a sonrer, y en varias instantneas se les vea sorprendidos en medio de 
alguna payasada. Los tres eran visiblemente afectuosos, no se limitaban a estar 
uno junto a otro en poses artificiales. Normalmente aparecan con los brazos 
enlazados, a veces abrazndose, ocasionalmente besndose en las mejillas o 
intercambindose de forma natural expresiones de afecto.
    El nio de la fotografa no dejaba entrever indicios del hombre taciturno en que 
se iba a convertir, y Holly se dio cuenta de que la prematura muerte de sus padres 
lo haba cambiado profundamente. El alegre y sonriente nio de las fotografas se 
haba perdido para siempre.
    Una fotografa en blanco y negro cautiv la atencin de Holly. En ella apareca 
el seor Ironheart sentado en una silla de recto respaldo. Jim, quiz con siete aos, 
estaba sobre el regazo de su padre. Ambos llevaban esmoquin. La seora Iron-
heart estaba de pie detrs de su marido, apoyando una mano en su hombro, 
ataviada con un ceido traje de lentejuelas que resaltaba su esplndida figura. 
Miraban directamente a la cmara. A diferencia de las otras fotografas, sta haba 
sido cuidadosamente preparada, sin ms decorado que una artstica tela de fondo, 
obviamente colocada por un fotgrafo profesional.
     Eran maravillosos dijo Jim desde el umbral de la puerta. Holly no le haba 
odo acercarse. Ningn nio ha tenido jams mejores padres que ellos.
    Viajabais mucho.
     S. Siempre iban a algn sitio. Les encantaba mostrarme nuevos lugares, 
viajar por todas partes. Hubieran sido unos profesores maravillosos.
     En qu trabajaban?
    Mi padre era contable en la Warner Brothers.
     En el estudio de cine?
    S dijo Jim sonriendo. Vivamos en Los Angeles. Mi madre quera ser 
actriz, pero no tena muchas ofertas. As que la mayor parte del tiempo trabajaba 
como relaciones pblicas en un restaurante de Melrose Avenue, cerca de donde se 
encontraban los estudios de la Paramount.
    Eras feliz, verdad?
    As es. Con ellos siempre lo fui.
    Holly seal la fotografa en la que los tres aparecan vestidos con 
resplandeciente formalidad.
     Una ocasin especial?
    A veces, cuando celebraban ciertos acontecimientos personales, como un 
aniversario de bodas, insistan en que estuviera a su lado. Siempre me hicieron 
sentir especial, querido, amado. Yo tena siete aos cuando hicieron esa fotografa, 
y recuerdo que hacan grandes planes aquella noche. Decan que iban a seguir 
casados durante cien aos, que cada ao seran ms felices que el anterior, que 
iban a tener montones de nios, a poseer una gran casa, a ver cada rincn del 
mundo antes de morir. Pero tres aos ms tarde... murieron.
    Lo siento, Jim.
    l se encogi de hombros.
    Eso fue hace mucho tiempo. Veinticinco aos atrs... Mir su reloj de 
pulsera. Vamos, tenemos que irnos. Nos llevar cuatro horas llegar hasta la 
granja, y ya son las nueve de la maana.
    
    
    En el motel de Laguna Hills, Holly se cambi rpidamente de ropa y se puso 
una blusa a cuadros y unos vaqueros, luego hizo el equipaje con el resto de sus 
pertenencias. Jim puso su maleta en el maletero del coche.
    Mientras devolva la llave de su habitacin y pagaba la factura en la recepcin 
del motel, Holly era consciente de que Jim la miraba desde detrs del volante de su 
Ford. Desde luego se habra sentido contrariada si a l no le hubiera gustado 
mirarla. Sin embargo, cada vez que Holly le miraba a travs del cristal del coche, 
Jim se hallaba tan inmvil, tan distante e inexpresivo tras sus gafas de sol 
profundamente oscuras, que su concentrada atencin resultaba desconcertante.
    Holly se pregunt si estaba haciendo lo correcto al acompaarle al valle de 
Santa Ynez. Cuando saliera de la recepcin y entrara en el coche, Jim sera la 
nica persona en el mundo que sabra dnde estaba Holly. Todas las notas que 
haba tomado sobre Jim Ironheart se hallaban en su maleta: podan desaparecer 
con ella. En tal caso slo sera una mujer que se haba desvanecido en el aire 
mientras estaba de vacaciones. Cuando el empleado termin de rellenar el 
formulario de la tarjeta de crdito, Holly consider por un momento la idea de llamar 
a sus padres a Filadelfia para que supieran adnde iba y con quin, pero 
nicamente habra conseguido alarmarlos tras media hora de conversacin 
telefnica tratando de convencerles de que todo iba bien. Por otro lado, haba 
decidido que la parte oscura de Jim era menos importante que su lado bondadoso, 
llegando a establecer un compromiso hacia l. Si ocasionalmente la haca sentirse 
incmoda... Bien, en realidad aquello formaba parte de lo que la haba atrado 
hacia Jim, una sensacin de peligro que acentuaba su atractivo. Pero en el fondo 
era una buena persona.
    Era estpido que se preocupara por su seguridad despus de haber hecho el 
amor con l. Para una mujer, de modo distinto que para un hombre, la primera 
noche de entrega sexual implicaba uno de los momentos de mayor vulnerabilidad 
en una relacin. Adems, deba asumir que no slo se haba entregado a l a 
causa de su necesidad fsica sino porque lo amaba.
    Le amo dijo en voz alta.
    Holly se sorprendi ante sus palabras porque haba tratado de convencerse de 
que el atractivo que senta hacia Jim se deba a su gran encanto masculino, a su 
magnetismo animal, a su misterio.
    El empleado, diez aos ms joven que Holly y proclive a creer que el amor se 
hallaba en todas partes, le dirigi una sonrisa.
    Es fantstico, verdad?
    Firmando el recibo, Holly dijo:
    Cree en el amor a primera vista?
     Por qu no?
    Bien, no es exactamente a primera vista. Le conozco desde el 12 de agosto, 
eso significa desde hace... diecisis das.
    Y todava no est casada? brome el recepcionista.
    Holly se dirigi al Ford y al entrar en el coche dijo:
     Cuando lleguemos al molino, supongo que no me descuartizars con una 
sierra elctrica y me enterrars debajo, verdad?
    Jim pareci entender la situacin y no se ofendi por sus palabras. Luego, 
bromeando dijo:
    Oh, no. Debajo del molino ya no hay sitio. Tendr que repartir los pedazos 
por toda la granja.
    Holly se ech a rer. Era una idiota por tenerle miedo.
    Jim se inclin sobre ella y la bes. Fue un beso encantador, prolongado.
    Cuando se separaron, Jim dijo:
    Corro el mismo riesgo que t.
    Te puedo asegurar que nunca he descuartizado a nadie con un hacha.
     Hablo en serio. Nunca he tenido suerte en el amor. Yo tampoco.
    Esta vez ser diferente para los dos.
    l le dio otro beso, ms corto y dulce que el anterior, luego puso el coche en 
movimiento e hizo marcha atrs para salir del aparcamiento.
    En un decidido intento de mantener vivo su agonizante cinismo, Holly se 
record a s misma que, hasta entonces, Jim no le haba dicho en ningn momento 
que la amaba. Su forma de comprometerse era cuidadosa e indirectamente 
expresada. Quizs era tan poco fiable como el resto de los hombres en quien Holly 
haba depositado su confianza a lo largo de los aos.
    Por otra parte, Holly tampoco le haba dicho que le amaba. Su compromiso 
hacia l no haba sido ms efusivo que el de Jim. Tal vez porque, al sentir la 
necesidad de protegerse a s misma, le haba sido ms fcil revelar sus emociones 
al recepcionista del motel que a Jim.
    
    
    Tomando bollos de arndano y caf, que haban comprado en una tienda, se 
dirigieron hacia el norte por la autopista de San Diego. La hora punta de la maana 
de aquel martes ya haba pasado, pero en algunos lugares el trfico avanzaba con 
la lentitud de una manada de caracoles.
    Confortablemente instalada en el asiento de pasajeros, Holly le habl a Jim de 
las cuatro pesadillas que tuvo, tal como haba prometido. Empez relatando el ms 
escalofriante y extrao de todos, el de la noche del viernes, en el que ella se 
hallaba absolutamente ciega.
    Jim estaba visiblemente fascinado por el hecho de que Holly hubiera soado 
con el molino sin tener noticia de su existencia. El domingo por la noche, tras haber 
sobrevivido al accidente areo del vuelo 246, Holly so que Jim, con la apariencia 
de un nio de diez aos, se hallaba en el molino. Ella tambin desconoca que el 
molino era un lugar familiar para Jim, el lugar en el que, a la edad de diez aos, 
pasaba la mayor parte del tiempo.
    Sin embargo, casi todas las preguntas de Jim estaban relacionadas con la 
ltima pesadilla de Holly. Sin apartar los ojos de los coches que tena enfrente, Jim 
le pregunt:
     Quin era la mujer del sueo si no eras t?
    No lo s respondi Holly comindose el ltimo trozo de bollo que 
quedaba. No la haba visto en mi vida.
     Puedes describirla?
     Slo vi su reflejo en aquella ventana, as que no puedo decir mucho acerca 
de ella. Bebi el ltimo sorbo de caf y se qued pensativa durante unos 
momentos. Contradiciendo la habitual dificultad para recordar un sueo, no le 
result complicado visualizar mentalmente aquellas escenas. As, record las 
imgenes de aquel sueo como si formaran parte de una experiencia vivida en la 
realidad. Tena la cara ancha y despejada, de una belleza masculina para un 
rostro de mujer. Los ojos separados, y unos labios pronunciados. Tena un lunar en 
la parte superior de la mejilla derecha, no creo que fuera una mancha en el cristal 
de la ventana. Cabello rizado. La reconoces?
    No replic Jim . No s quin es. Dime lo que viste en el fondo de la 
charca cuando el relmpago la ilumin. No estoy muy segura. Descrbelo lo 
mejor que puedas.
    Holly reflexion unos momentos, luego mene la cabeza.
    Imposible! Puedo recordar el rostro de la mujer porque cuando lo vi en el 
sueo saba que se trataba de un rostro, de un rostro humano. Sin embargo, lo que 
quiera que hubiese en el fondo de la charca era extrao..., algo que jams haba 
visto antes. No saba lo que estaba contemplando, y tan slo pude observarlo un 
momento y... bien, ahora ya no puedo acordarme. Hay algo realmente peculiar en 
el fondo de esa charca?
    No, que yo sepa respondi Jim  . Poda tratarse de una barca hundida, 
un bote o algo parecido?
    No, en absoluto dijo Holly. Era mucho ms grande. Acaso se hundi 
alguna barca en el fondo de la charca?
    La verdad es que nunca tuve noticia de ello, pero las aguas de esa charca 
son engaosas. Uno espera que la represa de un molino sea poco profunda, pero 
sta alcanza doce o trece metros de profundidad. Nunca se seca y el agua siempre 
est al mismo nivel, porque se asienta sobre un pozo artesiano, no en una zona 
acufera.
     Cul es la diferencia?
     Una zona acufera es el lugar donde se perfora para hacer un pozo, es una 
especie de reserva o riachuelo subterrneo. Los pozos artesianos son ms 
escasos. No es preciso perforarlos para que salga agua, sale por s sola a la 
superficie debido a la presin, en realidad es muy difcil impedir que el agua no 
brote.
    El trfico empez a despejarse, pero Jim no aprovech la oportunidad para 
cambiar de carril y adelantar los vehculos ms lentos. Estaba ms interesado en 
las respuestas de Holly que en ganar tiempo.
    Y en el sueo, cuando t o la mujer llegasteis al final de la escalera viste a un 
nio de diez aos, que de alguna forma sabas que era yo.
    S, eso es.
    He cambiado bastante desde entonces, as que, cmo me reconociste?
    Principalmente por tus ojos dijo Holly. Siguen siendo los mismos a lo 
largo de los aos. Son inconfundibles.
    Mucha gente tiene los ojos azules.
     Hablas en serio? Cario, tus ojos azules, comparados a los dems, son 
como la voz de Sinatra comparada a la del Pato Donald.
    No eres objetiva, Holly. Qu viste en la pared? Holly lo describi de nuevo.
     Un ser vivo en la pared? Esto se hace cada vez ms extrao dijo Jim.
     Bueno, no he tenido mucho tiempo de aburrirme durante estos ltimos das 
coincidi Holly.
    Ms all del cruce con la carretera interestatal Diez, el trfico de la autopista de 
San Diego se hizo an ms fluido, y, finalmente, Jim puso de manifiesto sus 
habilidades como conductor. Manejaba el coche como si fuera un jockey de 
primera sobre un pura sangre, sacando de l el rendimiento mximo hasta 
conseguir el triunfo en la carrera. El Ford no era ms que un modelo corriente, sin 
ningn tipo de modificacin, pero le responda como si fuera un Porsche.
    Al cabo de un rato, Holly empez a hacer preguntas.
     Por qu siendo millonario vives de forma tan humilde? Mira, compr una 
casa y me mud de mi apartamento.
    Y tambin dej mi trabajo...
    S, pero una casa modesta. Y en cuanto al mobiliario...
    Necesitaba la intimidad de mi propia casa para meditar y descansar entre las 
distintas misiones que me eran asignadas, pero no necesitaba un mobiliario 
elegante.
    Transcurrieron unos minutos de mutuo silencio, luego Holly le pregunt:
     Te sentiste inmediatamente atrado hacia m cuando me viste en Portland?
    Jim sonri pero no apart la mirada de la autopista. Usted tambin lo es, 
seorita Thorne.
     As que lo admites! exclam Holly complacida. Dijiste esa frase con la 
finalidad de seducirme.
    Se divirtieron mucho durante el trayecto que iba desde la parte oeste de Los 
Angeles hasta Ventura, pero a partir de all el estado de nimo de Jim empez a 
decaer. Kilmetro tras kilmetro, conduca cada vez ms despacio.
    Al principio, Holly crey que se hallaba absorto en el paisaje. Pasado Ventura, 
a lo largo de la ruta 101 desfilaban bellos tramos junto a la costa. Pasaron por Pitas 
Point, luego por Rincn Point, y ante las playas de Carpintera. El mar azul se 
elevaba, el cielo descenda, y una franja de tierra dorada se deslizaba entre ellos. 
La nica agitacin visible en aquel apacible da veraniego eran las olas coronadas 
de blanco que llegaban hasta la orilla en pequeas ondulaciones para convertirse 
en una espuma ligera y efervescente.
    Pero en el interior de Jim Ironheart haba una gran agitacin, y Holly slo se dio 
cuenta de su nerviosismo cuando advirti que no prestaba ninguna atencin a su 
entorno. Holly sospechaba que haba aminorado la marcha para retrasar su llegada 
a la granja.
    Cuando dejaron atrs la autopista y se adentraron en Santa Brbara, cruzando 
la ciudad en direccin a las montaas de Santa Ynez, el estado de nimo de Jim 
era innegablemente taciturno. Las respuestas que daba a las preguntas de Holly se 
hicieron ms breves.
    La ruta 154 les condujo fuera de las montaas hacia un atractivo paisaje de 
bajas colinas y campos dorados con yerba seca, robles de California y ranchos de 
caballos rodeados por cercas blancas. Aquello no se pareca al tpico ambiente 
rural de San Joaqun y otros valles; haba grandes viedos, pero las granjas 
parecan construcciones de lujo, mantenidas para acoger a empresarios de Los 
Angeles que huan de la ciudad, ms preocupados en cultivar un modo de vida 
alternativo que autnticas cosechas.
    Tendremos que pararnos en New Svenborg para comprar algunas cosas 
antes de llegar a la granja dijo Jim.
     Qu cosas?
    No lo s. Pero cuando nos detengamos... sabr lo que necesitamos.
    Pasaron frente al lago Cachuma, situado al este. Recorrieron la carretera oeste 
hacia Solvang y se desviaron hacia Santa Ynez. Antes de llegar a Los Olivos, se 
encaminaron hacia el Este por otra ruta estatal, y finalmente hacia New Svenborg, 
la ciudad ms prxima a la granja de Ironheart.
    A principios de siglo, grupos de americanodaneses del Medio Oeste se 
asentaron en el valle de Santa Ynez, muchos de ellos con la intencin de 
establecer comunidades que preservaran las costumbres y arte popular daneses y, 
en general, el modo de vida dans. El emplazamiento de ms xito era Solvang, 
sobre el cual Holly haba escrito una vez un artculo; se haba convertido en una 
gran atraccin turstica debido a los restaurantes pintorescos, tiendas y arquitectura 
danesas.
    New Svenborg, con una poblacin de menos de dos mil habitantes, no era tan 
elaborado, autntico e insistentemente dans como Solvang. Deprimentes edificios 
de estuco con techos de piedra blanca, construcciones desgastadas con porches 
frontales sin pintar que a Holly le recordaban algunas partes del Texas rural, 
bungalows hechos a mano, y casas victorianas de color blanco de recargada 
ornamentacin, se erigan junto a edificios inequvocamente daneses de paredes 
cubiertas de madera, techos inclinados y ventanas de pequeos cristales 
rectangulares. Media docena de molinos se repartan por el pueblo, con sus aspas 
recortadas contra el cielo de agosto. Pretenda ser una de aquellas singulares 
mezclas que a veces daban como resultado una inesperada y deliciosa armona; 
sin embargo, en New Svenborg, la mezcla no funcionaba, y el efecto era 
discordante.
    Pas el final de mi niez y toda mi adolescencia aqu dijo Jim mientras 
conduca lentamente por la tranquila y sombreada avenida principal.
    Holly supuso que su melancola era debida a New Svenborg y a su trgica 
historia familiar.
    Probablemente aquello era injusto por lo que respectaba a la ciudad. Las calles 
estaban bordeadas de grandes rboles, las encantadoras farolas parecan haber 
sido importadas del viejo continente, y la mayor parte de las aceras estaban 
graciosamente curvadas y cubiertas de ladrillos. Un veinte por ciento de la ciudad 
pareca haber salido del nostlgico Medio Oeste de una novela de Bradbury, pero 
el resto todava perteneca a una pelcula de David Lynch.
     Hagamos un pequeo recorrido turstico por el lugar sugiri Jim.
    Tendramos que ir a la granja, no crees?
    Slo est a un par de kilmetros del pueblo, a unos cuantos minutos.
    Aquello, en opinin de Holly, era otro motivo para dirigirse all de inmediato. 
Estaba cansada de estar en el coche.
    Pero Holly intua que, por alguna razn, Jim quera ensearle la ciudad y no 
tan slo retrasar su llegada a la granja Ironheart. Holly accedi. De hecho, 
escuchaba con inters las palabras de Jim. Haba descubierto que a Jim le 
resultaba difcil hablar de s mismo, y que en ocasiones haca revelaciones de una 
forma indirecta e incluso casual.
    Jim pas junto a la farmacia de Handal, al este de Main Street, donde la gente 
del pueblo acuda a comprar medicamentos, a menos que prefirieran recorrer los 
trescientos kilmetros que les separaban de Solvang. En Handal tambin se 
encontraba uno de los dos nicos restaurantes que haba en el pueblo, con 
segn palabras de Jim el mejor refresco de soda que haba por aquellos lares 
en 1955. Tambin se encontraba all la oficina de correos y el nico puesto de 
revistas que, con su techo puntiagudo, su cpula de cobre griscea y sus ventanas 
oblicuas, constitua un atractivo local comercial.
    Sin parar el motor, Jim aparc frente a la biblioteca situada en la calle 
Copenhague Lae. El edificio, recientemente pintado, era una de las casas 
victorianas ms pequeas, con una ornamentacin menos cargada que el resto. 
Los setos que lo rodeaban estaban bien cuidados, y las banderas de California y 
Estados Unidos ondeaban suavemente en un largo mstil que penda sobre el 
sendero que llevaba al edificio. A pesar de todo, pareca una pequea y triste 
biblioteca.
     Es asombroso poder disponer de una biblioteca en un pueblo tan pequeo 
como ste dijo Jim. Y doy gracias a Dios por ello. Sola venir tan a menudo en 
bicicleta... Creo que si sumara todos los kilmetros, probablemente habra recorrido 
la mitad del mundo. Despus de que murieran mis padres, los libros se convirtieron 
en mis amigos, mis consejeros, mis psiquiatras. Los libros evitaron que me volviera 
loco. La seora Glynn, la bibliotecaria, era una gran mujer, saba cmo tratar a un 
nio tmido y confundido sin resultar condescendiente. Ella fue mi gua hacia las 
regiones ms exticas de la Tierra, hacia pocas distantes en el tiempo; todo ello 
sin abandonar sus corredores llenos de libros.
    Holly nunca le haba odo hablar de nadie de forma tan afectuosa. La biblioteca 
de Svenborg y la seora Glynn obviamente haban sido una influencia duradera y 
positiva en la vida de Jim.
     Por qu no entramos a saludarla? sugiri Holly. Jim frunci el ceo.
     Oh, estoy seguro de que ya no trabaja como bibliotecaria, incluso puede que 
haya muerto. Han transcurrido veinticinco aos desde la primera vez que empec a 
venir aqu, y dieciocho desde que abandon el pueblo para ir a estudiar a la 
universidad. No la he vuelto a ver desde entonces.
     Cuntos aos tena? Jim vacil.
     Era bastante mayor respondi Jim, y puso punto final a la posibilidad de 
llevar a cabo una visita nostlgica cambiando de marcha al Ford y alejndose de 
all.
    Lentamente pasaron junto a los jardines de Tvoli, pequeo parque en la 
esquina de Main y Copenhague, que se hallaba visiblemente lejos de parecerse a 
su homnimo. Ni fuentes, ni msicas, ni juegos, ni jardines de cerveza... Tan slo 
haba algunas rosas, hierba que creca de forma desigual, unas cuantas flores 
veraniegas, dos bancos de madera y un molino bien cuidado en la esquina.
     Por qu no se mueven las aspas del molino? pregunt Holly.
    Ninguno de los molinos saca agua o sirve para moler grano explic Jim  
. Son ms bien decorativos, no tiene sentido tener que aguantar el ruido que 
meten. Hace mucho que instalaron un sistema que impide que su mecanismo se 
mueva. Al doblar la esquina situada al final del parque aadi: Una vez 
rodaron aqu una pelcula.
    Quin?
    Uno de los estudios.
    Un estudio de Hollywood?
    No me acuerdo de cul.
    Cmo se llamaba?
    No lo recuerdo, en serio.
     Quines eran los protagonistas?
    Nadie famoso.
    Holly apunt mentalmente aquel detalle acerca de la pelcula, sospechando 
que fue ms importante para Jim y para la ciudad de lo que l daba a entender. 
Algo en la brusca forma en que haba mencionado la pelcula y sus tensas res-
puestas a las subsiguientes preguntas, la alertaron de que tras sus palabras se 
esconda algo ms.
    En la esquina sudeste de Svenborg condujo lentamente al pasar frente a un 
garaje llamado Zacca, una gran nave de acero que se alzaba sobre unos pilares de 
cemento. Frente a ella haba dos coches polvorientos. Aunque el edificio haba sido 
pintado varias veces a lo largo de su historia, haca muchos aos que no lo tocaba 
una brocha. Sus numerosas capas de pintura estaban desgastadas y formaban un 
mosaico de colores, marcado por abundantes incrustaciones de herrumbre, que 
creaban la apariencia de un camuflaje involuntario. La agrietada superficie de 
asfalto que haba frente a la nave estaba llena de hoyos que haban sido tapados 
con gravilla, y el entorno de la superficie de cemento estaba rodeado de hierba 
seca y maleza.
    Fui al colegio con Ned Zacca dijo Jim. Su padre, Vernon, era por aquel 
entonces el dueo del garaje. No es el tipo de negocio con el que un hombre se 
hace rico, pero tena mejor aspecto que ahora.
    Las grandes puertas corredizas, semejantes a las de un hangar de aviones, 
estaban abiertas; el interior estaba sumido en las sombras. La parte trasera de un 
viejo Chevy destellaba tenuemente en la penumbra. Aunque el garaje era srdido, 
nada en l haca suponer que encerrara un peligro. Sin embargo, un escalofro 
recorri el cuerpo de Holly cuando fij la mirada en las lbregas profundidades de 
aquel lugar.
    Ned era un hijo de puta, el matn del colegio dijo Jim  . Si se lo propona 
poda convertir la vida de un nio en un infierno. Me inspiraba un temor constante.
    Es una pena que no supieras taekwondo en aquella poca, le habras puesto 
en ridculo.
    Jim no sonri, se limit a desviar su mirada de Holly hacia el garaje. Tena una 
expresin extraa y perturbada.
    S. Una pena.
    Cuando Holly volvi a mirar el edificio, vio a un hombre con vaqueros y 
camiseta que surga de la profunda oscuridad adentrndose en la griscea 
penumbra, movindose lentamente pas frente a la parte trasera del Chevy 
mientras se secaba las manos con un trapo. No le daba la luz del sol, de forma que 
Holly no pudo ver su aspecto. Con unos pocos pasos rode el coche y de nuevo se 
desvaneci en la penumbra, casi tan etreo como un espectro que se vislumbra en 
un cementerio bajo la luz de la Luna.
    De algn modo, Holly saba que aquella fantasmal presencia era Ned Zacea. 
Curiosamente, aunque haba sido una figura amenazante para Jim y no para ella, 
Holly sinti un vuelco en el estmago.
    Jim apret el acelerador y dejaron atrs el garaje, volviendo de nuevo al 
pueblo.
     Qu te hizo Zacea exactamente?
    Todo lo que se le ocurra. Era un pequeo sdico. Ha estado un par de veces 
en prisin desd aquellos das. Me imagino que lo habrn soltado.
     Te imaginas? A qu te refieres? Jim se encogi de hombros.
    Tengo la sensacin, nada ms que eso. Adems, es uno de esos tipos al que 
nunca cogen por asuntos de importancia. Tiene una suerte endemoniada. Puede 
cometer algn desliz de vez en cuando, pero siempre son cosas por las que le 
caen pequeas condenas. No es precisamente tonto.
     Por qu quisiste ir al garaje? Para recordar.
    La mayor parte de la gente, cuando se siente nostlgica, slo est interesada 
en los buenos recuerdos.
    Jim no respondi. Incluso antes de llegar a Svenborg, se haba encerrado en s 
mismo como lo hara una tortuga en su caparazn. Casi haba vuelto al estado de 
nimo distante y taciturno con que Holly le haba encontrado la tarde anterior.
    La visita turstica no le haba proporcionado a Holly la confortable sensacin de 
hallarse en un pueblo seguro y acogedor, sino ms bien de hallarse al final de 
ninguna parte. An estaba en California, ciertamente, el estado ms poblado del 
pas, a menos de mil kilmetros de Santa Brbara. Svenborg tena casi dos mil 
habitantes, mucho ms grande que un montn de puebluchos que se hallaban a lo 
largo de las autopistas interestatales. Sin embargo, una sensacin de aislamiento, 
ms psicolgica que real, se cerna sobre ella.
    Jim se detuvo en el Central, un prspero local que inclua una estacin de 
gasolina, una tienda con un pequeo surtido de artculos deportivos para 
pescadores y excursionistas, y un departamento bien provisto de ultramarinos, 
cervezas y vino. Holly llen el depsito del coche en el autoservicio, luego se reuni 
con Jim en la tienda de artculos deportivos.
    El almacn estaba atestado de mercancas que sobresalan de los estantes, 
colgaban del techo, y se apilaban en el suelo de linleo. Cebos para pescar 
colgaban de un anaquel cerca de la puerta. La atmsfera ola a botas de caucho.
    En el mostrador, Jim haba apilado un par de sacos de dormir adecuados para 
el verano y de buena calidad, forrados por un colchn de aire, un candil Coleman 
con una lata de combustible, una nevera porttil, dos linternas grandes, pilas para 
las linternas, y unos cuantos artculos ms. En la caja registradora, ms all del 
mostrador donde se encontraba Jim, un hombre con barba y gafas de cristal grueso 
como los de una botella, iba apuntando el precio de cada artculo mientras Jim 
esperaba con la cartera abierta.
    Cre que bamos al molino dijo Holly.
    Y as es respondi Jim  . Pero a menos que quieras dormir sobre el 
suelo de madera sin ningn tipo de comodidades, necesitamos todo esto.
    No saba que bamos a pasar all la noche.
    Ni yo. Hasta que entr aqu y me o a m mismo pedir todas estas cosas.
    No podemos quedarnos en un motel?
     El ms cercano est en Santa Ynez...
     Es un bonito paseo respondi Holly, que prefera viajar a tener que pasar 
la noche en el molino.
    Holly no slo tema la posible incomodidad del molino. Aquel lugar era, 
despus de todo, el sitio en que se desarrollaban sus pesadillas. Adems, desde 
que haban llegado a Svenborg, se haba sentido vagamente amenazada.
    Va a ocurrir algo importante dijo Jim. No s el qu. Simplemente... Va a 
ocurrir algo en el molino. Lo presiento. Creo que vamos a obtener algunas 
respuestas. Pero eso puede llevarnos cierto tiempo. Debemos estar preparados 
para esperar, debemos ser pacientes.
    Aunque Holly sugiriera ir al molino, de pronto no quiso obtener respuestas. 
Holly intua que una indefinida y siniestra tragedia se cerna sobre ellos; era una 
premonicin terrible, de muerte y oscuridad.
    Por otro lado, Jim pareca haberse desprendido de su pesimismo y un sbito 
optimismo se haba apoderado de l.
    No te preocupes, Holly. Algo me dice que actuamos correctamente al venir 
aqu, que algo terrorfico nos espera, s, y que nos va a dejar perplejos, pero 
tambin hay algo que va a ayudarnos. Sus ojos brillaban y estaba excitado. Holly 
nunca le haba visto as, ni siquiera cuando hicieron el amor. Jim estaba en 
contacto con aquel poder superior que actuaba en l misteriosamente. Holly poda 
percibir su excitacin con claridad  . Siento una..., una especie de extrao jbilo 
que se aproxima, un maravilloso descubrimiento, nuevas revelaciones...
    El dependiente se dirigi hacia ellos desde la caja registradora para entregarles 
la cuenta en un papel.
     Recin casados? les pregunt sonriente.
    En la tienda de comestibles contigua compraron hielo para la nevera porttil, 
zumo de naranja, soda baja en caloras, mostaza, barras de pan con aceitunas de 
Bolonia, y lonchas de queso empaquetadas.
    Barras de aceitunas! dijo Holly maravillada. No las he probado desde 
que tena catorce aos.
    Y qu me dices de esto... respondi Jim, cogiendo una caja de donuts 
cubiertos de chocolate y ponindolos en el cesto de la compra. Sndwiches 
boloeses, donuts de chocolate, patatas fritas de las crujientes... Ah!, y rollitos de 
queso, sientan muy bien con las patatas.
    Holly nunca le haba visto tan eufrico, pareca un nio sin problemas ni 
responsabilidades preparndose para ir de excursin con unos amigos, dispuesto a 
vivir una pequea aventura.
    Holly se pregunt si sus temores estaban justificados. Al fin y al cabo, era Jim 
quien tena intuiciones premonitorias. Quizs descubriran algo maravilloso en el 
molino, quiz desvelaran el misterio que se esconda tras sus rescates milagrosos, 
o tal vez se encontraran con aquel poder superior de Jim. Quizs El Enemigo, a 
pesar de su habilidad para irrumpir en la realidad desde el mundo de los sueos, 
no era tan formidable como pareca.
    En la caja registradora, despus de que el empleado hubiera terminado de 
empaquetar sus adquisiciones y se dispusiera a devolverles el cambio, Jim dijo:
    Espere un momento, una cosa ms... Y se dirigi presurosamente a la 
parte posterior de la tienda. Cuando volvi llevaba dos cuadernos amarillos y un 
rotulador negro de punta fina. Necesitaremos tambin esto dijo dirigindose a 
Holly.
    Despus de guardar todas las cosas en el coche, salieron del aparcamiento de 
El Central, en direccin a la granja Ironheart. Holly seal el rotulador y los 
cuadernos que sostena en una bolsa aparte.
     Por qu vamos a necesitar esto?
    No tengo la menor idea. De pronto supe que bamos a necesitarlo. Eso es 
todo.
    Te pareces a Dios dijo Holly, siempre misterioso y oscuro.
    Tras un breve silencio, Jim dijo:
    Ya no creo que sea Dios quien me habla.
    De veras? Qu te ha hecho cambiar de opinin?
    Bueno, por un lado, las cuestiones que planteaste ayer noche. Si Dios no 
quera que el pequeo Nick O'Conner muriera en Boston, por qu no impidi que 
la bveda explotara? Por qu me hizo cruzar el pas para encontrarme con l? En 
cuanto al avin... Por qu Dios iba a cambiar de parecer respecto al nmero de 
supervivientes?, slo porque yo lo decid? Yo ya me haba hecho esas preguntas 
pero t no aceptaste las fciles respuestas que a m me satisfacan.
    Jim apart la mirada de la carretera unos momentos. Cuando ya se 
encontraban al final del pueblo, le sonri y repiti una de las preguntas formuladas 
por Holly el da anterior:
     Es Dios un indeciso? Supongo que... Qu?
    Bueno, estabas tan seguro de ver una mano divina en todo esto... En fin, 
debe de ser un poco decepcionante el hecho de considerar posibilidades menos 
elevadas. Supongo que debes de estar algo contrariado.
    Jim mene la cabeza.
    No lo estoy. En realidad, siempre tuve problemas en aceptar que Dios 
operaba a travs de m, me pareca una idea bastante absurda, pero la aceptaba 
porque no haba otra explicacin. Supongo que todava no tenemos una 
explicacin mejor, pero se me ha ocurrido otra posibilidad, y es algo tan extrao y 
maravilloso que no me importa que Dios haya dejado de formar parte del equipo.
     Qu otra posibilidad?
    No quiero hablar de eso ahora respondi Jim mientras la luz del sol y las 
sombras de los rboles moteaban el polvoriento parabrisas y se deslizaban por su 
rostro. Antes de hablarte de ello quiero reflexionar al respecto, estar seguro de 
que tiene sentido, porque s que eres un juez difcil de convencer.
    Pareca feliz. Realmente feliz. Desde la primera vez que le vio, Holly se sinti 
fuertemente atrada hacia l, sin tener en cuenta sus constantes cambios de 
humor. Haba percibido esperanza bajo su tristeza, ternura bajo su rudeza, un 
hombre mucho mejor de lo que aparentaba exteriormente, pero con aquel 
optimismo exacerbado le encontr ms atractivo que nunca.
    Juguetonamente, Holly le pellizc una mejilla y dijo: Eres encantador.
    Mientras salan de Svenborg, Holly advirti que la distribucin de las casas se 
pareca ms a un asentamiento de pioneros que a una comunidad moderna. En la 
mayor parte de los pueblos, los edificios se concentraban en el centro, con 
crecientes espacios abiertos a medida que la poblacin se extenda hacia la 
periferia, hasta que, finalmente, las ltimas casas marcaban el lmite con el campo. 
En Svenborg, la separacin entre pueblo y campo era patente y pareca haber sido 
trazada geomtricamente. Las construcciones se interrumpan de pronto y 
empezaba la maleza, con tan slo un cortafuego mediando entre ambas. Holly no 
pudo evitar pensar en los pioneros del viejo Oeste construyendo sus puestos de 
defensa para prevenir las amenazas que pudieran surgir de los pramos salvajes 
que les rodeaban.
    Desde dentro, el pueblo pareca siniestro y lleno de oscuros secretos, pero 
visto desde fuera Holly se volvi para contemplarlo mientras la carretera 
ascenda hacia lo alto de una pequea colina el pueblo no pareca amenazante 
sino amenazado, como si sus residentes fueran conscientes de que algo terrorfico 
se ocultaba en la dorada tierra que les rodeaba, aguardando el momento de acabar 
con todos ellos. Situado entre las montaas de Santa Ynez en el Oeste y las de 
San Rafael en el Este, el valle era tan extenso y profundo que su variedad 
geogrfica era mayor que la de algunos estados del Este aunque en aquella 
poca del ao, sin que hubiera llovido desde los inicios de la primavera, casi todo el 
valle tena un color pardo y reseco. Atravesaron colinas y prados, detenindose 
en los puntos que ofrecan mejor panormica a lo largo de la ruta. Contemplaron 
paisajes de altas colinas cubiertas de chaparral, pequeos valles donde florecan 
arboledas de robles californianos y viedos rodeados por vastos campos marchitos.
    Es precioso dijo Holly, observando complacida el paisaje multicolor. 
Incluso los robles, cuya proliferacin indicaba zonas con un mayor nivel de agua, 
presentaban un tono de color verde plateado medio reseco  . Precioso, pero es 
un autntico polvorn. Cmo se las arreglan cuando hay fuego?
    Al hacer aquella pregunta, tomaron una curva y vieron una franja de tierra 
ennegrecida a la derecha de la carretera por la que circulaban. La maleza y la 
hierba haban sido reducidas a ceniza blanquecina sobre una superficie de holln 
negro. El incendio haba tenido lugar recientemente, porque se perciba un 
inconfundible olor a quemado.
    Este no ha llegado muy lejos dijo Jim. Como mucho ha quemado unas 
cuatro hectreas. Aqu siempre estn preparados, saltan al primer indicio de humo. 
Hay un buen grupo de voluntarios en el pueblo, ms una estacin del Departa-
mento Forestal en el valle. Si vives en Svenborg no puedes olvidar la amenaza, y 
acabas aceptando que el fuego puede ser controlado.
    Despus de haber vivido siete u ocho aos all, Jim pareca bastante seguro de 
ello, as que Holly trat de suprimir su pirofobia. Sin embargo, despus de dejar 
atrs la tierra chamuscada y el olor a maleza quemada, en la mente de Holly surgi 
la imagen del extenso valle incendiado de noche, con torbellinos de llamas 
anaranjadas y rojas arremolinndose como tornados y consumiendo todo lo que 
yaca entre las murallas que formaban las dos cordilleras de montaas.
    La granja Ironheart dijo Jim sobresaltndola.
    Mientras Jim reduca la velocidad del Ford, Holly mir a la izquierda de la 
carretera asfaltada.
    A unos treinta metros de la carretera haba una granja, tras un csped 
marchito. No tena ningn estilo arquitectnico particular, tan slo era una sencilla 
granja de dos pisos con aspecto acogedor y revestimientos de aluminio, un tejado 
de tablillas rojas, y un espacioso porche frontal. Podra haber sido arrancada de 
sus cimientos en cualquier lugar del Medio Oeste y haber sido implantada en el 
sitio que ocupaba, porque haba miles de casas como aqulla en las grandes zonas 
productoras de maz.
    A unos cien metros a la izquierda de la casa haba un granero rojo cuyo techo 
puntiagudo acababa en una veleta con la forma de un caballo y un carruaje; no era 
muy grande, aproximadamente la mitad del tamao de la casa, y entre ambos justo 
detrs, poda verse una charca. Sin duda, la estructura ms llamativa de la granja 
era el molino...
    
    
    
    3
    
    
    Jim se detuvo entre la casa y el granero y sali del Ford. Tuvo que salir porque 
la vista de aquel viejo lugar le golpe con ms fuerza de lo esperado; 
simultneamente sinti un escalofro en la boca del estmago y una oleada de 
calor en el rostro. A pesar del aire acondicionado, la atmsfera en el interior del 
coche le result insoportablemente cargada. Permaneci de pie en medio del aire 
fresco, dando profundas bocanadas y tratando de no perder la calma.
    La casa apenas ejerca influencia sobre l. Al mirarla tan slo sinti una dulce 
melancola que, al cabo de un rato, poda agudizarse en una tristeza perturbadora 
o incluso desembocar en la desesperacin. Pero poda mantener en ella su mirada, 
respirar normalmente, alejarse sin sentir el poderoso impulso de mirar atrs.
    El granero no ejerca ninguna atraccin sentimental sobre l, pero el molino era 
otra historia. Cuando volvi la mirada hacia aquel cono de piedra caliza, ms all 
de la amplia charca, temi que l mismo se transformara en piedra, como si estu-
viera contemplando el rostro de la mitolgica Medusa, de cuya cabeza surgan 
serpientes en lugar de cabellos.
    Aos atrs tuvo la oportunidad de leer el mito de Medusa en uno de los libros 
de la seora Glynn. En aquellos das deseaba fervientemente mirar el rostro de la 
mujer con serpientes en la cabeza para transformarse en una roca insensible.
     Jim? dijo Holly. Te encuentras bien?
    El molino tena dos plantas, pero debido a la altura de los techos en las 
habitaciones, pareca tener cuatro. Jim tena la impresin de estar ante una torre de 
veinte pisos. Sus antiguas piedras blancas se haban ennegrecido tras un siglo de 
mugre, siendo invadidas por la hiedra trepadora, y un montn de races 
procedentes de la charca pegada al molino. Sin nadie que se cuidara del lugar, la 
hiedra haba cubierto la mitad de la estructura y tapaba por completo una estrecha 
ventana situada en el primer piso, cerca de la puerta de madera. Las aspas pa-
recan podridas. Cada uno de aquellos brazos de molino tena una longitud de 
nueve metros por uno y medio de anchura con tres filas de soporte. Desde la ltima 
vez que Jim vio el molino se haban roto o desprendido ms soportes. Las aspas, 
inmviles durante largo tiempo, se haban detenido en forma de equis, no de cruz: 
dos brazos apuntaban hacia la charca y los otros dos hacia el cielo. Incluso bajo la 
luz radiante de aquel da caluroso, el molino le resultaba a Jim amenazante y le 
pareca ser un monstruoso espantapjaros de brazos mellados dando zarpazos en 
el cielo con sus esquelticas manos.
     Jim? dijo Holly tocando su brazo.
    Jim se sobresalt como si no supiera quin era. De hecho, por un instante, no 
vio el rostro de Holly sino el de alguien que haba muerto haca mucho tiempo, el 
rostro de...
    Pero aquel momento de confusin se esfum. Volva a ser Holly, con su 
identidad propia, sin confundirse con la de la mujer del sueo.
     Ests bien? volvi a preguntar Holly. S, desde luego, no son ms que 
recuerdos.
    Jim se sinti agradecido cuando Holly le oblig a pensar en la granja.
     Fuiste feliz con tus abuelos?
    Lena y Henry Ironheart... Gente maravillosa. Ellos me acogieron. Sufrieron 
mucho por mi causa.
     Sufrieron?
    Jim se dio cuenta de que haba utilizado una palabra exagerada, y se pregunt 
por qu lo haba dicho.
    Quiero decir que se sacrificaron de un modo constante.
    Hacerse cargo de un nio de diez aos es algo que nadie se toma a la ligera 
dijo Holly. Pero a menos que les pidieras caviar y champn, no creo que 
pasaran por grandes dificultades.
    Despus de lo que les ocurri a mis padres yo... me encerr en m mismo, 
me volv poco comunicativo. Me dedicaron mucho tiempo, mucho amor, tratando de 
que yo regresara desde el lmite en que me hallaba.
     Quin vive ahora aqu? Nadie.
     No me dijiste que tus abuelos murieron hace cinco aos?
    El lugar no se vendi. No hubo compradores.
     De quin es ahora? Mo. Lo hered.
    Holly recorri con la mirada la propiedad dando muestras de asombro.
     Pero si es un lugar encantador! Si regasen el csped y lo cuidaran, si 
cortaran las yerbas, sera un sitio estupendo. Por qu es tan difcil de vender?
    Bueno, por un lado esto es demasiado tranquilo, e incluso la mayor parte de 
la gente que quiere volver a la naturaleza y suean con vivir en una granja, lo 
que realmente pretenden es vivir en una granja que est cerca de los cines, de las 
libreras, de los buenos restaurantes, y de fiables mecnicos que sepan arreglar 
coches europeos.
    Holly se ech a rer.
    Cario, en ti hay oculto un pequeo y divertido cnico.
    Adems, esto es muy rido, es casi imposible ganarse la vida en un sitio 
como ste. Tan slo es una vieja granja de cuarenta hectreas, demasiado 
pequea para tener ganado o sembrar cosechas. Mis abuelos tenan gallinas y 
vendan huevos. Adems, gracias al clima templado podan sembrar dos cosechas: 
recogan fresas en febrero y en mayo sa era la cosecha que daba dinero. 
Luego vino el maz, y despus tomates, tomates autnticos, no esos de plstico 
que hoy en da se venden en el mercado.
    Jim vio que Holly segua enamorada del lugar. Estaba de pie con las manos en 
la cintura, recorriendo con la mirada el entorno como si ella misma fuera a 
comprarlo.
    Pero no hay gente que trabaja en otras cosas, gente interesada en vivir en 
un lugar en busca del descanso y la paz?
    Holly, esta regin no es como Newport Beach, en Beverly Hills. Los 
habitantes del pueblo no tienen dinero para gastrselo en un acomodado estilo de 
vida. Lo mejor que se puede esperar para poder vender una propiedad como sta 
es encontrar un productor de cine o un ejecutivo de alguna casa discogrfica de 
Los Angeles que quiera comprar la tierra, derribar lo construido y erigir una casa 
deslumbrante, para luego poder decir que tiene un refugio en Santa Ynez; hoy en 
da est de moda.
    A medida que hablaban, la agitacin de Jim pareca ir en aumento. Eran las 
tres. Todava faltaba bastante para que se fuera la luz del da. De pronto Jim temi 
la cada de la noche.
    Holly dio una patada a unas yerbas que haban surgido a travs de las 
numerosas grietas que haba en la superficie de asfalto que cubra el camino.
    Necesita un poco de limpieza, pero, por lo dems, tiene buen aspecto. Han 
pasado cinco aos desde que tus abuelos murieron. No obstante, la casa y el 
granero estn bien cuidados, como si los hubieran pintado hace un par de aos.
    Y as es.
    Todava intentas venderlo, verdad?
     Claro, por qu no?
    Las altas montaas ocultaran el sol antes de que el ocano lo absorbiera en 
Laguna Niguel; el crepsculo, aunque se prolongara ms tiempo, llegara antes a 
Svenborg. Jim se encontr a s mismo examinando las alargadas sombras de color 
prpura con el temor de un hombre en una pelcula de vampiros corriendo hacia el 
refugio para evitar la noche.
    Qu me est ocurriendo?, se pregunt Jim.
     Crees que con el tiempo te gustara vivir aqu?
     Nunca! exclam Jim de un modo tan rotundo y contundente que 
sorprendi a ambos.
    Como si se hallara bajo una oscura atraccin magntica, Jim volvi a mirar el 
molino. Un escalofro recorri su cuerpo.
    Era consciente de que Holly le estaba observando.
    Jim dijo ella suavemente, qu, en nombre de Dios, ocurri en el molino 
hace veinticinco aos?
    No lo s respondi Jim temblando. Se frot la cara con una mano. No 
recuerdo nada especial, nada extrao. Era el lugar donde jugaba. Era fresco y 
tranquilo..., un lugar agradable. Aqu no ocurri nada. Nada en absoluto.
    No es cierto insisti Holly, ocurri algo...
    Holly no conoca lo suficiente a Jim como para saber si en l eran frecuentes 
los cambios emocionales que se haban ido sucediendo desde que dejaron atrs 
Orange County, o si aquellos rpidos y recientes cambios de humor eran anorma-
les en l. Al detenerse en el pueblo para comprar comida, el sombro estado de 
nimo que se haba cernido sobre Jim al cruzar las montaas de Santa Ynez haba 
desaparecido, y casi se hallaba exultante. Luego, al contemplar la granja fue como 
si se sumergiera en un bao fro, y el molino era como una gota en aquel abismo 
de hielo.
    Pareca tan preocupado que Holly esperaba poder hacer algo para 
tranquilizarle. Se pregunt si haba sido una buena idea empujarle hasta la granja. 
A pesar de su fracasada carrera periodstica, haba aprendido a improvisar sobre la 
marcha, a atrapar el momento y correr con l. Pero tal vez aquella situacin 
requera mayor cautela y planificacin.
    Se metieron en el Ford y pasaron entre la casa y el granero, rodeando la gran 
charca. El sendero de gravilla, que Holly recordaba de la pesadilla de la noche 
anterior, haba sido ampliado en otra poca para que pudieran pasar caballos y 
carretas. El Ford avanz sin problema, lo que les permiti aparcar al pie del molino.
    Cuando Holly baj del coche, se encontr junto a un campo de maz. Slo unas 
cuantas espigas salvajes brotaban en aquel trozo de tierra abandonado, que se 
extenda ms all de una verja. Holly rode la parte posterior del coche, caminando 
sobre la gravilla, y se reuni con Jim junto a la charca. Moteada de gris, verde y 
azul, el agua pareca un rgido e inmvil trozo de pizarra de sesenta metros de 
dimetro. Liblulas y otros insectos se posaban fugazmente sobre la superficie 
creando algunas ondulaciones. Lnguidas corrientes agitaban el agua de forma 
casi imperceptible cerca de la orilla, donde crecan yerbas verdes y grupos de 
pampas de blanco plumaje.  Sigues sin recordar lo que viste en tu sueo? 
pregunt Jim.
    No. Probablemente no importa. No todo lo que aparece en un sueo es 
significativo. En voz baja, casi como si se dirigiera a s mismo, Jim dijo:
    S era significativo.
    Sin turbulencias agitando el sedimento, el agua no era fangosa, pero tampoco 
clara. Holly supuso que tan slo poda ver unos cuantos metros por debajo de la 
superficie. Si realmente tena quince o veinte metros de profundidad en el centro, 
como Jim haba dicho, aquello permita un volumen de espacio considerable en el 
que se pudiera ocultar algo.
    Vamos a echar un vistazo al molino sugiri Holly.
    Jim cogi una de las linternas que haba dentro del coche y la carg de pilas.
    Incluso a pleno da, puede que all est oscuro seal Jim.
    La puerta se hallaba en una antecmara unida a la base de la principal 
estructura cnica del molino, como si fuera la entrada de un igl. Aunque abierta, la 
puerta estaba alabeada y tena las bisagras oxidadas. Por un momento, se resisti 
a los esfuerzos de Jim, luego se abri hacia dentro emitiendo un chirrido de astillas 
quebrndose.
    La corta y arqueada antecmara daba paso a la estancia principal del molino, 
que tena unos doce metros de dimetro. Cuatro ventanas equitativamente 
separadas en el interior de la estancia circular, permitan que la luz del sol se 
filtrase a travs de los sucios cristales, adoptando un tono grisceo que aumentaba 
la penumbra. La gran linterna de Jim revel una maquinaria cubierta de polvo y 
telaraas que a Holly le result ms extica de lo que le hubiera parecido una 
cmara de turbinas de un submarino nuclear. Era la pesada y primitiva tecnologa 
de otros tiempos enormes mecanismos de madera, ruedas dentadas, ejes, 
piedras de moler, poleas, trozos de cuerdas podridas tan desmesurada y 
complicada que no pareca el trabajo humano de otra poca, sino el de una especie 
distinta y menos evolucionada.
    Aunque antes de que Jim naciera haban dejado de utilizarse estos molinos, 
haba crecido entre ellos y saba el nombre de cada cosa. Iluminando la 
maquinaria, trat de explicar a Holly cmo funcionaba, hablndole del engranaje 
cilndrico, las poleas, la maza, la piedra giratoria y la que se mantena inmvil.
    Normalmente, no se puede ver nada a travs del mecanismo dijo Jim. 
Pero si te fijas observars que la base del engranaje cilndrico est podrida, ya no 
queda mucho de ella, y el suelo del puente cedi cuando se desprendieron estas 
enormes piedras.
    Aunque Jim haba contemplado el molino con temor cuando se hallaba fuera, 
su estado de nimo empez a cambiar despus de entrar en l. Para sorpresa de 
Holly, a medida que trataba de explicarle el funcionamiento del molino, Jim empez 
a dar muestras de aquel entusiasmo infantil que Holly advirti por primera vez en la 
tienda de comestibles de El Central, en Svenborg. Estaba orgulloso de sus 
conocimientos y quera exhibirlos, como un nio sabiondo sintindose feliz de 
demostrar lo que ha aprendido en la biblioteca mientras sus compaeros jugaban al 
bisbol.
    Jim se volvi hacia los peldaos de piedra caliza situados a su izquierda y 
subi por ellos sin vacilacin, apoyando ligeramente una mano en la curvada pared 
mientras ascenda por ellos. En su rostro se dibujaba una ligera sonrisa mientras 
recorra el lugar con la mirada, como si slo acudieran a l los buenos recuerdos.
    Perpleja ante aquellos sbitos cambios de humor, Holly trat de imaginar cmo 
era posible que el molino asustara y deleitara a Jim al mismo tiempo. Holly le 
sigui, con cierta reticencia, hacia lo que l llamaba la habitacin de arriba. Holly 
no tena buenos recuerdos que asociar con el molino, slo las terribles imgenes 
de sus pesadillas, que volvan a su mente mientras ascenda por la escalera 
siguiendo a Jim. Gracias a su sueo, la estrecha espiral formada por los peldaos 
le era familiar, lo cual era mucho ms inquietante que el mero dj vu.
    A medio camino de la escalera, Holly se detuvo junto a la ventana que daba a 
la charca. El cristal estaba cubierto por una slida capa de polvo. Holly limpi el 
cristal con la mano y observ el agua entrecerrando los ojos. Por un instante crey 
ver algo raro bajo la plcida superficie, pero luego se dio cuenta de que tan slo era 
el reflejo de una nube cruzando el cielo.
     Qu ocurre? pregunt Jim con su jovial ansiedad tras detenerse unos 
peldaos ms arriba que Holly.
    Nada, no es nada. Una sombra.
    Continuaron su ascenso hasta llegar a la cmara superior, que result ser una 
habitacin corriente, de unos tres o cuatro metros de dimetro por unos cinco de 
altura. La redondeada pared de piedra caliza se cerraba en crculo y se curvaba 
hacia arriba formando el techo, dando la impresin de que se hallaban en la parte 
frontal de un cohete. La piedra no guardaba ningn parecido con la del sueo de 
Holly, no haba ninguna luz extraa de color mbar movindose en su interior. Un 
viejo mecanismo resaltaba en el techo, a travs del cual, el giro de las aspas 
movidas por el viento se transformaba en un movimiento horizontal que pona en 
marcha el eje de madera. El grueso eje desapareca a travs de un agujero situado 
en el centro de la habitacin.
    Al recordar los soportes rotos y oxidados de la maquinaria que haban visto 
abajo, Holly se movi con cautela sobre el suelo de madera, que no pareca estar 
podrida. Las tablas y viguetas bajo sus pies parecan resistentes.
     Hay un montn de polvo dijo Jim a medida que se elevaban pequeas 
nubes a cada paso que daban.
    Y araas... advirti Holly.
    Tendremos que hacer un poco de limpieza antes de instalarnos.
    Deberamos haber comprado una escoba y unas cuantas cosas ms en el 
pueblo.
     En la casa hay artculos de limpieza. Los traer mientras t te ocupas de 
descargar el coche.
     La casa! Holly se sinti animada por una maravillosa inspiracin  . 
Cuando nos dirigamos hacia el molino no me acord de que todava era tuya, de 
que nadie viva aqu. Podemos instalar los sacos de dormir en la casa, quedarnos 
all y venir a esta habitacin tan a menudo como queramos.
    Buena idea dijo Jim, pero no es tan fcil. Aqu va a ocurrir algo, Holly, 
algo que nos dar respuestas o nos ayudar a encontrar el camino para hallarlas. 
Lo presiento. Bueno, lo s..., del modo en que s esas cosas. Pero no podemos 
elegir el momento de esa revelacin. No podemos pedirle a Dios (o a quien quiera 
que se esconda tras todo esto) que establezca un horario y nos haga las 
revelaciones en horas de oficina. Debemos quedarnos aqu y tener paciencia.
    Holly suspir.
    De acuerdo, si t...
    Los taidos de unas campanas la interrumpieron.
    Era un dulce taido cristalino, ni contundente ni resonante; dur tan slo dos o 
tres segundos, agradablemente musical. Era tan ligero y alegre, que resultaba un 
frvolo sonido en medio de aquel escenario de piedra. Sin embargo, a Holly no le 
pareci frvolo, evoc en ella ciertas asociaciones acerca del pecado, la penitencia 
y la redencin.
    Las vibraciones se desvanecieron cuando Holly mir a su entorno buscando el 
origen. Antes de que pudiera preguntarle a Jim qu era aquello volvieron a 
escucharse.
    Holly comprendi entonces por qu asociaba aquel sonido con cuestiones 
espirituales: era el taido de las campanas que toca un monaguillo durante la misa. 
El suave sonido hizo que volvieran a ella el olor de mirra y nardos de sus das de 
colegiala, cuando acariciaba la idea de convertirse al catolicismo.
    El taido se desvaneci de nuevo.
    Holly se volvi hacia Jim y advirti que sonrea.
     Qu es eso? le pregunt.
    Lo haba olvidado dijo Jim con una expresin de asombro. Cmo es 
posible que hubiera olvidado todo esto?
    Las campanas sonaron de nuevo, puras y cristalinas.
    Olvidar qu? pregunt Holly. Qu son esas campanas?
    No son campanas respondi Jim mientras el sonido se desvaneca. Vacil, 
y, cuando volvieron a orse por cuarta vez, finalmente dijo: El sonido proviene de 
las piedras.
     Cmo?  Las piedras hacen ruido?  pregunt Holly con estupefaccin.
    Cuando las campanas sonaron de nuevo dos veces consecutivas, Holly 
recorri la habitacin moviendo la cabeza hacia uno y otro lado, hasta que 
realmente se convenci de que, en verdad, la msica provena de la pared de 
piedra caliza; no se concentraba en un solo lugar, sino que surga de cada una de 
las piedras que conformaban aquella pared curvada, manteniendo un tono 
equilibrado e incluso armnico.
    Sin embargo, se dijo a s misma que no podan surgir sonidos de una piedra. 
Ahora bien, un molino era de por s una estructura poco corriente y poda poseer un 
complicado sistema acstico. Record un viaje a Washington con la escuela en el 
que un gua turstico les condujo a una sala circular del Capitolio en la que una 
conversacin entre susurros poda ser escuchada a travs de la enorme bveda, 
en el extremo opuesto de aquella enorme estancia. Quizs all ocurra el mismo 
fenmeno. Si los taidos de las campanas u otros sonidos se realizaban en algn 
distante rincn del piso inferior del molino, gracias a una peculiaridad acstica tal 
vez se transmitan a travs de las paredes de cada planta. Aquella explicacin 
resultaba ms lgica que la idea de una piedra mgica y sonora, hasta que Holly se 
detuvo a pensar en quin haca sonar las campanas y por qu.
    Holly pos una mano sobre la pared fra y detect ligeras vibraciones. Despus 
la campana se sumi en el silencio y las vibraciones desaparecieron.
    Holly y Jim aguardaron.
    Cuando se hizo manifiesto que el taido no iba a continuar, Holly dijo:
     Cundo oste ese sonido por primera vez? Cuando tena diez aos.
     Y qu ocurri despus de que cesara?, qu significaba? No lo s.
    Pero t dijiste que lo recordabas.
    Los ojos de Jim brillaban con excitacin.
    S. Recuerdo muy bien el sonido. Pero no recuerdo lo que lo causaba o qu 
ocurra cuando cesaba. Aunque creo que... es una seal, Holly. Una nota de 
optimismo se trasluca en su voz. Significa que algo bueno va a ocurrir, algo 
maravilloso.
    Holly se sinti frustrada. A pesar de la faceta mstica de las misiones 
salvadoras de Jim, y a pesar de sus propias experiencias paranormales con los 
sueos y las criaturas que surgan de ellos, haba venido a la granja con la 
esperanza de encontrar respuestas lgicas a todo lo ocurrido. No tena idea de 
cules podan ser esas respuestas. Sin embargo, tena una fe secreta en el mtodo 
cientfico. Rigurosos procedimientos de investigacin combinados con un 
pensamiento meticuloso, podan conducirles a la verdad. Pero pareca que la lgica 
inductiva haba saltado por los aires. Se senta perturbada por la inclinacin de Jim 
hacia el misticismo, admitiendo que l haba contemplado desde el principio una 
explicacin ilgica, casi irracional, de los hechos sin molestarse en ocultarlo.
    Pero, Jim, cmo es posible que hayas olvidado algo tan extrao como este 
fenmeno?, cmo puedes haber olvidado lo que te ocurri aqu?
    En realidad no creo que lo olvidara. Creo que me obligaron a olvidarlo.
    Quin?
    Quienquiera que hizo sonar las piedras, el responsable de todos estos 
acontecimientos. Jim se dirigi hacia la puerta abierta. Vamos, hay que limpiar 
este lugar antes de que nos instalemos en l. Debemos estar preparados para lo 
que ocurra.
    Holly le sigui hasta los primeros peldaos de la escalera, pero se detuvo y 
observ a Jim bajarlos de dos en dos con el aire de un nio excitado ante la 
perspectiva de una ventura. Todos sus recelos acerca del molino y su miedo al 
enemigo parecan haberse evaporado como gotas de agua sobre una plancha 
incandescente. Su estado anmico haba alcanzado un optimismo desconocido 
hasta el momento.
    Sintiendo que haba algo sobre su cabeza, Holly levant la mirada. Una gran 
telaraa se hallaba sobre la puerta, all donde la curva de la pared se converta en 
techo. Una gruesa araa, con un cuerpo tan grande como la ua de un dedo y unas 
piernas tan largas como su dedo meique, grasienta como la cera y oscura como 
una gota de sangre, se estaba comiendo con avidez una polilla que se debata 
intilmente y que haba cado en su trampa.
    
    
    
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    Con la ayuda de una escoba, un recogedor, un cubo de agua, una fregona y 
unos trapos habilitaron la cmara superior. Jim incluso trajo algunas toallas de 
papel que haba guardadas en la casa junto a otros productos de limpieza, de 
forma que pudieron quitar la suciedad de las ventanas, permitiendo que entrara 
ms luz. Holly persigui y mat no slo a la araa que haba sobre la puerta, sino a 
siete ms; ilumin con la linterna los rincones ms oscuros hasta asegurarse de 
que las haba aniquilado a todas. Con toda probabilidad, en la parte de abajo del 
molino se deslizaban incontables araas. Holly decidi no pensar en ello.
    Alrededor de las seis el da empez a declinar, pero en la habitacin haba 
todava la luz suficiente como para no tener que utilizar el candil Coleman. Holly y 
Jim estaban sentados con las piernas cruzadas sobre los sacos de dormir, con la 
gran nevera porttil entre ellos. Empleando la tapa cerrada de sta a modo de 
mesa, hicieron sndwiches, abrieron las bolsas de patatas fritas y palitos de queso, 
as como las latas de cerveza. Aunque no haba almorzado, Holly no haba 
pensado en la comida hasta que empezaron a prepararla. Se senta ms 
hambrienta de lo que caba esperar en aquellas circunstancias. Todo era delicioso, 
digno del mejor restaurante. La barra de aceitunas y queso sobre el pan blanco, 
untado con mostaza, le recordaron el apetito de la niez, los intensos sabores y la 
olvidada sensualidad inocente de sus aos infantiles.
    Mientras coman apenas hablaron. Los silencios no les incomodaban, y 
saboreaban de tal forma la comida que ninguna conversacin podra haber 
mejorado el momento. Pero haba otros motivos por los que permanecer en 
silencio. En cuanto a Holly, se senta incapaz de decir algo en aquellas extraas 
circunstancias, sentada en la estancia superior de un viejo y desmoronado molino, 
a la espera de un encuentro con algo sobrenatural. Ninguna conversacin banal 
pareca adecuada para aquellos momentos, y una discusin seria acerca de cual-
quier tema resultaba absurda.
    Me siento estpida dijo Holly finalmente.
    Creo que yo tambin admiti Jim.
    A las siete, cuando abra la caja de donuts cubiertos de chocolate, Holly advirti 
que en el molino no haba cuarto de bao.
     Dnde hay un aseo?
    Jim cogi el llavero del suelo y se lo lanz a Holly.
    Ve a la casa. Las tuberas funcionan. Hay un cuarto de bao medio acabado 
en el lado derecho de la cocina.
    Holly advirti que la habitacin estaba sumida en la penumbra, y cuando mir 
por la ventana vio que el crepsculo haba empezado. Dejando los donuts a un 
lado dijo:
    Me gustara ir all a toda prisa y estar de vuelta antes de que oscureciera.
    Adelante dijo Jim levantando una mano como si prestara juramento a la 
bandera. Juro por lo ms sagrado que al menos te dejar un donut.
    Mejor que cuando vuelva an quede media caja respondi Holly, o de 
una patada en el trasero te mandar a Svenborg para que compres ms.
    Veo que tomas tus donuts completamente en serio.
    As es, por supuesto.
    Jim sonri.
    Me gusta eso en una mujer.
    Cogiendo una linterna para alumbrarse en la parte inferior del molino, Holly se 
levant y se dirigi hacia la puerta.
    Ser mejor que enciendas el Coleman le dijo a Jim.
    Claro. Cuando ests de vuelta, esto se habr convertido en un agradable 
campamento.
    Al descender por la escalera, Holly empez a preocuparse ante la idea de 
separarse de Jim, y peldao a peldao su ansiedad creci. No tena miedo a estar 
sola. Lo que le preocupaba era abandonarle, lo cual era ridculo. Jim era un hombre 
adulto con una capacidad de defensa mayor de lo corriente.
    La parte inferior del molino estaba mucho ms oscura que cuando la vio por 
primera vez. Las sucias ventanas, cubiertas de telaraas, apenas permitan el paso 
de la dbil luz del anochecer.
    Al dirigirse hacia la entrada de la antecmara tuvo la inquietante sensacin de 
ser observada. Saba que estaban solos en el molino, y se reprendi a s misma 
por ser tan insegura. Cuando lleg a la salida, su aprensin haba crecido de tal 
manera que no pudo reprimir el impulso de girarse y alumbrar la habitacin que 
haba tras ella. Las sombras cubran la maquinaria tenebrosamente como en una 
casa encantada de feria. Holly ilumin cada rincn, pero no vio nada oculto. Sin 
embargo, alguien poda esconderse en cualquier parte del molino, y Holly 
consider la posibilidad de recorrer las ruinas en busca de un intruso.
    De pronto se sinti estpida, asustadiza. Mientras abandonaba el molino se 
pregunt qu haba sido de la intrpida reportera.
    El sol estaba tras las montaas. El cielo era prpura y tena un profundo azul 
iridiscente semejante al de los cuadros de Maxfield Parrish. Unos cuantos sapos 
croaban desde sus oscuros escondites a lo largo de la charca.
    Borde el agua, pas junto al granero y se dirigi hacia la puerta trasera de la 
casa, sin que la abandonara la sensacin de ser observada. Sin embargo, a pesar 
de que era posible que alguien se ocultara en el molino, no era probable que un 
batalln de espas se hubieran pertrechado en el granero, los campos 
circundantes, y las distantes colinas con la intencin de observar cada movimiento 
de Holly.
     Idiota! se dijo a s misma al tiempo que utilizaba las llaves de Jim para 
abrir la puerta trasera.
    Aunque tena la linterna, encendi el interruptor de la luz inconscientemente. 
Se sorprendi al descubrir que la electricidad todava estaba conectada.
    Sin embargo, se sinti an ms sorprendida por lo que la luz revel: una cocina 
completamente amueblada. Una mesa y cuatro sillas estaban situadas junto a la 
ventana. Pucheros y cazos de cobre colgaban de un accesorio del techo, y un es-
tante doble con cuchillos y otros utensilios colgaban de la pared cerca de la cocina. 
Una tostadora, un horno y una batidora reposaban sobre unos anaqueles. Haba 
una lista de la compra de quince artculos sujeta al frigorfico mediante un imn con 
la forma de una lata de Budweiser.
    Acaso Jim no se haba desprendido de las pertenencias de sus abuelos 
cuando stos murieron cinco aos atrs?
    Holly recorri con el dedo uno de los anaqueles, dibujando una lnea en la fina 
capa de polvo. El polvo acumulado no tena ms de tres meses.
    Despus de utilizar el cuarto de bao adyacente a la cocina, recorri el pasillo y 
pas a travs del comedor y la sala de estar, donde el mobiliario tambin estaba 
cubierto por una ligera capa de polvo. Algunos cuadros colgaban torcidos de la 
pared. Tapetes de ganchillo cubran los respaldos y brazos de los sillones. El alto 
carilln llevaba mucho tiempo sin funcionar. En la sala de estar encontr una 
estantera atestada de revistas, y en el interior de una vitrina de caoba, algunos 
objetos brillaban tenuemente bajo la fina capa de polvo que los recubra.
    El primer pensamiento de Holly fue que Jim haba dejado la casa amueblada 
para poder alquilarla mientras buscaba un comprador. Sin embargo, de una de las 
paredes de la sala de estar colgaban unas fotografas enmarcadas de 8 por 10 
centmetros que no habran sido abandonadas a merced de un inquilino: el padre 
de Jim a los veintin aos; el padre y la madre de Jim vestidos con sus trajes de 
boda; Jim a los cinco o seis aos, con sus padres...
    La cuarta y ltima fotografa era un retrato en el que aparecan los rostros de 
una pareja de agradable aspecto que tendran cincuenta y tantos aos. El hombre 
era fornido, con rasgos vigorosos, inconfundiblemente Ironheart; la mujer tena una 
belleza masculina, y los rasgos de su rostro tambin podan observarse en Jim y su 
padre. Holly no tuvo ninguna duda de que eran los abuelos paternos de Jim: Lena y 
Henry Ironheart.
    Lena Ironheart era la mujer cuyo cuerpo habit Holly en el sueo de la pasada 
noche. Reconoci su ancho rostro, despejado, sus ojos separados, sus labios 
gruesos, su cabello rizado y un pequeo lunar en la mejilla izquierda.
    Aunque Holly haba descrito aquella mujer detalladamente, Jim no la haba 
reconocido. Tal vez no considerara que tuviera los ojos separados, o que sus labios 
fueran gruesos quiz su cabello natural no era rizado, sino liso. No obstante, Jim 
tendra que haber recordado aquel lunar inconfundible incluso despus de cinco 
aos tras la muerte de su abuela.
    La sensacin de ser observada la acompa al entrar en la casa. Cuando 
contempl el rostro de Lena Ironheart en la fotografa, se sinti an ms observada. 
Holly se dio la vuelta bruscamente y recorri la sala de estar con la mirada.
    Estaba sola.
    Se dirigi presurosamente hacia el umbral y cruz el vestbulo. No haba nadie.
    Una escalera de caoba oscura conduca al segundo piso. El polvo que cubra la 
barandilla y la pilastra de la escalera se hallaba intacto: ni rastro de huellas 
digitales.
    Elevando la mirada hacia el primer rellano, Holly dijo:
    Hola?
    Su voz son extraa en medio de la casa vaca.
    Nadie le respondi. Vacilante, empez a subir la escalera.
    Quin hay ah? pregunt.
    Tan slo le respondi el silencio.
    Con el ceo fruncido se detuvo en el tercer peldao. Holly pos la mirada en el 
vestbulo y luego mir hacia arriba, hacia el rellano.
    El silencio era demasiado profundo, antinatural. Incluso en una casa desierta 
se oa siempre algn ruido, crujidos ocasionales, chasquidos de madera vieja al 
dilatarse o contraerse, el titileo de una ventana empujada por el viento. Sin 
embargo, la casa Ironheart se hallaba sumida en tal silencio que, de no ser por sus 
propias pisadas, Holly podra haber credo que se haba vuelto sorda.
    Subi dos peldaos ms. Volvi a detenerse.
    Todava se senta observada. Era como si la casa, viva y perceptiva, la 
observara con malvolo inters, como si poseyera un millar de ojos ocultos en las 
molduras de madera y en los dibujos del papel que recubra las paredes.
    En el rellano flotaban motas de polvo bajo los rayos de luz.
    Cuando se hallaba a cuatro peldaos del mismo, un poco ms abajo del 
segundo tramo de escalera que conduca al vestbulo, Holly se convenci de que 
algo la estaba aguardando en el segundo piso. No era necesariamente El Enemigo 
quien se encontraba all arriba, ni siquiera un ser vivo y hostil, pero s algo horrible 
cuyo descubrimiento la paralizara de terror. Su corazn lata con fuerza. Al tragar 
saliva Holly sinti un nudo en la garganta. Dio una bocanada de aire produciendo 
un sonido spero y sobrecogedor.
    La sensacin de ser observada y de hallarse al borde de una monstruosa 
revelacin se hizo tan agobiante que Holly se dio la vuelta y baj los peldaos 
aceleradamente. No huy atropelladamente de la casa, pero no se entretuvo. 
Volvi sobre sus pasos y apag las luces antes de marcharse.
    En el exterior el cielo era oscuro con tonos prpura all donde se encontraba 
con las montaas situadas en el Este, rojo prpura donde se una a las montaas 
del Oeste, y de un azul zafiro entre ambas. Los campos dorados y las colinas ha-
ban adquirido un ligero tono grisceo, tornndose gradualmente oscuro como si el 
fuego los hubiera abrasado mientras ella permaneca en la casa.
    Mientras atravesaba el patio y pasaba ante el granero, la conviccin de que era 
observada se intensific una vez ms. Mir con aprensin hacia las ventanas del 
granero situadas a cada lado de las grandes puertas de color rojo. Era una sensa-
cin sobrecogedora, de tal poder primitivo que trascenda el mero instinto. Holly se 
sinti como un conejo de Indias en un experimento de laboratorio, con cables 
conectados a su cerebro y los cientficos lanzando descargas elctricas para 
controlar su reaccin. Holly nunca haba sentido nada igual. Saba que se 
balanceaba en el fino borde del pnico, y luch por mantener el control.
    Para cuando alcanz el sendero cubierto de gravilla que bordeaba la charca, 
Holly estaba corriendo. Sostena la linterna apagada como si fuera una porra, 
preparada para golpear cualquier cosa que se precipitara sobre ella.
    Las campanas sonaron. Incluso por encima de su frentica respiracin oy las 
vibraciones puras y cristalinas de los badajos golpeando con rapidez unas 
campanas perfectamente afinadas.
    Por un instante se sinti asombrada de que aquel fenmeno fuera audible ms 
all del interior del molino, sobre todo porque entre el edificio y ella se interpona la 
mitad del camino que rodeaba la charca. De pronto, antes de que cesaran los 
primeros taidos, una luz parpade cerca de donde se encontraba. Holly apart la 
mirada del molino desvindola hacia el agua.
    Unos destellos rojos como la sangre formaban crculos concntricos en el 
centro de la charca, como si hubiera tirado una piedra al agua. Aquello hizo que 
Holly diera un traspi; casi cay de rodillas mientras la gravilla rodaba bajo sus 
pies.
    Cuando las campanas se sumieron en el silencio, la luz carmes de la charca 
se apag de inmediato. El agua era mucho ms oscura que por la tarde. Ya no 
tena aquellos sombros tonos color pizarra, sino que era tan negra como un pulido 
trozo de obsidiana.
    Las campanas sonaron de nuevo, y la luz carmes destell en el corazn de la 
charca expandindose. Holly advirti que cada destello de luz no naca en la 
superficie del agua sino en sus profundidades, refulgiendo como una bombilla 
incandescente y arrojando olas de luz hacia la orilla.
    El taido ces y el agua se oscureci.
    Los sapos haban dejado de croar. El siempre murmurante mundo de la 
naturaleza se haba sumido en el mismo silencio que la casa Ironheart. Ningn 
aullido de coyote, ningn chirrido de insecto, ningn ulular de bho, ningn chillido 
de murcilago..., nada.
    Las campanas sonaron de nuevo y la luz volvi, pero esta vez era de un rojo 
anaranjado, ms brillante que antes. Al borde del agua, los plumosos racimos de 
pampas se impregnaron del curioso resplandor y brillaron como llamas de gas iri-
discente.
    Algo se elevaba desde el fondo de la charca...
    Cuando la palpitante luminosidad se desvaneci al cesar de nuevo el taido de 
las campanas, el miedo y el asombro se apoderaron de Holly, sintindose incapaz 
de moverse aunque saba que deba salir de all.
    Ms  taidos... Nueva luz anaranjada ms brillante  que nunca.
    Holly rompi las cadenas del miedo y se alej corriendo hacia el molino.
    La luz palpitante iluminaba la amenazante oscuridad por todas partes. Las 
sombras saltaban rtmicamente, como apaches en torno a una hoguera celebrando 
una danza guerrera. Ms all de la verja, tallos marchitos de maz se erizaban imi-
tando las repulsivas patas de una mantis religiosa. El molino de piedra pareca 
estar a punto de convertirse mgicamente en cobre, e incluso oro.
    El sonido de las campanas ces y la luz se apag cuando Holly alcanz la 
puerta abierta del molino.
    Cruz corriendo el umbral y se detuvo en medio de la oscuridad, en el borde de 
la cmara inferior. No se filtraba ninguna luz a travs de las ventanas. Mientras 
trataba de encender la linterna not que le faltaba el aire, como si la oscuridad 
hubiera inundado sus pulmones.
    La linterna se encendi al tiempo que las campanas sonaban de nuevo. Holly 
dirigi el haz de luz a travs de la habitacin para comprobar que nada se ocultaba 
en la penumbra. Luego encontr la escalera a su izquierda y se apresur a subir a 
la habitacin de arriba.
    Cuando lleg hasta la ventana, Holly apoy su rostro contra el cristal que antes 
haba limpiado con la mano. El claro de luz ondulante todava brillaba en la charca, 
esta vez de color mbar.
    Mientras llamaba a Jim, Holly subi los peldaos que quedaban.
    De pronto record un viejo poema de Edgar Alian Poe que estudi en la 
escuela secundaria:
    
               Reteniendo el tiempo, tiempo, tiempo, 
               Es una especie de rima rnica, 
               En el tintineo que tan musicalmente fluye
               De las campanas, campanas, campanas, campanas, 
               Campanas, campanas, campanas...
    
    Irrumpi en la habitacin. Jim se hallaba envuelto en un suave resplandor 
blanco que despeda el quinqu Coleman.
    Jim estaba sonriendo al tiempo que giraba la cabeza en sentido circular y 
miraba expectante las paredes que le rodeaban. Cuando las campanas cesaron, 
ella dijo:
     Jim, ven aqu, rpido, hay algo en el lago!
    Holly corri hacia la ventana ms cercana, pero desde all no poda ver el agua 
de la charca. Las otras dos ventanas se alejaban an ms del ngulo visual 
deseado, as que Holly ni siquiera trat de mirar por ellas.
     El taido en las paredes... dijo Jim como si estuviera soando.
    Holly regres a lo alto de la escalera cuando las campanas empezaron a sonar 
de nuevo. Entonces se detuvo y mir hacia atrs el tiempo suficiente para 
asegurarse de que Jim la segua, ya que pareca aturdido.
    Mientras descenda velozmente por la escalera, Holly oy ms versos de Poe 
reverberando en su mente:
    
    Od los fuertes taidos de las campanas.
    Campanas de latn!
    Qu historia de terror, ahora, su turbulencia narra!
    
    Nunca haba sido el tipo de mujer que recordaba versos apropiados en el 
momento apropiado. No recordaba haber citado un solo verso, ni tan siquiera haber 
ledo alguno desde la universidad, con excepcin del terrible poema de Louise 
Tarvohl.
    Cuando lleg a la ventana, Holly limpi frenticamente el rectngulo de cristal 
con la palma de la mano para que pudieran ver el espectculo que haba abajo. Vio 
que la luz volva a ser de color rojo oscuro, como si lo que anteriormente haba 
subido a la superficie se estuviera sumergiendo de nuevo.
    
    Oh, las campanas, las campanas, las campanas! 
    Qu historia su terror narra...
    
    Le resultaba absurdo el hecho de recitar mentalmente un poema en medio de 
aquellos terrorficos y extraordinarios acontecimientos, pero nunca antes se haba 
encontrado bajo aquella tensin. Quiz la mente operaba de ese modo cuando se 
encontraba frente a un poder superior: recuperando antiguos conocimientos 
olvidados. Holly senta que iba a encontrarse con un poder superior, quiz Dios, 
aunque pareca poco probable. No crea realmente que Dios pudiera vivir en el 
fondo de una charca, aunque cualquier ministro de la iglesia o sacerdote, habra 
dicho que se hallaba en todas partes, en todas las cosas.
    En el momento en que Jim lleg hasta ella las campanas cesaron y la luz 
prpura de la charca se desvaneci rpidamente. Jim apoy su rostro contra el 
cristal.
    Esperaron...
    Pasaron dos segundos. Luego otros dos.
     No!   exclam Holly.  Maldita sea,  quera que lo vieras!
    Pero el taido no continu, y la charca permaneci oscura en medio del 
progresivo crepsculo. La noche caera en pocos minutos.
     Qu era eso? pregunt Jim, apartndose de la ventana. Algo parecido 
a una pelcula de Spielberg respondi Holly con excitacin. Algo emergiendo del 
agua, desde la profundidad de la charca; un juego de luces encendindose al 
comps de las campanas. Creo que eso es lo que origina los taidos, esa cosa de 
la charca, y de algn modo lo transmite a travs de las paredes del molino.
     Una pelcula de Spielberg?
    Jim pareca atnito. Holly trat de explicrselo:
     Es maravilloso y terrorfico a la vez, impresionante y extrao, espantoso y 
excitante. No s cmo explicarlo, Jim.
    Quieres decir algo como Encuentros en la tercera fase} Te refieres a una 
nave espacial o algo parecido?
    S. Bueno, no exactamente. No estoy segura. No lo s. Quiz sea an ms 
extrao.
     Ms extrao que una nave espacial?
    El asombro, e incluso el miedo que senta Holly dieron paso a la frustracin. No 
estaba acostumbrada a verse desposeda de palabras para describir cosas que 
haba visto o sentido. Pero con Jim Ironheart y sus incomparables experiencias, el 
sofisticado vocabulario de Holly y su talento descriptivo fallaban irremisiblemente.
     Mierda, s! dijo Holly al fin. Ms extrao que una nave espacial. Al 
menos ms extrao que las que solemos ver en las pelculas.
    Vamos dijo l de nuevo en la escalera, regresemos arriba. Holly sigui 
junto a la ventana, Jim volvi a su lado y le cogi una mano. No ha terminado 
todava. Creo que slo est empezando. Y el lugar en que debemos estar es la 
habitacin de arriba. S que es el lugar. Vamos, Holly.
    
    
    
    5
    
    
    Se sentaron de nuevo en los sacos de dormir con colchn hinchable.
    El quinqu proyectaba un resplandor que blanqueaba los bloques amarillentos 
de piedra caliza. En el interior cristalino del quinqu el gas arda con un dbil siseo, 
de forma que pareca como si unas voces susurrantes se elevaran a partir del suelo 
de madera.
    Jim se hallaba en el punto lgido de su alteracin emocional y receptiva, y esta 
vez Holly estaba junto a l. La luz de la charca la haba aterrorizado, pero tambin 
la haba afectado psicolgicamente, motivando profundas respuestas incons-
cientes. Holly se senta esperanzada y fascinada en medio de un arrebato de fe y 
catarsis emocional.
    Haba aceptado que Jim no era la nica persona con problemas en aquella 
habitacin. El alma de Jim poda debatirse en una agitacin mayor que la de Holly, 
pero en todo caso ella estaba tan vaca como l. Cuando se encontraron en 
Portland, ella era una cnica consumada que se mova por la vida sin preocuparse 
por los espacios vacos de su corazn. Holly no haba pasado por la tragedia y el 
dolor que Jim haba sufrido, pero se daba cuenta de que una vida carente de 
tragedia y alegra tambin poda desembocar en la desesperacin. El paso de los 
das, semanas, y aos en pos de metas intrascendentes, sin motivaciones 
aparentes, sin tener a nadie en quien confiar haban hecho que su alma se 
consumiera hasta marchitarse. Ella y Jim eran como dos piezas de un puzzle, 
diseados para llenar el vaco del otro, reconfortndose mutuamente por el hecho 
de estar juntos. Se adaptaban de forma sorprendente, y su unin pareca 
inevitable; pero el puzzle quiz nunca se habra resuelto si las dos mitades no se 
hubieran encontrado en el mismo lugar y al mismo tiempo.
    Holly esperaba con nerviosa agitacin el contacto con el poder superior que 
haba llevado a Jim hasta ella. Estaba preparada para el encuentro con Dios o algo 
igualmente benigno. No crea que lo que haba visto en la charca fuera el enemigo. 
Aquella criatura no era parte de l, tena alguna conexin pero era distinta. Aunque 
Jim no le hubiera dicho que algo bondadoso y positivo se acercaba, ella habra 
llegado a percibir que la luz de la charca y el sonido de las piedras no anunciaban 
muerte y sangre sino xtasis.
    Al principio hablaron de forma concisa, temerosos de que una conversacin 
voluble pudiera inhibir aquel poder superior a iniciar el siguiente contacto.
    Cunto tiempo hace que existe la charca?
    Mucho tiempo.
     Antes de los Ironheart? S.
     Antes de que construyeran la granja? Seguramente s.
    Tal vez ha estado aqu desde siempre. Tal vez.
     Hay alguna leyenda local sobre ella? Qu quieres decir?
    Historias de fantasmas. Ya sabes..., el lago Ness y cosas de ese tipo.
    No. No que yo sepa. Permanecieron en silencio. A la espera. Finalmente, 
Holly pregunt: Cul es tu teora?
     A qu te refieres?
    Antes dijiste que tenas una teora, algo extrao y maravilloso, pero que no 
queras hablar de ello hasta estar seguro.
    Ah, s! Ahora quiz sea algo ms que una teora. Cuando dijiste que en tu 
sueo habas visto algo bajo la charca... bien, no s por qu, pero empec a 
pensar en un encuentro...
    Encuentro?
    S. Lo que t dijiste. Algo sobrenatural.
    Algo ajeno a este mundo murmur Holly recordando el sonido de las 
campanas y la luz de la charca.
     Estn en alguna parte del universo dijo Jim con contenido entusiasmo  . 
Algn da vendrn y alguien se encontrar con ellos. As que, por qu no 
podemos ser nosotros?
    Quizs estaban bajo la charca cuando tenas diez aos.
    Quiz.
    Por qu habran estado all todo ese tiempo?
    No lo s. Quizs han estado all mucho ms tiempo: cientos de aos, o tal 
vez miles.
    Pero por qu tiene que estar una nave espacial en el fondo de una charca?
     Quiz sea una estacin de observacin desde la que investigar la 
civilizacin humana, como un centro de investigacin instalado en la Antrtida para 
estudiar lo que hay all.
    Holly se dio cuenta de que su conversacin pareca la de  unos nios que se 
sientan bajo las estrellas en una noche de verano atrados, como todos los nios, 
por la contemplacin de lo desconocido y las fantasas de aventuras exticas. Por 
otro lado, encontraba sus absurdas reflexiones incluso i crebles, y era incapaz de 
creer que los recientes acontecimientos tuvieran aquella sencilla y fantstica 
explicacin. Sin embargo, una parte infantil de s misma deseaba desesperada|   
mente que aquella fantasa se hiciera realidad.
    Pasaron veinte minutos sin que sucediera nada nuevo, y Holly, gradualmente, 
empez a descender de la cumbre de excitacin a la que las luces de la charca la 
haban catapultado. Todava inundada por un sentimiento de asombro, aunque ya 
no se senta mentalmente aturdida por l, record lo que le haba ocurrido antes de 
que tuviera lugar la aparicin de la radiante presencia en la charca: la abrumadora 
y sobrenatural sensacin, que casi la haba llevado al borde del pnico, de ser 
observada. Estaba a punto de mencionrselo a Jim cuando record las dems 
cosas extraas que haba encontrado en la casa.
    La casa est completamente amueblada dijo Holly. No la vaciaste 
despus de morir tu abuelo.
    La dej amueblada por si poda alquilarla mientras buscaba un comprador.
    Aqullas eran, virtualmente, las mismas palabras que Holly utiliz para explicar 
aquella curiosa situacin.
    Pero dejaste all todas tus pertenencias personales.
    Jim no la mir a ella, sino a las paredes, en espera de alguna seal que 
indicara la presencia de algo sobrehumano.
    Me habra llevado las cosas en el supuesto de que hubiera encontrado un 
inquilino.
     Las has dejado all durante cinco aos? Jim se encogi de hombros.
    Han limpiado la casa regularmente desde entonces dijo Holly, aunque no 
recientemente.
     En cualquier momento poda aparecer alguien que quisiera alquilarla.
     Ese lugar es un poco extrao, Jim. Finalmente, Jim pos su mirada en Holly.
     Por qu?
    Es como un mausoleo.
    Los ojos de Jim permanecieron impenetrables, pero Holly tuvo la sensacin de 
que le haba molestado. Quizs aquella mundana conversacin acerca de 
inquilinos, limpieza y alquileres le estaba apartando de la meditacin acerca de 
encuentros sobrenaturales.
    Jim emiti un suspiro y dijo:
     S, es extrao, lo reconozco. Entonces, por qu...?
    Lentamente, Jim gir la vlvula del quinqu, reduciendo al mnimo la llama de 
gas. La intensa luz blanca se transform en un plido resplandor lunar, y las 
sombras se agrandaron.
    Sinceramente, me senta incapaz de empaquetar las pertenencias de mi 
abuelo. l y yo habamos guardado las cosas de mi abuela ocho meses antes de 
que l muriera y aquello fue realmente duro. Por eso, cuando l muri poco tiempo 
despus, no pude hacerlo. Mis abuelos eran prcticamente lo nico que tena, y de 
pronto los perd.
    Una expresin torturada ensombreci el azul de sus ojos.
    Una oleada de comprensin inund a Holly, alarg su mano por encima de la 
nevera porttil y cogi la de Jim.
    Me senta indeciso, y cuanto ms postergaba la decisin de recoger sus 
cosas ms difcil se me haca. Volvi a suspirar. Si hubiera encontrado un 
inquilino o un comprador me hubiera obligado a ordenar las cosas, por muy 
desagradable que fuera el trabajo. Pero esta vieja granja es tan rentable como una 
carga de arena en medio del desierto de Mojave.
    Cerrar la casa tras la muerte de su abuelo, dejarlo todo intacto durante cuatro 
aos y cuatro meses, limitndose a limpiarla de vez en cuando era algo excntrico. 
Holly no poda verlo de otra forma. Al mismo tiempo, era una excentricidad 
conmovedora. Como ella haba percibido desde el principio, tras el furioso hroe de 
acero se esconda un hombre bueno, y a Holly le gustaba aquella parte bondadosa.
    Lo haremos juntos dijo Holly. Cuando hayamos aclarado qu demonios 
est ocurriendo, adondequiera que vayamos y pase lo que pase a partir de ahora, 
siempre tendremos tiempo para recoger las cosas de tu abuelo. No ser tan difcil 
si lo hacemos juntos.
    Jim le dirigi una sonrisa y apret su mano.
    Holly record algo ms.
    Jim, recuerdas la descripcin que te hice de la mujer con la que so ayer 
noche, la mujer que suba la escalera del molino?
    Ms o menos.
    Dijiste que no la reconocas.
     De veras?
    Hay una fotografa de ella en la casa.
    Dnde?
    En el saln. Me refiero a la fotografa de una pareja de unos cincuenta aos. 
Son tus abuelos, Lena y Henry, verdad?
    S. As es.
    Lena era la mujer de mi sueo.
    Jim frunci el ceo.
     Qu extrao.
     Bien, quiz. Pero lo ms extrao es que t no la reconocieras.
    Supongo que tu descripcin no fue lo bastante buena.
    Pero ni siquiera recuerdas el detalle del lunar.
    Los ojos de Jim se entrecerraron y apret con fuerza la mano de Holly.
    Rpido, los cuadernos.
    Holly, confundida, pregunt:
    Qu?
    Est a punto de ocurrir algo, seguro. Necesitamos los cuadernos que 
compramos en El Centro.
    Jim solt su mano, y Holly cogi los dos cuadernos amarillos apaisados y los 
rotuladores que haba dentro de la bolsa de plstico junto a ella. Jim los cogi, 
vacil, mir las paredes y las sombras proyectadas sobre ellas, como si esperara 
que le dijeran lo que tena que hacer a continuacin.
    Las campanas sonaron.
    
    
    Aquel tintineo musical produjo un escalofro en Jim. Saba que estaba a punto 
de descubrir el significado no slo de los acontecimientos que haban tenido lugar 
en el ltimo ao, sino de las dos dcadas y media pasadas tal vez incluso ms, 
mucho ms. El taido de las campanas anunciaba la revelacin de un 
entendimiento superior, de verdades trascendentales, una explicacin del sentido 
fundamental de toda su vida sus orgenes y su destino y el significado de la 
existencia misma. Jim senta que los secretos de la creacin le iban a ser revelados 
antes de abandonar el molino, que iba a alcanzar aquel estado de sabidura que 
haba buscado intilmente en muchas religiones.
    Cuando el pequeo taido empez, Holly se levant.
    Jim crey que quera bajar hasta la ventana situada en la escalera para ver 
desde all la charca.
    No, espera le dijo Jim. Esta vez va a ocurrir aqu.
    Holly vacil y volvi a sentarse.
    Cuando el sonido de las campanas ces, Jim se sinti obligado a retirar la 
nevera porttil de su lugar y poner en el suelo, entre Holly y l, uno de los 
cuadernos amarillos. No estaba seguro de lo que se esperaba que hiciera con el 
otro cuaderno y el bolgrafo, pero tras un momento de indecisin, los sostuvo en la 
mano.
    Cuando el meldico taido son por tercera vez, un extrao destello de luz en 
el interior de las paredes lo acompa. El rojo resplandor pareca surgir del interior 
de la piedra que haba justo frente a ellos, luego de pronto se extendi por la 
habitacin, envolvindoles en una franja palpitante de luminosidad.
    Cuando aquella extraa luz les envolvi, Holly emiti un sonido de terror, y Jim 
record lo que ella le haba contado del sueo anterior. La mujer fuera o no su 
abuela haba subido la escalera hasta la cmara superior, haba visto una 
emanacin mbar dentro de las paredes, como si el molino estuviera hecho de 
cristal coloreado, y haba presenciado cmo algo inimaginablemente hostil surga 
de los bloques de piedra.
    No pasa nada se apresur a calmarla Jim. No es El Enemigo. Es otra 
cosa. Aqu no hay ningn peligro. Es otro tipo de luz.
    Estaba compartiendo con ella la tranquilidad que flua en l a travs de un 
poder superior. Esperaba no equivocarse, que no hubiera ninguna amenaza, ya 
que recordaba la horrible transformacin biolgica en el techo de su propia 
habitacin en Laguna Hills doce horas atrs. La luz haba palpitado en aquella 
membrana grasienta surgida de la pared, con una forma oscura agitndose y 
removindose en su interior. Jim deseaba no volver a contemplar jams aquello.
    Durante dos sucesiones ms de meldicos taidos, el color de la pared cambi 
a mbar. Pero de ningn modo se pareca al amenazante resplandor del techo de 
su habitacin, que tena otro tono de mbar como el amarillo repugnante de la 
materia en descomposicin y que titilaba en concordancia con un siniestro latido 
que en el molino no se oa.
    Holly, no obstante, pareca asustada.
    Jim dese haber podido estar ms cerca, rodearla con su brazo. Pero 
necesitaba de toda su atencin para el poder superior que luchaba por aproximarse 
a l.
    Los taidos cesaron, pero la luz no se desvaneci. Parpade, brill, se 
oscureci y resplandeci. Se mova a travs de la pared oscura creando formas 
que parecan amebas, fluyendo juntas y separndose para dar paso a nuevas 
formas; era como la representacin unidimensional del calidoscopio que se vea en 
las viejas linternas Lava. Las cambiantes formas brillaban por todas partes, desde 
la base de la pared hasta el vrtice del abovedado techo.
    Me siento como si estuviera en una batisfera de cristal, suspendida en la 
profundidad del ocano dijo Holly. Como si flotaran grandes bancos de peces 
luminiscentes, elevndose y rodendonos a travs del agua oscura y profunda.
    Jim admir la capacidad descriptiva de Holly, el acierto de cada palabra 
utilizada, y que le permitiran recordar para siempre las imgenes descritas.
    Sin duda alguna, la fantasmal luminosidad se hallaba en el interior de la piedra, 
no solamente en la superficie. Poda ver el interior de aquella sustancia translcida, 
como si por un proceso alqumico se hubiera transformado en un oscuro, aunque 
ntido cuarzo. Aquel resplandor mbar iluminaba la habitacin ms que el quinqu, 
que Jim haba reducido al mnimo. Las manos de Jim parecan doradas, al igual 
que el rostro de Holly.
    Pero haba espacios oscuros, y el movimiento constante de la luz tambin 
animaba las sombras.
    Qu hacemos ahora? pregunt Holly quedamente.
    Jim advirti que algo le haba ocurrido al cuaderno amarillo que yaca en el 
suelo entre ellos.
    Mira!
    En la parte superior de la primera pgina haban aparecido unas palabras. 
Parecan haber sido formadas por un dedo impregnado en tinta: ESTOY CON 
VOSOTROS.
    
    
    
    6
    
    
    Holly estaba poco menos que extasiada ante aquel espectculo de luz, pero no 
crea que Jim se hubiera podido inclinar sobre el cuaderno y escribir las palabras 
con el rotulador u otro instrumento sin llamar su atencin. No obstante, le costaba 
creer que una presencia incorprea les hubiera mandado un mensaje.
     Creo que se nos anima a que hagamos preguntas dijo Jim.
    Entonces pregntale quin es respondi Holly de inmediato.
    Jim escribi la pregunta en el segundo cuaderno que sostena y se la mostr a 
Holly: Quin eres?.
    Mientras observaban, la respuesta apareci en el primer cuaderno, que yaca 
entre ellos y se hallaba en un ngulo que les permita leer a ambos. Las palabras 
no aparecan grabadas en el papel ni se formaban con tinta que goteara desde el 
techo. En lugar de eso, las letras irregulares y vacilantes, de un tono grisceo que 
se oscureca poco a poco, emergan en la superficie del papel, como si la pgina, 
en vez de tener un milmetro de grosor, fuera un estanque de muchos metros de 
profundidad. Holly advirti de inmediato que aquel efecto era similar al que haba 
observado en la charca cuando la luz se elevaba desde el centro y proyectaba 
crculos concntricos de luminosidad hacia los bordes; de ese mismo modo la luz 
haba emergido en las paredes de piedra caliza antes de que los bloques se 
volvieran totalmente translcidos.
    EL AMIGO.
    Era una extraa descripcin, no tu amigo o un amigo, sino El Amigo.
    Para una inteligencia sobrenatural, si de ello se trataba, el nombre posea 
curiosas implicaciones espirituales, connotaciones divinas. Los hombres haban 
dado a Dios muchos nombres Jehov, Al, Brahma, Zeus, Aesir pero an ms 
denominaciones. Dios era El Todopoderoso, El Ser Eterno, El Infinito, El Padre, El 
Salvador, El Creador, La Luz... El Amigo pareca encajar bien en aquella lista.
    Jim escribi rpidamente otra pregunta y se la mostr a Holly:
    De dnde vienes?
    DE OTRO MUNDO.
    Lo que implicaba cualquier sitio desde el cielo a Marte.
    Quieres decir de otro planeta?, escribi Jim.
    S.
    Dios mo exclam Holly asustada.
    Holly levant la vista del cuaderno y se encontr con la mirada de Jim. Sus ojos 
parecan brillar ms que nunca, envueltos en una luz amarillenta que les confera 
un excepcional tono verde.
    Movida por la agitacin, Holly se puso de rodillas, luego se acomod 
sentndose sobre sus pantorrillas. La primera pgina del cuaderno se haba 
llenado con las respuestas de aquella entidad. Holly las observ brevemente, 
arranc la pgina y la dej a un lado, de forma que pudieran observar la siguiente 
pgina. Holly mir hacia delante y hacia atrs repartiendo su atencin entre las 
preguntas de Jim y la rpida aparicin de las respuestas:
    De otro sistema solar?
    S.
    De otra galaxia?
    S.
    Es tu nave lo que vimos en la charca?
    S.
    Cunto tiempo llevas all?
    10.000 ANOS.
    Al contemplar aquella cifra, a Holly le pareci que aquel momento era ms 
similar a un sueo que algunos de sus sueos recientes. Despus de tanto 
esperar, all estaban las respuestas, que parecan aflorar demasiado fcilmente. No 
saba lo que esperaba, pero no haba imaginado que las tinieblas en las que se 
hallaban inmersos se despejaran con la misma rapidez que si una gota de 
detergente csmico hubiera cado sobre ellas.
    Pregntale qu hace ella aqu dijo Holly al tiempo que arrancaba la 
segunda pgina y la colocaba junto a la primera.
    Jim se sorprendi.
    Ella?
    Por qu no?
    La cara de Jim se ilumin.
     Por qu no? dijo secundando a Holly.
    Jim gir una nueva pgina de su cuaderno y escribi la pregunta sugerida por 
Holly:
    Por qu ests aqu?
    La respuesta emergi a travs del papel hacia la superficie:
    PARA OBSERVAR, ESTUDIAR Y AYUDAR A LA RAZA HUMANA.
     Sabes a qu me recuerda eso? dijo Holly. A qu?
    A un episodio de Ms all de los lmites de la realidad.
     El viejo programa de la televisin? S.
     No lo emitan antes de que t nacieras?
     S, ahora lo emiten por cable.
     Qu quieres decir con que te recuerda a un episodio de Ms all de los 
lmites de la realidad?
    Holly observ con el ceo fruncido las palabras PARA OBSERVAR, 
ESTUDIAR Y AYUDAR A LA RAZA HUMANA, y dijo:
     No te parece un poco previsible?
    Previsible? Jim se irrit. No, no me lo parece. Porque no tengo la 
menor idea de lo que debe ser contactar con alguien de otro mundo. No tengo 
mucha experiencia en ello y, ciertamente, no tengo la experiencia suficiente como 
para albergar determinadas expectativas o sentirme harto de ello.
    Lo siento. No lo s, es slo que... De acuerdo, veamos a dnde nos lleva 
esto.
    Tena que admitir que se senta tan asustada como cuando haba aparecido la 
luz en las paredes. Su corazn lata rpido y con fuerza, y todava se senta 
incapaz de dar una profunda bocanada de aire. Segua sintiendo que se hallaban 
ante la presencia de algo sobrehumano, ante un poder superior, y se senta 
intimidada por ello. Considerando lo que haba visto en la charca, la palpitante luz 
que emerga a travs de las paredes y las palabras que continuaban surgiendo en 
el cuaderno, habra sido irremisiblemente estpida si no hubiera estado asustada.
    Sin embargo, su asombro haba ido descendiendo a medida que aquel eme 
estructuraba el encuentro como un viejo guin televisivo. Con un sarcstico tono de 
voz, Jim haba dicho que tena poca experiencia en encuentros con seres de otro 
mundo, que prefera no albergar falsas expectativas. Pero aquello no era cierto. 
Habiendo crecido en los aos sesenta y setenta, haba sufrido la misma saturacin 
que ella a travs de los medios de comunicacin en lo que se refera a encuentros 
con seres extraterrestres. Haban estado influenciados por los mismos programas 
de televisin y pelculas, por las mismas revistas y libros; la cienciaficcin haba 
tenido una gran influencia en la cultura popular de mucha gente. Jim haba 
adquirido expectativas muy detalladas de lo que deba ser el encuentro con un ente 
de otro mundo, y aquel ente de la pared las colmaba todas. En cuanto a Holly, 
estaba convencido de que un encuentro tal no tendra nada que ver con las 
fantasas que haban imaginado guionistas y novelistas, porque al referirse a la vida 
de otro planeta, un ente desconocido implicaba algo diferente que iba ms all de 
la fcil comparacin o comprensin.
     De acuerdo dijo Holly, quiz su objetivo es familiarizarse con nosotros. 
Quiero decir que quizs utilice nuestros mitos modernos como una forma de 
presentarse ante nosotros, una forma de comunicarse. Porque quiz sea tan 
radicalmente distinto de nosotros que jams podramos entender su verdadera 
naturaleza o apariencia.
     Exacto! dijo Jim, y escribi otra pregunta: Qu es esa luz que vemos 
en las paredes? ESA LUZ SOY YO.
    Holly no esper a que Jim escribiera la siguiente pregunta. Se dirigi al ente 
directamente:
     Cmo puedes moverte a travs de la pared? Debido a que el ente pareca 
guardar un claro rigor formal Holly se sinti sorprendida al ver que no insista en 
que las preguntas se hicieran por escrito. Le respondi de inmediato:
    PUEDO SER PARTE DE CUALQUIER COSA, MOVERME EN SU INTERIOR, 
ADQUIRIR CUALQUIER FORMA SIEMPRE QUE LO DESEE.
    Me suena a fanfarronada dijo Holly.
    No puedo creer que seas sarcstica en un momento como ste dijo Jim 
con impaciencia.
    No soy sarcstica respondi Holly. Slo trato de comprender.
    Jim pareca dubitativo.
    Entiendes los problemas que tengo con esto, verdad? dijo Holly 
dirigindose a aquel ente extrao.
    En el cuaderno apareci la palabra Sͻ.
    Holly arranc la pgina dejando al descubierto la siguiente. Con creciente 
nerviosismo, aunque sin saber muy bien a qu se deban, Holly se puso en pie y 
gir la cabeza, mirando el juego de luces de las paredes al tiempo que formulaba la 
siguiente pregunta:
     Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    En el cuaderno no apareci respuesta alguna.
    Holly repiti la pregunta.
    El cuaderno permaneci en blanco.
    Secreto profesional, imagino dijo Holly.
    Holly sinti cmo una gota de sudor fro resbalaba desde su axila derecha 
deslizndose bajo la blusa. Todava operaba en ella un asombro infantil, pero el 
temor creca de nuevo. Algo no iba bien. Algo que iba ms all de aquella historia 
estereotipada que aquel ente les estaba proporcionando. No saba exactamente 
qu era lo que la atemorizaba.
    En su propio cuaderno, Jim escribi otra pregunta, y Holly se inclin para leerla:
    Apareciste ante m en esta habitacin cuando yo tena diez aos?
    S. A MENUDO.
    Hiciste que lo olvidara?
    SI.
    No te molestes en escribir las preguntas dijo Holly. Hazlas directamente.
    Jim pareci realmente sorprendido ante aquella indicacin, y Holly se 
sorprendi de que persistiera con su cuaderno y bolgrafo despus de haber visto 
que las preguntas que ella haca en voz alta eran contestadas. Pareca reacio a 
dejar a un lado el cuaderno y el bolgrafo, pero finalmente lo hizo.
     Por qu me hicistes olvidar?
    Incluso de pie, Holly pudo leer sin dificultad las palabras que aparecan en el 
cuaderno amarillo:
    NO ESTABAS LISTO PARA RECORDAR.
     Es  innecesariamente  enigmtico   murmur  Holly. Tienes razn. Debe 
de ser un ente masculino.
    Jim arranc la pgina usada y la puso junto a las otras. Hizo una pausa, 
mordindose el labio. Era evidente que no saba qu preguntarle a continuacin. 
Finalmente dijo:
     Eres masculino o femenino? SOY MASCULINO.
    Lo ms probable dijo Holly es que no sea ninguna de las dos cosas. Es 
un ente de otro mundo, y quiz se reproduzca mediante partenognesis.
    SOY MASCULINO, repiti de nuevo.
    Jim permaneca sentado, con las piernas cruzadas, con la misma mirada de 
asombro en su rostro, resultando ms infantil que nunca.
    Holly no comprenda por qu su ansiedad se agudizaba mientras Jim 
continuaba saltando de entusiasmo y deleite.
     Cmo eres? pregunt Jim. PUEDO SER COMO QUIERA.
     Puedes aparecer ante nosotros con la apariencia de un hombre o una 
mujer? pregunt Jim.
    S.
     Con la apariencia de un perro o un gato? S.
    Y la de un escarabajo?
    S.
    Sin la seguridad de su cuaderno y su bolgrafo, Jim pareca haber reducido sus 
preguntas a cuestiones ftiles. Holly casi esperaba que le preguntara cul era su 
color favorito, si prefera la CocaCola a la PepsiCola, o si le gustaba la msica 
de Barry Manilov.
    Entonces Jim le pregunt:
     Cuntos aos tienes? SOY UN NIO.
     Un nio? dijo Jim. Pero nos dijiste que hace diez mil aos que ests 
en nuestro mundo.
    TODAVA SOY UN NIO.
     Entonces perteneces a una especie que vive mucho tiempo?
    SOMOS INMORTALES.
     Increble!
     Est mintiendo dijo Holly.
    Holly, por amor de Dios! exclam Jim, atnito por la desfachatez de Holly.
     Es cierto.
    Y all radicaba la causa de su renovado temor: aquel ente no estaba siendo 
sincero con ellos, les estaba mintiendo. Holly tena la sensacin de que les 
contemplaba con enorme desprecio. De ser as, probablemente Holly debera 
haber tenido la boca cerrada y adoptar una actitud de humilde adoracin ante su 
poder, tratando de no provocar su ira.
    En lugar de eso dijo:
     Si fuera realmente inmortal no pensara en l como un nio. No podra 
pensar acerca de l de ese modo. La infancia o la vejez son categoras temporales 
que conciernen a una especie de vida finita. Si eres inmortal, puedes nacer 
inocente, ignorante, inculto, pero no naces joven, porque nunca vas a ser viejo.
    No ests hilando muy fino? pregunt Jim casi con petulancia.
    No creo. Nos est mintiendo.
     Quizs el uso que hace de la palabra nio es otro modo de hacer que 
comprendamos mejor su naturaleza desconocida.
    S.
    Una mierda dijo Holly.
     Holly, maldita sea!
    Cuando Jim quit otra pgina del cuaderno arrancndola limpiamente por el 
borde, Holly se dirigi hacia la pared y estudi la luz que se mova a travs de ella. 
Vistas de cerca, las luces eran extraas y hermosas, no como un fluido 
fosforescente o un llameante flujo de lava, sino como deslumbrantes enjambres de 
lucirnagas, millones de puntos brillantes que no distaban mucho de la analoga de 
peces luminosos observada por Holly.
    Holly casi esperaba que la pared que tena frente a ella se abultara de pronto, 
que se abriera y diera paso a una forma monstruosa.
    Quera retroceder, pero se acerc an ms. Su nariz se hallaba a unos tres 
centmetros de la piedra luminosa. Vistas tan de cerca, las ondulaciones de 
aquellos millones de brillantes clulas eran mareantes. No despedan calor alguno, 
pero Holly imagin que poda sentir el parpadeo de luces y sombras cruzando su 
rostro.
    Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas? 
pregunt Holly.
    Tras unos segundos, Jim respondi a su espalda:
    No hay respuesta.
    La pregunta pareca bastante inocente, y pareca lgico que se formulara. La 
negativa del ente a responder indic a Holly que el sonido de las campanas era, de 
algn modo, de vital importancia. Comprendi que las campanas podan ser el 
primer paso que les llevara a conocer algo real y autntico acerca de aquella 
criatura.
    Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    No hay respuesta dijo Jim. No creo que debas volver a formular esa 
pregunta, Holly. Es obvio que no quiere contestar, y no obtendremos nada 
irritndole. No es El Enemigo, es...
    S, ya lo s. Es El Amigo.
    Holly permaneca frente a la pared y senta que estaba cara a cara ante una 
presencia desconocida, aunque no hubiera nada en ella que correspondiera a un 
rostro. Aquella presencia la observaba. Estaba all.
     Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    Saba instintivamente que su pregunta inocente y la no tan inocente repeticin 
de la misma la haban puesto en gran peligro. Su corazn lata con tal fuerza que 
Holly se pregunt si Jim poda orlo. Supuso que El Amigo, con todo su poder, no 
slo poda or su corazn palpitante, sino que poda verlo saltar como un conejo 
asustado en la jaula de su pecho. Saba que Holly estaba asustada, de acuerdo. 
Demonios, quiz leyera su mente. Tena que demostrarle que no iba a permitir que 
su miedo la desanimara.
    Holly pos una mano sobre la pared inundada de luz. Si aquellas nubes 
luminosas no eran tan slo una proyeccin mental de aquella criatura, si no eran 
slo una ilusin exhibida ante ellos, si aquella cosa, como ella misma afirmaba, 
realmente estaba viva en el interior de la pared, entonces la piedra era su carne. La 
mano de Holly estaba sobre su cuerpo.
    Ligeras vibraciones recorrieron la pared en claros y rotatorios torbellinos. Eso 
era todo lo que senta Holly. No not ningn calor. El fuego interior de la piedra era 
evidentemente fro.
    Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    Holly, no lo hagas dijo Jim.
    La preocupacin era patente en su voz por primera vez. Quizs l tambin 
haba empezado a sentir que El Amigo no era enteramente un amigo.
    Pero Holly tena la sospecha de que la fuerza de voluntad era determinante en 
aquella confrontacin, y que una demostracin de resuelta voluntad dara una 
nueva faceta a la relacin con El Amigo. Holly no poda explicar por qu senta con 
tal fuerza aquella suposicin. Era simplemente una cuestin de instinto periodista, 
no de mujer.
    Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    Holly crey advertir un ligero y casi imperceptible cambio en las vibraciones 
que cosquilleaban la palma de su mano. En su mente surgi la imagen de la piedra 
abrindose para convertirse en una boca que devoraba su mano; la sangre 
brotaba, y un hueso astillado sobresala del mun de su mueca.
    Aunque temblaba sin poder evitarlo, Holly no retrocedi ni levant la mano de 
la pared.
    Se pregunt si El Amigo le haba mandado aquella imagen terrorfica.
    Por qu tu aparicin es precedida por el sonido de las campanas?
    Holly, por amor de Dios la interrumpi Jim, y luego dijo  : Espera, parece 
que va a responder.
    La fuerza de voluntad era importante. Pero por qu? Por qu una poderosa 
fuerza proveniente de otra galaxia se iba a sentir intimidada por la determinada 
resolucin de Holly?
    Jim le comunic la respuesta:
    Dice que... Por drama?
    Por drama? repiti Holly.
    S. Un signo interrogante primero, luego POR, seguido de DRA
MA y otro signo interrogante.
    Quieres decir que las campanas tan slo son un poco de teatro para dar 
cierto dramatismo a tus apariciones? dijo Holly dirigindose a aquella cosa de la 
pared.
    Tras unos momentos, Jim dijo:
    No hay respuesta.
    Y por qu ese interrogante? le pregunt Holly al Amigo  . T tampoco 
sabes el significado de las campanas, de dnde viene el sonido, qu lo provoca, 
por qu? Cmo es posible que no sepas lo que es si ese sonido siempre te 
acompaa?
    Nada Respondi Jim.
    Holly permaneca con la mirada fija en la pared. Aquellos grupos celulares de 
luz se agitaban continuamente y la confundan, pero no cerr los ojos.
     Un nuevo mensaje dijo Jim . Tengo que marcharme.
    Cobarde dijo Holly directamente al rostro amorfo de aquella cosa de la 
pared.
    Estaba empapada en un sudor fro.
    La luz mbar empez a oscurecerse, volvindose naranja.
    Alejndose finalmente de la pared, Holly se balance y casi cay al suelo. 
Volvi junto al saco de dormir y cay de rodillas.
    Otras palabras aparecieron en el cuaderno:
    REGRESAR.
    Cundo? pregunt Jim.
    CUANDO LA MAREA SEA MA.
     Qu marea?
    HAY UNA MAREA EN LA NAVE, QUE DESCIENDE Y ASCIENDE, LA 
OSCURIDAD Y LA LUZ. YO ME ELEVO CON LA MAREA DE LUZ, PERO L SE 
ELEVA CON LA OSCURIDAD.
     l? pregunt Holly. EL ENEMIGO.
    En aquel momento la luz de las paredes era de un naranja rojizo, ms oscuro, 
pero segua cambiando incesantemente de forma alrededor de ellos.
    Sois dos en la nave? pregunt Jim.
    S. DOS FUERZAS, DOS ENTES.
    Est mintiendo pens Holly. Esto, al igual que el resto de la historia, es lo 
mismo que las campanas: buen teatro.
    ESPERA MI RETORNO.
    Esperaremos dijo Jim.
    NO DURMIS.
    Por qu no podemos dormir pregunt Holly siguindole el juego.
    PODRAIS SOAR...
    La pgina estaba llena. Jim la arranc y la amonton con el resto. La luz de las 
paredes se hizo de un rojo oscuro que se desvaneca rpidamente.
    LOS SUEOS SON PUERTAS.
     Qu quieres decir?
    De nuevo surgieron aquellas palabras: LOS SUEOS SON PUERTAS.
    Es una advertencia dijo Jim. LOS SUEOS SON PUERTAS. No, es 
una amenaza, pens Holly.
    
    
    
    7
    
    
    El molino volva a ser slo un molino, un conjunto de piedras y vigas. El polvo 
volva a filtrarse, la madera se pudra, el hierro se oxidaba, y las araas seguan 
tejiendo sus telas.
    Holly se sent enfrente de Jim con sus rodillas tocndose. Holly sujetaba las 
manos de Jim porque le transmita fuerza al tocarlas, y porque quera mitigar el 
efecto de las palabras que estaba a punto de decir.
    Escucha, cario, eres el hombre ms interesante que he conocido en mi 
vida, el ms sexy, de verdad, y creo, sinceramente, que el ms amable. Sin 
embargo, como entrevistador eres un desastre. Slo haces preguntas 
intrascendentes, banales, y no abordas lo que es realmente importante. Eres un 
reportero muy ingenuo. Crees en la sinceridad de las respuestas, cuando casi 
nadie es sincero al ser entrevistado, as que tu investigacin sigue una lnea 
equivocada.
    No pareca estar ofendido. Jim sonri y dijo:
    No me vea como a un periodista realizando una entrevista.
    Bueno, cielo, en realidad sa era la situacin. El Amigo, como se denomina a 
s mismo, tiene informacin, y nosotros necesitamos esa informacin para saber en 
qu situacin nos encontramos.
    Yo lo vea ms bien como..., no lo s, como una epifana. Cuando Dios 
apareci ante Moiss con los Diez Mandamientos, me imagino que l le dijo a 
Moiss lo que eran, y si Moiss tena algunas dudas, supongo que no debi de 
acribillar a preguntas al Gran Tipo.
    Lo que haba en las paredes no era Dios.
    Ya lo s. He abandonado esa posibilidad. Pero era una inteligencia 
desconocida tan superior que casi podra ser calificada de divina.
    No lo sabemos respondi Holly pacientemente.
    Claro que lo sabemos! Cuando consideras el alto grado de inteligencia y los 
milenios que se necesitan para construir una civilizacin capaz de viajar a travs de 
las galaxias, te percatas de lo lejos que nosotros estamos.
    De eso, precisamente, es de lo que hablo. Cmo sabes que es de otra 
galaxia? Porque crees en lo que dijo. Cmo sabes que hay una nave sumergida 
en el fondo de la charca?
    Jim se impacientaba.
    Por qu nos iba a mentir, qu iba a ganar con eso?
    No lo s. Pero no podemos estar seguros de que no nos est manipulando. 
Y cuando regrese, tal como ha prometido, quiero estar lista para ello. Quiero pasar 
esta hora, dos horas, tres horas o el tiempo que haga falta confeccionando una 
lista de preguntas, de forma que nos guiemos por un cuestionario minuciosamente 
planeado. Debemos tener una estrategia para sacarle autntica informacin, 
hechos, no fantasas, y nuestras preguntas deben apoyar esa estrategia. Cuando 
Jim frunci el ceo, Holly se apresur a hablar para que no la interrumpiera. De 
acuerdo, de acuerdo, quizs es incapaz de mentirnos, quizs es noble y puro, tal 
vez todo lo que nos ha dicho es la pura verdad. Pero escucha, Jim, esto no es una 
epifana. El Amigo estableci las reglas al impulsarte a comprar los cuadernos y el 
bolgrafo. Estableci el formato en que se iban a llevar a cabo las respuestas y las 
preguntas. Si no lo hubiera querido as, te habra dicho que te callaras y te habra 
hablado desde un arbusto ardiente.
    Jim la mir. Se morda el labio pensativamente.
    Desvi la mirada hacia las paredes donde aquella criatura de luz se haba 
movido a travs de la piedra.
    Insistiendo en el mismo punto, Holly dijo:
    No le preguntaste en ningn momento por qu quera salvar las vidas de 
aquella gente, por qu salvaba a unas personas y no a otras.
    Jim la mir de nuevo, obviamente sorprendido al darse cuenta de que haba 
pasado por alto la pregunta ms importante de todas. Bajo el resplandor siseante 
del quinqu, sus ojos volvan a ser azules y no verdes como bajo la luz mbar.
    De acuerdo dijo Jim. Tienes razn. Supongo que me he dejado llevar por 
los nervios. Lo que quiero decir, Holly, es que, sea lo que sea, es asombroso.
    Por supuesto. Es asombroso admiti Holly.
    Haremos lo que dices, elaboraremos una lista de preguntas cuidadosamente 
pensadas. Y cuando regrese, t sers la que las haga, porque se te da mejor 
improvisar otras preguntas, en el caso de que sean necesarias.
     Estoy de acuerdo dijo Holly, aliviada de que l lo hubiera decidido as sin 
necesidad de presionarle.
    Ella estaba ms preparada para realizar una entrevista que l, pero adems, en 
aquella situacin particular, era ms fiable de lo que Jim poda llegar a ser. El 
Amigo haba tenido en el pasado una larga relacin con Jim y haba jugado con su 
memoria al hacerle olvidar los encuentros que tuvieron lugar veinticinco aos atrs. 
Holly deba asumir que, hasta cierto punto, Jim estaba corrompido, aunque l no 
fuese consciente. El Amigo haba estado en su mente, quizs en cientos de 
ocasiones, cuando Jim era pequeo y cuando era particularmente vulnerable 
debido a la prdida de sus padres. Por lo tanto Jim poda ser ms susceptible a la 
manipulacin. A nivel del subconsciente, Jim Ironheart poda estar programado 
para proteger los secretos del Amigo en lugar de revelarlos.
    Holly saba que andaba sobre una fina lnea que separaba la precaucin 
prudente de la paranoia, inclinndose tal vez ms hacia la segunda. En aquellas 
circunstancias, un poco de paranoia era necesaria para sobrevivir.
    Cuando Jim dijo que iba a salir para hacer sus necesidades, Holly prefiri ir con 
l a quedarse sola en la habitacin. Le sigui escalera abajo y permaneci junto al 
Ford dando la espalda a Jim mientras l orinaba en la verja que haba junto al 
campo de maz.
    Holly mir la charca y su oscuridad profunda.
    Escuch a los sapos, que de nuevo volvan a croar. Los acontecimientos de 
aquel da la haban puesto tan nerviosa que aun los sonidos de la naturaleza le 
resultaban malvolos.
    Se pregunt si habran encontrado algo demasiado extrao y poderoso como 
para ser afrontado por una periodista fracasada y un ex profesor. Se pregunt si se 
les iba a permitir alejarse de all...
    Desde que El Amigo se haba ido, el miedo de Holly no slo no haba 
disminuido sino que haba aumentado. Tena la sensacin de que se hallaban bajo 
un peso de mil toneladas que penda mgicamente de un cabello, pero la magia se 
desvaneca y el cabello se alargaba tan tenso y frgil como un hilo de vidrio.
    
    
    A medianoche, ya se haban comido seis donuts de chocolate y elaborado siete 
pginas de preguntas para El Amigo. El azcar era un proveedor de energa y un 
consuelo en momentos de apuro, pero no era un remedio para aplacar los nervios. 
La ansiedad de Holly tena un afilado matiz azucarado, como una navaja con el filo 
suavizado.
    Mientras iba y vena por la habitacin con el cuaderno en una mano, Holly dijo:
    Esta vez no permitiremos que se escabulla con respuestas escritas. Eso 
entorpece el ritmo de la conversacin. Insistiremos en que hable.
    Jim yaca en el suelo, con las manos cruzadas bajo la cabeza.
    No puede hablar.
     Cmo lo sabes?
    Bueno, supongo que no puede, de lo contrario hubiera hablado desde el 
principio.
    No des nada por supuesto respondi Holly. Si puede fundir sus 
molculas con la pared, moverse a travs de la piedra, o de cualquier cosa, segn 
dijo, y puede adoptar cualquier forma que desee, entonces seguro que puede 
formar una boca y cuerdas vocales para hablar.
    Imagino que tienes razn dijo Jim inquieto.
     Dijo que si lo deseaba, poda aparecer ante nosotros con la apariencia de un 
hombre o una mujer, no es cierto?
    As es.
    Ni siquiera pido que se materialice. Slo una voz, una voz incorprea, un 
poco de sonido con el conocido espectculo de luces.
    Al orse a s misma, Holly se dio cuenta de que usaba su nerviosismo para 
infundirse valor, para adquirir un tono agresivo que le sera til cuando El Amigo 
volviera. Era un viejo truco que haba aprendido cuando tena que entrevistar a 
gente que le intimidaba o sobrecoga.
    Jim se incorpor.
    De acuerdo, quiz pueda hablar si as lo desea, pero tal vez no quiera 
hacerlo.
    Ya hemos decidido que no le dejaremos imponer sus reglas, Jim.
    Pero no entiendo por qu tenemos que contrariarle.
    No lo hago.
    Creo que al menos deberamos mostrarle un poco de respeto.
    Oh, le respeto totalmente.
    Pues no lo parece.
    Estoy convencida de que si quisiera nos podra aplastar como si furamos 
insectos, y eso hace que le tenga un tremendo respeto.
    Ese no es el tipo de respeto al que me refiero.
    se es el nico respeto que ha conseguido provocar en m hasta ahora 
respondi Holly, dando vueltas en torno a Jim. Cuando deje de intentar 
manipularme, cuando deje de atemorizarme, cuando me d respuestas que 
parezcan sinceras, entonces quiz le respete por otras razones.
    Ests un poco asustada.
     Quin, yo?
    Te muestras muy hostil.
    No es cierto.
    Jim frunci el ceo.
    A m me parece que muestras una profunda hostilidad.
     Eso es periodismo agresivo. Es el tono y la actitud del periodista moderno. 
T no entrevistas al sujeto para luego exponer simplemente la entrevista a los 
lectores: hay que atacarle. Se tiene un propsito, una versin de la verdad que hay 
que transmitir sin tener en cuenta la autntica verdad. Yo nunca lo he aprobado, ni 
me he dejado llevar por ese sistema, por eso he fracasado como periodista. Sin 
embargo, esta noche estoy completamente decidida a desempear un papel 
agresivo. La gran diferencia es que quiero obtener la verdad, no moldearla a mi 
antojo, quiero extraer y conseguir hechos reales de ese ente.
    Quiz no vuelva.
    Dijo que lo hara. Jim mene la cabeza.
    Pero por qu iba a hacerlo si vas a comportarte as?
    Ests diciendo que puede tenerme miedo? Qu tipo de poder superior es 
se?
    Las campanas sonaron y Holly se sobresalt. Jim se puso en pie.
    No te alarmes le dijo a Holly.
    Las campanadas cesaron, volvieron a sonar y despus el silencio sigui a los 
taidos. Cuando volvieron a sonar por tercera vez, una sombra luz roja apareci 
en un punto de la pared. Se hizo ms intensa, ms brillante, y de pronto recorri la 
habitacin en penumbra como refulgentes fuegos de artificio. Luego el sonido de 
las campanas ces y los mltiples destellos se fundieron unos con otros 
transformndose en unas formas palpitantes que se desplazaban en un movimiento 
semejante al de las amebas y que Holly y Jim ya conocan.
    Muy teatral dijo Holly. Mientras la luz pasaba rpidamente del rojo al 
naranja y luego al mbar, Holly tom la iniciativa. Nos gustara que prescindieras 
del incmodo mtodo que antes has empleado para contestar a nuestras preguntas 
y que simplemente nos hablaras.
    El Amigo no replic.
     Nos hablars directamente?
    Ninguna respuesta.
    Consultando el cuaderno que sostena en una mano, Holly ley la primera 
pregunta:
    Eres el poder superior que enva a Jim a salvar vidas?
    Holly esper y lo volvi a intentar.
    Silencio absoluto...
    Obstinadamente, Holly repiti la pregunta.
    El Amigo no respondi, pero Jim dijo:
    Holly, mira esto.
    Holly se volvi y vio que Jim miraba el otro cuaderno. Jim se lo alarg, 
mostrndole las primeras diez o doce pginas. La extraa y cambiante luz de la 
pared era lo bastante brillante para que Holly advirtiera que las pginas estaban 
cubiertas por la familiar escritura del Amigo.
    Cogiendo el cuaderno de las manos de Jim, Holly ley la lnea que encabezaba 
la primera pgina: S, soy ese poder.
    Ya ha respondido a cada una de las preguntas que habamos preparado.
    Holly arroj el cuaderno al otro lado de la habitacin. Golpe la ventana sin 
romper el cristal y cay al suelo.
     Holly, no puedes...
    Holly le interrumpi con una mirada penetrante.
    La luz se movi a travs de la piedra caliza.
    Dirigindose al Amigo, Holly dijo:
    Dios le dio a Moiss los Diez Mandamientos en tablas de piedra, s, pero 
tambin tuvo la cortesa de hablar con l. Si Dios puede rebajarse para hablar con 
seres humanos, t tambin puedes hacerlo.
    Holly no mir a Jim para observar su reaccin ante aquella falta de tacto. Lo 
nico que le importaba en aquel momento era que l no la interrumpiera.
    Al ver que El Amigo permaneca sumido en el silencio, Holly repiti la primera 
pregunta de la lista.
     Eres el poder superior que enva a Jim a salvar vidas?
     S, soy ese poder.
    La voz era suave, como la de un melifluo bartono. Al igual que el sonido de las 
campanas pareca surgir de todos lados. El Amigo no se materializ fuera de la 
pared adoptando forma humana, ni model un rostro en la piedra caliza, sino que 
meramente produjo aquella voz de fino tono.
    Holly le hizo la segunda pregunta de la lista.
     Cmo podas saber que esa gente iba a morir? Soy un ente que vive en 
todas las formas del tiempo. Qu quieres decir con eso?
    Vivo en el pasado, presente y futuro.
    La luz brillaba a travs de las paredes con menor agitacin, como si aquel ente 
desconocido hubiera aceptado las condiciones de Holly.
    Jim se puso al lado de Holly. Pos una mano en su brazo y lo apret 
ligeramente, como si le estuviera diciendo, buen trabajo.
    Holly decidi que no hara ms preguntas respecto a su habilidad para ver el 
futuro, por temor a desviarse de la lnea que se haban propuesto y no fueran 
capaces de volver a ella antes de que aquella criatura anunciara de nuevo su 
marcha. Volvi a las preguntas que haban preparado.
     Por qu queras que se salvasen ciertas personas en concreto?
     Para ayudar a la humanidad respondi sonoramente. Tal vez se 
desprenda cierta pomposidad, pero era difcil afirmarlo porque la voz estaba tan 
uniformemente modulada que casi pareca la de una mquina.
     Cada da mueren muchas personas, y la mayora de ellas son inocentes. 
Por qu elegiste a una serie de personas en particular para que Jim las salvara?
    Son gente especial.
     En qu sentido son especiales?
    Si viven, cada una de ellas aportar una gran contribucin a la mejora de la 
humanidad.
     Por todos los demonios! exclam Jim.
    Holly no esperaba aquella respuesta. Tena la virtud de ser espontnea, pero 
no estaba segura de creerle. Por otra parte, le preocupaba que la voz del Amigo le 
sonara cada vez ms familiar. Estaba segura de haberla odo antes.
     Quieres decir que no slo ves cmo ser el futuro sino cmo podra haber 
sido?
    S.
     Volvemos a la posibilidad de que seas Dios?
    No. No veo con la claridad de Dios. Pero puedo saber lo que ocurrir.
    Con su mejor humor infantil, Jim sonrea a las formas calidoscpicas de luz, 
evidentemente excitado y complacido por lo que estaba oyendo.
    Holly se alej de la pared, cruz la habitacin, se agach junto a su maleta y la 
abri.
    Jim la observ.
     Qu ests haciendo?
    Buscando esto respondi Holly al tiempo que sacaba el cuaderno en el 
que haba anotado sus averiguaciones sobre Jim. Se levant, abri el cuaderno y 
se detuvo en las pginas que contenan la lista de personas que Jim haba salvado 
en el vuelo 246. Dirigindose al ente que palpitaba a travs de la piedra caliza, 
Holly dijo: Quince de mayo, Atlanta, Georgia. Sam Newsome y su hija de cinco 
aos, Emily. Qu contribucin harn a la humanidad que les hace ms 
importantes que el resto de la gente que muri ese da? No hubo respuesta.
     Y bien? inquiri Holly.
    Emily se convertir en una gran cientfica y descubrir un remedio para una 
grave enfermedad.
    Definitivamente, haba una nota de pomposidad en la voz. Qu 
enfermedad?
     Por qu no me cree, seorita Thorne?
    El Amigo habl con la misma formalidad que un mayordomo ingls 
desempeando sus funciones. No obstante, a Holly le pareci adivinar el tono de 
un nio haciendo pucheros bajo aquella superficie reservada y digna.
    Dime qu enfermedad y quiz te crea.
    Cncer.
     Qu tipo de cncer? Hay muchas clases de cncer. Todos los cnceres.
    Holly se remiti de nuevo a su cuaderno.
    Siete de junio. Corona, California. Louis Andretti.
     Ser el padre de un nio que llegar a ser un gran diplomtico.
    Mejor eso que morir a causa de las mltiples mordeduras de serpientes de 
cascabel, pens Holly.
    Veintiuno de junio. Nueva York. Thaddeus...
     Ser un gran artista que proporcionar esperanza a millones de personas.
    Pareca un muchacho agradable dijo Jim alegremente, introducindose en 
la conversacin. Me gust.
    Ignorndole, Holly prosigui:
    Treinta de junio. San Francisco...
    Rachel Steinberg dar a luz a un nio que se convertir en un gran lder 
espiritual.
    Aquella voz la inquietaba cada vez ms. Saba que la haba odo antes. Pero 
dnde?
    Cinco de julio...
    Miami, Florida. Carmen Daz. Dar a luz a un nio que se convertir en 
presidente de los Estados Unidos. Holly se abanic con el cuaderno y dijo:
     Por qu no presidente del mundo?
    Catorce de julio. Houston, Tejas. Amanda Cutter. Dar a luz a un nio que 
llegar a ser un prominente pacificador.
    Por qu no el redentor?  pregunt Holly.
    Jim se haba alejado de ella. Estaba apoyado en la pared entre las dos 
ventanas, los juegos de luces destellaban suavemente a su alrededor.
     Qu demonios te pasa?  le pregunt Jim.
     Esto es excesivo dijo Holly. El qu?
    De acuerdo, dice que quiere que salves gente especial.
    Para ayudar a la humanidad.
    Claro, claro dijo Holly dirigindose a la pared. Pero toda esa gente es 
demasiado especial, no crees? le pregunt esta vez a Jim  . Quiz sea 
subjetiva, pero todo esto me parece rimbombante, excesivo. Ninguna de esas 
personas se limitar a ser un buen doctor, un hombre de negocios que cree una 
nueva industria y tal vez diez mil puestos de trabajo, un honesto y valiente polica, o 
una enfermera fantstica. No, todas ellas sern grandes diplomticos, grandes 
cientficos, grandes polticos, grandes pacificadores. Grandes, grandes, grandes!
     Es eso una muestra de periodismo agresivo? As es.
    Jim se apart de la pared, con las dos manos se alis el pelo hacia atrs 
apartndolo de su frente y lade la cabeza hacia Holly.
    Ya veo a qu te refieres, todo eso vuelve a parecerte otro episodio de Ms 
all de los lmites de la realidad, pero reflexionemos sobre ello. Es una situacin 
absurda y extravagante. Un ser de otro mundo, con poderes que nos parecen 
divinos, decide utilizarme para mejorar las posibilidades de la humanidad. No es 
acaso lgico que me enve a salvar gente especial, gente realmente especial en 
lugar de tu supuesto magnate de negocios?
     Oh, es lgico respondi Holly. Lo nico que ocurre es que no me parece 
que sea verdad, y tengo un sentido muy desarrollado para olfatear la mentira.
     Es sa la razn por la que era una periodista de gran xito?
    Holly podra haberse echado a rer ante la imagen de un ente, enormemente 
superior al ser humano, rebajndose a enzarzarse en una mordaz discusin. Pero 
la impaciencia y enojo infantil que Holly haba credo detectar bajo algunas de sus 
respuestas era inconfundible, y el concepto de una criatura hipersensible y 
resentida con los poderes de un dios era demasiado inquietante para resultar 
divertida en aquel momento.
     Qu te parece eso para un poder superior? le pregunt a Jim  . En 
cualquier momento me llamar zorra.
    El Amigo no dijo nada.
    Consultando de nuevo su cuaderno, Holly prosigui:
    Veinte de julio. Steven Aimes. Birmingham, Alabama.
    Juegos de luces recorrieron las paredes. Las formas eran menos sensuales y 
atractivas que antes; si aquella exhibicin de luces haba sido el equivalente a una 
de las ms suaves sinfonas de Brahms, ahora se parecan a los discordantes 
gemidos de un psimo jazz progresivo.
     Qu me dices de Steven Aimes? pregunt Holly; estaba asustada pero 
recordaba cmo haba sido acogida su anterior demostracin de carcter.
    Me voy.
    Vaya una marea corta, no? dijo Holly.
    La luz mbar empez a oscurecerse.
    Las mareas de la nave no son regulares o de igual duracin. Regresar...
    Qu nos dices de Steven Aimes? Tena cincuenta y siete aos, todava era 
capaz de engendrar uno de tus grandes tipejos, aunque fuera un poco tarde. Por 
qu salvaste a Steven?
    La voz se hizo ms profunda, pasando de bartona a un tono grave, y se hizo 
ms dura.
    No sera inteligente por vuestra parte que intentarais marcharos.
    Eso era lo que Holly haba esperado. Tan pronto como oy aquellas palabras 
supo que su tensin se deba a la espera de que stas se produjeran.
    Jim, sin embargo, estaba atnito. Se volvi, observando las formas color mbar 
oscuro que giraban, se fundan y separaban continuamente, como si tratara de 
adivinar la geografa biolgica de aquella cosa para poder mirarla a los ojos.
     Qu insinas con eso? Nos iremos cuando queramos.
     Debis esperar a que vuelva. Moriris si tratis de marcharos.
     Ya no quieres ayudar a la humanidad? pregunt Holly incisiva.
    No os durmis.
    Jim se acerc a Holly. Cualquier posible alejamiento que hubiera provocado 
Holly entre ellos dos al encararse con El Amigo, aparentemente haba quedado 
atrs. Jim la rode con su brazo para protegerla.
    No os atrevis a dormir.
    La piedra caliza estaba moteada por un resplandor de un rojo profundo.
    Los sueos son umbrales.
    Aquella luz roja como la sangre se desvaneci.
    La nica luz que qued fue la del quinqu; y en la oscuridad que sigui a la 
partida del Amigo, slo poda orse el suave siseo del gas ardiendo.
    
    
    
    8
    
    
    Holly se hallaba en lo alto de la escalera, alumbrando la penumbra con una 
linterna. Jim supuso que trataba de averiguar si realmente podran abandonar el 
molino y, en tal caso, cunta violencia se desencadenara.
    Sentado sobre su saco de dormir, no poda entender por qu todo se estaba 
volviendo tan hostil.
    Jim haba ido al molino porque los terrorficos y extraos sucesos que haban 
tenido lugar en su habitacin de Laguna Niguel, hacan imposible seguir ignorando 
la parte oscura del misterio en el que se encontraba. Antes de eso, haba ido de un 
lado a otro voluntariamente, llevando a cabo lo que se senta obligado a hacer, 
sacando a la gente del fuego en el ltimo minuto, sintindose un perplejo 
superhroe de juguete que dependa de los aviones cuando quera volar y que 
tena que hacerse l mismo la colada. Pero la creciente intrusin del Enemigo o 
lo que demonios fuera, su innegable maldad y hostilidad ya no permitan a Jim el 
lujo de la ignorancia. El Enemigo luchaba por abrirse paso desde otro lugar, quizs 
otra dimensin, y pareca estar cada vez ms cerca a medida que lo intentaba. 
Saber la verdad acerca del poder superior que se ocultaba tras sus misiones no 
haba sido una de las prioridades de Jim, porque senta que todo se desvelara a su 
debido tiempo, pero saber lo que era El Enemigo pareca haberse convertido en 
algo urgentemente necesario para su supervivencia, y la de Holly.
    No obstante, se haba dirigido a la granja con la esperanza de encontrar tanto 
la bondad como la maldad, de experimentar tanto alegra como miedo. Fuera lo 
que fuese que iba a aprender por sumergirse en lo desconocido, le proporcionara 
un mayor entendimiento acerca de sus misiones salvadoras y las fuerzas 
sobrenaturales que se ocultaban tras ellas. Sin embargo, estaba ms confundido 
que antes. Algunos de los acontecimientos lo haban llenado de una alegra y 
asombro que anhelaba: el sonido de las campanas que provena de la piedra era 
uno de ellos, y tambin la hermosa, casi divina, luz que era la esencia del Amigo. 
Se haba sentido profundamente conmovido por la revelacin de que salvaba vidas 
de gente especial cuya supervivencia mejorara el destino de toda la humanidad. 
Pero aquella dicha espiritual se haba desvanecido por la creciente certidumbre de 
que El Amigo no les deca toda la verdad o, an peor, de que menta. La petulancia 
infantil de aquella criatura era extremadamente inquietante, y Jim no estaba 
completamente seguro de que todo lo que haba hecho, desde que en mayo 
salvara a los Newsome, estuviera al servicio del bien en lugar del mal.
    No obstante, aquel temor todava era mitigado por la esperanza. Aunque una 
astilla de desesperacin se haba alojado en su corazn y haba empezado a 
supurar, aquella infeccin espiritual se hallaba detenida por el ncleo de optimismo, 
por muy frgil que fuera, que siempre haba permanecido en su interior.
    Holly apag la linterna, se apart de la puerta abierta y se sent sobre su saco 
de dormir.
    No s, quiz fuera una falsa amenaza, pero no habr forma de averiguarlo 
hasta que intentemos largarnos de aqu.
     Quieres hacerlo? Holly mene la cabeza.
     Qu ganaramos con ello? Por lo que sabemos, puede alcanzarnos 
dondequiera que vayamos. No es as? Quiero decir que lleg hasta ti cuando 
estabas en Laguna Niguel, te mand llevar a cabo esas misiones, lleg hasta ti 
cuando estabas en Nevada y te envi a Boston para que salvaras a Nicholas 
O'Conner.
    A veces lo he sentido a mi lado sin importar dnde me hallara. En Houston, 
en Florida, en Francia, en Inglaterra..., en todas partes me guiaba, me permita 
saber lo que iba a ocurrir y de ese modo yo poda llevar a cabo la accin que l 
quera que realizara.
    Holly pareca exhausta. Estaba agotada y ms plida que el resplandor que 
despeda el quinqu, sus ojos estaban ensombrecidos por ojeras de cansancio. 
Cerr los ojos durante unos momentos y se pellizc la nariz con los dedos pulgar e 
ndice. Su rostro tena una expresin tensa, como si tratara de mitigar un dolor de 
cabeza.
    Jim se arrepenta de todo corazn por haber arrastrado a Holly en todo aquello. 
Pero al igual que su miedo y desesperacin, su arrepentimiento era impuro, 
aplacado por el profundo placer que le proporcionaba la sola presencia de Holly. 
Aunque era una actitud egosta, se alegraba de que estuviera junto a l, sin 
importarle el desenlace de aquella extraa noche. Ya no estaba solo.
    Apretndose la nariz, con las arrugas marcadas en su frente por el ceo 
fruncido, Holly dijo:
    Esta criatura no est restringida al rea cercana a la charca o al contacto 
psquico a grandes distancias. Se puede manifestar en cualquier lugar, a juzgar por 
los araazos que dej en mis costados y la forma en que entr en tu dormitorio 
esta maana.
    Bueno, espera un momento dijo Jim, nosotros sabemos que El Enemigo 
puede materializarse a una considerable distancia, s, pero desconocemos si El 
Amigo tiene tambin esa habilidad. Fue El Enemigo quien surgi de tu sueo y el 
que trat de darnos alcance esta maana.
    Holly abri los ojos y apart la mano de su rostro. Tena una expresin triste.
     Creo que ambos son la misma cosa.
    Qu?
    El Enemigo y El Amigo. No creo que dos entes vivan bajo la charca en esa 
nave espacial, si es que hay una nave. Creo que es un solo ente. El Amigo y El 
Enemigo no son ms que aspectos distintos de esa criatura.
    Lo que Holly sugera estaba claro, pero era demasiado terrorfico para que Jim 
lo aceptara de inmediato.
    No puedes hablar en serio replic Jim. Lo que quieres decir... es 
absurdo.
    A eso me refiero. Sufre un desdoblamiento de personalidad. Acta con esas 
dos personalidades pero es inconsciente de ello. La casi desesperada necesidad 
de Jim de creer en El Amigo como una criatura puramente benigna y nica se hizo 
evidente en su rostro, ya que Holly cogi su mano derecha y la sostuvo entre las 
suyas al tiempo que se apresuraba a hablarle antes de que l pudiera 
interrumpirla: Su petulancia infantil, la grandiosidad de su afirmacin 
manteniendo que puede transformar el destino de nuestra especie, sus 
extravagantes apariciones, sus sbitos cambios entre una actitud de buena 
voluntad y enojo malhumorado, la forma obviamente transparente con que miente y 
se engaa a s mismo con la creencia de ser inteligente, su reserva acerca de 
desvelar ciertas cosas que aparentemente carecen de razn para mantenerlas en 
secreto..., todo eso adquiere sentido si llegas a la conclusin de que ests tratando 
con una mente desequilibrada.
    Jim busc algn error en aquel razonamiento y encontr uno.
     Pero no puedes creer que una persona perturbada, un ente perturbado, sea 
capaz de pilotar una nave de inimaginable complejidad a travs de aos luz, de 
mltiples peligros estando totalmente desequilibrado.
    No tiene por qu ser as. Quiz la locura le sobrevino despus de llegar 
hasta aqu. O quiz no tuvo que pilotar ninguna nave, quizs sta sea 
completamente automtica, con un mecanismo totalmente robotizado. Tal vez 
haba otros de su misma especie pilotando la nave, y ahora estn todos muertos. 
Jim, nunca ha mencionado una tripulacin, slo al Enemigo. Y asumiendo que 
creas lo de sus orgenes extraterrestres, no te parece algo raro que slo manden 
a dos individuos en una misin de exploracin intergalctica? Quiz mat a los 
dems...
    Todas las teoras que planteaba podan ser ciertas, como tambin lo poda ser 
cualquier teora que imaginara. Estaban tratando con lo Desconocido, con D 
mayscula, y las posibilidades de un universo infinito eran infinitas. Jim record 
haber ledo en algn lado que muchos cientficos crean que cualquier cosa 
concebida por la imaginacin humana, sin tener en cuenta lo fantstico que pudiera 
ser, poda existir en algn lugar del universo, porque la naturaleza infinita de la 
creacin poda ser tan fluida y tan frtil como cualquier fantasa que tuviera un ser 
humano.
    Jim le expuso a Holly aquella idea, luego aadi:
     Lo que me fastidia es que ahora ests haciendo lo que antes habas 
rechazado. Tratas de explicarlo todo en trminos humanos, cuando quiz nuestras 
mentes sean incapaces de   comprender   la   naturaleza   de   ese   ente   
desconocido. Cmo puedes asumir que una especie distinta a la nuestra est 
expuesta a la locura como lo estamos nosotros, o que es capaz de adoptar una 
personalidad mltiple? Todo eso son conceptos estrictamente humanos.
    Holly hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. Tienes razn, desde 
luego. Pero por el momento es la nica teora que hace que todo tenga sentido. 
Hasta que ocurra algo que demuestre lo contrario, tengo que basarme en la idea de 
que no estamos tratando con un ser racional.
    Con la mano que tena libre, Jim aument la potencia del quinqu Colerman, 
haciendo que la habitacin tuviera ms luz.
    Jess, se me ha puesto la carne de gallina dijo Jim temblando.
    Bienvenido al club.
    Si es un esquizoide, y adquiere la entidad del Enemigo y vuelve..., qu nos 
har?
    No quiero ni pensar en ello respondi Holly. Si es tan intelectualmente 
superior a nosotros como parece, si pertenece a una especie de larga vida cuyo 
conocimiento y experiencia hace que la experiencia de la humanidad no sea ms 
que un relato corto comparada con la de los grandes libros del mundo occidental, 
entonces seguro que conoce torturas y crueldades que hacen que Hitler, Stalin y 
Pol Pot parezcan profesores de catequesis.
    Jim pens en ello un momento, a pesar de que trataba de evitarlo. Los donuts 
de chocolate que se haba comido yacan en su estmago formando un nudo 
indigesto y ardiente.
    Cuando vuelva... dijo Holly.
    Por amor de Dios la interrumpi Jim, ya est bien de tcticas agresivas.
    Lo ech todo a perder admiti Holly. Pero ese abordamiento agresivo 
fue el correcto, nicamente fui demasiado lejos. Me extralimit. Cuando vuelva 
modificar mi tcnica.
    Jim supuso que haba admitido la teora de Holly ms de lo que estaba 
dispuesto a reconocer. Senta un sudor fro al pensar lo que podra hacer El Amigo 
si su personalidad desembocaba en su otra faceta malvola.
    Por qu no evitamos todo tipo de enfrentamiento?, le seguimos la corriente, 
satisfacemos su ego, procuramos que sea tan feliz como...
    No es una buena idea. No puedes controlar la locura cediendo a ella. 
Imagino que cualquier enfermera de un sanatorio psiquitrico te dira que la mejor 
forma de tratar a un paranoico agresivo es ser amable, respetuoso, pero firme.
    Jim retir su mano de las de Holly, porque tena las palmas hmedas. Se las 
sec en su camisa.
    El molino pareca extraamente silencioso, como si hubiera un vaco en el que 
el sonido no pudiera desplazarse, hermticamente cerrado en una campana de 
cristal, expuesto en el museo de una tierra de gigantes. En otro momento, Jim 
podra haber encontrado inquietante aquel silencio, pero ahora lo acoga de buen 
grado porque probablemente significaba que El Amigo estaba durmiendo o que 
estaba ocupado en otras cosas.
    Quiere hacer el bien dijo Jim. Puede que est loco, puede ser violento e 
incluso malvado en su segunda identidad, como una especie de doctor Jekyll y Mr. 
Hyde. Pero al igual que el doctor Jekyll realmente quiere hacer el bien. Al menos 
tenemos eso a nuestro favor.
    Holly pens en ello durante unos momentos.
    De acuerdo, en eso tienes razn. Y cuando vuelva tratar de obtener alguna 
respuesta verdadera respecto a ello.
    Lo que ms me asusta de todo eso es si realmente vamos a averiguar algo 
que nos sea de ayuda. Incluso si nos dice la verdad, si est loco, tarde o temprano 
actuar de forma violenta.
    Holly asinti.
    Tenemos que intentarlo.
    Ambos se sumieron en un incmodo silencio.
    Cuando Jim mir su reloj vio que eran la una y diez de la madrugada. No tena 
sueo. No deba preocuparse por el hecho de caer dormido y por lo tanto 
aventurarse a abrir una puerta, pero estaba fsicamente agotado. Aunque se haba 
limitado a estar sentado en el coche conduciendo, y luego a permanecer de pie o 
sentado en la habitacin superior del molino esperando a que llegaran las 
revelaciones, los msculos le dolan como si hubiera estado diez horas trabajando 
en pesadas tareas. Su rostro evidenciaba el cansancio, y los ojos le escocan y 
dolan. Una tensin extrema poda ser tan extenuante como un arduo trabajo fsico.
    Se encontr a s mismo deseando que El Amigo no volviera jams, no de un 
modo indolente, sino con toda la fuerza de un nio que desea que la prxima visita 
al dentista nunca tenga lugar. Puso cada una de sus fibras en aquel deseo, como si 
estuviera convencido de que, como a veces creen los nios, los deseos se hacen 
realidad.
    Record una frase de Chazal, que l haba utilizado cuando imparta una 
leccin de literatura que trataba de la ficcin sobrenatural en Poe y Hawthorne: El 
terror extremo nos devuelve a las actitudes de nuestra infancia. Si alguna vez 
volva a la enseanza podra dar aquella leccin muchsimo mejor gracias a lo que 
le haba ocurrido en el viejo molino.
    A la 1.25 El Amigo refut la capacidad de los deseos haciendo una sbita 
aparicin. En esta ocasin el sonido de las campanas no anunci su presencia. 
Una luz roja floreci en la pared, como una mancha de pintura carmes en el agua 
clara.
    Holly se puso en pie de un salto.
    Jim hizo lo mismo. Ya no poda permanecer relajadamente sentado frente a la 
presencia de aquel ser misterioso, porque estaba convencido de que en cualquier 
momento poda abatirse sobre ellos con una brutalidad despiadada.
    La luz se desmembr en mltiples cmulos, cubri toda la habitacin y cambi 
del rojo al mbar.
    El Amigo habl sin esperar una pregunta.
    Uno de agosto. Seattle, Washington. Laura Lenaskian, salvada de morir 
ahogada. Dar a luz a un nio que se convertir en un gran compositor y cuya 
msica proporcionar consuelo a mucha gente en pocas de incertidumbre. Ocho 
de agosto. Peora, Illinois. Doogie Burkette. Se convertir en un mdico en 
Chicago, donde har mucho bien y salvar muchas vidas. Doce de agosto. 
Portland, Oregn. Billy Jenkins. Llegar a ser un brillante mdico especializado en 
tecnologa cuyas invenciones revolucionarn la asistencia mdica...
    Jim cruz una mirada con Holly y no tuvo ni que preguntarse en lo que estara 
pensando: lo mismo que l. El Amigo se hallaba terriblemente malhumorado, y 
trataba de obtener credibilidad para sus predicciones salvadoras aportando 
detalles. Pero era imposible saber si deca la verdad, o simplemente se trataba de 
fantasas que haba creado para dar soporte a su historia. Lo importante era que 
pareca incumbirle sobremanera que ellos le creyeran. Jim no tena idea de por qu 
su opinin o la de Holly podan importar a un ser tan superior a ellos 
intelectualmente, pero en cualquier caso supona una ventaja para ellos.
    Veinte de agosto. Desierto Mojave, Nevada. Lisa y Susan Jawolski. Lisa 
proporcionar a su hija amor, afecto y cario suficientes para que la nia, 
finalmente, se recobre del grave trauma psicolgico por la prdida de su padre; 
llegar a convertirse en la estadista ms importante de toda la historia de la 
humanidad, en la fuente de sabidura y de sistemas polticos ms humanitarios. 
Veintitrs de agosto. Boston, Massachusetts. Nicholas O'Conner, salvado de la 
explosin de una bveda elctrica. Llegar a convertirse en un sacerdote que 
dedicar toda su vida a cuidar de los pobres que habitan en los barrios deprimidos 
de la India.
    El intento por parte del Amigo de rebatir la crtica de Holly presentando una 
versin menos grandilocuente de su misin, era de una transparencia infantil. El 
nio llamado Burkette no iba a salvar al mundo, slo llegara a ser un simple 
mdico, y Nicholas O'Conner sera un hombre humilde que llevara una existencia 
modesta entre los necesitados. Ahora bien, el resto seguan siendo grandiosos, 
brillantes, dotados de un talento extraordinario. El ente reconoca la necesidad de 
credibilidad en aquella historia de grandeza, pero no se rebajaba significativamente 
en los logros que haba llevado a cabo.
    Haba algo ms que preocupaba a Jim: la voz. Cuanto ms la escuchaba, ms 
patente se haca que la haba odo antes, no en aquella habitacin veinticinco aos 
atrs, ni en aquel tipo de contexto. Deba de apropiarse de alguna voz, porque era 
casi seguro que aquel ente careca de cuerdas vocales o algo similar; su biologa 
no era humana. La voz que estaba imitando, como si fuera un cmico haciendo una 
parodia en un salnbar csmico, era la de una persona que Jim haba conocido 
en el pasado. Pero no poda identificarla.
    ...Veintisis de agosto. Dubuque, Iowa. Christine y Casey Dubrovek. 
Christine dar a luz a otro hijo que llegar a convertirse en el mayor especialista en 
gentica de la prxima centuria. Casey llegar a ser una profesora excepcional que 
tendr una influencia determinante sobre sus alumnos, y que nunca les fallar 
hasta el punto de provocar un suicidio.
    Jim se sinti como si le hubieran golpeado en el pecho con un martillo. Aquella 
acusacin insultante dirigida hacia l y que haca referencia al suicidio de Larry 
Kakonis, quebrant la fe que le quedaba en la creencia de que El Amigo 
bsicamente quera hacer el bien.
    Mierda! exclam Holly, eso ha sido un golpe bajo.
    La mezquindad de aquel ente enferm a Jim, porque deseaba de todo corazn 
creer en la bondad y los buenos propsitos de aquella criatura.
    La centelleante luz mbar dio vueltas y descendi vertiginosamente a travs de 
las paredes, como si El Amigo se sintiera sumamente complacido por el efecto del 
golpe asestado.
    La desesperacin cal tan hondo en Jim que por un momento se atrevi a 
considerar la posibilidad de que aquel ente que habitaba bajo la charca no slo 
careca de bondad sino que era realmente diablico. Quiz la gente a la que haba 
salvado desde aquel quince de mayo no estaba destinada a elevar la condicin 
humana sino a degradarla. Tal vez Nicholas O'Conner llegara a convertirse en un 
psicpata asesino. Quiz Billy Jenkins sera un piloto bombardero que se volvera 
loco y encontrara la manera de sobrepasar las barreras del sistema de seguridad 
para dejar caer unas cuantas bombas nucleares sobre reas urbanas densamente 
pobladas; y Susie Jawolski, en lugar de ser una de las ms grandes estadistas de 
la historia de la humanidad, quiz llegara a ser una activista radical que se 
dedicara a colocar bombas en lugares pblicos y a ametrallar a cualquiera que no 
comulgara con sus creencias.
    Mientras se balanceaba al borde de aquel negro abismo, en la mente de Jim 
surgi el rostro de Susie Jawolski, que pareca ser la esencia misma de la 
inocencia. No poda creer que en el futuro fuera algo ms que una fuerza positiva 
en la vida de su familia y vecinos. Jim haba llevado a cabo buenas obras, y por lo 
tanto El Amigo tambin, estuviera o no loco, y a pesar de su capacidad para ser 
cruel.
    Tenemos ms preguntas dijo Holly dirigindose a la pared.
    Adelante.
    Holly ech un vistazo a su cuaderno, y Jim esper que recordara que deba ser 
menos agresiva. Tena la sensacin de que El Amigo se hallaba ms 
desequilibrado que en cualquiera de sus previos encuentros nocturnos.
     Por qu elegiste a Jim como instrumento? inquiri Holly.
     Era prctico.
     Te refieres al hecho de que viva en la granja? S.
     Habas operado a travs de alguien del mismo modo que con l?
    No.
    En ninguna ocasin a lo largo de esos diez mil aos?
     Es sa una pregunta maliciosa? Crees que puedes confundirme? 
Todava no crees que est diciendo la verdad?
    Holly mir a Jim y ste mene la cabeza dndole a entender que aqul no era 
el momento de entablar discusiones, que la prudencia no slo era la mejor lnea a 
seguir sino su mayor posibilidad de supervivencia.
    Entonces Jim se pregunt si aquel ente realmente poda leer su pensamiento 
del mismo modo en que era capaz de comunicarle las directrices que deba seguir. 
Probablemente no. Si hubiera podido hacerlo se habra puesto furioso al ver que 
seguan considerando que estaba loco.
    Lo siento se disculp Holly. No era una pregunta maliciosa, en absoluto. 
Slo queramos saber ms acerca de ti. Nos tienes fascinados. Si te hacemos 
preguntas que consideras ofensivas, por favor, entiende que lo hacemos 
inintencionadamente, debido a nuestra ignorancia.
    El Amigo no replic.
    La luz palpitaba ms lentamente en el interior de la piedra caliza, y aunque Jim 
saba cul era el riesgo de interpretar en trminos humanos las acciones de un 
ente desconocido, tuvo la sensacin de que las formas cambiantes de luz y el 
comps de su resplandor indicaban que El Amigo se hallaba de un humor 
pensativo, reflexionando sobre lo que Holly haba dicho y tratando de averiguar si 
era sincera.
    Finalmente, la voz volvi de nuevo, ms suave de lo que haba estado 
momentos atrs.
     Haz las preguntas.
    Holly consult de nuevo su cuaderno y pregunt:
     Liberars a Jim de sus misiones alguna vez?
     Quieres que lo haga?
    Holly le dirigi a Jim una mirada inquisitiva.
    Considerando lo que haba tenido que pasar en los ltimos meses, la respuesta 
de Jim le result a s mismo un poco sorprendente.
    No, si realmente hago el bien.
    Lo ests haciendo. Cmo puedes dudar de ello? No obstante, sin tener en 
cuenta que creas o no si mis intenciones son buenas o malas, jams te dejar libre.
    El tono siniestro de aquella ltima afirmacin mitig el alivio que Jim sinti al 
saber que las vidas que haba salvado no eran las de futuros asesinos o ladrones.
     Por qu t has...?
    Hay una razn por la que eleg a Jim Ironheart para realizar este trabajo 
dijo El Amigo interrumpiendo a Holly.
    Cul es?
    Jim lo necesitaba.
    Jim lo entendi. Su miedo al Amigo era mayor que nunca, pero se sinti 
conmovido por el hecho de que quisiera salvarle. Al dar un sentido a su vida vaca 
y destrozada le haba redimido de la misma forma que a Billy Jenkins, Susie 
Jawolski y todos los dems, aunque ellos haban sido rescatados de muertes ms 
inmediatas que la muerte del alma que se haba cernido sobre Jim. La declaracin 
del Amigo pareca revelar una capacidad para la compasin. Jim saba que 
mereca compasin despus de la muerte de Larry Kakonis, cuando se haba visto 
sumido en una depresin irracional. Esta compasin, incluso en el caso de que no 
fuera ms que otra mentira, le afect de modo ms profundo de lo esperado, y un 
destello de lgrimas apareci en sus ojos.
     Por qu has esperado diez mil aos para decidirte a utilizar a alguien como 
Jim para modelar el destino de la humanidad?
    Primeramente, tena que estudiar la situacin, recopilar datos, analizarlos y 
decidir si mi intervencin era prudente.
     Te llev diez mil aos tomar esta decisin? Por qu? Es un intervalo de 
tiempo ms largo que la historia escrita.
    No hubo respuesta.
    Holly repiti la pregunta.
    Finalmente, El Amigo dijo:
    Me voy.
    Entonces, como si quisiera evitar que interpretasen su reciente muestra de 
compasin como un signo de debilidad, aadi:
     Si tratis de iros, moriris.
     Cundo volvers? No durmis.
    Ms pronto o ms tarde tendremos que dormir dijo Holly mientras la luz 
mbar se volva roja y la habitacin pareca baarse en sangre.
    No durmis.
     Son las dos de la madrugada.
     Los sueos son puertas. Holly se encoleriz.
     No podemos estar eternamente despiertos, maldita sea! La luz en la piedra 
caliza se desvaneci.
    El Amigo se haba ido.
    
    
    En algn lugar la gente rea. En algn lugar se oa la msica y los bailarines 
danzando, y en algn lugar los amantes se consagraban a la labor de alcanzar el 
xtasis.
    Sin embargo, en la habitacin superior del molino, creada para servir de 
almacn e inmersa hasta el techo en una anticipacin de violencia, el ambiente era 
decididamente lgubre.
    Holly odiaba sentirse tan impotente. A lo largo de su vida haba sido una mujer 
de accin, aunque las acciones que llevaba a cabo eran ms bien destructivas que 
constructivas. Cuando un trabajo resultaba ser menos satisfactorio de lo que haba 
esperado, jams dudaba un solo instante en abandonarlo, en buscar otro. Cuando 
una relacin se degradaba o simplemente resultaba poco interesante, siempre se 
apresuraba a ponerle fin. Si a menudo retroceda hacia atrs ante los problemas 
ante la responsabilidad de ser una periodista concienzuda cuando se percat de 
que el periodismo era tan corrupto como cualquier otra cosa, ante la perspectiva 
del amor, ante la posibilidad de echar races y comprometerse con un lugar, al 
menos el hecho de retroceder era una forma de accin. Ahora se vera incluso 
privada de ello.
    El Amigo tena aquel efecto positivo sobre ella. No iba a permitir que 
retrocediera.
    Durante un rato, ella y Jim hablaron acerca de la ltima visita del Amigo y 
examinaron las preguntas restantes de la lista que haba confeccionado Holly, a la 
que aadieron algunas cosas aparte de realizar unos cuantos cambios. La ltima 
conversacin entre Holly y El Amigo les haba proporcionado una informacin 
potencialmente til e interesante. No obstante, su utilidad tan slo era potencial, 
porque ambos tenan la sensacin de que nada de lo que les deca El Amigo poda 
ser considerado realmente como cierto.
    A las tres y cuarto de la madrugada se hallaban demasiado cansados para 
estar de pie y tenan el trasero demasiado dolorido para seguir permaneciendo 
sentados. Juntaron sus sacos de dormir y se tumbaron en el suelo uno al lado del 
otro, boca arriba, con la mirada clavada en el techo.
    Para luchar contra el sueo pusieron la luz del quinqu a mxima potencia. 
Mientras aguardaban el regreso del Amigo siguieron hablando sobre cuestiones 
triviales de todo tipo, cualquier cosa que mantuviera sus mentes ocupadas. Era 
difcil dormirse en medio de una conversacin, y si uno de ellos caa rendido por el 
sueo, el otro lo sabra al no obtener una respuesta. Tenan las manos enlazadas, 
la mano derecha de Holly se asa a la mano izquierda de Jim, de forma que si 
haba una breve pausa en la conversacin, y uno de ellos se dorma, el otro lo 
advertira por la relajacin de la mano.
    Holly no esperaba tener muchas dificultades para mantenerse despierta. En su 
poca universitaria sola pasar las noches en vela antes de un examen o cuando 
deba entregar un trabajo, y a veces se mantena despierta treinta y seis horas 
seguidas sin mucho esfuerzo. En los aos iniciales de su carrera periodstica, 
cuando todava crea que en el periodismo permaneca despierta noches enteras 
trabajando en un artculo, llevando a cabo una tarea de investigacin, escuchando 
una y otra vez cintas con entrevistas grabadas, o devanndose los sesos con las 
palabras de un prrafo. En los ltimos aos tambin haba pasado alguna que otra 
noche en vela, porque a veces se vea aquejada por el insomnio. Era un ser 
nocturno por naturaleza. Permanecer despierta no entraaba para ella dificultad 
alguna.
    Sin embargo, aunque no haban transcurrido veinticuatro horas desde que se 
despert por la maana en Laguna Niguel, empezaba a sentir que el espritu del 
sueo se adentraba en ella, susurrndole su sublime mensaje: Duerme, duerme, 
duerme. Los ltimos das haban supuesto una vorgine de actividad y cambios 
personales, por lo que caba esperar que de una forma u otra su energa se vera 
mermada. Algunas noches el descanso haba sido mnimo, en parte a causa de los 
sueos. Los sueos son puertas... Dormir era peligroso, tena que permanecer 
despierta. Maldita sea, no era normal que necesitara dormir con tanta urgencia, a 
pesar de toda la tensin a la que se haba visto sometida ltimamente. Luch por 
seguir la conversacin a Jim, a pesar de que en ocasiones no saba de lo que 
estaban hablando y no entenda muy bien las palabras que surgan de su propia 
boca. Los sueos son puertas... Pareca como si la hubieran drogado, o como si El 
Amigo, despus de advertirles que no se durmieran, estuviera ejerciendo 
secretamente una presin en la parte del cerebro que controlaba el sueo. Los 
sueos son puertas... Luch por no perder la consciencia, pero se encontr con 
que ya no tena fuerza ni voluntad para incorporarse... o para abrir los ojos. Tena 
los ojos cerrados. Los sueos son puertas... El pnico no poda despertarla. 
Continu sumindose ms y ms bajo el hechizo de Morfeo a pesar de que poda 
or cmo su corazn palpitaba ms aprisa y con ms fuerza. Senta cmo su mano 
se desprenda de la de Jim, saba que l respondera a aquella advertencia, que la 
despertara; sin embargo, la mano de Jim la apretaba cada vez con menos fuerza, 
y Holly se dio cuenta de que ambos estaban sucumbiendo al sueo.
    Holly se vio arrastrada a la oscuridad.
    Sinti que la estaban observando.
    Era un sentimiento tranquilizador e inquietante al unsono.
    Algo iba a ocurrir. Holly lo presenta.
    Durante un rato, no ocurri nada. Solo oscuridad... De pronto se fue dando 
cuenta de que tena que llevar a cabo una misin.
    Pero aquello deba de ser un error. Jim era el que realizaba las misiones, no 
ella.
    Una misin. Su misin. Iba a ser enviada a una misin que slo ella realizara. 
Era de vital importancia. Su vida, y la de Jim, dependan de lo bien que la llevara a 
cabo. La continuacin de la existencia humana dependa de ello.
    Pero la oscuridad permaneca.
    Holly se dej llevar. Era una sensacin agradable.
    Durmi y durmi.
    En algn momento de la noche empez a soar. Comparada con las dems 
pesadillas, aqulla las sobrepasaba a todas, aunque no se pareca a las pesadillas 
recientes que haba tenido acerca del molino y El Enemigo. Era peor que las 
anteriores porque estaba perfilada al mnimo detalle y porque la angustia y terror 
que senta eran tan intensos que ninguna experiencia parecida le proporcionaba 
cierta capacidad para afrontarla, ni siquiera el accidente del vuelo 246.
    Holly descansa sobre un suelo embaldosado, bajo una mesa. Tumbada de 
lado. Lo contempla todo desde el suelo. Frente a ella hay una silla, de metal tubular 
y plstico naranja; bajo la silla estn desparramadas unas patatas fritas y una 
hamburguesa de queso la carne sobresale del pan, deslizndose sobre la hoja 
de lechuga grasienta de salsa de tomate. Advierte que hay una mujer mayor, 
tambin en el suelo, con la cabeza vuelta hacia Holly. Mira a travs de las patas 
tubulares de la silla, por encima de las patatas fritas y la hamburguesa grasienta. 
La mujer la mira, con una mirada de sorpresa. No deja de mirarla, sin pestaear, y 
Holly se da cuenta de que el ojo ms cercano al suelo ha desaparecido de su 
rostro: de una cuenca vaca mana sangre. Oh, seora. Oh, seora. Lo siento, lo 
siento tanto... Holly oye un ruido terrible que no identifica con nada conocido, oye 
mucha gente gritando; al cabo de un rato, la gente grita, pero no como antes; ruido 
de cristales rotos, de madera crujiendo, y un hombre que tambin grita, que ruge 
como un oso porque est muy enfadado. Se trata de un tiroteo, del pesado 
golpeteo de un arma automtica, y Holly quiere salir de all. As que se da la vuelta 
hacia el otro lado porque no quiere no puede, no puede de ningn modo 
arrastrarse junto a la mujer a la que un disparo le ha saltado un ojo. Detrs de ella 
hay una nia pequea, de unos ocho aos, que yace en el suelo con un vestido 
rosa, unos zapatos negros de cuero y unos calcetines blancos, una nia pequea 
con..., una nia pequea con unos calcetines blancos, una nia pequea con... 
media cara destrozada. Sollozos, gritos, y ms ruido extrao. Aquel terrible ruido 
nunca cesar, continuar para siempre. Holly intenta moverse, gatea sobre sus 
rodillas y manos alejndose de la mujer y la nia con la cara destrozada. 
Inevitablemente sus manos resbalan, se escurren entre las patatas fritas calientes, 
un sndwich de pescado caliente y un charco de mostaza. Holly se desliza por 
debajo de las mesas, entre las sillas, y su mano se apoya en un charco fro de 
CocaCola desparramada, y cuando ve la imagen de Dixie Duck en un vaso 
grande de papel, por fin sabe dnde se encuentra: est en uno de los Palacios de 
la Hamburguesa Dixie Duck, uno de sus lugares favoritos en todo el mundo. Ahora 
nadie grita, quiz se han dado cuenta de que un Dixie Duck no es un lugar en el 
que se deba gritar, pero alguien se lamenta y llora, y alguien est diciendo por 
favor, por favor, por favor una y otra vez. Holly se arrastra por debajo de las 
mesas y ve a un hombre con un disfraz que est de pie a poca distancia, girndose 
hacia ella. Holly piensa que tal vez todo es una broma o un castigo, una 
celebracin de vspera de Todos los Santos. Pero no es Halloween. Sin embargo, 
el hombre lleva un disfraz, lleva botas de combate como el soldado Joe y pantaln 
de camuflaje, una camiseta negra y una boina, como las de los Boinas Verdes, slo 
que sta es negra; debe de ser un disfraz porque realmente no es un soldado, no 
puede ser un soldado con esa gran barriga que sobresale por encima del pantaln, 
y no se ha afeitado desde hace una semana los soldados tienen que afeitarse, 
as que l slo lleva el uniforme de soldado. Hay una chica arrodillada frente a l, 
una de las jvenes que trabaja en Dixie Duck, guapa y con el cabello pelirrojo. 
Cuando Holly hizo el pedido le gui el ojo, y ahora est arrodillada frente a aquel 
tipo vestido de soldado, con la cabeza inclinada como si estuviera rezando, pero lo 
que dice es: Por favor, por favor, por favor. El tipo le grita algo acerca de la CA, 
el control mental, una red secreta de espas que opera en el almacn de Dixie 
Duck. Entonces el tipo deja de gritar y mira durante un rato a la chica pelirroja, se 
limita a mirarla, y de pronto le dice: Mrame, y ella responde: Por favor, por 
favor, no lo haga, y l le vuelve a ordenar que le mire, as que levanta la cabeza y 
le mira, y l dice: Acaso crees que soy estpido?. La muchacha est 
aterrorizada: No, por favor, no s nada de todo esto; l responde: Y una mierda 
no lo sabes, y baja la gran pistola, apunta al rostro de la chica, a cinco centmetros 
de distancia. Ella dice: Oh Dios mo, oh Dios mo. Holly est segura de que el 
tipo tirar a un lado la pistola y empezar a rer, y todos los que fingen estar 
muertos se levantarn y tambin se echarn a rer, el jefe del establecimiento 
saldr y har una reverencia tras aquella interpretacin para celebrar Todos los 
Santos... Pero no es la vspera de Todos los Santos. El tipo aprieta el gatillo, y la 
muchacha pelirroja se disuelve. Holly se da la vuelta y retrocede por el camino por 
el que haba venido, se mueve lo ms aprisa que puede, tratando de alejarse de l 
antes de que la vea, porque est loco, eso es lo que es, un loco paranoico. Holly 
pasa por encima de la misma comida y bebidas desparramadas que ha pisado 
antes, pasa junto a la nia del vestido rosa y sobre la sangre de la nia, rogando 
que el hombre loco no la oiga en su huida. Pero el hombre debe de estar 
disparando en otra direccin, porque las balas no destrozan nada de lo que la 
rodea, as que sigue hacia delante, por encima de un hombre que tiene las vsceras 
fuera, oyendo sirenas, sirenas que se oyen en el exterior. La polica atrapar a 
aquel loco. De pronto oye un estrpito a su espalda: una mesa volcada. Mira hacia 
atrs y ve al hombre loco dirigindose hacia ella, apartando las mesas a 
empujones, dando patadas a las sillas que se interponen en su camino. Holly pasa 
por encima de otra mujer muerta y se arrincona en una esquina, sobre un hombre 
muerto; Holly est en los brazos del hombre muerto, y no hay forma de salir de all 
porque el loco se dirige hacia ella. Aquel hombre parece tan aterrador y malvado 
que Holly es incapaz de observar cmo se acerca, no quiere ver la pistola en su 
rostro como la chica pelirroja la vio, as que gira la cabeza, vuelve su rostro hacia el 
hombre muerto y...
    Holly despert de aquella pesadilla de un modo que nunca antes haba 
experimentado, no gritaba, ni siquiera tena anudado en la garganta un llanto 
silencioso, sino que las nuseas la ahogaban. Estaba agazapada contra s misma 
formando un ovillo, abrazndose, con espasmos de vmitos aunque no tena nada 
que expulsar; se estaba atragantando no por lo que haba comido sino por la 
obstruccin repulsiva que cerraba su garganta.
    Jim le daba la espalda, yaca de lado. Sus rodillas estaban ligeramente 
encogidas en una posicin fetal. Segua durmiendo profundamente.
    Cuando recuper el aliento, Holly se incorpor. No slo temblaba sino que 
tambin sufra espasmos. Estaba convencida de or cmo sus huesos 
entrechocaban unos con otros.
    Se alegr de no haber comido nada ms despus de los donuts la noche 
anterior, de lo contrario estara devolviendo.
    Se inclin hacia delante y se cubri el rostro con las manos. Se mantuvo 
sentada en aquella posicin hasta que los espasmos pasaron a ser 
estremecimientos y los estremecimientos mitigaron hasta convertirse en temblores.
    Cuando levant el rostro de entre sus manos lo primero que advirti fue que la 
luz del da se filtraba a travs de las estrechas ventanas de la habitacin superior. 
Era de un color gris y rosado opalescente, un dbil resplandor ms que una luz 
azul resplandeciente; no obstante, era la luz del da. Al verla se dio cuenta de que 
no confiaba en volver a contemplar de nuevo la luz del sol.
    Mir su reloj de pulsera. Eran las 6.10. No haba pasado mucho tiempo desde 
el alba. Deba de haber estado durmiendo unas dos horas o dos horas y media. 
Haba sido peor que no dormir, se senta absolutamente agotada.
    La pesadilla... Sospechaba que El Amigo haba hecho uso de sus poderes 
telepticos para hacerla dormir en contra de su voluntad. Y a causa de la rara 
intensidad que posea su pesadilla estaba convencida de que le haba enviado 
aquellas horribles escenas filmadas en el interior de su mente.
    Pero, por qu?
    Jim murmur algo y se removi, luego volvi a quedarse quieto, respirando 
profunda pero pausadamente. Sus sueos no deban de ser como los que ella 
haba tenido; de ser as, hubiera estado retorcindose y gritando como un hombre 
atormentado.
    Permaneci sentada durante un rato, reflexionando sobre el sueo, 
preguntndose si lo que haba soado era una visin proftica. Acaso El Amigo le 
adverta que iba a acabar en un Dixie Duck Burger debatindose por salvar su vida 
entre sangre y comida, perseguida por un loco de atar con una carabina 
automtica? Jams haba odo hablar del Dixie Duck, y no poda imaginar un lugar 
ms absurdo para morir.
    Viva en una sociedad en la que las vctimas de la guerra o de las drogas se 
arrastraban por la calle, algunas de ellas con el cerebro tan desmoronado que eran 
capaces de coger una pistola e ir en busca de aquellas ratas de la CIA, que dirigan 
redes de espionaje en hamburgueseras. Holly haba trabajado en diversos 
peridicos, haba visto muchas historias como aqulla y no menos extraas.
    Pasados quince minutos Holly se vio incapaz de seguir pensando en la 
pesadilla por ms tiempo. En lugar de hallar una explicacin a travs del anlisis, 
se encontraba ms confundida y angustiada cuanto ms profundizaba en ella. En 
su memoria, las imgenes de la matanza no se desvanecan, como sola ocurrir 
con las pesadillas, sino que se hacan ms reales. No era necesario descifrar el 
significado de su sueo en aquel mismo momento.
    Jim estaba durmiendo, y Holly consider por un momento la posibilidad de 
despertarle. Pero l necesitaba descansar tanto como ella. No haba indicios de 
que El Enemigo fuera a utilizar una puerta a travs del sueo, no haba cambios en 
las paredes de piedra caliza o en el suelo de roble, as que dej que Jim siguiera 
durmiendo.
    Al mirar en torno a la habitacin, estudiando las paredes, haba advertido que 
el cuaderno amarillo yaca en el suelo bajo la ventana que se hallaba enfrente. 
Holly lo haba arrojado a un lado cuando, la noche anterior, El Amigo se resisti a 
vocalizar sus respuestas e intent darlas por escrito. No haba tenido la posibilidad 
de realizar todas las preguntas que tena en la lista, y ahora se preguntaba qu 
podra haber en aquel cuaderno de respuestas.
    Se desliz fuera de la cama tan silenciosamente como le fue posible, se puso 
en pie y cruz la habitacin sigilosamente. Comprob las maderas del suelo a 
medida que avanzaba para asegurarse de que no se romperan cuando ella pasara 
por encima.
    Cuando se inclin para recoger el cuaderno, oy un sonido que la paraliz, algo 
parecido al latido de un corazn.
    Mir las paredes, el techo. La potente luz que desprenda el quinqu y las de 
las ventanas eran suficientes para advertir que la piedra caliza tan slo era piedra 
caliza, y la madera nada ms que madera.
    Era un sonido dbil, como si alguien golpeara un tambor lejano, fuera del 
molino, en algn lugar de las resecas y pardas colinas.
    Holly saba de qu se trataba. No era ningn tambor. Era el latido que siempre 
preceda a la materializacin del Enemigo, tal como las campanas precedan la 
llegada del Amigo.
    Al concentrar su atencin en aquel sonido, ste se desvaneci.
    Holly agudiz el odo.
    Haba cesado.
    Aliviada pero temblorosa, Holly recogi el cuaderno. Las pginas estaban 
arrugadas e hicieron un poco de ruido cuando Holly las puso en orden.
    La pausada respiracin de Jim sigui resonando suavemente en la habitacin, 
sin ningn cambio de ritmo o de tono.
    Holly ley las respuestas de la primera pgina, luego las de la segunda. Vio 
que eran las mismas respuestas que El Amigo haba expresado en voz alta 
aunque no se hallaban las respuestas a las preguntas improvisadas que Holly no 
haba escrito en el cuaderno. Oje la tercera y cuarta pginas, en las que se 
hallaban las personas que Jim haba salvado Carmen Daz, Amanda Cutter, 
Steven Aimes, Laura Lenaskian y las grandes cosas que cada uno de ellos 
estaba predestinado a realizar.
    Holly levant la cabeza al or algo.
    El sonido todava era distante, tan dbil como antes.
    Jim emiti un gruido en medio de su sueo.
    Holly se apart de la ventana, con la intencin de despertarle, pero aquel 
horrible sonido se extingui de nuevo. Era evidente que El Enemigo no se hallaba 
muy lejos, pero no haba encontrado una puerta en el sueo de Jim. Jim tena que 
dormir, no poda funcionar sin un poco de descanso. Holly decidi no despertarle. 
Volviendo junto a la ventana, Holly acerc el cuaderno a la luz. Pas a la quinta 
pgina, y sinti la nuca fra y entumecida como la piel de un pavo congelado.
    Pasando las hojas hacia atrs con gran cuidado, para no hacer ms ruido del 
necesario, ley la sexta pgina, la sptima, la octava. Todas eran lo mismo. En 
ellas haba impresos los mensajes, con letra vacilante, que El Amigo les haba 
enviado haciendo emerger las palabras del fondo del papel. Pero no haba 
respuestas a sus preguntas. Haba tan slo dos frases que se alternaban, sin 
puntuacin, y que se repetan tres veces por pgina:
    
           TE QUIERE HOLLY
           TE VA A MATAR HOLLY
           TE QUIERE HOLLY
           TE VA A MATAR HOLLY
           TE QUIERE HOLLY
           TE VA A MATAR HOLLY
    
    Al mirar fijamente aquellas frases repetidas y obsesivas, Holly supo que se 
refera a Jim. Holly concentr su atencin en aquellas cinco palabras odiosas, 
tratando de comprender.
    De pronto crey entender lo que significaban. El Amigo le estaba advirtiendo 
que, en su locura, iba a actuar contra ella, quiz porque la odiaba por haber trado 
a Jim al molino, por haberle obligado a buscar respuestas, y por haberle distrado 
de su misin. Si El Amigo, que era la parte cuerda de la conciencia del ente, poda 
llegar hasta la mente de Jim y empujarle a realizar misiones para salvar la vida de 
los dems, era entonces posible que El Enemigo, la parte oscura, pudiera llegar a 
su mente para obligar a Jim a matar? En lugar de que la perturbada personalidad 
del ente se materializase en formas monstruosas, como haba hecho en el motel de 
Holly el viernes por la noche, o como trat de hacer el da anterior en la habitacin 
de Jim, era posible que pudiera utilizar a Jim contra ella, dominarlo a una escala 
mayor que El Amigo haba hecho nunca y convertirlo as en una mquina de 
matar? Aquello deleitara perversamente la faceta infantil y perturbada del ente.
    Holly mene la cabeza como si apartara una avispa molesta.
    Era imposible. De acuerdo, Jim poda matar para defender a gente inocente. 
Sin embargo, era incapaz de matar a alguien inocente. Ninguna conciencia de 
ningn ente, por muy poderosa que fuera, poda desviar la autntica naturaleza de 
Jim. En el fondo, Jim era bueno, amable y considerado. El amor que senta por ella 
no poda ser eliminado por la fuerza de aquel ente, por fuerte que fuera.
    Pero, cmo estar segura? Aquello era lo que deseaba creer. Por lo que saba, 
los poderes de control mental del Enemigo eran tan impresionantes que podan 
llegar hasta la mente de Holly y ordenarle que se ahogara en la charca, sin que ella 
pudiera resistirse.
    Holly se acord de Norman Rink, de la tienda de Atlanta. Jim le haba 
descerrajado ocho tiros a aquel tipo, disparndole una y otra vez, despus de que 
hubiera muerto.
    El ruido segua lejos...
    Jim gru suavemente.
    Holly se apart de nuevo de la ventana, con la intencin de despertarle, y casi 
estuvo a punto de llamarle, antes de que se diera cuenta de que El Enemigo quiz 
ya estuviera dentro de l. Los sueos son puertas, record. No saba lo que El 
Amigo quera decir con eso, o si no era ms que otra teatral puesta en escena. Tal 
vez lo que quera decir era que El Enemigo poda penetrar a travs del sueo de 
quien estaba dormido y por lo tanto en su mente. Quizs esta vez El Enemigo no 
tena intencin de materializarse a travs de la pared sino a travs de Jim, en la 
persona de Jim, ejerciendo un control total sobre Jim, slo para llevar a cabo una 
pequea broma asesina.
    Volvi a or el ruido. Esta vez algo ms fuerte, un poco ms cerca?
    Holly tuvo la sensacin de que iba a perder el juicio, de que se volvera 
paranoica, esquizofrnica, completamente loca. Frenticamente trataba de 
comprender una mente desconocida, y cuanto ms elucubraba sobre las 
posibilidades, ms extraas y variadas stas se hacan. En un universo infinito 
cualquier cosa puede ocurrir, cualquier pesadilla puede hacerse realidad. En un 
universo infinito, la vida era esencialmente semejante a un sueo. Aquella 
consideracin, en una situacin de amenaza de muerte y bajo la tensin que ello 
supona, era ms que suficiente para volverla loca.
    Holly no poda moverse. Slo poda esperar y seguir oyendo el latido 
palpitante. Se desvaneci de nuevo.
    Soltando la respiracin contenida, retrocedi hasta la pared que haba junto a 
la ventana. En aquel momento se senta menos asustada de la piedra caliza que de 
Jim Ironheart. Se pregunt si sera una buena idea despertarle cuando no se oa el 
latido. Quizs El Enemigo slo se hallaba en su sueo y por lo tanto en l 
cuando se oa aquel latido terrible.
    Temerosa de actuar y de quedarse sin hacer nada, Holly mir el cuaderno que 
sostena en la mano. Algunas de las pginas haban girado, y ya no miraba la 
profeca cruel TE QUIERE HOLLY / TE VA A MATAR HOLLY. Ante sus ojos, 
se hallaba la lista de gente que Jim haba salvado, junto a las grandiosas 
explicaciones del Amigo acerca de lo importantes que seran aquellas personas.
    Ley Steven Aimes y se dio cuenta en seguida de que era el nico de la lista 
cuyo destino no haba sido desvelado por El Amigo durante la conversacin. Holly 
lo recordaba porque era la persona de ms edad de la lista, cincuenta y siete aos. 
Ley las palabras escritas bajo su nombre, y el fro que haba sentido en la nuca no 
era nada comparado con la estaca de hielo que atraves su espina dorsal.
    Steven Aimes no haba sido salvado porque engendrara a un nio que se 
convertira en un gran diplomtico, un gran artista, o un gran mdico. No haba sido 
salvado por su contribucin futura en el bienestar de la humanidad. La razn de su 
salvacin se hallaba expresada en tan slo once palabras, las once palabras ms 
terrorficas que haba ledo en su vida: PORQUE SE PARECA A MI PADRE A 
QUIEN NO PUDE SALVAR. Se pareca al padre de Jim que l no pudo salvar, 
hubiera dicho El Amigo.
    El universo infinito segua expandindose, y una nueva posibilidad se extenda 
ante ella, revelada en aquellas palabras referentes a Steven Aimes. No haba 
ninguna nave espacial en el fondo de la charca. Ningn extraterrestre haba 
permanecido diez mil aos oculto en la granja, ni diez aos, ni diez das. El Amigo y 
El Enemigo eran reales: eran terceras partes, no mitades, de una misma 
personalidad, tres en una sola entidad, una entidad con poderes maravillosos, 
terrorficos y enormes, una entidad divina y al mismo tiempo tan humana como lo 
era Holly. Era Jim Ironheart, que haba sido devastado por la tragedia a los diez 
aos, que con gran esfuerzo se haba recuperado mediante una compleja fantasa 
basada en dioses interplanetarios, que era tan loco y peligroso como cuerdo y 
maravilloso.
    Holly no entenda de dnde provena su poder, que obviamente posea, o por 
qu no era consciente de que el poder radicaba en l mismo y no en una 
imaginaria presencia aliengena. Descubrir que l lo era todo, que el principio y el 
fin de aquel misterio yaca nicamente en l y no en el fondo de la charca, 
provocaba ms preguntas que respuestas. Holly no comprenda cmo algo as 
poda ser cierto, pero al fin saba la verdad. Ms tarde, si sobreviva, tendra tiempo 
de encontrar un mejor entendimiento.
    El ruido pareca ms cercano pero an lejos.
    Holly contuvo el aliento, esperando que el sonido creciera.
    Jim se movi en medio del sueo. Ronc suavemente y apret los labios, como 
cualquier persona que estuviera durmiendo.
    Pero tena tres personalidades en una sola, y al menos dos de ellas posean un 
increble poder, y una era mortfera. Y se acercaba...
    Holly se apret contra la piedra caliza. Su corazn lata tan deprisa que pareca 
martillear su garganta hasta cerrarla; le costaba tragar.
    El latido se desvaneci. Se impuso el silencio.
    Se movi a lo largo de la pared dando pequeos pasos. Caminaba de lado 
hacia la puerta de madera. Se apart de la pared lo justo como para poder coger el 
bolso.
    Cuanto ms se acercaba a lo alto de las escaleras, ms segura estaba de que 
la puerta se cerrara de golpe antes de que pudiera alcanzarla, de que Jim se 
levantara e ira hacia ella. Sus bellos ojos azules no seran hermosos sino fros, 
como haba observado en dos ocasiones, llenos de ira pero fros.
    Lleg hasta la puerta, atraves el umbral de espaldas hasta el primer peldao, 
sin apartar la mirada de Jim. Pero si trataba de bajar aquellos estrechos peldaos 
de espaldas y sin un pasamanos, se caera rompindose un brazo o una pierna. 
As que dio la vuelta y baj la escalera tan rpido como pudo, lo ms sigilosamente 
posible.
    Aunque la luz de la maana se perfilaba tras las ventanas, la cmara inferior 
del molino se hallaba traicioneramente oscura. Holly no tena ninguna linterna, tan 
slo una sobrecarga de adrenalina. Incapaz de recordar si haba escombros 
amontonados a lo largo de la pared que pudieran provocar un estrpito si ella 
tropezaba, Holly se movi lentamente a lo largo de la curvada piedra caliza, con la 
espalda apoyada contra sta. La entrada de la antecmara se hallaba en algn 
lugar a su derecha. Cuando mir a la izquierda apenas pudo ver el pie de la 
escalera por la que haba descendido.
    Palpando la pared con la mano derecha, Holly descubri la esquina. Cruz la 
entrada y pas a la antecmara. Aquel espacio que la noche anterior estaba 
sumido en la ms completa oscuridad, se hallaba en la penumbra gracias al plido 
resplandor que, despus del alba, se extenda tras la puerta abierta.
    La maana estaba nublada. Haca una temperatura agradablemente fra para 
ser agosto.
    El agua de la charca era gris y se hallaba inmvil.
    Los mosquitos de la maana emitan un fino, casi inaudible zumbido de fondo, 
como las dbiles interferencias de una radio con el volumen al mnimo.
    Holly ech a correr hacia el Ford y abri la portezuela con sigilo.
    Tuvo un momento de pnico al pensar en las llaves. Entonces las palp en el 
bolsillo de sus vaqueros, donde las haba puesto la noche anterior al usar el cuarto 
de bao de la granja. De una simple cadena de cobre una llave de la granja, otra 
de la casa de Jim en Laguna Niguel y dos llaves del coche.
    Holly arroj el bolso y el cuaderno en el asiento trasero y se sent tras el 
volante, pero no cerr la puerta por temor de que el ruido pudiera despertar a Jim. 
Todava no estaba fuera de peligro. Poda aparecer en cualquier momento, 
controlado por El Enemigo, cruzar la corta explanada de gravilla y sacarla a rastras 
del coche.
    Las manos le temblaban mientras buscaba la llave. No consegua encontrar la 
llave de contacto. Finalmente lo logr, le dio la vuelta, puso el pie en el acelerador y 
casi ech a llorar cuando el motor se puso en marcha.
    Cerr la puerta de un tirn, dio marcha atrs, y de ese modo recorri el sendero 
de gravilla que circundaba la charca. Las ruedas hicieron saltar la gravilla, que 
emita un sonido metlico al golpear la parte trasera del coche mientras Holly 
conduca marcha atrs.
    Cuando lleg al punto situado entre el granero y la casa, donde poda dar la 
vuelta y tomar el camino de salida, Holly apret el freno. Se qued mirando el 
molino.
    No tena ningn lugar donde ir. Dondequiera que fuera, Jim la encontrara. 
Hasta cierto punto, Jim poda predecir el futuro con tanta nitidez y detalle como 
haba asegurado El Amigo. Jim poda transformar una pared en un monstruoso 
organismo viviente, poda convertir la piedra en una sustancia transparente llena de 
luces que se arremolinaban, proyectar en sus sueos una bestia de horrible 
apariencia que surga en la puerta de su motel, que segua su pista hasta 
encontrarla y atraparla. l la haba arrastrado a sus locas fantasas y lo ms 
probable era que todava quisiera que Holly desempeara un papel en ellas. El 
Amigo que se hallaba en el interior de Jim y el mismo Jim puede que la dejaran 
marchar. Pero aquella tercera personalidad la parte asesina que habitaba en l, 
El Enemigo querra su sangre. Quizs Holly tuviera suerte y las dos partes 
benignas de Jim impediran que la tercera se hiciera con el control y la persiguiera. 
Pero Holly lo dudaba. Adems, no poda pasar el resto de su vida esperando que 
una pared se abultara de pronto inesperadamente, para convertirse en una boca 
que le arrancara la mano.
    Adems haba otro problema.
    Holly no poda abandonarle. l la necesitaba.
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    TERCERA PARTE
    
    El enemigo
    
    
    
    
    Desde mi infancia
    No he sido
    como los dems.
    No he visto
    lo que los otros vieron.
    
    Solo, Edgar Alian Poe
    
    
    
    
    
    Vibraciones en un alambre
    cristales de hielo
    en un corazn palpitante.
    Fuego fro.
    
    Frigidez en la mente:
    acero helado
    ira oscura, morbidez.
    Fuego fro.
    
    Defensa contra
    una vida cruel
    muerte y contienda:
    Fuego fro.
    
    El libro de los dolores contados
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    El resto del 29 de agosto
    
    
    1
    
    Holly permaneci sentada en el Ford, mirando el viejo molino, asustada y 
exultante. Su regocijo la sorprendi. Quiz se senta feliz porque por primera vez 
en su vida haba encontrado algo con lo que quera comprometerse. No era un 
compromiso casual ni pasajero. Quera dedicar su vida a ello, por Jim y por lo que 
podra ser si se curaba, por lo que podran llegar a ser ambos.
    Incluso si l le hubiera dicho que poda marcharse, y ella hubiera confiado en 
aquella liberacin, no le habra abandonado. l era su salvacin. Y Holly la de Jim.
    El molino se ergua contra el cielo grisceo como un centinela. Jim no haba 
aparecido en la puerta. Quiz todava no haba despertado.
    Quedaban muchos misterios dentro de aquel misterio, pero haba muchas 
cosas que eran dolorosamente obvias. Jim a veces fracasaba en su intento de 
salvar vidas como con el padre de Susie Jawolski porque realmente no 
operaba en nombre de un dios infalible o de un ser de otro mundo dotado con el 
poder de adivinar el futuro; Jim actuaba movido por sus extraordinarias aunque 
imperfectas visiones; era tan slo un hombre, especial s, pero tan slo un hombre, 
e incluso los mejores hombres tenan un lmite. Era evidente que, de algn modo, 
Jim senta que haba fallado a sus padres. Sus muertes eran una pesada carga en 
su conciencia, y trataba de redimirse a s mismo salvando vidas ajenas: SE 
PARECA A MI PADRE A QUIEN NO PUDE SALVAR, record Holly.
    Asimismo, tambin era obvio el hecho de que El Enemigo slo apareciera 
cuando Jim estaba dormido: Jim estaba aterrorizado de aquella parte oscura de s 
mismo, de la encarnacin de su rabia, y la reprima con todas sus fuerzas cuando 
estaba despierto. En su casa de Laguna, El Enemigo se haba materializado en la 
habitacin mientras Jim estaba durmiendo, manteniendo su presencia despus de 
que despertara, pero tras irrumpir en el techo del lavabo, se haba evaporado como 
un sueo, lo que era al fin y al cabo. Los sueos son puertas, les haba advertido El 
Amigo, lo que era una advertencia del propio Jim. Los sueos eran puertas, s, pero 
no para diablicos monstruos aliengenas que invaden la mente; los sueos son 
puertas al subconsciente, y lo que surga a travs de ellas era completamente 
humano.
    Haba otras piezas en aquel rompecabezas, pero Holly no saba cmo hacerlas 
encajar.
    Holly se hallaba disgustada consigo misma por no haber hecho las preguntas 
adecuadas cuando el lunes Jim le abri la puerta de su casa permitiendo que 
entrara en su vida. l haba insistido en que no era ms que un instrumento, que no 
tena poder por s mismo. Ella le haba credo con demasiada facilidad. Tendra que 
haber llegado hasta el fondo, haber hecho preguntas ms directas. Su manera de 
interrogarle haba sido tan ingenua como la de Jim con El Amigo cuando ste 
apareci por primera vez ante ellos.
    Holly se haba sentido contrariada por la facilidad con que Jim aceptaba las 
explicaciones del Amigo. Holly comprenda que Jim haba creado El Amigo por la 
misma razn que otras vctimas que padecen personalidad mltiple generan 
distintos caracteres: para enfrentarse a un mundo que les confunde y asusta. Solo 
y atemorizado a la edad de diez aos, Jim se haba refugiado en la fantasa. Haba 
creado al Amigo, un ser mgico, como fuente de consuelo y esperanza. Cuando 
Holly ejerci presin en El Amigo para que se explicara de una forma lgica, Jim se 
resisti porque sus preguntas amenazaban una fantasa que necesitaba 
desesperadamente para mantenerse vivo.
    Por razones similares, Holly no le haba interrogado con la dureza con que 
deba haberlo hecho el lunes por la tarde. l era el sueo que la mantena. Haba 
aparecido en su vida como una figura heroica, salvando a Billy Jenkins con una 
gracia y elegancia de ensueo. Hasta que Holly vio a Jim, no se dio cuenta de lo 
mucho que necesitaba a alguien como l.
    Y en lugar de interrogarle a fondo como habra hecho un buen periodista, Holly 
permiti que Jim fuera lo que pretenda ser, por temor a perderle.
    La nica esperanza que tenan era averiguar la verdad a toda costa. Jim no 
poda curarse hasta que comprendieran cmo haba evolucionado aquella 
particular y extraa fantasa y cmo, en el nombre de Dios, haba conseguido 
desarrollar sus poderes sobrehumanos para mantenerla.
    Holly permaneci sentada con las manos apoyadas en el volante, preparada 
para actuar pero sin tener idea de lo que deba hacer. Pareca que no haba nadie 
a quien pudiera acudir en busca de ayuda. Necesitaba respuestas que slo podan 
encontrarse en el pasado o en el subconsciente de Jim, dos terrenos que por el 
momento eran igualmente inaccesibles.
    De pronto, por un destello de lucidez, Holly se dio cuenta de que Jim ya le 
haba proporcionado una serie de claves para desvelar los misterios que persistan. 
Cuando llegaron a New Svenborg, Jim hizo un recorrido por la ciudad para 
mostrrsela, lo que entonces pareci una tctica para demorar la llegada a la 
granja. Pero Holly se percataba de que aquel recorrido turstico contena las 
revelaciones ms importantes que Jim le haba hecho. Cada recuerdo nostlgico 
era una clave del pasado y de los misterios que an no haban sido resueltos y 
que, una vez desvelados, haran posible que Holly le ayudara.
    Jim quera ayuda. Una parte de l comprenda que estaba enfermo, atrapado 
en una fantasa esquizofrnica, y quera salir de aquello. Holly esperaba que 
pudiera contener al Enemigo el tiempo suficiente para averiguar lo que necesitaban 
saber. Aquella parte oscura de Jim no quera que Holly lograra su propsito; el 
xito de Holly supondra la muerte del Enemigo, y para salvarse a s mismo, la 
destrozara si tena la oportunidad.
    Si Holly y Jim iban a compartir su vida juntos, su futuro radicaba en el pasado, 
y el pasado se hallaba en New Svenborg.
    Gir el volante a la derecha, empez a dar la vuelta para dirigirse a la carretera, 
y entonces se detuvo de pronto. Mir de nuevo el molino.
    Jim deba de ser parte de su propia catarsis. Holly no poda averiguar la verdad 
y hacer que l la creyera. Tena que verla por s mismo.
    Holly le amaba, pero tambin le tema.
    No poda hacer nada con respecto al amor que senta, era ahora parte de s 
misma, como la sangre, los huesos o los nervios. Pero cualquier miedo poda ser 
superado si se afrontaba la causa que lo provocaba.
    Sorprendida de su propio valor, Holly recorri de nuevo con el coche el sendero 
de gravilla hasta el pie del molino. Apret tres veces el claxon, luego tres veces 
ms, esper unos cuantos segundos y de nuevo volvi a tocar el claxon otra vez, y 
otra vez.
    Jim apareci en la puerta, bajo la luz griscea de la maana con los ojos 
entrecerrados.
    Holly abri la portezuela del coche y baj.
     Ya ests despierto?
     Acaso te parezco un sonmbulo? le pregunt mientras avanzaba hacia 
ella. Qu ocurre?
     Quiero estar segura de que ests despierto, completamente despierto.
    Jim se detuvo a unos cuantos metros de distancia de Holly.
    Por qu no abres el cap?, pondr mi cabeza debajo mientras t dejas en 
marcha el motor dos minutos, slo para asegurarte. Holly, qu ocurre?
    Tenemos que hablar, sube.
    Con el ceo fruncido, Jim se dirigi al asiento del pasajero y subi al Ford junto 
a Holly.
    Esto no va a ser agradable, verdad?
    No. No especialmente.
    Frente a ellos, las aspas del molino se movieron. Empezaron a girar 
lentamente, entre numerosos crujidos y estrpitos, desprendindose de las aspas 
trozos de madera y astillas de los podridos soportes.
    Pralo! le dijo Holly a Jim, temerosa de que las girantes aspas no fueran 
ms que un prembulo de la aparicin del Enemigo. S que no quieres or lo que 
tengo que decirte, pero no trates de distraerme, no trates de detenerme.
    Jim no respondi. Miraba el molino con fascinacin, como si no la hubiera odo.
    La velocidad de las aspas aument.
    Jim, maldita sea!
    Finalmente, Jim la mir, realmente sorprendido de la rabia que se esconda 
bajo el miedo de Holly.
    Qu?
    Las aspas del molino giraban ininterrumpidamente. Pareca una noria 
encantada en un carnaval de los condenados.
     Mierda! exclam Holly.
    Su miedo se aceleraba al mismo paso que las aspas del molino. Puso la 
marcha atrs, mir por encima del hombro, y retrocedi a gran velocidad rodeando 
la charca.
     Adnde vamos? pregunt Jim. No muy lejos.
    Ya que el molino se encontraba en el centro de las obsesiones de Jim, Holly 
pens que sera una buena idea apartarlo de su vista mientras hablaban. Dio una 
vuelta con el coche, y lo llev al final del camino de salida, aparcando frente a la 
carretera.
    Holly baj la ventanilla del coche y Jim sigui su ejemplo.
    Tras apagar el motor, Holly se volvi hacia l directamente. A pesar de todo lo 
que saba o sospechaba sobre l, sinti deseos de tocar su rostro, alisar su 
cabello, abrazarle. Jim provocaba en ella un instinto maternal que no haba 
imaginado que pudiera sentir algn da, exactamente igual que un sentimiento 
ertico y una pasin que estaban ms all de lo que nunca haba sentido.
    S pens Holly, y evidentemente tambin genera en ti una tendencia 
suicida. Jess, Thorne, este tipo ha dicho que te matara.
    Pero tambin le haba dicho que la amaba.
    Por qu todo era tan difcil?
    Antes de empezar... dijo Holly quiero que sepas que te amo, Jim. Era 
la frase ms estpida del mundo. Sonaba muy poco sincera. Las palabras no eran 
adecuadas para expresar lo que senta, seguramente porque sus sentimientos eran 
ms profundos de lo que nunca habra podido imaginar, y adems porque no era 
una sola emocin, sino que se vea entremezclada con otras como la ansiedad y la 
esperanza. De todos modos, volvi a repetirlo: Te amo de verdad.
    Jim le cogi su mano, y le sonri con evidente agrado.
    Eres maravillosa, Holly.
    Aquello no significaba exactamente, yo tambin te quiero, Holly, pero no 
estaba mal. No esperaba que tuviera lugar un romance de novela. No iba a ser tan 
simple. Estar enamorada de Jim era como estar enamorada simultneamente de 
Max de Winter de Rebeca, de Superman y de Jack Nicholson en cualquiera de los 
papeles que haba interpretado. Aunque no era fcil, tampoco era montono.
    Mira, Jim, cuando ayer estaba pagando la factura del motel y t estabas en el 
coche mirndome, me di cuenta de que no habas dicho que me queras. Iba a 
marcharme contigo, a ponerme en tus manos, y t no habas pronunciado esas 
palabras. Entonces me di cuenta de que yo tampoco lo haba hecho, de que jugaba 
a hacerme la indiferente, resguardndome y protegindome a m misma. Bueno, 
pues he decidido terminar con ese juego, caminar por la cuerda floja sin 
importarme y una de las razones de que lo haga es porque ayer noche me dijiste 
que me queras. Y espero que realmente fuera cierto.
    Una expresin de asombro se reflej en el rostro de Jim.
    Ya s que no recuerdas habrmelo dicho, pero lo hiciste. Tienes miedo de la 
palabra amor. Tal vez porque perdiste a tus padres cuando eras un nio, tienes 
miedo de acercarte a alguien por temor a perderle de nuevo. Qu te parece? 
Ests ante Holly Freud. Sin embargo, me dijiste que me queras, y te lo demostrar 
dentro de unos momentos, pero ahora, antes de meterme en toda esta historia, 
quiero que sepas que nunca imagin que pudiera sentir hacia alguien lo que siento 
hacia ti. As que, si lo que voy a decirte es duro de aceptar, incluso imposible de 
aceptar, debes saber de dnde proceden las palabras; slo del amor, de nada ms 
que eso.
    Jim la mir fijamente.
    S, de acuerdo. Pero Holly, esto...
    Djame hablar. Holly se inclin hacia delante, le bes y volvi a recostarse 
contra el respaldo del asiento. Antes que nada debes escucharme.
    Holly le cont todas sus teoras, la razn de que hubiera huido del molino 
mientras Jim dorma, y por qu haba regresado. Jim le escuch con creciente 
incredulidad, y Holly ataj repetidamente sus protestas apretando suavemente su 
mano, tapndole la boca con la mano, o dndole un rpido beso. El cuaderno con 
las respuestas que Holly cogi del asiento trasero, le dej perplejo e hizo que sus 
objeciones fueran menos vehementes. PORQUE SE PARECA A MI PADRE A 
QUIEN NO PUDE SALVAR. Las manos de Jim temblaban mientras sostena el 
cuaderno y lea aquella frase increble. Gir las hojas y ley los otros sorprendentes 
mensajes que se repetan una y otra vez TE QUIERE HOLLY/TE VA A MATAR 
HOLLY y el temblor de sus manos se agudiz an ms.
    Nunca te hara dao dijo Jim sin dejar de temblar, con la mirada fija en el 
cuaderno. Nunca!
     S que nunca querras hacerme dao.
    El doctor Jekyll nunca quiso ser el asesino Mr. Hyde.
    Pero t crees que fui yo quien mand estos mensajes, no El Amigo.
    S que fuistes t, Jim. Todo encaja.
    Entonces, si El Amigo escribi esto, y El Amigo soy yo, t crees que una 
parte de m te dice Te quiero, Holly.
    S dijo Holly suavemente.
    Jim levant la mirada del cuaderno, sus ojos se encontraron con los de Holly.
     Si crees que la parte de te quiero, Holly es cierta, por qu no crees en 
te voy a matar, Holly?
    Bueno, sa es la cuestin. Creo que una pequea y oscura parte de ti s 
quiere matarme. Jim retrocedi como si ella le hubiera asestado un golpe.
     El Enemigo quiere que muera, quiere castigarme, porque hice que te 
enfrentaras a lo que se esconde detrs de todas las cosas que han ocurrido 
ltimamente, te traje hasta aqu, te obligu a que te enfrentaras a la fuente de tu 
fantasa.
    Jim empez a mover la cabeza en un gesto de negacin. No obstante, Holly 
prosigui:
    Eso es lo que t queras que hiciera. sa es la razn por la que me atrajiste 
hasta ti.
    No. No lo hice...
    S, lo hiciste. Empujar a Jim hasta la verdad era extremadamente 
peligroso. Pero era la nica posibilidad de salvarlo. Jim, si no puedes entender lo 
que ha ocurrido, acepta la existencia de otras dos personalidades, incluso la 
posibilidad de su existencia, quizs se sea el principio del fin del Enemigo y del 
Amigo.
    Todava meneando la cabeza, Jim dijo:
    El enemigo no se ir pacficamente.
    Y de inmediato parpade sorprendido ante sus propias palabras y las 
implicaciones que stas conllevaban.
    Maldita sea! exclam Holly, y un escalofro la recorri, no slo porque Jim 
acababa de confirmar todas sus teoras, tanto si las admita como si no, sino 
porque las seis palabras que haba pronunciado eran prueba de que quera salir de 
aquella delirante fantasa en la que haba buscado refugio.
    Jim estaba tan plido como un hombre al que se le acaba de comunicar que 
tiene cncer. De hecho, en l se alojaba algo maligno, un mal psquico.
    Una brisa atraves las ventanillas abiertas del coche, y a Holly le pareci el 
indicio de una nueva esperanza.
    Aquel sentimiento optimista, no obstante, dur muy poco, porque en el 
cuaderno que sostena Jim de pronto aparecieron nuevas palabras: MORIRS.
    No soy yo dijo Jim con sinceridad. Holly, no es posible que sea yo.
    En el cuaderno aparecieron nuevas palabras: ME VOY ACERCANDO. 
MORIRS.
    Holly tuvo la sensacin de que el mundo se haba transformado en una casa 
encantada de feria, llena de fantasmas y espritus. En cualquier instante, en 
cualquier momento, sin advertencia previa, algo poda precipitarse sobre ella desde 
las sombras, o desde la luz del da. Pero al contrario de un monstruo de feria, ste 
le infligira autntico dao, derramara su sangre, la matara si tena ocasin.
    Con la esperanza de que El Enemigo, como El Amigo reaccionara de la forma 
deseada ante la firmeza, Holly cogi el cuaderno de manos de Jim y lo lanz por la 
ventanilla.
     Al diablo con todo esto! No voy a leer esa basura. Escchame, Jim. Si no 
me equivoco, El Enemigo es la encarnacin de tu rabia por la muerte de tus 
padres. Tu furia era incontenible, as que la sacaste fuera de ti mismo, y la 
convertiste en otra identidad. Pero eres una vctima del sndrome de mltiple 
personalidad porque tu poder te permite crear existencias fsicas para tus otras 
identidades.
    Aunque Jim iba aceptando sus palabras, todava luchaba por negar la verdad.
     De qu estamos hablando? De que estoy loco, de que soy una especie 
de luntico con personalidades materializadas? Por amor de Dios!
    No ests loco se apresur a decir Holly. Digamos que sufres cierta 
alteracin. Ests atrapado en una caja psicolgica que has construido para ti 
mismo, y quieres salir pero no encuentras la llave.
    Jim mene la cabeza. Unas finas gotas de sudor se perfilaban a lo largo de su 
frente, y su rostro reflejaba distintos tonos de palidez.
    No dijo Jim, eso es pintarlo todo de color de rosa. Si lo que crees es 
cierto, entonces estoy loco de atar, Holly, y tendra que estar encerrado en alguna 
maldita habitacin acolchada con el cuerpo lleno de torazina.
    Holly volvi a coger sus manos, apretndolas con fuerza.
    No. No sigas. Puedes salir de esto, puedes hacerlo, puedes recuperarte, s 
que puedes.
     Cmo puedes saberlo? Jess, Holly, yo... Porque no eres un hombre 
corriente, eres especial dijo Holly con conviccin. Tienes ese poder, esa 
increble fuerza interior que puede permitirte hacer mucho bien en el mundo. Ese 
poder es algo que puedes emplear a tu favor, puede ayudar a recuperarte. No te 
das cuenta? Si puedes hacer que surjan sonidos de campanas, latidos aliengenas 
y voces del aire, si puedes convertir las paredes en carne, proyectar imgenes en 
mi sueo, ver el futuro para salvar la vida a la gente, entonces tambin puedes 
sobreponerte y curarte.
    Una autntica incredulidad se dibuj en su rostro.
     Cmo un hombre puede tener el poder que dices? No lo s, pero lo 
tienes.
    Tiene que proceder de un ser superior. Por amor de Dios, no soy Superman.
    Holly dio un golpe en el claxon con el puo.
    Eres teleptico, telequinsico, o como se diga. De acuerdo, no puedes volar, 
no tienes una visin de rayos X, no puedes doblar el acero con tus manos, ni 
puedes correr ms rpido que una bala. Pero te hallas ms cerca que nadie de 
Superman. De hecho, en algunos aspectos le superas porque t puedes saber de 
antemano el futuro. Quiz slo veas trozos y retazos de ste, y slo visiones 
fortuitas cuando no te lo propones, pero puedes conocer el futuro.
    Jim se senta turbado por la conviccin de Holly.
     Y de dnde saco ese poder? No lo s.
    Aqu es donde todo pierde sentido.
    No pierde sentido por el solo hecho de que yo no lo sepa dijo Holly con 
frustracin  . El amarillo no deja de ser amarillo porque yo desconozca la razn 
de que los ojos capten distintos colores. Tienes ese poder. T eres ese poder, no 
Dios o algn aliengena instalado en el fondo de la charca.
    Jim apart las manos de Holly y mir a travs del parabrisas hacia la carretera 
y las secas colinas que se extendan ms all. Pareca asustado ante la 
perspectiva de tener que enfrentarse a aquellos tremendos poderes que posea, 
quiz porque implicaba hacerse cargo de unas responsabilidades que no se vea 
capaz de sobrellevar.
    Holly tambin tuvo la sensacin de que se senta avergonzado por la 
posibilidad de padecer una enfermedad mental, y pareca incapaz de mirarla a los 
ojos. Estaba tan orgulloso, se mostraba tan fuerte y seguro de su fuerza que no 
poda aceptar tal debilidad. Haba erigido una vida que daba gran valor al dominio 
de s mismo, a la autosuficiencia, que haca de la soledad que l mismo se haba 
impuesto una singular virtud, del mismo modo que un monje no necesita a nadie 
ms que a s mismo y a Dios. Pero Holly le estaba diciendo que su decisin de 
convertirse en un solitario hombre de hierro no era una eleccin adecuada, que era 
una accin desesperada para hacer frente a una perturbacin emocional que haba 
amenazado destrozarle, y que su necesidad de autocontrol le haba llevado al 
borde de la locura.
    Holly pens en las palabras del cuaderno: ME VOY ACERCANDO. 
MORIRS.
    Puso el coche en marcha.
     Adnde vamos? pregunt Jim.
    Al tiempo que pona una marcha, sala hacia la carretera y giraba a la derecha 
rumbo a New Svenborg. Holly no le contest; en lugar de eso pregunt:
     Haba algo especial en ti cuando eras nio?
    No respondi Jim de un modo demasiado rpido, demasiado brusco.
     Ningn indicio de que tuvieras un don especial o...?
     No, demonios, nada de eso!
    El sbito nerviosismo de Jim, traicionado por sus movimientos inquietos y sus 
manos temblorosas, convenci a Holly de que haba dado con la verdad. De algn 
modo haba sido un nio especial. Ahora que ella se lo haba recordado, Jim vio en 
aquellas cualidades tempranas las semillas del poder que crecera en l. Pero no 
quera afrontarlo. La negacin era su escudo.
     En qu ests pensando? En nada.
    Jim, vamos.
    En nada, de verdad.
    No saba a dnde le llevara seguir insistiendo en aquella pregunta, as que lo 
nico que poda decir fue:
    No lo niegues. Tienes poderes. No hay ningn ser de otro planeta, slo t.
    Jim no quera compartir con ella sus pensamientos, porque stos empezaban a 
debilitar su resistencia a las preguntas de Holly.
    No lo s.
    Es la verdad.
    Quiz.
    Es la verdad. Recuerdas cuando ayer por la noche El Amigo nos dijo que 
era un nio? Pues bien, lo dijo porque realmente es un nio, un nio para siempre, 
con la misma edad que t tenas cuando lo creaste: diez aos. Eso explica su 
comportamiento infantil, su necesidad de impresionar, sus rabietas. Jim, El Amigo 
no se comporta como un nio aliengena de diez mil aos; se comporta como un 
nio humano de diez aos.
    Jim cerr los ojos y se recost en el asiento, como si le agotara considerar lo 
que Holly deca. Su tensin interior era externa, manifestndose a travs de sus 
manos apretadas en un puo.
     Adnde vamos, Holly?
    A dar un paseo. Mientras atravesaban colinas y campos, Holly sigui 
manteniendo una suave tctica de acoso. sa es la razn por la que El Enemigo 
es una combinacin de todas las pelculas de terror que atemorizan a un nio de 
diez aos. La cosa que yo vi en la puerta de mi motel no era una criatura real, me 
doy cuenta de ello. No tena una estructura biolgica con sentido, ni siquiera era un 
aliengena. Era algo demasiado familiar, algo as como la idea que un nio puede 
tener del hombre del saco.
    Jim no respondi.
    Holly le mir.
     Jim?
    Sus ojos permanecan cerrados.
    El corazn de Holly empez a latir con fuerza.
    Jim!
    Al percibir una nota de alarma en su voz Jim se incorpor y abri los ojos.
    Qu?
    Por amor de Dios, no cierres los ojos tanto tiempo. Podras quedarte 
dormido, y no te daras cuenta hasta...
    Crees que puedo dormir con todas esas cosas en mi cabeza?
    No lo s. No quiero correr el riesgo. Mantn los ojos abiertos, de acuerdo? 
Es obvio que suprimes al Enemigo cuando ests despierto, as que slo aparece 
cuando duermes.
    En el cristal del parabrisas, como si fuera la pantalla de un ordenador en la 
cabina de un avin de combate, unas palabras empezaron a aparecer de izquierda 
a derecha, cada letra tena tres centmetros de alto: MUERTA MUERTA 
MUERTA....
    Holly, tratando de no demostrar su miedo, dijo:
    Al infierno con esto. Y puso en marcha los limpiaparabrisas, como si 
aquellas palabras fueran suciedad que pudiera eliminarse, pero las palabras 
siguieron all, y Jim las observaba atemorizado.
    Al pasar frente a un pequeo rancho, el aroma del heno recin segado entr 
con la brisa a travs de las ventanillas.
     Adnde vamos?  inquiri de nuevo Jim. A explorar.
     Explorar qu? El pasado.
    Todava no creo en lo que dices dijo Jim. No puedo creerlo. Cmo 
demonios voy a hacerlo? Y cmo podemos probar que lo que afirmas es cierto?
    Vamos a la ciudad respondi Holly. Haremos el recorrido que t me 
enseaste ayer. Svenborg, puerto de misterio y romance..., menudo poblacho. Pero 
tiene algo especial. T queras que yo viera aquellos lugares, tu subconsciente me 
deca que las respuestas estn en Svenborg. As que vamos a buscarlas juntos.
    Nuevas palabras aparecieron bajo las anteriores: MUERTA  MUERTA  
MUERTA....
    Holly saba que el tiempo se agotaba. El Enemigo quera aparecer, quera 
destriparla, desmembrarla, reducirla a un montn humeante de sus propias 
entraas antes de que tuviera tiempo de convencer a Jim de su teora, y no iba a 
esperar a que Jim estuviera dormido. Holly no estaba muy segura de que Jim 
pudiera contener aquella parte oscura de s mismo a medida que ella le presionaba 
para que se enfrentara con la verdad. Su autocontrol poda resquebrajarse, y sus 
personalidades benignas podan hundirse bajo el surgimiento creciente de aquella 
fuerza oscura.
    Holly, si tengo esa extraa personalidad mltiple, no me habra curado en 
cuanto me lo hubieras explicado, no habra desaparecido la venda de mis ojos?
    No. Tienes que creerlo antes de ser capaz de asumirlo. El saber que sufres 
una condicin mental anormal es el primer paso para que lo entiendas, y 
comprender lo que te ocurre es tan slo el primer paso doloroso que te llevar a la 
curacin.
    No me hables como si fueras un psiquiatra, no eres psiquiatra.
    Jim se resguardaba en la rabia, en aquella mirada glida, tratando de 
intimidarla como lo haba hecho en anteriores ocasiones, cuando no quera que se 
acercara a l. No le haba dado resultado entonces ni se lo iba a dar ahora. A 
veces los hombres podan ser muy torpes.
    Una vez entrevist a un psiquiatra dijo Holly.
    Oh, fantstico, eso te convierte en una gran terapeuta.
    Quiz s. El psiquiatra que entrevist estaba como una cabra, as que, qu 
importancia tiene un ttulo universitario?
    Jim tom una profunda bocanada de aire y luego la expuls con un 
estremecimiento.
    De acuerdo, supongamos que tienes razn, que de algn modo nos 
encontremos con una prueba irrefutable de que estoy loco de atar.
    T no ests loco, t ests...
    S, s, estoy perturbado, trastornado, llmalo como quieras. Si encontramos 
alguna prueba, y no puedo imaginar cmo, entonces, qu va a ocurrirme? Quiz 
sonra y diga: Oh, s, desde luego, me lo invent todo, viva a costa de un engao, 
me encuentro mucho mejor ahora, vamos a comer. Pero no lo creo. Creo que si 
ocurre... me desintegrar en un milln de pedazos.
    No puedo prometerte que la verdad, si la encontramos, sea una salvacin, 
porque hasta ahora t has encontrado la salvacin en la fantasa, no en la verdad. 
Pero no podemos seguir as porque El Enemigo me odia, y acabara por matarme. 
T mismo me advertiste.
    Jim mir las palabras en el parabrisas y no dijo nada. Ya no le quedaban 
argumentos, y acaso tampoco resistencia.
    Las palabras se borraron rpidamente.
    Quizs aquello era una buena seal, una indicacin de que su subconsciente 
se adaptaba a la teora de Holly. O tal vez El Enemigo haba decidido que no poda 
asustarla con simples amenazas y buscaba la forma de resurgir y atacarla.
    Cuando me haya matado, te dars cuenta de que es una parte de ti. Y si me 
quieres, tal como me dijiste a travs del Amigo ayer noche, qu va a hacer luego 
contigo? Va a destruir al Jim que amo? Va a dejarte con tan slo una 
personalidad, la oscura, El Enemigo? Creo que no me equivoco. Hablamos de tu 
supervivencia y de la ma. Si quieres tener un futuro tenemos que llegar hasta el 
fondo de todo esto.
    Quizs indaguemos e indaguemos sin que haya fondo. Y entonces qu?
    Entonces seguiremos indagando.
    Al entrar en la ciudad, pasando del paisaje reseco a aquel emplazamiento de 
pioneros extremadamente concentrado, Holly dijo de pronto en voz alta:
     Robert Vaughn!
    Jim reflej en su rostro un gesto de sorpresa, no porque Holly hubiera dicho 
algo desconcertante, sino porque aquel nombre guardaba con l una conexin 
inmediata.
    Dios mo!   dijo Jim, era su voz.
    La voz del Amigo dijo Holly mirndole un instante. T tambin te 
percataste de que era algo familiar.
    Robert Vaughn, el maravilloso actor, que haba sido el hroe de la serie 
televisiva Los hombres de CIPOL, el convincente villano de innumerables pelculas. 
Posea una de esas voces caracterizadas con tal riqueza de tono y profundidad que 
poda ser tan amenazante, o tan paternal y conciliadora como l quisiera.
    Robert Vaughn dijo Holly. Pero, por qu? Por qu no Orson Welles, 
Paul Newman, Sean Connery o Pedro Picapiedra? Es una eleccin demasiado 
extraa para que carezca de algn significado.
    No lo s dijo Jim pensativamente, pero en su interior tena el inquietante 
sentimiento de que deba saberlo. La explicacin estaba a su alcance.
     Todava crees que es un aliengena? le pregunt Holly. No te parece 
que un aliengena adoptara otra voz? Por qu iba a imitar a un actor?
    Una vez vi a Roben Vaughn dijo Jim, sorprendido por un oscuro recuerdo 
que se agitaba en su interior. Quiero decir, no en la televisin o en una pelcula, 
sino en persona. Hace ya mucho tiempo.
    Cundo, dnde?
    No puedo recordarlo..., no podr acordarme.
    Jim se senta como si estuviera sobre una estrecha franja de tierra entre dos 
precipicios, sin ningn lugar en el que apoyarse. Por un lado estaba la vida que 
haba llevado hasta aquel momento, llena de tormento y desesperacin, que haba 
tratado de negar pero que por momentos se abata sobre l, como cuando realiz 
aquel viaje espiritual en la Harley a lo largo del desierto de Mojave, buscando 
alguna salida, aunque fuera la muerte. Por otro lado, se extenda ante l un incierto 
futuro que Holly trataba de realzar, un futuro que segn ella estaba lleno de 
esperanza pero que a l le pareca catico y lleno de locura. Y la estrecha franja de 
tierra sobre la que se encontraba se resquebrajaba por minutos.
    Record una conversacin que haban tenido dos noches atrs cuando yacan 
juntos en su cama, antes de que hicieran el amor por primera vez:
    La gente siempre es ms complicada de lo que parece haba dicho Jim.
    Es eso una observacin... o una advertencia?
     Advertencia?
    Quiz me ests advirtiendo que no eres lo que pareces.
    Tras una larga pausa, l haba dicho: Quiz.
    Y tras otra larga pausa, Holly haba respondido: Supongo que no me 
importa.
    Ahora estaba seguro de que la haba advertido. Una dbil voz interior le deca 
que ella estaba en lo cierto, que las entidades del molino tan slo eran diferentes 
aspectos de s mismo. Pero si l era vctima de un sndrome de personalidad 
mltiple, no crea que su estado pudiera ser meramente descrito como una simple 
perturbacin o confusin mental, como Holly haba tratado de explicar. La locura 
era la nica explicacin posible a lo que le ocurra.
    Entraron en Main Street. La ciudad resultaba extraamente oscura y 
amenazadora, quiz porque contena la verdad que le obligara a salir de su 
estrecho cobijo mental hacia un mundo catico o algo peor.
    Record haber ledo que slo los locos se hallaban absolutamente seguros de 
su cordura. Jim no estaba seguro de nada pero aquello no le proporcionaba 
consuelo alguno. Jim sospechaba que la locura era la esencia misma de la 
incertidumbre, una frentica pero vana bsqueda de respuestas. La cordura era 
aquel lugar de certidumbre que se eriga sobre el vertiginoso caos.
    Holly detuvo el coche frente a la farmacia de Handahl al final de Main Street 
Este.
    Empezaremos aqu.
     Por qu?
     Porque es la primera parada que hicimos cuando t me mostrabas los 
lugares que significaban algo para ti cuando eras pequeo.
    Jim sali del coche. Sobre su cabeza se extenda el ramaje de una magnolia 
Wilson, una de las varias que se entrelazaban con otros rboles a lo largo de 
ambos lados de la calle. Aquella imagen mitig su inquietud pero contribuy a 
agudizar el sentimiento extrao y discordante que creaba el pueblo.
    Cuando Holly abri la puerta de aquel edificio de estilo dans, los cristales que 
la componan brillaron como joyas, y una campanilla tintine sobre sus cabezas.
    El corazn de Jim lata con fuerza, no porque la farmacia fuera un lugar en el 
que haba ocurrido algo significativo durante su infancia, sino porque presenta que 
aqulla era la primera piedra del camino que llevaba a la verdad.
    El bar en que se serva soda y caf se hallaba a su izquierda, y, a travs de la 
arcada, Jim vio a unas cuantas personas que estaban desayunando. 
Inmediatamente despus de entrar haba un pequeo puesto de revistas, donde se 
amontonaban los peridicos de la maana, la mayora peridicos de Santa 
Brbara; tambin haba revistas, y un soporte giratorio que contena libros de 
bolsillo.
     Sola comprar aqu los libros dijo Jim  . Ya entonces adoraba los libros, 
nunca tena suficiente.
    La farmacia se hallaba a su derecha, ms all de otra arcada. Se pareca a 
cualquier moderna farmacia americana, pues en su interior se almacenaban ms 
cosmticos, productos de belleza y lociones para el pelo que productos 
farmacuticos. Por otro lado era agradablemente pintoresca: estanteras de madera 
en lugar de metal; mostradores de granito pulido; un aroma atrayente compuesto 
de velas Bayberry, chocolatinas, efluvios de cigarros que llegaban desde la caja 
registradora, un olor suave de alcohol etlico y diversos frmacos.
    Aunque an era una hora temprana, el farmacutico ya estaba trabajando, 
despachando como nico dependiente que era. Se trataba del mismo Corbett 
Handahl, un hombre fornido de bigote blanco y cabello cano, llevaba una 
inmaculada camisa azul bajo su almidonada bata blanca.
    Levant la mirada hacia ellos y exclam:
    Jim Ironheart, vlgame Dios. Cunto tiempo ha pasado..., al menos tres o 
cuatro aos.
    Se dieron la mano.
    Cuatro aos y cuatro meses respondi Jim.
    Estuvo a punto de aadir desde que el abuelo muri, pero se contuvo sin 
saber por qu.
    Rociando el mostrador de granito con Windex, para luego secarlo con toallas 
de papel, Corbett sonri y se dirigi a Holly:
    Quienquiera que usted sea, le estoy eternamente agradecido por haber 
trado la belleza en esta maana gris.
    Corbett era el perfecto farmacutico de pueblo: lo suficiente jovial para parecer 
un hombre corriente, a pesar de ocupar un elevado puesto en la escala social 
debido a su trabajo, lo bastante bromista para ser un personaje local, pero con un 
evidente aire de eficiencia que convertan sus preparados medicinales en algo 
seguro. La gente del pueblo se detena a saludarle, no nicamente cuando 
necesitaban algo, y el genuino inters que l senta por la gente le ayudaba en su 
negocio. Haca treinta y tres aos que trabajaba en la farmacia y haba sido su 
propietario desde haca veintisiete, tras la muerte de su padre.
    Handahl era el menos peligroso de los hombres, no obstante, Jim se sinti 
amenazado por l. Quera salir de la farmacia antes de...
    Antes de qu?
    Antes de que Handahl dijera lo que no deba, de que revelara demasiadas 
cosas. Pero, qu poda revelar?
     Soy la prometida de Jim dijo Holly, sorprendiendo a Jim.
    Enhorabuena, Jim dijo Handahl  . Eres un hombre afortunado. Seorita, 
espero que sepa que el verdadero apellido de la familia era Ironhead1 antes de que 
se cambiaran de nombre, lo cual es ms descriptivo. Un grupo de testarudos.
    Le hizo un guio y se ech a rer.
    Jim me est enseando la ciudad, mostrndome sus lugares favoritos. Un 
viaje sentimental, podra decirse.
    Frunciendo el ceo, Handahl se dirigi a Jim:
    No saba que el pueblo te gustara lo suficiente como para sentirte nostlgico.
    Jim se encogi de hombros.
     Las cosas cambian.
    Me alegro de orlo. Handahl se volvi de nuevo hacia Holly. Jim empez 
a venir por aqu poco despus de que se instalara con sus abuelos, vena cada 
martes y cada viernes, cuando llegaban los nuevos libros y revistas del distribuidor 
de Santa Brbara. Haba dejado a un lado el Windex y estaba poniendo sobre el 
mostrador cajas de chicles, pastillas de menta, mecheros y peines de bolsillo  . 
En aquella poca, Jim era un autntico entusiasta de la lectura. An lo sigues 
siendo?
    Todava dijo Jim con creciente malestar, aterrorizado de lo que Handahl 
pudiera decir a continuacin.
    Pero no tena ni idea de que poda ser tan importante.
    Tenas unos gustos muy especiales, lo recuerdo. Handahl mir a Holly. 
Sola gastar su paga semanal comprando libros de cienciaficcin y de terror. 
Desde luego en aquellos das una paga de dos dlares semanales daba mucho de 
s, si se tiene en cuenta que un libro costaba unos cuarenta y cinco o cincuenta 
centavos.
    La claustrofobia se apoder de Jim, densa como un pesado sudario. La 
farmacia empez a resultarle terrorficamente pequea, atestada de mercancas, y 
quiso salir de all. Viene, ya viene, pens, con un sbito ataque de ansiedad.
    Imagino que su inters en extraas lecturas de ficcin le vena de sus 
padres.
     Cmo es eso? pregunt Holly con el ceo fruncido. No conoca 
demasiado a Jamie, el padre de Jim, pero slo iba un curso detrs de l en la 
escuela del condado. Sin nimo de ofender, Jim, tu padre tena unas aficiones 
exticas, aunque con lo que el mundo ha cambiado ahora no pareceran tan 
exticas como lo eran en los aos cincuenta.
     Aficiones exticas?
    Jim mir en torno a la farmacia, preguntndose por dnde podra venir, qu 
ruta de escape poda estar bloqueada y cul poda estar abierta. Jim oscilaba entre 
la aceptacin y el rechazo de la teora de Holly, y en aquel momento estuvo seguro 
de que ella se equivocaba. No era una fuerza interior. Era un ser totalmente 
exterior a l, tal como lo era El Amigo. Era un diablico aliengena, al igual que El 
Amigo era bueno, y poda ir donde quisiera, aparecer de la nada, en cualquier 
instante, y saba que vena, porque quera matarlos a todos.
    
    
    1. Juego de palabras: Ironheart, corazn de hierro. Ironhead, cabeza de hierro. 
(N. de la T.)
    
    
    Bueno dijo Handahl, de nio, Jamie sola venir por aqu, por aquel 
entonces era la tienda de mi padre, y compraba aquellas revistillas con robots, 
monstruos y mujeres con poca ropa en las cubiertas. Sola hablar del da en que 
conseguiramos que el hombre llegara a la Luna, y todo el mundo pensaba que 
Jamie era un poco extrao por eso, pero supongo que despus de todo tena 
razn. No me sorprendi cuando me enter de que haba abandonado su trabajo 
de contable, se haba casado con una chica del mundo del espectculo y se 
ganaba la vida haciendo actuaciones de poder mental.
    Actuaciones de poder mental? repiti Holly al tiempo que miraba a Jim  
. Cre que tu padre era un contable y tu madre una actriz.
    Lo eran respondi Jim con un hilo de voz. Eso fue antes de que se 
unieran para actuar juntos en el nmero que representaban.
    Casi lo haba olvidado. Cmo poda haber olvidado el nmero? Tena todas 
las fotografas de sus giras, muchas de ellas colgadas de la pared; las vea a diario 
y, sin embargo, haba olvidado que haban sido tomadas durante los viajes que 
tenan lugar entre sus actuaciones.
    Se acercaba rpidamente. Estaba muy cerca, muy cerca.
    Quera avisar a Holly, pero no poda articular palabra. Algo pareca haberle 
robado la lengua, bloqueado sus mandbulas.
    Se acercaba... No quera que Jim avisara a Holly. Quera cogerla por sorpresa.
    Poniendo en orden los ltimos artculos sobre el mostrador, Handahl dijo:
    Fue una tragedia, lo que les ocurri. Jim, cuando viniste por primera vez al 
pueblo para vivir con tus abuelos, eras tan retrado..., nadie te poda sacar dos 
palabras seguidas.
    Holly ya no miraba a Handahl sino que tena los ojos clavados en Jim. Pareca 
intuir que se hallaba en un estado de profunda afliccin.
    Al segundo ao, despus de que Lena muriera prosigui Handahl  , Jim 
se qued callado como un muerto, totalmente mudo, como si no fuera a pronunciar 
otra palabra en su vida. Te acuerdas de eso, Jim?
    Con expresin de asombro, Holly se volvi hacia Jim.
     Tu abuela muri al segundo ao de estar aqu, cuando tenas once aos?
    Le dije que muri hace cinco aos pens Jim. Por qu le dije cinco aos 
cuando ocurri hace veinticuatro?
    Vena... Jim lo senta. Ya vena... El Enemigo.
    Disculpadme, necesito aire fresco dijo Jim.
    Sali apresuradamente y se detuvo junto al coche, haciendo esfuerzos para 
respirar.
    Al mirar atrs descubri que Holly no le haba seguido. Poda verla por el cristal 
de la ventana, hablando con Handahl.
    Mientras tanto, el peligro segua acercndose...
    Holly, no le hables pens Jim, no le escuches, sal de ah.
    Apoyndose contra el coche, Jim pens: La nica razn por la que temo a 
Corbett Handahl es porque sabe ms acerca de mi vida en Svenborg de lo que yo 
puedo recordar.
    Demasiado tarde. Haba llegado.
    Ya estaba all.
    
    
    Handahl sigui a Jim con una mirada de curiosidad.
    Creo que nunca ha podido sobreponerse a lo que les ocurri a sus padres... 
o a Lena dijo Holly.
    Handahl asinti con la cabeza.
     Quin se sobrepone a algo tan horrible como eso? Era un nio tan 
encantador que se te rompa el corazn.
    Antes de que Holly pudiera preguntar algo ms acerca de Lena, Handahl dijo:
     Van a ir a vivir a la granja?
    No. Slo vamos a estar un par de das.
    Mire, no es de mi incumbencia, pero es una pena que nadie se ocupe de esa 
tierra.
    Bueno, Jim no es granjero respondi Holly, y sin nadie que quiera 
comprar el lugar...
    Que nadie quiere comprar el lugar? Se equivoca totalmente, seorita, se 
daran de bofetadas por comprarlo si Jim lo pusiera a la venta.
    Holly parpade.
    En esa propiedad tienen un autntico pozo artesiano prosigui Handahl, 
lo que significa que siempre tendrn agua en un condado en el que escasea. Se 
inclin sobre el mostrador de granito y cruz los brazos ante el pecho. Funciona 
de la siguiente forma: cuando la vieja charca est llena, el peso de todo el agua 
hace presin sobre el manantial natural y afloja el caudal del agua que pueda venir. 
Pero si se empieza a sacar agua para regar las  cosechas,  el  caudal aumenta y la 
charca siempre est llena, como la jarra mgica de un cuento de hadas. Inclin a 
un lado la cabeza y entrecerr los ojos  . Jim le ha dicho que no poda 
venderla?
    Bueno, yo imagin que...
    Le dir algo, quizs ese hombre es ms sentimental de lo que pensaba. 
Quiz no quiere vender la granja porque en ella hay demasiados recuerdos.
    Quiz respondi Holly. Pero hay recuerdos tan buenos como malos.
    En eso tiene razn.
    Como el de que su abuela muriera dijo Holly, tratando de que l volviera a 
abordar de nuevo el tema. Aquello fue...
    Un sonido repiqueteante la interrumpi. Se dio la vuelta y vio que las botellas 
de champ, laca, vitaminas y medicinas se agitaban en las estanteras.
    Terremoto! dijo Handahl, elevando la mirada con preocupacin hacia el 
techo, como si pensara que poda desmoronarse sobre ellos.
    Los envases se agitaron con ms violencia que nunca, y Holly supo que 
aquello se deba a algo peor que un terremoto. Se le estaba avisando de que no 
hiciera ms preguntas a Handahl.
    El mundo acogedor de la pintoresca farmacia empez a desintegrarse. Las 
botellas explotaron en los estantes, dirigidas hacia Holly. Se apart y se tap el 
rostro con los brazos. Los envases cayeron sobre ella, algunos la rozaron y 
cayeron sobre Handahl. El bote humidificador, que se hallaba sobre el mostrador, 
vibraba. Holly, instintivamente, se arroj al suelo. En el momento mismo que se 
tiraba al suelo, la cubierta de cristal de aquella caja estall. Los trozos de cristal 
cortaron el aire en que haca unos instantes Holly se haba encontrado. Se arrastr 
hacia la salida mientras refulgentes cascos de botella se estrellaban contra el 
suelo. A su espalda la pesada caja registradora cay del mostrador de granito, y no 
la aplast por unos escasos centmetros. Antes de que las paredes se abombaran 
para dar lugar a una forma aliengena, Holly alcanz la puerta, pas corriendo junto 
al quiosco de revistas y sali a la calle, dejando a Handahl en medio de su 
supuesto terremoto.
    El latido palpitaba bajo los pies de Holly en el pavimento de la calle.
    Encontr a Jim apoyado en el coche, temblando y plido como una pared, con 
la expresin de un hombre que est a punto de saltar a un precipicio. Cuando Holly 
pronunci su nombre no respondi. Pareca estar a punto de rendirse a la oscura 
fuerza que albergaba en su interior, una fuerza que reclamaba su libertad.
    Holly le apart del coche, le rode con sus brazos, y lo abraz con todas sus 
fuerzas, repitiendo su nombre, esperando que de un momento a otro las aceras 
estallaran en un giser de ladrillos, esperando que en cualquier instante la 
atraparan unas pinzas enormes, tentculos, o unas manos fras y hmedas de 
formas inhumanas. Pero el latido se fue desvaneciendo y, transcurrido un tiempo, 
Jim levant los brazos y abraz a Holly.
    El Enemigo se haba marchado.
    Pero era una retirada momentnea.
    
    
    El Svenborg Memorial Park estaba situado junto a los jardines Tivoli. El 
cementerio se hallaba separado del parque por una verja de hierro y una serie de 
rboles, la mayora de ellos eran cedros blancos y pimenteros californianos.
    Jim condujo lentamente a lo largo de la avenida que serpenteaba a travs del 
cementerio.
    Aqu.
    Condujo el coche hacia un lado y se detuvo. Cuando sali del Ford sinti la 
misma claustrofobia que en la farmacia, a pesar de hallarse al aire libre. El cielo, de 
un color pizarra oscuro, pareca cernirse sobre los monumentos de granito, 
mientras que aquellos rectngulos, cruces y agujas se elevaban como las 
protuberancias de antiguos huesos medio enterrados. Bajo aquella luz 
desagradable la yerba y los rboles eran de un verde grisceo, y stos parecan 
amenazantes, como si estuvieran a punto de precipitarse sobre l.
    Dando la vuelta al coche, hacia el lado de Holly, Jim seal el Norte.
    All.
    Holly le cogi la mano. Jim se sinti agradecido por aquel gesto.
    Juntos se dirigieron a la tumba de los abuelos de Jim. Se hallaba situada en 
una ligera ondulacin que se elevaba en medio de la plana uniformidad del 
cementerio. Una lpida rectangular de granito se eriga sobre ambas tumbas.
    El corazn de Jim palpitaba con fuerza, y tena dificultad en tragar saliva.
    El nombre de su abuela estaba cincelado en el lado derecho del monumento 
funerario: LENA LOUISE IRONHEART.
    Reluctante, Jim mir la fecha de su nacimiento y de su muerte. Tena cincuenta 
y tres aos cuando muri. Y haca veinticuatro aos que estaba muerta.
    Eso deba de ser lo que uno senta despus de sufrir un lavado de cerebro, 
despus de perder la memoria: falsos recuerdos llenaban los espacios en blanco. 
Su pasado le pareca como un paisaje sumido en una densa neblina que tan slo 
se distingua por la inconstante y extraa luminiscencia de una luna envuelta en 
nubes. De pronto no poda rememorar los aos pasados con la misma claridad que 
haba posedo tan slo una hora atrs, y no poda confiar en la realidad que todava 
vea; los recuerdos ntidos quiz no eran ms que distorsiones de la niebla y las 
sombras al verse forzado a afrontarlos con tal proximidad.
    Desorientado y asustado se cogi con ms fuerza a la mano de Holly.
     Por qu mentiste, por qu me dijiste que muri hace cinco aos? le 
pregunt Holly con suavidad.
    No te ment. Al menos... no me di cuenta de ello. Mir fijamente al granito, 
como si su pulida superficie fuera una ventana que diera al pasado, y luch por 
recordar. Recuerdo que una maana, al levantarme, supe que mi abuela haba 
muerto. Hace cinco aos. Entonces viva en el apartamento, en Irvine. Escuch 
su propia voz como si fuera la de un extrao, y el extrao tono que sta posea le 
produjo un escalofro. Me vest... conduje hacia el Norte..., compr flores en el 
pueblo y vine aqu...
    Tras un rato, al ver que Jim no continuaba hablando, Holly dijo:
     Recuerdas algn funeral ese da? No.
     Ms flores en la tumba?
    No. Todo lo que recuerdo es que me arrodill llorando ante la lpida con las 
flores que haba trado para ella, llor durante largo tiempo. No poda dejar de 
llorar.
    Al pasar junto a l dirigindose a otras tumbas, la gente lo haba mirado con 
simpata, luego con embarazo al percatarse del alcance de su colapso emocional, y 
finalmente con intranquilidad al darse cuenta de que el dolor que senta era tan 
desgarrador que le haca parecer un desequilibrado. An poda recordar lo 
desesperado que se sinti ese da, mirando con rabia a los que le observaban, sin 
otro deseo que el de escarbar la tierra y cubrirse con ella como si fuera una manta, 
para reposar en el mismo agujero que su abuela. Pero no poda recordar por qu 
se haba sentido de aquel modo o por qu volva a sentirse igual.
    Mir de nuevo la fecha de su muerte 25 de septiembre  y en aquel 
momento se sinti demasiado asustado para llorar.
    Qu ocurre? Dmelo le inst Holly.
     se es el da que vine con las flores, la nica vez que he venido, el da que 
record que haba muerto. Veinticinco de septiembre. De eso hace cinco aos, no 
veinticuatro. Era el decimonoveno aniversario de su muerte..., pero en aquel 
momento me pareci, y hasta ahora tambin, que acababa de morir.
    Los dos permanecieron en silencio.
    Dos grandes mirlos volaron a travs del lgubre cielo, graznaron y 
desaparecieron tras las copas de los rboles.
    Podra ser pregunt Holly finalmente, que negaras su muerte, que 
rehusaras aceptarla cuando realmente ocurri, hace veinticuatro aos? Quiz slo 
fuiste capaz de aceptarla diecinueve aos ms tarde... el da que viniste aqu con 
las flores. sa es la razn por la que crees que su muerte ocurri mucho ms 
recientemente de lo que en realidad fue. T sitas la fecha de su muerte a partir del 
da que finalmente la aceptaste.
    Jim reconoci de inmediato que Holly haba dado en el blanco, pero la 
respuesta no le hizo sentirse mejor.
    Pero, Holly, por amor de Dios, es una locura.
    No respondi ella con calma, S autodefensa, parte de las defensas que 
erigiste para ocultar muchas de las cosas que ocurrieron cuando tenas diez aos. 
Holly hizo una pausa, respir profundamente y dijo  : Cmo muri tu abuela, 
Jim?
    Ella... Se sinti sorprendido al darse cuenta de que no poda recordar la 
causa de la muerte de Lena Ironheart. Otro espacio en blanco  . No lo s.
    Creo que muri en el molino.
    Jim apart la mirada de la tumba, hacia Holly. La inquietud lo puso en tensin, 
aunque no saba por qu.
     En el molino? Cmo? Cmo puedes saberlo? Por el sueo del que te 
habl. Subiendo las escaleras del molino, al mirar la charca a travs de la ventana, 
vi el rostro de otra mujer reflejado en el cristal, el rostro de tu abuela.
     Eso slo era un sueo. Holly mene la cabeza.
    No, creo que era un recuerdo, un recuerdo que t proyectabas de tu sueo al 
mo.
    El corazn de Jim se vio invadido por el pnico a causa de unas razones que 
no poda discernir.
     Cmo puede haber sido un recuerdo que no tengo? Te equivocas, s lo 
tienes.
    Jim frunci el ceo.
    No es cierto.
    Tienes muchos recuerdos atrapados en tu subconsciente, donde solamente 
puedes acceder cuando sueas, pero estn all.
    Si ella le hubiera dicho que el cementerio se hallaba sobre un carrusel, y que 
lentamente empezaban a girar bajo aquel cielo de color metal, lo habra aceptado 
con ms facilidad que el recuerdo hacia el que Holly le conduca. Se senta como si 
girara a travs de la luz y la oscuridad, el miedo y la rabia...
    Pero en tu sueo dijo Jim con gran esfuerzo, yo estaba en la habitacin 
superior cuando mi abuela lleg hasta ella.
    S.
    Y si ella muri all...
    T presenciaste su muerte, verdad?
    Jim movi la cabeza con fuerza.
    No. Dios mo, lo recordara, no crees?
    No. Creo que sa es la causa de que necesitases diecinueve aos para 
admitir que ella haba muerto. Creo que la viste morir, y supuso tal trauma que te 
provoc un largo perodo de amnesia, en el que superpusiste fantasas y ms 
fantasas.
    Se levant una brisa, y algo se enred en los pies de Jim. Crey que se trataba 
de las huesudas manos de su abuela que surgan de la tierra para atraparlo, pero 
al mirar al suelo vio que tan slo eran hojas marchitas que se entrelazaban unas 
con otras al deslizarse sobre la yerba.
    Cada latido de su corazn le pareca como un puetazo. Jim se alej de la 
tumba ansioso de volver al coche.
    Holly pos una mano en su brazo.
    Espera.
    Jim se desasi de ella, casi empujndola. La mir con rabia y dijo:
     Quiero salir de aqu!
    Sin amilanarse, Holly se agarr a l y lo detuvo de nuevo.
    Jim, dnde est tu abuelo? Dnde est enterrado?
    Jim seal el trozo de tierra que haba junto a la tumba de su abuela.
    Est all, junto a ella.
    Entonces mir la parte izquierda del monumento funerario de granito. Su 
atencin se haba concentrado de tal modo en la otra mitad, en la fecha imposible 
en que muri su abuela, que no se haba dado cuenta de lo que faltaba en el lado 
izquierdo. El nombre de su abuelo estaba all, como deba ser, cincelado en la 
misma poca que el de Lena: HENRY JAMES IRONHEART. Tambin figuraba la 
de su nacimiento, pero la de su muerte no haba sido grabada en la piedra.
    El cielo de hierro se cerna sobre l.
    Los rboles parecan inclinarse sobre su cabeza.
     No dijiste que muri ocho meses despus de Lena? Jim tena la boca seca. 
Apenas le quedaba saliva para hablar y las palabras surgan en secos murmullos 
como susurrantes oleadas de arena contra la piedra del desierto.
     Qu demonios quieres de m? Ya te lo dije... ocho meses despus... 
veinticuatro de mayo del ao siguiente.
     Cmo muri?
    Yo no... No lo recuerdo. De enfermedad? Cllate, cllate!, pens Jim.
     Un accidente?
    Creo que..., creo que fue de un ataque.
    El pasado era como una gran niebla misteriosa. Jim se dio cuenta de que 
raramente pensaba en el pasado. Viva totalmente en el presente: No se haba 
percatado de que haba grandes agujeros en sus recuerdos, simplemente porque 
haba demasiadas cosas que nunca haba intentado recordar.
     No eras el pariente ms cercano de tu abuelo? le pregunt Holly.
    S.
    No te ocupaste de los detalles del funeral?
    Jim vacil, frunci el ceo.
    Creo que s.
     Entonces te olvidaste de poner la fecha de su muerte en la lpida?
    Jim observ el espacio en blanco en el granito, buscando frenticamente al 
mismo tiempo un espacio en blanco en su memoria, incapaz de responder a Holly. 
Se senta mareado. Quera acurrucarse y cerrar los ojos, dormir y no despertar 
jams, dejar que algo se despertara en su lugar...
     O acaso lo enterraste en otro lugar?
    A travs de las cenizas de aquel cielo quemado, los graznantes mirlos 
descendieron en picado, emitiendo con el batir de sus alas mensajes caligrficos, 
cuyo significado era tan indescifrable como los evasivos recuerdos que se 
precipitaban en la oscuridad profunda de la mente de Jim.
    Holly gir en direccin a los jardines Tivoli.
    Cuando salieron de la farmacia, Jim quiso dirigirse al cementerio, preocupado 
por lo que all poda encontrar e inquieto ante la idea de enfrentarse a un pasado 
de falsos recuerdos que arrancar de su mente para afrontar la verdad. La 
experiencia en aquel lugar le haba alterado y ahora no tena ninguna prisa para 
descubrir las sorpresas adicionales que le aguardaban. No le importaba que Holly 
llevara el coche. Ella sospechaba que Jim se habra sentido ms feliz si se 
hubieran alejado del pueblo y no le hubiera vuelto a hablar acerca de New 
Svenborg.
    El parque era demasiado pequeo para que existiera una avenida para los 
coches. Dejaron el vehculo en la calle y entraron en l.
    Holly lleg a la conclusin de que los jardines Tivoli eran todava menos 
atrayentes vistos de cerca de lo que le haban parecido el da anterior desde lejos. 
Aquella impresin no slo se deba al cielo nublado. Haba trozos de yerba reseca 
a causa del sol estival de las semanas precedentes, y que poda ser bastante 
intenso en cualquier valle del centro de California, plantas trepadoras se 
entrelazaban en los descuidados rosales; las pocas rosas que quedaban estaban 
mustias y sus ptalos caan sobre el espinoso arbusto. Las otras flores parecan 
marchitas, y los dos bancos necesitaban una mano de pintura.
    Slo el molino estaba bien cuidado. Era ms grande e imponente que el molino 
de la granja, y tena una base circular ms amplia.
    Por qu estamos aqu? pregunt Holly.
    No lo preguntes. T fuiste la que quisiste venir.
    No seas estpido, cario rebati Holly.
    Holly saba que presionarle era lo mismo que dar patadas a un paquete de 
dinamita, pero no tena otra eleccin. Jim estallara tarde o temprano. La nica 
posibilidad de supervivencia que tena Holly era obligarle a reconocer que l era El 
Enemigo antes de que aquella personalidad malvola se apoderara de l para 
siempre. Holly senta que el tiempo se agotaba.
    T fuiste el que marc ayer el itinerario dijo Holly. Dijiste que aqu 
rodaron una pelcula. Una sbita agitacin se apoder de ella por lo que acababa 
de decir. Espera un segundo... Fue aqu donde viste a Robert Vaughn? 
Participaba l en el rodaje?
    Con una expresin de asombro que lentamente dio lugar a otra de 
preocupacin, Jim se dio la vuelta, recorriendo con la mirada el pequeo parque. 
Finalmente se dirigi hacia el molino, seguido por Holly.
    Dos atriles de carcter histrico flanqueaban el camino embaldosado situado 
frente a la puerta del molino. Los soportes estaban hechos de una piedra resistente 
a los cambios climticos. El material escrito sobre las inclinadas superficies 
superiores estaba protegido por lminas de plexigls hermticamente acopladas. El 
atril de la izquierda, hacia el cual se dirigieron primero, contena informacin acerca 
del uso de los molinos para moler grano, sacar agua y producir electricidad que se 
haban utilizado en el valle de Santa Ynez desde 1800 hasta bien entrado el siglo 
XX; iba seguida de la historia del molino que tenan frente a ellos, llamado, de 
forma bastante apropiada, El Molino de New Svenborg.
    Aquella informacin era tremendamente montona, y Holly se volvi hacia el 
segundo atril por la sola razn de que an posea algo del afn de averiguar 
hechos relevantes que en el pasado la haban convertido en una pasable 
periodista. Su inters se vio inmediatamente cautivado por el ttulo de la segunda 
placa, EL MOLINO NEGRO: LIBRO Y PELCULA.
    Jim, mira esto.
    Jim se reuni con ella junto al segundo atril.
    Haba una fotografa de la cubierta de una novela juvenil El molino negro por 
Arthur J. Willott, y la ilustracin era evidente que estaba basada en el Molino de 
New Svenborg. Holly ley el texto con creciente asombro. Willott, uno de los 
habitantes del valle de Santa Ynez, haba sido un clebre autor de novelas 
juveniles, que escribi cincuenta y dos obras antes de morir en 1982, a la edad de 
ochenta aos. Su libro ms conocido y que ms haba perdurado a diferencia de 
los dems, trataba de una aventura fantstica acerca de un molino encantado en la 
que un nio descubra que los fantasmas eran en realidad seres de otro planeta y 
que bajo la charca del molino yaca una nave espacial que llevaba all diez mil 
aos.
    No dijo Jim con cierta rabia no, eso no tiene sentido, no puede ser cierto.
    Holly record el momento del sueo en que se hallaba en el cuerpo de Lena 
Ironheart, mientras suba las escaleras. Al llegar arriba se haba encontrado con un 
Jim de diez aos con las manos apretadas en un puo. l se haba vuelto hacia 
ella y haba dicho: Estoy asustado, aydame, las paredes, las paredes!. A los 
pies de Jim haba una vela amarilla sobre un plato azul. Hasta ahora no haba 
recordado que junto al plato yaca un libro de tapa dura con una coloreada cubierta. 
Era la misma cubierta reproducida en el atril: El molino negro.
    No repiti Jim, y se alej de la placa.
    Mir a su alrededor con ansiedad a los rboles agitados por la brisa.
    Holly sigui leyendo y descubri que veinticinco aos atrs, el mismo ao que 
Jim, a la edad de diez aos, lleg al pueblo, se haba rodado una pelcula basada 
en El molino negro. El molino de New Svenborg haba servido como uno de los 
exteriores principales para rodar. La productora haba creado una charca poco 
profunda, pero convincente, alrededor del molino, y haban pagado para que una 
vez rodada la pelcula, la tierra fuera rehabilitada como un pequeo parque.
    Mirando con el ceo fruncido los rboles y arbustos, Jim dijo:
    Algo se acerca.
    Holly no vio que se acercara algo, y crey que trataba de distraer su atencin 
de la placa. Jim no quera aceptar las implicaciones que contena, as que estaba 
tratando de alejar a Holly para que se fuera con l.
    La pelcula deba de haber sido un fracaso, porque Holly nunca haba odo 
hablar de ella. Pareca tratarse del tipo de pelcula que no haba tenido relevancia 
excepto en New Svenborg e incluso all, la razn de que tuviera cierta acogida se 
deba al hecho de que estaba basada en una novela escrita por uno de los 
habitantes del valle. En el ltimo prrafo del texto, aparte de otros detalles de la 
produccin, constaban los nombres de los cinco actores ms importantes del 
reparto. No eran actores de gran renombre. De los cuatro primeros, Holly slo 
reconoci a M. Emmet Walsh, que era uno de sus actores favoritos. El quinto 
miembro del reparto era un joven, entonces desconocido, Robert Vaughn.
    Holly levant la mirada hacia el lgubre molino.
     Qu ocurre? pregunt en voz alta. Elev la mirada hacia el cielo, para 
luego posarla en la foto de la cubierta del libro de Willott. Qu demonios ocurre 
aqu?
    Con una voz dominada por el miedo pero tambin por una extraa nota de 
anhelo, Jim dijo:
     Ya viene!
    Holly mir en su misma direccin, y vio que algo se mova bajo la tierra al otro 
extremo del pequeo parque, como si algo estuviera cavando un tnel hacia ellos, 
levantando a su paso un montn de tierra hmeda para abrirse camino a marchas 
forzadas, movindose deprisa, derecho hacia ellos.
    Holly se gir y asi a Jim.
     Detenlo!
    Viene dijo Jim con los ojos abiertos. Jim, eres t, slo t. No, no soy 
yo. El Enemigo. Pareca como si se hallara en trance. Holly mir hacia atrs y vio 
que aquella cosa avanzaba bajo el pavimento, agrietndolo y levantndolo tras de 
s.
     Jim, maldita sea!
    Jim observaba lo que iba a aniquilarles con una mezcla de horror y anhelo, 
pens Holly.
    Uno de los bancos del parque se desprendi del suelo cuando la tierra cedi 
bajo l.
    El Enemigo slo estaba a doce metros de distancia, acercndose deprisa.
    Holly asi a Jim de la camisa, lo sacudi y trat de hacer que la mirara.
    De pequea vi la pelcula. Cmo se llamaba, eh? No era Invasores de 
Marte, o algo parecido, en la que los extraterrestres hacan aberturas en la arena y 
se tragaban a la gente?
    Holly mir hacia atrs. Estaba a nueve metros de ellos.
     Es eso lo que va a matarnos, Jim?, algo que se abre paso en la tierra, y 
que nos va a absorber?, algo sacado de una pelcula que provoca pesadillas en 
los nios de diez aos?
    Seis metros de distancia...
    Jim sudaba, temblaba. Pareca no or nada de lo que deca Holly.
    No obstante, Holly le grit a la cara:
    Vas a matarme, Jim? Vas a suicidarte como Larry Kakonis, dndote por 
vencido y poniendo fin a todo? Vas a dejar que una de tus propias pesadillas te 
arrastre?
    El Enemigo estaba cada vez ms cerca. Tres metros, dos metros...
    Jim!
    Al tiempo que oa un monstruoso crujir de mandbulas bajo ellos, Holly levant 
el pie, y con el tacn del zapato propin una fuerte patada a Jim en la espinilla. Jim 
emiti un grito de dolor mientras la tierra se mova bajo ellos. Holly mir con horror 
cmo el suelo se quebraba. Pero la excavacin subterrnea se detuvo con el grito 
de dolor de Jim. La tierra no se abri y nada irrumpi de ella.
    Temblando, Holly se apart hacia atrs de la yerba removida y la agrietada 
tierra sobre la que se encontraba.
    Jim la mir horrorizado.
    No era yo. No es posible que lo fuera.
    
    
    De nuevo en el coche, Jim se desplom sobre el asiento.
    Holly cruz sus brazos sobre el volante y apoy en ellos la frente.
    Jim mir a travs de la ventanilla del coche hacia el parque. Los gigantescos 
vestigios de aquella excavacin subterrnea todava estaban all. El pavimento 
estaba agrietado y deshecho. El banco yaca de lado.
    No poda creer que aquella cosa subterrnea fuera producto de su imaginacin. 
Toda su vida haba mantenido el control de s mismo, llevando una existencia 
espartana de libros y trabajo, sin vicios ni concesiones excepto una terrorfica y 
conveniente falta de memoria pens amargamente. Nada de la teora de Holly 
era ms difcil de aceptar que aquella salvaje y desenfrenada personalidad que 
formaba parte de l, que sin su control era el nico peligro que afrontaban.
    Jim experimentaba un miedo que iba ms all de lo normal. Ya no sudaba ni 
temblaba. Se haba apoderado de l un terror primitivo que le dejaba rgido y 
paralizado.
    No era yo repiti.
    S, lo eras.
    Considerando que Holly saba que haba estado a punto de matarla, su tono de 
voz era sorprendentemente suave. No levant la voz; una nota de ternura la 
atenuaba.
    Todava sigues con la idea de una personalidad mltiple.
    S respondi Holly.
    As que eso era mi parte oscura.
    S.
    Encarnada en un gusano gigante o algo parecido dijo Jim, tratando de dar 
intilmente un tono de sarcasmo a sus palabras. No obstante, t dijiste que El 
Enemigo slo apareca cuando yo estaba durmiendo, y ahora no dorma, as que, 
incluso si yo soy El Enemigo, cmo poda ser esa cosa del parque?
    Nuevas reglas... Subconscientemente ests cada vez ms desesperado. No 
eres capaz de controlar esa personalidad con la facilidad de antes. Cuanto ms te 
acerques a la verdad, ms agresivo ser El Enemigo para defenderse a s mismo.
    Si era yo, por qu no se oa el latido aliengena como en las anteriores 
ocasiones?
     Eso siempre ha sido un efecto teatral, como las campanas que anunciaban 
la presencia del Amigo. Holly levant la cabeza y le mir. Lo has omitido 
porque no haba tiempo para ello. Yo estaba leyendo la placa, y t queras 
detenerme tan rpido como fuera posible. Necesitabas algo que desviara mi 
atencin. Si me lo permites, cario, fue algo que no esperaba.
    Jim mir de nuevo hacia el molino a travs de la ventanilla, y al atril que 
contena informacin sobre El molino negro.
    Holly puso una mano en su hombro.
    Te encontraste sumido en la desesperacin cuando tus padres murieron. 
Necesitabas evadirte. Evidentemente, un escritor llamado Arthur Willott te 
proporcion la fantasa que encajaba perfectamente en tus necesidades. De una 
forma u otra, has estado viviendo inmerso en ella hasta ahora.
    Aunque no poda admitirlo ante ella, Jim tena que reconocer que poco a poco 
iba comprendiendo, que se hallaba muy cerca de contemplar su pasado bajo una 
nueva perspectiva que hara que todos los hechos y circunstancias misteriosas 
adquirieran una forma comprensible. Si aquella amnesia selectiva, sus falsos 
recuerdos cuidadosamente elaborados, y su personalidad mltiple no eran signos 
de que estaba loco, sino simples soportes que haba utilizado para mantener su 
cordura tal como insista Holly entonces, qu iba a ocurrir cuando se 
desprendiera de ellos? Si ahondaba en la verdad de su pasado, si afrontaba las 
cosas que no haba querido afrontar cuando de nio se refugi en la fantasa, le 
volvera loco la verdad? De qu se ocultaba?
     Escucha dijo Holly, lo importante es que detuviste esa cosa antes de 
que llegara hasta nosotros, antes de que nos hiciera algn dao.
    La espinilla me duele muchsimo dijo Jim. Me alegro respondi Holly. 
Holly puso el coche en marcha.
     Adnde vamos ahora? pregunt Jim.
     Adnde podemos ir? A la biblioteca.
    
    
    Holly aparc en Copenhagen Lae frente a la pequea casa victoriana que 
haba sido habilitada como biblioteca en New Svenborg.
    Se alegraba de que no le temblaran las manos, de que su voz sonara segura y 
tranquila, y de haber sido capaz de conducir desde los jardines Tivoli sin dar 
bandazos de un lado a otro de la calle. Tras el incidente del parque le sorprenda 
que su ropa interior estuviera todava limpia. Se haba sentido reducida a un 
autntico estado de terror una sensacin intensa y genuina sobre la que no se 
haba superpuesto ninguna otra  . Aunque se haba mitigado, todava la senta en 
su interior, y saba que la seguira sintiendo hasta que no salieran de aquella 
terrorfica situacin o hasta que sucumbieran. Pero estaba decidida a no dejar 
que Jim se percatara del profundo miedo que tena, porque l se hallaba an peor. 
Despus de todo, era su vida la que estaba resultando ser un cmulo de mentiras. 
Necesitaba apoyarse en ella.
    Mientras Jim y ella recorran el camino frontal hacia el porche Jim cojeando
, Holly advirti que Jim estudiaba con atencin el csped, como si creyera que algo 
iba a empezar de un momento a otro a escarbar un tnel bajo la tierra para luego 
dirigirse hacia ellos.
    Mejor que no pens Holly o de lo contrario tendrs dos espinillas 
doloridas.
    Pero al dirigirse hacia la puerta frontal, Holly se pregunt si otra sacudida de 
dolor funcionara por segunda vez.
    En la entrada revestida de paneles de madera de la biblioteca, un letrero 
anunciaba NOFICCIN SEGUNDO PISO. Una flecha indicaba una escalera que 
haba a su derecha.
    La entrada daba a un pasillo que conduca a dos grandes estancias. Ambas 
estaban cubiertas por estanteras llenas de libros. La habitacin de la izquierda 
tambin tena mesas de lectura con sillas y un gran escritorio de roble.
    La mujer sentada al escritorio era un buen anuncio de la vida campestre: cutis 
perfecto, lustroso cabello castao y ojos de un avellana claro. Pareca tener unos 
treinta y cinco aos, pero probablemente tena doce ms.
    La placa de identificacin pona ELOISE GLYNN.
    El da anterior, cuando Holly quiso entrar en la biblioteca para ver si la tan 
admirada seorita Glynn estaba all, Jim haba insistido en afirmar que se habra 
retirado, que ya era bastante vieja veinticinco aos atrs, cuando de hecho era 
obvio que en aquella poca deba de ser una estudiante recin salida de la 
universidad que empezaba su primer trabajo.
    En comparacin a otros descubrimientos previos, aquello era tan slo una 
pequea sorpresa. Jim no haba querido que Holly entrara en la biblioteca, as que 
se limit a mentirle. Y a juzgar por la expresin de su rostro, estaba claro que la 
juventud de Eloise Glynn tampoco le sorprenda a l; el da anterior Jim supo que 
no deca la verdad, aunque quiz no entenda por qu estaba mintiendo.
    La bibliotecaria no reconoci a Jim, tal vez porque haba sido uno de esos 
nios que pasan inadvertidos o, quiz, porque no haba vuelto a pisar la biblioteca 
desde que dej la universidad dieciocho aos atrs.
    Eloise Glynn se mostraba dinmica y activa como una antigua entrenadora 
deportiva para chicas que Holly haba tenido en sus das de instituto.
    Willott? dijo Eloise en respuesta a la pregunta de Holly. Oh, s, tenemos 
un camin entero de Willott. Se puso en pie de un salto  . Le ensear dnde 
est. Pas junto al escritorio y caminando apresuradamente gui a Holly y a Jim 
a travs del pasillo que daba a la otra habitacin. Es de por aqu, como seguro 
que ya saben. Muri hace diez aos, pero dos terceras partes de su obra an 
siguen editndose. Se detuvo frente a la seccin de libros juveniles e hizo un 
gesto con la mano para indicarles dos estanteras de diez centmetros que 
agrupaban los libros de Willott  . Era un escritor muy prolfico, Artie Willott, tan 
trabajador que los castores escondan la cabeza avergonzados a su paso.
    Le dirigi una sonrisa a Holly, que se contagiaba. Holly le devolvi la sonrisa.
    Buscamos El molino negro.
    se es uno de sus libros ms populares; nunca he conocido a un muchacho 
que no lo adorara. La seorita Glynn extrajo el libro de la estantera casi sin 
buscar dnde estaba, y se lo entreg a Holly. Es para su hijo?
    En realidad, es para m. Le algo acerca de l en la placa de los jardines 
Tivoli.
    Yo ya he ledo el libro dijo Jim. Pero ella siente curiosidad.
    Holly volvi con Jim a la sala de lectura y se sentaron a una mesa alejada del 
escritorio. Poniendo el libro entre ambos leyeron los primeros dos captulos.
    Holly no dejaba de acariciarle suavemente su mano, su hombro, su rodilla. 
De algn modo tena que procurar que no se desmoronase mientras descubra la 
verdad y la ayudaba a recuperarse, y el nico pegamento en el que poda pensar 
para que se mantuviera entero era el amor. Estaba convencida de que cada 
pequeo gesto de cario cada caricia, sonrisa, mirada afectuosa o palabra era 
una forma de evitar que se hiciera aicos.
    La novela estaba bien escrita y cautivaba la atencin. Pero lo que revelaba 
acerca de la vida de Jim Ironheart era tan asombroso que Holly empez a leer a 
toda velocidad, susurrando los pasajes a Jim, buscando con ansia la siguiente 
revelacin sorprendente.
    El protagonista principal se llamaba Jim, no Ironheart sino Jamison. Jim 
Jamison viva en una granja que tena una charca y un viejo molino. El molino 
estaba supuestamente encantado, pero tras presenciar una serie de extraos 
incidentes, Jim descubra que un ser de otro mundo habitaba bajo la charca en una 
nave espacial y manifestaba su presencia en el molino. Se revelaba ante Jim con 
un suave resplandor que brillaba dentro de las paredes. La comunicacin entre Jim 
y el extraterrestre se llevaba a cabo mediante dos cuadernos amarillos apaisados: 
uno para las preguntas de Jim y otro para las respuestas del extraterrestre, que 
aparecan como por arte de magia. Segn el extraterrestre, era un ser de pura 
energa y se hallaba en la Tierra para observar, estudiar y ayudar a la 
humanidad. Se refera a s mismo como El Amigo.
    Siguiendo las palabras con el dedo, Holly hoje el resto del libro para averiguar 
si El Amigo segua utilizando aquel complicado mtodo de comunicacin hasta el 
final. Efectivamente, lo haca. En la historia en la que Jim haba basado su fantasa, 
el extraterrestre nunca vocalizaba sus mensajes.
    sa es la razn por la que pusieras en duda que tu extraterrestre pudiera 
vocalizar y la causa de que te resistieras a mi sugerencia de que nos negramos a 
seguirle el juego con el sistema de los cuadernos.
    Jim no poda negar la evidencia. Contemplaba el libro con infinito asombro.
    La actitud de Jim dio a Holly ciertas esperanzas. En el cementerio, se haba 
sumido en tal afliccin, su mirada era tan fra y vaca, que Holly haba dudado de 
que Jim pudiera usar su enorme poder para curarse a s mismo. Y en el parque, 
por un terrible instante, haba pensado que la frgil cscara de su cordura iba a 
resquebrajarse y a derramar la yema de su locura. Pero Jim haba mantenido el 
control y ahora su curiosidad pareca sobreponerse al terror.
    La seorita Glynn se hallaba ocupada trabajando en las estanteras. Tras Holly 
y Jim, nadie haba entrado en la biblioteca.
    Holly volvi a la narracin, saltndose prrafos. A mitad del cuento, justo 
despus de que Jim Jamison y el extraterrestre tuvieran su segundo encuentro, el 
ET  le explicaba que era una entidad que viva en todos os aspectos del tiempo, 
que poda ver el futuro y quera salvar la vida de un hombre que estaba destinado a 
morir.
     Que me parta un rayo! dijo Jim en voz baja.
    Sin previo aviso, una visin irrumpi en la mente de Holly con tal fuerza y 
brillantez que la biblioteca se desvaneci por un momento y su mundo interior se 
hizo la nica realidad: se vio a s misma desnuda y clavada en una pared, en una 
obscena parodia de un crucifijo, con la sangre manando de sus manos y sus pies. 
Una voz susurraba: Muere, muere, muere. Abri la boca para gritar pero, en 
lugar de un grito, un enjambre de cucarachas sali de entre sus labios, y se dio 
cuenta de que estaba muerta y de que en sus putrefactas entraas circulaban 
insectos repugnantes.
    Aquella visin odiosa desapareci de la pantalla de su mente con la misma 
celeridad con que se haba aparecido, y volvi a la biblioteca con un sobresalto.
    Holly?
    Jim la observaba preocupado.
    Sin duda, una parte de l le haba enviado aquella visin. Pero el Jim que 
ahora la miraba no era el que lo haba hecho. El nio siniestro que haba en su 
interior, El Enemigo, lleno de odio e instintos asesinos, le atacaba con una nueva 
arma.
    Estoy bien. No pasa nada.
    Pero no se senta bien. La visin le haba provocado nuseas y estaba 
mareada.
    Tuvo que hacer un esfuerzo para volver a concentrar su atencin en El molino 
negro.
    El hombre al que Jim tena que salvar, le explic El Amigo era candidato a la 
presidencia de los Estados Unidos, que pronto iba a pasar por la ciudad de Jim 
donde sufrira un atentado. El extraterretre quera que viviera porque va a llegar a 
ser un gran estadista y un hombre de paz que salvar al mundo de una gran 
guerra. Debido a que deba mantener su presencia en la Tierra en secreto, El 
Amigo quera operar a travs de Jim Jamison para detener a los asesinos: T le 
lanzars una lnea de vida, Jim. La novela no inclua un extraterrestre malvolo. El 
Enemigo haba sido una invencin de Jim, la encarnacin de su rabia y el odio que 
senta hacia s mismo.
    De pronto, otra visin apareci en la mente de Holly, tan intensa que borr el 
mundo real: estaba en el interior de un atad, muerta pero ligeramente consciente; 
poda sentir cmo los gusanos se agitaban en su interior; poda oler la fetidez que 
se desprenda de su cuerpo en descomposicin; poda ver su rostro ptreo 
reflejado en la tapa de su atad como si fuera un espejo. Ella levantaba las manos, 
que no eran ms que huesos, y golpeaba la tapa; oa cmo los golpes 
reverberaban en los cientos de metros de tierra compacta sobre ella...
    Por fin, volvi a la biblioteca.
    Holly, por amor de Dios, qu te ocurre?
    Nada.
    Holly?
    Nada insisti ella, percibiendo que sera un error admitir que El Enemigo la 
estaba atormentando.
    Termin de leer por encima El molino negro.
    Al final de la novela, despus de que Jim Jamison salvara al futuro presidente, 
El Amigo volva a su refugio bajo la charca; y daba instrucciones a Jim para que 
olvidara que el encuentro haba tenido alguna vez lugar, y hacerle recordar que 
haba salvado al poltico por su propia iniciativa. Si algn recuerdo surga en la 
mente de Jim, el extraterrestre le dijo que me recordars tan slo como un sueo, 
una entidad de un sueo que una vez tuviste. Cuando la luz aliengena se 
desvaneci de la pared por ltima vez, los mensajes del cuaderno se 
desvanecieron, y con ellos todo vestigio de contacto alguno.
    Holly cerr el libro.
    Ella y Jim permanecieron sentados durante un rato, mirando la cubierta del 
libro.
    En torno a Holly, miles de lugares y pocas, seres y mundos, desde Marte a 
Egipto hasta el condado de Yoknapatawpha, estaban encerrados entre las tapas de 
los libros, como el resplandor atrapado bajo la pulida superficie de una lmpara de 
latn. Casi poda sentir cmo esperaban el momento de deslumbrar con la primera 
pgina, volver a la vida con colores brillantes, olores intensos y deliciosos aromas, 
con risas, sollozos, gritos y susurros. Los libros eran sueos encuadernados.
    Los sueos son puertas le dijo a Jim, y la historia de una novela es una 
especie de sueo. A travs del cuento de Willott, t encontraste una puerta de 
salida a tu desesperacin, un escape a la aplastante sensacin de que habas 
fallado a tu padre y a tu madre.
    Hasta aquel momento, Jim haba estado continuamente plido desde que Holly 
le ense el cuaderno con las respuestas del Amigo: TE QUIERE HOLLY / TE VA 
A MATAR HOLLY. Un ligero color haba vuelto a su rostro. Sus ojos todava tenan 
una mirada fantasmal, y la preocupacin se aferraba a l como las sombras a la 
noche, pero pareca estar asumiendo el hecho de que su vida se hallaba 
establecida sobre un cmulo de mentiras, que era lo que tema El Enemigo que se 
hallaba en su interior.
    La seorita Glynn haba terminado de ordenar las estanteras. Estaba sentada 
a su escritorio.
     Pero por qu tienes que sentirte culpable del accidente de trfico que mat 
a tus padres? Y cmo es posible que un nio a esa edad tuviera un sentido tan 
intenso de la responsabilidad?  inquiri Holly bajando an ms su tono de voz.
    Jim mene la cabeza. No lo s.
    Al recordar lo que Corbett Handahl le haba dicho, Holly puso una mano en la 
rodilla de Jim y dijo:
     Piensa, cario. El accidente ocurri cuando conducan por la carretera e 
iban a actuar en uno de esos nmeros de poder mental?
    Jim vacil, frunci el ceo.
     S... en la carretera.
    T viajabas con ellos, verdad?
    Jim asinti.
    Al recordar la fotografa de su madre con un elegante vestido, Jim y su padre 
vestidos de esmoquin, Holly dijo:
    T formabas parte del nmero, no es cierto?
    Algunos de los recuerdos de Jim ascendan a la superficie como los halos de 
luz haban surgido en la charca. Las emociones que reflejaba su rostro no eran 
fingidas; se hallaba realmente sorprendido de salir de una vida inmersa en la 
oscuridad.
    Holly sinti que su propia excitacin creca al mismo tiempo que la de Jim.
     Qu hacas en el nmero? pregunt Holly. Era... un nmero de magia. 
Mi madre coga objetos de entre el pblico. Mi padre trabajaba conmigo, y los dos... 
Yo sostena los objetos personales y simulaba tener poderes paranormales. Luego 
deca a la gente cosas que era imposible que pudiera saber.
     Simulabas? inquiri Holly. Jim parpade.
     Quiz no. Es tan extrao... lo poco que recuerdo a pesar de intentarlo.
    No era un truco. Realmente podas hacerlo. sa es la razn por la que tus 
padres crearon el nmero. Eras un nio con poderes paranormales.
    Jim recorri con los dedos la sobrecubierta protectora de El molino negro.
    Pero...
    Pero qu? pregunt Holly.
    Todava hay tantas cosas que no entiendo...
     Oh, a m me ocurre lo mismo, cielo. Pero nos estamos acercando y tengo 
que creer que eso es algo bueno.
    Una sombra que surga de su interior cruz el rostro de Jim.
    Tratando de evitar que Jim se sumiera de nuevo en un humor sombro, Holly 
dijo:
    Vamos.
    Cogi el libro y se dirigi al escritorio. Jim la sigui.
    La enrgica seorita Glynn estaba dibujando un cartel con lpices de colores y 
marcadores mgicos. Las coloreadas imgenes representaban nios y nias 
vestidos de astronautas, espelelogos, marineros, acrbatas y exploradores de la 
jungla. Haba dibujado con lpiz, aunque todava no haba coloreado las letras, el 
siguiente mensaje: ESTO ES UNA BIBLIOTECA. NIOS Y AVENTUREROS BIEN 
VENIDOS. TODOS LOS DEMS FUERA!
    Muy bonito  dijo Holly sinceramente sealando el cartel. Realmente se 
nota que ha puesto toda su dedicacin en ello.
    Eso me mantiene alejada de los bares respondi la seorita Glynn con una 
amplia sonrisa que evidenciaba la razn de que cualquier nio se sintiera cautivado 
por ella.
    Mi prometido, aqu presente, me ha hablado muy bien de usted. Quiz no le 
recuerde despus de veinticinco aos.
    La seorita Glynn mir a Jim interrogativamente.
     Soy Jim Ironheart, seorita Glynn.
    Claro que me acuerdo de ti! T eras el nio ms especial que he conocido. 
Se puso en pie, sali de detrs del escritorio, y abraz a Jim. Luego se volvi 
hacia Holly y dijo: As que va a casarse con mi Jimmy. Eso es maravilloso. Por 
aqu han pasado muchos nios desde que empec a trabajar, e incluso para ser 
una ciudad tan pequea, no puedo pretender acordarme de todos ellos. Pero 
Jimmy era especial. Un nio muy especial.
    Holly oy de nuevo hablar acerca del apetito insaciable de Jim por las novelas 
de cienciaficcin, lo terriblemente callado que haba estado durante su primer 
ao en el pueblo, y cmo durante el segundo ao, tras la sbita muerte de su 
abuela, haba permanecido totalmente mudo.
    Holly se asi a aquella ltima explicacin.
    Sabe, seorita Glynn, una de las razones por las que Jim me trajo aqu era 
para ver si podamos vivir en la granja, al menos durante cierto tiempo...
    Es un pueblo ms agradable de lo que parece dijo la seorita Glynn. 
Aqu sern felices, se lo garantizo. De hecho, dejen que les d un par de tarjetas de 
lectores para la biblioteca.
    Se sent de nuevo y abri uno de los cajones del escritorio.
    Al tiempo que sacaba dos tarjetas y coga un bolgrafo, Holly dijo:
     El asunto es que para Jim aqu hay tantos recuerdos buenos como malos, y 
la muerte de Lena es uno de los peores.
     El caso es que prosigui Jim yo tan slo tena diez aos cuando muri, 
bueno, casi once, y quiz me obligu a olvidar lo que ocurri. No estoy demasiado 
seguro de cmo muri, y me preguntaba si usted podra recordar...
    Holly decidi que Jim no era un entrevistador tan malo como crea.
    No puedo decir que recuerde los detalles respondi la seorita Glynn. 
En realidad, no creo que nadie sepa lo que haca en el viejo molino a aquellas 
horas de la noche. Henry, tu abuelo, dijo que algunas veces iba a all para estar 
tranquila. Era un lugar fresco y tranquilo, donde poda hacer un poco de punto y 
meditar. Y, desde luego, en aquellos das no era la ruina en que ahora se ha 
convertido. De todas formas parece extrao que estuviera all a las dos de la 
madrugada haciendo punto.
    Mientras la bibliotecaria les contaba todo lo que poda recordar de la muerte de 
Lena, confirmando que el sueo de Holly haba sido en realidad un recuerdo de 
Jim, Holly se sinti afectada por el miedo y las nuseas. Lo que Eloise Glynn no 
pareca saber, y quiz nadie saba, es que Lena no se encontraba sola en el 
molino.
    Jim tambin estaba all.
    Y slo Jim haba salido con vida.
    Holly le mir y vio que de nuevo su rostro haba palidecido. Su rostro estaba 
tan gris como el cielo de Svenborg.
    La seorita Glynn le pidi a Holly el carnet de conducir para terminar de rellenar 
su tarjeta, y aunque Holly no quera la tarjeta sac el carnet.
    Jim dijo la bibliotecaria, creo que lo que ms te ayud a superar el dolor 
y la prdida fueron los libros. Te aislaste en ti mismo, pasabas el da leyendo, y 
creo que usaste la fantasa para aplacar el dolor. Le entreg a Holly el carnet de 
conducir y la tarjeta de la biblioteca, y dijo : Jim era un nio increblemente 
brillante. Se poda concentrar totalmente en un libro, se converta en algo real para 
l.
    S pens Holly, desde luego que s.
    Cuando lleg por primera vez al pueblo o decir que jams haba ido antes a 
una escuela, que haba sido educado por sus padres, cre que era algo terrible, a 
pesar de que tuvieran que viajar todo el tiempo con aquel nmero que hacan en 
las salas de fiestas.
    Holly record las fotografas que colgaban de las paredes del estudio de Jim en 
Laguna Niguel: Miami, Atlantic City, Nueva York, Londres, Chicago, Las Vegas...
    Pero realmente hicieron un buen trabajo. Al menos fomentaron en l la 
pasin por los libros, lo que ms adelante le sirvi. Se volvi hacia Jim . 
Imagino que no le has preguntado nada a tu abuelo acerca de la muerte de Lena 
porque crees que podra afligirle hablar de ello. Pero no es tan frgil como piensas, 
y l lo sabr mejor que nadie, desde luego. La seorita Glynn se dirigi de nuevo 
a Holly: Le ocurre algo, querida?
    Holly se dio cuenta de que se hallaba perpleja con la tarjeta azul en una mano, 
como una estatua, como uno de aquellos personajes de los libros que esperan con 
ansiedad ser ledos para volver a la vida. Por un momento se vio incapaz de 
responder a la pregunta de la mujer.
    Jim pareca demasiado estupefacto para poder reaccionar. Su abuelo estaba 
vivo en algn lugar, pero dnde?
    No dijo Holly, no me ocurre nada. Me acabo de dar cuenta de que se 
nos hace tarde...
    Volvi a tener una visin: su cabeza decapitada gritando, sus manos cortadas 
reptando por el suelo como araas, su cuerpo mutilado retorcindose en medio de 
la agona; estaba descuartizada pero no muerta, de un modo imposible segua viva, 
envuelta en un horror que iba ms all de toda resistencia.
    Holly se aclar la garganta y parpade mirando a la seorita Glynn que a su 
vez la observaba con curiosidad.
    Ah, se nos hace bastante tarde. Y tenemos que ir a ver a Henry antes de 
comer. Ya son las diez. Todava no le conozco.  Balbuceaba, sin poderlo evitar
. Realmente tengo muchas ganas de conocerle.
    A menos que hubiera muerto cuatro aos atrs, como Jim haba dicho, y en 
ese caso no senta el mnimo deseo de encontrarse con l. Pero la seorita Glynn 
no pareca ser una mdium que alegremente se dedicara a conjurar la presencia de 
los difuntos para mantener una pequea conversacin.
    Es un hombre agradable dijo Eloise Glynn. S que debi de odiar la idea 
de abandonar la granja despus de que sufriera aquel ataque, pero puede sentirse 
contento de que no le dejara peor de lo que est. Mi madre, Dios la tenga en su 
gloria, tuvo un ataque que la dej invlida, incapaz de hablar y ciega de un ojo, y 
con la mente tan confusa que apenas poda reconocer a sus propios hijos. Al 
menos el pobre Henry mantiene intactas todas sus facultades, o eso creo. Puede 
hablar y he odo decir que es el lder de la pandilla que va en silla de ruedas all en 
Fair Haven.
    S respondi Jim, con una voz que pareca surgir de un poste parlante, 
eso es lo que yo he odo.
    Fair Haven es un lugar tan bonito... dijo la seorita Glynn, es un gran 
gesto por tu parte que lo mantengas all, Jim. No es un lugar de mala muerte como 
suelen ser la mayora de los centros de ancianos.
    Las Pginas Amarillas de la cabina telefnica les proporcionaron la informacin 
para averiguar la direccin de Fair Haven al final del trmino municipal de Solvang. 
Holly se dirigi hacia el Sur y cruz el valle hacia el Oeste.
    Recuerdo que tuvo un ataque dijo Jim. Estuve con l en el hospital, vine 
desde Orange County, se hallaba en la unidad de cuidados intensivos. Haca trece 
aos que no le vea, o tal vez ms.
    A Holly le sorprendi aquello, y su mirada gener en Jim una oleada de 
vergenza que le dej sobrecogido.
    Haca trece aos que no veas a tu abuelo?
     Haba una razn. Cul?
    Jim mir la carretera que se extenda frente a l durante unos momentos, luego 
emiti un sonido de frustracin y disgusto.
    No lo s. Haba una razn pero no puedo recordar cul era. No obstante, 
regres cuando tuvo el ataque, cuando se estaba muriendo en el hospital. Y lo 
recordaba muerto, maldita sea.
    Lo recordabas claramente, verdad?
    S.
    Pero recordabas haberle visto muerto en la cama del hospital?
    Jim frunci el ceo.
    No.
     Recordabas   a   algn   doctor   dicindote   que   haba muerto?
    No.
     Recordabas haber hecho los preparativos para su funeral?
    No.
     Entonces qu es lo que estaba tan claro acerca de su muerte?
    Jim reflexion al respecto mientras Holly conduca el Ford a travs de las 
sinuosas carreteras, entre onduladas colinas sobre las que se erigan pequeas 
casas, pasando verdes pastos rodeados de cercas en los que pacan los caballos 
como en los cuadros de Kentucky. Aquella parte del valle era ms exuberante que 
el rea que rodeaba New Svenborg. Pero el cielo haba adquirido un gris ms 
sombro, con un matiz negro azulado en las nubes.
    Finalmente, Jim dijo:
    No est claro en absoluto, ahora que lo pienso detenidamente. Era una 
impresin borrosa..., no un verdadero recuerdo.
     Pagas para mantener a Henry en Fair Haven? No.
     Heredaste su propiedad?
     Cmo poda heredarla si est vivo?
     Tal vez los usufructos?
    Jim estaba a punto de negar tambin aquello, cuando de pronto record la sala 
de un juzgado y el testimonio de un doctor. El abogado de su abuelo, que 
testificaba en nombre del anciano para ratificar que Henry se hallaba en plenas 
facultades mentales y quera que su nieto se hiciera cargo de la propiedad.
     Santo cielo, s dijo Jim, asombrado de que no slo no fuera capaz de 
recordar hechos de un pasado distante, sino cosas que haban ocurrido cuatro 
aos atrs.
    Mientras Holly adelantaba un camin lento y pesado y aceleraba a lo largo de 
un tramo recto de carretera, Jim le dijo lo que acababa de recordar, lo que 
vislumbraba en aquel confuso recuerdo.
    Cmo puedo vivir as? Cmo puedo haber reescrito mi pasado a mi 
antojo?
    Autodefensa dijo Holly, tal como le haba dicho ya. Volvi al carril y sigui 
adelante tras dejar atrs el camin  . Seguro que recuerdas gran cantidad de 
precisos detalles acerca de tu trabajo como profesor, de los alumnos que tuviste a 
lo largo de los aos, de los compaeros con quienes trabajaste...
    Era cierto. A medida que Holly hablaba, Jim poda recordar, sin dificultad, los 
aos de su labor como profesor que parecan tan vivos como hechos ocurridos el 
da anterior.
    ... porque aquella vida no supona ninguna amenaza para ti, estaba llena de 
objetivos y tranquilidad. Las nicas cosas que olvidas, que sumerges en lo ms 
profundo del pozo de tu memoria, son los hechos relacionados con la muerte de tus 
padres, la muerte de Lena Ironheart, y tus aos en New Svenborg. Henry Ironheart 
forma parte de todo esto, as que continas apartndolo de tu mente.
    El cielo estaba cubierto de nubes oscuras.
    Jim vio mirlos que pasaban a travs de las nubes, ms de los que haba visto 
antes en el cementerio. Cuatro, seis, ocho... Parecan seguir paralelamente la 
misma direccin del coche, siguindolo hacia Solvang.
    Inesperadamente, record el sueo que le haba despertado aquella maana 
que se dirigi hacia Portland, en la que salv a Billy Jenkins y conoci a Holly. En la 
pesadilla, una bandada de grandes mirlos graznaban a su alrededor con una 
turbulenta agitacin de alas, picotendole con sus picos afilados como 
instrumentos quirrgicos.
    Lo peor an est por venir.
     Qu quieres decir? No lo s.
     Te refieres a lo que vamos a descubrir en Fair Haven? Por encima de ellos, 
los mirlos se deslizaban por las altas y fras corrientes.
    Sin la menor idea de lo que aquello implicaba, Jim dijo: Algo muy oscuro se 
acerca.
    
    
    
    2
    
    
    Fair Haven era un gran edificio en forma de U de una sola planta construido a 
las afueras de Solvang, sin huella alguna de influencia danesa en su arquitectura. 
Tena un diseo corriente, funcional y sin excesivas pretensiones estticas: estuco 
color crema, techo rectangular, con tejas de cemento, paredes lisas, sin detalles. 
No obstante, haca poco que lo haban pintado y se hallaba bien cuidado; los setos 
haban sido podados con esmero y el csped estaba recin cortado, las aceras 
limpias.
    A Holly le gust el lugar. Casi dese vivir all cuando tuviera ochenta aos, 
mirando un rato la televisin cada da, jugando a las damas, sin mayor 
preocupacin que recordar dnde haba dejado su dentadura postiza la noche 
anterior.
    Dentro, los pasillos eran anchos y aireados. Al contrario de muchos centros 
geritricos, el aire no estaba enturbiado por el hedor de pacientes incontinentes 
descuidados por un personal que no se preocupaba de ellos, o por el olor intenso 
de un aerosol desodorante que pretenda disimular el hedor. Las habitaciones ante 
las que pasaron parecan atractivas, provistas de grandes ventanas con vistas al 
valle o a los jardines. Algunos de los pacientes yacan en las camas o estaban 
desplomados en sus sillas de ruedas con una expresin vaca o afligida en sus 
rostros. Eran las vctimas de graves ataques o se hallaban en una fase avanzada 
de la enfermedad de Alzheimer, encerrados en sus propios recuerdos y 
desconectados del mundo que los rodeaba. Pero los dems parecan felices, e 
incluso poda orse sus risas desde lejos, una rareza en sitios como aqullos.
    Segn la supervisora que se hallaba de servicio en el puesto de enfermeras, 
Henry Ironheart llevaba cuatro aos como residente en Fair Haven.
    La seora Danforth, la administradora a cuya oficina les haban hecho pasar, 
no se hallaba todava en Fair Haven cuando Henry Ironheart ingres. Tena el 
aspecto rollizo, cuidado y complaciente propios de la esposa de un pastor 
encargado de una prspera parroquia. Aunque no entenda por qu Jim y Holly 
necesitaban que verificase algo que ambos saban, comprob el fichero y les 
mostr que, realmente, la factura mensual de Henry Ironheart haba sido pagada 
diligentemente por James Ironheart, de Laguna Niguel, mediante cheque.
    Me alegro de que por fin se haya decidido a venir a visitarlo, y espero que 
disfruten de un rato agradable dijo la seora Danforth con un suave reproche 
destinado a hacer sentir a Jim culpable por no visitar a su abuelo ms a menudo, 
evitando al mismo tiempo ofenderle directamente.
    Despus de dejar a la seora Danforth, permanecieron de pie en una esquina 
del pasillo principal, apartados del ir y venir de las enfermeras y de los pacientes en 
sillas de ruedas.
    Soy incapaz de verle as dijo Jim inflexible. Al menos, despus de todo 
este tiempo. Siento el estmago agarrotado, encogido. Holly, tengo miedo de verle.
     Por qu?
    No estoy seguro.
    La desesperacin, bordeando el pnico, se asom a sus ojos de un modo tan 
inquietante que Holly prefiri evitarlos.
    Cuando eras pequeo, alguna vez te hizo dao?
    No lo creo. Se esforz por recordar algo entre las nubes de su memoria, 
luego mene la cabeza. No lo s.
    Principalmente porque tema dejar a Jim solo, Holly trat de convencerle de 
que sera mejor para ambos visitar al anciano juntos. Pero Jim insisti en que ella 
fuera primero.
    Pregntale todo lo que necesitamos saber, de forma que cuando yo vaya no 
tengamos que quedarnos mucho rato si no queremos... Preprale para verme, 
Holly. Por favor.
    Ya que pareca dispuesto a echarse atrs si Holly no segua sus indicaciones, 
ella finalmente accedi. Pero al ver que Jim sala al jardn para esperar all, Holly se 
arrepinti de inmediato al perderle de vista. Si de nuevo empezaba a perder el 
control, si El Enemigo irrumpa de nuevo, nadie iba a estar junto a l para ayudarle 
a resistir el ataque.
    Una simptica enfermera ayud a Holly a encontrar a Henry Ironheart cuando 
vieron que no se encontraba en su habitacin. La enfermera le indic una mesa en 
el rea recreativa del centro en la que jugaban a las cartas; al otro extremo se 
hallaba una media docena de residentes contemplando un concurso de televisin.
    Henry estaba jugando al pquer con sus amigos. Cuatro de ellos estaban 
sentados a una mesa diseada para acomodar sillas de ruedas, y ninguno iba 
vestido con pijama o bata. Al lado de Henry se encontraban dos ancianos de 
aspecto frgil uno llevaba pantaln y jersey rojos y el otro una camisa blanca con 
pajarita y una mujer con rasgos de pjaro de cabello blanco como la nieve, que 
iba vestida con traje pantaln de un rosa brillante. Se hallaban inmersos en medio 
de una animada partida, con un considerable montn de fichas de plstico azules 
en juego. Holly esper a un lado, sin pretender interrumpirles. Entonces, uno a uno, 
demostrando un cierto don dramtico, dejaron al descubierto sus cartas, y con un 
grito de placer la mujer llamada Thelma recogi sus ganancias, recrendose 
de forma teatral mientras los hombres, con sentido del humor, ponan en cuestin 
su honestidad.
    Finalmente, interrumpiendo sus bromas, Holly se present a Henry Ironheart, 
aunque sin identificarse como la novia de Jim.
    Si no le importa me gustara hablar con usted unos minutos dijo Holly.
    Jess, Henry dijo el hombre del jersey, tiene menos de la mitad de tu 
edad!
     Siempre fue un viejo pervertido dijo el de la pajarita. Oh, vamos, Stewart 
dijo Thelma, Henry es un caballero, y jams ha sido otra cosa que eso.
     Henry, hoy seguro que sales comprometido de esta habitacin.
    Lo que no va a ocurrirte a ti, George continu Thelma. Y por lo que a m 
concierne hizo un guio, tratndose de Henry, lo de estar casados no tiene por 
qu ser indispensable.
    Todos se echaron a rer al or aquello, y Holly dijo:
    Veo que me ganan la partida.
    Thelma consigue casi siempre lo que se propone dijo George.
    Advirtiendo que Stewart haba recogido las cartas y se apartaba de la mesa, 
Holly dijo:
    No quiero interrumpir el juego.
     Oh, no se preocupe  respondi Henry. Sus palabras, aunque ligeramente 
confusas a causa de su ataque, eran bastante inteligibles. Descansemos un rato 
para ir al servicio.
    A nuestra edad dijo George, si no coordinamos nuestros descansos para 
ir al servicio, en la mesa nunca seramos ms de dos.
    Los otros se alejaron en las sillas de ruedas, y Holly cogi una silla para 
sentarse junto a Henry.
    No era el hombre de mirada vital y rostro decidido que Holly haba contemplado 
en la fotografa que colgaba del saln de la granja la noche anterior, y sin ayuda 
quiz no lo hubiera reconocido. El ataque de apopleja haba debilitado su lado 
derecho, aunque no paralizado, y casi todo el tiempo mantena el brazo derecho 
doblado junto a su pecho, del mismo modo que un animal herido encoge su pata. 
Haba perdido un montn de peso y ya no era un hombre fornido. Su rostro estaba 
bastante demacrado, aunque su piel tena buen color; los msculos faciales del 
lado derecho se hallaban relajados de forma antinatural, haciendo que sus rasgos 
cayeran un poco.
    Su aspecto, combinado con cierta confusin que emanaba de cada palabra 
pronunciada, podra haber deprimido a Holly ante la inevitable direccin a la que 
tenda la vida humana, pero sus ojos revelaban un alma que no se doblegaba. Y su 
conversacin, aunque algo lenta, era la de un hombre brillante y con sentido del 
humor que no le proporcionaba al destino la satisfaccin de hundirse en la 
desesperacin; si maldeca su maltrecho cuerpo lo hara en la intimidad.
    Soy una amiga de Jim dijo Holly.
    Sus labios esbozaron una mueca que Holly interpret como una expresin de 
sorpresa. En un primer momento pareci no saber qu decir, pero luego inquiri:
     Cmo est Jim?
    Decidiendo que lo mejor era decir la verdad, Holly dijo:
    No demasiado bien, Henry. Es un hombre con muchos problemas.
    Henry apart la mirada hacia la mesa, en direccin a las fichas apiladas.
    S dijo suavemente.
    Holly casi esperaba que fuera un monstruo que abusaba de los nios y en 
parte responsable del alejamiento de Jim de la realidad. Sin embargo pareca 
cualquier cosa menos aquello.
     Henry, quera conocerle porque Jim y yo somos algo ms que amigos. Le 
quiero, y l me ha dicho que me quiere, y espero que estemos juntos durante 
mucho, mucho tiempo.
    Para sorpresa de Holly, las lgrimas brotaron de los ojos de Henry, formando 
brillantes gotas en las arrugas de su rostro.
    Lo siento, le he contrariado?
    No, no, por amor de Dios, no dijo Henry secndose los ojos con su mano 
izquierda. Perdone a este viejo tonto.
    Puedo decirle que es cualquier cosa menos eso.
    Es que nunca cre... Bueno, supuse que Jim iba a pasar el resto de su vida 
solo.
     Por qu pensaba eso?
    Bueno...
    Pareca afligido ante la idea de decir algo negativo contra su nieto, despejando 
as toda sospecha que Holly pudiera tener acerca de la posibilidad de que en el 
pasado hubiera sido una especie de tirano.
    Holly le ayud.
    Tiene una forma de ser que mantiene alejada a la gente. Se refiere a eso?
    Henry asinti.
    Incluso a m. Todos estos aos lo he querido con toda mi alma, y s que l 
me quiere a su manera, aunque siempre ha tenido problemas para demostrarlo, y 
siempre ha sido incapaz de decirlo. Holly estaba a punto de hacerle una pregunta 
cuando Henry mene violentamente la cabeza y su torcido rostro se contrajo en 
una expresin de angustia tan intensa que por un instante Holly pens que iba a 
sufrir otro ataque. No todo es culpa suya. Dios sabe que no. La articulacin de 
sus palabras se haca ms confusa a medida que su emocin aumentaba. Tengo 
que admitirlo; parte de la distancia que hay entre nosotros se debe a m, es por mi 
culpa, yo le culp de algo que no deba.
     Culpar?
    Por Lena.
    Una sombra de miedo cruz el corazn de Holly provocando un 
estremecimiento de dolor similar al de una angina de pecho.
    Holly mir por la ventana que daba a una esquina del patio. No era la esquina 
en que se encontraba Jim. Se pregunt dnde estaba, cmo estaba..., quin era.
    Por Lena? No le entiendo dijo Holly, aunque en realidad tema 
entenderlo.
    Me parece imperdonable lo que hice, lo que llegu a pensar.  Hizo una 
pausa, mirndola no a ella sino a travs de ella, a un pasado y un lugar distantes. 
Pero en aquellos das era tan extrao... No era el muchacho que haba sido. Antes 
de que pueda entender lo que hice, tendra que saber que, despus de Atlanta, se 
volvi un ser totalmente encerrado en s mismo.
    Holly pens de inmediato en Sam y Emily Newsome, cuyas vidas salv Jim en 
aquella tienda de Atlanta, y en Norman Rink, a quien descerraj ocho tiros en un 
ataque de ira ciega. Pero era obvio que Henry no hablaba de aquel suceso 
reciente; se refera a un incidente que haba ocurrido antes, mucho antes.
    No sabe lo de Atlanta? pregunt l ante la evidente expresin de 
perplejidad de Holly.
    Un extrao sonido recorri la habitacin provocando la alarma de Holly. Por un 
instante no pudo identificar el ruido, entonces se dio cuenta de que se trataba de 
varios pjaros graznando como si estuvieran protegiendo sus nidos. En la 
habitacin no haba ningn pjaro y Holly supuso que sus gritos llegaban desde el 
tejado a travs del agujero de la chimenea. No eran ms que pjaros...
    De pronto sus graznidos se desvanecieron.
    Holly se volvi de nuevo hacia Henry Ironheart.
     Atlanta? No, no s nada de ello.
    Imagin que no lo sabra. Me habra sorprendido que Jim le hubiera hablado 
de ello, incluso a usted, incluso si le ama. Nunca habla de ello.
    Qu ocurri en Atlanta?
    Fue en un lugar llamado Dixie Duck...
     Oh, Dios mo susurr Holly. Haba estado all en el sueo. Entonces 
sabe algo de ello? dijo Henry. Sus ojos eran pozos de tristeza.
    Holly sinti su rostro contrado por la pena, no hacia los padres de Jim, a quien 
nunca haba conocido, ni hacia Henry, que presumiblemente los quiso, sino hacia 
Jim.
    Oh, Dios mo!
    No pudo seguir hablando porque sus palabras se ahogaban tras las lgrimas.
    Henry le tendi una mano moteada de manchas hepticas y Holly la cogi, 
esperando a poder hablar de nuevo.
    En el otro extremo de la habitacin se oan campanadas y bocinazos 
provenientes del concurso de la televisin.
    Los padres de Jim no haban muerto en ningn accidente de trfico. Aquella 
historia era un modo de encubrir la terrible verdad.
    Holly lo haba sabido y no haba querido reconocerlo.
    El ltimo sueo no haba sido una profeca de advertencia sino otro recuerdo 
de Jim proyectado en su mente mientras ambos dorman. En realidad ella 
encarnaba otra persona: ella era Jim como haba sido Lena en el otro sueo de 
haca dos noches. Si hubiera habido un espejo, Holly habra podido contemplar 
el rostro de Jim en lugar del suyo, como haba contemplado el de Lena en el cristal 
de la ventana del molino. El horror del restaurante baado en sangre volvi a ella 
con unas imgenes tan vivas que no poda apartarlas de su mente, y tembl 
violentamente.
    Mir a travs de la ventana hacia el patio, asustada por Jim.
    Tenan que actuar durante una semana en un club de Atlanta dijo Henry. 
Fueron a comer al lugar preferido de Jimmy, que l recordaba de la ltima vez que 
estuvieron en Atlanta.
    Quin era el hombre de la pistola? pregunt Holly con la voz temblorosa.
    Un perturbado. Eso es lo que hizo las cosas tan difciles, tan 
incomprensibles. No era ms que un loco.
     Cunta gente muri? Mucha.
     Cunta, Henry? Veinticuatro.
    Holly pens en el joven Jim en medio del holocausto, intentando salvar su vida 
mientras se arrastraba entre los destrozados cuerpos de los clientes, la habitacin 
llena de gritos de dolor y terror envuelta en el hedor de sangre, vmitos, bilis y orina 
de los cuerpos asesinados. Volvi a or el pesado sonido del arma automtica 
cargndose, y el por favor, por favor, por favor de la joven camarera aterrorizada. 
Incluso como sueo, iba ms all de la resistencia humana, todo el horror fortuito 
de la existencia y la crueldad humana se condensaban en aquella devastadora 
experiencia, un sufrimiento atroz cuya absoluta recuperacin psicolgica, incluso 
para un adulto, requera toda una vida de lucha. Para un nio de diez aos la 
recuperacin poda parecer imposible, la realidad intolerable, la negacin 
necesaria, y la fantasa el nico instrumento al que asirse para hallar un refugio de 
cordura.
    Jim fue el nico superviviente dijo Henry. Si la polica llega unos 
segundos ms tarde Jim tambin habra muerto. La polica mat al hombre a tiros. 
Henry apret ligeramente la mano de Holly. Encontraron a Jim en una esquina, 
en el regazo de Jamie, en los brazos de su padre, completamente cubierto de... su 
propia sangre.
    Holly record el final del sueo: el hombre loco dirigindose hacia ella, 
lanzando a un lado las mesas y las sillas; ella refugindose en una esquina, sobre 
un cadver, y el loco acercndose, cada vez ms, levantando su pistola; Holly no 
puede soportar la idea de mirarlo como lo miraba la camarera para luego morir, as 
que oculta su rostro en el cadver...
    Y recordaba haber despertado con un sobresalto, ahogndose por las nuseas.
    Si hubiera tenido tiempo de mirar el rostro del cadver habra visto que era el 
del padre de Jim.
    Los chillidos de las aves volvieron a recorrer la habitacin. Esta vez eran ms 
fuertes. Un par de residentes del centro se dirigieron a la chimenea para ver si en 
su interior haba algunos pjaros atrapados.
     Cubierto por la sangre de su padre dijo Henry quedamente.
    Estaba claro que, incluso despus de todos aquellos aos, el pensar en aquel 
momento le produca un insoportable dolor.
    El nio no slo haba estado en brazos de su padre asesinado, sino que 
seguramente saba que su madre yaca muerta entre las ruinas, y que se haba 
quedado hurfano, solo.
    
    
    Jim estaba sentado en un banco de secoya en el patio de Fair Haven. Estaba 
solo.
    Al ser uno de los ltimos das de agosto, la sequa estacional debera haber 
alcanzado su punto lgido; pero el cielo estaba cubierto de nubes que 
condensaban la humedad, y pareca como un recipiente de ceniza invertido. 
Variedades de flores tardas, que caan desde los macizos plantados sobre las 
aceras de cemento, se vean desposedas de la mitad de su colorido esplendor 
debido a la falta de la luz solar. Los rboles se agitaban como si temblaran por 
aquella suave brisa de agosto.
    Algo se acercaba. Algo malo se acercaba...
    Jim se aferr a la teora de Holly, se dijo a s mismo que nada iba a ocurrir, a 
menos que l lo provocara. Slo tena que controlarse y todos sobreviviran.
    Pero segua sintiendo que algo se acercaba.
    Oy los chirriantes graznidos de los pjaros.
    Los pjaros se sumieron en el silencio.
    Holly solt la mano de Henry, cogi un pauelo de su bolso, se son la nariz, y 
se sec los ojos. Cuando de nuevo pudo hablar, dijo:
    Se culpa a s mismo por lo que ocurri a sus padres.
    Lo s. Siempre lo ha hecho. Nunca hablaba de ello, pero a veces lo 
demostraba. Era evidente que crea que deba haberlos salvado.
    Pero, por qu? Slo tena diez aos, era un nio pequeo. No poda hacer 
nada contra un hombre armado. Por amor de Dios, cmo poda sentirse 
responsable?
    En aquel momento, el brillo desapareci de la mirada de Henry. Su pobre rostro 
torcido, ahora ms cado en su lado derecho, se torci an ms con una inefable 
tristeza.
    Finalmente, dijo:
     Le habl acerca de ello en numerosas ocasiones, lo puse en mi regazo y lo 
abrac, Lena tambin lo hizo, pero l estaba tan encerrado en s mismo que no 
deca por qu se culpaba de ello, por qu se odiaba a s mismo.
    Holly mir su reloj.
    Haba dejado a Jim solo demasiado tiempo.
    Pero no poda interrumpir a Henry Ironheart en medio de las revelaciones que 
haba venido a or.
    He pensado en ello todos estos largos aos dijo Henry, y quiz puedo 
imaginar lo que le ocurri a Jim. Pero cuando empec a comprenderlo, Jim ya 
haba crecido y haca muchos aos que no hablbamos sobre Atlanta. Para serle 
completamente sincero dejamos de hablar de todo.
     Qu imagin?
    Henry apoy su dbil mano derecha en su mano izquierda y mir las nudosas 
protuberancias que sus nudillos formaban bajo su fina piel. Por la actitud del 
anciano, Holly juzg que no se decida a revelar lo que necesitaba y quera revelar.
    Le quiero, Henry.
    l levant la mirada y se encontr con sus ojos.
    Antes dijo que yo estaba aqu para saber lo que ocurri en Atlanta, porque 
Jim no iba a hablar de ello, y en cierta forma tena razn. Vine para averiguar una 
serie de cosas que l me oculta. Realmente me quiere, Henry, no tengo duda 
alguna, pero se cierra en banda. Quiero casarme con l y tengo que saberlo todo, o 
nunca tendremos la oportunidad de ser felices. No puedes construir una vida 
basada en misterios.
    Desde luego, tiene razn.
    Dgame por qu Jim se culpa a s mismo. Eso lo est matando, Henry. Si 
tengo la posibilidad de ayudarle, tengo que saber lo que usted sabe.
    Henry emiti un suspiro y pareci decidirse.
    Lo que voy a decirle le va a parecer absurdo y supersticioso, pero no lo es. 
Voy a ser breve y simple al explicrselo porque an le parecer ms absurdo si 
intento darle un sentido. Mi mujer, Lena, tena ciertas facultades. Presentimiento, 
poda llamrsele. No es que viera el futuro, o que predijera quin ganara una 
carrera de caballos, ni nada de eso. Pero a veces..., bueno, si la invitaban a una 
fiesta para el siguiente domingo, y sin pensarlo, Lena deca que iba a llover a 
cntaros. Y por Dios que as era. O si una vecina se quedaba embarazada, Lena 
empezaba a referirse al beb como ella o l, cuando no haba forma de que 
supiera lo que iba a ser. Siempre acertaba.
    Holly sinti que las ltimas piezas del rompecabezas empezaban a encajar. 
Cuando Henry le dirigi una mirada esperando que dudara de su cordura, Holly 
cogi su mano y la sostuvo entre las suyas en un gesto de confianza.
    Tras observarla unos momentos, Henry dijo:
    Usted ha visto algo especial en Jim, verdad?, algo mgico.
    S.
    Entonces quiz sepa adnde voy a parar.
    Quiz.
    Los invisibles pjaros empezaron a graznar de nuevo. Los residentes que 
miraban la televisin bajaron el volumen y observaron a su alrededor tratando de 
buscar la causa de aquellos chillidos.
    Holly mir por la ventana hacia el patio. No haba pjaros all. Pero saba por 
qu aquellos graznidos erizaban el pelo de su nuca: de alguna forma estaban 
relacionados con Jim. Record la forma en que l los haba mirado en el patio y 
cmo los haba observado en su vuelo cuando se dirigan en coche hacia Solvang.
    Jamie, nuestro hijo, era como su madre dijo Henry como si no los oyera. 
A veces saba cosas. El hecho es que estaba ms dotado que Lena. Y despus de 
que Jamie se casara con Cara, cuando qued embarazada, Lena un da dijo: Este 
nio va a ser especial, va a ser un autntico brujo.
    Brujo?
    Es la forma que tienen en el campo de referirse a alguien que posee algo 
especial, al igual que Lena y Jamie. Pero ella se refera a algo realmente especial. 
As que Jim naci, y cuando tena cuatro aos... bueno, haca cosas. Una vez toc 
mi peine de bolsillo, que yo haba comprado en la barbera del pueblo, y empez a 
hablar de las cosas que haba en el local, aunque nunca haba estado all porque 
viva con Cara y Jamie en Los ngeles.
    Hizo una pausa y dio unas profundas bocanadas de aire. La articulacin de sus 
palabras empezaba a ser confusa. Su prpado derecho tembl. El hecho de hablar 
pareca cansarle tanto como un gran esfuerzo fsico.
    Un enfermero con una linterna se hallaba junto a la chimenea. Observaba con 
los ojos entrecerrados el hueco, mirando las grietas alrededor del regulador de tiro, 
tratando de averiguar si se encontraban atrapados algunos pjaros.
    Los graznidos se vieron ahora sobrepasados por el frentico batir de alas.
    Si Jimmy tocaba un objeto saba de dnde provena, de quin era y hasta 
algunos fragmentos de la vida de su dueo. Saba lo que saba, eso era todo. Si, 
por ejemplo, tocaba un objeto personal de alguien, saba a qu escuela haba ido, 
los nombres de sus hijos... Siempre saba cosas distintas, no poda controlarlo. 
Pero siempre surga en l alguna informacin cuando lo intentaba.
    El enfermero, seguido por tres pacientes que le haban brindado sus consejos, 
se haba apartado de la chimenea y se hallaba con el ceo fruncido junto a los 
conductos del aire acondicionado. El sonido de lucha de los pjaros todava 
resonaba en la habitacin.
    Vamos al patio dijo Holly ponindose en pie.
    Espere respondi Henry con cierto apremio, djeme terminar, deje que 
le cuente esto.
    Jim, por amor de Dios pens Holly, aguanta otro minuto, otro minuto 
ms.
    Con reluctancia, Holly se volvi a sentar.
    El hecho de que Jim fuera especial era un secreto familiar dijo Henry, 
como el de Lena y el de Jamie. No queramos que el mundo lo supiera, que viniera 
a importunarnos y a llamarnos monstruos. Pero Cara siempre haba deseado estar 
metida en el mundo del espectculo. Jamie trabajaba en la Warner Brothers, donde 
la conoci, y Jamie quera lo que quisiera Cara. Decidieron que podan representar 
un nmero con Jimmy, llamarlo El nio prodigio de los poderes mentales, pero 
sin que nadie sospechara que realmente tena un poder. Representaban la funcin 
como si fuera un truco, retando al pblico a que descubriera cmo conseguan 
hacer todo aquello, cuando, de hecho, todo era cierto. Se ganaban la vida bastante 
bien, y el mundo del espectculo les mantena siempre juntos. Ya estaban unidos 
antes de que empezaran a actuar, pero se unieron an ms cuando empezaron a 
viajar para llevar a cabo sus representaciones. Ningunos padres han amado tanto a 
su hijo como ellos amaban a Jim, ni recibido ms amor a cambio. Estaban tan 
unidos que era imposible pensar que pudieran vivir separados.
    
    
    Unos mirlos cruzaron a toda prisa el desapacible cielo. Sentado en el banco de 
secoya, Jim levant la mirada hacia ellos. Casi se desvanecieron entre unas nubes 
situadas al Este; luego, abruptamente, dieron la vuelta y regresaron.
    Durante un rato sobrevolaron por encima de Jim.
    Aquellas formas oscuras y sinuosas recortadas contra el cielo gris, componan 
una imagen que podra haber salido de algn poema de Edgar Alian Poe. De nio, 
Jim sinti pasin por Poe y aprendi de memoria los versos ms macabros de su 
poesa. La morbidez era fascinante.
    
    
    El graznido de los pjaros ces de repente. La tranquilidad que sigui era una 
bendicin, pero Holly se sinti ms asustada por el fin de los chillidos que por el 
inquietante sonido que producan.
    Y el poder creci dijo Henry Ironheart en voz baja, confusa. Cambi de 
postura en la silla de ruedas, y su parte derecha se resisti a cambiar de posicin. 
Por primera vez demostr cierta frustracin ante las limitaciones de su cuerpo 
castigado por el ataque. A la edad de seis aos, Jim poda mover a su antojo un 
centavo sobre la mesa, hacia delante y atrs, levantarlo sobre su canto... A los 
ocho aos, poda levantarlo en el aire, y mantenerlo all flotando. Cuando tena diez 
aos, poda hacer lo mismo con una moneda de cuarto de dlar, con un disco, o un 
molde de pasteles. Era la cosa ms asombrosa que uno pudiera contemplar.
    Debera ver lo que es capaz de hacer ahora, a los treinta y cinco, pens 
Holly.
    Nunca hicieron uso de ello en sus nmeros dijo Henry, siguieron con sus 
actuaciones de poder mental, cogiendo objetos personales del pblico para que 
Jim pudiera decir cosas acerca de ellos. Jamie y Cara tenan pensado incluir 
levitaciones, pero no imaginaban la manera de hacerlo sin descubrir la verdad. 
Entonces fueron al Dixie Duck, en Atlanta... y se fue el final de todo.
    En realidad, aquel supuesto final era el oscuro comienzo de otra historia.
    Holly se dio cuenta de por qu la ausencia de los chillidos de los pjaros era 
ms inquietante que el sonido mismo. Los graznidos haban sido como el siseo de 
una mecha encendida conectada a una carga explosiva. Mientras pudiera or el 
sonido, la explosin todava poda prevenirse.
    Y sa es la razn por la que imagino que Jim crey que poda haberles 
salvado dijo Henry. Debido a aquellos pequeos ejercicios mentales, mover y 
levantar cosas en el aire, crey que debera haber sido capaz de detener las balas 
de la pistola de aquel loco, bloquear el gatillo, cerrar el seguro para evitar que el 
arma disparara, algo as, maldita sea.
     Podra haberlo hecho?
    S, quiz. Pero no era ms que un nio asustado. Para hacer aquellas cosas 
con centavos, discos y moldes tena que concentrarse. No tuvo tiempo de 
concentrarse mientras las balas silbaban a su alrededor.
    Holly record una vez ms el sonido asesino del arma automtica.
    As que cuando le trajimos aqu con nosotros desde Atlanta, apenas 
pronunciaba una o dos palabras de vez en cuando. Ni te miraba a los ojos. Algo 
muri en l cuando Jamie y Cara murieron, y no podamos hacer que lo superara, 
por mucho que lo amramos y a pesar de intentarlo con todo nuestro corazn. Al 
parecer su poder tambin muri. Nunca ms volvi a hacer uso de sus trucos, y 
aos despus era difcil creer que hubiera sido capaz de hacer aquellas cosas 
cuando era nio.
    A pesar de su buen humor, Henry Ironheart aparentaba cada uno de los 
ochenta aos que tena. Incluso pareca ms viejo, ms anciano.
    Jimmy era tan extrao despus de lo de Atlanta, tan inalcanzable y lleno de 
ira... A veces era posible amarlo y tenerle cierto miedo a la vez. Ms tarde, Dios me 
perdone, sospech que l...
    Lo s dijo Holly.
    Los cados rasgos de Henry se pusieron en tensin, y mir fijamente a Holly.
    Su mujer, Lena dijo Holly. La forma en que muri.
    Articulando las palabras ms confusamente que nunca, Henry dijo:
    Usted sabe muchas cosas.
    Demasiado respondi Holly. Es curioso, durante toda mi vida no he 
sabido casi nada.
    Henry pos de nuevo la mirada sobre sus manos culpables.
    Cmo pude creer que un nio de diez aos, incluso un nio trastornado, la 
hubiera empujado por la escalera del molino cuando l la quera tanto? Muchos 
aos ms tarde, me di cuenta de lo cruel e insensible que haba sido con l. Para 
entonces Jim no me brind la oportunidad de pedirle perdn por lo que haba 
hecho..., por lo que haba pensado. Cuando se fue a la universidad, nunca regres. 
Ni una sola vez en trece aos, hasta que sufr el ataque.
    Regres una vez pens Holly, diecinueve aos despus de la muerte de 
Lena, para afrontarlo y poner flores en su tumba.
    Si hubiera alguna forma de explicarle, de que me diera una oportunidad... 
dijo Henry.
    Est aqu dijo Holly ponindose en pie de nuevo.
    El peso del miedo que tens el rostro del anciano le hizo parecer an ms 
demacrado que antes.
     Aqu?
    Ha venido para darle esa oportunidad fue todo lo que Holly pudo decir. 
Quiere que le lleve hasta l?
    Los mirlos se agrupaban. Ocho de ellos se haban congregado ahora en el 
cielo, volando en crculos.
    Durante una medianoche triste, mientras meditaba dbil y cansado sobre los 
libros extraos y curiosos de ciencias olvidadas, mientras cabeceaba, casi 
adormecido, de pronto se oyeron unos ligeros golpes como si alguien suavemente 
tocara, tocara a la puerta de mi habitacin.
    
    
    A los pjaros reales que sobrevolaban por encima de l, Jim les susurr: Dijo 
el cuervo: Nunca ms.
    Jim oy un suave crujido rtmico, como el de una rueda girando, y pasos. 
Cuando levant la mirada, vio a Holly empujando la silla de ruedas en que se 
hallaba su abuelo, a lo largo del sendero que conduca al banco.
    Haban pasado dieciocho aos desde que se march a la universidad, y slo 
haba visto a Henry una sola vez durante todo aquel tiempo. Al principio hubo una 
serie de llamadas telefnicas, pero Jim pronto las interrumpi y, finalmente, 
tambin dej de aceptar las que reciba. Cuando llegaban cartas, las tiraba sin 
abrir. Ahora lo recordaba todo, y empezaba a recordar el porqu.
    Intent levantarse. Sus piernas no le sostenan. Se qued sentado en el banco.
    
    
    Holly detuvo la silla frente a Jim, y a continuacin se sent junto a l.
    Cmo te encuentras?
    Asintiendo en silencio, Jim elev la mirada hacia los pjaros que volaban en 
crculos recortados contra las nubes grises, en lugar de mirar a su abuelo.
    El anciano tampoco poda mirar a Jim. Observaba los macizos de flores con 
atencin, como si hubiera salido fuera para mirar tan slo aquellas flores.
    Holly saba que aquello no iba a ser fcil. Senta pena por ellos, y quera hacer 
lo que pudiera por volverlos a unir finalmente.
    En primer lugar, tena que quemar las enredadas yerbas de una de las ltimas 
mentiras que Jim le haba dicho y que, consciente o subconscientemente, l haba 
conseguido creerse.
    No hubo ningn accidente de trfico, cario dijo Holly posando una mano 
en su rodilla. No fue as como ocurri.
    Jim baj la mirada del cielo y contempl a Holly con nerviosa curiosidad. Holly 
se dio cuenta de que deseaba conocer la verdad y al mismo tiempo se senta 
atemorizado ante aquella perspectiva.
    Ocurri en un restaurante...
    Jim movi la cabeza en un gesto de negacin.
    Fue en Atlanta, Georgia...
    Segua moviendo la cabeza.
    T estabas con ellos...
    Dej de negar con la cabeza y una expresin terrible se dibuj en su rostro.
    Se llamaba Dixie Duck dijo Holly.
    Cuando aquel recuerdo cay sobre l con la fuerza de un mazazo, Jim se dobl 
sobre s mismo en el banco como si fuera a devolver, pero no lo hizo. Dobl sus 
manos en un puo sobre sus rodillas, y su cara esboz un gesto de dolor; emita 
pequeos sonidos inarticulados que estaban ms all del dolor y el horror.
    Holly rode sus encogidos hombros con un brazo.
    Henry Ironheart la mir y dijo:
    Oh, Dios mo como si empezara a comprender el estado al que su nieto 
haba llegado. Mientras los estrangulados jadeos de Jim se transformaban en 
suaves sollozos, Henry Ironheart dirigi su mirada hacia las flores, luego a sus 
ancianas manos, despus a sus pies que reposaban sobre el soporte inclinado de 
la silla de ruedas; su mirada se diriga a cualquier lugar para evitar encontrarse con 
la de Jim y Holly, pero finalmente mir a Holly a los ojos  . Le aplicaron una 
terapia dijo Henry, tratando a toda costa de expiar su culpa. Sabamos que 
poda necesitar terapia. Le llevamos a un psiquiatra de Santa Brbara. Le llevamos 
all varias veces. Hicimos lo que pudimos. Pero el psiquiatra, se llamaba Hemphill, 
dijo que Jim estaba bien, dijo que no haba razn para que lo siguiera tratando. As 
que despus de seis visitas, dijo que Jim estaba bien.
    Qu saben ellos? Qu poda haber hecho Hemphill cuando realmente no 
conoca al chico, ni lo amaba?
    Henry Ironheart se ech hacia atrs como si Holly le hubiera golpeado, a pesar 
de que ella no pretenda, con su comentario, condenarlo.
    No dijo Holly presurosamente, esperando que l la creyera  , lo que 
quera decir era que no hay ningn misterio en el hecho de que yo haya llegado 
ms lejos de lo que Hemphill pudiera haber llegado nunca. Es una cuestin de 
amor. Es el nico remedio que lleva a la curacin. Acariciando el cabello de Jim, 
Holly dijo  : No les podas salvar, cario. Entonces no tenas el poder que tienes 
ahora. Tuviste suerte de salir con vida de all. Creme, por favor, cree en lo que te 
digo.
    Por unos instantes todos permanecieron sentados en silencio, sumidos en el 
dolor.
    Holly advirti que ms mirlos se haban agrupado en el cielo. Quizs eran una 
docena. No saba cmo Jim consegua congregarlos all o por qu pero saba 
que era l quien lo haca, y empez a mirarlos con creciente temor.
    Holly puso una mano sobre la de Jim, animndole a que se relajara. Aunque 
lentamente haba dejado de sollozar, sus puos estaban tan apretados como los de 
una piedra esculpida.
    Dirigindose a Henry, Holly dijo:
     Es su oportunidad! Explquele por qu le rechaz, por qu lo hizo!
    Aclarndose la garganta, pasndose su dbil mano derecha nerviosamente por 
la boca, Henry habl sin mirarles a la cara.
    Tiene que saber lo que pas. Pocos meses despus de que Jim hubiera 
venido de Atlanta, apareci aquel equipo de rodaje en el pueblo, para filmar una 
pelcula.
    El molino negro dijo Holly.
     S. Jim se pasaba la vida leyendo. Henry hizo una pausa, cerr los ojos 
como si tratara de aunar fuerzas. Cuando los abri, contempl la cabeza inclinada 
de Jim y pareca preparado para encontrarse con su mirada si Jim levantaba los 
ojos  . Te pasabas el da leyendo, ibas a la biblioteca y leas un libro tras otro, y 
debido a la pelcula leste el libro de Willott. Durante un tiempo se convirti en..., 
demonios, no s, creo que se convirti en una obsesin para ti, Jim. Hablar del libro 
era la nica cosa que te sacaba de tu retraimiento, as que te animamos a que 
fueras a ver el rodaje de la pelcula. Te acuerdas? Tras cierto tiempo empezaste a 
decir que haba un extraterrestre en la charca y el molino, como en el libro y la 
pelcula. Al principio cremos que bromeabas.
    Hizo una pausa. El silencio se alarg.
    Haba unos veinte pjaros en el cielo, volando en crculo silenciosamente.
    Y aquello empez a preocuparles dijo Holly dirigindose a Henry.
    Henry pas una mano temblorosa por su rostro profundamente surcado de 
arrugas, no como si intentara deshacerse de su cansancio, sino como si quisiera 
apartar de encima todos aquellos aos transcurridos y acercarse al pasado.
     Pasabas horas y horas en el molino, Jim. A veces todo el da, y hasta 
algunas noches. En ocasiones nos levantbamos por la noche para ir al cuarto de 
bao, y veamos una luz en el molino. T no estabas en tu habitacin.
    Las pausas de Henry se hacan ms reiteradas. No estaba cansado. Lo que 
ocurra era que no quera desenterrar aquel pasado lejano.
    Si era muy tarde, bamos al molino a buscarte. Entonces nos hablabas del 
Amigo que haba en el molino. Empezaste a asustarnos, no sabamos qu hacer, 
as que..., no hicimos nada. Sin embargo, aquella noche..., la noche en que ella 
muri, se acercaba una tormenta.
    Holly record el sueo:
    ... sopla un viento fro y ella se apresura por el camino de gravilla...
     Lena no me despert. Sali sola hacia la cmara superior...
    ... sube por los peldaos de piedra caliza...
     Era una gran tormenta, pero yo era capaz de dormir en medio de cualquier 
ruido...
    ... un relmpago ilumina el cielo cuando ella pasa frente a la ventana de la 
escalera, y a travs del cristal ve algo en la charca...
     Imagino, Jim, que estabas haciendo lo que siempre hacas cuando bamos a 
buscarte, leer el libro a la luz de una vela.
    ... sonidos inhumanos en la habitacin de arriba aceleran su corazn, y ella 
sube la escalera, asustada, pero tambin con curiosidad y al mismo tiempo 
preocupada por Jim...
    Un fuerte trueno finalmente me despert...
    ... ella llega a lo alto de la escalera y le ve all de pie, con los puos apretados 
a su costado, una vela amarilla sobre un plato azul en el suelo, un libro junto a la 
vela...
    Me di cuenta de que Lena no estaba, mir por la ventana de la habitacin y vi 
que haba una tenue luz en el molino...
    ... el nio se vuelve hacia ella y grita: "Estoy asustado, aydame, las paredes, 
las paredes!"...
    No poda dar crdito a lo que vean mis ojos, las aspas del molino giraban 
despus de estar diez o quince aos sin funcionar.
    ... ella ve una luz mbar dentro de las paredes, los tonos descompuestos de 
pus y bilis; la piedra se abulta, y se da cuenta de que hay algo imposiblemente 
animado en la piedra...
    Giraban como las hlices de un avin, as que me puse el pantaln y baj a 
toda prisa la escalera...
    ... con miedo pero tambin con perversa excitacin, el nio dice: "Ya viene, y 
nadie puede detenerlo!"...
    ... cog una linterna y sal fuera bajo la lluvia...
    ... los bloques de piedra se agrietan como la membrana esponjosa del huevo 
de un insecto; de una esencia corrupta, que se halla en lugar de la piedra caliza, se 
origina una forma que es en realidad la encarnacin de la ira ciega del nio ante el 
mundo y su injusticia, su odio contra s mismo materializado, su deseo de morir 
adquiere una forma corrupta y brutal tan slida que es una entidad en s misma, 
separada de l...
    Llegu al molino, no poda creer que aquellas viejas aspas giraran.
    El sueo de Holly finalizaba all, pero no le cost mucho imaginar lo que 
sucedi despus; horrorizada ante la materializacin del Enemigo, estupefacta ante 
el hecho de que las fantsticas historias del nio acerca de extraterrestres en el 
molino fueran ciertas, Lena se ech hacia atrs y cay por la escalera en forma de 
espiral, incapaz de detener su cada porque no haba ninguna barandilla a la que 
asirse. En la cada se rompi el cuello.
    Entr en el molino y la encontr al pie de la escalera destrozada, con el 
cuello roto.
    Henry hizo una pausa y trag saliva con dificultad. No haba mirado a Holly ni 
una sola vez durante el relato que haba hecho de aquella noche tormentosa, slo 
miraba la cabeza inclinada de Jim. Con una articulacin ms clara, como si fuera 
de vital importancia para l explicar el resto lo ms ntidamente posible, dijo:
    Sub la escalera y encontr a Jimmy en la habitacin de arriba. Te 
acuerdas? Estabas sentado junto a la vela, sosteniendo el libro entre tus manos 
con tanta fuerza que no te pude separar de l hasta unas horas ms tarde. No 
hablabas. La voz del anciano se hizo temblorosa. Dios me perdone, pero todo 
lo que poda pensar era que Lena haba muerto, y que durante aquel ao t habas 
sido un nio muy extrao, e incluso parecas ms extrao en ese momento, con 
aquel libro entre tus manos, negndote a hablar. Creo que en aquel momento me 
volv loco. Cre que t la habas empujado, Jimmy. Cre que quiz se haba 
apoderado de ti uno de tus arrebatos y que tal vez la habas empujado.
    Como si ya no pudiera seguir hablando, Henry pos la mirada en Holly.
    Aquel ao, tras lo ocurrido en Atlanta, se haba convertido en un nio 
extrao, en un desconocido para nosotros. Permaneca en silencio, como ya he 
dicho, pero en su interior albergaba una furia que ningn nio ha conocido. A veces 
nos asustaba. Las nicas ocasiones en que demostraba su ira era cuando dorma, 
cuando soaba. Le oamos chillar, y tenamos que ir a su habitacin. l daba 
patadas a la almohada y al colchn, desgarrando las sbanas, furioso, 
descargndose en algo que soaba, y tenamos que despertarle.
    Henry hizo una pausa y apart la mirada de Holly, posndola sobre su mano 
derecha encogida, que reposaba medio intil en su regazo.
    El puo de Jim, bajo la mano de Holly, permaneca totalmente cerrado.
    T nunca nos hiciste sufrir, Jimmy, eras un buen nio, nunca nos diste este 
tipo de problemas. Pero aquella noche en el molino, te cog y zarande, Jimmy, 
tratando de que admitieras que t la habas empujado por la escalera. No hay 
excusa para lo que hice, para el modo en que me comport, excepto que estaba 
loco de dolor por la muerte de todos los que me rodeaban. Slo quedabas t, y 
eras tan extrao que dabas miedo, as que descargu mi ira sobre ti cuando en 
realidad tendra que haberte acogido entre mis brazos. Me volv contra ti aquella 
noche, y no me di cuenta de lo que haba hecho hasta muchos aos despus. Era 
demasiado tarde...
    Los pjaros formaban un crculo ms estrecho directamente sobre sus 
cabezas.
    No lo hagas dijo Holly. Por favor, no lo hagas.
    Hasta que Jim no respondiera, Holly no poda saber si aquellas revelaciones 
eran beneficiosas o perjudiciales para l. Si se senta responsable de la muerte de 
su abuela por el hecho de que Henry haba instalado en l la culpabilidad, entonces 
lo superara. Si se culpaba porque Lena fue a la habitacin superior del molino, vio 
al Enemigo materializarse de una pared, tropez y presa del terror cay por la 
escalera, todava existan posibilidades de que se sobrepusiera al pasado. Pero si 
El Enemigo haba surgido de la pared y la haba empujado...
    Durante los siguientes seis aos, te trat como un asesino, hasta que fuiste a 
la universidad dijo Henry. Cuando te marchaste..., bueno, con el tiempo 
empec a pensar sobre todo aquello de forma ms clara, y me di cuenta de lo que 
haba hecho. No tenas ningn sitio donde encontrar consuelo. Tus padres haban 
muerto, tu abuela haba muerto... Ibas al pueblo a buscar libros, pero no podas 
estar con los otros chicos a causa de aquel pequeo cabrn de Zacca, Ned Zacca, 
era el doble de grande que t, y nunca te dejaba en paz. No tenas ms refugio que 
los libros. Trat de hablar contigo por telfono pero t no aceptabas mis llamadas. 
Te escriba pero t no leas mis cartas.
    Jim estaba sentado e inmvil.
    Henry Ironheart desvi su atencin hacia Holly.
    Vino finalmente cuando sufr el ataque. Estaba sentado junto a m cuando 
me hallaba en cuidados intensivos. No poda hablar bien, no poda decir lo que 
quera decir, las palabras equivocadas surgan de mis labios, sin ningn sentido...
    Afasia dijo Holly. Una consecuencia del ataque.
    Henry asinti.
    Una vez, con todos aquellos aparatos conectados a mi cuerpo, trat de 
decirle lo que haba sabido durante trece aos: que no era un asesino y que yo 
haba sido cruel con l. Las lgrimas de nuevo brotaron en sus ojos. Pero 
cuando se lo dije, surgieron las palabras que no pretenda decir, y l me 
malinterpret, crey que le llamaba asesino y que estaba asustado de l. Se 
march, y es la primera vez que le veo desde entonces. Han pasado ms de cuatro 
aos.
    Jim permaneca sentado con la cabeza inclinada.
    Qu tena que recordar de aquella noche en el molino, la parte que nadie sino 
l saba?
    Holly se puso en pie levantndose del banco, incapaz de soportar la espera por 
ms tiempo. Permaneci de pie, sin saber adnde ir. Finalmente se sent de 
nuevo. Puso su mano sobre su puo, como antes.
    Holly levant la mirada.
    Haba ms pjaros. Quiz treinta.
    Tengo miedo dijo Jim, pero eso fue todo.
    Despus de aquella noche dijo Henry, nunca volvi de nuevo al molino, 
nunca volvi a mencionar al Amigo o el libro de Willott. Al principio pens que 
aquello era un buen indicio, que se olvidaba de aquella obsesin. Pero ms tarde 
me he preguntado si quiz perdi el nico consuelo que tena en aqullos 
momentos.
    Tengo miedo de recordar dijo Jim.
    Holly saba a lo que se refera, slo quedaba un recuerdo largamente enterrado 
para ser revelado: si su abuela haba muerto por accidente, o si El Enemigo la 
haba matado. Es decir, si l, como El Enemigo, la haba matado.
    Incapaz de seguir mirando la cabeza inclinada de Jim un momento ms, 
incapaz de seguir soportando la dolorosa mirada de Henry Ironheart llena de 
culpabilidad y frgil esperanza, Holly levant de nuevo los ojos hacia los pjaros y 
vio que venan hacia ellos. Ya eran ms de treinta, con sus afilados picos cortando 
el cielo sombro, todava lejos pero dirigindose directamente hacia el patio.
    Jim, no!
    Henry levant la mirada.
    Jim tambin levant su rostro, pero no para ver lo que se acercaba. Saba lo 
que se acercaba. Levant su rostro para ofrecer sus ojos a los pjaros.
    Holly se puso en pie de un salto, convirtindose en un objetivo mucho ms 
visible que Jim.
    Jim, afrntalo, piensa en nosotros, por amor de Dios!
    Holly poda or los chillidos de los pjaros que descendan velozmente.
    Incluso si El Enemigo lo hizo dijo Holly ocultando el rostro de Jim en su 
pecho para protegerle, puedes superarlo, puedes seguir adelante.
    Henry Ironheart emiti un grito de sobresalto, y los pjaros se abalanzaron 
sobre Holly, batiendo sus alas y revoloteando a su alrededor, precipitndose sobre 
ella, tratando de abrirse paso para llegar a los ojos de Jim.
    No le hacan dao, pero Holly saba que no tardaran mucho en atacarla. Eran, 
despus de todo, El Enemigo manifestndose a s mismo en una nueva forma, y El 
Enemigo la odiaba tanto como a Jim.
    Los pjaros se alejaron hacia el cielo, como multitud de hojas arrastradas por 
una violenta corriente de aire.
    Henry Ironheart estaba ileso pero asustado.
    Vyase le dijo Holly.
    No respondi.
    Tendi intilmente una mano hacia Jim, que no la cogi.
    Cuando Holly se atrevi a mirar de nuevo saba que los pjaros no se haban 
ido. Haban remontado el vuelo hasta los bordes de las grisceas nubes, donde 
otra nueva bandada se haba congregado. Ahora eran cincuenta o sesenta, 
agitndose, hambrientos y veloces.
    Holly advirti que haba gente tras las ventanas y tras las puertas de cristal 
corredizas que daban al patio. Dos enfermeras bajaron por la rampa que Holly 
haba utilizado para llevar a Henry al encuentro de Jim.
     Vyanse! les grit Holly, sin estar muy segura del peligro al que se 
exponan.
    La ira de Jim, a pesar de estar dirigida contra l mismo y quiz contra Dios por 
el hecho de permitir que la gente muriera, poda, no obstante, ir ms all y daar a 
inocentes. Su grito de aviso debi de asustar a las enfermeras, porque stas 
retrocedieron y se mantuvieron en el umbral de la puerta.
    Holly volvi a levantar la mirada. Ahora se acercaba una bandada an mayor.
    Jim dijo Holly con apremio, sosteniendo su rostro en sus manos, mirando 
sus bellos ojos azules, glidos, inundados de un fuego fro de odio hacia s 
mismo, slo un paso ms, slo otra cosa ms que debes recordar.
    Aunque se hallaban separados por unos centmetros de distancia, Holly no 
crea que Jim la viera; pareca mirar a travs de ella como antes haba ocurrido en 
los jardines Tivoli, cuando aquella criatura que se esconda bajo la tierra excavaba 
su camino hacia ellos.
    La bandada de pjaros que descenda emita unos chillidos diablicos.
    Jim, maldita sea, lo que le ocurri a Lena quiz no merezca un suicidio!
    El ruido ensordecedor que provocaba el roce de las alas llen el espacio. Holly 
cubri a Jim con su cuerpo, y l no se resisti a su proteccin, lo que dio cierta 
esperanza a Holly. Holly inclin la cabeza y cerr los ojos con toda la fuerza que 
pudo.
    Cayeron sobre ellos: plumas sedosas; pulidos picos que les rozaban, que 
buscaban, fisgoneaban; garras que escarbaban suavemente, luego menos 
suavemente, aunque sin provocar heridas; revoloteando frenticamente como ratas 
hambrientas, arremolinndose, agitndose sobre la espalda de Holly y sus piernas, 
entre sus muslos, a lo largo de su torso, tratando de introducirse entre su pecho y 
el rostro de Jim, al que desgarraran y arrancaran los ojos; golpeaban la cabeza de 
Holly; y siempre los chillidos, tan escalofriantes como gritos de mujer enloquecida, 
gritando junto a sus odos, reclamando sangre sin piedad; de pronto Holly sinti un 
agudo dolor en el brazo cuando uno de los pjaros desgarr la manga e hiri la 
piel.
    No!
    Los pjaros se apartaron y de nuevo se alejaron. Holly no se dio cuenta de que 
se haban ido porque los latidos de su corazn y su aliento jadeante le parecan tan 
intensos como el batir de las alas. Entonces levant la cabeza, abri los ojos, y vio 
que volaban en espiral hacia el cielo plomizo para reunirse con una nube de otros 
pjaros, una masa oscura de cuerpos y alas, tal vez en un nmero superior a 
doscientos.
    Holly mir a Henry Ironheart. Los pjaros le haban herido en una mano. Tras 
acurrucarse en su silla durante el ataque, ahora se inclinaba de nuevo hacia 
delante, extendiendo una mano hacia Jim y pronunciando su nombre de forma 
suplicante.
    Holly mir los ojos de Jim que segua ausente en el banco situado frente a ella. 
Probablemente estaba en el molino, la noche de la tormenta, mirando a su abuela 
un segundo antes de la cada, perplejo, incapaz de hacer que la pelcula de su 
memoria avanzara una imagen ms.
    Los pjaros se acercaban.
    Todava estaban lejos, justo bajo las nubes, pero ahora eran tantos que el ruido 
ensordecedor de sus alas poda orse a mayor distancia. Sus chillidos eran como 
los gritos de los condenados.
    Jim, puedes escoger el camino que eligi Larry Kakonis, puedes suicidarte. 
No puedo detenerte. Pero si El Enemigo ya no quiere eliminarme, si slo te busca a 
ti, no creas que yo sobrevivir. Si t mueres, Jim, yo tambin morir, har lo que 
hizo Larry Kakonis, me matar. Me pudrir en el infierno contigo si no puedo 
tenerte en otro lugar!
    Las incontables partes del Enemigo cayeron sobre ella al tiempo que apretaba 
el rostro de Jim contra su cuerpo por tercera vez. Holly no ocult su rostro o cerr 
los ojos como antes, sino que se mantuvo erguida en medio de aquel torbellino de 
alas, picos, y garras. Sostuvo la mirada de aquellos innumerables ojos pequeos, 
brillantes, densamente negros que la rodeaban y miraban sin parpadear, cada uno 
de ellos tan hmedo y profundo como la noche reflejada en la superficie del mar, 
cada uno tan despiadado y cruel como el universo mismo y el corazn de la 
humanidad. Holly saba que al mirar aquellos ojos miraba una parte de Jim, su 
parte ms secreta y oscura, a la que no poda llegar de otro modo, y pronunci su 
nombre. No grit, no chill, no suplic o implor, no trasluci ira o miedo, sino que 
pronunci su nombre suavemente una y otra vez, con toda la ternura que senta 
hacia l, con todo el amor que le profesaba. Los pjaros batan sus alas golpeando 
a Holly con tanta fuerza que algunas de ellas se rompieron; abran sus curvados 
picos y chillaban en su rostro; picoteaban amenazadoramente sus ropas y su 
cabello, dndole tirones sin desgarrarla, dndole la ltima oportunidad de huir. 
Trataban de intimidarla con sus ojos, los ojos fros e insensibles de las aves de 
presa, pero Holly no se senta intimidada, segua repitiendo el nombre de Jim, y la 
promesa de que le amaba, una y otra vez, hasta que... se marcharon.
    No se elevaron hacia el cielo como antes. Se desvanecieron. Un momento 
antes llenaron el espacio con su presencia y sus gritos, de pronto ya no estaban, 
como si nunca hubieran existido.
    Holly apret a Jim contra ella un momento ms y luego le solt. Jim todava 
pareca mirar a travs de ella, pareca sumido en un trance.
    Jim dijo Henry Ironheart con tono implorante, todava con la mano 
extendida hacia su nieto.
    Tras un momento de vacilacin, Jim se desliz del banco y cay de rodillas 
frente al anciano. Cogi su mano arrugada y la bes.
    Sin mirar ni a Holly ni a Henry, Jim dijo:
    La abuela vio al Enemigo surgir de la pared. Era la primera vez que ocurra y 
la primera vez que yo lo vea. La voz de Jim pareca distante, como si parte de l 
estuviera en el pasado, reviviendo aquel temido momento, aliviado de que no 
existieran tantas razones para temerlo como haba pensado. Ella lo vio y se 
asust, se ech hacia atrs, hacia la escalera, tropez y cay... Apret la mano 
de su abuelo contra su mejilla y dijo: Yo no la mat.
    Ya s que no lo hiciste, Jim dijo Henry Ironheart. Dios mo, ya s que no 
lo hiciste.
    El anciano levant el rostro hacia Holly con un millar de preguntas acerca de 
pjaros, enemigos y cosas en las paredes. Pero Holly saba que tendra que 
esperar hasta otro da, como ella haba esperado, como el propio Jim haba 
esperado.
    
    
    
    3
    
    
    Mientras el coche atravesaba las montaas en direccin a Santa Brbara, Jim 
se arrellan en su asiento, con los ojos cerrados. Pareca haberse sumido en un 
profundo sueo. Holly supuso que necesitaba dormir con tanta urgencia como 
cualquier otro hombre, porque durante veinticinco aos casi no haba gozado de un 
verdadero descanso.
    Ya no tema que se durmiera. Estaba segura de que El Enemigo haba 
desaparecido, junto con El Amigo, y que slo habitaba una personalidad en su 
cuerpo. Los sueos ya no eran umbrales.
    Por el momento, Holly no deseaba regresar al molino, a pesar de que all 
haban dejado algunos efectos personales. Ya haba tenido bastante de Svenborg. 
Quera establecerse en un lugar donde no hubieran estado jams, donde pudieran 
forjar nuevos comienzos sin rastros del pasado.
    Mientras conduca a travs de aquella tierra seca bajo el cielo grisceo, Holly 
encaj las piezas y estudi la situacin resultante:
    ... un nio con enormes poderes, ms de los que l imagina, presencia una 
matanza en el Dixie Duck, y sobrevive al holocausto con el alma destrozada. 
Movido por la desesperacin de recuperarse, toma prestada la fantasa de Arthur 
Willott, y usa su poder especial para crear al Amigo, una encarnacin de sus ms 
nobles aspiraciones, y El Amigo le dice que tiene una misin en la vida.
    Pero el nio est tan lleno de ira y desesperacin que El Amigo no es suficiente 
para curarlo. Necesita una tercera personalidad, algo en donde depositar todos sus 
sentimientos negativos, toda la oscuridad que hay en l y que le asusta. As que 
crea al Enemigo, aadiendo un nuevo elemento a la estructura de la historia de 
Willott. Slo en el molino, mantiene estimulantes conversaciones con El Amigo, y 
descarga su ira a travs de la materializacin del Enemigo.
    Hasta que, una noche, Lena Ironheart aparece en el momento inadecuado. 
Asustada, tropieza y cae...
    Conmocionado por lo que ha hecho El Enemigo, meramente con su presencia, 
Jim se obliga a olvidar aquella fantasa, como Jim Jamison olvid su encuentro con 
el extraterrestre despus de salvar la vida al futuro presidente de los Estados 
Unidos. Durante veinticinco aos lucha por mantener encubiertas aquellas 
personalidades fragmentadas, suprimiendo as los mejores y peores rasgos de su 
carcter, llevando una vida relativamente tranquila y montona porque no se atreve 
a liberar sus sentimientos ms fuertes.
    Encuentra un objetivo en la enseanza, lo que hasta cierto punto le redime 
hasta que Larry Kakonis se suicida. De nuevo sin propsito alguno, sintiendo que le 
ha fallado a Larry Kakonis, como les fall a sus padres y, an ms profundamente, 
a su abuela, anhela subconscientemente revivir la aventura llena de valor y 
redencin de Jim Jamison, lo que significa liberar al Amigo.
    Pero al liberar al Amigo tambin libera al Enemigo. Y tras todos aquellos aos 
de ira contenida, sta no ha hecho sino aumentar, volverse ms oscura y ms 
amarga, profundamente inhumana en su intensidad. El Enemigo es ahora ms 
diablico de lo que lo era veinticinco aos atrs, una criatura de un temperamento y 
apariencia singularmente criminal...
    As que Jim se convierte en una vctima ms del sndrome de personalidad 
mltiple. Excepto que hay una diferencia. Una pequea diferencia. Jim crea entes 
inhumanos que encarnan aspectos de s mismo, no otras personalidades humanas, 
y tiene poder para hacer que se materialicen. No es como Sally Field interpretando 
el papel de Sybil, diecisis personalidades en un solo cuerpo. Jim posee tres 
personalidades en tres cuerpos, y uno de ellos es un asesino.
    Holly encendi la calefaccin del coche. Aunque deban de estar a 21 C tena 
escalofros. El aire caliente de la calefaccin no hizo nada por evitarlo.
    
    
    El reloj que haba tras la recepcin indicaba que eran la 1.11 del medioda 
cuando Holly registr el nombre de Jim y el suyo en un alojamiento de carretera en 
Santa Brbara. Mientras rellenaba la hoja del registro y entregaba su tarjeta de 
crdito al recepcionista, Jim sigui durmiendo en el Ford.
    Cuando volvi con la llave de la habitacin, Holly consigui despertar a Jim lo 
suficiente para que saliera del coche y fuera a la habitacin. Se hallaba sumido en 
una especie de estupor y se fue directamente a la cama, donde se acurruc y cay 
dormido de inmediato en un profundo sueo.
    Holly consigui latas de soda sin caloras, hielo y barras de chocolate de una 
mquina que haba junto a la piscina.
    De nuevo en la habitacin, corri las cortinas. Encendi una lmpara y la cubri 
con una toalla para atenuar la luz.
    Acerc una silla junto a la cama y se sent. Bebi la soda y se comi una barra 
de chocolate mientras observaba a Jim.
    Lo peor haba pasado. La fantasa haba desaparecido, y l se haba 
sumergido completamente en la fra realidad.
    Pero Holly no saba lo que iba a acaecer luego. Nunca haba conocido a Jim 
sin los engaos que l haba creado, y no saba cmo sera sin sus fantasas. No 
saba si sera un hombre optimista o sombro. No saba si seguira teniendo los 
mismos poderes sobrehumanos. l haba conjurado aquellos poderes desde su 
interior slo porque los necesitaba para mantener su fantasa y no perder la 
precaria cordura que posea; quizs, ahora, tendra los poderes que posea antes 
de que murieran sus padres: hacer levitar un molde, hacer flotar una moneda, y 
nada ms. Pero lo peor era que no saba si la seguira amando.
    A la hora de la cena continuaba durmiendo.
    Holly sali y trajo ms barras de chocolate. Si no se controlaba terminara tan 
gorda como su madre.
    A las diez segua dormido, a medianoche tambin.
    Consider despertarle. Pero se dio cuenta de que se hallaba en una crislida, 
esperando nacer de su antigua vida en una nueva. Una oruga necesitaba tiempo 
para convertirse en mariposa. sa era la esperanza que Holly tena.
    Entre la medianoche y la una de la madrugada, Holly cay dormida en la silla. 
No so.
    l la despert.
    Holly contempl sus bellos ojos azules, que no eran fros bajo la penumbra de 
la lmpara, pero s misteriosos.
    Estaba inclinado sobre la silla, sacudindola suavemente.
    Venga, Holly, tenemos que irnos.
     Irnos adnde? pregunt Holly despertando de inmediato e 
incorporndose en la silla.
    Scranton, Pennsylvania. Por qu?
    Cogiendo una de las barras de chocolate que Holly haba dejado, Jim quit la 
envoltura y dio un mordisco.
     Maana, a las tres y media, un conductor temerario de un autobs escolar 
tratar de llegar antes que un tren a un cruce. Veintisis nios morirn si no 
llegamos all antes.
    Levantndose de la silla, Holly pregunt:
     Lo sabes todo, todo absolutamente, no slo una parte?
     Desde luego dijo Jim mientras coma un trozo de chocolate. Le sonri  : 
S este tipo de cosas, Holly. Tengo poderes, por amor de Dios.
    Holly le devolvi la sonrisa.
    Vamos a ser algo, Holly dijo Jim con entusiasmo. Superman? Por qu 
demonios pierde tanto tiempo trabajando en un peridico cuando podra estar 
haciendo el bien?
    Con una voz alterada por el alivio que senta y por el amor hacia Jim, Holly 
respondi:
     Siempre me he hecho esa misma pregunta. Jim le dio un beso con sabor a 
chocolate.
     El mundo jams habr visto nada como nosotros, cario. Desde luego 
tendrs que aprender artes marciales, a manejar un arma, y unas cuantas cosas 
ms. Pero s que lo hars bien, estoy seguro de ello.
    Holly le rode con sus brazos y le abraz con todas sus fuerzas, con una 
alegra sin trabas.